jueves, 16 de diciembre de 2010

La mirada del hombre alado - Mateo en la portada sur de San Juan del Mercado

Las Perlas del Patrimonio

No siempre resulta fácil explicar por qué una obra de arte es particularmente querida o merece un tratamiento privilegiado desde la óptica del crítico o el historiador. Quizás sea una simple valoración subjetiva, fruto de una primera impresión, de la formación previa recibida o de las vivencias personales que acaban lastrando al espectador. En cualquier caso, es muy recomendable, de vez en cuando, comentar una obra apartando a un lado los academicismos y dejándose llevar por el puro goce estético.
Con este espíritu se propone ahora un acercamiento a una de las esculturas que adornan la portada sur de la iglesia de San Juan del Mercado de Benavente, concretamente la imagen del evangelista Mateo. Se encuentra en la mocheta derecha que soporta el dintel de la puerta y el tímpano. Sin duda, la figura mejor resuelta, desde el punto de vista plástico y técnico, de todo el conjunto escultórico de la Adoración de los Reyes.
Cuando nos enfrentamos con una obra románica, siempre concebida en clave religiosa, no sólo debemos desentrañar su iconografía y adoptar el punto de vista de su artífice. También es preciso situarse en el escenario de un espectador de los siglos XI al XIII.
Como ya advirtió San Bernardo en su célebre “Apología a Guillermo de Saint Thierry”, a través de las imágenes se podía aleccionar a los ignorantes y conseguir una mayor devoción de los feligreses. Pero a pesar de esta condición de la portadas románicas de “Biblias en piedra”, no siempre contamos con todas las claves para descifrar el mensaje que se quiere transmitir, seguramente porque se suelen entremezclar los textos canónicos, con las hagiografías, los Evangelios apócrifos, otras tradiciones de la Iglesia e incluso relatos profanos.
Comparece aquí nuestro evangelista Mateo bajo una de las apariencias más socorridas de su iconografía habitual: la del hombre alado. Fue San Jerónimo quien fijo con precisión el simbolismo particular de cada uno de los evangelistas, asignando a Mateo el ángel que tenía el rostro de hombre, símbolo de la inteligencia, en alusión a que en el comienzo de su evangelio reconstruye la genealogía humana de Cristo.
Mateo es identificado en los evangelios sinópticos como Leví, hijo de Alfeo, publicano y recaudador de impuestos en Cafarnaúm (Mateo 9:9, Marcos 2:14, Lucas 5:27-29).
Según el testimonio del propio evangelista “Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. Mateo se levantó y lo siguió…” (Mt. 9, 9). Así en la representación del tetramorfos del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, Mateo, en lugar de escribir su evangelio apoyándose en su símbolo parlante, como hacen sus tres compañeros, lo hace aparentemente sobre un cofre, en alusión probablemente a su antiguo oficio.


Como uno de los evangelistas, San Mateo es representado de manera genérica con túnica y portando un libro o un rollo escrito. Pero en la interpretación literal de la visión de Ezequiel su símbolo específico es el hombre, un mero rostro humano, no un ángel: “El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando”. (Ez. 1.5-10; 10.14). Así en el Pórtico del Paraíso de la sede orensana encontramos la estatua-columna de Mateo bajo su apariencia específícamente humana, con su evangelio abierto, pero sin alas. En cambio, el Mateo del tetramorfos de la puerta sur de Santa María del Azogue de Benavente despliega sus alas aparatosamente.
La escultura de la portada de San Juan presenta un aceptable estado de conservación. Se aprecian algunas pérdidas en la nariz, que está rota, los labios, y ciertos dedos, tanto de la mano derecha como de la mano izquierda. En cualquier caso, su aspecto es mucho mejor, desde luego, que otras figuras peor tratadas por el tiempo, como la serie estatuaria que puebla los derrames de las jambas.
Los últimos trabajos de restauración han permito recuperar algunos restos de la policromía y la reparación o reposición de los morteros de rejuntado. Los colores son perceptibles, por ejemplo, en el iris del ojo izquierdo, las manos, las alas y la propia mocheta. Los tonos empleados fueron el rojo, azul, verde claro y amarillo, pero es el rojo el más identificable en la actualidad. Es evidente que el Sol del Mediodía es el principal responsable de la perdida de la pigmentación, pues las zonas más protegidas de la luz y la intemperie han ralentizado notablemente el deterioro natural de la piedra.
En la restauración del templo por Ferrant se modificó la cubierta de la portada y se hizo un recrecido del paramento en la zona superior del arco ojival. Estas modificaciones han permitido subsanar las posibles filtraciones del agua de lluvia desde la cubierta. La degradación principal ha consistido en la pérdida de la policromía y en la rotura de la piedra por laminación, con la acumulación de depósitos blancos tanto en su interior como en el exterior.
La figura aparece de medio cuerpo, surgiendo de entre las nubes. Su cabeza es redondeada, bien proporcionada en relación al cuerpo y de largo cuello. El rostro joven, imberbe, de ojos prominentes, mentón saliente, cejas marcadas y nariz recta.
Su pelo, de bucles acaracolados, resulta algo sofisticado, pero está primorosamente trabajado con el cincel. La forma de resolver la cabellera recuerda notablemente a la del Profeta Daniel de la catedral compostelana.
La boca insinúa una media sonrisa, apenas perceptible, y parcialmente velada por los desperfectos de la piedra. La posición altiva de su cabeza, ligeramente girada hacia su izquierda, enfatiza el efecto de mirar fijamente al espectador y le otorga un aire sereno, pero grato y amable.
El gesto del hombre alado es natural y dinámico, con una lograda sensación de movimiento, muy alejado del hieratismo y la frontalidad de otros personajes de esta misma portada. Logra zafarse de las rigideces del limitado marco arquitectónico y sugiere el diálogo con el observador.
Por el contrario, el tratamiento de las alas es absolutamente simétrico y denota arcaísmo. Los detalles de las plumas están resueltos con un motivo decorativo de retícula geométrica. Viste túnica de pliegues gruesos, paralelos y volumétricos. La caída natural de las telas proporciona elegantes efectos de luces y sombras. La indumentaria muestra amplias mangas, que caen bajo la muñeca describiendo anillos concéntricos y formas cónicas. La forma de perfilar el escote recuerda a los característicos escotes de embudo de frente plano, presentes en la serie estatuaria del Pórtico de la Gloria.
Las manos son grandes, de dedos largos y desgarbados, pero muy expresivos. Sostiene con su mano izquierda, por bajo, su principal atributo: el libro abierto, mientras con el dedo índice de la mano derecha muestra al espectador su nombre y las primeras palabras de su evangelio:

MATEVSLIB[ER]
GEN[ER]ACIONIS

La genealogía de Jesús ocupa los primeros versículos del primer capítulo del evangelio de San Mateo, de hecho, es este precisamente su inicio: “Liber generationis Jesu Christi filii David, filii Abraham”. (Libro de la Generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham).Mateo afronta el relato de la vida de Jesús presentando su linaje familiar.
Dado que la llegada de un Mesías había sido un tema recurrente de diversas profecías formuladas en el Antiguo testamento, nuestro evangelista pretende demostrar que Jesús de Nazaret fue, efectivamente, aquel de quien Moisés y los profetas dieron testimonio. Como el Mesías tenía que proceder necesariamente de la descendencia de Abrahán (Gén. 22:18; Gál. 3:16), el padre de la nación judía, y de David, fundador del linaje real (Isa. 9:6-7; 11:1; Hech. 2:29-30), Mateo cree demostrar con su genealogía que Jesús es descendiente de tan ilustres personajes.
Los antiguos exégetas de los textos bíblicos, como Agustín de Hipona, creyeron tradicionalmente que este libro fue el primero en escribirse de los Evangelios sinópticos y, por eso, siempre se antepuso a los otros tres en las ediciones del Nuevo Testamento. Sostenían que Mateo escribió el Evangelio en Palestina poco antes de la destrucción del Templo de Jerusalén, en el 70 d.C., y lo habría hecho en hebreo o arameo en atención a los judíos convertidos al cristianismo. Hoy en día la mayoría de los expertos no sólo dudan de estos asertos, sino que cuestionan la autoría del propio Mateo.
En definitiva, por la factura técnica y el ritmo compositivo estamos ante la pieza más recomendable de toda la portada. Revela el virtuosismo de un maestro, pero también el respaldo de un taller. Son notables las diferencias de calidad y estilo observables entre las distintas figuras de esta portada, sin duda consecuencia de la participación de varias manos, pero también, posiblemente, reflejo de varios momentos de realización.
Nada sabemos sobre la autoría, ni de las circunstancias históricas que rodearon su confección. La identificación que se ha hecho alguna vez con el “Magister Giraldo” del fuero de Benavente de 1167, o con el epitafio de cierto “Giral Aime” existente en esta misma portada, no pasa de ser una sugerente hipótesis.

Por su naturalismo, su riqueza formal, el alargamiento de los cánones, la levísima sonrisa y los pliegues cuidados, nuestro hombre alado se aproxima a las formas protogóticas del último cuarto del siglo XII y comienzos de la centuria siguiente.
Es el llamado arte del 1200, un estilo de notable proyección en los territorios de Galicia y León, que en el aspecto escultórico tantas veces se ha relacionado con la escuela del maestro Mateo y todas sus secuelas repartidas por el noroeste de la Península. Sus fuentes de inspiración y los paralelos existentes son muy variados. Se ha destacado su ascendiente borgoñón, de Saint-Denis y Chartres; influencias de Italia, probablemente, de Provenza, de Saint Gilles-du-Gard, así como destellos del arte islámico y e hispanocristiano.
Pero el maestro Mateo -de quien en todo caso existen muy pocas certezas- no es más que la cabeza visible de una generación de escultores y arquitectos de gran calidad. Son los protagonistas de una notable renovación de las concepciones estilísticas e iconográficas del arte románico, bien sea para ornar construcciones de nueva planta, bien sea para embellecer otras heredadas de épocas anteriores.
Establecer las filiaciones estilísticas y cronológicas entre los principales centros de producción artística del Reino de León y los centros secundarios de ámbito más rural es tarea ardua y compleja. Que las obras consideradas más sublimes y modélicas, aquellas incorporadas a la edilicia más representativa del reino, influyeron en los canteros y escultores de los talleres locales es evidente. Pero identificar con precisión dónde se encuentra el original y dónde comienza la copia, o la imitación, es una empresa tan arriesgada como estéril, entre otras cosas porque nos faltan piezas del puzzle y obras estilísticamente similares pueden ser ramas de un tronco común.
En Benavente es esta una época de notable impulso constructivo y de sugerentes iniciativas artísticas. Se corresponde con los reinados de Fernando II (1157-1188) y Alfonso IX (1188-1230). Dos reyes leoneses, padre e hijo, que tanto influyeron en la repoblación de la nueva villa, en la configuración urbana y en la proyección sobre su alfoz. En el corto período que abarca los años 1181-1230 tenemos noticias de la edificación de un buen número de parroquias en la villa, pero de todas ellas solamente han llegado a nuestros días dos: Santa María del Azogue y San Juan del Mercado.


