jueves, 26 de abril de 2012

San Arandiselo y el monasterio de Ayóo de Vidriales - Una mirada en clave berciana

Chronica Minora

El llamado "testamento" de San Genadio es un documento de gran interés para el conocimiento de la vida monástica y eremítica en el Bierzo altomedieval, y por extensión en todo el reino leonés. Procede originariamente del monasterio de San Pedro de Montes, pero hoy es solamente conocido a través de copias tardías y de las ediciones de diversos eruditos de los siglos XVI al XVIII.
El nombre de "testamento" con el que fue conocido ya desde antiguo se debe, sin duda, al empleo del término "testamentum"en varios de los pasajes del documento, pero también a que fue considerado, de alguna manera, depositario de las últimas voluntades del santo obispo astorgano en el momento de abandonar sus responsabilidades pastorales. Sin embargo, su tenor y estructura responden al de una simple carta de donación, totalmente equiparable, desde el punto de vita diplomático, a otros muchos documentos similares. Se trata en este caso de la entrega por Genadio de diversas propiedades, preseas litúrgicas y libros a varios monasterios del Valle del Silencio, pero todo ello precedido de una larga invocación y de un preámbulo con datos sumamente reveladores sobre la vida y la obra del santo.
Iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales
La versión más antigua de este diploma se ha perdido. Sabemos, por los testimonios de algunos autores, que en el citado monasterio de San Pedro de Montes se conservó durante mucho tiempo un pergamino en letra visigótica tenido por original. En el siglo XVI Ambrosio de Morales hizo referencia al mismo en su "Viage", y ofreció una primera versión romanceada: "El obispo San Genadio hizo después un testamento, el qual tienen original con la firma del mismo santo, y yo lo llevo trasladado en romance". Años más tarde Sandoval se ocupó de nuevo del documento, y publicó una doble versión en latín y romance: "Tiene oy día el monesterio de Montes la escritura original que el santo otorgó y confirmó de su nombre, que es una señalada reliquia, y notable antigualla, en la qual se descubre el zelo deste santo. Escriturose en latín y letra gótica, conforme a lo que entonces se usava". 
Sobre la fecha de redacción existen importantes discrepancias, derivadas todas ellas de la deficiente trasmisión del escatocolo: 905, 915, 919 y 920. De lo que no hay duda, pues se consigna expresamente en el propio diploma, es de que se hizo durante el pontificado de Genadio en Astorga (909-919) y el reinado de Ordoño II (914-924). Por tanto su cronología podría acotarse entre los años 914-919, y tal vez se pudiera precisar más si intentamos concretar la identidad de los dos obispos confirmantes, Hermigio y Diego. En principio, podría tratarse de Hermigio, obispo de Tuy documentado entre 915 y 926 y Diego, obispo de Coimbra, citado entre 913 y 922.
El “testamento” de San Genadio ofrece multitud de perspectivas sugerentes para su estudio, y ha sido objeto de todo tipo de análisis y comentarios. En esta ocasión nos detendremos en glosar el breve pasaje relacionado con el monasterio de Ageo. Su localización en el actual municipio de Ayóo de Vidriales no ofrece ninguna dificultad. Sobre ello son numerosas las evidencias documentales, apoyadas por algunos restos arqueológicos. Todo ello ha contribuido a documentar uno de los cenobios más antiguos del norte de Zamora. 
Después de una larga invocación, el obispo Genadio hace una recapitulación de su vida anterior y recuerda, en primera persona, sus vivencias “in Ageo monasterio”. Aquí existía una floreciente comunidad bajo la obediencia del abad Arandiselo, entonces ya anciano. El párrafo no proporciona detalles sobre las características de esta fundación. Podemos suponer que su biblioteca contaría con las obras de San Valerio, con la "Vita Fructosi", y otros textos atribuidos a su persona como la "Regula Communis". Es, probablemente, a través de  la lectura de estos relatos hagiográficos como los monjes de Ageo conocen la tradición eremítica y cenobítica de las montañas del Bierzo, y proyectan la restauración del monasterio de San Pedro de Montes, fundado por San Fructuoso en el siglo VII. 
El entonces monje Genadio parece gozar en Ageo de un cierto liderazgo, pues es él quien, junto con otros doce hermanos, y con la bendición del abad, encabeza la expedición a tierras bercianas. Allí se encuentran con un antiguo asentamiento en ruinas y cubierto por la maleza, que los colonos deben recuperar para la vida monástica y poner en explotación. En el “testamentum” se presenta a Genadio como auténtico protagonista de esta iniciativa repobladora, dejando en un segundo plano la responsabilidad del anciano abad Arandiselo y de toda la comunidad. Tampoco se menciona al obispo astorgano Ranulfo, muy involucrado en este proyecto según los primeros documentos del “Tumbo de San Pedro de Montes”, o al monarca Alfonso III. El párrafo en cuestión, según la versión de Flórez, es el siguiente:

