martes, 26 de enero de 2010

Ab urbe condita - Una breve historia de Benavente

Chronica Minora

Los valles de los ríos Esla, Órbigo y Tera fueron, desde los tiempos más remotos, objeto de un poblamiento intenso y continuado, lo que se tradujo en el desarrollo de una gran diversidad de asentamientos. Son muy numerosos los yacimientos arqueológicos identificados en la comarca de los Valles de Benavente, con culturas que cubren un amplio arco cronológico: el Paleolítico, la Edad de los Metales, la época romana, la Edad Media, etc. Todo ello pone de manifiesto las favorables condiciones naturales de este territorio desde la Antigüedad para el desarrollo de las actividades agrarias, y el papel fundamental de los ríos como ejes del desarrollo económico y las comunicaciones.

Vista del Castillo desde la Ría de Don Felipe
Las campañas de excavación arqueológica emprendidas en Benavente durante los años ochenta del pasado siglo evidenciaron la existencia en la parte alta de la ciudad de una ocupación defensiva correspondiente a la I Edad del Hierro. El yacimiento, situado en los denominados Cuestos de la Estación, se localizaba al oeste del casco urbano, delimitado por las calles La Sinoga, Mirador de la Sinoga y los Cuestos de la Estación. A estos trabajos hay que añadir otras intervenciones arqueológicas posteriores, efectuadas como consecuencia de las obras de consolidación de los Cuestos y la construcción de un aparcamiento subterráneo en la zona de la Mota Vieja. Estos últimos sondeos permitieron constatar una mayor extensión del asentamiento original, con lo que este primer poblado fortificado adquiriría unas dimensiones ya considerables.
No será hasta la plena Edad Media cuando volvamos a documentar un asentamiento de cierta entidad. Los primeros testimonios escritos se remontan a la segunda década del siglo XII, en torno al año 1115. En ellos la población recibe el nombre de «Malgrad», y es identificada indistintamente como villa, castro y fortaleza, lo que nos está hablando de un enclave militar con funciones jerarquizadoras del territorio. En este contexto nuestra villa se verá involucrada en el proceso de repoblación y organización de territorios emprendido por los monarcas leoneses a lo largo y ancho del reino.

Fachada sur de Santa María del Azogue
La repoblación de “Malgrad” fue realizada por el rey leonés Fernando II, probablemente en el año 1164. En esta fecha se debió conceder un primer fuero del que se conocen sólo algunos detalles. Sin embargo, en 1167 el mismo monarca realizó una segunda puebla con una renovación del contenido del fuero. Esta segunda redacción, conocida popularmente como Carta Puebla, es la principal joya del Archivo Municipal. En este ordenamiento Fernando II confía las labores de organización y reparto de las heredades a un grupo selecto de 21 pobladores. Los máximos responsables de la empresa serán el conde de Urgel y el noble Fernando Rodríguez. Cualquier persona que viniera a vivir a la villa y construyera en ella una casa adquiría la condición de vecino y tenía, por tanto, derecho a participar en el reparto de tierras y heredades. Además, la vecindad significaba la exención del pago de diversos impuestos y el disfrute de otros privilegios.
A raíz de la intervención real, la antigua Malgrad pasó a tomar el nombre definitivo de Benavente (muy probablemente en alusión a los buenos vientos). Conoció a partir de entonces un período de gran expansión que le llevó a alcanzar notoriedad en el contexto político del reino. En 1181 celebró aquí Fernando II un importante concilium, que fue seguido por la convocatoria de cortes por Alfonso IX en 1202 y 1228. En 1230 se consuma en Benavente la unidad definitiva de los reinos de León y Castilla, a través del acuerdo establecido entre Fernando III y sus hermanas Sancha y Dulce.
Durante los siglos XII y XIII se levanta un primer castillo, se amplia el casco urbano, se rodea de una muralla y se edifican la mayoría de las parroquias e iglesias (entre ellas las románicas de San Juan del Mercado y Santa María del Azogue). En el siglo XIII varios monarcas castellanos, como Alfonso X y Sancho IV, contribuyeron al desarrollo de la villa a través de la concesión de privilegios y mercedes de diverso tipo. Alfonso X otorgó en 1254 una feria franca de 15 días en torno a las fiestas de Pascua de Resurrección, mientras que Sancho IV promovió en 1285 una nueva puebla a través de una carta con diversas franquicias.

