martes, 21 de febrero de 2012

"In finibus Gallecie" - Suevos y visigodos en el norte de Zamora

Chronica Minora

El norte zamorano no se encuentra entre las regiones peninsulares con una relevante y contrastada presencia germánica. No obstante, tanto las fuentes escritas como determinados testimonios arqueológicos y artísticos permiten conocer, a grandes rasgos, la trayectoria seguida por nuestro territorio bajo el domino de los dos principales pueblos germánicos asentados en él tras su entrada en la Península a partir del año 409: suevos y visigodos.
El establecimiento del pueblo suevo en el noroeste peninsular tuvo lugar como consecuencia de un pacto de federación suscrito entre los primeros pueblos invasores -vándalos, suevos y alanos- y el poder imperial romano. De esta forma, en 411 suevos y vándalos asdingos se repartieron por sorteo, según los testimonios de Idacio y Orosio, la Gallaecia. Este territorio debe identificarse con la provincia romana bajoimperial surgida tras la reorganización administrativa de Diocleciano, y por tanto incluiría, además de Galicia, Asturias, Cantabria, el norte de Portugal hasta el Duero y un sector no depreciable de la Meseta del Duero. Todavía en varios documentos de Sahagún de los siglos X y XI se dice del río Cea que se encuentra in finibus Gallaeciae.. El asentamiento de los vándalos en la Península resultó a la postre efímero pues, tras diversos avatares, en 429 pasaron al norte de África para crear su propio estado.

Capitel del Sacrificio de Isaac. Iglesia de San Pedro de la Nave [Foto Rafael González]
Así pues, el dominio suevo correspondió sobre una gran parte del territorio zamorano, circunstancia que por sí sola explicaría la casi total ausencia de testimonios visigodos en la provincia hasta el siglo VII. Los restos artísticos y arqueológicos pertenecientes a la cultura visigoda serían posteriores a la desaparición del reino suevo como entidad política y la incorporación de su ámbito geográfico a la monarquía goda. Quedan, sin embargo, aún múltiples interrogantes sobre el posible principal testimonio del pasado visigodo de la provincia: la iglesia de San Pedro de la Nave. A pesar de que en un principio Gómez Moreno consideró el templo como visigodo, fechándolo a finales del siglo VII, en la actualidad las opiniones están divididas, no faltando autorizadas interpretaciones que sitúan su construcción en momentos posteriores. También en el siglo VII se vienen fechando las cruces de oro y demás objetos litúrgicos integrantes del tesorillo hallado en 1921 en Villafáfila, hoy en el Museo Provincial de Zamora.
No conocemos, en cambio, el papel que pudieron jugar en estos momentos iniciales de la ocupación germánica los campamentos romanos mencionados en la Notitia Dignitatum, en particular las tropas limitanei asentadas en Paetonio (Rosinos de Vidriales). Barbero y Vigil sostuvieron, en una interpretación que hizo fortuna, la existencia de un limes o frontera fortificada formada por diversos campamentos en la Submeseta Norte, desde Galicia a Vasconia, entre ellos el de Petavonium, cuyo objetivo principal sería el control de astures, cántabros y vascones, pueblos indígenas nunca plenamente romanizados que retomarían su tradicional espíritu belicoso aprovechando el resquebrajamiento de poder imperial entre finales del siglo IV y principios del siglo V. Sin embargo, en la actualidad esta teoría no goza de demasiados adeptos, prefiriéndose relacionar la presencia de estas unidades militares con las explotaciones mineras del noroeste de la Península, la defensa y control de las principales vías de comunicación, y posteriormente, tras los acontecimientos de comienzos del siglo V, con las migraciones de los pueblos germánicos que dieron origen a la formación del Reino Suevo.
