viernes, 16 de noviembre de 2012

Una magnífica tienda de terciopelo carmesí - La Reina Isabel II en Benavente

Chronica Minora

Juan de Dios de la Rada y Delgado, Viaje de SS. MM. y AA. por Castilla, León, Asturias y Galicia verificado en el verano de 1858, Madrid, 1860.
Doctor en Jurisprudencia; Abogado de los Tribunales Nacionales y de los Ilustres Colegios de Granada y Madrid; Caballero de la Real y distinguida orden de Carlos III; Catedrático de Arqueología en la Escuela Superior de Diplomática; Abogado consultor de los Reales Sitios; Académico correspondiente de la Real española de la Historia; Académico Profesor de la matritense de Jurisprudencia y Legislación, de la de Sevilla, y de la de Emulacion y Fomento de la misma Ciudad; Académico de Número y mérito de la de Ciencias de Granada; de la Arqueológica española; Socio de número de la Económica Matritense, y de número y mérito de otras del Reino, etc., etc.
Isabel II en 1852, según pintura de Franz Xavier Winterhalter
Benavente.

Algunos historiadores pretenden dar á esta villa un origen greco-escythico, conjeturando haberse conocido en la antigüedad con diversos nombres hasta que en la época romana recibió el de Benavente. Pero prescindiendo de estas opiniones que carecen de fundamento histórico, lo único que puede asegurarse es que ya existia aquella poblacion antes de la dominacion agarena.
Es un hecho indudable, aun cuando no consta la época en que acaeciese, que fue destruida por los árabes, toda vez que segun las crónicas castellanas la reedificó el Rey D. Fernando II.
Sucesos importantes acaecieron en la villa con posterioridad, entre los cuales ocupa el primer término la entrevista que en 1230 tuvieron en ella el Rey D. Fernando III de Castilla y las Infantas sus hermanas, en la cual arreglaron sus diferencias, quedando cumplidos los deseos de la Reina Doña Berenguela reuniendo las coronas de Castilla y Leon en aquel monarca, quien pensionó con 30.000 doblas de oro anuales á sus hermanas, en cambio de la renuncia que en él hicieron de cuantos derechos pudiesen alegar á la corona de Leon.
Otro recuerdo digno de mencionarse en esta villa es el asedio que en 1387 la puso el Duque de Lancaster, habiéndola su gobernador defendido con tal entereza, que consiguió levantase el campo el ejército enemigo.
Perteneciente despues á los Templarios, pasó, cuando se estinguieron, á la corona, concediéndola D. Enrique II mas tarde á su hijo bastardo D. Fadrique con el titulo de Duque, primera dignidad que de esta clase se dice hubo en Castilla. D. Fadrique fue uno de los regentes durante la minoría de su sobrino D. Enrique III el Doliente: pero mal avenido con las ideas de los demás que en union con él gobernaban el estado, se retiró por dos veces á sus dominios de Benavente.
D. Enrique III en 1398 hizo merced de esta villa con título de condado á D. Juan Alonso Pimentel, cuya familia siguió poseyéndole hasta que, por el casamiento de Doña María Josefa Aldonza Pimentel con D. Pedro Alcántara Tellez Giron y Pacheco, Duque de Osuna, se unieron ambos títulos el 24 de diciembre de 1808.
Escudo de Benavente publicado en la obra de Rada y Delgado
La columna del General inglés Moore, compuesta de tropas indisciplinadas, arruinó el puente de Castro Gonzalez, dejando tristes huellas de su corta permanencia en la villa.
En una altura de suave pendiente se encuentra colocada la poblacion, formando sus edificios, en anfiteatro, agradable perspectiva. Pintoresco paisaje ofrecen sus alrededores, que vistos desde la Mota presentan un aspecto encantador, distinguiéndose al Mediodía los restos que aún subsisten del antiguo palacio de los Condes de Benavente.
Pocos edificios que dignos sean de mencion conserva. En el centro de la calle de la Rua, encuéntrase la casa llamada del Obispo, notable mas por su solidez y capacidad que por su mérito, y el hospital de la Piedad, con su esbelta fachada de jaspe blanco, que ostenta el orden dórico en toda su pureza.
Multitud de fundaciones piadosas se contaban en la villa, de las cuales subsisten hoy muy pocas; y lo mismo sucede con el crecido número de iglesias parroquiales que llegó á reunir, y de las cuales la principal ó mayor es la que se conoce con el nombre de Santa María del Azogue, que se encuentra en la parte mas occidental de la poblacion. Un pórtico de dos grandes pilastras de piedra blanca forma la entrada principal, acompañada de otras cuatro sobre las que arranca el magestuoso medio punto del arco de entrada, y sobre la cornisa se ve un ático flanqueado de columnitas, y en su centro la imagen de la Virgen. Tiene además dos puertas laterales de orden corintio, que corresponden á los brazos del crucero; y en la torre, que mide 176 pies de elevacion, está colocado el famoso relój, que desde la Cruz de setiembre hasta la Cruz de mayo da todas las noches á las diez cuarenta y cuatro campanadas en son de queda, adelantándose una hora en los restantes meses del año. El interior de la iglesia presenta tres naves sostenidas por fuertes columnas de orden dórico, formando un espacioso crucero; siendo su coro de regular construccion, y encontrándose en las paredes algunas notables pinturas.
La iglesia del Sepulcro y de Santa María de Renueva son de escaso mérito artístico, lo mismo que las demás que se encuentran en la villa. La de San Juan Bautista, que segun la tradicion perteneció álos Templarios en su primitiva fábrica, conserva antiguos sepulcros, sobre cuyas lápidas están esculpidos blasones de la nobleza castellana.
En el limite de la provincia de Zamora, delante de un preciosísimo arco de ramaje que sostenía las armas de Benavente, bajo las cuales se leia:

LA PROVINCIA DE ZAMORA, Á SU QUERIDA REINA DOÑA ISABEL II LA BENEFICA.

Paso de SS.MM. y AA. bajo el arco de triunfo en el Campo Grande (Valladolid)
Esperaban á SS. MM. el Gobernador y comisiones de la diputacion provincial, concejo y Diputados á Cortes. El celo del Gobernador habia dispuesto en dicho sitio, delante de un semicírculo de astas-banderas y pabellones, una magnífica tienda de terciopelo carmesí, alfombrada de rica tapicería. Lo avanzado de la hora impidió á SS. MM. descansar en aquel lujoso pabellon, por lo que despues de saludar con la benevolencia que las distingue á aquellos dignos funcionarios, continuaron bien pronto su camino hácia la villa.
Precedidos de danzas del pais, y rodeados de inmenso pueblo que los victoreaba, llegaron los Reyes al antiguo palacio de los Condes de Benavente, lugar designado para morada de las Reales personas. Preciosas parejas de niñas vistosamente cubiertas de lazos y flores rindieron respetuoso homenaje á su Reina y Señora, recitando los siguientes versos:

Tu real diadema espléndida 
Por largos tiempos ciñas, 
Y á nuestro tierno Príncipe 
Su sien orne despues: 
Tal es el voto unánime 
De tus amantes niñas, 
Que se honran como súbditas 
Postrándose a tus pies. 

Una guardia de niños vestidos á la chamberga presentáronse á custodiar al tierno Principe de Asturias, en cuyo acto leyó uno de ellos con firme entonacion las siguientes décimas:

Nieto del Alonso el Sabio, 
E del Alonso el Onceno, 
E tú, Alonso, serás bueno, 
E nunca farás agravio, 
Nin mancilla habrá en tu labio, 
Ne enjosticia en la tua ley; 
Serás bien quisto en tu grey, 
A fuer de apuesto é valiente, 
Muy amado por prudente, 
Por garrido é por gran Rey. 

  E nosotros los rapaces, 
Que con mesura é contento 
Facémoste acatamiento 
Dejando nuestros solaces, 
Al ser mancebos, tenaces, 
E forzudos, é lozanos, 
Guardarte habrán nuestras manos, 
Nuestro arrojo é nuestro acero 
Del poder del mundo entero. 
Porque somos castellanos. 

Portadilla de la obra de Rada y Delgado
Al siguiente dia dignóse S. M. recibir corte, y despues de ella tuvieron la honra de acompañar en la mesa á los regios viajeros los Sres. Gobernadores civil y militar de la provincia, y el alcalde de la villa.
Terminado el desayuno se dirijieron los Reyes á la iglesia de Santa María, y despues rodeados de la entusiasta muchedumbre, y sin mas séquito que el amor de su pueblo, pasaron á las casas consistoriales, presentándose en el balcon de ellas.
A la puerta del mismo Ayuntamiento tomaron el coche de camino con direccion á Tordesillas, pero habiendo dejado antes S. M., como en todos los lugares de su tránsito, pruebas inequívocas de la inagotable caridad que dentro de su corazon constantemente germina.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Por facer bien e merced - La creación del Condado de Benavente en 1398

