martes, 2 de noviembre de 2010

Castroferrol - Un enclave monástico altomedieval en el valle del Tera

Chronica Minora

El objeto de este artículo es ofrecer algo de luz sobre uno de los cenobios más antiguos y a la vez más desconocidos -debido a su efímera trayectoria- que surgió en el norte zamorano en el período altomedieval. Aunque su existencia es reconocida por la mayoría de los autores que se han ocupado de una forma u otra del estudio del monacato leonés, las contradicciones y malentendidos han sido evidentes a la hora de establecer su localización y fijar su cronología. La causa fundamental de la confusión existente hay que buscarla en las deficiencias inherentes a la documentación fragmentaria que conservamos de la catedral de Astorga, única fuente que aporta información de primera mano sobre este monasterio.
Plano de Colinas de Trasmonte
Yepes es el primer autor que se ocupa del tema, como ocurre con buena parte de los monasterios de la región. A la hora de establecer la nómina de fundaciones del antiguo reino leonés menciona un monasterio de Castro Ferronio, en la ribera del Tera, bajo la advocación de San Salvador. No aporta cronología ni ubicación concreta; simplemente sentencia que "era convento de monjes y monjas", esto es un monasterio de los denominados dúplices.
Flórez, en su célebre tomo XVI de la España Sagrada, nos transmite el nombre de una abadesa Benedicta en este lugar en 1006. Su testimonio goza del beneficio de haber manejado las documentación medieval asturicense antes de su desaparición. Para el erudito agustino se trataría de una comunidad solamente de monjas.
Tendremos que esperar a la prolífica obra de Augusto Quintana Prieto para obtener datos más concretos. Este autor menciona tanto el enclave de Castroferrol como el cenobio en varios de sus trabajos, pero fue en una entrada del Diccionario de Historia Eclesiástica de España donde trazó una escueta semblanza de un monasterio de San Miguel en Villaferrueña, que como se verá más adelante se puede identificar con nuestro cenobio, aunque con un emplazamiento erróneo:

“Villaferrueña, San Miguel (Zamora, diócesis de Astorga) Prebenedictino. La primera noticia conocida se remonta al año 1006, en que recibe una donación de bienes. De ella se desprende que era un monasterio dúplice. En el año 1015, su propietaria, María Chalíndez, que lo tenía por donación de Bermudo II, lo dio a la diócesis de Astorga y a su obispo Jimeno (992-1028), siendo esta la última noticia que de él se tiene. Hoy es parroquia secular”.