"Cumque adhuc sub patre apostolico abbate meo Arandiselo, in Ageo monasterio degerem, vitam eremitarum delectatus cum duodenis fratribus, et benedictione supradictis scilicet, ad Sanctum Petrum, ad sanctum eremum perrexi, qui locus positus a beato Fructuoso et institutus; postquem Sanctus Valerius eum obtinuit; quantae autem vitae sanctitatis fuerint”.
Portada occidental de la iglesia del monasterio de San Pedro de Montes
Algunos de estos pormenores se pueden confirmar a través de la lectura del epígrafe de restauración y consagración de San Pedro de Montes, todavía hoy conservado en el muro meridional de la iglesia, junto a la portada románica del claustro, y fechado en 919. En él se precisa que Genadio tenía la condición de presbítero cuando acudió, en compañía de esos doce hermanos, a reconstruir las ruinas del monasterio, y que tal hecho habría ocurrido en el año 895: “NOBISSIME GENNADIUS PRESBITER CUM XII FRATRIBUS RESTAURABIT, ERA DCCCCXXXIII”. No obstante, en el “Tumbo de San Pedro de Montes” existen varios documentos referentes a estos momentos fundacionales fechados con anterioridad, concretamente en el 892. Por tanto, debieron existir algunas iniciativas anteriores, y es esta fecha: el año 892, la que debe ser tomada como “terminus ante quem” para fijar la salida de Genadio del monasterio del Valle de Vidriales.
No contamos con muchos más detalles sobre la figura del abad Arandiselo. Su personalidad se diluye en la leyenda y la hagiografía. Fue objeto de algún tipo de culto, no bien conocido, en la diócesis de Astorga. Según Augusto Quintana Prieto en los monasterios de San Pedro de Montes, Santiago de Peñalba y San Andrés de la Cisterna se conmemoraba su fiesta. De él existe alguna curiosa imagen, ya tardía, en la que aparece representado como abad. Su nombre, inusual en la onomástica de la época, no vuelve a aparecer en la documentación leonesa en fechas anteriores o posteriores. En el "Calendario de santos que pertenecen a la Iglesia de España, desde que fue establecida por los apóstoles hasta el presente: con arreglo a las fiesta de la Iglesia Catedral de Burgos", obra publicada en 1841 por José María de la Fuente, leemos en la festividad correspondiente al 15 de enero: "En Ageo, diócesis de Astorga antiguo monasterio, el santo abad Arandiselo, maestro de San Genadio y otros santos de su orden monástico, año de 901".
Nuestro Arandiselo podría identificarse con cierto abad Arandisclo, mencionado en un epígrafe altomedieval existente en la actualidad en la iglesia de Santa María de Tábara. Se trata de un tablero alargado de 77 x 25cm, a todas luces incompleto. Conserva sus bordes en tres de su lados, pero el campo epigráfico se interrumpe por rotura en su sector derecho. La pieza original debía ser, por tanto, bastante más alargada, tal vez en la línea de la inscripción de San Adriano de Boñar. La grafía es de elegantes capitales visigótico-mozárabes, mediando rayas pareadas entre las líneas de escritura. Principia con una cruz patada con disco central y ápices cóncavos, similar a la Cruz de Peñalba, pero más esquematizada. Su lectura es la siguiente:

+ OB ONOREM ET SALVATOREM DNI IHU XRI [...]
LICET INMERITO ABBA HIC EGO ARANDISCLO [...]
NON COPIA RERUM FRETUS SED DIVINO IUBAMI [NE ...]