Chronica Minora

Juan Alfonso Pimentel, I Conde de Benavente (1398-1420) era hijo de Rodrigo Alfonso Pimentel y Lorenza de Fonseca. Casó con Juana Téllez de Meneses, hermana de la reina Leonor, mujer del rey Fernando de Portugal, lo que le convirtió en señor de las villas de Viñais y Braganza, en la comarca de Tras-os-Montes.
Su paso al bando castellano en el conflicto castellano-portugués de finales del siglo XIV le supuso una importante participación en las llamadas mercedes enriqueñas, como ocurrió con otros exiliados portugueses a partir de 1396. En realidad, su lealtad nunca fue incondicional a Castilla, sino que supo aprovechar las coyunturas políticas en función de sus intereses familiares y patrimoniales. No participó activamente en la batalla de Aljubarrota de 1385. Se mantuvo defendiendo su enclave de Braganza con una posición ambivalente, en principio favorable a las aspiraciones de doña Beatriz frente al Maestre de Avís.
Tras la reanudación de hostilidades entre Castilla y Portugal a partir de 1396, Juan Alfonso encontró la ocasión propicia para precipitar su paso al servicio de Castilla, pero previa negociación de las condiciones con el rey Enrique III. En carta fechada en Madrid el 28 de enero de 1398 el monarca castellano daba poder a su justicia mayor, Diego López de Estúñiga, pera que en su nombre concediera al señor de Braganza y a Gil Vázquez de Acuña diversas donaciones de villas y lugares. Con este poder Diego López hacía la concesión el 4 de marzo de 1398 de “la villa de Benavente con su castillo y con sus aldeas y términos, y con todos sus pechos y derechos, y con la jurisdicción alta y baja civil y criminal, y con el mero mixto imperio, y con todas las otras cosas que le pertenecen y pertenecer deben en cualquiera manera según mejor y más cumplidamente la agora ha y tiene la reina doña Catalina mi señora”.
Monumento al VI Centenario del Condado de Benavente (1398-1998)
El 17 de mayo de 1398 Enrique III otorgó un albalá desde Tordesillas por el que concedía al noble portugués, a título de condado, la villa de Benavente con su castillo, aldeas, términos y derechos, exceptuando el cobro de las alcabalas y los pedidos reales de monedas. No se ha conservado el testimonio original de la toma de posesión de la villa, pero según algunas referencias sabemos que esta tuvo lugar el 8 de junio de 1398. A partir de ese mismo momento, haciendo uso de las atribuciones señoriales recogidas en la merced regia, comenzó a poner toda la maquinaria concejil a su servicio.
En el año 1400 los vecinos de Benavente enviaron un emotivo memorial al rey Enrique III exponiéndole una extensa relación de agravios, injusticias y desafueros perpetrados por el conde en los apenas tres años transcurridos desde su toma de posesión de la ciudad. El sometimiento impuesto a la arbitrariedad señorial fue considerado por los benaventanos como una afrenta a su independencia. Por ello, la mayor parte de sus quejas al monarca tenían como denominador común el evidente desprecio manifestado por el conde a sus fueros, usos y costumbres.
Murió el conde en 1420 siendo enterrado en el monasterio de San Francisco de Benavente. Fueron sus hijos Rodrigo Alfonso Pimentel, que le sucedió en el condado como segundo titular de la casa entre 1420 y 1440, Alfonso Telléz (comendador de Mayorga en la Orden de Alcántara y fraile jerónimo en Guadalupe), Beatriz Pimentel, que se casará con Martín Alfonso de Melo, y Teresa de Meneses casada con Pedro de Bazán.
Será en 1422, ya muerto el conde, cuando el concejo renuncie por fin a todas sus quejas y demandas legales interpuestas contra Juan Alfonso y sus herederos por los abusos cometidos. Entre ellos se cita, a título anecdótico, la utilización de los pilares de piedra del puente de Castrogonzalo como materiales de construcción para su capilla monasterio de San Francisco: “ sobre e por rasón de çiertas quantías de marauedís e pan e otras cosas quales quier, así de bienes muebres como de rayses, como por çiertos pilares de piedra que mandó tomar de la puente de piedra de Castro Gonçalo para faser la su capiella que mandó faser en Sanct Françisco desta dicha villa, como otras cosas quales quier quel dicho conde vuestro padre nos era deuido e obligado a dar e pagar, así por cartas como en otra manera qual quier e por qual quier rasón”. El documento, escriturado en 1422, suponía en la práctica la aceptación definitiva del señorío de los Pimentel sobre la ciudad a cambio de una reducción significativa de su contribución fiscal y la aceptación tácita de la existencia de ciertos límites al poder señorial.
Detalle del monumento al VI Centenario del Condado de Benavente
Se atribuye a este primer conde benaventano el lema “más vale volando” presente en la divisa del escudo familiar. Según Ledo del Pozo, disgustado Juan Alfonso Pimentel por la injusticia y tiranía con las que era tratado por el rey de Portugal a causa de haber tomado partido por doña Beatriz en el conflicto sucesorio portugués, decidió desnaturalizarse y envió a decir al rey que no era su vasallo. Renunció además a las fuerzas, dignidades y rentas de sus estados, ante lo cual el rey le advirtió que “más valía pájaro en mano, que buitres volando”, y el conde le replicó “más vale volando”, timbre que han ostentado históricamente las armas de estos condes. Así sobre el escudo familiar existente en la iglesia de Santa María del Azogue de Benavente campea un buitre flanqueado por dos gallardetes con la leyenda: “Más vale volando”.
El conocido refrán "Más vale pájaro en mano que ciento volando" se aplica a quienes dejan situaciones o cosas seguras, esperando otras mejores pero inciertas. Un expresión equivalente aparece ya recogida en el Libro del Buen Amor (994): "No dejes lo ganado por lo que has de ganar". Cervantes incorpora el refrán en sus dos partes del Quijote: "Más vale pájaro en mano que buitre volando" (El Quijote I 31 y II 12). "[Más vale] el pájaro en la mano que el buitre volando" (El Quijote II 71). En 1614 Alonso de Avellaneda en su particular Quijote proporciona una variante peculiar de la locución para buscar una nueva paráfrasis en la línea de los deseos del conde benaventano: "pues más vale buitre volando que pájaro en mano".
Volviendo sobre la merced real del 17 de mayo de 1398 hay que señalar que se escrituró bajo la fórmula de un albalá en papel. En la documentación castellano-leonesa el uso del papel como materia escriptoria en la cancillería regia comienza a estar presente en el reinado de Alfonso X, particularmente en los llamados “mandatos”. Se pone fín así al dominio prácticamente absoluto del pergamino propio de los siglos anteriores. No obstante, su utilización en otros tipos documentales será progresiva y paulatina, reservando siempre el pergamino para aquellas cartas más solemnes.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua la palabra albalá procede del árabe “al-bara”, origen que comparte con el vocablo “albarán”. Se utilizó indistintamente como nombre masculino y femenino para designar aquella carta o cédula real en que se concedía alguna merced, o se proveía otra cosa. La definición y sistematización de este nuevo tipo diplomático parece que no se materializan hasta el reinado de Pedro I de Castilla (1350-1369), auque en los cuadernos de las Cortes de Valladolid de 1312 aparece ya alguna referencia a su existencia. Su identificación no suele ofrecer dudas, pues en el propio diploma se alude a su naturaleza “... por este mi albalá”. Comienza directamente con la intitulación al comienzo de la primera línea, sin destacarse del resto del texto: “Yo el Rey”. Termina su contenido con la data, compuesta por el día, mes y año (no suele consignarse el lugar de expedición), el refrendo del secretario y la subscripción autógrafa del monarca. “Yo el Rey”.
El albalá en su concepción más específica servía a los monarcas como instrumento para resolver algún asunto administrativo con trasunto económico, sobre todo para el nombramiento de cargos y asignación de salarios. Pero también podía servir para la concesión de mercedes. En este caso su estructura se asemeja a la de la provisión real, y por tanto incorpora la conocida fórmula: "por faser bien e merçed a vos", así como la alusión genérica a los servicios prestados que motivan la concesión: “por muchos e buenos e sennalados e altos seruiçios que me auedes fecho e fasedes de cada dia”.
Además, este tipo de documento parece que en ocasiones podía o debía ser canjeado por otras cartas más solemnes como la provisión real o la carta de privilegio, confiriendo mayor firmeza y legitimidad al acto jurídico. Igualmente estas mercedes podían se confirmadas o refrendadas por otros monarcas bajo diversas fórmulas diplomáticas. Así el 15 de diciembre de 1420 Juan II de Castilla otorgaba un nuevo albalá confirmando al II Conde, Rodrigo Alfonso Pimentel, la merced de la villa de Benavente y su tierra con todas sus rentas y derechos, y el 17 de enero de 1421, desde Torrijos, el mismo rey despachaba una sobrecarta de confirmación de la misma merced (AHN, Osuna, leg. 415, 5-3 y 5-5).

1398, mayo, 17. Tordesillas.

Albalá del rey Enrique III de Castilla por el que concede al noble portugués Juan Alfonso Pimentel, a título de condado, la villa de Benavente con su castillo, aldeas, términos y derechos, exceptuando el cobro de las alcabalas y los pedidos reales de monedas.

B. AHN, Osuna, leg. 415, 5-4. Copia notarial del 30 de julio de 1753.
Ed. A. LÓPEZ DE HARO, Nobiliario genealógico de los reyes y títulos de España, Madrid, 1622, pp. 128-129; I. BERDUM DE ESPINOSA, Derechos de los condes de Benavente a la grandeza de primera clase, Madrid, 1753, fol. 41-43; J. LEDO DEL POZO, Historia de la nobilísima villa de Benavente, Zamora, 1853, pp. 251-252; J. MUÑOZ MIÑAMBRES, Nueva Historia de Benavente, Zamora, 1982, p. 62.

Detalle del monumento al VI Centenario del Condado de Benavente
Yo el rey, por faser bien e merçed a vos Iohan Alfonso Pementel por muchos e buenos e sennalados e altos seruiçios que me auedes fecho e fasedes de cada dia, e entendiendo que me faredes de aqui adelante, espeçialmente por quanto despues que vos yo requeri e fise entender commo aquel traydor mi aduersario, que se llama rey de Portogal, non auia derecho alguno en el regno de Portogal, antes lo tenia ynjusta e malamente commo tirano; vos venistes por mi a me seruir, e fesistes lo que vos yo mande de las villas de Brargança y Vinnays que vos teniades; fago uos merçed e pura donaçion por juro de heredat, para vos e para vuestros fijos e herederos, que lo vuestro ouieren de auer e heredar asi por testamento commo muriendo sin el de la villa de Benauente con su castiello, e con todas sus aldeas e terminos e pertenençias quantas ha e deue auer asi de fecho commo de derecho, e con la justiçia alta e baxa, çeuil e creminal, e con el mero misto imperio e escriuanias dende e con todos los pechos e derechos e rentas, que a mi perteneçen saluo las alcaualas e monedas; que es mi merçed que me las paguen a mi quando las yo demandare, e para que la podades vender e enagenar e enpennar e faser della e en ella todo lo que vos quisieredes e por bien touieredes, asi commo de cosa vuestra propria; pero que lo non podades faser con omme nin persona alguna de fuera de los mis regnos, nin de orden nin de religión e por que seades mas onrrado vos, e los que de vuestro linage venieren, do uos la dicha villa a titolo de condado, e fago uos conde della; e por esta mi aluala mando a todos los vesinos, e moradores de la dicha villa, e de todas sus aldeas e terminos que vos reçiuan e ayan por su sennor e vsen con los alcaldes e ofiçiales que vos pusieredes en la dicha villa, segun asi commo mejor e mas complidamente vsaron e deuieron vsar con los otros que ponian los otros sennores que fueron della e vos recudan e fagan recudir con todas las rentas e pechos e derechos segun que mejor e mas complidamente recudian a ellos; e non fagan ende al sopena de la mi merçed, e de quanto han; e juro e prometo en mi fe e real de uos tener en mantener esta merçed e donaçion, que vos yo fago e de uos non yr contra ella, nin vos la reuocar en ningund tiempo contra vuestra voluntad, e sobre esto mando al mi chançeller, e notarios, e escriuanos que estan a la tabla de los mis seellos, que vos den e libren, e sellen mis cartas e preuillegio las mas fuertes e mas firmes, que les vos demandaredes e menester ouieredes en esta rason. Fecha en Tordesillas a dies e siete dias de mayo anno del nasçimiento de Nuestro Sennor Ihesuscristo de mille tresientos e nouenta e ocho annos. Yo Ruy Lopez la fiz escreuir por mandado de nuestro sennor el rey. (Rúbrica) Yo el rey (Rúbrica)