Las dos únicas referencias cronológicas seguras sobre la edificación de la iglesia de San Juan del Mercado proceden de los años 1181 y 1182. Se trata, por un lado, de un documento por el que doña Aldonza, hija del conde Osorio y la condesa Teresa, cede a la Orden de San Juan los derechos sobre la iglesia en construcción y, por otro, una breve inscripción grabada en el zócalo del pasillo que comunica la Capilla Mayor con el ábside norte: ERA MCCXX KALS A. (Era 1220, calendas de abril o agosto).
Por estos mismos años la suscripción en alguna carta benaventana de cierto “Fernandus Martini presbiter Sancti Ihoannis” podría indicar que la iglesia estaba ya en uso. Más tardía y problemática, con respecto a la situación real del templo, es la noticia de un documento fechado en Benavente en 1211 "in atrio domus Hospitalis de Benavento".

Imágenes: 1, 2, 3, 4 , 5 y 6, diversas perspectivas y detalles de la figura de San Mateo en la portada sur de San Juan del Mercado de Benavente.

lunes, 13 de diciembre de 2010

De Babia a Sierra Morena - Un viaje ancestral por la Cañada Real de la Vizana o de la Plata

Las Perlas del Patrimonio

El Blog "Más Vale Volando" quiere hacerse eco de la reciente publicación de la obra: "De Babia a Sierra Morena. Un viaje ancestral por la Cañada Real de la Vizana o de la Plata y otras vías pecuarias". Los textos son de Manuel Rodríguez Pascual, buen conocedor de todo aquello relacionado con la trashumancia en tierras de León, mientras que las fotografías son obra de Fernando Fernández. Se trata de una edición muy cuidada, de gran formato, con una  excelente maquetación y una selección de fotografías muy acertada.
En este libro se describe un largo viaje de más de 700 km por la Cañada Real de la Vizana o de la Plata y otras vías pecuarias que desde la Babia leonesa nos acercan hasta el mismo corazón de Sierra Morena occidental, a través de las provincias de León, Zamora, Salamanca, Cáceres y Badajoz.
A lo largo del recorrido, en que textos y fotografías guardan una ejemplar imbricación, se conjugan perfectamente las propias experiencias de los autores con los paisajes y la arquitectura de pueblos y ciudades (algunas Patrimonio de la Humanidad), los miliarios y puentes romanos con los chozos pastoriles, las montañas del norte se hermanan con las dehesas del sur, el cereal con la vid y el olivo, y el mundo urbano con la soledad de una naturaleza viva.
En la España desconocida del oeste, se enhebran constantemente los lugares singulares con numerosos espacios naturales protegidos, labrados por el paso de muchas civilizaciones y culturas que han dejado su huella específica. Sin duda, estamos ante un itinerario natural y cultural de primer orden que los pastores trashumantes han recorrido durante más de siete siglos en sus migraciones anuales.
Se ofrece a continuación un extracto del capítulo dedicado al paso de las rutas ganaderas por las tierras de Benavente:

“La Cañada de la Vizana o de la Plata, una vez atravesado el puente sobre el río Órbigo, se despide de León y entra en tierras de Zamora. Después de dejar a mano derecha el Teso Grande, cruza el pueblo de Maire de Castroponce por su ancha calle Real. En el centro del pueblo, sobre el viejo descansadero pecuario, han construido las escuelas, el ayuntamiento y hasta un polideportivo con jardines. A la salida de Maire, La Vizana cruza el puente sobre el arroyo de la Cañada, discurre por un camino de concentración asfaltado hasta Villabrázaro, y después atraviesa el pueblo también por su larga y ancha calle Real, donde destaca la iglesia de Santa María Magdalena, del siglo XVIII. Enseguida, comienza a ascender hacia el Monte de Mosteruelo, poblado de encinas [...]
La Cañada de la Vizana, Real Berciana o Zamorana, como también se la denomina en este tramo, entra en Benavente por la denominada carretera de Alcubilla o Camino de Manganeses, que desemboca en la moderna y empinada avenida bautizada como Cañada de la Vizana, bordeando la villa por el Norte. Al final de la misma, en la parte más alta, junto a una plaza donde hoy se sitúa un Colegio Nacional, se encontraban las eras de San Antón, antiguo descansadero de ganado. Al lado, se localiza la plaza Virgen de la Vega, donde confluye La Vizana con la Vereda de los Maragatos, actualmente Avenida de Maragatos, que se acerca a la ciudad por las inmediaciones de la vieja N-VI.
Desde este altozano, La Vizana desciende por la calle Cuesta del Hospital, pasando junto a la fachada trasera del viejo Hospital de Nuestra Señora de la Piedad. La cañada alcanza después la Plaza de la Soledad, donde confluyen la Vereda de Bribe, que posteriormente con el nombre de Cañada Zamorana llega a Gordoncillo y Mayorga de Campos; y también, el Cordel del Tera, que viene de los pastos de Porto y Puebla de Sanabria por las inmediaciones de la N-525. De éste último, se desgajan en el mismo Benavente:
La Vereda de Cuatro Caminos, en el Ferial, la Vereda de Milles, la Vereda Zamorana y la Colada del Vado de Santiago.
La Vizana se aleja de Benavente por la Avenida de Federico Silva Muñoz y en las afueras, más allá de los confines de la vieja NVI, se pierde el rastro de esta cañada durante algunos kilómetros. Queda convertida en un estrecho camino, entre un nudo de carreteras y autopistas.

En Benavente es preciso detenerse y subir al altozano donde se localiza la ciudad vieja, sobre un primitivo cerro fortificado, que se asoma sobre una amplia vega regada por el río Esta y sus afluentes: el río Cea por el Este y el Órbigo, Eria y Tera por el Oeste.
La situación estratégica de Benavente ha hecho que, desde siempre, haya sido una encrucijada de grandes vías de comunicación de la Península, como es la Vía de la Plata, o las carreteras nacionales que desde Madrid o Extremadura se dirigen hacia Galicia o Asturias. Pero también, como hemos señalado anteriormente, es un importante nudo de caminos pastoriles, articulados alrededor de la Cañada de la Vizana y de otros cordeles y veredas que aquí confluyen por los que los rebaños trashumantes transitaban desde las montañas del norte y oeste de León y Zamora, hacia Extremadura. Esto hizo, que durante largas temporadas se asentaran en esta ciudad la corte de los reyes leoneses [...].
Después de abandonar Benavente, a la entrada del puente de Santa Marina de Castrogonzalo, lugar donde se celebraron ferias ganaderas, se incorpora a La Vizana por la izquierda el Cordel de León, que desde la capital viene por la vega del río Esla. Ya unidos, atraviesan el largo puente de Castrogonzalo, donde se cobraba el correspondiente pontazgo o derecho de paso. A su lado se sitúan Los Paradores de Castrogonzalo, antiguas ventas de parada obligada para caminantes y arrieros, pues era un lugar estratégico entre la meseta, León, Asturias y Galicia. Según las crónicas, el mismo Napoleón pernoctó en la villa de Castrogonzalo, camino de Astorga.
Después de rebasar Los Paradores, La Vizana hace un brusco giro en ángulo recto hacia el mediodía. Pero antes, un ramal de la cañada -denominada en este tramo Cañada de Madrid o de la Coruña- continúa recto por la inmediaciones de la N-VI hacia Medina del Campo. Tras el giro anterior emite otro cordel a la izquierda hacia Castronuevo y Toro, que discurre por la Reserva Natural de las lagunas o salinas de Villafáfila, donde se acumulan en invierno miles de ánsares, garzas, grullas y otras aves europeas [...]
Continúa La Vizana y pasa por la orilla de Castropepe por una calle que lleva el nombre de Vereda Zamorana. Se aproxima a la N-630 (Gijón-Sevilla) y por ella atraviesa la localidad de Barcial del Barco -quizás hubo una barca para vadear el Esla con personas y ganados- donde en la iglesia de Santa Marina, del siglo XVIII, destaca su curiosa torre con cuerpo de planta cuadrada y rematada en forma octogonal, para continuar por Villaveza del Agua y Santovenia del Esla. Al paso por dichos términos, la cañada queda convertida, en la mayoría de los casos, en un camino de concentración. En un escalón más bajo, se abre a la derecha del viajero la amplia y fértil vega sobre el río Esla".

Texto de Manuel Rodríguez Pascual

1. Imágenes: 1. Portada del libro; 2. Rebaño de ovejas en las Eras de Arriba de Castrogonzalo [Foto Rafael González]; 3. Señalización de la Vía de Plata en Castrotorafe [Foto Rafael González] y 4. Puente de Castrogonzalo [Foto Rafael González].