Epígrafe de Arandisclo en la iglesia de Santa María de Tábara
En su estado actual de conservación es difícil precisar la naturaleza de esta inscripción: ¿dedicación?,¿fundación?, ¿edificación?, ¿restauración?, ¿consagración? En la parte perdida debía constar la fecha, y seguramente algún dato significativo sobre la finalidad del acto conmemorado. Lo único claro es la dedicación de un templo al Salvador en el que el abad Arandisclo tiene un destacado papel, tal vez como fundador o restaurador.
A diferencia de otros epígrafes relacionados con el nuestro, como los de San Miguel de Escalada, San Pedro de Montes o San Martín de Castañeda, el texto está redactado en primera persona. Este detalle dota de mayor solvencia a su contenido y sugiere una concordancia cronológica entre entre la actuación de Arandisclo en Tábara y el objeto de la inscripción.
En la segunda línea, tras el nombre del abad, se incluiría una forma verbal: FUNDAVI, RESTAURAVI, AEDIFICAVI, etc., seguida o precedida de alguna expresión del orden: “HOC TEMPLVM”, “HOC MONASTERIVM”, o “HAC AVLA”. Esto daría sentido a la tercera línea, una expresión arquetípica equiparable a otras de carácter epigráfico o documental: “cum Dei iuuamine, restauraui eam, siue et kasas quas ibidem construxi”, se lee en una escritura leonesa de 904 a propósito de la restauración de una iglesia.
La presencia aquí de este abad Arandisclo lejos de despejar dudas sobre la trayectoria de nuestro abad del Valle de Vidirales abre nuevas incógnitas. La palabra "HIC" precedida de "ABBA" no necesariamente debe hacer a Arandisclo abad en Tábara. Son varios los ejemplos conocidos en los que uno a varios abades de procedencia diversa, incluso de Al-Andalus, fundan o restauran monasterios. Porque si nuestro abad fue fundador o restaurador en Tábara esto no concuerda con otras versiones más o menos contemporáneas. La cronología casa, pero no los protagonistas.
Según el testimonio de la “Vita Froilanis” el monasterio de San Salvador de Tábara había sido “edificado” por San Froilán, probablemente a finales del siglo X, antes desde luego de ser obispo de León (900-905). En esta labor contó con la ayuda de San Atilano y el patrocinio de Alfonso III. Esta misma fuente nos informa que el cenobio congregaba a una floreciente comunidad dúplice, formaba por seiscientos monjes de ambos sexos. "Aedificavit Taborense cenobium ubi congregavit utrarumque sexum centies servi animas Domino servientium". En la segunda mitad del siglo X hubo en las dependencias monásticas un célebre scriptorium donde se copió e iluminó el famoso Beato del Archivo Histórico Nacional, comenzado por el pintor-calígrafo Magius y terminado en 968 por su discípulo Emeterius.
Como ya se señaló más arriba no contamos con más datos sobre el abad Arandiselo, ni tampoco sobre los orígenes de su recóndito monasterio del Valle de Vidriales. Desde que Astorga fue repoblada de una manera definitiva hacia 854, en época de Ordoño I, e integrada en los organigramas de la monarquía astur, debió crearse una circunscripción basada en la tradición romano-visigoda y en la administración eclesiástica. Con Alfonso III (866-910), después de la batalla de Polvoraria de 878, los valles de Benavente se incorporan al registro escrito, primero con alguna puntual mención en las crónicas asturianas y, más tarde, con alusiones más directas en los diplomas.