miércoles, 27 de junio de 2012

Condes de Benavente, Virreyes de Nápoles - Un Pimentel en la Campania

Chronica Minora

Según recuerda el “Diccionario de la Real Academia de la Lengua”, “virrey” es el título con que se designó a quien se encargaba de representar, en uno de los territorios de la corona, la persona del rey ejerciendo plenamente las prerrogativas regias. 
El linaje Pimentel, después de haber desempeñado durante los siglos XV y XVI una buena parte de los títulos y dignidades correspondientes a los Grandes de España, accedió también a desempeñar esta función del “virrey”. El VI Conde, Antonio Alfonso Pimentel, en 1567 fue nombrado virrey y capitán general del reino de Valencia, cargos que desempeñaría hasta 1571. En la época de los Austria Menores, durante el reinado de Felipe III (1598-1621), será Juan Alfonso Pimentel quien ostente el título de Virrey de Nápoles durante poco más de siete años (1603-1611), un mandato no muy extenso en el tiempo pero que dejará una profunda huella en las tierras del sur de Italia.
Juan Alfonso Pimentel, VIII Conde de Benavente (1576‑1621), fue además comendador de Castrotorafe y merino de León y Asturias. Casó en primeras nupcias con Catalina Vigil de Quiñones, hija del Conde de Luna y de María Cortes. En 1582 casó nuevamente, en esta ocasión con la hija del Barón de Martorell, María Zúñiga y Requesens.
Vista de la Bahía de Nápoles con el monte Vesubio al fondo [Foto Rafael González]
Antes de pasar a Italia, Juan Alfonso Pimentel había sido Virrey y Capitán General de Valencia (1598-1602). Según Ledo del Pozo el Papa Paulo V, en agradecimiento a sus servicios en Italia, le habría hecho entrega de “muchas reliquias y más de 122 cuerpos de santos” que depositó en su mayor parte en la fortaleza de Benavente. Sabemos, a través de los inventarios de sus bienes depositados en Benavente, Madrid y Valladolid, que de la ciudad partenopea trajo una importente colección de tapices, armas, muebles, relicarios, esculturas y cuadros, estos últimos de artistas de la talla de Caravaggio, Bassano, Barocci o Tintoretto. Murió el conde en Benavente un 7 de noviembre de 1621, siendo enterrado en el panteón familiar del monasterio de San Francisco.
Giannone, en su célebre “Istoria civile del Regno di Napoli" (1723), precisa que nuestro Pimentel llegó a la capital de la Campania el 6 de abril de 1603, “y desde el día que llegó su aplicación continua fue la recta y pronta administración de justicia, sin que ni las iglesias sirviesen de asilo a los criminales”. Este mismo autor asegura que los napolitanos hubieran querido que su virreinato fuese eterno; mas los privados que gobernaban a Felipe III tuvieron a bien que le substituyese el conde de Lemos.
Juan Alfonso fue Virrey de Nápoles poco mas de siete años, y en ellos dejó perpetuos monumentos de su rectitud, y muestras indelebles de su magnificencia. Hizo mas de cincuenta pragmáticas, y todas, continúa Giannone, grabadas con el sello de la circunspección y de la prudencia. Adornó a Nápoles con dos magníficos paseos, enriquecidos de suntuosas fuentes: mandó construir el puente y reedificar la grandiosa puerta que conduce al burgo de Chiaja, por cuyo motivo fue llamada Puerta Pimentela; y además de algún otro edificio notable, hizo en la isla de Elba, sobre la costa de Toscana, edificar el Fuerte Pimentel, y en el reino los suntuosos puentes de la Cava, de Bovino y de Benevento.
Hizo además gran parte del Palacio Real de Nápoles, soberbio edificio barroco comenzado a principios del siglo XVII en la Piazza del Plebiscito. Parece ser que en un principio el sentido de esta construcción era servir de digno solio para una anunciada visita del rey Felipe III que nunca se materializaría.
En la actualidad la facha principal del Palacio luce, flanqueando el escudo real, sendos blasones familiares de los Pimentel, timbrados de yelmo y con la figura de un buitre correspondiente a la divisa del linaje. Ambos pertenecen a las armas de Juan Alfonso y de su segunda esposa, María Zúñiga y Requesens. Los emblemas heráldicos, con las clásicas veneras y fajas de los Pimentel, son idénticos a un escudo existente en la Puerta de la Montaña, y otro de la misma época empotrado en la puerta principal de la casa de El Bosque, en Santa Cristina de la Polvorosa. Las armas del apellido Requesens son: cuartelado: 1º y 4º, de oro, cuatro palos de gules; 2º y 3º, de azur, tres roques de oro, bien ordenados; bordura dentellada de gules.
Retrato de Juan Alfonso Pimentel según grabado publicado por Parrino [Biblioteca Nacional]
En 1634 José Raneo, que fue “portero de estrado de sus Excelencias”, y después ejerció el oficio de maestro de ceremonias, durante los virreinatos del duque de Alba y conde de Monterrey, compiló una obra denominada “Libro donde se trata de los Vireyes lugartenientes del Reino de Nápoles y de las cosas tocantes a su grandeza”. Se trata de un códice en 8ª perteneciente a la antigua librería de D. Martín Fernández Navarrete. La parte conservada, pues el manuscrito está incompleto, es en realidad un catálogo razonado de los virreyes de Nápoles hasta el Conde de Monterrey. Damos a continuación el texto correspondiente a Juan Alfonso Pimentel, según la edición ofrecida en 1853 por Eustaquio Fernández de Navarrete y publicada en el tomo XXIII de la “Colección de documentos inéditos para la Historia de España”:
"Don Juan Alfonso Pimentel de Herrera, conde de Benavente, entró a gobernar su cargo de Virrey de Nápoles, lugarteniente y capitán general por el Rey Filipo III, a [...] de abril de 1603. Hizo alto en Gaeta, adonde, habiendo dado aviso de su llegada, se le hizo el recibimiento y honras acostumbradas a los demás señores Virreyes, que hayan venido a este reino con dicho cargo, como queda escrito en las entradas que hacen los Virreyes, que es el orden que hasta ahora se ha tenido y de aquí adelante se tiene de tener y observar. 
De aquí vino a Puzol, adonde se le hicieron las visitas y ceremonias acostumbradas, adonde se entretuvo por espacio de veinte y dos días, holgándose y dando tiempo a que el señor D. Francisco de Castro pusiese sus cosas en orden, y con su comodidad desocupase el puesto. Después de haberse hecho las acostumbradas visitas y prevenciones para la entrada, saliendo el señor D. Francisco de Castro acompañado (como es sólito) del Baronese, Ciudad, Colateral, tribunales, continos y la mayor parte de la nobleza de Nápoles por ser de todos en general amado y bien visto, haciéndosele de los castillos la salva general como a Virrey, se fue a casa de Mergollino, adonde hizo alto hasta tanto que se lo diesen galeras para su viaje. Gobernó el Colateral dos días que hubo de vacancia, dando las órdenes verbales para todo lo que era menester para la entrada de S. E.
Castel Nuovo - Nápoles [Foto Rafael González]
Lunes siguiente entró el señor conde de Benavente con 12 galeras en Nápoles, adonde le estaba prevenido el ponte y acompañamiento acostumbrado, con el cual vino hasta palacio. Al siguiente día fue al arzobispado a dar el juramento; y habiéndole dado comenzó a ejercitar su cargo de Virrey y capitán general con aquella grandeza que acostumbran los señores de esta tan ilustre casa, continuándolo en todo su gobierno. Trujo consigo a su mujer y seis hijos muy galantes; y de ninguno de ellos se sintió jamás mocedad, ni liviandad, que es ordinario en los Príncipes mozos y libres.
Vino en su tiempo el Príncipe de Asculi, al cual S. E. tuvo alojado con toda su casa en un cuarto (habitación) por algunos meses. Asimismo al marqués do Santa Cruz y a la marquesa su mujer muchos días. También tuvo al Adelantado de Castilla con la condesa su mujer, que venía de España por general de la escuadra de las galeras de Sicilia, y estuvieron también hospedados y muy regalados por algunos días con mucha grandeza.
De ahí a dos meses mandó S. E. hacer un amoso torneo en la plaza de armas, adonde concurrieron todos los titulados, caballeros mozos, así italianos como españoles, a dicho torneo, como se escribe en las semejantes fiestas que se acostumbran hacer en palacio.
De ahí a un mes vino el señor duque de Mantua con cuatro galeras de Florencia a Puzol, para tomar remedios, el cual estuvo algún tanto confuso como tambien lo estuvo el de Benavente sobre como se habían de tratar, como mas largamente se dice cuando se habla de este particular a folio [...]. Asimismo en este mismo tiempo vino a esta ciudad con seis galeras el generalísimo de las galeras de Francia con su gran estandarte: en su ingreso que va escrito aparte, se verá la grandeza con que fue recibido a fol.
Fue este señor tan severo, tan justo y tan celoso de la justicia que no la perdonara a su propio hijo. Tuvo particular cuidado de la grasa: fue muy celoso de la honra de las viudas, doncellas y eclesiásticas personas. Fue tan caritativo que cada día daba infinitas limosnas a los pobres, que venían a palacio, oltre las que hacía secretas a caballeros pobres y pasajeros, que pasaban de este reino a otros. Ofreciose en su tiempo que un D. Francisco, siciliano, había tomado el arrendamiento de moler los trigos y traer la harina para la grasa de esta ciudad, la cual de ordinario come mas de mil tumbanos de trigo cada día, que cada tumbano es como una fanega de España. Había este D. Francisco concertádose con el conservador del grano de esta ciudad, que le consignase cada día todo el trigo que le pidiese, sin que se hiciese introito ni éxito (se le tomase razón de las entradas ni las salidas) ni del trigo ni de la harina, por lo que hurtaron él y sus compañeros mas de 800.000 tumbanos de trigo, vendiéndole a las islas convecinas a menor precio, a los casales de Nápoles, pasteleros y macarroneros, escondidamente de noche. Fue de manera que no había quedado trigo para dos meses en todas las fojas conservadero de la ciudad. Y viendo S. E. el grande aprieto y peligro de hambre en que se vía este pópulo y ciudad, mandó llamar a Miguel Vaez, conde de Mola, por haber tenido noticia de la grande inteligencia que tenía en los reinos extranjeros, para que con todo y particular cuidado hiciese venir cantidad de naves de aquellas partes, cargadas de trigo, y esto fuese con toda la brevedad posible, por el gran aprieto y confusión en que se hallaba en tan urgente necesidad, como las hizo venir y se escribe en el impreso del generalísimo de Francia a folio 229. Prendióse al dicho D. Francisco, arrendador del trigo, y lo trujeron a casa de D. Diego de Veza, presidente de la Sumaria, el cual se dio tan buena maña, que escapó por otra puerta, y se fue a Roma en hábito de jesuita, llevando dos pares de anteojos por transformar el rostro. Tuvo S. E. noticia del caso, y trató por medio del embajador de España que estaba en Roma: pidióse a su Santidad licencia para podelle prender, adonde se hallase, como se la dio; e hizo tan buena diligencia, que le prendieron y trujeron preso de Roma a Nápoles, donde le pusieron en la cárcel: diéronle tormento: confesó el delito, y condenáronle a muerte a él y a otros dos compañeros; y confirmó la sentencia el Sacro Consejo. Fueron muchos jesuitas, frailes y otros muchos caballeros a pedir a S. E. que le mandase cortar la cabeza, como a caballero que pretendía serlo. Respondióles que el que había vivido como ladrón, era justicia muriese como tal; y así mandó que le ahorcasen luego a él y a sus compañeros. Pusieron sus cabezas, pies y manos en unas rejas do hierro encima de la puerta del conservadero del trigo de esta ciudad con el letrero, nombre y delito de los delincuentes.
Palacio Real de Nápoles en la Piazza del Plebiscito [Foto Rafael González]
Sucedió asimismo ponerse fuego al monasterio de la Cruz, frontero de palacio, el cual se quemara todo si no lo hubiera mandado socorrer enviando a sus propios hijos, y él mismo mirando de su corredor las diligencias que se hacían, dando voces acudiesen todos al remedio de aquel incendio, mandando se derribase una pared de la cortina del refitorio para que el fuego no entrase en la iglesia, como se derribó y remedió e apagó el fuego por la misericordia de nuestro Señor.
Asimismo sucedió que en el territorio de Benevento, ciudad del Papa, había una hostería, que confinaba con el territorio de S. M. en este reino un tiro de arcabuz de una jurisdicción a la otra, en la hostería estaban mas de 400 bandidos, saliendo de noche conmoviendo y robando a todas las tierras convecinas, jurisdicción de S. M.; y luego se pasaban a dicha hostería, sin que la justicia Real pudiese prenderlos; y así escribiendo S. E. al gobernador eclesiástico de Benevento le diese licencia para poderlos seguir y prender; respondió que no podía dársela sin orden de S. E.; y habiendo escrito muchas veces al embajador de España que residía en Roma tratase con S. S. se la diese para prender dichos bandidos, que acudían a dicha hostería, no fue posible alcanzarla, diciendo se vendría a perder la jurisdicción eclesiástica. Por lo que tomó (por) expediente para la extirpación de dichos bandidos de comprar aquella hostería de dineros de S. M., como en electo la compró; y teniendo buena inteligencia con los tabernarios que allí puso de su orden, que eran del reino, que le diesen señal con lumbres de noche cuando los bandidos estuviesen recogidos en dicha taberna, dio orden al caballero Fontana, ingeniero mayor, que secretamente fuese a un lugar que estaba cerca de dicha taberna, territorio Real, y que de allí hiciese una mina, la cual llegase hasta debajo de la dicha taberna secretísimamente, poniendo en ella los barriles de pólvora necesarios para podella volar; y que estuviese muy bien atento cuando el hostero hiciese la señal para que luego diese fuego a la mina y se volase, como todo se hizo, volando la taberna con mas de cuarenta bandidos que estaban dentro, habiendo primero salídose fuera los hosteleros. Ofendióse mucho de esto el gobernador de Benevento, que era un obispo, escribiendo a S. S. el caso para poner papelones de excomunión. Su Santidad mandó al embajador de España escribiese a S. E. de cómo había roto la justicia eclesiástica; a lo que respondió S. E. no habla roto tal, sino que había quemado una hostería de S. M., y que no habla prendido ninguno en el término de la Iglesia. Fue tomada en risa estratagema tan rara, y del Colegio de Cardenales celebrada como de S. S., el cual mandó no se hablase mas de ello.
Detalle de la fachada principal del Palacio Real de Nápoles [Foto Rafael González]
Vino orden de S. M. al conde de Benavente que procurase por todos los caminos que mejor le pareciesen el desempeñar una gran deuda, que esta fielísima ciudad tenía; en virtud de la cual se puso una gabela sobre la fruta que importaba 90.000 ducados al año en beneficio de la dicha ciudad; y habiéndola arrendado, los arrendatarios hicieron dos casas muy grandes de madera con sus pesos, la una en mitad del mercado de esta ciudad, y la otra en la marina, para poder tomar cuenta y razón de la Fruta que entraba: y en la del mercado hizo pintar algunos santos al rededor de ella para que no se ensuciasen a orinasen allí. De lo que el cardenal Aquaviva, arzobispo de esta ciudad, envió dos clérigos citados para que diesen de blanco a todos aquellos santos que allí estaban pintados; los cuales fueron con tanta bulla y alboroto con muy gran tropa de gente menuda y vil gritando todos “Viva el cardenal Aquaviva”; y con este tumulto, dando de blanco a los santos, fue tanta la gente que acudió que derribaron la casa, sin dejar memoria adonde estaba, perseverando siempre aquella plebeya gente “Viva el cardenal Aquaviva”. Por que llegando a noticia de S. E. mandó tomar información de tal atrevimiento y desvergüenza, enviando a dar parte de ello al cardenal, diciendo pudiera su Señoría ilustrísima haberlo ordenado, que él lo hubiera mandado quitar sin haber habido el rumor y alboroto que sucedió contra la jurisdicción Real. Apuntáronse estos dos señores así por esto como por otras cosas en razón de jurisdicción, de lo cual se dio parte a S. S. y a S. M.; por lo que vino orden al cardenal Aquaviva que fuese a Roma, y a S. E. que mandase rehacer dicha casa y gabela que había puesto en beneficio de la ciudad: hizóse todo luego conforme a las órdenes.
Escudo del VIII Conde, Juan Alfonso Pimentel, y de su mujer, María de Zúñiga y Requesens, en el Palacio Real de Nápoles [Foto Rafael González]
Tuvo cuatro parlamentos generales en su tiempo, en los cuales esta fielísima ciudad y reino dieron a S. M. grandísimos donativos; y en particular le dieron y concedieron por medio de S. E. la sal toda que tocaba al reino de Nápoles, que S. M. estaba obligado a dar al reino de Nápoles a cada fuego, que importé ochocientos mil ducados al año, que fue el mayor donativo y servicio que jamás los Reyes han recibido de esta fielísima ciudad y reino.
Hizo S. E. siete fuentes en el camino Real que va a Pozzoreal, para recreación de los ciudadanos pasajeros y viandantes y comodidad pública. Asimismo hizo venir a Santa Lucía el agua del Formal, adonde hizo una muy suntuosa fuente. También hizo que dicha agua del Formal fuese por todo el burgo de Chiaja con nueve fuentes hasta Mergollino e iglesia de nuestra Señora de Pié de Erveta, que nunca la había tenido, que fue la mayor grandeza y recreación universal que se ha visto.
Hizo gran parte del Palacio Real que había comenzado el conde de Lemos  D. Fernando. Salió de esta ciudad con grandísima grandeza y beneplácito general muy contentos todos de su gobierno".

