domingo, 15 de marzo de 2020

El sello medieval del Concejo de Benavente - La impronta de una leyenda

Sello de cera del Concejo de Benavente (anverso) - Copia en resina
Alfonso X el Sabio, en el Título XX, Ley I, de la Tercera Partida, bajo el epígrafe "De los sellos y de los selladores de la cancillería", dice a propósito del sello: "Sello es señal que el Rey o otro ome qualquier manda fazer en metal o en piedra para firmar sus cartas con él, e fue fallado antiguamente porque fuesse puesto en la carta como testigo de las cosas que son escritas en ella".

Según la definición de Ángel Riesco Terrero, se denomina sello pendiente al "sello colgado, unido al documento mediante cinta, cordón, tira de cuero, torzal de hilos [...], en uno o varios colores, sujeto a la plica o doblez inferior del mismo”. Su finalidad prioritaria era validativa, es decir, daba veracidad al contenido y a las firmas presentes en el documento. El sello, del latín "sigillum" es, en realidad, la impronta obtenida sobre un soporte por la presión de una matriz. La matriz es el instrumento que se utiliza para sellar, mientras que la impronta, resultado de la operación de sellar, es la huella dejada por la matriz sobre un soporte maleable, principalmente el plomo y la cera. A este respecto, contamos con la matriz del sello concejil de Cuéllar (Segovia), hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Es la única de este tipo que, además de sus dos tablas, aún mantiene su tórculo o prensa original, lo que convierte a este conjunto en un referente de primer orden.

Se dedica este estudio a describir y glosar los pormenores del sello medieval del Concejo de Benavente, una auténtica joya sigilográfica en cera no suficientemente conocida y valorada hasta ahora. El ejemplar más significativo se custodia en el Archivo Diocesano de Astorga, donde permaneció prácticamente ignoto hasta los años 90 del pasado siglo. Estamos ante una pieza de una inusual riqueza iconográfica, con una meritoria ejecución técnica y con una meticulosidad en los detalles de sus figuras no vista en otros sellos municipales coetáneos. Igualmente, sus dos leyendas o inscripciones se apartan de las composiciones al uso en este tipo de soportes, para ofrecer un doble relato: por un lado, una particular visión del significado de la ciudad en el contexto del reino y, por otro, una alabanza al nombre de la villa y a su emplazamiento privilegiado.

La función de los sellos concejiles en la Edad Media

Durante la Edad Media la función primordial de los sellos concejiles era la de autentificar los documentos y los negocios jurídicos contenidos en él. En las villas de realengo tenían una doble garantía: la del concejo y la del rey, lo cual les convertía en “sellos públicos”, dada la autoridad que se les presuponía. Los particulares ruegan habitualmente al concejo, o a sus jueces, su aposición a negocios privados para los que buscan el refrendo de la institución concejil. Como hemos visto, en las Partidas de Alfonso X se habla de "firmar" las cartas, esto es, de "afirmar", de dar fuerza a los actos jurídicos.

Sin embargo, los sellos concejiles tenían otra función no menos importante en el imaginario medieval, como es la de proporcionar renombre y prestigio a una población. Junto con la seña, pendón o estandarte, su posesión y exhibición pública permitía singularizar a la villa para ser reconocida y diferenciada del resto. De esta forma, las principales ciudades llevaban a su sello sus elementos más representativos, los atributos de sus preciadas glorias, de los símbolos que hablaban de su lustre y de un pasado más o menos legendario. Si los sellos reales hispanos alcanzaron en el siglo XIII cierto esplendor en sus aspectos técnicos y artísticos, los concejos no fueron a la zaga, con ejemplares que revelan una notable destreza artística, y con motivos de una gran variedad que incluían vistas de ciudades, monumentos, objetos, figuras humanas, instituciones, etc. Muchos de los escudos de ciudades que hoy conocemos tienen sus antecedentes en alguna de las figuras de estas improntas.

La facultad para crear y usar el sello concejil era siempre consecuencia de una concesión regia, y ello aparece reflejado en los fueros y en los privilegios. Así, en 1266 Alfonso X otorgaba este derecho a la villa de Murcia: "Otrossí, les damos seello de dos tablas, et tenemos por bien que las tengan dos omnes bonos quales escogiere el conceio con consentimiento de aquel que estudiere y por nos, et que tenga el uno la una tabla et el otro la otra".

