lunes, 2 de junio de 2008

Benavente bien vale un Museo

Chronica Minora

Cacabelos es una villa y municipio de la comarca del Bierzo, con poco más de 5.000 habitantes, enclavada en pleno camino francés a Compostela, muy próxima a Ponferrada. Esto es, una cuarta parte de la población que aspira a reunir Benavente en un futuro no muy lejano.
Vecinos, autoridades y curiosos pudieron recorrer el pasado 26 de abril de 2008 los más de 1.200 m2 del flamante Museo Arqueológico de Cacabelos (MARCA), que abrió por primera vez sus puertas al público. En torno a 1.000 piezas, desde la Prehistoria hasta el siglo XX, con interesantes colecciones y fondos propios, así como otras piezas cedidas en depósito por particulares y el Museo de León. La colección museográfica se hospeda en un elegante edificio señorial de finales del siglo XIX, modélicamente restaurado y puesto en valor para este noble cometido.


Nacido con voluntad de perdurar y con la filosofía de un museo moderno, el MARCA (subrayemos y admitamos lo ambicioso de su acrónimo) alberga también un laboratorio, una biblioteca, oficinas, recepción-tienda, espacios para exposiciones itinerantes y salón de actos. No se olvida tampoco este vanguardista espacio arquitectónico de la accesibilidad, con un ascensor que proporciona rápido acomodo a sus tres plantas.
No todo pueden ser parabienes a esta sugerente propuesta. Algunos aspectos de la colección medieval, y especialmente la etnográfica, son manifiestamente mejorables, no estando a la altura desde luego de su sala arqueológica. Pero los museos deben ser vivos, deben saber evolucionar y ser sensibles a las críticas, y sin duda en Cacabelos se han puesto sólidos cimientos a una obra que con el tiempo, como el buen mencía del Bierzo, tendrá que madurar.
El visitante que desde Benavente se acerca a una exhibición como ésta de buen hacer, no puede menos que preguntarse, en un ataque de sana envidia, por qué oscuro designio la capital del condado no cuenta con una oferta museográfica, ya no de este calado, sino de ningún tipo.
Los viajeros y turistas que se asomen a nuestra ciudad, casi a las puertas de los 20.000 habitantes, deben poner gesto grave de incredulidad cuando desde la Oficina de Turismo se les informe de que aquí no hay museo que valga. Villas y poblaciones mucho más humildes, de menguadas arcas y reducida parroquia, pero con otra visión cultural y, ¿por qué no decirlo? comercial, han sabido sacar partido a sus recursos patrimoniales, por escuálidos que estos sean. Ofrecen así a sus visitantes muestras de lo más variado y pintoresco: museos de la campana, del juguete, del chocolate, del vino, del carro, del botijo o hasta del orinal, dicho todo ello sin ningún tipo de menoscabo.

No será por que Benavente y su Comarca no tengan posibilidades al respecto. Contamos con un territorio indudablemente rico en recursos patrimoniales, con un fecundo pasado histórico y artístico. El Condado de Benavente, en sus múltiples facetas, podría ser perfectamente el hilo conductor de un atractivo discurso museográfico, aunque las posibilidades no se agotan ciertamente aquí. Fondos arqueológicos dignos de toda solvencia están a disposición de las autoridades municipales desde hace años. Lo mismo se puede decir de las colecciones etnográficas, de los fondos documentales del Archivo Municipal, de los bienes muebles del Hospital de la Piedad, de las piezas depositadas en los Museos de León y Zamora, de puntuales obras artísticas de iglesias y monasterios benaventanos susceptibles de cesión, depósito, etc. Igualmente habría que citar un volumen considerable de piezas en manos de particulares, esperando desde hace largos años a que se cree una institución con unas mínimas garantías para acogerlas y exponerlas con decoro.
El Hospital de la Piedad, convenientemente restaurado y acondicionado, sería sin duda el marco más adecuado para este proyecto. Resulta incomprensible que en pleno siglo XXI se destine un Bien de Interés Cultural de estas características a asilo de ancianos. Los fines de esta institución son ciertamente loables, pero al socaire de unos estatutos decimonónicos se está infrautilizando un edificio singular, para unas funciones y servicios que bien podrían prestarse más adecuadamente en unas instalaciones modernas, de nuevo cuño. Tal y como las actuales necesidades de la atención a la Tercera Edad requieren.
Pero no es por la indisponibilidad de un local adecuado, por la falta de piezas, por la ausencia de infraestructura turística, ni si quiera por el coste económico que pueda suponer, por lo que Benavente carece de un museo. Todos estos imponderables acabarían siendo solventados de una forma u otra. La razón principal por la que a día de hoy, año 2010, Benavente está huérfana de una institución así es por que este asunto nunca ha sido entendido como una prioridad.
Unos munícipes miopes, de todo signo y condición, no han sabido ponderar la importancia para una ciudad como la nuestra, privilegiadamente comunicada, de una oferta cultural y turística variada y de calidad. Un museo no es un gasto prescindible, un asunto incómodo, un roto o un descosido en el presupuesto. Es una inversión inaplazable y perfectamente rentabilizable si se sabe hacer atractiva.
Pero a estas alturas de la película, con la competencia y los ejemplos de calidad existentes, no es válido ya cualquier museo. No estamos hablando de abrir al público un chiringuito, sino de un Museo de Benavente y su Comarca o, mejor aún, de un Museo del Condado de Benavente (Un MUBECO ó un MUCOBE por seguir con el guiño a los acrónimos rimbombantes). Para su puesta en marcha es imprescindible un buen guión, un solvente plan museográfico, bien argumentado, mejor diseñado y ortodoxamente materializado.
Algunas iniciativas en este sentido se han hecho desde personas e instituciones desinteresadas (léase Ledo del Pozo), cayendo una vez más en saco roto. Por eso, las noticias y rumores, cuando no ocurrencias, que se dejan caer periódicamente sobre posibles y futuribles "museos" benaventanos no dejan de sembrar un mar de dudas y desconfianzas. El tiempo dirá si Benavente pone proa hacia un MUSEO, con mayúsculas, o zozobra en el museo del botijo.
Imágenes: 1. Fachada del edificio del museo; 2. Vista de la Sala de Prehistoria y Arqueología y 3. Recreación de la talla de útiles prehistóricos.