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Un hogar para Doña Juana - El linaje Pimentel y la Casa de las Conchas de Salamanca

Chronica Minora

Juana Pimentel y Enríquez fue la tercera de las hijas de Pedro Pimentel y Quiñones, hermano de Rodrigo Alfonso Pimentel, IV Conde de Benavente (1451-1499) y padre del que sería, desde 1541, I Marqués de Tábara: Bernardino Pimentel.
Su madre fue la segunda esposa de Don Pedro: Inés Enríquez de Guzmán, hija de Enrique Enríquez, I Conde de Alba de Aliste, y de María Teresa de Guzmán. De todo ello resultaría que Juana Pimentel, que ejerció algún tiempo como dama de honor de la Reina Católica, era prima carnal de Alonso Pimentel, V Conde de Benavente (1499-1530).
El inicio de la construcción de Casa de las Conchas de Salamanca se debe a la iniciativa del doctor don Rodrigo Maldonado de Talavera, regidor de Salamanca, catedrático, embajador de los Reyes Católicos y fundador de la capilla de Talavera de la catedral vieja. A tal efecto don Rodrigo adquirió al cabildo un grupo de casas en uno de los entornos más pujantes de la villa salmantina, en la plazuela de Santa Catalina, con fachadas a la Rúa de los Mercaderes o de San Martín y calle de Sordolodo, hoy calle Compañía con vistas a la calle Meléndez.
Pero el edificio fue notablemente reformado y redecorado precisamente con motivo del matrimonio de Arias Maldonado, hijo del fundador de la Casa, con doña Juana Pimentel. De hecho, el motivo repetido de las veneras de su fachada que ha hecho mundialmente famoso este edificio estaría relacionado, según precisa Julián Álvarez Villar, con el escudo familiar de los Pimentel, más que con la Orden Militar de Santiago. Desde esta época las armas de ambos linajes, Maldonados y Pimenteles, engalanan repetidamente diversos ambientes de la fachada y el patio. Igualmente, el tercer tramo de la escalera monumental se abre con un pináculo sobre el balaustre con la unión de los blasones de los Pimentel y los Maldonado, símbolo de la alianza entre las dos familias.

El matrimonio fue concertado en 1494 entre los progenitores de ambas familias. Siguiendo los usos nobiliarios de la época se firmó un acuerdo por escrito en el que se detallaban las condiciones económicas. El monto final de la dote ascendía a la astronómica cifra de dos millones y medio de maravedís, cantidad perfectamente justificada por la calidad de los ascendientes y por la presencia del IV Conde de Benavente como fiador.
El texto de las capitulaciones matrimoniales y escritura de dote fue publicado en 1748 por Antonio Caetano de Sousa en sus Provas da historia genealogica da Casa Real Portugueza. Su tenor es el siguiente:

Sepan quantos esta carta de obligación e hipoteca vieren como nos Don Pedro Pimentel e Doña Inés Enriques con su licencia la qual dicha licencia la dicha Señora Doña Inés en presencia de mí el escrivano y testigos deviso escriptos demandó al dicho Señor Don Pedro Pimentel y el se la dio e otorgó para lo que deviso en esta carta de obligación será contenido decimos que por quanto mediante nuestro Señor está tratado y asentado casamiento entrel Señor Arias Maldonado Comendador Destriana hijo del Señor Doctor Rodrigo Maldonado del Consejo del Rey e de la Reyna nuestros Señores e la Señora D. Juana Pimentel nuestra hija sobre lo cual está lecha cierta capitulación que está firmada del magnífico Señor Conde de Benavente e de los dichos Don Pedro Pimentel e Doctor Rodrigo Maldonado en lo qual entre otras cosas se contiene que nos ayamos de dar y demos en dote e en casamiento al dicho Comendador Arias Maldonado dos quentos de maravedís de más y allende de otras 500U m. y vistuario quel dicho Señor Conde ha de dar a la dicha Doña Juana Pimentel y de más del axuar que nosotros habernos de dar a la dicha Doña Juana nuestra hija lo qual todo se le ha de dar y pagar a ciertos plazos e en cierta forma e con cierta seguridad.
E por quanto agora es asentado e concordado que los dichos Señores Comendador Arias Maldonado e Doña Juana Pimentel se ayan de desposar luego por palabras de presente hacientes matrimonio segund orden de la Madre Santa Iglesia de Roma por esta presente carta otorgamos y conoscemos y prometemos y nos obligamos que daremos e pagaremos realmente e con efeto al dicho Señor Comendador Arias Maldonado o a quien su poder oviere en Dote e Casamiento con la dicha Señora Doña Juana Pimentel nuestra hija los dichos dos cuentos de maravedís en dinero contado pagados en tres pagas conviene a saber: el un cuento de maravedís trinta dias antes que se casen e celebraren sus bodas los dichos Arias Maldonado, e Doña Juana Pimentel e las 500U m. dende fasta un año primero siguiente e las otras 500U m. restantes dende fasta en fin de otro año luego siguiente por manera que en fin de los dichos dos años contados desdel día que así fueren casados e ovieren celebrado sus bodas sea pagado el dicho Señor Arias Maldonado de los dichos dos cuentos de maravedís.

Para lo qual obligamos a nos y a nuestros bienes muebles y raíces havidos y por haver do quier e en qualquier logar que los ayamos y especialmentc hipotecamos e obligamos para ello el nuestro Logar de Gordonzillo con sus vasallos e Juridicion cevil y criminal e con todas sus rentas e heredamientos e pecho e derechos. E prometemos y nos obligamos de dar e entregar realmente y con efecto al dicho Señor Arias Maldonado o a quien su poder oviere la posision del dicho Lugar e con su Juridicion e con todo lo que dicho es 15 dias antes que casen y celebren sus bodas para que lo tenga e posea e lo pueda vender segund e por la forma contenida en la dicha Capitulación. E damos poder cumplido a todas y qualesquier Justicias asi de la Casa e Corte del Rey e de la Reyna nuestros Señores como de qualesquier otras Cibdades y Villas y Logares destos sus Reynos e Señoríos donde esta carta paresciere e fuere pedido complimiento della, que nos la.hagan tener y guardar y complir en todo e por todo segund que en ella y en la dicha Capitulación se contiene e fagan entrega e execucion en nuestros bienes de nos e de cada uno de nos muebles y raices e los vendan e rematen en publica almoneda o fuera della y de su valor entreguen y fagan pago a vos el dicho Comendador Arias Maldonado o a quien vuestro poder oviere de los dichos dos cuentos de maravedís o de la parte que del los estoviere por pagar e complir.

Sobre lo qual renunciamos e partimos de nos e de nuestro favor e aiuda todas e qualesquier leis e fueros e derechos asi en general como particular que nos pudiese o pueda aprovechar para ir o venir contra este dicho contrato o contra qualquier cosa y parte dello e todas ferias , e pan y vino coger e todos los otros remedios qualesquier generales o especiales. E yo la dicha Doña Inés seiendo como soi certificada del auxilio e beneficio quel Veliano e los otros direchos dan a las mugeres los renuscio y parto de mi y de mi favor e aiuda en todo y por todo segund que en ella se contiene. E renusciamos nuestro propio fuero e Juridicion y nos sometemos a las dichas Justicias e a cada una dellas e renusciamos los derechos e leyes que dan facultad para poder declinar las Juridiciones e todas otras qualesquier leyes e fueros e derechos e ordenamientos que en contrario desto sean o ser puedan y obligamos a nos, e a nuestros bienes muebles y raices do quier e en qualquier lugar que los aiamos.

E especialmente hipotecamos el dicho nuestro Lugar de Gordoncillo con su Justicia e Juridicion cevil e creminal segund e como en la dicha Capitulación deviso encorporada se contiene. Su tenor de la qual es este que se sigue.
Por quanto entre el muy Magnifico Señor Don Rodrigo Alonso Pimentel Conde de Benavente e el Señor Don Pedro Pimentel su hermano de la una parte e el Señor Doctor Rodrigo Maldonado del Consejo del Rey y de la Reyna nuestros Señores de la otra parte está contratado e concertado que mediante Dios nuestro Señor Arias Maldonado Comendador Destriana hijo del dicho Señor Doctor aya de casar e case con Doña Juana Pimentel hija del dicho Señor Don Pedro Pimentel e sobrina del dicho Señor Conde de Benavente. Y porquel dicho matrimonio se haga e aya efeto son concertados en la iguala y concordia siguiente.

Primeramente que porque a la Reyna nuestra Señora plaze que la dicha Doña Juana Pimentel se traía a su casa para la recevir por suia e para que allí se haga el dicho casamiento quel dicho Señor Don Pedro Pimentel la aya de traer y traiga al Palacio de S. A. fata veinte dias primeros siguientes e que después de traida dentro de sesenta dias el dicho Arias Maldonado se despoze con la dicha D. Juana Pimentel por palabras de presente facientes matrimonio segund que la Santa Madre Iglesia manda.
Otro si quel dicho Señor D. Pedro Pimentel aya de dar y dé en dote y casamiento al dicho Arias Maldonado con la dicha D. Juana su hija 2. q. 500U maravedís pagados en esta manera: La meitad dello que son I. q. 250U m. treinta dias antes que casen e consuman matrimonio. E las 625U m. dentro de un año primero siguiente desde el dia que se casen e consumiaren el dicho matrimonio. Y las otras 625U m. fincables dentro de otro año primero siguiente.
Otro si que para seguridad desto el dicho Señor Conde de Benavente dé fiansas de mercaderes llanos y abonados en la Villa de Valladolid para complir y pagar 500U m. de la dicha contia del dicho dote al dicho Arias Maldonado al dicho plazo primero que es treinta dias antes que case con la dicha Doña Juana e que por los dichos dos quentos fincables e para los complir y pagar a los dichos plazos conviene a saber: a las 750 U m. a complimiento del dicho 1. q. 250U m. treinta dias antes que casen los dichos Arias Maldonado y Doña Juana: e los otros 1. q. 250U m. restantes en los dichos dos plazos el dicho Señor Don Pedro hipoteque e obligue al dicho Arias Maldonado el su Lugar de Gordonzillo con su Juridicion e pechos y direchos e de 15 dias antes que case se lo dé y entregue para que lo pueda tener y tenga en prenda del dicho 1. q. 250U m. que le restare por pagar por quanto al dicho tiempo ya le ha de ser pagado el dicho 1. q. 250U m. segund dicho es y para que pasados los dichos plazos si el dicho Señor Don Pedro non cumpliere con el lo pueda vender e venda e se entregue de lo que se le debiere e de lo restante al dicho Señor Don Pedro.