Esta precaución de las dos "tablas" venía a dificultar la utilización fraudulenta de los emblemas de la villa, pues sólo con la comparecencia de los dos "hombres buenos" se podía disponer de las dos partes de la matriz y, por tanto, del sello completo. Cuando se trataba de un ejemplar de una sola impronta, era costumbre guardarlo en un cofre o arca con varias llaves, bajo la custodia de al menos dos personas. De este mismo asunto ya se ocupó el Rey Sabio en el Título XX, Ley II, de la Tercera Partida:

"Canciller o notario, después que hubieren recibido los sellos de manos de rey deben mirar a quienes los dan que sellen las cartas; y esos son llamados selladores; y en las ciudades y en las villas, débelos poner el rey. Y decimos que deben ser hombres buenos y leales y de buena vida y sin mala codicia; y los de la cancillería del rey deben ser tantos cuantos entendiere el rey que serán menester para guardar las cartas que vayan derechas y sin yerro; y los de las ciudades y de las villas deben ser dos hombres buenos y leales en cada lugar, que aumenten el provecho de su tierra y sean sin bandería, y que tenga el uno, una tabla y el otro, la otra, porque más lealmente sellen las cartas y más sin engaño".

No todos los diplomas que pasaban por las plumas de los notarios y escribanos concejiles contaban con este distintivo. Solamente aquellas cartas más solemnes que emanaban directamente de la institución concejil gozaban de este añadido, o bien cuando era solicitado expresamente por una institución o un particular, previo pago de la correspondiente tasa. En el fuero de Soria hay varios epígrafes dedicados a esta cuestión. Los dos “hombres buenos” encargados de la custodia del sello cobraban cada año nueve maravedís por su labor, debiendo poner por su cuenta la cera y la cuerda para los diplomas propios de la villa, pero para las demás solicitudes se establecían unas tarifas: donaciones o ventas; un maravedí; testimonios de maestro en arte o ciencia: 18 dineros, etc.

En estos casos, la aposición del sello es indicada en alguna de las diligencias validatorias del final de texto, como una expresión significativa del poder municipal. El sello de cera se colgaba de la plica por medio de tiras de pergamino, correillas de cuero, trencillas de seda y lino, o cordones de cáñamo. A pesar de que el pergamino es un soporte escritorio bastante resistente, muchos de estos sellos se acabaron separando de su vínculo, dando lugar a la pérdida de unas improntas por naturaleza frágiles.

El sello del Concejo de Benavente: las improntas

Contamos en la actualidad con dos muestras de lo que fue el sello medieval de cera del Concejo de Benavente. Una se encuentra en el Archivo Histórico Nacional, en la Sección Sigilografía, y la otra en el Archivo Diocesano de Astorga.

El ejemplar madrileño es, en realidad, un fragmento pequeño y muy deteriorado, procedente del fondo documental del monasterio de Santa María de Nogales. En 1918 era incluido por Juan Menéndez Pidal con el número 257 de su Catálogo y descrito como: "Pequeño fragmento de un sello en cera, que debió de ser de gran módulo y de una sola impronta, pendiente por trencilla de lino de color avellanado, en copia, sin fecha, de un privilegio concedido en la era de 1296 años por el rey don Alfonso el Sabio, y por el cual liberta de merino a los moradores de Valdería y de Alixa. (Nogales, 10, R.). Un gran castillo debió de ocupar el campo del sello. En el fragmento que se conserva, vese la puerta central flanqueada por dos torres. En el vano de la puerta aparece una figurita".

Bastantes años más tarde, en 1974, Araceli Guglieri Navarro volvió a catalogarlo, esta vez con el número 258, y lo consideró como un sello de doble impronta. No obstante, no menciona ningún detalle sobre el reverso: "Fragmento pequeño de un sello de cera oscura. Parece que debió ser de gran módulo y de doble impronta circular. Un gran castillo debió ocupar el campo del sello. En el fragmento que se conserva se ve la puerta central flanqueada por dos torres. En el vano de la puerta aparece una figurita. Pende por trencilla de lino de color avellano, de una copia, sin fecha, dada por el Concejo de Benavente, de un privilegio del rey Alfonso X, por el que liberta de merino a los moradores de Valdería y de Alixa, y de todo subsidio de rey, martes diez e dos días andados del mes de marzo, en era de mille e doscientos e noventa e seis annos (A. 1258). Mº de Santa María de Nogales (Palencia) (sic)".

El documento en cuestión fue editado en el año 2001 por Gregoria Cavero Domínguez en la "Colección documental del monasterio de San Esteban de Nogales". Su signatura es AHN, Clero, carp. 949, doc. 13. Es un pergamino con signos de deterioro de 302 x 447 mm., más 38 mm. de plica. Según la editora, el sello del Concejo de Benavente está "desgastado e incompleto", y se encuentra en la Sección de Sigilografía 45/6, para su conservación. En su texto, en la “corroboratio”, hay una diligencia validatoria que anuncia a la aposición del sello:

"Et nos el conçeio de Benauente, visto el previlegio del Rey sobredicho e a Rogo de don Fernán Pérez Ponz, mandemos a Gonçalvo Miguéliz, público notario del rey en nuestra villa, que feziese ende al traslado, e nos por mayor fermedumvre mandemoslo seellar de nuestro siello colgado. Et yo Gongalvo Miguéliz notario público ya dicho a rrogo de don Fernán Pérez Ponz e por mandado del conceio de Benavente e por que vi el previlegio sobredicho fiz scrivir este traslado e fiz hy mío nomvre e mío signo (signo)".

