martes, 1 de noviembre de 2022

Breve historia de la tarjeta postal benaventana - La Unión Católica

Afueras de "La Soledad"

A propósito de los orígenes de la tarjeta postal ilustrada en España, señala Carlos Teixidor que los primeros ejemplares fueron puestos en circulación en el año 1892. Las características principales de las postales antiguas fueron reglamentadas por la "Unión Postal Universal", estableciendo unas dimensiones de 90 x 140 mm., algo inferiores a los estándares actuales que suelen imprimirse a 105 x 150 mm. El cambio de formato se generalizó hacia el año 1960.

En un principio, su reverso no contaba con división alguna. Los usuarios solamente podían escribir una dirección, sin ningún tipo de texto complementario. Pero, a partir de 1906 se hizo habitual establecer dos partes bien diferenciadas por una línea vertical: la parte izquierda para incluir el texto libre del remitente y la parte derecha reservada para el franqueo y la dirección del destinatario. En cualquier caso, fueron diseñadas para circular "al descubierto" por el correo; es decir, sin sobre. Además, era un formato ideal para enviar breves mensajes, noticias, felicitaciones o recuerdos de un viaje.

En el auge y el éxito de este nuevo formato existía una importante justificación económica. El correo ordinario en sobres tenía un elevado coste para cualquier usuario medio de finales del siglo XIX, y la tarjeta postal disfrutaba de unas tarifas más baratas.  Así, en la prensa del año 1898 se informaba de que en todas las administraciones de correos de España había aumentado considerablemente la circulación de tarjetas postales a causa del aumento del "sello de guerra". 

Es difícil establecer el momento concreto en el que las tarjetas postales ilustradas llegaron a popularizarse en Benavente. Sabemos que en las dos primeras décadas del siglo XX varios editores locales comienzan a publicar series con motivos genuinamente benaventanos. Un buen ejemplo de todo ello fue la "Unión Católica", bajo cuyo membrete se editó una interesante colección de la que he podido ver los siguientes ejemplares:

- BENAVENTE. Ábside de la iglesia de Santa María
- BENAVENTE. Afueras de Soledad.
- BENAVENTE. Alrededores
- BENAVENTE. Calle de Alfonso XIII
- BENAVENTE. Cascada de la Fuente Mineral
- BENAVENTE. El antiguo Castillo
- BENAVENTE. El Ayuntamiento 
- BENAVENTE. Estación del ferro-carril
- BENAVENTE. Paseos y jardines de La Mota
- BENAVENTE. Puerta de Ntra. Sra. de la Piedad
- BENAVENTE. Vista panorámica desde el Castillo
- BENAVENTE. Vista panorámica desde la Sinoga

"La Unión Católica" era el nombre comercial de la librería e imprenta propiedad de Sergio Delgado Ruiz. Su actividad está documentada aproximadamente entre los años 1903 y 1920. Sus talleres se encontraban en el número 23 de la céntrica calle Alfonso XIII, hoy denominada con su nombre tradicional de La Rúa.

Sergio Delgado, además de su actividad como librero e impresor, fue también conocido en Benavente por ser un destacado letrado, escritor y periodista. Tuvo una presencia notoria en el panorama político, social y cultural del Benavente de principios del siglo XX. Fue miembro del "Bloque Popular Benaventano", fundador y secretario del "Ateneo" y director del semanario católico "El Eco de Benavente". Ejerció durante varios años como Juez Municipal, con diversos nombramientos al menos desde 1899. En algunos documentos firma también como "Juez Accidental de Instrucción de la villa y su partido por indisposición de su propietario". Su fallecimiento se produjo en Madrid en 1920, a donde había viajado para someterse a una operación quirúrgica.

"La Unión Católica" fue también el nombre de un partido político español de carácter católico que tuvo cierto protagonismo entre 1881 y 1884. Su militancia provenía de una parte de la corriente neocatólica que se había unido al carlismo durante el Sexenio Democrático. No alcanzó gran relevancia política y se acabó integrando en el Partido Liberal-Conservador, a instancias del papa León XIII. Esta coincidencia de nombres no es casual, pues Sergio Delgado estuvo vinculado a los medios católicos y al carlismo. Así en el semanario tradicionalista "La Atalaya", uno de los medios destacados de la prensa histórica carlista leemos la siguiente noticia en el año 1903:

"Hemos sido obsequiados con un ejemplar del curioso manual para sargentos, cabos y voluntarios de caballería, titulado: «El servicio avanzado», del que es autor D. Francisco Ramos y Cadenas, que lo ha dedicado al Duque de Madrid. El importe de la venta será premio a un voluntario en certamen de Madrid. Para los pedidos dirigirse a la Imprenta y librería "La Unión Católica", Rúa, 23. Benavente".

En 1916 la imprenta de Sergio Delgado estampó una "Historia de Benavente", obra de Eduardo Alejo Enríquez Llordén. Recientemente (2019), se ha publicado un facsímil por parte del Centro de Estudios Benaventanos "Ledo del Pozo", con estudio introductorio de Juan Carlos de la Mata Guerra y Francisco José Rebordinos Hernando.

Según estos autores, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentran las imprentas benaventanas de Ignacio Martín Gallego, de Telesforo Benito León y "La Unión Católica" de Sergio Delgado Ruiz, a las que sucederán las de Vitaliano Barroso del Olmo y de Avencio García Guerra , entre otras. En la imprenta de "La Unión Católica" se publicaron, entre otros, los semanarios: "El Eco de Benavente" (1909-1919), "El Porvenir (1912-1913) y "El estudiante" (1918), además de diversas obritas como: "Reseña de las conferencias religiosas predicadas por don Luis Calpena en la villa de Benavente (1914), "Benavente, un pueblo a su ministro" (1912), "Memoria de la Cámara de Comercio e Industria de Benavente (1912), etc. A esta breve relación se podrían añadir los "Aranceles parroquiales del Arciprestado de Vidriales, Obispado de Astorga" (1910), del que existe un ejemplar en la Biblioteca Pública de Valladolid.

En la edición original de la "Historia de Benavente" los textos de Eduardo Alejo se acompañaban de seis fotografías de la villa, pero ninguna de ellas se corresponde con la serie de postales que nos ocupa. La mala calidad de la impresión de las imágenes del libro hace sospechar que este tipo tarjetas en ningún caso se imprimirían en Benavente. Como se documenta en otros casos, se trataría de un encargo encomendado a alguna de las imprentas especializadas en estos menesteres.

La empresa Hauser y Menet, con sede en Madrid, fue la pionera en España en cuanto al número y la calidad de sus producciones. Esta casa fue fundada por dos impresores suizos: Óscar Hauser y Adolfo Menet. En su publicidad del año 1902 afirmaba tener unas tiradas de 500.000 ejemplares mensuales. A ella se unirían otras firmas, como la "Fototipia Lacoste" (antigua casa Laurent), o la "Fototipia Castañeira y Álvarez". 

Sin embargo, Hauser y Menet fue siempre considerada la mejor imprenta española en fototipia, reconocida por la perfección y nitidez de sus trabajos, tanto en láminas como en postales. Esta técnica de impresión fotomecánica permitía editar postales de gran calidad, pero al principio las tiradas estaban limitas a unas 500 copias, pues con el uso la capa de emulsión fotosensible, a base de gelatina, se deterioraba y se perdía nitidez. Las imágenes estampadas en fototipia, si se realizaban en un taller de cierto prestigio, poco tenían que envidiar a las copias en papel fotográfico. Son vistas monocolores, en "blanco y negro", o bien en tinta verde o azul. Al ampliar varias veces su tamaño se puede apreciar una característica estructura reticular, derivada del proceso de formación de la imagen y su impresión.