En general las fuentes coetáneas son obstinadamente parcas en noticias y en no pocas ocasiones confusas y contradictorias. Desconocemos casi por completo aspectos esenciales como las características del asentamiento suevo, su peso cuantitativo y cualitativo en el contexto de la población hispanorromana y, lo más importante para la cuestión que nos ocupa, los posibles cambios experimentados en las estructuras del poblamiento tardorromano. En cualquier caso, el mencionado reparto de territorios entre los diferentes pueblos invasores no haría otra cosa que poner de manifiesto el vacío de poder político y militar existente en buena parte del noroeste peninsular. Pablo de la Cruz Díaz Martínez sostiene, apoyándose en la Crónica de Idacio y en la constatación arqueológica a partir de ejemplos del Conventus Bracarense como Fiäes, Faria, Sanfins, Lanhoso y otros, que buena parte de los castros siguieron ocupados en este momento, incluso con una renovación apreciable de su actividad. Estos castella serían entidades de población fortificadas de carácter menor -en comparación con las civitates- que perviven desde época prerromana o se reutilizan ante el clima de inestabilidad reinante. En un expresivo pasaje de la Crónica de Idacio se alude a los castela tutioria que debieron desempeñar un papel relevante en la resistencia presentada por los habitantes de la Gallaecia a la dominación sueva, y más tarde en los enfrentamientos entre suevos y visigodos.
Iglesia de San Pedro de la Nave [Foto Rafael González]
A falta de nuevos datos que pueda proporcionar la arqueología para nuestro territorio podríamos aventurar la correspondencia de algunos de estos castra o castela con enclaves de los que tenemos información a través de fuentes como el Parroquial Suevo, el registro de las cecas visigodas y determinados restos constructivos y arqueológicos hallados en el entorno de estos lugares.
El Parrochiale Suevum o Divisio Theodomiri es un interesante documento que nos informa sobre el estado de la organización eclesiástica de Gallaecia a finales del siglo VI. Se trata de una lista detallada de las diócesis del reino suevo, dependientes de la sede metropolitana de Braga, y a las que el rey Teodomiro (559-569) asigna sus parroquias correspondientes. No obstante, las transmisión documental del texto también nos presenta esta división como atribuida a una reunión de obispos celebrada en Lugo en 569, por lo que también es frecuente referirse a esta fuente como Concilio de Lugo. A la luz de los datos que arroja sobre el mapa de las trece diócesis del reino suevo, se puede fijar su composición entre 572 y 589, o más probablemente entre 572 y 582. Por tanto, en su actual redacción sería posterior al reinado de Teodomiro, fallecido en el 569, y se adentraría en la época del rey Mirón (570-583).
Normalmente se admite que el contenido del Parroquial fue parcialmente interpolado, muy probablemente a lo largo de los siglos XI y XII con motivo de las disputas surgidas entre varias diócesis gallegas y portuguesas. Una de las alteraciones más evidentes es el pasaje en el que se intenta equiparar a Lugo con Braga, en cuanto a su condición de sede metropolitana, cuando en realidad se trataba de una única metrópoli: Braga, con dos centros administrativos: Braga y Lugo. Sin embargo, Demetrio Mansilla Reoyo, autor del más reciente y completo estudio sobre este documento, considera que su contenido "responde perfectamente y en sustancia a los hechos históricos y geográficos de la época sueva". Buena prueba de ello es la identificación de varios topónimos con cecas suevas y visigodas. Sea como fuere, las posibles interpolaciones no afectarían al contenido sustancial del documento.
Con toda probabilidad esta administración eclesiástica fue establecida sobre realidades sociológicas preexistentes. Por ello se mantienen topónimos de raigambre prerromana: Senabria, Bergido, Senimure, y un buen número de parroquias deben ser entendidos como gentilicios, y de hecho varios de estos grupos indígenas pueden ser identificados sin dificultad en las fuentes romanas altoimperiales. La presencia de estas unidades administrativas con el nombre de un grupo gentilicio apunta a la permanencia de determinados aspectos de las estructuras indígenas en los años más avanzados de la tardorromanidad. A diferencia de los límites diocesanos de época plenomedieval, mucho más precisos y basados, en general, en accidentes geográficos reconocibles, la Divisio Theodomiri fija las circunscripciones sobre las parroquias, que a su vez serían centros de irradiación evangélica hacia las poblaciones limítrofes. El texto recoge un total de trece sedes dependientes de la metrópoli de Braga. Dos de ellas, Orense y Astorga, incluyen parroquias que afectan de una forma u otra al territorio del norte zamorano.