La segunda impronta conservada procede, muy probablemente, de la misma matriz. Se encuentra actualmente en el Archivo Diocesano de Astorga. En este caso, estamos ante un notable ejemplar, con una conservación bastante satisfactoria en lo relativo a su tamaño original y representaciones iconográficas, pero con algunas pérdidas que afectan a partes de su leyenda en el anverso y el reverso. Se trata de un sello concejil circular de gran módulo (86 mm.) y doble impronta, confeccionado en cera prensada de color ocre oscuro.

No ha habido, hasta ahora, muchas aportaciones sobre el origen de este ejemplar astorgano. Parece ser que fue localizado e identificado por Augusto Quintana Prieto, canónigo archivero de la catedral. Es una pieza descabalada, guardada en una vitrina, y que hace años pude examinar personalmente gracias a la amabilidad del archivero José Manuel Sutil Pérez. Su presencia en Astorga hay que relacionarla con los pocos pergaminos medievales que conserva el archivo, pues el grueso de ellos desapareció en un incendio durante la Guerra de la Independencia. En concreto, debe pertenecer al fondo de la llamada Cámara Episcopal, en donde se conservan otros pergaminos con sellos pendientes, o con fragmentos de ellos.

La existencia de nuestro sello fue comunicada por don Augusto al sacerdote benaventano Vidal Aguado Seisdedos, quien realizó algunos dibujos y fotografías. En el año 1993 Aguado Sesidedos publicó un breve estudio sobre el sello, acompañado de dibujos del anverso y del reverso. Más tarde, en 1996, publicó en la obra "Privilegios reales de la villa de Benavente" las primeras fotografías tomadas directamente del original. Por estas mismas fechas, se elaboraron varias copias en resina, a tamaño real, a instancias de la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Nacional; copias que se incorporaron a la colección de réplicas plásticas de sellos originales procedentes de diversos archivos. Su signatura es: AHN. Sigilografía, Imp. 2992. En 1998, el mismo Vidal Aguado redactó una ficha para el catálogo de la exposición "Más Vale Volando", con fotografías de la copia en resina y una propuesta de lectura de la leyenda del anverso y el reverso. Por último, con ocasión de las celebraciones del VIII Centenario de las Cortes de Benavente de 1202, la copia en resina volvió a exhibirse en dos exposiciones: “Dinero y moneda en un Concejo medieval” y “Regnum: Corona y Cortes en Benavente”. Las fichas catalográficas y los comentarios corrieron a cargo de su comisario: Eduardo Fuentes Ganzo.

En el Archivo Diocesano de Astorga se conservan en la actualidad dos documentos con grandes probabilidades de haber albergado el sello del Concejo de Benavente. Ambos pertenecen a la mencionada sección de la Cámara Episcopal, tienen la misma fecha y están relacionados entre sí. Tienen que ver con los hombres de behetría de Valcabado, vasallos del obispo de Astorga. Su texto fue editado por Gregoria Cavero Domínguez, César Álvarez Álvarez y José Antonio Martín Fuertes.

El primero es un pergamino de 380 x 380 mm., tiene plica de 65 mm, pero ha perdido completamente sus vínculos y sellos. El segundo es más grande, mide 500 x 500 mm. y, según sus editores, sobre la plica de 60 mm. conserva "la cuerda de la que pendería el sello, que se ha perdido, tal vez el del Concejo de Benavente, al que se hace referencia documental, o el del prelado asturicense". Efectivamente, en ambos documentos, fechados a 9 de febrero de 1279 en Valcabado, se inserta una diligencia muy similar del concejo benaventano:

"Et outrosy rogueymos al conceyo de Benauente que mandasse seellar este ynstrumento de sou siello, et nos el conceyo de Benauente, a ruego de don Melendo, obispo de Astorga e del conceyo de Valcauado tanbién de los que se dizen de la bienfeytría commo de los sos solariegos del obispo, feziemos seellar este ystrumento de nuestro siello pendiente en testimonio de verdat".

La cronología

Como señala Faustino Menéndez Pidal, los concejos españoles empezaron a dotarse de símbolos distintivos propios a finales del siglo XII y principios del siglo XIII, coincidiendo con el auge y expansión de la heráldica como sistema de comunicación visual. Los primeros ejemplares conocidos remiten a la época de Alfonso VII (1126-1157), gran impulsor de la heráldica en su reino. La impronta más antigua que se conserva de este rey es de 1146, en un privilegio de la catedral de Segovia. En Benavente, es a partir de la repoblación por Fernando II cuando podemos empezar rastrear las prácticas de los notarios y escribanos del concejo en ciertos diplomas coetáneos.