Es muy posible que en los talleres de la "Unión Católica" se acabaran imprimiendo los textos y los pies de imprenta que acompañan a las fotografías. Nada se opone a ello. Este trabajo se solía hacer en una segunda pasada por las máquinas. En este caso, los títulos empleados recuerdan a la tipografía de otras producciones de esta misma imprenta.

El texto comienza con la identificación del editor: "La Unión Católica" Imprenta de S. Delgado. Benavente. - Propiedad". A continuación, aparece la palabra "BENAVENTE" y el título del motivo de la fotografía. Este orden se invierte en los ejemplares que llevan el pie de imprenta en la parte inferior, concretamente en tres de ellos. Caso aparte es el de la postal de la "Cascada de la Fuente Mineral. Aquí se optó por imprimir el texto sobre una franja en blanco, seguramente porque el fondo era demasiado oscuro para destacar las letras en negro.

Sobre la fecha de edición de esta serie de postales benaventanas se pueden hacer algunas precisiones de interés. En primer lugar, hay que diferenciar distintas fases del proceso de producción. Un primer paso es el momento al que corresponde cada una de las fotografías, o de la totalidad del reportaje fotográfico. Luego está la impresión propiamente dicha de la tarjeta y, por último, su salida al mercado y distribución. Con frecuencia, las tarjetas se reeditaban, y esa circunstancia no siempre se puede documentar fehacientemente.

Parece que nuestra serie constaba de doce postales y fue puesta en circulación al mismo tiempo. Todas ellas tienen las mismas características, el mismo diseño y la misma tipografía en sus títulos El término "post quem" viene determinado por la postal que reproduce una vista del "antiguo Castillo". La imagen está sacada de una pintura de Pedro Sánchez Lago que se conserva en el Hospital de la Piedad. El cuadro fue dedicado "a la Excelentísima Señora duquesa de Benavente en su primera visita al Hospital de la Piedad", el día 16 de septiembre de 1902. Por otra parte, contamos con un ejemplar circulado en 1920, según hizo constar el remitente. En este mismo año, se produjo el fallecimiento de Sergio Delgado Ruiz.

El reverso de todas estas postales de "La Unión Católica" está dividido, y esto nos remite a la "circular" de 1905-1906 de la entonces "Dirección General de Correos y Telégrafos", del Ministerio de la Gobernación, por la que se autorizó esta práctica. A este respecto, señala Carlos Teixidor que entre los años 1901 y 1905 la edición de tarjetas postales ya había alcanzado su total madurez. Las tiradas eran muy elevadas y las imprentas exhibían una gran perfección en sus producciones, pero hasta 1906 las postales tenían el reverso sin dividir.

La postal del Hospital de la Piedad proporciona también algunas referencias cronológicas. Según la profesora Elena Hidalgo Muñoz, este edificio llegó a tener, desde su fundación en el siglo XVI, hasta cuadro fachadas distintas, correspondientes a  diferentes proyectos de reforma. Nuestra postal exhibe ya una imagen de la que sería la cuarta de estas fachadas. Fue construida en ladrillo por el arquitecto Segundo Viloria Escarda, que firmó su proyecto en 1911. La patrocinadora fue doña Dolores Téllez-Girón y Dominé, XIX condesa de Benavente, que manifestó su deseo de conmemorar así el 400 aniversario de la fundación del Hospital de la Piedad, que habían construido sus antepasados, cuando lo visitó en 1902. Así se hizo constar en una placa que figuró en la rosca del arco de la puerta principal durante algún tiempo.

No obstante, el proyecto de Segundo Viloria tardó algún tiempo en materializarse, no iniciándose las obras hasta al menos 1914. En este año, el "Heraldo de Zamora" informaba de que el "ilustre arquitecto provincial" se encontraba en la villa: "quien en plazo breve se propone restaurar el magnífico edificio [...] El Hospital de la Piedad en un plazo corto ha de ser un centro benéfico modélico". En la "Historia de Benavente de Enríquez Llordén, publicada como se ha dicho en 1916, la fotografía del Hospital es muy diferente a la de la postal, con la antigua fachada sin restaurar.

La vista de la calle Alfonso XIII presenta a un grupo de niñas entrando en el colegio de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, sito entonces en el viejo caserón de los obispos de Oviedo, también conocido como palacio de la Vicaría de San Millán. El uso de este edificio como escuela comenzó en el año 1908, después de su cesión por el obispado a las hermanas. Dedica Julián Cachón a este colegio dos artículos en su obra "Por estos adiles" (2010), fechando esta fotografía hacia 1918. Al colegio se accedía desde la Rúa "por amplio portalón, empinada escalera de madera, una meseta y bajada para llegar a un patio" Cachón identifica al personaje que aparece a la izquierda, ataviado con blusón y visera, como el comerciante de ultramarinos Ciriaco Llordén Porras.

La Rúa de Benavente se rebautizó como "Alfonso XIII" con el comienzo del reinado efectivo de dicho monarca. Sin embargo, en diversos anuncios publicitarios de la prensa de los años 1914 y 1915 se mantiene el nombre de "La Rúa" para referirse a esta calle. A la altura del número 21 de esta misma vía se encontraba por estos años la “Salchichería y Ultramarinos de Benito García Castro”, cuyo letrero publicitario se intuye en el ángulo superior derecho de la postal. El siguiente número impar, el 23, correspondería a los talleres del negocio regentado por Sergio Delgado. Por tanto, la fotografía estaría tomada a las mismas puertas de la imprenta de “La Unión Católica” en la Rúa.

Paseos y jardines de La Mota

Alrededores

El Ayuntamiento

Estación del ferro-carril

El antiguo Castillo

Puerta del Hospital de Nuestra Señora de la Piedad

Vista panorámica desde el Castillo

Vista panorámica desde La Sinoga

Ábside de la iglesia de Santa María

Calle de Alfonso XIII

Cascada de la Fuente Mineral

Reverso de la serie de postales

Reverso fechado en 1920

Portadilla de la "Historia de Benavente", de E. Alejo Enríquez Llordén (1916)

domingo, 9 de octubre de 2022

Dextera Domini - En torno a una miniatura perdida del Beato de Tábara

Restos de la miniatura del sacrificio de Isaac en el Beato de Tábara (fol. 2r.)

El llamado Beato de Tábara, hoy custodiado en el Archivo Histórico Nacional, presenta en la actualidad un aspecto realmente desolador por la pérdida irreversible de gran número de sus folios y, en especial, de la mayor parte de sus miniaturas. Hasta su restauración y reencuardenación de 1974, este manuscrito se asemejaba más a una colección de recortes, a un deshecho de códice, más que a un libro propiamente dicho.

No es posible establecer el momento concreto en el que nuestro Beato fue brutalmente despojado de sus preciosas miniaturas. En la actualidad, en los 171 folios conservados se identifican tan solo ocho o nueve ilustraciones. Ocho en lo que podríamos considerar el cuerpo del códice, más la ilustración de la torre en el último folio. A este exiguo repertorio habría que añadir la omega del colofón, las letras capitales, la decoración de algunos motivos específicos, las orlas y otros detalles menores.