Vista de la Plaza del Grano
En el siglo XIV, como ocurre con la gran mayoría de las poblaciones leonesas de su entorno, Benavente atravesó un período de crisis manifestada en una merma importante de su vecindario y su actividad económica. La necesidad de remediar estos y otros males impulsó al monarca Enrique II a la concesión de un privilegio en 1370 por el que eximía a la villa del pago de tributos durante diez años.
Muy poco después, Benavente perdía temporalmente su condición de villa de realengo. En 1374, dentro de un contexto general de expansión y fortalecimiento de determinados linajes nobiliarios, Benavente fue entregada, a título de ducado, por Enrique II a su hijo natural don Fadrique, fruto de sus relaciones con Beatriz Ponce de León y Aragón-Xérica. Durante este convulso período la villa tuvo que sufrir, en 1387, un cerco que duró dos meses por parte de tropas mixtas angloportuguesas, encabezadas por el duque de Lancaster. Los atacantes no consiguieron su objetivo de conquistar la ciudad, pero dejaron atrás un paisaje de ruina y desolación.
Tras la caída en desgracia y muerte en prisión de don Fadrique, en 1394, el título del ducado de Benavente revertió a la corona, pero el proceso de señorialización era ya imparable. En 1398 el rey Enrique III concedió la villa como cabeza de un extenso señorío a don Juan Alfonso Pimentel, noble de origen portugués afincado en Castilla. Se crea así un condado asociado a uno de los linajes más poderosos del reino que habría de mantenerse hasta bien avanzado el siglo XIX.
Los siglos XV y XVI son la época de mayor esplendor del condado de Benavente. La colaboración y el apoyo constante prestado por los condes a los reyes es recompensando con todo tipo de mercedes y derechos que aumentan sus posesiones. Fruto de todo ello es el mecenazgo y patrocinio ejercidos por los Pimentel sobre la villa. Se funda el Hospital de la Piedad para el socorro de pobres y peregrinos, se levanta una nueva fortaleza-palacio, alabada reiteradamente por viajeros y cronistas, y se establece un patronato sobre el monasterio de San Francisco, sede del panteón familiar.
Monumento a Fray Toribio de Motolinía
En relación con la obra de evangelización en el territorio americano debe destacarse la figura de Fray Toribio de Paredes o de Benavente, monje franciscano que dedicó buena parte de su vida al conocimiento de la cultura y las tradiciones de la población indígena. Su vida se caracterizó por una gran sencillez, tanto interior como exterior. El término «motolinía» con el que también se le conocía, es un vocablo indígena alusivo a la pobreza en su forma de vestir. Fray Toribio de Motolinía dejó escritos diversos tratados de carácter histórico y etnográfico, en los que defendió a los indios del mal trato que con frecuencia recibían de los colonizadores. Entre 1530 y 1531 participó en la fundación de la ciudad de Puebla de Zaragoza, también conocida como Puebla de los Angeles (México).
Durante el siglo XVII el panorama social y económico de la villa parece que se resintió en algunos aspectos. Desde el punto de vista demográfico se aprecia una caída prolongada del contingente de vecinos. Sólo hacia finales de siglo comienza a percibirse cierta recuperación. Las causas deben buscarse en las adversas circunstancias socioeconómicas generales que afectaron al país. Las actas municipales del concejo dejan ver algunos de sus síntomas: malas cosechas, subida de los precios, continúas levas de soldados, etc.
A partir de 1640 la villa se vio afectada por la rebelión de Portugal, cuyo desenlace desembocaría en la independencia del país vecino en 1668. Aunque los hechos de armas más destacados tuvieron lugar en los territorios rayanos, buena parte de ellos estaban bajo la jurisdicción señorial de los Pimentel, como La Puebla de Sanabria. Hasta Benavente llegaron las consecuencias de aquel conflicto. Así, el castillo fue un arsenal durante esta contienda. En la villa se formó un ejército bajo las órdenes del conde Juan Francisco Pimentel como capitán general y en la campaña de 1641 se empleó la artillería de bronce que había en la fortaleza.
A lo largo del siglo XVIII se dejan sentir los ecos de la Ilustración. Personajes relevantes de este emergente ambiente cultural son la condesa-duquesa Mª Josefa Pimentel (1752-1834), el erudito e historiador José Ledo del Pozo (1753-1788) y el obispo de Oviedo, Agustín González Pisador (1709-1791), que pasó largas temporadas en su palacete de la calle de la Rúa y fue enterrado en Santa María del Azogue. Los sectores más dinámicos de la vida local promueven la creación de la Sociedad Económica de Amigos del País de Benavente. Su finalidad principal era impulsar el desarrollo económico de la comarca.
En la etapa final del Antiguo Régimen Benavente se vio involucrada en los enfrentamientos derivados de la Guerra de la Independencia. Entre diciembre de 1808 y enero de 1809 la villa fue ocupada, primero por el ejército inglés, al mando del General Moore, que se retiraba hacia La Coruña, e inmediatamente después por el grueso ejército francés al mando del mismísimo Napoleón, que iba en su persecución. La fortaleza fue saqueada e incendiada, y otros episodios no menos lamentables se produjeron en monasterios, hospitales y otros edificios.
Casa Consistorial.
El siglo XIX está muy determinado por los vaivenes de la política nacional y las consecuencias de la Desamortización. Los monasterios más afectados fueron los de San Francisco, Santo Domingo y San Jerónimo. En todos ellos se extinguió la vida conventual y sus fábricas iniciaron un lento pero inexorable declive hasta su total desaparición. Durante los últimos años del siglo se desarrollan las obras del ferrocarril Plasencia-Astorga, cuya inauguración oficial fue celebrada con gran entusiasmo popular el 21 de junio de 1896.
La siguiente centuria arranca con la demolición del castillo y la pérdida del recinto murado. En 1929 Alfonso XIII concede a Benavente el título de ciudad, iniciativa que, a pesar de su incuestionable valor testimonial, no tuvo demasiadas repercusiones en la vida social y económica. Durante los años 60 y 70, al hilo del Desarrollismo imperante, se pierde una parte significativa del patrimonio arquitectónico (iglesias de San Andrés, San Nicolás, Santa María de Renueva, y los monasterios de Sancti Spíritus, Santa Clara y San Bernardo).
A finales de este siglo asistimos a un nuevo impulso demográfico y un gran desarrollo espacial del casco urbano. Los elementos clave de este crecimiento deben buscarse ahora en la construcción de nuevas autovías, el Centro de Transportes y el papel de la ciudad como centro logístico y de comunicaciones, todo ello sin haber perdido en ningún momento su vocación de cabecera de la comarca y el peso tradicional de sus ferias y mercados.

1 comentario:

Invent Man dijo...

Pagina donde venden documentos historicos algunos relacionados con los pimentel y zamora.

http://www.delstres.es/catalogo/2009_llista_desembre.htm