El primer documento original emanado del concejo benaventano que conservamos corresponde a la venta de la villa de Escorriel en el año 1187. Se custodia en el fondo de Osuna del Archivo de la Nobleza de Toledo. Los “alcaldes et totum concilium Beneventi, pedites et milites” venden la villa a Pedro de la Fuente y Raimundo del Poy, con el “consejo y la autoridad” de Fernando II. En él no hay referencias al uso de un sello, pero sí hay un "signum" con el que los alcaldes y los miembros del concejo dan su conformidad al acto jurídico: "Nos alcaldes et totum concilium Beneuenti hoc scriptum propris manibus roboramus et signum fieri iussimus". El pergamino fue escriturado por el notario Nunus, que aparece en otros diplomas como notario del concejo. El "signum" es una simple cruz inscrita en una orla polilobulada y con diversos adornos con motivos vegetales.

Respecto a la cronología de nuestro sello de cera, es habitual situarla genéricamente en el siglo XIII, pero es posible hacer algunas precisiones de interés. Parece ser que existió una versión anterior del sello, tal vez de carácter monofacial, en la que el motivo iconográfico principal era un león, signo inequívoco de la adscripción territorial de la villa al reino leonés. El asunto es relativamente frecuente. En los sellos de doble impronta era habitual el representar en el reverso el tipo heráldico propio del reino (castillo o león).

El león rampante aparece en los sellos de León, Alba de Tormes, Granadilla, Cáceres, Mérida, Badajoz, etc. El de Avilés subrayaba su raigambre leonesa al representar "en medio dél fegura de navío, e sobrel navío fegura de una cabeça de léon". Seis cabezas de León aparecen en el sello concejil de Salamanca, cuya huella encontramos en diplomas de la segunda mitad del siglo XIII, pero cuya fijación debió producirse durante el reinado de Alfonso IX. En uno de los acuerdos de la Hermandad creada en 1282 por los obispos, prelados, caballeros y concejos de León y Galicia, se habla de la confección de un sello propio con este mismo motivo es una de sus tablas: "E para guardar e cunplir todos los fechos desta hermandat fiçiemos un seyelo de dos tablas que son de tal señal: en la una tabla una figura de león e en la otra una figura de Santiago en su cauallo e una espada en la mano derecha e en la mano ezquierda vna senna e una cruz encima e por las sennales ueneras e las letras del seyello dicen asi: seyelo de la hermandat de los regnos de León e de Galicia, para seelar las cartas que ouieremos mester para fecho desta hermandat".

De este primer sello conocido de Benavente no se conservan restos materiales, pero hay alguna alusión a él en los documentos del Tumbo del monasterio de Carracedo. En una carta de venta de unas viñas en Cacabelos, en 1253, se menciona, por primera vez el sello concejil: "E porque estas cartas sean más firmes, rogamos a lo concielo, e a los alcaldes de Benavente que ponan in illa sou seelo pendente". Sabemos, a través de un interesante estudio de José Antonio Balboa de Paz, que ese sello efectivamente existió en el monasterio berciano, y que el autor del Tumbo incluyó la siguiente anotación: "tiénelo y obstenta un león".

En el caso de los ejemplares que han llegado a nuestros días, tanto el diploma de Nogales como los dos documentos mencionados de Astorga apuntan a un uso habitual durante el reinado de Alfonso X (1252-1284). La concesión del uso del sello al Concejo debió producirse a través de un privilegio real, que debe situarse próximo en el tiempo a otras concesiones de este mismo monarca custodiadas en el Archivo Municipal. Para el ejemplar conservado en el Archivo Diocesano de Astorga contamos una fecha concreta: el año 1279, mientras que el ejemplar del Archivo Histórico Nacional corresponde a un documento sin datación. En base a su contenido y a los personajes citados en el mismo debe ser próximo al año 1271, es decir ligeramente anterior.

La figura del notario público del Concejo de Benavente: Gonzalo Miguélez, también debe ser tenida en cuenta como referente cronológico. A él están unidas las dos improntas que conocemos y, muy probablemente, durante el desempeño de su labor se acometió la confección de la matriz. Hacia 1253 encontramos sus primeras apariciones en los diplomas, siempre dando fe pública a diversos actos jurídicos. Suele firmar como notario, notario público, notario público del concejo o notario del rey en la villa. Utiliza en sus escritos un "signum" muy característico. En 1265 un diploma del monasterio de Nogales nos informa de que se encontraba en la "hoste de Granada", por lo que dejó a Juan Martínez como "teniente" de su oficio. En 1281 escritura una carta para el monasterio de Moreruela, donde se alude, de nuevo, al sello concejil: "Et nos el conçeyo de Benavente sobredicho a rogo de frey Martino abbat e de Martin Gonçalvez sobredichos selemos estas cartas de nuestro seelo pendiente". Su última comparecencia la situamos hacia 1283 y corresponde a un documento de la Catedral de León.

En 1285 el Concejo de Benavente daba traslado a un privilegio de Sancho IV para el monasterio de Santo Domingo: "Et de la carta sobredicha [...] pediron a nos que le diésemos ende el trasllado seellado con nostro sielo colgado, et nos feziémoslo escrevir et diémosgelo seellado con nuestro siello". Según Raquel del Carmen Fernández Ruiz, el pergamino mantiene en la plica restos de un vínculo: una cinta de seda de color ocre de la que, por un sólo orificio, pendería un sello de cera no conservado.