En consonancia con lo que se ha venido en llamar neogoticismo astur, en la vieja sede asturicense se restaura el obispado y se restablece una autoridad política, delegada del poder regio, cuyos pioneros son las figuras del obispo Indisclo y del conde Gatón, venido del Bierzo junto con un grupo de pobladores. La repoblación de Astorga supuso la recuperación de los terrirorios del viejo obispado, donde además de las labores de colonización agraria se fundan o restauran iglesias y monasterios. Como se consigna en un diploma de 878 una parte de estos pobladores procedía del Bierzo. No deja de ser significativo que los dos núcleos más próximos a Ayóo tengan topónimos evocadores de la geografía berciana: "Congosta" y "Carracedo", así como los próximos "Bercianos de Vidriales" y "Bercianos de Valverde". Arandiselo y su primigenia comunidad de Ageo pudieron haber llegado a estas tierras del Valle de Vidriales en los últimos decenios del siglo IX procedentes también del Bierzo. Ello explicaría su interés por devolver a la vida San Pedro Montes.
Además si aceptamos que Arandiselo fue un representante del prototipo de "hombre santo", fundador o promotor de monasterios (Ageo, Tábara, y tal vez otros), su discípulo Genadio no habría hecho otra cosas que proseguir en el Bierzo la labor de su maestro. Arandiselo sería un patriarca, una persona que por su edad y sabiduría ejercía una autoridad en la colectividad. Sería el continuador de una forma de espiritualidad que desde los tiempos de San Fructuoso combinaba la vida eremítica y cenobítica.
El monasterio de Ageo vuelver a citarse en varias ocasiones durante los siglo X al XII. Un “Baldemarus, abba Agogi” confirma, junto con otros abades un diploma del monasterio de Santiago de Peñalba de 940. En 1015 se mencionan a los “frayles de Ayó” en una carta astorgana. En 1018 se dona una villa junto a Castrogonzalo al “monasterio de Ayou”. En 1057 la infanta doña Elvira, hija del rey Bermudo II, tiene un vaso de plata de veinte sueldos y una mula de sesenta del monasterio y entrega en compensación a dicho cenobio la villa de Granucillo, en Vidriales. Este carta tiene el interés adicional de proporcionar por primera vez la advocación principal del monasterio, al menos a mediados del siglo XI: San Fructuoso. El dato confirma la particular devoción hacia el patriarca del monacato berciano y explica el sentido de la restauración de San Pedro de Montes: "et damus et concedimus eam ad aulam Sancti Fructosi ab omni integritate".
En la iglesia parroquial de Ayóo se conservan al parecer dos imágenes de San Fructuoso. Una de bulto redondo está en un pequeño retablo del siglo XVII y otra, más dudosa, en una de las tablas de otro retablo barroco. Aquí se presenta a un personaje con casulla, báculo y una mitra de obispo a los pies. Igualmente se ha conservado el topónimo "Huertas de San Fructuoso" en un paraje de la parte baja del pueblo. (Agradezco a Isabel Riesco, del blog Avantales, la información proporcionada sobre la localidad).
En 1154 Alfonso VII entrega al abad don Suero el monasterio de Ageo, en Vidriales, con el coto que tenía en época de Fernando I, Alfonso VII, la infanta Urraca y la infanta Elvira, para que establezca allí un convento bajo la orden de San Benito. En 1156 este mismo Suero, siendo ya obispo de Coria, dona a Pedro Pérez, monje y diácono, el monasterio de Ageo que había recibido de Alfonso VII con la condición de establecer una comunidad bajo la regla de San Benito.

Debió ser en esta época cuando el monasterio se convirtió en uno de los prioratos del monasterio de San Martín de Castañeda, pues así se consigna en su Libro Becerro o Tumbo del siglo XVIII. Pero en algún momento esta posesión, junto con Ribadelago, pasaron a la orden del Temple, lo que daría lugar a una demanda ante el Papa hacia 1182. De nuevo del "Tumbo de Castañeda" nos ilustra sobre este particular: “Por los años de 1182 el Papa Luzio tercero mandó a los Caballeros templarios buelban a este monasterio el lugar de Rivadelago y el de Ayó en Val de Bedriales que tenían tomados, y si no lo hiziesen comparezacan en juizio ante el obispo de Zamora, o de Astorga, o arzediano de León. Está sellado este instrumento con sello de plomo pendiente de un cordón de hilo, y en su cajón número 58. Empieza Luçius episcopus, etc,” .
Los monjes de Castañeda consegurían recuperar Ribadelago, pero no debió ocurrir lo mismo con Ageo. Todo apunta a que los caballeros del Temple retuvieron este lugar como una de sus posesiones más destacadas en tierras zamoranas, junto con otras como Mombuey, Tábara y Alcañices. Con la disolución de la Orden, todas ellas pasaron al patrimonio de la Corona. En la segunda mitad del siglo XIV todos estos bienes se van a ver afectados por el proceso de señorialización. En 1371 Enrique II concedía a Gómez Pérez de Valderrábano, su vasallo, casado con Juana López Cifuentes, “por muchos serviçios e bonos que nos avedes fecho e fazedes cada día, damos vos por juro de heredad para vos e para vuestros fijos e para todos aquellos que de vos venieren: Mombuey, e Alcañyzas, e Távara, e Ayo”.
De la ubicación del antiguo monasterio de Ageo no se conserva memoria en la localidad de Ayó de Vidriales. Tal vez puedan pertenecerle dos columnas de mármol, con sus correspondientes basas, fustes y capiteles, existente hoy en día en el Museo de los Caminos de Astorga.
Gómez Moreno alcanzó a ver hacia 1903 las dos columnas reaprovechadas como soporte del portal de la iglesia. En los años posteriores debió desmontarse esta estructura con ocasión de alguna reforma, de modo que las dos columnas se convirtieron en escombros acumulados junto al templo. Según comentan hoy algunos vecinos “estaban tiradas por el suelo y servían para que pasaran mejor los carros".
En 1965 Augusto Quintana Prieto, en una visita al Valle de Vidriales, se encontró con estas piezas descabaladas y con uno de los fustes cercenado: "Una de las columnas ya no estaba entera, sino que resultaba de inferior altura que su compañera. Aún si eran piezas muy estimables, que el sacerdote se mostraba dispuesto a enajenar, por lo cual, sin la menor dificultad, me las traje para Astorga". Fueron instaladas y expuestas en el Museo de los Caminos, en los sótanos del Palacio de Gaudí, que por entonces comenzaba a iniciar su andadura.
Son dos columnas de modestas proporciones en comparación con otros ejemplos conocidos en edificios altomedievales en pie. Su longitud total, incluyendo basa, fuste y capitel, no sobrepasaría los 2,70 metros. Los capiteles, de 33 cm. de alto,  fueron trabajados en mármol blanco con vetas grisáceas. Debido al efecto de la intemperie su tonalidad se ha oscurecido y presentan huellas evidentes de desgaste, así como faltas y roturas en todo su perímetro.
Ayóo de Vidriales, basas de columnas en su iglesia. Según Gómez Moreno