Por todo el códice se aprecian mutilaciones y recortes de las más diversas formas y tamaños. Es evidente que una buena parte de estas intervenciones tenían por objeto hacerse con alguna imagen en particular o parte de ella. Varias de las páginas enteras arrancadas o cortadas deben coincidir con miniaturas de gran tamaño, pero otras tienen formas caprichosas y redondeadas. Se parte del borde del folio y se busca un fragmento concreto del mismo. Así, en la miniatura de la "tercera trompeta" (fol. 95v) parece que el interés o el capricho del anónimo iconoclasta no era otro que hacerse con la “estrella ardiente” tal y como se aprecia en otros códices (Beato de Gerona, fol. 152 r. que reproducen este mismo asunto.

El objeto de este artículo es el análisis de los restos de una miniatura que puede ser reconocida, no sin cierta dificultad, en uno de los dos folios que se conservan de las genealogías bíblicas, concretamente el que en la actualidad figura con la numeración (2r). Estos dos folios (1 y 2), antes de la mencionada restauración de 1974, se encontraban al final del códice, tras el colofón con la omega y la famosa torre del "scriptorium" del monasterio tabarense. No tienen pautado alguno, y sus dimensiones actuales (255 x 360mm) no se corresponden con su tamaño original. Al igual que el folio 171 que contienen el colofón y la famosa torre, estos folios tenían un tamaño superior y una caja de escritura más alta, con evidencias de haber sido cortados al menos por su pie. Sobre este particular, varios autores han llamado la atención sobre sus similitudes con el Beato de Gerona, con unas dimensiones de 280 x 430 mm. 

El ingreso del Beato de Tábara en el Archivo Histórico Nacional se produce en septiembre del año 1900, procedente de la Escuela Superior de Diplomática. En 1893 Mariano Moreno creó el conocido como "Archivo de Arte Español", labor que sería continuada hasta 1953-1954 por su hijo: Vicente Moreno. Los fondos conservados constituyen un exhaustivo repertorio fotográfico de más de 60.000 placas de negativos en vidrio y película, de diversos formatos. Reproducen elementos de lo más variado del patrimonio de toda la geografía española. Después de su correspondiente digitalización, los fondos pueden ser consultados a través de la Fototeca del Patrimonio Histórico.

Respecto al Beato de Tábara, el Archivo de Arte Español reprodujo los folios correspondientes a todas sus miniaturas, así como algunos detalles de la omega final y de la torre del "scriptorium". En el borde inferior de los negativos se incluye un membrete muy interesante para conocer las circunstancias del encargo de estas fotografías y su cronología: "Madrid. Archivo Histórico Nacional. Beatus manuscript from San Salvador de Tavara. Dated 968-970. Emeterius scripsit. Photo J. Pierpont Morgan Library. Exped. Walter W.. S. Cook. 1925". En aquel momento, el folio 163 tenía en su recto la omega con el colofón, mientras que la torre ocupaba el verso. A continuación, estaban los dos folios de las genealogías, pero en un orden invertido al actual. El folio que llevaba a lápiz el número 164 es el que incluye los restos de la miniatura que nos ocupa, y hoy corresponde al número 2. El folio 165, con el cartograma, corresponde ahora al folio 1.

Lo primero que llama la atención al revisar las fotografías antiguas de este folio 2 recto es la presencia en el ángulo superior izquierdo de la “dextera Domini”, un asunto iconográfico bien conocido que nos remite a una representación del sacrificio de Isaac, tal y como figura en las tablas genealógicas de otros ejemplares de Beatos. En efecto, más abajo de la “mano de Dios”, se aprecia parte del lomo y las patas de un animal que hay que identificar con el carnero, víctima última del sacrificio según el relato del Antiguo Testamento. Los cuernos del carnero también se intuyen a la altura del corte del folio, así como el texto incompleto "...filius Gessan" inscrito en uno de los círculos.

Las "tablas genealógicas" o "genealogías bíblicas" constituyen una de las piezas literarias integrantes solo de una parte de los códices de Beatos conocidos. Normalmente, anteceden a los comentarios al Apocalipsis y se inician con la descendencia de Adán y Eva. A partir de aquí, se suceden unos seiscientos nombres insertos en círculos y unidos o encadenados mediante líneas a modo de un gran árbol familiar. Finalizan con la Anunciación o el Nacimiento, pues el objeto de toda esta nomenclatura es representar la genealogía de Jesucristo hasta la Virgen María, como descendiente directo de los patriarcas y reyes del Antiguo Testamento.

La fuente de esta iconografía de las genealogías remite a las biblias iluminadas, aunque es muy posible que su origen haya que remontarlo a la tradición romana y a la forma en que se grababan los nombres de los antepasados en los atrios de las casas. En el Beato de Magio, las genealogías forman parte de las miniaturas preliminares del códice y se ilustran con el retrato enmarcado de Adán y Eva tras la expulsión del Paraíso (f.4v), Noé sacrificando dos palomas en acción de gracias tras el diluvio (f. 5v) y Abraham ofreciendo a Isaac en sacrificio (f. 6).

El Beato de Tábara solamente conserva dos de estos folios de genealogías, pero en su origen debieron ser bastantes más. Aunque los folios están sueltos, parece que son consecutivos. El primero de ellos, (fol. 1), ha sido el mejor tratado por el tiempo. No fue recortado e incluye en su vuelto el "cartograma" con la representación del mundo. El segundo, (fol. 2), pudo tener ilustraciones por sus dos lados, tal vez recortadas. En el recto la miniatura del sacrificio de Isaac y en el verso la figura del propio Isaac, como en el Beato de Manchester, o el círculo con su nombre, como en el Beato de Magio.

El relato del sacrificio de Isaac está narrado en Génesis, 22, 11. En la iconografía cristiana existen algunas variantes del tema en función del numero de elementos incluidos y su disposición en la escena. Son elementos habituales la "dextera Domini", la figura de Abraham portando un cuchillo, Isaac postrado sobre el altar del sacrificio y el carnero, que puede adoptar diversas posiciones.

En los tres Beatos del siglo X vinculados directamente al "scriptorium" del monasterio de San Salvador de Tábara (Archivo Histórico Nacional, Pierpont Morgan Library y Catedral de Gerona) encontramos la miniatura del sacrificio de Isaac reproducida en el mismo apartado de las genealogías. Lo mismo ocurre en los Beatos de Manchester, Cardeña y Turín, considerados copias tardías o derivados de alguna manera de los anteriores. En el Beato Morgan no encontramos con una variante significativa, pues se omite por completo la figura del carnero, lo cual hace derivar su iconografía de un modelo distinto.

El sacrificio de Isaac en el Beato de Magio

El sacrificio de Isaac en el Beato de Gerona

El sacrificio de Isaac en el Beato de Manchester


El sacrificio de Isaac en el Beato de Cardeña

+ VBI HABRAAM OBTVLIT ISAC FILIVM SVVM OLOCAVPSTVM DNO

domingo, 10 de julio de 2022

En torno al “Palacio viejo” o “Palacio de San Nicolás” de los Pimentel en Benavente

Plaza del Grano, en una postal de hacia 1912

Los condes de Benavente fueron propietarios de un importante patrimonio inmobiliario repartido por todo el casco urbano de su villa solariega. En la documentación de la Casa de Osuna nos topamos con abundantes referencias a casas, huertos, solares, bodegas, corrales, herreñales, hornos, silos, palomares, etc., unas veces de forma aislada y otras agrupados en lo que se denominan "casas de morada".

Estas propiedades fueron objeto de todo tipo de operaciones de compra, venta, permuta, arrendamiento o cesión. Varios de estos inmuebles eran simples casas familiares, adquiridas en diversos momentos, y arrendadas de forma habitual a los vecinos de la villa, o cedidas al personal al servicio de los condes. Por otra parte, es conocido que además de la “Fortaleza”, residencia de la familia condal durante varias generaciones, existieron otras casas "principales" y palacios en la villa, en los que consta la estancia de algunos de sus miembros de forma estable u ocasional.