Durante el siglo XIV encontramos aún menciones al uso del sello. En el Archivo Municipal de León hay un ejemplar del acta de la Hermandad de 1313, hecha por los concejos de León, Zamora, Astorga, Benavente y Mansilla con los infantes don Juan y don Felipe, y con don Pedro Ponz y don Juan Núñez, para la defensa de sus fueros, privilegios y libertades. Según Ricardo Chao Prieto, el cuaderno incluye una gran variedad sellos, por desgracia en mal estado de conservación. En la “corroboratio” del texto se alude a ellos: “E otrosy, nos los procuradores sobredichos posiemos en el nuestros seellos, los que los trayemos, de cera colgados, e los que los non trayemos posiemos en él nuestros nombres con nuestras manos. E por mayor firmedunbre rogamos a Vivián Páez, notario público del rey en Benaviente, que pusiese en el su signo”.

En una carta del Concejo de Benavente fechada en 1333 relativa a los moradores y "herederos" de Sitrama de Tera reconocemos la última alusión al sello que hemos podido documentar:

"E por que esto sea firme e non venga en dubda mandemos desto fazer dos cartas en un tenor, la una que tengamos nos el dicho conçejo, e la otra que tengan los del dicho llugar de Sietrama, e mandamos las seellen con nuestro seello de çera colgado. E por mayor firmedumbre rrogamos a Garçía Yuánez, escusador por Fernand Pérez repostero de la cámara de nuestro sennor el rrey e su notario público en Benauente, que les mandase así escreuir e los signase de so signo".

Este diploma se encuentra en el Archivo Municipal de Benavente. Es un pergamino de letra gótica de 234 x 284 mm. Tiene plica con varios orificios y una larga cinta que recuerda a la "trencilla de lino de color avellanado" descrita por Juan Menéndez Pidal para el ejemplar del Archivo Histórico Nacional. No podemos asegurar que procediera de la misma impronta, pues es bastante más tardío y era relativamente frecuente la renovación o el rediseño de los moldes a lo largo del tiempo.

A partir de la segunda mitad del siglo XIV el uso de los sellos de cera municipales entra en una fase de clara decadencia. En Benavente, este declive se debió ver acentuado con la caída de la villa bajo la órbita señorial. La pérdida de la condición realenga supuso una merma evidente de la autonomía del concejo y de su capacidad legal de actuación en todos los ámbitos. En 1374, dentro de un contexto general de expansión y fortalecimiento de los grandes linajes castellanos, Benavente fue entregada, a título de ducado, por Enrique II, a su hijo natural, don Fadrique. Este personaje usó su propio sello, del que se conserva una impronta en el Archivo Histórico Nacional. Pende de un documento de 1379 del monasterio de Nogales. Es un fragmento de cera roja, sobre masa de cera blanca, de 60 mm. de diámetro. En el centro hay un león rampante dentro de un círculo. Bordeando este círculo y hay una orla de doce lóbulos en los cuales alternan castillos y leones. La leyenda bordea el sello entre dos gráfilas: + SEELLO : DE : DON : FA[DR]IQUE : DUQUE : DE : BENAVENTE.

El anverso

El anverso responde al modelo de sello "monumental", es decir, aquellos que como figuras presentan un monumento característico o una vista de una población. Los asuntos más frecuentes eran los castillos, las murallas y los puentes. Es patente el interés de los concejos por mostrar con orgullo sus grandes obras de infraestructura, en la mayoría de los casos costeadas y sostenidas con sus propias arcas. A esta tipología debemos asignar también el sello de cera del Concejo de Zamora, donde se presenta una vista desde San Frontis, con dos grandes puentes sobre el Duero, las murallas, puertas, iglesias y palacios. Tanto en su apariencia, como en su tamaño (90 mm.) y cronología (año 1273), las similitudes son muy significativas.

En Benavente se da cabida a uno de sus elementos más emblemáticos, luego traspasado a su blasón heráldico: un puente de perfil alomado de cinco ojos, sobre ondas. Debe entenderse, en todo caso, como una estampa convencional y estereotipada del viaducto levantado sobre un brazo del Órbigo, a los pies de la villa y junto a la llamada Puerta de la Puente. Aparece documentado, al menos, desde el año 1215. Su construcción o reforma debe enmarcarse, por tanto, en la repoblación de la villa por Fernando II y Alfonso IX.

Sobre el puente, una representación simbólica de la villa, con sus muros, tejados, torres, campanarios y algún árbol, en alusión a sus huertos y jardines; todo ello bajo una composición estrictamente simétrica. El conjunto del caserío que se apiña dentro de la cerca se nos hace visible, sobre todo, por medio de sus tejados, en principio a dos aguas. El diseño recuerda a las vistas de ciudades representadas en las miniaturas de las "Cantigas" de Alfonso X el Sabio. En ellas aparecen frecuentemente palomas y otros pájaros posados sobre los árboles o sobre los tejados, como vemos también en nuestro sello.