Retrato del rey Sisebuto
Dentro de la sede orensana se mencionan dos parroquias que se suelen relacionar con poblaciones sanabresas: Senabria y Calapacios majores. La identificación de Senabria con Sanabria no parece ofrecer dificultades, otra cosa es determinar si nos encontramos ante el nombre genérico de un territorio o ante un núcleo concreto de población. Como ya apuntó Gómez Moreno, el privilegiado emplazamiento del actual Puebla de Sanabria, en la confluencia de los ríos Tera y Castro, parece inmejorable para una ocupación antigua, aunque por el momento sin el adecuado contraste arqueológico.
El estudio que Metcalf hace de las monedas del reino suevo incluye un tridente de oro con la inscripción SENAPRIA. Bajo el reinado de Suintila (621-631) se vuelve a acuñar numerario bajo la leyenda Senabria. Esta coincidencia entre circunscripción eclesiástica y cecas parece indicar que nos encontramos ante un centro de poder, cuyos orígenes y límites geográficos en esta época se nos escapan por completo, pero que debe relacionarse sin lugar a dudas con la urbs Senabrie, el territorio Senabrie, o el territorio Senabriense, citados en el siglo X en los primeros documentos del monasterio de San Martín de Castañeda. Su persistencia en el tiempo resulta difícilmente explicable sin admitir el mantenimiento de algún contingente de población en la región sanabresa tras la invasión musulmana, más aun si tenemos en cuenta que el lugar pasó absolutamente desapercibido para las crónicas altomedievales.
En cuanto a Calapacios majores, ha sido identificado con Calabor por la mayoría de los autores. Pertenece al género de topónimos del Parroquial asociados habitualmente con grupos gentilicios. Fue también, al igual que Senabria, sede de una ceca visigoda bajo los nombres CALAPA y CALAPACIA, si bien este caso con una mayor proyección temporal. Los reyes emisores de numerario son Recaredo (586-601), Sisebuto (612-621), Suintila (621-631) y Chindasvinto (642-649). La relevancia de este lugar debe ponerse en relación con su condición de punto estratégico para el control de una ruta de comunicación natural que unía la región sanabresa con los territorios de Bragança y Tras-Os-Montes, también sede, no lo olvidemos, de una parroquia sueva y de una ceca visigoda. Una parte sustancial de esta ruta viene definida por el río Sabor, cuya denominación se ha relacionado con la provinciam Sabariam y el pueblo de los Sappos mencionados en la crónica de Juan de Biclaro. La primera cita documental de Calabor correspondiente a la época medieval es, sin embargo, ya bastante tardía, fechándose en 1145, pero de la lectura del diploma se desprende la persistencia de su posición como hito importante en esta vía de comunicación. Esparza Arroyo cataloga un castro en su término situado a 3 Km de la localidad actual, rodeado con una muralla de grandes lajas de pizarra y una puerta de acceso al recinto, aunque sin ningún tipo de resto material que pueda ofrecer indicios sobre su secuencia ocupacional.