jueves, 7 de junio de 2012

El privilegio de Chindasvinto al monasterio de Compludo - Tras las huellas de un falsario erudito

Chronica Minora

El fondo documental de la Catedral de Astorga ofrece como una de sus piezas más singulares un diploma fechado en el año 646 referente al monasterio de Compludo. Se trata de la famosa donación del rey visigodo Chindasvinto, y su esposa Reciberga, a San Fructuoso, y a través de él al citado cenobio berciano, de diversas heredades, libros y preseas litúrgicas.
La desaparición prácticamente total del fondo de pergaminos de la catedral de Astorga durante la Guerra de la Independencia, así como del conocido como “Tumbo Negro”, nos ha privado de las versiones más antiguas de este documento. No obstante, su tenor es bien conocido a través de diversas copias, ediciones y de las referencias de autores de los siglos XVI al XVIII.
Dada la antigüedad atribuida al texto y la relevancia de los personajes intervinientes, fue objeto de la atención de eruditos e historiadores de todas las épocas. Además, el texto fue considerado durante mucho tiempo el primer documento conservado de la monarquía hispana y por tanto tenido por uno de los testimonios más importantes de la diplomática altomedieval.
A pesar de haber sido editado en numerosas ocasiones el documento carece aún de un estudio pormenorizado. La razón de ello es evidente: ha sido desahuciado repetidamente por falso por la mayoría de críticos y editores contemporáneos. Sin embargo, al margen de la cuestión de su autenticidad, el diploma constituye una fuente de gran interés histórico y diplomático, y ofrece otras muchas perspectivas dignas de estudio. En este trabajo no centraremos en analizar las circunstancias que rodearon su fabricación y toda la parafernalia desplegada para hacerlo verosímil.
Ambrosio de Morales es uno de los primeros autores que se ocuparon de nuestro documento. Con ocasión de su “Viage” visitó el monasterio berciano de San Pedro de Montes en 1572. En su relato sobre el cenobio incluyó una breve reseña sobre Compludo. Aunque no llega a editar el texto proporciona algunas de las primeras claves para acercarnos a la tradición manuscrita:

“Compludo. Lugar pequeño en el Vierzo, cerca de Molina seca. Su Iglesia mayor fue antiguamente Monesterio de Monges Benitos con la advocación de S. Justo y Pastor. Fundólo San Fructuoso, pariente de los Reyes Godos, en tiempo del Rey Cindasvindo, y el Rey acrecentó mucho, y el Rey Don Ramiro Segundo después de la destruición de España lo confirmó. Todo parece en el privilegio deste Rey D. Ramiro, donde está inserto el otro primero del Rey Cindasvinto: Agora no es Abadía de Monges, sino Dignidad de la Iglesia en Astorga, sin que se entienda cómo ni quando se pasó allí”.

La primera edición de la que tenemos noticia es la Prudencio de Sandoval en su Primera parte de las fundaciones de los monasterios del glorioso Padre San Benito, que los Reyes de España fundaron y dotaron. El texto no ofrece variantes reseñables con respecto a lo conocido por otros autores, pero ofrece algunos detalles sobre el origen de la copia por él manejada:

“Cuya obra confirma el Rey Cindasuinto, con su muger la Reyna Reciberga, y añaden algunos bienes y dieron dello su carta y priuilegio Real, cuyo tanto tiene la Iglesia de Astorga en el libro donde estan recopilados todos sus priuilegios, de donde saque yo; y por ser la escritura más antigua que tiene España, y por encarecer en ella la virtud y sangre Real deste Santo monge, la pondre quando escriuiere su vida [...] Acrecentó esta obra el Rey Cindasvinto, como parece por su antiquisimo priuilegio, cuyo tanto tiene la ciudad de Astorga en su Iglesia. Y otro inserto en una confirmación que del hizo el Rey don Ramiro el III, que por ser la escritura mas antigua que se halla, y dezirnos en ella quien era S. Fructuoso, y ver el pecho y devoción del Santo Rey Cindasuinto, pondre en fin desta vida una copia del, fielmente sacada”. Fol. 11v F. 15r.. Se copia en 16v-17v.

De todo lo dicho hasta ahora podemos sacar algunas conclusiones. Por una parte que, al menos desde el siglo XVI, la única versión conocida del diploma  era la copia incorporada en el Tumbo Negro de la Catedral de Astorga. En segundo lugar que el texto se presentaba inserto en una confirmación posterior de un monarca que para Sandoval es Ramiro III, pero todo apunta a que en realidad es, como veremos, Ramiro II.
El llamado “Tumbo Negro de Astorga” era un códice confeccionado durante los siglos XII-XIII para recopilar las escrituras de la catedral. Desapareció, como hemos dicho, durante la Guerra de la Independencia, pero es posible reconstruir se estructura y contenidos a través de un manuscrito del siglo XVII, hoy conservado en la Biblioteca Nacional con la signatura Ms. 4.357. Este último manuscrito no copia el contenido íntegro de los documentos, sino extractos, pero para el caso que nos ocupa resulta muy útil, pues permite conocer cómo figuraba la copia del privilegio de Chindasvinto.
El extracto comienza de la siguiente manera: "Privilegio i donación que hizo el rey Don Chindasvindo, y su esposa doña Reciverga en fabor del monasterio de San Justo y Pastor de Compludo, cerca del río de Molina debajo del Monte Yrago en los confines del Vierzo, y de su abad Fructuoso a quien trata de santo y repite ser fundación de sus propias manos edificado, y dotado de propios vienes de Fructuoso, y proceder este de R. prosapia ..”. El extracto resume a continuación el contenido de la donación y da, por último, detalles sobre la data, el folio y el número de orden dentro del Tumbo Negro: “Fecha 15 kalendas novembris era CDLXXXIIII que corresponde a 18 de octubre, año de 646. Siendo obispo de Astorga don Candidato que también firmó en dicho instrumento con otras muchas personas. Fol. 82, nº 279".
Como vemos no hay ninguna alusión al privilegio de Ramiro II. Pero el documento está precedido de un privilegio de Ramiro II al monasterio de Santa María de Tabladillo, debajo del monte Irago, en el que se hace alusión a un concilio celebrado en 946 por consejo del obispo Salomón. Antecede además a tres cartas relativas a Compludo de 933, 992 y 1072.
Nuestro diploma de Chindasvinto no resiste la más benevolente de las críticas diplomáticas. Todo su tenor, desde principio a fin, es absolutamente apócrifo, sin que podamos  ni siquiera vislumbrar algún resquicio para suponer la existencia de un diploma original de época visigoda en el que pudiera haberse inspirado su creador. Pero a pesar de su evidente falsedad hay que reconocer un meticuloso y concienzudo trabajo de elaboración, en el que no faltan incluso algunas soluciones ingeniosas, todo ello para presentar un contenido al menos verosímil. Fueron varias las fuentes utilizadas por nuestro falsario para componer su obra, algunas de las cuales podemos identificar de forma feaciente.
La primera dificultad la encontramos en la identificación de los supuestos protagonistas del documento: “Ego Chindasvintus rex et Reciberga regina”. A pesar de existir una tradición secular que asocia a Chindasvinto con la reina Reciberga, basada fundamentalmente en el texto del epitafio de esta última, la moderna historiografía hace a Reciberga esposa real del hijo y sucesor de Chindasvinto: Recesvinto. Esta identificación es defendida, entre otros, por José Orlandis en su "Historia del Reino Visigodo Español".
Entrando ya en el preámbulo del documento, nos topamos con algunos datos biográficos sobre San Fructuoso y la fundación del monasterio de Compludo.