La muralla se levanta sobre sillares perfectamente escuadrados. Tiene almenas rematadas con merlones, en punta de lanza, y ostenta cuatro torres de dos alturas, dos flanqueando la puerta y otra dos en los laterales. En el interior, otras dos torres más altas representar las iglesias y sus campanarios. Sus ventanales son góticos y en la culminación de sus tejados se aprecian cruces. Tanto los muros como el puente exhiben saeteras, vanos trifoliados y aliviaderos ojivales

Diversos personajes, uno sobre cabalgadura, cruzan de derecha a izquierda el puente y se dirigen hacia la puerta principal, ascendiendo por una pendiente. Varias de estas personas portan bastones, zurrones y hatillos con objetos, y están acompañadas de animales. Algunos de ellos son bestias de carga, pero otros por su tamaño deben ser perros, tal vez en alusión a la condición de pastores de sus amos o a la actividad de la caza.

En el siglo XIII los caminos por lo que se podían rodar carros debían serían escasos, así que el tráfico de mercancías se hacía a lomo de acémilas. Los fueros diferenciaban entre las "bestias de siella" y "bestias de albarda". La alabarda era el aparejo esencial de las bestias de carga. Su forma era alta y larga, provista de ataharre. Un caballo, mulo o burro, con su alabarda, parece ascender por la pendiente en la parte izquierda del puente, seguido de un arriero sujetando el correaje.

Bajo el arco de entrada, una figura especialmente destacada recibe a toda esta concurrencia. Es un hombre a pie, provisto de una vara, que guarda las puertas de las murallas de la población. Este personaje ha sido identificado con el portero o el recaudador del portazgo. De hecho, el puente de piedra de Benavente fue conocido en algún momento como “puente del portazgo”. Figuras similares encontramos en el sello plúmbeo de Alfonso X, a la puerta de su castillo, o en los ejemplares de León y Tafalla. Puede tratarse simplemente de representar al portero desempeñando sus funciones, pero también podría ser el propio rey, pues se aprecia ropa talar y una especie de corona sobre su cabeza. En una de las monedas acuñadas por Fernando II, posiblemente en Salamanca, se identifica un puente con una corona sobre el mismo. En ambos casos se trataría de una alusión simbólica de la pertenencia al realengo, y de la protección de la monarquía sobre la villa.

La leyenda del anverso se desarrolla entre gráfilas cordonadas. La inscripción, en letras capitales, está incompleta y ha dado lugar a diferentes interpretaciones. El texto conservado en el anverso es el siguiente:

(...)ET : VILLA : BONIS : CVCTIS : REGNV : (...) NIS

La restitución y traducción propuesta en su día por Vidal Aguado Seisdedos fue:

REGNV (M : BO-) NIS : (MVLTIS : EMIN-) ET : VILLA : BONIS : CVNCTIS:
(El reino destaca por muchos bienes; la villa por todos los bienes)

La lectura de Aguado Seisdedos plantea algunos problemas. En primer lugar, está el de la misma orientación del sello. En prácticamente todos los sellos concejiles y reales la inscripción parte de una cruz, roseta, estrella o símbolo diferenciador que se sitúa en la parte superior. A partir de aquí, como en las monedas, debe leerse en el sentido de las agujas del reloj. En nuestro caso, la mencionada cruz debía estar en una de las partes perdidas, justamente en donde se desgajó de la tira o cuerda que unía el sello por su parte superior al pergamino. Según las fotografías del propio Aguado, la primera palabra legible no sería “REGNV”, sino “(...)ET”. La leyenda está en latín y todas sus palabras están separas por una interpunción. Por regla general, la orla no suele contar con suficiente espacio para desarrollar la leyenda y obliga a incluir una o varias palabras de forma abreviada.

Sea como fuere, la leyenda del anverso pudiera hacer alusión a que de todas las partes o términos del reino se llevan bienes hacia la villa. Por ello, las figuras del sello nos presentan una ciudad próspera, con un grupo de viandantes, con animales y cabalgaduras, que acuden a la puerta de su muralla a llevar sus productos y mercancías: “bonis cunctis”.

Hay que recordar que Benavente contaba en aquella época con su mercado semanal y con su feria anual. El mercado era el lugar donde se intercambiaban los productos del alfoz y del centro urbano. Desempeñaba un papel esencial en la economía de la ciudad. Fernando II ya había concedido algunas exenciones para los habitantes del alfoz que acudían a la villa con sus productos. Estas cuestiones debieron estar reguladas en el primitivo fuero, pero en carta de 1181 el rey prescribía: "Por lo demás, todo el que habitare en Benavente, en estos términos y alfoces, no dé portazgo de cosa alguna suya que llevare consigo, ni pague terrazgo de caza alguna que consigo conduzca".