Las dos piezas están inspiradas en el modelo de capitel corintio clásico, con su cesta distribuida en dos filas o pisos de hojas de acanto. El inferior presenta todos los acantos en un mismo nivel, mientras que en el superior se posicionan variando ligeramente su altura. Las hojas, de lóbulos rotundos y bien contorneados, doblan sus extremos hacia afuera en varios pliegues. El collarino, de unos 3 cm. de altura, está recorrido en ambos casos por una labor de sogueado, si bien en unos de ellos el desgaste la hace casi inapreciable.
Ambos capiteles presentan hechuras y técnicas muy similares, tal vez indicio de su pertenencia a una misma mano o a una misma iniciativa edilicia. Sus principales diferencias vienen definidas por el tratamiento del ábaco y algunos detalles decorativos. Mientras que en el primero se remata el ábaco mediante doble soguedado, en el segundo se hace a través de una retícula biselada romboidal, asemejando estrellas. En aquél las hojas de los cuatro extremos se orlan de caulículos retorcidos rematados en pequeñas bolas o volutas, mientras que éste carece de ellos. Huellas de los orificios del trépano son visibles tanto en los collarinos como las digitaciones de los acantos. El dado central del ábaco está rematado en palmetas en uno, y en una  forma vegetal estilizada en el otro.
Las basas de estas piezas llamaron la atención de Gómez Morerno por su amplio desarrollo, hasta el punto de insertar un doble boceto de las mismas en sus "Iglesias Mozárabes". Son piezas de 36 cm. de altura, una de ellas acampanada y la otra cilíndrica. Destacan por su notable altura y la barroca alternancia de molduras.
En la iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales, se exhumaron en 1995 los restos de una edificación anterior que tal vez pudiera remontarse a la época del monasterio. Con ocasión de una intervención arqueológica se documentaron los cimientos de una posible habitación, de la que tan sólo se pudo analizar su ángulo suroccidental exterior, pues sobre ella se apoya la cabecera y muro septentrional de la nave del edificio actual.
Fragmento de celosía de Ayóo de Vidriales según Hortensia Larren
Según el informe de Hortensia Larren los cimientos estaban construídos con grandes sillares de 50 x 70 y 57 x 70 cm unidos con argamasa de cal, y con cara al exterior, observándose un total de la estructura de 0,95 x 2,00 m. Además se recuperó una ventana-celosía, muy fragmentada, con decoración labrada en una de sus caras. De diseño rectangular, los restos conservados corresponderían a su mitad derecha, partida, a su vez, en dos fragmentos.
La pieza, de 74x 34 cm en lo conservado, está enmarcada por una moldura de 5cm. de grosor y presenta una decoración calada a base pétalos u hojas de una probable forma vegetal, en la parte superior, y de retícula incisa y pequeños cuadrados también calados en la parte inferior.

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