“... edificatum per tu as beatas manus sanctissime Fructuose abbas pro confessione monachorum et quambis satis cum amplifice ditasti beate Fructuose abbas regali pro sapia ex arte ipsum locum supranominatum tuis satis magnis hereditatibus nostra lamen regalis auctoritas non decet abesse. Scimus enim ipsum monasterium supranominatum Domine Complutum in onorem sanctorum Martirum Iusti et Pastoris in tuo patrimonio et tila hereditate atemitipso esse fundatum et amplifice tuis patrimoniis ditatum”.

Este pasaje es en realidad una reproducción más o menos parafraseada del párrafo de la “Vita Fructuosi” en el que se narra el origen familiar del santo y los inicios de la vida monacal en Compludo.

lunes, 14 de mayo de 2012

Castrogonzalo según las Respuestas Generales del Catastro de la Ensenada

Chronica Minora

1. Cómo se llama la población
A la primera dijeron que este pueblo se llama el lugar de Castro Gonzalo tierra de Benavente.
2. Si es de realengo o de señorío, a quién pertenece, qué derechos percibe y cuánto produce.
A la segunda dijeron que dicho lugar es de señorío, pertenece al Conde de Benavente, percibe los derechos de martiniega, pedido de marzo, un foro sobre la pesca del río, otro sobre las tierras de arrotos y medio carro de paja de cada un vecino labrador del estado general, que producen el de martiniega veinte y siete reales, y diez y ocho maravedís. El pedido de marzo setenta reales y veinte maravedís. El foro sobre la pesca del río treinta y tres reales; el de las tierras de arrotos cuarenta y ocho cargas de pan mediado, trigo y cebada; el de la paja trece carros en virtud de encabezamiento que sobre dicha paja, y derecho de martiniega anualmente precede, que con la regulación de diez reales cada uno importan ciento y cuatro reales, y todo asciende a el año a doscientos, treinta y cinco reales y cuatro maravedís de vellón, y las cuarenta y ocho cargas de pan mediado, trigo y cebada, expresadas, ignoran el motivo de su percepción.
Vista general de Castrogonzalo [2012]

3. Qué territorio ocupa el término, cuánto de levante a poniente y del norte al sur, y cuánto de circunferencia, por horas, y leguas, qué linderos o confrontaciones; y qué figura tiene, poniéndola al margen.
A la tercera dijeron que el territorio que ocupa el término del referido lugar será cinco cuartos y medio de legua de Levante a Poniente, tres cuartos y medio de legua de Norte a Sur, y cinco leguas en circunferencia con la regulación de hora por legua, confronta a el Levante con términos de las villas de Fuentes de Ropel, Villa Obispo, y San Esteban, a el Poniente con los de los lugares despoblados de Zembicos y Brive, a el Norte con término de otro lugar despoblado llamado Piquillos, y a el Sur con el del lugar de Castro Pepe, y en cuanto a su figura se remiten a lo que el agrimensor haga a el tiempo de su reconocimiento.
4. Qué especies de tierra se hallan en el término; si de regadío y de secano, distinguiendo si son de hortaliza, sembradura, viñas, pastos, bosques, matorrales, montes, y demás que pudiere haber, explicando si hay algunas que produzcan mas de una cosecha al año, las que fructificaren sola una y las que necesitan de un año de intermedio de descanso.
A la cuarta dijeron que las especies de tierra que hay en el expresado término son de sembradura de secano, prados de pasto y otros donde se trilla el pan, un pedazo de prado de guadaña, y cuestas agrias incultas por naturaleza, las de sembradura de secano con un año de descanso, trigo, centeno o cebada, los prados sin intermisión pasto, el de eras también pasto, el de guadaña hierba, y las cuestas agrias no producen por la razón expresada, y no comprenden lo demás de la pregunta.
5. De cuántas calidades de tierra hay en cada una de las especies que hayan declarado, si de buena, mediana e inferior.
A la quinta dijeron que en las especies de tierra de sembradura de secano, y prados de pasto que llevan declarado, las hay de las tres calidades, buena, mediana e ínfima, en los prados de pasto, digo de tierras, y guadaña de mediana e inferior, y las cuestas agrias lo son de inferior.
6. Si hay alguno plantío de árboles en las tierras que han declarado, como frutales, moreras, olivos, higueras, almendros, parras, algarrobos, etc.
A la sexta dijeron que en las referidas tierras hay un plantío de árboles, paleros, chopos, salgueros y negrillos, que se hizo de orden de su majestad, que Dios guarde, y no comprende lo demás de la pregunta.
7. En cuáles de las tierras están plantados los árboles que declararen.
A la séptima dijeron que dicho plantío se halla en el Prado de Guadaña concejal de mediana e ínfima calidad.
8. En qué conformidad están hechos los plantíos, si extendidos en toda la tierra o a las márgenes, en una, dos, tres hileras, o en la forma que estuvieren.
A la octava dijeron que el referido plantío se halla en siete hileras a las orillas del río.
Iglesia parroquial de San Miguel

9. De qué medidas de tierra se usa en aquel pueblo: de cuántos pasos o varas castellanas en cuadro se compone, qué cantidad de cada especie de granos de los que se cogen en el término se siembra en cada una.
A la novena dijeron que la medida de tierra que se usa en el propuesto lugar es de carga, compónese de doce heminas, esta de cuatro celemines y dicha hemina ocupa el terrazgo de ciento treinta y tres estadales de a tres varas castellanas en cuadro cada uno, y en cada carga de tierra de secano de buena calidad para su siembre se echan si de trigo quince heminas, y si de cebada veinte y cuatro, en la de mediana once heminas de trigo, y en la de ínfima que regularmente se siembra de centeno ocho heminas de esta especie.
10. Qué número de medidas de tierra habrá en el término, distinguiendo las de cada especie y calidad, por ejemplo, tantas fanegas, o del nombre, que tuviese la medida de tierra de sembradura de la mejor calidad, tantas de mediana bondad y tantas de inferior; y lo propio en las demás especies que hubieren declarado.
A la décima dijeron que el predicho término ocupará tres mil cargas de tierra de la expresada medida, de secano de sembradura serán dos mil cargas de buena calidad seiscientas de estas sembrarán anualmente doscientas de trigo, y ciento de cebada, de mediana calidad setecientas cargas, de inferior otras setecientas; los prados ocuparán cuatrocientas cargas de las cuales de buena calidad serán doscientas; de mediana calidad ciento, y de ínfima otras ciento; los de las eras diez cargas de mediana calidad cinco, y de inferior otras cinco; el Prado de Guadaña catorce cargas de mediana calidad siete y de inferior otras siete; las cuestas agrias incultas por naturaleza ocuparán ciento y setenta cargas; del río Esla que pasa por el término cogerá doscientas cargas; el sitio del lugar diez y seis y lo restante consideran a los caminos y sendas.
11. Qué especies de frutos se cogen en el término
A la undécima dijeron que los frutos que se cogen en el explicado término, son trigo, centeno, cebada, paja, hierba, lana, añino y hierba de pasto.
12. Qué cantidad de frutos de cada género, unos años con otros, produce, con una ordinaria cultura, una medida de tierra de cada especie y calidad de las que hubiere en el término, sin comprender el producto de los árboles que hubiese.
A la duodécima dijeron que cada carga de tierra de secano de buena calidad con una ordenanza cultura en un quinquenio y del año produce si de trigo cuatro cargas, y si de cebada catorce; la de mediana calidad tres cargas de trigo, y la de inferior con igual cultura tres cargas de centeno; la de prado de era de mediana calidad una carga de trigo, la de inferior tres fanegas, el Prado de Guadaña de mediana calidad, produce carro y medio de hierba; la de inferior un carro; los pastos disfrutan los vecinos con sus ganados, y el sobrante le arrienda a los forasteros em un mil ochocientos y treinta reales a el año y nueve maravedís y medio, una con otra, y en caso de arrendarse todos produciría la carga de buena calidad por el pasto ocho, la de mediana calidad seis, y la de ínfima cuatro.
13. Qué producto se regula darán por medida de tierra los arboles que hubiere, según la forma en que estuviese hecho el plantío, cada uno en su especie.
A la décima tercia dijeron que el propio plantío no produce cosa alguna por ser nob[..] y el prado en que se hall produce la hierba que se guadaña.
14. Qué valor tienen ordinariamente un año con otro los frutos que producen las tierras del término, cada calidad de ellos.
A la décima cuarta dijeron que el valor que ordinariamente tienen los frutos que producen las tierras del predicho término, en un quinquenio, y del año es cincuenta reales la carga de trigo, cuarenta la de centeno, treinta la de cebada, diez el carro de paja, quince el de hierba, veinte y dos la arroba de lana, y treinta la de añino.
15. Qué derechos se hallan impuestos sobre las tierras del término, como diezmo, primicia, tercio-diezmo u otros; y a quien pertenecen.
A la décima quinta dijeron que los derechos que se hallan impuestos sobre las tierras del término son el diezmo, y de diez una en las especies en práctica diezmables, primicia y voto de Santiago, corresponde una parte de tres el diezmo de granos, correspondiente a la iglesia parroquial de Santo Tomás del Barrio de abajo, y la mitad de menudos a Don Cayetano Rodríguez de Quirós, cura párroco, y cinco cargas de trigo más que le da Don Roque Alayz racionero de dicha parroquial por la administración de sacramentos, otra parte de dichos granos, y la mitad de menudos, compete al referido Don Roque, a excepción de las cinco cargas de trigo expresadas, y la otra parte de los propuestos granos a el maestre escuela de la Santa Iglesia de la ciudad de Astorga, de la cual da cinco cargas de centeno a la obra mayor de dicha santa iglesia; el correspondiente a la parroquia de San Miguel del barrio de arriba compete dos partes de tres de los granos, y el todo de menudo a Don Eugenio Juárez cura párroco, y la otra parte de granos a el dicho maestre de escuela; el de las dos casas de Rey de granos, y menudos, compete a el Conde de Benavente, la primicia a las fábricas de las dos parroquiales respectivamente, y el voto de Santiago a su Santa Iglesia Catedral, y no saben oído decir haya más interesados en dichos diezmos que los expresados.
Casa blasonada de los Alaiz en la Calle Carrancha