Otro si que de mas de los dichos dos quentos e medio el dicho Señor Don Pedro e la Señora Doña Inés Enriques su muger den a la dicha Doña Juana su hija el axuar que a ellos paresciere e quel dicho Señor Conde de Benavente le mande dar e dé el vistuario de brocado e seda que a Su Señoría pluguiere.
Otro si quel dicho Señor Doctor Rodrigo Maldonado aya de dar , e dé por el dicho Arias Maldonado su hijo a la dicha Doña Juana y le asigne y constituia en arras 1U Castellanos de oro para que ella aya las dichas arras y sean conoscidas por su propio patrimonio segund que las Leyes destos Reynos disponen.
Otro si que para seguridad del dicho dote y casamiento e de las dichas arras para que se aya de dar e restituir a la dicha Doña Juana o a sus herederos e como e quando los derechos disponen el dicho Señor Doctor aya de obligar e hipotecar y hipoteque y obligue señaladamente a la dicha D. Juana el su Lugar de Avedillo y el su Lugar y heredamiento de Verzimuelle que es en tierra de Avila.
Otro si que asi cerca del dicho dote como cerca de las dichas arras ambas las dichas partes ayan de hacer y otorgar todos los recabdos y escripturas que para validación dello e de todo lo suso dicho convengan de se hazer, y otorgar el dicho Señor Don Pedro por lo que a su parte cabe y incumbe de complir e el dicho Señor Doctor Rodrigo Maldonado y el dicho Arias Maldonado su hijo por lo que cabe y incumbe de complir a su parte non mudando la sustancia desta Capitulación. E por seguridad de lo suso dicho nos los dichos Don Rodrigo Alonso Pimentel Conde de Benavente e Don Pedro Pimentel, e Doctor Rodrigo Maldonado prometemos e aseguramos a buena fe e sin mal engaño de tener y guardar e complir realmente e con efeto todo lo contenido en esta escriptura cada uno de nos lo que incumbe de hacer e complir. De lo qual firmamos dos escripturas de un tenor para cada una de nos las dichas partes la suia. Que fueron fechas en la Villa de Tordesillas a 3 dias del mes de Junio año del nascimiento de nuestro Señor Jesu Christo 1494. años. El Conde Don Pedro. El Doctor Rodrigo Maldonado.


E porque lo suso dicho sea cierto y firme y no venga en dubda otorgamos esta carta de obligación antel escrivano y testigos viso escriptos ques fecha y otorgada en la muy noble Cibdad de Segovia estando ende El Rey y la Reyna nuestros Señores a 16 dias del mes de Jullio año del nascimiento de nuestro Señor Jesu Christo de 1494. años. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es Don Luis Manrique fijo del Señor Marques de Aguilar e Christoval de Prado y Pedro de Varca y Ferrando de Riva de Neyra vecino de Valladolid. Y yo Luis del Castillo Escrivano de Cámara del Rey, y de la Reyna nuestros Señores y su Escrivano y Notario publico en la su Corte y en todos los sus Reynos y Señoríos a todo lo que dicho es en uno con los dichos testigos presente fui y de ruego y otorgamiento de los dichos Señores Don Pedro Pimentel y Doña Inés su muger esta escritura fis escrevir e por ende fize aqui este mió signo a tal. En testimonio de verdade Luis del Castillo.
Imágenes: 1. Blasón de la familia Pimentel en el piso superior del patio; 2. Armas de los Pimentel en el pináculo de la escalera; 3. Armas de los Maldonado y Pimentel en la fachada; 4. Armas de los Maldonado y Pimentel en la fachada; 5. Escudo laureado de los Pimentel en el piso superior del patio; 6. Escudo de los Pimentel en piso inferior del patio y 7. Vista general del patio de la Casa de la Conchas de Salamanca.

domingo, 14 de noviembre de 2010

El valeroso caballero y animoso capitán Francisco de Villagrá - En torno a una sepultura de San Juan del Mercado

Chronica Minora

La capilla mayor de la iglesia de San Juan del Mercado de Benavente presenta su solado salpicado de laudas sepulcrales, último reposo de personajes relevantes relacionados con la historia del templo, con la Encomienda de la Orden de los Hospitalarios o con hijos ilustres de la villa. No parece que todas ellas se correspondan con inhumaciones originales. Por el contrario, del aspecto que muestran se deduce que ha habido varias reordenaciones de los espacios de enterramiento. Alguna de estas lápidas ha sido parcialmente mutilada para acomodarla a las dimensiones de las otras, seguramente después de un traslado desde otro lugar. El último enterramiento documentado es el del obispo de Plasencia y Salamanca, Ángel Regueras López (1870-1924). La sepultura corresponde al traslado de sus restos en 1942 desde Salamanca por iniciativa del Ayuntamiento de Benavente.
Iglesia de San Juan del Mercado de Benavente
El presente artículo se va a detener en glosar una de estas laudas, concretamente la situada en tercer lugar a la derecha de la del obispo benaventano. Su estado de conservación es bastante aceptable pues, a pesar de las huellas de desgaste propias del tránsito de los feligreses, su lectura no ofrece dificultades.
El epígrafe, escrito en letra capital de la segunda mitad del siglo XVI, está repartido en dos partes separadas por un gran blasón central. Las seis primeras líneas presentan un mayor tamaño de letra y una adecuación holgada al campo epigráfico, mientras que las once siguientes están más abigarradas y tienen un cuerpo de letra mucho más pequeño. Suman en total diecisiete líneas. La separación entre palabras se hace por interpunción simple. El escudo central está orlado de perlas y corresponde al promotor de la sepultura: Luis Rengifo, cuyas iniciales (LR) flanquean el emblema heráldico. Las armas tradicionales del apellido aparecen en el primero de los cuarteles: en campo de oro un leon de azur, bordura de plata y ocho aspas del mismo color. La lectura, una vez desarrolladas las abreviaturas, es la siguiente:

EN ESTA CAPILLA ESTAN
SEPVLTADOS LOS MVY
NOBLES CABALLEROS
FRAY TORIBIO DE CARBAJAL
Y FRAY ALBARO DE SARIA
COMENDADORES
DE RVBIALES
QVE LA ENPEÇARON
Y ACABARON DE HEDIFI
CAR Y POR SV MEMORIA
EL MANIFICO SEÑOR DON
LVIS RENGIFO COMENDA
DOR DESTA ENCOMIENDA
Y DE CIVDAD RODRIGO
MANDO PONER ESTA PIE
DRA COMO SEÑOR DESTA
CAPILLA Y YGLESIA


  Lauda sepulcral de Francisco de Carbajal y Álvaro de Sarriá [Siglo XVI]
De las personas mencionadas en el texto, tanto Luis Rengifo como Fray Toribio de Carbajal pueden ser situados cronológicamente sin demasiada dificultad. Luis Rengifo es presentado como comendador de la Orden de San Juan en Benavente y Ciudad Rodrigo. Sabemos que un personaje de este nombre acudió al capítulo provincial de Fuentelapeña celebrado el 29 de julio de 1530. Igualmente, en una carta de Felipe II al obispo de Orense fechada en 1569 se menciona a Luis Rengifo Engon con el cargo de Teniente de los Priores de la Orden de San Juan.
Respecto a Fray Toribio de Carbajal, comendador de Rubiales, su figura está íntimamente ligada a la construcción de San Juan del Mercado. Una inscripción gótica grabada en el primer pilar suroccidental de la iglesia le atribuye la edificación de varios pilares, probablemente de todas las cubiertas y de la bóveda del altar mayor. En el texto se le identifica como comendador de Benavente, Vidayanes y Almazán, pero tal vez en el nombre de esta última villa exista un error del lapicida, pues en el traslado de un documento del monasterio de Nogales de 1468 se le cita como comendador de la orden de San Juan en Benavente y Vidayanes, y señor de Arrabalde. En 1487 la cancillería real expide una sobrecarta de mandamiento a Juan Maldonado, para que haga ejecución en bienes del comendador Fray Toribio de Carvajal por la cuantía de que aún es deudor a Juan González de Saldaña, vecino de Tordesillas, en razón del arrendamiento de las encomiendas de Rioseco, Villela y San Juan del Camino que pertenecen a la de Benavente. En 1489 Fray Toribio de Carvajal, comendador de Benavente y de la Baylía de Olmos, arrienda a Pedro Lago y fray Diego Coronel las mencionadas encomiendas.