Retratos de los reyes Chindasvinto, Recesvinto y Égica - Códice Albeldense [Biblioteca del Escorial]
Respecto a la sede astorgana la única parroquia que se ha relacionado con nuestra zona es la de Ventosa, si bien su identificación fehaciente ofrece serias dudas. Ventosa, siguiendo los ejemplos anteriores, presenta también una doble condición de parroquia sueva y ceca visigoda, esta vez bajo el reinado de Suintila (621-631). La crónica de Sampiro hace mención a la campaña de 867 en la que Alfonso III sojuzgó Ventosa juntamente con Astorga. A la hora de establecer su localización unos autores han señalado Castro de Ventosa en las proximidades de Villafranca del Bierzo, lugar bien conocido en la documentación del monasterio de Carracedo, heredero a su vez del Bergidum prerromano y el Bergidum Flavium en la llanura berciana, y otros al pago homónimo situado actualmente en término municipal de Benavente. Sin poder contar con argumentos resolutivos en favor de una u otra postura es preciso señalar a continuación que Bergido también aparece en la Divisio como parroquia correspondiente a Astorga, lo cual podría parecer una duplicidad innecesaria. Por otra parte, tanto en Benavente como en la sede astorgana existe una larga tradición que sitúa curiosamente a Ventosa como límite entre las diócesis de Astorga y Oviedo, apoyándose precisamente en este documento.
La existencia de un castrum o recinto fortificado de origen antiguo en la confluencia de los ríos Esla y Órbigo bajo el topónimo Ventosa -sino es que no se trata del actual asentamiento de Benavente- se deduce de un diploma de 1122 en el que doña Sol Pérez, viuda de Anaya Menéndez, entrega al monasterio de Santa Marta de Tera, una heredad en el territorio de Riua de Estula, junto al río Órbigo, debajo del castillo o ciudad Ventosa. Al margen de la problemática identificación que hace el autor del extracto del Tumbo Negro de la catedral de Astorga de los términos castillo y ciudad, de confirmarse este emplazamiento como un centro administrativo suevo-visigodo, cobrarían especial relevancia y significado diversos hallazgos arqueológicos localizados en las inmediaciones: Cerámicas tardorromanas de Villanueva de Azoague y Arcos de la Polvorosa con indicios de cristianización. Un pequeño fragmento de pizarra visigótica con inscripción hallado en término de Benavente, en el entorno del pago de Las Dibujas, lugar que proporciona material cerámico acaso medieval y tegulae probablemente de época tardorromana. Un fragmento de columna y "una piedra arenisca con una inscripción abreviada en letra visigótica", en palabras de Virgilio Sevillano, en El Priorato, precisamente en un importante nudo comunicaciones desde época romana, conocido durante la Edad Media como el Puente de Deustambem. Por último un molde de cruces en forma de tau, también de cronología visigoda, en el castro próximo de La Corona en Manganeses de la Polvorosa.

Moneda acuñada por Suintila (621-631) - Ceca Ventosa [Real Academia de la Historia]
El análisis y valoración de este conjunto de datos, y en concreto la correspondencia demostrada de las parroquias suevas con las cecas visigodas, nos sugiere una modificación en las sedes de los centros de poder altoimperiales de nuestra región durante los siglos V y VI, y la asimilación por parte del reino visigodo del sistema administrativo establecido por la monarquía sueva, articulado de una forma descentralizada sobre la base de una gran variedad de centros de poder diseminados por todo el territorio de la antigua provincia Gallaecia. Este proceso de larga duración, y de pormenores no bien conocidos aún en el estado actual de la investigación, sería una consecuencia lógica de la falta de vitalidad o decadencia manifestada por los centros político-administrativos bajoimperiales (Brigecio, Petavonium, mansios de los itinerios, etc.), la creciente ruralización del territorio y la reactivación del fenómeno castreño ante el clima de inseguridad reinante. Sobre estos enclaves, varios de ellos asentamientos en altura sobre cerros (Senabria, ¿Calabor?, Ventosa, Camarzana, etc.) se establecerá la primera organización territorial altomedieval, también sobre la base centros de morfología castreña. Así pues, estos cambios trascendentales en la organización territorial del norte zamorano deben situarse con anterioridad a la invasión musulmana. El ejemplo más significativo parece ser el de Sanabria, cuyas primeras menciones en el Tumbo de San Martín de Castañeda como sede de un territorio político-administrativo con entidad propia, sugieren cuando menos una continuidad desde la época sueva que implicaría el mantenimiento ininterrumpido de contingentes significativos de población.

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