16. A qué cantidad de frutos suelen montar los referidos derechos de cada especie o a que precio suelen arrendarse un año con otro.
A la décima sexta dijeron que los referidos derechos en un quinquenio, y a el año, montan cuarenta cargas de trigo, treinta de centeno ochenta de cebada, y los menudos que perciben ascenderán a un mil y doscientos reales de vellón, y no se arriendan.
17. Si hay algunas minas, salina, molinos harineros u de papel, batanes u otros artefactos en el término, distinguiendo de qué metales y de qué uso, explicando sus dueños y lo que se regula produce cada uno de utilidad al año.
A la décima séptima dijeron que en el predicho lugar hay un molino de aceite linaza que pertenece a Mateo Hurtado vecino de la villa de Benavente a quien por dicho aceite y linaza se le considera la utilidad de dos mil reales a el año, y no comprende lo demás de la pregunta.
18. Si hay algún esquilmo en el término, a quien pertenece, qué número de ganado viene al esquileo a él y que utilidad se regula da a su dueño cada año.
A la décima octava dijeron que en el expresado lugar hay esquilmos de ganados lanares, vacas, yeguas, pollinas y cerdas, que pertenecen a sus respectivos dueños, y a cada res lanar de vientre por no arrendar pastos para su manutención, por el de la cría, lana, añino y leche consideran la utilidad anual de once reales; a la de vacío por el de lana tres reales, a cada carnero o borrego por el de lana cinco reales; a la baca por el de la cría cincuenta reales, a la yegua por lo mismo, doscientos reales a la pollina por dicha razón veinte y cinco reales, a la cerda por el de crías treinta reales, todo ello a el año, y no viene ganado alguno al esquileo a dicho término.
19. Si hay colmenas en el término, cuántas y a quien pertenecen.
A la décima novena no comprende su contenido.
20. De qué especies de ganado hay en el pueblo y término, excluyendo las mulas de coche y caballos de regalo; y si algún vecino tiene cabaña o yeguada que pasta fuera del término, donde y de qué número de cabezas, explicando el nombre del dueño.
A la pregunta veinte dijeron que las especies de ganado que hay en predicho término son bueyes, bacas, novillas, novillos, terneras, terneros, yeguas, caballos, pollinas, pollinos, mulas, machos, cerdas, cerdos, ovejas, corderos, carneros y borregos, y ningún vecino tiene cabaña ni yeguada que paste fuera del término.
21. De qué número de vecinos se compone la población y cuántos en la casas de campo o alquerías.
A la veinte y una dijeron que en el expresado lugar hay ciento y diez y siete vecinos con inclusión de los eclesiásticos, estado noble y general en su población, y ninguno en casa de campo, ni alquería por no haberla.
22. Cuántas casas habrá en el pueblo, qué número de inhabitables, cuántas arruinadas; y si es de señorío, explicar si tienen cada una alguna carga que pague al dueño por el establecimiento del suelo, y cuánto.
A la veinte y dos dijeron que el citado lugar se compone de ciento y ocho casas de las cuales ciento y doce son habitables, dos inhabitables por imposibilidad, doce arruinadas, una del concejo donde celebran las juntas los vecinos, y la otra que sirve para el puesto público de la carnicería, u aunque es de señorío no se pada al dueño pensión alguna por el establecimiento del suelo.
23. Qué propios tiene el común y a que asciende su producto al año, de que se deberá pedir justificación.
A la veinte y tres dijeron que los propios que tiene el propuesto lugar son el arriendo del sobrante de pastos; el de la pesca del río, y el de una heredad de tierra, que todo ascenderá a el año a un mil novecientos y sesenta reales [de] vellón, sobre que se remiten a la rectificación que diese el fiel de dichos; así mismo disfruta de una Prado de Guadaña que comprende el ya citado plantío, no se arrienda, repártese la hierba que produce que serán diez y ocho carros entre todos los vecinos.
24. Si el común disfruta algún arbitrio, sisa u otra cosa, de que se deberá pedir la concesión, quedándose con copia que acompañe estas diligencias; qué cantidad produce cada uno al año, a que fin se concedió, sobre qué especies para conocer si es temporal o perpetuo y si su producto cubre o excede de su aplicación.
A la veinte y cuatro dijeron que el propuesto lugar no disfruta ni usa de arbitrio alguno con facultad, ni sin ella.
Pontón del siglo XVIII

25. Que gastos debe satisfacer el común, como salario de Justicia y regidores, fiestas de Corpus u otras; empedrado, fuentes, sirvientes, etc., de que se deberá pedir individual razón.
A la veinte y cinco dijeron que los gastos que satisface el común del expresado lugar son los que se ocasionan en las rogativas cumplidamente de votos que tienen hechos, ministros que vienen a la cobranza de los tributos, por no dar a los alcaldes el seis por ciento de su cobranza, paga de cupo de puentes, gastos extraordinarios que ocasionan los procuradores de la tierra, condenas de la Audiencia de la Mesta, funciones del concejo, salarios del fiel de fechos, maestro de primeras letras, composición de caminos, y puente, plantío de árboles, guarda de dicho plantío, nombramiento y juramento de justicia, toque de campanas, predicador de la Semana Santa, potear las medidas y otros precisos que satisface, sobre que y el importe a que anualmente ascienden todos ellos se remiten a la certificación que diere el fiel de fechos.
26. Que cargos de Justicia tiene el común, como censos, que responda u otros, su importe, por qué motivo y a quien, de que se deberá pedir puntual noticia.
A la veinte y seis dijeron que las cargas de justicia que tiene el común del explicado lugar son cuarenta y ocho cargas de pan mediado, trigo y cebada, que anualmente se pagan a el Conde de Benavente por las tierras de arrotos, como así lo llevan declarado.
27. Si está cargado de servicio ordinario y extraordinario u otros, de que igualmente se debe pedir individual razón.
A la veinte y siete dijeron que el nominado pueblo se halla cargado de servicio ordinario, extraordinario y utensilios, por cuyos derechos se paga anualmente trescientos cuarenta y un reales, y treinta maravedís de vellón; remítense a mayor abundamiento a la certificación que diese el fiel de fechos.
28. Si hay algún empleo, alcabala u otras rentas enajenadas, a quién, si fue por servicio pecuniario u otro motivo, de cuánto fue y lo que produce cada uno al año, de que se deberán pedir los títulos y quedarse con copia.
A la veinte y ocho dijeron que la razón, derecho de alcabala y el de dos casas de rey diezmeras se hallan enajenadas, pertenecen a el Conde de Benavente, percibe por el de alcabalas un mil quinientos cincuenta y ocho reales, y treinta y dos maravedís. Por el de las dos casas diezmeras seis cargas de trigo, tres de centeno, siete de cebada y cuarenta reales de menudos a el año y en un quinquenio, y lo demás se pagan a su majestad (que Dios guarde), ignoran el motivo de su concesión, remítense a los privilegios en este asunto concedidos.
29. Cuántas tabernas, mesones, tiendas, panaderías, carnicerías, puentes, barcas sobre ríos, mercados, ferias, etc. hay en la población.
A la veinte y nueve dijeron que en precitado lugar y término hay dos tabernas, una carnicería, tres puentes, y un barco, que pertenecen a el concejo; y Ana Flores Lobato viuda usa del oficio de panadera, a quien consideran la utilidad anual de cuatrocientos reales; el arriendo de dichas tabernas y carnicería le tiene Francisco Fernández Mayde, el de las tabernas en cuatro mil y setecientos reales con la condición de poder subarrendar una, como en efecto tiene subarrendada la que se halla en dicho pueblo [...] en novecientos reales, y el de la carnicería en ciento y cincuenta reales, cuyos piales de arriendo suben en parte de paga de tributos; en las puentes no se paga portazgo. El barco no se arrienda, sirve para el servicio de las labranzas, y no comprende lo demás de la pregunta.
30. Si hay hospitales, de qué calidad, qué renta tienen y de qué se mantienen.
A la pregunta treinta dijeron que en el sobre dicho lugar hay una casa que sirve de hospital para el recogimiento y conducción al pueblo más inmediato de los pobres que transitan; a estos se les da la limosna que el mayordomo asigna, los efectos que le pertenecen son de dicha casa, dos censos, el principal de uno trescientos reales, el otro cuatrocientos, y unas tierras de pan llevar, que producen los censos veinte y un reales de réditos anuales. A razón de tres por ciento, de las tierras una se labra por los cofrades de la cofradía de la Santísima Trinidad, y su producto anual que serán dos cargas de trigo, se invierte a beneficio de dichos pobres, y las otras se arriendan, y producen cada segundo año media carga de pan mediado, trigo, y cebada, que también se destina a el efecto dicho.
Campos de cultivo con Morales de las Cuevas al fondo

31. Si hay algún cambista, mercader de por mayor o quien beneficie su caudal por mano de corredor u otra persona, con lucro e interés; y qué utilidad se considera el puede resultar a cada uno al año.
A la treinta y una dijeron no comprende su contenido.
32. Si en el pueblo hay algún tendero de paños, ropas de oro, plata y seda, lienzos, especería u otras mercadurías, médicos, cirujanos, boticarios, escribanos, arrieros, etc. y qué ganancia se regula puede tener cada uno al año.
A la treinta y dos dijeron que en el predicho lugar hay un cirujano asalariado a granos importan lo que percibe a el año un mil y trescientos reales, un fiel de fechos, el sacristán, notario y agrimensor, le consideran anualmente por todos los oficios, la utilidad de cuatrocientos reales, otro sacristán a quien consideran doscientos reales al año, un maestro de primeras letras que le regulan ciento cincuenta reales al año, y no comprende lo demás de la pregunta.
33. Qué ocupaciones de artes mecánicos hay en el pueblo, con distinción, como albañiles, canteros, albéitares, herreros, sogueros, zapateros, sastres, pelaires, tejedores, sombrereros, manguiteros y guanteros, etc.; explicando en cada oficio de los que hubiere, el número que haya de maestros oficiales y aprendices, y qué utilidad le puede resultar, trabajando meramente de su oficio, al día cada uno.
A la treinta y tres dijeron que en el expresado lugar hay dos herreros, el uno se llama Fernando Zancada, y le regulan la utilidad diaria de cuatro reales, el otro se llama Alonso Fernández a el que se considera tres reales a el día, un sastre que percibe de jornal diario dos reales, dos zapateros de viejo, y a cada uno se le considera en real diario. Un tablajero, y le regulan dos reales a el día, catorce pastores a los que con la soldada y comida consideran dos reales diarios, ocho criados de servicio y seis hijos de familia mayores de diez y ocho años y a cada uno con inclusión de comida y soldada regulan diariamente real y medio, y a todos los labradores por que cultivan por si sus heredades se les considera la utilidad diaria de real y medio.
34. Si hay entre los artistas alguno, que teniendo caudal, haga prevención de materiales correspondientes a su propio oficio o a otros, para vender a los demás, o hiciere algún otro comercio, o entrase en arrendamientos; explicar quienes, y la utilidad que consideren le puede quedar al año a cada uno de los que hubiese.
A la treinta y cuatro dijeron que a este pueblo comprende los arrendamientos de tabernas y carnicerías que tiene hechos Francisco Fernández Mayde, a el que consideran por el de tabernas la anual utilidad de setecientos reales, digo seiscientos, y por el de la carnicería cien reales. El del subarriendo de una taberna que dicho Mayde ha hecho R. Mejía en novecientos reales, y a este por dicha razón le consideran la utilidad anual de cincuenta reales el de la pesca del río, que está en Miguel de Lama a el que se regula la utilidad de cincuenta reales a el año, el de dos pollinos sementales, y un caballo padre, que tiene hecho Don Pedro Lobato vecino del explicado lugar, a el que por dicho arriendo y por el útil de otros dos pollinos sementales suyos propios con que compone el puesto que hay en el citado lugar le regular un mil seiscientos y ochenta reales anualmente y el de las tierra de los eclesiásticos , seglares y regulares, y a cada colono de estos en la carga de tierra de buena calidad sembrada de trigo consideran la utilidad de diez y seis reales y veinte y tres maravedís, y si de cebada la de superior sesenta reales, a la de mediana calidad la de doce y medio, y a la de ínfima la de diez, y aunque no hay viñas tienen algunas cuevas con bastos que sirven para el vino que cogen los vecinos en otros términos, y en venta regulan a cada moyo que se compone a diez y ocho cántaras, cuatro y medio.
35. Qué número de jornaleros habrá en el pueblo y a cómo se paga el jornal diario a cada uno.
A la treinta y cinco dijeron que en el expresado pueblo hay cincuenta jornaleros, gana cada uno de jornal diario real y medio.
36. Cuantos pobres de solemnidad habrá en la población.
A la treinta y seis dijeron que en dicho lugar se hallan diez y siete pobres de solemnidad
37. Si hay algunos individuos que tengan embarcaciones, que naveguen en la mar o ríos, su porta, o para pescar; cuántas, a quien pertenecen y que utilidad se considera da cada una a su dueño al año.
A la treinta y siete dijeron que no comprende su contenido.
Plaza de la Laguna