Interior de San Juan del Mercado
Mayor interés despierta el tercero de nuestros personajes, Frey Álvaro de Sarriá, no tanto por él mismo sino por la relevancia de uno de sus descendientes. Sarriá fue provisto de la encomienda de Benavente por el Gran Maestre de Rodas. En 1510 debía atravesar dificultades en el disfrute de sus rentas, pues una cédula real ordena a Francisco Manrique, comendador de Cerecinos, que no perturbe la posesión de su encomienda. A partir de diversas fuentes, algunas de las cuales se citarán a continuación, podemos hacer a este Álvaro de Sarriá padre del conquistador y gobernador de Chile Francisco de Villagrá.
Francico de Villagrá es considerado una de las figuras más destacadas de la conquista y colonización de Chile. Llegó a Chile cuando Pedro de Valdivia dispuso la conquista de esa región. Estuvo presente en la fundación de Santiago en 1541, ocupó diversos puestos en el gobierno de la ciudad, y le tocó defenderla del asalto del cacique Michimalonco en septiembre del mismo año. Fue gobernador de aquellas tierras en tres oportunidades (1547-49, 1553-57 y 1561-63) y encabezó diversas empresas militares tendentes a la exploración del territorio y el aumento de su jurisdicción.
De la confianza puesta en él por Pedro de Valdivia se da cuenta en una carta dirigida en 1547 al Emperador:  "Allí proveí al capitán Francisco de Villagrá, mi maestro de campo, porque le tenía por verdadero servidor y vasallo de V.M. y celoso de su cesáreo servicio, por mi lugarteniente general, para que atendiese la guardia, pacificación y sustentación de las ciudades de Santiago y La Serena y los vasallos de V.M.".
En el Catálogo de Pasajeros a Indias Villagrá fue registrado en 1537, en tránsito hacia el Perú, como hijo del Comendador Ruy Diales y de Ana de Villagrá, vecinos de Santervás de Campos (Valladolid). Sin embargo, esta información parece que no es exacta.
En la Sección Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional  se conserva el expediente de las probanzas presentadas por Villagrá en 1559 para la obtención del hábito de Caballero de Santiago. Algunos de los testimonios son contradictorios, pero globalmente arrojan noticias muy esclarecedoras sobre la trayectoria de este personaje antes de recalar en Indias.
Sabemos así que, efectivamente, Villagrá era hijo natural del mencionado Álvaro de Sarriá y de Ana de Villagrá. Muy probablemente el oscurantismo existente sobre sus orígenes se debe a la poco ortodoxa sitiuación de sus progenitores, pues "cuando el dicho Álvaro de Sarria tuvo al dicho Francisco de Villagrá tenía ya el hábito de San Joan y la dicha Ana de Villagrá era soltera". El hecho de haber adoptado el apellido materno también debió contribuir a crear confusión. Los testimonios de los diferentes testigos interrogados en las probanzas insisten en que el futuro conquistador de Chile sirvió en su juventud al marqués de Astorga y al conde de Benavente, y estuvo en la Jornada de Túnez de 1535, combatiendo a Barbarroja.
 Retrato de Francisco de Villagrá
Ante la falta de genealogía presentada ante el Consejo, el licenciado Cisneros presentó una carta en la que daba noticia de los ancestros del pretendiente, informando sobre la calidad y la sangre:

"El mariscal Francisco de Villagra, gobernador de la provincia de Chile dize que vuestra alteza le hizo merced del hábito de la Orden de Santiago como paresce por la cédula que presenta y suplica a V. A. le mande hazer las diligencias necesarias que el depositario fuese menester. Y para que conste la nobleza de su linaje, dize que es hijo de Álvaro de Sarria, comendador de las encomiendas de Villela y Rubiales de la Orden de Santiago en el reino de León el qual ha quarenta años que murió. Y es hijo de Ana de Villagra, natural y vezina de la villa de San Jerbas en el dicho reyno la qual era donzella cuando el dicho Álvaro la conoció. Y el dicho comendador Álvaro de Sarria por aver mas de setenta años que murió dizen algunos que fue hijo de un fulano de Villaceres y de Leonor Gómez de Sarria su muger, naturales y vezinos que fueron de la villa de Villalpando. E otros dicen que el dicho Álvaro de Sarria fue hijo de Antonio de Sarria, alcayde y gobernador de la dicha villa de Villalpando y no se acuerdan como se llamo su muger pero lo primero lo tiene más cierto, y la dicha Ana de Villagra, madre del dicho Francisco de Vilagra, es hija de Pedro de Villagra, comendador del hábito de Santiago y de Ysabel Mudarra, su muger, naturales y vecinos de la villa de San Gervas. Por manera que la probanza de sus padres del dicho Francisco de Villagra y de sus abuelos por parte de madre se ha de hacer en Sant Gerbas y Villela a dos leguas de Villalon y si algo mas fuere menester en Villagra a tres leguas de San Gerbas y por parte de los aguelos del dicho Francisco de Villagra y por parte que es de los sarrias se ha de hazer en Villalpando".

Valdivia, Villagrá y Alderete según Ovalle [1616].

El cronista Alonso de Góngora Marmolejo nos dejó una interesante semblanza del personaje en su "Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575":

"Era Francisco de Villagrá, cuando murió, de edad de cincuenta y seis años, natural de Astorga, hijo de un comendador de la Orden de Sant Juan, llamado Sarria. Su padre no fue casado; su madre era una hijodalgo principal del apellido Villagrá. Gobernó en nombre del Rey don Felipe dos años y medio (...); era de mediana estatura, el rostro redondo, con mucha gravedad y autoridad; las barbas entre rubias, el color del rostro sanguino; amigo de andar bien vestido y de comer y de beber, enemigo de pobres; fue bien quisto antes que fuese gobernador, y mal quisto después que lo fue. Quejábanse dél que hacía más por sus enemigos a causa de atraellos a sí que por sus amigos, por cuyo respeto decían era mejor para enemigo que para amigo. Fue vicioso de mujeres y mohíno en las cosas de la guerra mientras que vivió (...); era amigo de lo poco que tenía, guardallo; más se holgaba de rescibir que de dar. Murió en la ciudad de La Concepción en 15 días del mes de julio de mil y quinientos y sesenta y tres años".

También Alonso de Ercilla le dedicó unos versos a Villagrá en "La Araucana":

Caudillo era y cabeza de la gente
Francisco Villagrán, varón tenido
por sabio en la milicia y suficiente,
con suma diligencia prevenido;
de Pedro de Valdivia fue teniente,
después de su persona obedecido.

martes, 2 de noviembre de 2010

Castroferrol - Un enclave monástico altomedieval en el valle del Tera

Chronica Minora

El objeto de este artículo es ofrecer algo de luz sobre uno de los cenobios más antiguos y a la vez más desconocidos -debido a su efímera trayectoria- que surgió en el norte zamorano en el período altomedieval. Aunque su existencia es reconocida por la mayoría de los autores que se han ocupado de una forma u otra del estudio del monacato leonés, las contradicciones y malentendidos han sido evidentes a la hora de establecer su localización y fijar su cronología. La causa fundamental de la confusión existente hay que buscarla en las deficiencias inherentes a la documentación fragmentaria que conservamos de la catedral de Astorga, única fuente que aporta información de primera mano sobre este monasterio.
Plano de Colinas de Trasmonte
Yepes es el primer autor que se ocupa del tema, como ocurre con buena parte de los monasterios de la región. A la hora de establecer la nómina de fundaciones del antiguo reino leonés menciona un monasterio de Castro Ferronio, en la ribera del Tera, bajo la advocación de San Salvador. No aporta cronología ni ubicación concreta; simplemente sentencia que "era convento de monjes y monjas", esto es un monasterio de los denominados dúplices.
Flórez, en su célebre tomo XVI de la España Sagrada, nos transmite el nombre de una abadesa Benedicta en este lugar en 1006. Su testimonio goza del beneficio de haber manejado las documentación medieval asturicense antes de su desaparición. Para el erudito agustino se trataría de una comunidad solamente de monjas.
Tendremos que esperar a la prolífica obra de Augusto Quintana Prieto para obtener datos más concretos. Este autor menciona tanto el enclave de Castroferrol como el cenobio en varios de sus trabajos, pero fue en una entrada del Diccionario de Historia Eclesiástica de España donde trazó una escueta semblanza de un monasterio de San Miguel en Villaferrueña, que como se verá más adelante se puede identificar con nuestro cenobio, aunque con un emplazamiento erróneo:

“Villaferrueña, San Miguel (Zamora, diócesis de Astorga) Prebenedictino. La primera noticia conocida se remonta al año 1006, en que recibe una donación de bienes. De ella se desprende que era un monasterio dúplice. En el año 1015, su propietaria, María Chalíndez, que lo tenía por donación de Bermudo II, lo dio a la diócesis de Astorga y a su obispo Jimeno (992-1028), siendo esta la última noticia que de él se tiene. Hoy es parroquia secular”.