Fue Alfonso X quien en 1254 concedió al Concejo el derecho de hacer feria una vez al año en la villa, tres semanas después de la Pascua de Resurrección durante quince días. En el privilegio añadía: "et mando que todos aquellos que hy venir quisieren que vengan, salvos e seguros por todo mío regno e por todo mío sennorío con todas sus cosas". No solo se recibía a los campesinos de los alrededores y a los mercaderes de las aglomeraciones vecinas, sino que llegaban a las puertas de las murallas caravanas, convoyes de acémilas o mercaderes solitarios venidos de lejos, incluso de Al-Ándalus. Esa es la imagen que se nos quiere transmitir con el grupo de caminantes, acémilas y cabalgaduras llegando “salvos y seguros” a las puertas de la ciudad, y bien aprovisionados de todo tipo de mercadurías. A mediados del siglo XIII, Benavente era ya una importante encrucijada del noroeste de la Península, donde morían o nacían los caminos de Galicia, Asturias, el valle del Duero y Extremadura.

El reverso

Las figuras del reverso se acomodan más al tipo de sello denominado "parlante". Se trata de composiciones sigilares que incluyen alguna figura o pieza, cuya denominación alude y designa al titular que representan, o al nombre mismo de la ciudad. Revelan una preocupación por buscar una explicación a los nombres, cosas o construcciones que formaban parte de su vida cotidiana. Permiten así interpretar gráficamente el contenido, a veces con una imaginación e ingenuidad conmovedoras. En nuestro sello se presenta a cuatro ángeles trompeteros, dispuestos en aspa y soplando sobre un núcleo central formado por tres discos concéntricos. Son ángeles alados, tienen los carrillos hinchados, el cabello erizado y se asientan sobre nubes.

Respecto a la leyenda, el texto conservado en el reverso es el siguiente:

(...)T : TRAD : VENT (...) DANT : SIC : BENAVENT(...) (A...)

La restitución y traducción propuesta en su día por Vidal Aguado Seisdedos fue:

VENTI : (FECVN-) DANT : SIC : BENAVENT-(I : VILL-) A : (REFER-) TIRA (TUR)
(Los vientos fecundan y así la villa está rebosante).

Eduardo Fuentes Ganzo ofreció la siguiente variación en el catálogo “Dinero y moneda en un concejo medieval”:

SIG(ILVUM) : BENAVENT(VM : VILL)A T: TRA : VENTI : (FECVN) DANT :
(Sello de la villa de Benavente, fecundada por los cuatro vientos)

De nuevo, en la lectura de Aguado Seisdedos encontramos una dificultad con el punto de partida para la correcta interpretación de la inscripción. Según sabemos por la matriz del sello de Cuéllar, y por otras, las dos tablas se unían por vástagos encajados en las orejas perforadas, garantizando así que las dos caras del sello resultante quedaran correctamente orientadas. En este caso, la lógica invita a situar los cuatro ángeles en aspa, con su cabeza y cabellos en su posición natural, colocados verticalmente. De esta manera, la primera palabra sería ilegible y acabaría con la letra "T". En la propuesta de lectura de Eduardo Fuentes Ganzo el principal inconveniente viene dado por la palabra “SIGILVM”, que parece inviable, pues en esa parte de leyenda leemos claramente “SIC”. En todo caso, no deja de ser llamativo que no encontremos en el anverso o el reverso las palabras “sigillum” o “concilii” claramente destacadas. En este aspecto, las dos leyendas se apartan de la práctica habitual en los municipios del área de Castilla y León.

Tanto en el mundo clásico como en la cultura cristiana existió una diferenciación entre los vientos favorables y desfavorables. Los vientos podían ser benefactores o destructores. Desde antiguo se consideró que los vientos eran variados y, a veces, mixtos en sus efectos. Tuvieron diferentes denominaciones, pero todos ellos se agrupaban en cuatro principales, distribuidos según los cuatro puntos cardinales. La mitología griega identificó al viento con el dios Eolo y sus subordinados. En el cristianismo se hace de los vientos unos mensajeros divinos, con lo cual se les asocia habitualmente con los ángeles.

En varios textos bíblicos la misión de estos ángeles, provistos de tubas, odres o trompetas, es la de contener o frenar los vientos, según recoge la visión apocalíptica de Juan: "Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar ni sobre ningún árbol" (Apocalipsis, 7, 1-3). Estos cuatro ángeles trompeteros evocan también el texto de Mateo: "Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro" (Mateo, 24,31).