38. Cuántos clérigos hay en el pueblo.
A la treinta y ocho dijeron que en propuesto lugar hay tres clérigos, Don Cayetano Rodríguez Quirós, y don Eugenio Juárez curas párrocos, y Don Roque Alayz racionero.
39. Si hay algunos conventos, de qué religiones y sexo, y qué número de cada uno.
40. Si el rey tiene en el término o pueblo alguna finca o renta, que no corresponda a las generales ni a las provinciales, que deben extinguirse; cuáles son, cómo se administran y cuánto producen.
A la preguntas treinta y nueve y cuarenta dijeron no comprende su contenido.
Todo lo cual los referidos de justicia y peritos con asistencia de los señores curas párrocos declararon se la verdad a su saber, y entender, sin haber hecho agravio a interesado alguno de los que puedan se, bajo del juramente que fecho tienen en que se afirmaron y ratificaron, firmaron los que supieron junto con el señor subdelegado. E yo el escribano en fe de ello. Don Francisco González de Villegas. Roque de la Huerga. Juan de Alaiz. Cayetano Marbán Cifuentes. Melchor García. Pedro Muñoz. Ante mi Don Francisco González de Villegas.

jueves, 26 de abril de 2012

San Arandiselo y el monasterio de Ayóo de Vidriales - Una mirada en clave berciana

Chronica Minora

El llamado "testamento" de San Genadio es un documento de gran interés para el conocimiento de la vida monástica y eremítica en el Bierzo altomedieval, y por extensión en todo el reino leonés. Procede originariamente del monasterio de San Pedro de Montes, pero hoy es solamente conocido a través de copias tardías y de las ediciones de diversos eruditos de los siglos XVI al XVIII.
El nombre de "testamento" con el que fue conocido ya desde antiguo se debe, sin duda, al empleo del término "testamentum"en varios de los pasajes del documento, pero también a que fue considerado, de alguna manera, depositario de las últimas voluntades del santo obispo astorgano en el momento de abandonar sus responsabilidades pastorales. Sin embargo, su tenor y estructura responden al de una simple carta de donación, totalmente equiparable, desde el punto de vita diplomático, a otros muchos documentos similares. Se trata en este caso de la entrega por Genadio de diversas propiedades, preseas litúrgicas y libros a varios monasterios del Valle del Silencio, pero todo ello precedido de una larga invocación y de un preámbulo con datos sumamente reveladores sobre la vida y la obra del santo.
Iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales
La versión más antigua de este diploma se ha perdido. Sabemos, por los testimonios de algunos autores, que en el citado monasterio de San Pedro de Montes se conservó durante mucho tiempo un pergamino en letra visigótica tenido por original. En el siglo XVI Ambrosio de Morales hizo referencia al mismo en su "Viage", y ofreció una primera versión romanceada: "El obispo San Genadio hizo después un testamento, el qual tienen original con la firma del mismo santo, y yo lo llevo trasladado en romance". Años más tarde Sandoval se ocupó de nuevo del documento, y publicó una doble versión en latín y romance: "Tiene oy día el monesterio de Montes la escritura original que el santo otorgó y confirmó de su nombre, que es una señalada reliquia, y notable antigualla, en la qual se descubre el zelo deste santo. Escriturose en latín y letra gótica, conforme a lo que entonces se usava". 
Sobre la fecha de redacción existen importantes discrepancias, derivadas todas ellas de la deficiente trasmisión del escatocolo: 905, 915, 919 y 920. De lo que no hay duda, pues se consigna expresamente en el propio diploma, es de que se hizo durante el pontificado de Genadio en Astorga (909-919) y el reinado de Ordoño II (914-924). Por tanto su cronología podría acotarse entre los años 914-919, y tal vez se pudiera precisar más si intentamos concretar la identidad de los dos obispos confirmantes, Hermigio y Diego. En principio, podría tratarse de Hermigio, obispo de Tuy documentado entre 915 y 926 y Diego, obispo de Coimbra, citado entre 913 y 922.
El “testamento” de San Genadio ofrece multitud de perspectivas sugerentes para su estudio, y ha sido objeto de todo tipo de análisis y comentarios. En esta ocasión nos detendremos en glosar el breve pasaje relacionado con el monasterio de Ageo. Su localización en el actual municipio de Ayóo de Vidriales no ofrece ninguna dificultad. Sobre ello son numerosas las evidencias documentales, apoyadas por algunos restos arqueológicos. Todo ello ha contribuido a documentar uno de los cenobios más antiguos del norte de Zamora. 
Después de una larga invocación, el obispo Genadio hace una recapitulación de su vida anterior y recuerda, en primera persona, sus vivencias “in Ageo monasterio”. Aquí existía una floreciente comunidad bajo la obediencia del abad Arandiselo, entonces ya anciano. El párrafo no proporciona detalles sobre las características de esta fundación. Podemos suponer que su biblioteca contaría con las obras de San Valerio, con la "Vita Fructosi", y otros textos atribuidos a su persona como la "Regula Communis". Es, probablemente, a través de  la lectura de estos relatos hagiográficos como los monjes de Ageo conocen la tradición eremítica y cenobítica de las montañas del Bierzo, y proyectan la restauración del monasterio de San Pedro de Montes, fundado por San Fructuoso en el siglo VII. 
El entonces monje Genadio parece gozar en Ageo de un cierto liderazgo, pues es él quien, junto con otros doce hermanos, y con la bendición del abad, encabeza la expedición a tierras bercianas. Allí se encuentran con un antiguo asentamiento en ruinas y cubierto por la maleza, que los colonos deben recuperar para la vida monástica y poner en explotación. En el “testamentum” se presenta a Genadio como auténtico protagonista de esta iniciativa repobladora, dejando en un segundo plano la responsabilidad del anciano abad Arandiselo y de toda la comunidad. Tampoco se menciona al obispo astorgano Ranulfo, muy involucrado en este proyecto según los primeros documentos del “Tumbo de San Pedro de Montes”, o al monarca Alfonso III. El párrafo en cuestión, según la versión de Flórez, es el siguiente:

"Cumque adhuc sub patre apostolico abbate meo Arandiselo, in Ageo monasterio degerem, vitam eremitarum delectatus cum duodenis fratribus, et benedictione supradictis scilicet, ad Sanctum Petrum, ad sanctum eremum perrexi, qui locus positus a beato Fructuoso et institutus; postquem Sanctus Valerius eum obtinuit; quantae autem vitae sanctitatis fuerint”.
Portada occidental de la iglesia del monasterio de San Pedro de Montes
Algunos de estos pormenores se pueden confirmar a través de la lectura del epígrafe de restauración y consagración de San Pedro de Montes, todavía hoy conservado en el muro meridional de la iglesia, junto a la portada románica del claustro, y fechado en 919. En él se precisa que Genadio tenía la condición de presbítero cuando acudió, en compañía de esos doce hermanos, a reconstruir las ruinas del monasterio, y que tal hecho habría ocurrido en el año 895: “NOBISSIME GENNADIUS PRESBITER CUM XII FRATRIBUS RESTAURABIT, ERA DCCCCXXXIII”. No obstante, en el “Tumbo de San Pedro de Montes” existen varios documentos referentes a estos momentos fundacionales fechados con anterioridad, concretamente en el 892. Por tanto, debieron existir algunas iniciativas anteriores, y es esta fecha: el año 892, la que debe ser tomada como “terminus ante quem” para fijar la salida de Genadio del monasterio del Valle de Vidriales.
No contamos con muchos más detalles sobre la figura del abad Arandiselo. Su personalidad se diluye en la leyenda y la hagiografía. Fue objeto de algún tipo de culto, no bien conocido, en la diócesis de Astorga. Según Augusto Quintana Prieto en los monasterios de San Pedro de Montes, Santiago de Peñalba y San Andrés de la Cisterna se conmemoraba su fiesta. De él existe alguna curiosa imagen, ya tardía, en la que aparece representado como abad. Su nombre, inusual en la onomástica de la época, no vuelve a aparecer en la documentación leonesa en fechas anteriores o posteriores. En el "Calendario de santos que pertenecen a la Iglesia de España, desde que fue establecida por los apóstoles hasta el presente: con arreglo a las fiesta de la Iglesia Catedral de Burgos", obra publicada en 1841 por José María de la Fuente, leemos en la festividad correspondiente al 15 de enero: "En Ageo, diócesis de Astorga antiguo monasterio, el santo abad Arandiselo, maestro de San Genadio y otros santos de su orden monástico, año de 901".
Nuestro Arandiselo podría identificarse con cierto abad Arandisclo, mencionado en un epígrafe altomedieval existente en la actualidad en la iglesia de Santa María de Tábara. Se trata de un tablero alargado de 77 x 25cm, a todas luces incompleto. Conserva sus bordes en tres de su lados, pero el campo epigráfico se interrumpe por rotura en su sector derecho. La pieza original debía ser, por tanto, bastante más alargada, tal vez en la línea de la inscripción de San Adriano de Boñar. La grafía es de elegantes capitales visigótico-mozárabes, mediando rayas pareadas entre las líneas de escritura. Principia con una cruz patada con disco central y ápices cóncavos, similar a la Cruz de Peñalba, pero más esquematizada. Su lectura es la siguiente:

+ OB ONOREM ET SALVATOREM DNI IHU XRI [...]
LICET INMERITO ABBA HIC EGO ARANDISCLO [...]
NON COPIA RERUM FRETUS SED DIVINO IUBAMI [NE ...]