Sin embargo, leyendo con atención los diplomas conservados se concluye con claridad meridiana que tal enclave no pudo estar en ningún caso en Villaferrueña. Las primeras referencias se remontan a mediados del siglo X y no hacen alusión a monasterio alguno. Así en 962 Rauper y su mujer, Mansuara, donan a Nuño Sarracíniz y a su mujer, Gudigeva, una viña en la villa de Kastro Ferronnio, junto al río Almucera, que habían comprado a un tal Donelo, dando sus términos. La mención del Almucera descarta inmediatamente la opción de Villaferrueña, dado que, como es sabido, esta población se encuentra junto al Eria. Al año siguiente, 963, consta una donación a la catedral de Astorga efectuada por Adrico y su mujer, Faquilo, en unión de sus hijos de toda su heredad en Castroferrol, con cuantas pertenencias la correspondían, como también de sus muebles, de toda la mitad durante la vida de los donantes y después de su fallecimiento enteramente.
En 1006 Oma Iuve, su hijo Veila y la esposa de éste, Gontrode, donan a la abadesa y al monasterio de Castroferronnio, que sitúan junto al río Tera, todas sus propiedades y enseres: "... in cuius honore dedicata est ecclesia et continentium fratrum vel sororum iugum et ibidem domina Bendicta abbatissa portentibus monasterium qui est fundatum sub urbis Astorica, locum predictum et nominatum vocantem que dicitur nominibus Castroferronio, iuxta aquis currente vel flumine Teira.
 Iglesia parroquial de Colinas de Trasmonte [Foto Luis Peral]
Más explícito resulta un diploma de 1015 en el que María y sus hijos, Galindo y Juan Ciprianiz, hacen donación del lugar de San Miguel Arcángel de Castroferrol, a los que morasen allí, monjes y monjas, bajo sujeción del obispo de Astorga. En este caso la villa tiene por referencias espaciales los ríos Tera y Almucera: "... in ipso loco reconditae sunt, bocabulum villa quod dicent Castroferronio, discurrente ribulo Teira et de alia parte Almuçara"
Tomando como base estos condicionamientos geográficos, la clave para situar adecuadamente este monasterio nos la ofrece el diccionario de Madoz, que recoge dentro del término de Colinas de Trasmonte dos despoblados: Pobladura de Trasmonte y Castroferrol. En la actualidad, en la memoria colectiva de los vecinos de Colinas se ha perdido tal topónimo, aunque si se existe en cambio un vago recuerdo sobre la existencia de un monasterio antiguo.
En el mismo diccionario de Madoz se menciona otro despoblado bajo el nombre de San Miguel de Castro Ferrol en el pueblo inmediato de Quiruelas de Vidriales, deduciéndose que se trata del mismo emplazamiento, tal vez compartido por ambas poblaciones.
Localizado definitivamente nuestro monasterio en las inmediaciones de Colinas de Trasmonte, junto a los ríos Almucera y Tera, solamente queda dotarle de una emplazamiento más exacto. Dos posibles alternativas parecen ofrecerse en base a distintos indicios. Por una parte hay que mencionar un yacimiento arqueológico conocido como San Miguel en término del actual municipio de Quiruelas de Vidriales, con una atribución cultural correspondiente al Calcólitico y de época moderna, recogido por Larrén Izquierdo en la relación de yacimientos de este sector del valle del Tera.
El viejo Molino
La otra opción, mucho mejor documentada arqueológicamente, es el pago conocido como San Juan-El Valle en Colinas de Trasmonte. Se trata de un asentamiento romano/medieval situado al oeste del pueblo, sobre un pequeño altozano que da paso a las terrazas sobre el río Tera. No es propiamente un castro, pero en las inmediaciones existen varios cerros que bien pudieran asumir esa denominación.
Según el testimonio de varios vecinos, recogido por los arqueólogos, el lugar era conocido por la tradición oral como convento de San Juan, tal vez en referencia a la iglesia parroquial (San Juan Bautista) o a alguna posesión de la orden hospitalaria. La extensión del regadío a sus inmediaciones dio paso a una intervención arqueológica en el año 1993 que puso de manifiesto dos momentos ocupacionales. Uno de época romana bajoimperial datado a finales del siglo IV y el siglo V, y superpuesto a él otro de época medieval que "pudiera estar relacionado con un tipo de edificación religiosa, quizás monasterio o convento", correspondiente en cualquier caso a momentos plenomedievales, entre los siglos XI y XIII, según los hallazgos cerámicos. A unos 200 m. al sureste del área de excavación, se encontraron anteriormente dos tumbas romanas construidas con tegulae, dato que parece extender considerablemente el área de ocupación.
La superposición de iglesias o monasterios altomedievales sobre asentamientos anteriores de época romana bajoimperial, principalmente villae, es un aspecto bien conocido en la historiografía. Ejemplos bien cercanos los tenemos en Camarzana, El Piélago (Cimanes de la Vega), Villaquejida y tal vez en Abraveses de Tera (Virgen de la Encina) y Los Villares (Villanueva de Azoaque).
Sea como fuere, la denominación de este enclave como Castroferrol, pone en relación este lugar con un grupo de asentamientos bien conocidos: los castros, piezas fundamentales de la ordenación y jerarquización del poblamiento en los siglos X, XI y principios del siglo XII. En muchos casos se trata de sedes de demarcaciones territoriales, donde tenentes, merinos y sayones ejercían su jurisdicción como funcionarios regios. Como ha podido demostrar la arqueología, en buena parte de los casos, se trata de asentamientos altomedievales superpuestos a estructuras castreñas de épocas anteriores, incluso prehistóricas. Situados sobre cerros, y la mayor parte de ellos fortificados, eran también centros militares, que cumplían una función de defensa del territorio circundante, en cuyo espacio existían varias aldeas.
Iglesia parroquial de Colinas de Trasmonte [Foto Luis Peral]
Dentro del territorio de lo que más tarde será el alfoz del concejo benaventano, existieron varios núcleos de población que merecieron la denominación de castros. En primer lugar se debe citar, por su destacado protagonismo posterior, al propio Malgrad-Benavente, mencionado desde 1115 como Castro quod dicitur Malgrado. Además son identificables otros castra citados de forma intermitente en las fuentes de la época: Camarzana de Tera, Castrogonzalo, Castropepe, Mózar, Socastro, Ventosa, y nuestro Castroferrol. Como se ve, en general, se trata de lugares relativamente próximos entre sí, por tanto su posible área de influencia no sería muy extensa.
A partir de esta realidad inicial, surgió aquí un monasterio cuya historia se remonta al menos a la época de Bermudo II (985-999). Estratégicamente situado en los accesos al valle de Vidriales en su conjunción con el valle del Tera, debió aprovechar los flujos de comunicación de la antigua vía romana que unía Asturica Augusta con Bracara Augusta a través de Petavonium, uniéndose precisamente en las inmediaciones con la Vía de Sanabria, un camino natural que remonta el curso del río Tera poniendo en contacto los valles zamoranos con el sureste de Galicia, a través de los puertos de Padornelo y La Canda.
Su evolución resulta muy confusa al contar, como hemos visto, con una documentación extraordinariamente fragmentada y no del todo fiable en la transcripción.
Parece ser que la villa de Castroferrol, donde se asentaba el monasterio de San Miguel, había sido anteriormente propiedad de un tal Hamedo. En un momento determinado Bermudo II tomó o confiscó a Galindo Enneguez la villa de Congosto en el Bierzo. Su hija María pidió al rey alguna compensación por lo que consideraba una injusticia, obteniendo a cambio esta villa de Hamedo en Castroferrol. Más tarde, en 1015, María y sus hijos Galindo y Juan Cipriániz hicieron donación de esta villa, tal vez en agradecimiento, con todas su propiedades a los que allí morasen, hermanos y hermanas, bajo la obediencia del obispo de Astorga.
Bermudo II - Tumbo A de la Catedral de Santiago

La dotación es bastante sustanciosa y detallada, incluyendo objetos litúrgicos, vestimentas sagradas, libros, y bienes muebles e inmuebles, así como propiedades de la familia en Vidayanes y Araduey. La magnitud de la donación, acompañada de una extensa y solemne redacción documental, hace pensar en una fundación, o más bien de una refundación a partir de un centro anterior, tal vez el de San Salvador de Castroferrol del documento de 1006 donde se menciona a una abadesa Bendicta o Benedicta.
El cambio de advocación no es un hecho inusual en el monacato leonés, teniendo en cuenta además las múltiples vicisitudes por las que solían pasar este tipo de instituciones. Debe tenerse en cuenta, además, que con frecuencia los monasterios contaban con más de una de estas advocaciones, y dentro de ellas unas aparecen como principales y otras como secundarias. En el caso de Castroferrol, San Miguel aparece junto a Santa María en el diploma de 1015, denominación idéntica por otra parte al próximo monasterio de Camarzana de Tera.
Nos encontramos, pues, ante uno más de los numerosos cenobios que surgieron en el norte de Zamora en el período altomedieval. Su escaso rastro documental no permite establecer más conjeturas sobre su evolución posterior. Al igual que ocurriera con otras fundaciones mucho más consolidadas como Santa Marta de Tera, San Pedro de Zamudia, San Miguel de Camarzana o San Adrián del Valle, este monasterio de San Miguel de Castroferrol también acabó incorporándose a los bienes de la mitra astorgana, hecho que debió precipitar su extinción como institución monacal.
Castroferrol, como núcleo de población, vuelve a citarse en alguna ocasión. Hacia 1060 este lugar es mencionado como una de las villas y heredades que cayeron en manos de Diego Muñoz en la división de heredades de Osorio Fernández y doña Visclavara. En 1129 Castro Ferronnio es uno de los hitos del coto monástico de Santa Marta de Tera, confirmados por Alfonso VII, según fue fijado por su bisabuelo Fernando I. En 1170 Fernando II volvería a revalidar tales límites a través de un privilegio de confirmación.

martes, 19 de octubre de 2010

Retazos de pergamino viejo - El Beato de Osma y el monasterio de Carracedo

Chronica Minora

El llamado Beato de Osma es un valioso códice que recoge los célebres Comentarios al Apocalipsis atribuidos tradicionalmente al presbítero Beato de Liébana. Se custodia en el Museo Catedralicio y Diocesano de Burgo de Osma, instalado en dependencias del entorno del claustro. Es, indudablemente, la joya más preciada de la catedral.
Las medidas del libro son 360 x 255 mm. Consta de 166 folios escritos en letra visigótica a dos columnas de 43 líneas. Conserva 71 miniaturas, de entre las cuales la más difundida internacionalmente es la famosa representación del mapamundi a doble página en los folios 34v-35r.

Con el propósito de ilustrar la dispersión geográfica de los apóstoles por todo el ecumene, o mundo conocido en la Antigüedad, se incluyó en los Beatos un mapamundi derivado, en buena medida, del cartograma isidoriano. En él se mostraban las sortes apostolorum o lugares donde los discípulos de Jesús habían predicado. El reproducido en el códice de Osma es uno de los más completos que existen. Su forma es circular, con un Paraíso regado por cuatro ríos y el busto-retrato de los doce apóstoles. Cada uno de ellos está asentado sobre su presunto lugar de evangelización, acompañado de un rótulo identificativo.
La geografía de la Península Ibérica es especialmente detallada en la región de la "GALLECIA", sin duda recuerdo de la antigua provincia o circunscripción romana y altomedieval de la "Gallaecia". La figura de Santiago el Mayor, "S. Iacobs aps.", se asienta sobre un santuario en las proximidades de lo que se entiende es el faro de La Coruña, "Faro". Los ríos Miño, "F. Minneus", y Duero, "F. Durius", y el territorio de Asturias, "ASTURIAS", son otros de los referentes espaciales.