Subyace en toda está simbología una concepción antigua del espacio: el cosmos se sostiene sobre cuatro ángeles que tienen como principal misión regular los cuatro vientos para evitar catástrofes, o bien para provocarlas. Representaciones de estas visiones las encontramos en las miniaturas de los Beatos. En el Beato de Gerona reconocemos a los cuatro ángeles con trompetas frenando los vientos en los cuatro ángulos del folio 135r. A la misma tipología responde el ángel de la tercera trompeta del Beato de Tábara en su folio 98v., pero ilustrando un pasaje distinto del Apocalipsis: la tercera trompeta. En las copias del siglo XII de estos manuscritos, como en el Beato de Manchester, se sigue manteniendo esta iconografía. Pero los cuatro vientos actuando sobre la villa pueden tener también una segunda lectura como representaciones metafóricas diversas, como pueden ser el número naturalezas, el de pueblas, distritos o comarcas que lo conforman, linajes, alcaldes, el de unidades de que se compusiera la hueste, etc.

Parece claro que los asuntos iconográficos del reverso y su leyenda deben interpretarse como una alegoría del nombre de la ciudad, y una referencia a su emplazamiento privilegiado. Los concejos medievales adoptaron en sus sellos y emblemas alguno de estos motivos "parlantes": La villa de Estella exhibía una gran estrella; Olite ilustraba su nombre con un olivo con sus hojas y aceitunas; Cifuentes, con su multitud de fuentes (centum fontes); Medina de Pomar, con un magnífico manzano o pomar cuajado de fruta; Teruel, con un toro pasante; Carrión de los Condes, con un carro o carreta sin yunta; Escalona, con una gran escala o escalera de mano, etc. No siempre estas identificaciones tenían una rigurosa justificación histórica o etimológica, pero acabaron por imponerse y volvemos a encontrarlas en las figuras de la heráldica municipal.

Sabemos por la documentación de la cancillería de Fernando II que en los últimos meses del año 1168 se produjo la mutación oficial de la denominación del antiguo castro de "Malgrad" por el nuevo "Benaventum". Sin duda, el nombre de "Malgrad" tenía para todos unas connotaciones negativas, poco acordes con un nuevo concejo que pretendía atraer pobladores. A esta iniciativa no debió ser ajeno el propio rey leonés, que también fomentó la repoblación, el cambio de denominación y, en su caso, el traslado de emplazamiento de otras villas. Fue el caso de Tuy, que sufrió un traslado de sus habitantes y recibió durante algún tiempo el nombre de "Bonanventurum". Otros reyes posteriores intentaron fomentar el dinamismo de las nuevas villas con topónimos eufónicos, agradables al oído y siempre con trasuntos positivos. En Asturias, la antigua Maliayo tomo el nombre de Villaviciosa, en alusión a una villa próspera y abundante en sus recursos. A la vista de lo transmitido en las figuras de nuestro sello, debemos traducir el "Benaventum" de los diplomas de los siglos XII y XIII por "buenos vientos".

Se considera el viento como un símbolo de la mutabilidad y la versatilidad. En este sentido, es un poder temible, incontrolable y ciego. Pero el viento puede ser también equiparado a soplo o hálito, en cuyo caso adquiere valores de energía creadora y consciente. Esa es, desde luego, la interpretación que hacían los benaventanos de mediados del siglo XIII, y así quisieron perpetuarlo en la memoria colectiva, a través de la alegoría de los cuatro ángeles que siembran o distribuyen los vientos favorables sobre la villa.

BIBLIOGRAFÍA

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"Signum" de los alcaldes y el concejo de Benavente en un documento del año 1187 (Archivo de la Nobleza de Toledo)
"Signum" del notario Gonzalo Miguélez en un documento del año 1278 (Archivo del monasterio de Santa Clara de Benavente)
Sello de cera del Concejo de Benavente (reverso) - Copia en resina
El Sello de Benavente, según Vidal Aguado Seisdedos - Anverso
El Sello de Benavente, según Vidal Aguado Seisdedos - Reverso
Fotografía del fragmento del sello existente en el Archivo Histórico Nacional en el Catálogo de Juan Menéndez Pidal (1921)
Pergamino del Archivo Histórico Nacional con el fragmento del sello del Concejo. Catálogo "Corona y Cortes en Benavente"
Sello del Concejo de Benavente. Fotografía de Vidal Aguado Seisdedos (anverso)

Sello del Concejo de Benavente. Fotografía de Vidal Aguado Seisdedos (Reverso)
Los cuatro ángeles sobre sobre los cuatro ángulos de la Tierra. Beato de Manchester (Siglo XII)
Acuerdo del año 1333 del Concejo de Benavente sobre los herederos de Sitrama de Tera. Se aprecia la cinta trenzada de la que pendería el sello de cera del Concejo. (Archivo Municipal de Benavente)
Sello de cera del Concejo de Zamora. Año 1273. (Archivo de la Catedral de Zamora). Catálogo "Alfonso IX y su época".
Matriz del sello concejil de Cuéllar (Segovia), con su prensa o tórculo y sus dos tablas. Siglo XIII. (Museo Arqueológico Nacional). Catálogo "Fueros y cartas pueblas de Castilla y León"
Alfonso X entrega un privilegio, doblado y con su sello pendiente. Miniatura de las Cantigas de Santa María

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