Sin embargo, leyendo con atención los diplomas conservados se concluye con claridad meridiana que tal enclave no pudo estar en ningún caso en Villaferrueña. Las primeras referencias se remontan a mediados del siglo X y no hacen alusión a monasterio alguno. Así en 962 Rauper y su mujer, Mansuara, donan a Nuño Sarracíniz y a su mujer, Gudigeva, una viña en la villa de Kastro Ferronnio, junto al río Almucera, que habían comprado a un tal Donelo, dando sus términos. La mención del Almucera descarta inmediatamente la opción de Villaferrueña, dado que, como es sabido, esta población se encuentra junto al Eria. Al año siguiente, 963, consta una donación a la catedral de Astorga efectuada por Adrico y su mujer, Faquilo, en unión de sus hijos de toda su heredad en Castroferrol, con cuantas pertenencias la correspondían, como también de sus muebles, de toda la mitad durante la vida de los donantes y después de su fallecimiento enteramente.
En 1006 Oma Iuve, su hijo Veila y la esposa de éste, Gontrode, donan a la abadesa y al monasterio de Castroferronnio, que sitúan junto al río Tera, todas sus propiedades y enseres: "... in cuius honore dedicata est ecclesia et continentium fratrum vel sororum iugum et ibidem domina Bendicta abbatissa portentibus monasterium qui est fundatum sub urbis Astorica, locum predictum et nominatum vocantem que dicitur nominibus Castroferronio, iuxta aquis currente vel flumine Teira.
 Iglesia parroquial de Colinas de Trasmonte [Foto Luis Peral]
Más explícito resulta un diploma de 1015 en el que María y sus hijos, Galindo y Juan Ciprianiz, hacen donación del lugar de San Miguel Arcángel de Castroferrol, a los que morasen allí, monjes y monjas, bajo sujeción del obispo de Astorga. En este caso la villa tiene por referencias espaciales los ríos Tera y Almucera: "... in ipso loco reconditae sunt, bocabulum villa quod dicent Castroferronio, discurrente ribulo Teira et de alia parte Almuçara"
Tomando como base estos condicionamientos geográficos, la clave para situar adecuadamente este monasterio nos la ofrece el diccionario de Madoz, que recoge dentro del término de Colinas de Trasmonte dos despoblados: Pobladura de Trasmonte y Castroferrol. En la actualidad, en la memoria colectiva de los vecinos de Colinas se ha perdido tal topónimo, aunque si se existe en cambio un vago recuerdo sobre la existencia de un monasterio antiguo.
En el mismo diccionario de Madoz se menciona otro despoblado bajo el nombre de San Miguel de Castro Ferrol en el pueblo inmediato de Quiruelas de Vidriales, deduciéndose que se trata del mismo emplazamiento, tal vez compartido por ambas poblaciones.
Localizado definitivamente nuestro monasterio en las inmediaciones de Colinas de Trasmonte, junto a los ríos Almucera y Tera, solamente queda dotarle de una emplazamiento más exacto. Dos posibles alternativas parecen ofrecerse en base a distintos indicios. Por una parte hay que mencionar un yacimiento arqueológico conocido como San Miguel en término del actual municipio de Quiruelas de Vidriales, con una atribución cultural correspondiente al Calcólitico y de época moderna, recogido por Larrén Izquierdo en la relación de yacimientos de este sector del valle del Tera.
El viejo Molino
La otra opción, mucho mejor documentada arqueológicamente, es el pago conocido como San Juan-El Valle en Colinas de Trasmonte. Se trata de un asentamiento romano/medieval situado al oeste del pueblo, sobre un pequeño altozano que da paso a las terrazas sobre el río Tera. No es propiamente un castro, pero en las inmediaciones existen varios cerros que bien pudieran asumir esa denominación.
Según el testimonio de varios vecinos, recogido por los arqueólogos, el lugar era conocido por la tradición oral como convento de San Juan, tal vez en referencia a la iglesia parroquial (San Juan Bautista) o a alguna posesión de la orden hospitalaria. La extensión del regadío a sus inmediaciones dio paso a una intervención arqueológica en el año 1993 que puso de manifiesto dos momentos ocupacionales. Uno de época romana bajoimperial datado a finales del siglo IV y el siglo V, y superpuesto a él otro de época medieval que "pudiera estar relacionado con un tipo de edificación religiosa, quizás monasterio o convento", correspondiente en cualquier caso a momentos plenomedievales, entre los siglos XI y XIII, según los hallazgos cerámicos. A unos 200 m. al sureste del área de excavación, se encontraron anteriormente dos tumbas romanas construidas con tegulae, dato que parece extender considerablemente el área de ocupación.
La superposición de iglesias o monasterios altomedievales sobre asentamientos anteriores de época romana bajoimperial, principalmente villae, es un aspecto bien conocido en la historiografía. Ejemplos bien cercanos los tenemos en Camarzana, El Piélago (Cimanes de la Vega), Villaquejida y tal vez en Abraveses de Tera (Virgen de la Encina) y Los Villares (Villanueva de Azoaque).
Sea como fuere, la denominación de este enclave como Castroferrol, pone en relación este lugar con un grupo de asentamientos bien conocidos: los castros, piezas fundamentales de la ordenación y jerarquización del poblamiento en los siglos X, XI y principios del siglo XII. En muchos casos se trata de sedes de demarcaciones territoriales, donde tenentes, merinos y sayones ejercían su jurisdicción como funcionarios regios. Como ha podido demostrar la arqueología, en buena parte de los casos, se trata de asentamientos altomedievales superpuestos a estructuras castreñas de épocas anteriores, incluso prehistóricas. Situados sobre cerros, y la mayor parte de ellos fortificados, eran también centros militares, que cumplían una función de defensa del territorio circundante, en cuyo espacio existían varias aldeas.
Iglesia parroquial de Colinas de Trasmonte [Foto Luis Peral]
Dentro del territorio de lo que más tarde será el alfoz del concejo benaventano, existieron varios núcleos de población que merecieron la denominación de castros. En primer lugar se debe citar, por su destacado protagonismo posterior, al propio Malgrad-Benavente, mencionado desde 1115 como Castro quod dicitur Malgrado. Además son identificables otros castra citados de forma intermitente en las fuentes de la época: Camarzana de Tera, Castrogonzalo, Castropepe, Mózar, Socastro, Ventosa, y nuestro Castroferrol. Como se ve, en general, se trata de lugares relativamente próximos entre sí, por tanto su posible área de influencia no sería muy extensa.
A partir de esta realidad inicial, surgió aquí un monasterio cuya historia se remonta al menos a la época de Bermudo II (985-999). Estratégicamente situado en los accesos al valle de Vidriales en su conjunción con el valle del Tera, debió aprovechar los flujos de comunicación de la antigua vía romana que unía Asturica Augusta con Bracara Augusta a través de Petavonium, uniéndose precisamente en las inmediaciones con la Vía de Sanabria, un camino natural que remonta el curso del río Tera poniendo en contacto los valles zamoranos con el sureste de Galicia, a través de los puertos de Padornelo y La Canda.
Su evolución resulta muy confusa al contar, como hemos visto, con una documentación extraordinariamente fragmentada y no del todo fiable en la transcripción.
Parece ser que la villa de Castroferrol, donde se asentaba el monasterio de San Miguel, había sido anteriormente propiedad de un tal Hamedo. En un momento determinado Bermudo II tomó o confiscó a Galindo Enneguez la villa de Congosto en el Bierzo. Su hija María pidió al rey alguna compensación por lo que consideraba una injusticia, obteniendo a cambio esta villa de Hamedo en Castroferrol. Más tarde, en 1015, María y sus hijos Galindo y Juan Cipriániz hicieron donación de esta villa, tal vez en agradecimiento, con todas su propiedades a los que allí morasen, hermanos y hermanas, bajo la obediencia del obispo de Astorga.
Bermudo II - Tumbo A de la Catedral de Santiago