El manuscrito parece ser obra de varias manos. En el folio 138v. suscribe cierto clérigo de nombre Pedro: "Memento mei Petrus clericus scripsit", mientras que en folio 163, bajo la omega final, comparece un tal Martín o Martino: "Martini peccatoris mementote". Este último personaje se ha venido identificando con el iluminador, aunque sin mucho fundamento. La data se consigna en el folio 10v. "IN NOMINE DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI INCIPIT LIBER APOCALIPSIN QUOD INTERPRETATUR REVELATIO CHRISTI. ERA MCXXIIII" (año 1086).
Nuestro Beato pertenece a la denominada Familia I de la tradición textual, al igual que ocurre con otros textos relacionados con él como el Beato de Lorvao -datado éste en 1189- o dos folios de un Beato de la segunda mitad del siglo XII conservados en el Archivo Histórico Provincial de León.
Sobre el lugar de producción y el paradero anterior de este singular códice existen muchas especulaciones. A finales del siglo XIII o principios del siglo XIV debía estar ya en Osma, pues en un inventario de libros y documentos de esta época se mencionan "unas ystorias eclesiasticas e un apocalipsis toledano". Igualmente, en el vuelto del folio 165 de nuestro manuscrito existe una anotación en letra de la segunda mitad del siglo XIII: "Apochalipsis est de armario Oxomensi. Si quis eum furatus fuerit vel alio modo de eo extraverit sine licentia conventus vel hc. totum deleverit anathema sit".

A partir de los estudios de Shailor se ha propuesto últimamente el scriptorium del monasterio de los Santos Facundo y Primitivo de Sahagún como el responsable de su escritura e iluminación: "Hoy, sin embargo, es claro que su formato físico, escritura y ornamentación apuntan incontrovertiblemente al monasterio leonés de Sahagún como lugar de origen". Esta adjudicación ha sido también asumida, con algunas matizaciones, por John Willians, J. A. Fernández Flórez y Joaquín Yarza Luaces.
Sin embargo, en el folio 165r. nos topamos con el contenido de dos documentos directamente relacionados con el monasterio de Carracedo. Por una parte el fragmento final de una Bula de Inocencio III fechada a 22 de noviembre de 1203. Por otra, una carta, sin fecha, de Don Lope, obispo de Astorga (1190-1205), dirigida al abad y monjes de dicho monasterio: "Astoricensis ecclesie episcopo dilectis in Christo filiis abbati et fratribus de Carrazeto". Ambos diplomas están relacionados con la sujeción del monasterio berciano a la observancia del Císter y están recogidos en el llamado "Cartulario de Carracedo".
Carracedo durante la segunda mitad del siglo XII se había convertido en cabeza de una congregación con numerosas filiales en León, Galicia, Asturias y Zamora. Hacia 1203 esta congregación ingresará en la orden francesa del Císter a través de Citeaux, cambiando sus antiguos hábitos negros benedictinos por los blancos cistercienses, y mudando su anterior nombre de San Salvador por el de Santa María de Carracedo. De este momento se conserva abundante documentación, entre ellas varias cartas de Inocencio III fechadas en 1203. El primero de los textos copiados en el Beato de Osma es parte de un diploma bastante más amplio originalmente y que incluía la confirmación de todas las heredades del monasterio.

A partir de la presencia de estas cartas se ha supuesto por algunos autores, como Ramsay o Neuss, su confección en el cenobio de la ribera del Cúa. Sin embargo, son varios los inconvenientes serios de índole histórica que plantea esta hipótesis. El monasterio de San Salvador Carracedo, fundado por Bermudo II en torno al año 990, pronto perdió pujanza tras la muerte del rey y atravesó un periodo de casi total oscuridad hasta su refundación en 1138 por Alfonso VII y su hermana doña Sancha. De todo ello es fiel testigo el registro de documentos del Índice o Cartulario de Carracedo. Estos pormenores parecen no haber sido tenidos en cuenta por los estudiosos del códice.
La última donación conocida al monasterio es de 995, y partir de entonces son muy raras las menciones en la documentación de la época. Yepes cita algún diploma de 1030 que indicaría su pervivencia, pero todo apunta a que la vida monástica o bien había desaparecido o languidecía. En 1094 unas heredades en Corullón se deslindan con "término de Carrazedo", según un diploma de la Catedral de Astorga.
Como han puesto de manifiesto José Antonio Balboa de Paz y Manuel Carriedo Tejedo, otros documentos coetáneos mencionan simplemente la existencia aquí de una villa, sin ninguna alusión a la comunidad de monjes. Tampoco contamos con datos fiables sobre posibles o supuestos abades, no habiendo más que especulaciones al respecto.
Lo cierto es que las noticias sobre el claustro berciano se difuminan entre 1040 (fecha de la última donación conocida a favor de San Salvador), y el año 1130 (cuando se menciona el infantado de Carracedo). Entre ambas fechas una mención en 1126 nos presenta actuando en Carracedo una autoridad civil: “Petro Garcia, tenens Carrazeto”.
Sobre el diploma de 1040 tampoco hay total seguridad, pues hoy no se conserva y sólo Yepes alcanzó a glosar su contenido en el siglo XVII. Se trata de una donación por el obispo astorgano Sampiro de la villa de Sorribas en la que se cita un abad de nombre Esteban. En 1130 con motivo de la entrega por Alfonso VII a la iglesia de Santiago de la villa de Cacabelos, confirma, entre otros, la infantisa doña Sancha: “Ego infantissa domna Sancia ... confirmo et quicquid in prefata villa habeo pos partem de infantatico de Carracedo”. Esta noticia es anterior, en cualquier caso, al traslado de los monjes de Santa Marina de Valverde a San Salvador de Carracedo, al frente del abad Florencio, con el patrocinio de Alfonso VII, según sabemos por un diploma fechado el 17 de octubre de 1138.

En tales circunstancias resulta muy remota la posibilidad de que en este lugar pudiera haberse compuesto en 1086 un códice de la envergadura y la calidad del conservado hoy en Burgo de Osma.
Otra cosa son las razones por las que las mencionadas escrituras fueron incorporadas al beato oxomense. En la descripción del códice hecha en 1929 por Timoteo Rojo Orcajo  hacía ya constar que el folio 165 fue puesto como guarda del manuscrito, es decir, no pertenecía orgánicamente a ningunos de los cuadernillos.
Si cotejamos los textos de dicho folio 165r con los documentos correspondientes del "Cartulario de Carracedo" resulta evidente que estamos ante una copia incompleta hecha en fechas cercanas a 1203 y que, por tanto,  faltarían al menos o uno dos folios más. Todo apunta que el folio es cuestión fue reaprovechado como guarda, desgajándole previamente de un bifolio o un cuadernillo con más páginas.
A partir de estas premisas las posibilidades se multiplican. Puede tratarse de un simple "pergamino viejo", uno de tantos, reutilizado en alguna reencuadernación del manuscrito en Osma o en cualquier otro lugar. Pero tampoco puede descartarse totalmente la estancia en los anaqueles de la biblioteca de Carracedo a partir de mediados del siglo XII.
Podría haber sido adquirido entonces por la recién renovada abadía, o haber recalado aquí desde cualquiera de los monasterios filiales de su orden, varios de ellos con historia conocida en la segunda mitad del siglo XI. Otra posibilidad es que estuviera prestado temporalmente para la realización de una copia. De hecho, el Beato de Lorvao parece ser una copia del códice de Burgo de Osma, o bien ambos textos proceden de un mismo arquetipo. Igualmente, los dos folios sueltos de un Beato procedente de Astorga, hoy en el Archivo Histórico Provincial de León, tienen alguna relación iconográfica y codicológica con los ejemplares de Osma y Lorvao.

Cuando Ambrosio de Morales visitó la biblioteca de Carracedo en el siglo XVI advirtió que una gran parte de sus ejemplares antiguos se habían enajenado: "Libros han tenido muchos, y hanlos dado para pergamino viejo: todavía quedan estos: Sancti Paterii Opus: ex operibus D. Gregorii. Berengarius in Apocalypsim. Un santoral muy bueno, que tiene al cabo la Historia de Paulo Diácono de Mérida, y también las Obras de Valerio, que fue Abad allí en el Vierzo, poco después de la perdición de España: y en Oviedo se ha dicho ya como había allí también sus obras".
Lo que es indudable es que en la segunda mitad del siglo XIII nuestro Beato ya pertenecía al capítulo de Burgo de Osma, según consta del texto copiado a la vuelta de ese mismo folio 165. Sabemos, además, que la catedral de Osma adquirió varios códices procedentes de la abadía navarra de Santa María de Fitero.
En cualquier caso, la catedral estaría interesada en adquirir un Beato, obra de un gran prestigio dedicada expresamente por el autor a un obispo suyo, Eterio de Osma, todo ello a pesar de que para entonces la letra visigótica estaba ya totalmente en desuso. Prueba de ello es la descripción inserta en el primer folio del códice: "Explicación del Apocalipsis por varios autores. Esta exposición es de S. Beato de Liébana, abad de Liébana (Cantabria) famoso por haber combatido juntamente con Eterio, discípulo de S. Beato, obispo de Osma, los errores de Félix (obispo de Urgel fue convencido de error y murió en 818) y Elipando (arzobispo de Toledo, que murió contumaz en 808)".
Imágenes: 1. Mapa mundi [fol. 34v.-35r]; 2. Detalle del Mapa mundi con la descripción de "GALLECIA"; 3. La mujer y el dragón [fol. 117v.]; 4. Diplomas de Carracedo copiados en el folio 165r.; 5. Sala capitular de Carracedo y 6. Portada occidental de la iglesia del monasterio.

martes, 5 de octubre de 2010

Memorias del “Conventico” - El Priorato de San Salvador de Villaverde

Crónica de la Desolación

El valle de Vidriales es uno de los territorios del norte de Zamora que mayor interés despierta para el conocimiento del poblamiento medieval. A su conocido pasado romano y, muy probablemente, visigodo, hay que añadir un interesante episodio altomedieval en torno a los monasterios de Ageo y Castroferrol.
El presente artículo pretende ofrecer una aproximación un pequeño cenobio enclavado en el centro de este valle. Se trata del monasterio de San Salvador de Villaverde de Vidriales. Una fundación prácticamente olvidada hoy, pero que cuenta con una historia ciertamente azarosa y evocadora.
Su dominio patrimonial no debió sobrepasar más que ocasionalmente los contornos de este estrecho valle zamorano. Sin embargo, destacadas instituciones, como el monasterio de Sahagún, el francés de Cluny, o representantes de los más encumbrados linajes del reino, como los Pimentel, fijarán su atención sobre este pequeño centro de culto.