La familia de los condes poseyó al final de la calle de la Viga (hoy calle de Cervantes) un grupo importante de casas y huertos. Sobre sus solares se levantó el llamado "Palacio de San Nicolás" o "Palacio viejo", con lindes en sus puertas principales hacia San Nicolás, la propia calle de la Viga, el pasaje de San Nicolás y salida de sus traseras hacia la Plaza del Grano.

El origen de este palacio hay que buscarlo en un grupo de casas y huertos de diferentes propietarios en este entorno de los que se tiene noticia desde finales del siglo XV. Sus herederos acabaron vendiendo este conjunto a Juan Pimentel, uno de los hijos del V conde de Benavente, Alonso Pimentel.

La escritura se formalizó en 1527. En ella Constanza de Barreda, viuda de Francisco de Vivero, vecino de Valladolid, y Bartolomé de León, hijo de Francisco de León, vecino y regidor de Valladolid, y de Catalina de Barreda, venden a Juan Pimentel, hijo del conde Benavente, unas casas y un huerto, situados en la villa de Benavente, en la feligresía de San Nicolás, por 150.000 maravedís. Sus lindes son "de la parte de delante la calle prinçipal que se llama de Sant Nicolás e por parte de tras la calle que llaman de la Viga, e por un lado la calle que baxa de Sant Nicolás a la dicha calle de la Viga, e por el otro lado las traseras de las casas que salen al Mercado de Ganado".

En el año 1597 este palacio sufrió un importante incendio como consecuencia de las llamas originadas por una chimenea. En el informe del siniestro se habla "del aposento y sala donde está la contaduría de su Señoría, que está en las casas de su morada junto a la yglesia de San Nicolás de esta villa". A este respecto, los testimonios de los testigos son muy expresivos. Se sigue aquí la transcripción de Mercedes Simal: "digo quel viernes proximo passado en la noche, despues de dadas las doze que se contaron cinco deste presente mes de diciembre, por una chiminea del quarto que llaman de los señores, se encendió fuego en la sala donde están todos los papeles tocantes a la Acienda y Rentas de su Señoría, y libros della, y fue tanta que se quemaron y abrasaron muchos dellos, con tres vigas del techo; de manera que con mucho trabajo se sacaron los papeles que se pudieron remediar, por la mucha gente que acudió a ello".

Gracias a estos testimonios, sabemos que la planta alta de esta parte de los edificios estaba destinada al alojamiento y dormitorios de los hijos de los condes, mientras que en la baja se guardaban los papeles y libros de la contaduría de la Casa. Tras el incendio, la contaduría fue trasladada a la Fortaleza en una fecha que no podemos precisar, tal y como recordaba un testigo en 1814: "al segundo dijo que es constante y sabe positivamente que de muchos años a esta parte se trasladó las oficinas del estado de Benavente concursado desde la casa llamada Palacio de San Nicolás, propia de la Excelentísima Casa de Benavente al castillo o Fortaleza".

El "Palacio de San Nicolás" debió ser en realidad un grupo de edificaciones bastante heterogéneo. Su plano estuvo muy condicionado por la fuerte pendiente existente entre la parte lindante con la iglesia de San Nicolás y la calle de la Viga. En este espacio las construcciones se asentaban en varios niveles o terrazas, incluyendo patios y jardines. Su huerto era un anexo que se encontraba al otro lado del pasadizo de San Nicolás, y por tanto separado del resto de las casas.

Durante los siglos XVI y XVII este núcleo original del palacio se fue ampliando con la adquisición de otros solares y partes de casas. En 1661 el XI conde, Antonio Alfonso Pimentel, compró un trozo de vivienda a Gonzalo Fernández Morán y Manuela de la Madrid. Su finalidad principal era poder acceder, a través de él, al edificio de la "Sala de Alcaldes Mayores", con el que confinaba: "que lo uno y otro lo ubo menester su excelencia para efecto de bajar desde su palacio a la sala de alcaldes mayores, con quien confina, y agregarle y meterle en ella, que linda con dicha sala y con la dicha nuestra alcoba que está en el dicho primero suelo y con lo alto de arriba".

El extracto de un documento de 1647 nos habla del arriendo de "la casa que tiene su excelencia en esta villa a la calle de la Viga, junto a las cocinas de Palacio, por precio en cada un año de seis ducados". La cronología nos remite a Juan Francisco Alfonso Pimentel, X conde de Benavente. Esta parte del Palacio, donde al parecer se ubicaban las cocinas, se corresponde con la parte más baja de la cuesta, en la actual calle de Cervantes.

Con la quiebra de la Casa de Osuna y el desmantelamiento del patrimonio señorial, se produce la venta y subasta de sus bienes muebles e inmuebles. De esta forma, una parte importante de las propiedades originarias de los Pimentel en la provincia de Zamora, más de 9.000 hectáreas en total, fueron adquiridas, en los años 1869 y 1870, por Fernando Fernández-Casariego, I marqués de Casariego. Es entonces cuando el edificio del "Palacio viejo" vuelve a citarse varias veces en los documentos relacionados con la compraventa.

En 1870 se firma una escritura adicional a otra de la venta de fincas sitas en los partidos judiciales de Benavente, Villalpando y Valencia de Don Juan. Fue otorgada por parte del Duque de Osuna y del Infantado a favor de Fernando Fernández-Casariego. Entre los bienes que se traspasan se incluyen: “La casa denominada Administración en la calle de Santa Cruz se halla señalada con el número diez y siete en la manzana número tres. La casa denominada Palacio viejo en el pasadizo de San Nicolás designada con el número primero principal y ocho accesorio en la manzana número cinco".

Todos estos solares fueron la base para levantar nuevas residencias a partir del último cuarto del siglo XIX. Entre ellos, el llamado "Palacio del conde de Patilla", con fachadas principales hacia la plaza del Grano, y otra casa-palacio sobre la que se levantó el edificio de la residencia "El Jardín del Corrillo".

El 20 de marzo de 1900 el abogado Agustín Ramos del Pozo compra una casa en la calle de Santa Cruz y plaza del Grano para construir la neomudéjar "Casa Ramos" o "Casa Donci". La casa hace esquina y está rodeada por el palacio y demás dependencias de los condes de Patilla. Según precisa Juan Carlos Pascual de Cruz, tres meses más tarde, Sofía Fernández Casariego, condesa viuda de Patilla, realiza una permuta de propiedades con Agustín. Le cede "una habitación de su palacio que se metía en casa de Agustín y éste cede dos habitaciones que se metían en la propiedad de la condesa". Al Palacio del conde Patilla alude Pedro Sánchez Lago, hacia 1903, en los siguientes términos:

"En la Plaza del Grano, se levanta majestuoso el Palacio de la excelentísima señora Condesa, viuda de Patilla, y frente a su izquierda se ve otro magnífico edificio propiedad de la misma señora, destinado a Casino su parte alta, y Café la planta baja del mismo".

En fotografías aéreas de los años 30 se apreciaban aún varios de estos edificios del antiguo palacio en pie. La construcción más próxima a la iglesia de San Nicolás fue durante muchos años un solar rodeado de paredones conocido como "La Panera", y contaba con puertas de madera hacia la calle. Es en este sector en el que hay que situar la parte principal del Palacio que mencionan las fuentes. Hoy se levanta aquí un bloque de viviendas y cocheras. La última moradora del edificio que llegó a los años 70 del siglo XX, antes de su derribo definitivo, fue María Josefa Sánchez de la Bodega y Tordesillas (1911-1983), nieta por parte materna de Enrique Tordesillas O'Donnell, II conde de Patilla, y de Sofía Fernández-Casariego.