Epígrafe de Arandisclo en la iglesia de Santa María de Tábara
En su estado actual de conservación es difícil precisar la naturaleza de esta inscripción: ¿dedicación?,¿fundación?, ¿edificación?, ¿restauración?, ¿consagración? En la parte perdida debía constar la fecha, y seguramente algún dato significativo sobre la finalidad del acto conmemorado. Lo único claro es la dedicación de un templo al Salvador en el que el abad Arandisclo tiene un destacado papel, tal vez como fundador o restaurador.
A diferencia de otros epígrafes relacionados con el nuestro, como los de San Miguel de Escalada, San Pedro de Montes o San Martín de Castañeda, el texto está redactado en primera persona. Este detalle dota de mayor solvencia a su contenido y sugiere una concordancia cronológica entre entre la actuación de Arandisclo en Tábara y el objeto de la inscripción.
En la segunda línea, tras el nombre del abad, se incluiría una forma verbal: FUNDAVI, RESTAURAVI, AEDIFICAVI, etc., seguida o precedida de alguna expresión del orden: “HOC TEMPLVM”, “HOC MONASTERIVM”, o “HAC AVLA”. Esto daría sentido a la tercera línea, una expresión arquetípica equiparable a otras de carácter epigráfico o documental: “cum Dei iuuamine, restauraui eam, siue et kasas quas ibidem construxi”, se lee en una escritura leonesa de 904 a propósito de la restauración de una iglesia.
La presencia aquí de este abad Arandisclo lejos de despejar dudas sobre la trayectoria de nuestro abad del Valle de Vidirales abre nuevas incógnitas. La palabra "HIC" precedida de "ABBA" no necesariamente debe hacer a Arandisclo abad en Tábara. Son varios los ejemplos conocidos en los que uno a varios abades de procedencia diversa, incluso de Al-Andalus, fundan o restauran monasterios. Porque si nuestro abad fue fundador o restaurador en Tábara esto no concuerda con otras versiones más o menos contemporáneas. La cronología casa, pero no los protagonistas.
Según el testimonio de la “Vita Froilanis” el monasterio de San Salvador de Tábara había sido “edificado” por San Froilán, probablemente a finales del siglo X, antes desde luego de ser obispo de León (900-905). En esta labor contó con la ayuda de San Atilano y el patrocinio de Alfonso III. Esta misma fuente nos informa que el cenobio congregaba a una floreciente comunidad dúplice, formaba por seiscientos monjes de ambos sexos. "Aedificavit Taborense cenobium ubi congregavit utrarumque sexum centies servi animas Domino servientium". En la segunda mitad del siglo X hubo en las dependencias monásticas un célebre scriptorium donde se copió e iluminó el famoso Beato del Archivo Histórico Nacional, comenzado por el pintor-calígrafo Magius y terminado en 968 por su discípulo Emeterius.
Como ya se señaló más arriba no contamos con más datos sobre el abad Arandiselo, ni tampoco sobre los orígenes de su recóndito monasterio del Valle de Vidriales. Desde que Astorga fue repoblada de una manera definitiva hacia 854, en época de Ordoño I, e integrada en los organigramas de la monarquía astur, debió crearse una circunscripción basada en la tradición romano-visigoda y en la administración eclesiástica. Con Alfonso III (866-910), después de la batalla de Polvoraria de 878, los valles de Benavente se incorporan al registro escrito, primero con alguna puntual mención en las crónicas asturianas y, más tarde, con alusiones más directas en los diplomas.

En consonancia con lo que se ha venido en llamar neogoticismo astur, en la vieja sede asturicense se restaura el obispado y se restablece una autoridad política, delegada del poder regio, cuyos pioneros son las figuras del obispo Indisclo y del conde Gatón, venido del Bierzo junto con un grupo de pobladores. La repoblación de Astorga supuso la recuperación de los terrirorios del viejo obispado, donde además de las labores de colonización agraria se fundan o restauran iglesias y monasterios. Como se consigna en un diploma de 878 una parte de estos pobladores procedía del Bierzo. No deja de ser significativo que los dos núcleos más próximos a Ayóo tengan topónimos evocadores de la geografía berciana: "Congosta" y "Carracedo", así como los próximos "Bercianos de Vidriales" y "Bercianos de Valverde". Arandiselo y su primigenia comunidad de Ageo pudieron haber llegado a estas tierras del Valle de Vidriales en los últimos decenios del siglo IX procedentes también del Bierzo. Ello explicaría su interés por devolver a la vida San Pedro Montes.
Además si aceptamos que Arandiselo fue un representante del prototipo de "hombre santo", fundador o promotor de monasterios (Ageo, Tábara, y tal vez otros), su discípulo Genadio no habría hecho otra cosas que proseguir en el Bierzo la labor de su maestro. Arandiselo sería un patriarca, una persona que por su edad y sabiduría ejercía una autoridad en la colectividad. Sería el continuador de una forma de espiritualidad que desde los tiempos de San Fructuoso combinaba la vida eremítica y cenobítica.
El monasterio de Ageo vuelver a citarse en varias ocasiones durante los siglo X al XII. Un “Baldemarus, abba Agogi” confirma, junto con otros abades un diploma del monasterio de Santiago de Peñalba de 940. En 1015 se mencionan a los “frayles de Ayó” en una carta astorgana. En 1018 se dona una villa junto a Castrogonzalo al “monasterio de Ayou”. En 1057 la infanta doña Elvira, hija del rey Bermudo II, tiene un vaso de plata de veinte sueldos y una mula de sesenta del monasterio y entrega en compensación a dicho cenobio la villa de Granucillo, en Vidriales. Este carta tiene el interés adicional de proporcionar por primera vez la advocación principal del monasterio, al menos a mediados del siglo XI: San Fructuoso. El dato confirma la particular devoción hacia el patriarca del monacato berciano y explica el sentido de la restauración de San Pedro de Montes: "et damus et concedimus eam ad aulam Sancti Fructosi ab omni integritate".
En la iglesia parroquial de Ayóo se conservan al parecer dos imágenes de San Fructuoso. Una de bulto redondo está en un pequeño retablo del siglo XVII y otra, más dudosa, en una de las tablas de otro retablo barroco. Aquí se presenta a un personaje con casulla, báculo y una mitra de obispo a los pies. Igualmente se ha conservado el topónimo "Huertas de San Fructuoso" en un paraje de la parte baja del pueblo. (Agradezco a Isabel Riesco, del blog Avantales, la información proporcionada sobre la localidad).
En 1154 Alfonso VII entrega al abad don Suero el monasterio de Ageo, en Vidriales, con el coto que tenía en época de Fernando I, Alfonso VII, la infanta Urraca y la infanta Elvira, para que establezca allí un convento bajo la orden de San Benito. En 1156 este mismo Suero, siendo ya obispo de Coria, dona a Pedro Pérez, monje y diácono, el monasterio de Ageo que había recibido de Alfonso VII con la condición de establecer una comunidad bajo la regla de San Benito.

Debió ser en esta época cuando el monasterio se convirtió en uno de los prioratos del monasterio de San Martín de Castañeda, pues así se consigna en su Libro Becerro o Tumbo del siglo XVIII. Pero en algún momento esta posesión, junto con Ribadelago, pasaron a la orden del Temple, lo que daría lugar a una demanda ante el Papa hacia 1182. De nuevo del "Tumbo de Castañeda" nos ilustra sobre este particular: “Por los años de 1182 el Papa Luzio tercero mandó a los Caballeros templarios buelban a este monasterio el lugar de Rivadelago y el de Ayó en Val de Bedriales que tenían tomados, y si no lo hiziesen comparezacan en juizio ante el obispo de Zamora, o de Astorga, o arzediano de León. Está sellado este instrumento con sello de plomo pendiente de un cordón de hilo, y en su cajón número 58. Empieza Luçius episcopus, etc,” .
Los monjes de Castañeda consegurían recuperar Ribadelago, pero no debió ocurrir lo mismo con Ageo. Todo apunta a que los caballeros del Temple retuvieron este lugar como una de sus posesiones más destacadas en tierras zamoranas, junto con otras como Mombuey, Tábara y Alcañices. Con la disolución de la Orden, todas ellas pasaron al patrimonio de la Corona. En la segunda mitad del siglo XIV todos estos bienes se van a ver afectados por el proceso de señorialización. En 1371 Enrique II concedía a Gómez Pérez de Valderrábano, su vasallo, casado con Juana López Cifuentes, “por muchos serviçios e bonos que nos avedes fecho e fazedes cada día, damos vos por juro de heredad para vos e para vuestros fijos e para todos aquellos que de vos venieren: Mombuey, e Alcañyzas, e Távara, e Ayo”.
De la ubicación del antiguo monasterio de Ageo no se conserva memoria en la localidad de Ayó de Vidriales. Tal vez puedan pertenecerle dos columnas de mármol, con sus correspondientes basas, fustes y capiteles, existente hoy en día en el Museo de los Caminos de Astorga.
Gómez Moreno alcanzó a ver hacia 1903 las dos columnas reaprovechadas como soporte del portal de la iglesia. En los años posteriores debió desmontarse esta estructura con ocasión de alguna reforma, de modo que las dos columnas se convirtieron en escombros acumulados junto al templo. Según comentan hoy algunos vecinos “estaban tiradas por el suelo y servían para que pasaran mejor los carros".
En 1965 Augusto Quintana Prieto, en una visita al Valle de Vidriales, se encontró con estas piezas descabaladas y con uno de los fustes cercenado: "Una de las columnas ya no estaba entera, sino que resultaba de inferior altura que su compañera. Aún si eran piezas muy estimables, que el sacerdote se mostraba dispuesto a enajenar, por lo cual, sin la menor dificultad, me las traje para Astorga". Fueron instaladas y expuestas en el Museo de los Caminos, en los sótanos del Palacio de Gaudí, que por entonces comenzaba a iniciar su andadura.
Son dos columnas de modestas proporciones en comparación con otros ejemplos conocidos en edificios altomedievales en pie. Su longitud total, incluyendo basa, fuste y capitel, no sobrepasaría los 2,70 metros. Los capiteles, de 33 cm. de alto,  fueron trabajados en mármol blanco con vetas grisáceas. Debido al efecto de la intemperie su tonalidad se ha oscurecido y presentan huellas evidentes de desgaste, así como faltas y roturas en todo su perímetro.
Ayóo de Vidriales, basas de columnas en su iglesia. Según Gómez Moreno

Las dos piezas están inspiradas en el modelo de capitel corintio clásico, con su cesta distribuida en dos filas o pisos de hojas de acanto. El inferior presenta todos los acantos en un mismo nivel, mientras que en el superior se posicionan variando ligeramente su altura. Las hojas, de lóbulos rotundos y bien contorneados, doblan sus extremos hacia afuera en varios pliegues. El collarino, de unos 3 cm. de altura, está recorrido en ambos casos por una labor de sogueado, si bien en unos de ellos el desgaste la hace casi inapreciable.
Ambos capiteles presentan hechuras y técnicas muy similares, tal vez indicio de su pertenencia a una misma mano o a una misma iniciativa edilicia. Sus principales diferencias vienen definidas por el tratamiento del ábaco y algunos detalles decorativos. Mientras que en el primero se remata el ábaco mediante doble soguedado, en el segundo se hace a través de una retícula biselada romboidal, asemejando estrellas. En aquél las hojas de los cuatro extremos se orlan de caulículos retorcidos rematados en pequeñas bolas o volutas, mientras que éste carece de ellos. Huellas de los orificios del trépano son visibles tanto en los collarinos como las digitaciones de los acantos. El dado central del ábaco está rematado en palmetas en uno, y en una  forma vegetal estilizada en el otro.
Las basas de estas piezas llamaron la atención de Gómez Morerno por su amplio desarrollo, hasta el punto de insertar un doble boceto de las mismas en sus "Iglesias Mozárabes". Son piezas de 36 cm. de altura, una de ellas acampanada y la otra cilíndrica. Destacan por su notable altura y la barroca alternancia de molduras.
En la iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales, se exhumaron en 1995 los restos de una edificación anterior que tal vez pudiera remontarse a la época del monasterio. Con ocasión de una intervención arqueológica se documentaron los cimientos de una posible habitación, de la que tan sólo se pudo analizar su ángulo suroccidental exterior, pues sobre ella se apoya la cabecera y muro septentrional de la nave del edificio actual.
Fragmento de celosía de Ayóo de Vidriales según Hortensia Larren
Según el informe de Hortensia Larren los cimientos estaban construídos con grandes sillares de 50 x 70 y 57 x 70 cm unidos con argamasa de cal, y con cara al exterior, observándose un total de la estructura de 0,95 x 2,00 m. Además se recuperó una ventana-celosía, muy fragmentada, con decoración labrada en una de sus caras. De diseño rectangular, los restos conservados corresponderían a su mitad derecha, partida, a su vez, en dos fragmentos.
La pieza, de 74x 34 cm en lo conservado, está enmarcada por una moldura de 5cm. de grosor y presenta una decoración calada a base pétalos u hojas de una probable forma vegetal, en la parte superior, y de retícula incisa y pequeños cuadrados también calados en la parte inferior.