A diferencia de otros cenobios desaparecidos en épocas remotas, su localización no ofrece duda alguna, al haberse mantenido su actividad prácticamente hasta el siglo XX, y conservarse aún las ruinas de su pequeña iglesia, así como una parte significativa de sus dependencias.
El pago se encuentra en medio de los campos de cultivo que separan Santibáñez de Vidriales y San Pedro de la Viña, en término de este último pueblo, siendo conocido por los lugareños como “El Conventico”. El paraje describe una suave ladera hasta encontrase con el arroyo de La Almucera, principal curso fluvial colector de toda la comarca, con la Sierra de Carpurias al fondo dominando el horizonte. Se sitúa prácticamente en el centro del valle, muy próximo al antiguo campamento romano de Petavonium, en Rosinos de Vidriales. Estaría localizado, por tanto, junto a la calzada romana que unía Asturica Augusta con Bracara Augusta, una vía que durante Edad Media mantendría parte de su antigua vitalidad como eje de comunicaciones y camino de peregrinación.
No se conocen con certeza cuáles son los orígenes de este monasterio. Su primera mención procede de un diploma de los fondos del monasterio de Sahagún del año 1100. Para entonces el cenobio está ya bajo el control de Alfonso VI, pero el documento nos informa que había pertenecido con anterioridad al conde Munio Fernández, tal vez su fundador, con lo que su historia conocida se remontaría al menos a la segunda mitad del siglo XI.
La fundación debió realizarse sobre una antigua villa o explotación agraria preexistente conocida como Villa Verde. Parece claro que desde sus orígenes el sostenimiento del lugar estuvo vinculado a la explotación de esta villa, en la que existía -no sabemos si también desde un principio- un contingente de campesinos dependientes.
En el mencionado documento del año 1100, Alfonso VI relata como disfrutando de la posesión del cenobio el conde Munio Fernández, pasó a manos del rey, según la costumbre del reino dada la “soberbia” del conde, que le hizo padecer destierro. Debió tratarse, por tanto, de una confiscación muy al uso en la época, fruto de la denominada ira regia. Munio Fernández no debe confundirse con otro magnate homónimo asiduo en los diplomas leoneses de finales del siglo X, y también inmerso en rebeliones contra la monarquía, en este caso contra la persona de Vermudo II. El Munio Fernández que nos ocupa debió ser un noble de menor entidad, pues ha dejado un escaso rastro documental. Estuvo casado con Aldonza Gómez, hija del conde Gómez Díaz y Teresa Peláez, y hermana de Elvira y Mayor Gómez, a quien su lauda sepulcral llama también cometissa. De este matrimonio conocemos a una hija: Elvira Muñiz.
Posteriormente, el rey entregó el monasterio a su esposa, la reina Berta, que se ocupó de su administración. Pero fallecida la reina y enterrada en el monasterio de Sahagún, al monarca lo entregó al gran cenobio benedictino, con quien le unía una estrecha vinculación. La donación incluía también una solemne disposición sobre la obligación de los nuevos propietarios de proporcionar recursos a trece pobres para mantener perpetuamente viva la memoria de Alfonso VI y de su difunta esposa.
Fallecido el monarca, la condesa doña Aldonza, viuda del conde Munio, reclamó sus derechos sobre el pequeño monasterio a la reina doña Urraca. La reina, a instancias del obispo de León que debió actuar de mediador, reconoció que su antecesor había sido mal informado y, considerando legítimas sus pretensiones, restituyó la posesión en fecha no concretada. Poco tiempo después, en 1112, la condesa decidió entregarlo, con todos sus derechos y pertenencias, al monasterio de Cluny y a su abad Poncio. Dadas las estrechas relaciones mantenidas entre Cluny y Sahagún a finales del siglo XI y principios del siglo XII, esta donación tiene más bien la apariencia de un compromiso que satisfaría a todas las partes implicadas en el asunto.
Con el tiempo Villaverde volvió de nuevo al control efectivo del monasterio de Sahagún, aunque no se cuenta con información sobre cuándo ni cómo. Es entonces cuando el cenobio debió adquirir la condición de priorato, uno más de la larga lista de filiaciones con que contaba el cenobio de la ribera del Cea. En cualquier caso, la vinculación entre Villaverde y Cluny debió mantenerse de alguna forma, bien fuera de una manera órganica o puramente nominal, pues incluso en el siglo XVI se sigue denominado en los diplomas como San Salvador de Villaverde de Cluny.
Desde principios del siglo XV el monasterio de San Salvador de Vidriales comienza a entrar en la órbita de los Pimentel. En un principio, las relaciones se limitan a acuerdos o transacciones patrimoniales. Así por ejemplo, dos de los lugares del priorato: Sandín y Valleluengo, son objeto de un cambio entre el prior de Villaverde, fray Juan de Calzada y don Rodrigo Alfonso Pimentel, II Conde de Benavente, formalizado el 26 de marzo de 1428. A cambio el monasterio recibió una heredad de cinco yugadas en Bercianos de Vidriales, aldea de la jurisdicción de Benavente, de la cual se obtenían 35 cargas de pan.
Escalona atribuye a don Rodrigo Pimentel, conde de Benavente la entrega por Sahagún de la encomienda del priorato, justificándolo en las “turbaciones de Castilla”. Según este autor “este señor se levantó con él y sus haciendas y derechos que eran muy notables”. Isabel Beceiro supone que este Rodrigo debe corresponderse con el segundo titular del condado: Rodrigo Alfonso Pimentel, y no con el cuarto homónimo como pudiera darse a entender, pues dicha encomienda figura entre los bienes del tercer conde: Alfonso Pimentel. Los derechos del priorato incluían en este momento “el padronadgo a presentar en los beneficios de Minçereces e de Aguilar y Olmillos e de Santa Marina de Xamontes e de Santisteuan de Olmos que son en la dióçesis de Astorga e de otros beneficios e rentas eclesiásticas e siempre touo derecho de apresentar a ellos”.
Las denuncias de abusos y usurpaciones motivaron el inicio de un largo pleito a instancias del monasterio de Sahagún desencadenado a partir de 1478. Las consecuencias de este proceso dieron un rumbo totalmente nuevo al destino del pequeño priorato.
Es 1510 cuando el papa Julio II nombra prior a Juan Pimentel, que además disfrutaba de la encomienda. Su apellido delata su emparentamiento con la familia condal, al parecer sobrino del V conde. Este noble tomó posesión del pequeño priorato el 3 de mayo de 1510 a través del clérigo Gonzalo de Magaz, su representante legal.
Pocos días después, el 8 de mayo de ese mismo año, el propio Juan Pimentel, ratificaba la posesión en un acto solemne celebrado en el monasterio de Nogales. Sin embargo, el monasterio de Sahagún no se dio por vencido y siguió pleiteando ante la curia romana en defensa de sus derechos.
Pero en 1525 se produjo una inflexión decisiva, que decantó definitivamente el asunto hacia los intereses condales. En esta fecha el papa Clemente VII anexionaba el priorato de Villaverde al Hospital de la Piedad de Benavente, recientemente fundado por el V Conde, Alfonso Pimentel y su mujer Ana de Hererra y de Velasco. Según se deduce del documento pontificio el V conde consiguió de su pariente, Juan Pimentel, que hiciese renuncia de la encomienda del mismo en manos del Papa Clemente VII y este a su vez, por súplica del conde, lo mandó agregar al Hospital de la Piedad. Esta unión llevaba consigo la obligación mantener en la iglesia prioral dos monjes o presbíteros seculares para atender el culto y las misas diarias.
Las protestas de Sahagún apenas consiguieron conmover la línea marcada por Roma. Finalmente en 1544 la curia romana pronuncia sentencia en la que se condena al monasterio de Sahagún a perpetuo silencio, y se declaran válidas las anexiones. El monasterio leonés se vio obligado a abonar 60 ducados y 4 florines de oro en concepto de costas del proceso. Por su parte, el hospital pagaba cada quince años, en compensación por dicha agregación, las contribuciones correspondientes a la Santa Sede. El Libro Becerro del Hospital de la Piedad de Benavente registra en su contabilidad los asientos correspondientes a estos dispendios. En el siglo XVIII la suma global, los llamados quindenios, ascendía a 2000 reales, más 460 reales en concepto de gastos de cobranza y desplazamiento.

La trayectoria de San Salvador de Villaverde corre desde entonces paralela a la del Hospital de la Piedad. Durante los siglos siguientes el priorato siguió ampliando su patrimonio en el valle de Vidriales. En el siglo XVIII sus rentas se extendían por los lugares de Jamontes, Micereces, Valderas, Requejo de la Polvorosa, Vecilla, Mózar, Burganes, Olmillos, Navianos, Aguilar, Abraveses, Sitrama, Colinas, Granucillo, Granucillino, Cunquilla, Bercianos, Tardemázar, Santibáñez de Vidriales, Calzada, Uña y Letrillas.
Sin embargo, la vida languidecía en el pequeño centro religioso. En 1752 se mencionan los dos capellanes que ejercen sus funciones en la “Casa del Priorato”: Pedro Mateos y José Castaño. A mediados del siglo XIX Madoz indica escuetamente que en él ejercían sus funciones únicamente dos sacerdotes nombrados por el conde de Benavente. Esta actividad, casi vegetativa, se vino manteniendo hasta bien entrado el siglo XX.
Los dos religiosos residían aquí con el único compromiso de atender sus obligaciones de culto, fundamentalmente misas, según una tradición secular reglamentada por los Condes de Benavente. Además oficiaban otros servicios religiosos requeridos ocasionalmente por los lugareños. La actividad debió extinguirse definitivamente cuando el Hospital de la Piedad de Benavente pasó a ser Asilo de Ancianos, si bien la fundación que administra sus bienes sigue conservando los derechos de propiedad de la finca en la que encuentra el priorato.
Imágenes: 1. Vista de la casa prioral con un sarcófago roto en primer plano; 2. Capilla; 3. Fachada principal de la casa prioral; 4. Patio y dependencias auxiliares; 5. Interior de la capilla y 6. Vista de San Pedro de la Viña.