Una de las singularidades de este palacio era el contar con un acceso privilegiado a la vecina iglesia de San Nicolás, a través de un "pasadizo". No hay que olvidar que los Pimentel fueron patronos del templo, fundaron memorias y aniversarios, y financiaron todo tipo de reformas y mejoras. El escudo familiar presidía el cuerpo superior de su torre.

De este particular elemento arquitectónico existen algunas referencias. A mediados del siglo XIX, el corresponsal de Madoz en su "Diccionario" dice de la iglesia que “en los dos brazos del crucero hay su balaustrada, corredor y tribuna que se comunica con el palacio viejo de los condes”. Por su parte, José Almoína Mateos señala que “de una antigua casona cercana se comunica por un arco un pasadizo a la tribuna alta, desde donde asistirían a los cultos los fundadores, protectores o patronos del templo o sus descendientes o sucesores”. Sería a partir del año 1935, fecha de la publicación del libro de Almoína, cuando se derribó este arco o pasadizo de acceso.

Área aproximada del "Palacio de San Nicolás" sobre un plano de Benavente de 1904

Vista de la residencia "El Jardín del Corrillo", desde la calle de Cervantes

Portal de acceso al Palacio del Conde de Patilla y a la residencia "El Jardín del Corrillo"

Patio y verja de acceso a la residencia "El Jardín del Corrillo"

Antiguo brocal de pozo en el patio de la Residencia "El Jardín del Corrillo"

Vista del Pasaje de San Nicolás desde el Corrillo

Enrique Tordesillas O'Donnell, II conde de Patilla

La familia de Mª Josefa Sánchez de la Bodega


APÉNDICE DOCUMENTAL


1527, abril, 13. Valladolid.

Constanza de Barreda, viuda de Francisco de Vivero, vecino de Valladolid, y Bartolomé de León, hijo de Francisco de León, vecino y regidor de Valladolid, y de Catalina de Barreda, venden a Juan Pimentel, hijo del conde Benavente, unas casas y un huerto, situados en la villa de Benavente, en la feligresía de San Nicolás, por 150.000 mrs.

Archivo Histórico de la Nobleza, Osuna, c. 423, d. 22.

Conosçida cosa sea a todos lo que la presente escriptura de venta, çesyón e renunçiaçión e traspasaçión vieren como yo, doña Constaça de Barreda, muger que fui de Francisco de Vivero defunto que Gloria aya, vezino que fue de esta noble villa de Valladolid, e yo Bartolomé de León, fijo de Francisco de León, vecino e regidor que fue de esta dicha villa de Valladolid, e doña Catalina de Barreda, su muger, defuntos que Gloria ayan, dezimos que por quanto nosotros avemos e tenemos e nos pertenesçen por justos e derechos tírulos una casas e huerto que son en la villa de Benavente, en la feligresía de Sant Nicolás de la dicha villa de Benavente, es a saber yo la dicha doña Constaça de Barreda las quatro partes de çinco de las dichas casas e huerto, e yo el dicho Bartolomé de León la quinta parte de las dichas casas e huerto, de que son lindes de la parte de delante la calle prinçipal que se llama de Sant Nicolás e por parte de tras la calle que llaman de la Viga, e por un lado la calle que baxa de Sant Nicolás a la dicha calle de la Viga, e por el otro lado las traseras de las casas que salen al Mercado de Ganado, e ansy mismo un huerto que es anexo e pertenesçiente a las dichas casas e çerca de ellas e atraviesa entre las dichas casas e huerto una calle que baxa de la dicha yglesia de Sant Nicolás a la dicha calle de la Viga, e de la otra parte casas de Puertocarrero e casas de Pedro Brasa, las quales dichas casas de suso deslindadas e declaradas con todas sus entradas y salidas e derechos e pertenençias quantas an o tienene e les pertenesçen e pueden e deven pertenesçer ansy de fecho como de derecho vendemos e damos en venta por juro de heredad para agora e para en todo tiempo del mundo e siempre jamás, a vos el señor don Juan Pimentel, fijo del muy yllustre señor conde de Benavente, para vos e para vuestros herederos e subçesores e para aquel o aquellos que de vos o de ellos ovieren título, cabsa o razón, es a saber cada uno la parte que dicha es de suso que le pertenesçe, las quales vos vendemos e damos en la dicha venta por presçio e quantía junto nombrado de çiento e çinquenta mill maravedís de buena moneda que agora corre en Castilla horro de alcavala que por las dichas casas e huerto nos distes e pagastes e nosotros de vos el dicho señor don Juan Pimentel resçebimos e pasamos a nuestra parte e poder realmente e con efecto de que nos damos e otorgamos por bien contentos e pagados e satisfechos [...] E por que esto sea firme e non venga en dubda otorgamos esta carta de venta en la manera que dicha es ante Cristóval Montesino escrivano e notario público por las autoridades Apostólica e Real de sus magestades en la su corte e en todos los sus reynos e señorío, e de la yglesias colegial e abbadía e cabildo de esta villa de Valladolid al qual rogamos que la escriviese o fiziese escrivir e la sygnase con su sygno, que fue fecha e otorgada en la dicha villa de Valladolid estando en ella el Emperador Rey nuestro señor e su Real Consejo e Casa e Corte e Chancillería a treze días del mes de abrill, año del nasçimiento de Nuestro Salvador Ihesucristo de mill e quinientos e veynte e siete años. E entregamos a vos el dicho señor don Juan Pimentel e a Juan de Parada, clérigo capellán del dicho muy ylustre señor conde de Benavente, en nombre de vos el dicho señor don Juan en señal de traddiçión de la dicha possesión de las dichas casas e huerto una carta de venta que otorgó Gómez de Castillo, alcalde e gobernador de Palençuela [...]

domingo, 12 de junio de 2022

Doña Aldonza Osorio y la fundación de la iglesia de San Juan del Mercado de Benavente


Detalle decorativo de uno de los fustes de la portada sur de San Juan del Mercado


La iglesia románica de San Juan del Mercado de Benavente constituye un ejemplo bastante bien documentado de empresa constructiva patrocinada por una orden militar, en este caso la Orden de San Juan. La iniciativa debe encuadrarse en las numerosas "pueblas" y fundaciones promovidas en las florecientes villas leonesas durante los reinados de Fernando II y Alfonso IX. A estos cometidos contribuyeron decisivamente los propios monarcas, pero también todo tipo de instituciones religiosas, así como destacados miembros de la nobleza y la aristocracia.

Su fundadora fue doña Aldonza, hija de los condes Osorio y Teresa, que había iniciado su fábrica posiblemente en los años inmediatos a la repoblación de la villa. Esto debió ocurrir a partir de los años 1164 o 1167, cuando se produjo la concesión de los fueros, la fijación del alfoz y la organización de un concejo estable perteneciente al realengo.

Desde un principio, el templo estuvo dedicado a San Juan Bautista y el Santo Hospital, y gozó de un favor especial, pues su obra contó "con el consejo y la autoridad" de la Orden del Hospital de San Juan. Está vinculación se mantendría durante toda la Edad Media.