La dotación es bastante sustanciosa y detallada, incluyendo objetos litúrgicos, vestimentas sagradas, libros, y bienes muebles e inmuebles, así como propiedades de la familia en Vidayanes y Araduey. La magnitud de la donación, acompañada de una extensa y solemne redacción documental, hace pensar en una fundación, o más bien de una refundación a partir de un centro anterior, tal vez el de San Salvador de Castroferrol del documento de 1006 donde se menciona a una abadesa Bendicta o Benedicta.
El cambio de advocación no es un hecho inusual en el monacato leonés, teniendo en cuenta además las múltiples vicisitudes por las que solían pasar este tipo de instituciones. Debe tenerse en cuenta, además, que con frecuencia los monasterios contaban con más de una de estas advocaciones, y dentro de ellas unas aparecen como principales y otras como secundarias. En el caso de Castroferrol, San Miguel aparece junto a Santa María en el diploma de 1015, denominación idéntica por otra parte al próximo monasterio de Camarzana de Tera.
Nos encontramos, pues, ante uno más de los numerosos cenobios que surgieron en el norte de Zamora en el período altomedieval. Su escaso rastro documental no permite establecer más conjeturas sobre su evolución posterior. Al igual que ocurriera con otras fundaciones mucho más consolidadas como Santa Marta de Tera, San Pedro de Zamudia, San Miguel de Camarzana o San Adrián del Valle, este monasterio de San Miguel de Castroferrol también acabó incorporándose a los bienes de la mitra astorgana, hecho que debió precipitar su extinción como institución monacal.
Castroferrol, como núcleo de población, vuelve a citarse en alguna ocasión. Hacia 1060 este lugar es mencionado como una de las villas y heredades que cayeron en manos de Diego Muñoz en la división de heredades de Osorio Fernández y doña Visclavara. En 1129 Castro Ferronnio es uno de los hitos del coto monástico de Santa Marta de Tera, confirmados por Alfonso VII, según fue fijado por su bisabuelo Fernando I. En 1170 Fernando II volvería a revalidar tales límites a través de un privilegio de confirmación.

5 comentarios:

Agenda Benavente dijo...

Buenas tardes, procedo de Colinas de Trasmonte y he de comentar que en una ocasión un conocido de mi famila al excavar en los inicios de la construcción de la casa donde supuestamente no se había construido antes aparecieron trozos de teja de los cuales recogí y alguno de ellos tenia aun marcados los dedos al fabricarlos a mano. Lo llevé al colegio de Colinas en el que estudiaba pero dudo que aún lo conserven.

Rafael González Rodríguez dijo...

Gracias por visitar mi Blog y leer mis artículos.
La presencia de marcas digitales, huellas de perros o gatos en ladrillos y tejas es relativamente habitual. No me especifica si se trataba de teguale, es decir de tejas romananas (de gran tamaño, forma plana y con el borde rematado en ángulo recto). Tampoco me indica en qué parte de la localidad aparecieron, pero en cualquier caso es un dato interesante.
Un saludo.

Agenda Benavente dijo...

Aparecieron a las afueras del pueblo en dirección a Quiruelas de Vidriales. Saludos y felicidades por su blog

Ramiro dijo...

¿Por qué Castroferrol o Castroferronio entre el Tera y el Almucera y no entre el Tera y el Castrón? Un río o arroyo Castrón cuya etimología bien pudiera ser un Castrum Ferronium, de cuya evolución surge el actual Castrón(> castroerronium>castroerron> castrorron>castrón?).Un Castrón tan vinculado a los ferrones de Litos y las Ferreras...Sería una hipótesis a estudiar.

Rafael González Rodríguez dijo...

En los documentos medievales se menciona claramente el río Almucera, así como la proximidad al Tera. Muchas gracias por visitar mi Blog.