La mayoría de los datos conocidos sobre los primeros pasos de nuestra iglesia proceden de un interesante pergamino conservado en la Sección Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional. El texto fue dado a conocer en el año 1952 por el profesor Santos García Larragueta. Se trata de un "placitum" o acuerdo, fechado en septiembre de 1181, entre la Orden de San Juan y doña Aldonza Osorio. No consta el lugar, pero a juzgar por las circunstancias que rodearon el pacto y la nómina de confirmantes, parece seguro que la formalización de este documento se hizo en Benavente. De hecho, el escribano: “Nunus notuit confirmat” debe ser el notario del concejo de Benavente, pues lo volvemos a encontrar en otros diplomas de estos años: “Nunus notarius concilii Beneuenti scripsit et confirma”.

En este año de 1181 doña Aldonza recurrió a la Orden para asegurar la continuación de las obras, con dificultades de financiación por la falta de fondos suficientes. Uno de los argumentos para justificar esta ayuda era que la iglesia se había comenzado a levantar con sillares de piedra cuadrados: “cepit hedificare ecclesiam ex sectis in quadratis lapidibus”. Esta expresión podemos considerarla no solo como una alusión específica al empleo de piedra de sillar, sino a una forma de construcción inherente a lo que hoy se conoce como arquitectura románica. Este tipo de fábrica supondría un coste suplementario sobre otro tipo construcciones, que era ahora necesario afrontar.

Los hospitalarios decidieron dar un nuevo impulso a la iglesia y aseguraron su culminación a través de la asignación de diversas heredades y rentas, la mayoría enclavadas en el entorno de Benavente. De esta forma, de igual manera que ocurrió con la iglesia de San Martín con respecto a los caballeros santiaguistas, el templo pasó a formar parte del conjunto de edificios que configuraron el núcleo central de la encomienda benaventana de la Orden de San Juan.

La familia de Aldonza Osorio

Eldoncia o Aldonza Osorio, o simplemente doña Aldonza, fue uno de los ochos hijos documentados de los condes Osorio Martínez y Teresa Fernández. Se considera a Osorio Martínez el fundador o ascendiente de los linajes de los Osorio y Villalobos, con una influyente presencia política en la corte leonesa y destacados dominios patrimoniales en Tierra de Campos. Era hijo del conde Martín Flaínez y de Sancha Gutiérrez. Casó con Teresa Fernández, hija del conde Fernando Fernández y de la infanta Elvira Alfonso, hija del rey Alfonso VI y su "amica" Jimena Muñoz.

El conde Osorio gozó durante bastantes años del favor de Alfonso VII, especialmente a partir de la muerte en 1138 de su hermano Rodrigo durante el asedio de Coria, a quien sucedió en la dignidad condal. Esto le permitió desempeñar diversas tenencias como las de Melgar, Aguilar, Mayorga, Villamayor, Villalobos, Vecilla, Villafrechós o Riba de Tera. Entre 1129 y 1141 aparece repetidamente citado como tenente de Malgrad (Benavente). El desempeño de esta labor podría explicar el origen del patrimonio familiar en el alfoz de Benavente y, en última instancia, de algunos de los bienes entregados por doña Aldonza a la Orden de San Juan.

A la muerte del Emperador, Osorio Martínez se vio involucrado en los conflictos territoriales y las disputas nobiliarias durante la minoría de Alfonso VIII de Castilla, prestando sus servicios a ambos lados de la frontera en función de la coyuntura político militar. Acabó encontrando la muerte en la batalla de Lobregal (marzo de 1160) a manos de su propio yerno, Fernando Rodríguez de Castro "el Castellano", que había casado con su hija Constanza Osorio.

Sobre la trayectoria vital de doña Aldonza existen pocas certezas, pues dejó escasa huella en los diplomas conservados con relación a esta familia. Su nacimiento debió producirse a partir de 1147, si damos por buena la fecha habitualmente asignada al fuero de Villalonso y Benafarces. En el texto los otorgantes, el conde Osorio Martínez y su mujer, Teresa Fernández, comparecen junto a cuatro hijos: Fernando, Rodrigo, Elvira y Sancha. No obstante, sobre esta cuestión existe alguna dificultad cronológica toda vez que Rodrigo consta como fallecido en un documento de 1141. En ese año, sus padres así lo hacen constar en una donación al monasterio de Santa María de Aguilar de Campoo, donde parece fueron enterrados junto con su hijo.

El considerable patrimonio acumulado por los padres de Aldonza acabó repartiéndose en lotes entre los hermanos supervivientes. Los herederos aparecen en los diplomas en diferentes momentos disponiendo de estos bienes o haciendo donaciones a instituciones religiosas. Estas operaciones se suelen hacer de forma agrupada, según el origen y la propiedad de cada uno de los lotes. En 1171 tres de sus hermanos, Gonzalo, Constanza y Jimena, entregan la heredad que tenían en San Pelayo, en Sanabria, a Pelayo Fernández, por los buenos servicios prestados. Por su parte, Gonzalo Osorio, que confirma como tenente de Villalobos, añade las “porciones” que habían pertenecido a sus hermanos Fernando y Aldonza.

En 1179 doña Aldonza y doña Jimena donan a González Ibáñez toda la heredad que les pertenecía e “Castrillo” o “Castrello”, un lugar situado próximo a Villalpando. El origen de estos bienes en el valle del Vaderaduey parece estar en un grupo de adquisiciones realizados años atrás por el conde Rodrigo Martínez, hermano de Osorio Martínez, y su mujer Urraca Fernández. Este patrimonio debió pasar por herencia a la rama de los Osorio y, en parte, fue donado por sus hijos y sucesores a la Orden de San Juan.

Tal y como apunta Carlos Barquero Goñi, las relaciones entre los descendientes del conde Osorio Martínez y la Orden del Hospital fueron siempre intensas, y se materializaron en diversas donaciones y acuerdos. La explicación estaría en los destacados dominios que los Osorio llegaron a tener en Tierra de Campos, territorio en el que la Orden también tuvo una presencia muy destacada. Según este autor, Gonzalo Osorio llegó incluso a solicitar y obtener en préstamo de los hospitalarios diverso material bélico y dinero. No llegó a devolver el préstamo, de forma que sus cuatro hermanas fueron las encargadas de asumir los compromisos adquiridos. En pago de la deuda, Aldonza, Constanza, Sancha y Jimena, con la aprobación y autorización de sus maridos, concedieron en 1180 al Hospital de Jerusalén la villa de Ribola, “junto al Valderaduey y debajo de Villalpando”.

Carlos de Ayala Martínez, a la hora de valorar el dominio territorial de la Orden de San Juan en toda la etapa anterior a la muerte de Alfonso VII (1157), ha llamado la atención sobre "el elevado índice de concentración patrimonial en torno a una línea ligeramente quebrada compuesta por el curso medio-bajo del río Valderaduey, afluente norte del Duero, y el valle del Guareña, afluente sur del mismo río, con Toro como centro de referencia nuclear".

La muerte de Aldonza debió producirse a partir de 1182. En el "Obituario" de la Catedral de León se consiga su memoria de la siguiente forma: "IIII. Non. Martii obiit domna Aldonza Ossorii, quae dedit Canonicis B. Mariae Sedis Legionensis domos suas de Legione cum aliis haereditatibus". (El cuarto día de las nonas de marzo murió doña Aldonza Osorio, que donó a los canónigos de la Sede de Santa María de León sus casas de León, con otras heredades".

Parce que Aldonza pudo vivir en León durante algún tiempo, o al menos disfrutó allí de casas de su propiedad. Entre la documentación medieval conservada de la catedral de León no existe ninguna donación por parte de esta dama. Sin embargo, pudo haber recibido bienes en herencia en la ciudad, pues su padre figura como propietario de diversas heredades. Así, en 1149 en un deslinde se alude a un huerto en Santa Eugenia: "et orto de comite domno Osorio". Hacia 1179-1180 en la venta de una corte y varias casas dentro de la urbe se mencionan las "domus que fuerunt comitis domni Roderici et comitis domni Osorii".

El “placitum” de 1181

El acuerdo establecido en septiembre de 1181 entre Aldonza Osorio y la Orden de San Juan supuso, fundamentalmente, un impulso económico a la obra de la iglesia, a través de la asignación de nuevas fuentes de ingresos. El prior, Pedro de Areis, se comprometió a proporcionar una ayuda con este fin. Asignó entonces para la continuación de los trabajos la renta producida por varias propiedades sanjuanistas cercanas a Benavente hasta su finalización. La nómina de lugares es la siguiente:

"Cuanto tenemos en Benavente, en Santa Marina, en Villaquejida y en Villafer. Cuanto tenemos en Villaquejida hasta Benavente, y cuanto tenemos en Benavente hasta la villa que llaman Val, y cuanto tenemos en Val, y cuanto tenemos en Benavente hasta Arrabalde, y toda Arrabalde, y hasta Maire, y hasta Saludes, y cuanto tenemos en Saludes y Maire, y cuanto tenemos en Santa Marina de Requejo".

A pesar de las ayudas estipuladas, doña Aldonza mantiene la condición de protagonista de la construcción de la iglesia. Es ella la que debe continuar con los trabajos y culminar el proyecto. No obstante, se hace referencia a la figura de un "procurator", que debe entenderse como un freire delegado por la Orden para todo lo relacionado con esta empresa.

El comendador que administraba los bienes citados quedaba eximido de prestar servicios al prior y al resto de los freires de la Orden a no ser por propia iniciativa. Las nuevas posesiones adquiridas por Hospital en estos mismos lugares asignados para la obra quedarían igualmente ligadas a la construcción de la iglesia.

En compensación por este apoyo que se le prestaba, doña Aldonza entregó a la Orden la tercera parte de la renta anual producida por unas heredades donadas anteriormente al Hospital. Parece que en aquel momento Aldonza se reservó su tenencia en régimen de usufructo. No sé mencionan expresamente estás heredades, pero sí algunas excepciones que afectan a rentas en Maire, Saludes, Val de Iuguelo y Valdejunco.

Todas estas heredades y rentas, tanto las entregadas por doña Aldonza, como las asignadas por Pedro de Areis a la iglesia de San Juan del Mercado, remiten a un mismo patrimonio cuyo origen debe estar en los bienes entregados por la familia del conde Osorio a la Orden. Las villas y lugares se repiten y remiten a un dominio disperso por los ríos Eria, Valderaduey y Órbigo. En algún momento, después de la muerte de sus padres y en fechas próximas al comienzo de la obra de la iglesia, Aldonza debió hacer una generosa donación de una parte importante de esta herencia a la Orden de San Juan. Como ocurrió con otras nobles damas, entre las estipulaciones de esta entrega se incluía la reserva de una parte de su usufructo. No hay que descartar el ingreso de la propia Aldonza en la Orden como "freira", circunstancia bien documentada en otros casos.

Nuestro documento proporciona alguna información adicional de interés en su parte final. Pedro de Areis, prior de la Orden en Hispania, comparece junto con todo el capítulo. Entre los confirmantes encontramos a varios miembros del concejo de Benavente. Algunos de ellos, como don Suerino, Pedro Monazino, Roman Rei, Rodericus Micaeli, Fernandus Cotan o Stephanus Petri, tuvieron un papel destacado en la concesión del fuero de 1167 por Fernando II. Figuran en la nómina de 21 personas elegidas por el rey para repoblar su villa, administrar justicia y repartir las heredades. Otros, como Nichola Pelaiz o Petrus Martínez, sabemos que eran o llegaron a ser alcaldes, pues con esa condición confirman en otros documentos.

En la primera columna, junto a don Suerino, confirma un "Pedro Melgar". Se trata, como ya señaló la profesora Elena Hidalgo Muñoz, del primer comendador documentado. Como "Pedro de Melgar, comendador de Benavente en la Orden de San Juan", recibió en el año 1200 una donación de heredades en Villalobos.

Otro de los confirmantes que merecen atención es "Lop Díaz". Su pista nos lleva a "Don Lope", freire de la Orden de San Juan. En 1175 confirma una carta del monasterio de Vega. En 1182 entrega, junto a su mujer, Marina Peláez, al obispo de Oviedo la tercia de los diezmos de la iglesia de San Juan de Villafer, que el mismo había construido.

En la tercera columna hay un "Fernandus Martiniz" con algún recorrido posterior. Debe identificarse probablemente con cierto "Fernandus Martiniz presbiter Sancti Iohannis" y otro "Fernandus Martini frater Hospitale". El "Fernando presbítero de San Juan" confirma una escritura del Tumbó de San Martín de Castañeda fechada en Benavente en 1184. Está acompañado de otros confirmantes benaventanos, así que podría tratarse del primer clérigo conocido vinculado al servicio del templo. En 1192 un "Fernando Martín Freire del Hospital" confirma la venta de unas heredades en Escorriel, junto al Cea. Nuevamente, el contexto de los confirmantes apunta al grupo de "boni homines" y miembros del concejo de la villa.

El epígrafe del año 1182 y su interpretación

En el interior de la iglesia de San Juan encontramos una inscripción que nos sitúa en estos momentos del inicio de la fábrica románica. Nuestro epígrafe debe interpretarse como una "datatio". En la clasificación tipológica propuesta recientemente por María Encarnación Martín López y Vicente García Lobo, las "datationes" se definen como inscripciones que consignan solamente una fecha consistente, la mayoría de las veces, en el año introducido normalmente por la fórmula "Era" o "Anno".

Este tipo de inscripciones suelen interpretarse como recordatorios de obras de construcción, reforma o ampliación de templos o edificios. Su situación en un lugar concreto, o a la altura de una hilada de sillares, ha permitido establecer secuencias temporales en la historia de iglesias, monasterios y catedrales. En algún caso, se ha querido ver una intención funeraria, para identificar y fechar enterramientos. 

Contamos con diversos ejemplos similares y relativamente próximos, como los de San Isidoro de León o el monasterio de Moreruela. En San Isidoro se identifica la fecha 1124 (E[RA] MCLXII) en uno de los sillares del exterior del ábside norte, mientras que en Moreruela la inscripción “E MCC” (año 1162), situada en el exterior de uno de los absidiolos de la cabecera, ha servido para acreditar un momento de la construcción cisterciense de la iglesia.

La inscripción de San Juan del Mercado se encuentra en el interior del arco que comunica el presbiterio con el ábside norte. Al igual que en Santa María del Azogue, la comunicación entre la Capilla Mayor y las laterales se estableció mediante pasadizos. En este caso se emplearon bóvedas de cañón apuntado y, en cada uno de los accesos, roscas decoradas con bocel en zig-zag.

El texto está labrado en el zócalo, a la altura del primer sillar, desarrollándose en una sola línea. A diferencia de otros epígrafes que pudieran parecer similares, este no tiene un sentido funerario y sólo cabe interpretar como la datación de un momento de la construcción del templo en el año 1182. Tampoco parece poder relacionarse con la consagración, pues ningún otro dato induce a ello, como sería la mención del obispo consagrante o la advocación.

La lectura del epígrafe no ofrece dificultades, salvo la abreviatura (A), que puede corresponder al mes de abril o agosto. Está escrito en capitales carolinas.

ERA M CC XX KLS A

Era millesima ducentesima vigesima. Kalendas aprilis (o augustas)

Año 1182

Resulta siempre difícil traducir los datos conocidos a través de los diplomas medievales al lenguaje constructivo de los edificios, al menos tal y como han llegado hasta nosotros. Parece obvio que las aportaciones económicas detalladas en el pergamino de 1181, y el impulso dado a las obras, supondrían un antes y un después, si es que no se habían paralizado totalmente los trabajos.

La interpretación de la inscripción de 1182 debe hacerse en este contexto y, especialmente, atendiendo al lugar tan específico en el que se encuentra. Fecha, como se ha dicho, un momento constructivo, y todo apunta a que la reanudación de los trabajos supuso también un cambio en la configuración de algunos elementos y un replanteo del proyecto inicial. Es en este momento cuando se decide abrir estos pasadizos que comunican los tres ábsides y que muy probablemente no estaban previstos.

Alguna prueba se puede alegar en este sentido. Es evidente que los nuevos pasillos, cubiertos con bóvedas apuntadas, además de perforar el muro y obligar a retallar y recolocar algunos sillares, rompieron también la continuidad de la moldura que recorría a media altura el interior de los tres ábsides. Las nuevas roscas decoradas con bocel en zig-zag cortan de forma abrupta estás molduras, sin que se hiciera ningún intento posterior para suavizar o disimular los efectos de esta intervención traumática. Tal vez, la apertura de estos pasillos fuera una imposición de la Orden de San Juan, relacionada con unas determinadas necesidades litúrgicas.

Estas alteraciones podrían explicar otras modificaciones y divergencias estilísticas en el resto del edificio, como por ejemplo la falta de sintonía decorativa en el exterior de los tres ábsides. Así, en el ábside norte volvemos a encontrar este mismo motivo en zig-zag decorando la arquivolta sobre el vano. Esta circunstancia se ha venido explicando hasta ahora como un rasgo arcaizante, relacionado con una mayor antigüedad de este sector de la iglesia en el proceso de edificación.

La familia de doña Aldonza Osorio


Epígrafe de construcción de San Juan del Mercado (1182)

Detalle del bocel en zig-zag decorando el pasadizo entre los ábsides central y sur

Detalle del bocel en zig-zag decorando el pasadizo entre los ábsides norte y central

Detalle del epígrafe

Pasadizo que comunica los ábsides central y norte

“... cepit hedificare ecclesiam ex sectis in quadratis lapidibus”. Marcas de cantero en uno de los pilares

Detalle de la ventana en el exterior del ábside norte


APÉNDICE DOCUMENTAL


1181, septiembre.

Pedro de Areis, prior de la Orden del Hospital de San Juan en Hispania, recibe bajo su protección, y dota con diversas heredades y rentas, la obra de la iglesia de San Juan Bautista de Benavente, que había comenzado a edificar doña Aldonza, hija del conde Osorio y la condesa Teresa, con el fin de que pueda concluirse dicha obra.

Archivo Histórico Nacional, Sección de Órdenes Militares, carpeta 574, n.º 1. Perg. orig.
ED. S. GARCÍA LARRAGUETA, “La orden de San Juan en la crisis del Imperio hispánico en el siglo XII”, Hispania, 49 (1952), doc. 24; R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, “Documentos para la historia de Benavente durante el reinado de Fernando II (1157-1188)”, Brigecio. Revista de estudios de Benavente y sus tierras, 3 (1993), pp. 240-241.

(Crismón) In nomine Domini nostri Ihesu Christi, amen. Presentes sciant et posteri quod ego Petrus de Areis, Dei nutu in Hyspaniis prior, et omnes fratres sancti Ospitalis cum consilio et auctoritate domni Iufreo, Iherosolimitano acomendatori, pari et comuni assensu accepimus consilium salubrem quatinus opus illud quod domna Eldoncia comitis Osorii et Tareise comitisse filia, in honore Dei omnipotentis et beate Marie et beatissimi Iohannis Babtiste et in honore Sancti Ospitalis in Benevento cepit hedificare cum nostro consilio et auctoritate in cassum ob nostri dedecus et imperfectum ne remanere videretur, ipsa enim iam dicta domna Eldoncia cepit hedificare ecclesiam ex sectis in quadratis lapidibus; et quia tantum et tale opus sine nostro adiutorio perficere non valet, nos damus ei adiutorium ad perficiendum. Et ne in posterum oblivionis hoc factum fuscaretur nebula, pagine tradidimus. Determinavimus igitur census et hereditates et huic iamdicto operi dedimus et semper ibi serviturus concedimus donec ad perfectione perveniat. Hec sunt nomina hereditatum quas ibi damus: Quantum in Beneventum habemus et in Sanctam Marinam, in Villa Queyxida et in Villafer et quantum habemus in Villa Queyxida usque in Beneventum, et quantum habemus a Benevento usque ad villam que dicitur Val, et quantum habemus in Val, et quantum habemus in a Benevento usque ad Aravalde, et tota Aravalde et usque ad Mairen, et usque ad Saludes et quantum habemus in Saludes et in Mayren et quantum habemus in Sanctam Marinam de Requeyxo. Omnes has hereditates cum omnibus suis directuris et pertinenciis ab integro damus et concedimus supradicto operi ut tandiu ibi serviant donec perfectus sit. Et ab hac die non habebimus licenciam nos nec nostri successores ab ipsis hereditatibus aliquid auferre vel extraere, set ab integro reserventur ad opus supradicte ecclesie quam, ut diximus, domna Eldoncia hedificat. Ille frater qui procurator huius operis extiterit et acomendator in supradictis villis et hereditatibus fuerit nullum servicium nobis inde nec nostris successoribus faciat nec aliquid alcui inde det, nisi tantum quod sibi placuerit. Et si aliquid in supradictis locis et terminis sanctus Ospitalis adquisierit, totum damus et concedimus iamdicto operi. Et ego Eldoncia Osorii, pro tanto beneficio quod vos datis ecclesie sancti Iohannis quam ego in honore santi Ospitalis construo, do et concedo sancto Ospitali, ut singulis annis terciam habeat de omnibus hereditatibus quas sancto Ospitali dedi, excepto de Mairen et Saludes et Val de Iuguelo et Val de Iunco eremo. De aliis autem hereditatibus habeat totam terciam sanctus Ospitalis sicut et de ceteris suis hereditatibus.
Facta carta era Ma CCa XVIIIIa, mense septembris. Regnante rege Fernando cum filio suo rege Alfonso in Legione, Gallecia, Asturiis, Extremadura. Maioredomus comite Urgeli. Signifero Gundisalvo Roderici de Azafra. Roderico Ovetensis ecclesie episcopo. Anrico Legionensis episcopo. F[ernandus] Astoricensis episcopo.
Ego Petrus de Areis prior et totum capitulum hec scriptum quod fieri iussimus, propriis manibus roboramus, confirmamus et signum fieri iussimus. Et ego Eldoncia Osorii propria manu roboro et confirmo (signo). Nunus notuit confirmat.
(1ª col.) Don Suerino conf. Petrus Melgar conf. Petrus Frolaz conf.
(2ª col.) Petrus Sancti Vicencii conf. Garcia Ramirez conf. Lop Diaz conf.
(3ª col.) Fernandus Martiniz conf. Didacus Iohannis conf. Garcia Roderici conf.
(4ª col.) Petrus Monazino conf. Petrus Roderici conf. Rodericus Micaeliz conf.
(5ª col.) Nichola Pelaiz conf. Rodericus Martiniz conf. Roman Rei conf.
(6ª col.) Stephanus Petri conf. Petrus Martiniz conf. Fernandus Cotan conf.