domingo, 19 de octubre de 2008

Rincones para el Recuerdo - El último asedio al Castillo de Benavente

Detalle del muro y la alambrada levantados junto al Torreón del Caracol del Castillo de Benavente

Crónica de la Desolación

Hacía ya bastante tiempo que quien suscribe estas líneas no se acercaba por el Torreón del Caracol de Benavente, o lo que es lo mismo por el último vestigio del tristemente extinguido Castillo-Palacio de los Pimentel. Pero la mañana del domingo 19 de octubre de 2008 era soleada, invitaba al paseo y la cámara digital tenía sus baterías recién cargadas. 

Así que, rememorando pasadas glorias de guerreros y caballeros medievales, desde la Calle de los Carros ascendí por la Calle Fortaleza (antiguo acceso a la Puerta de Santiago y entrada natural al Castillo), e inicié la maniobra de aproximación al Parador de Turismo por su cara sur. Nada nuevo bajo el Sol, me dije, todo parece estar más o menos como lo deje hace algún tiempo.

El torreón presentaba buena luz para el reportaje fotográfico, lejos de los agresivos contraluces del verano, ideal para captar algún detalle no explorado o buscar el siempre escurridizo encuadre creativo. Pero conforme me fui acercando a la fábrica del viejo torreón, levantado a principios del siglo XVI por el V Conde, mis expectativas quedaron gravemente truncadas. El espeso seto que rodea la piscina y los jardines del complejo hotelero ha ido engullendo de forma inexorable la estampa del principal referente benaventano. Resulta complicado encontrar una vista mínimamente presentable, pues los árboles no dejan ver el bosque, esto es el Castillo.

En vista de lo infructuoso del intento decidí entonces probar fortuna y llegar hasta el pie mismo del Torreón. Recordé entonces aquellos grabados, litografías, viejas postales, fotografías antiguas, reportajes de bodas, comuniones, fotos de grupo, recuerdos familiares y sentimentales propios y ajenos. No se podría calcular el número de instantáneas, firmadas tanto por profesionales como por aficionados, que durante la pasada centuria eligieron el viejo Torreón como paisaje para sus figuras. Entonces la perspectiva era perfecta si se sabía aprovechar el sol de la mañana. Un desahogado descampado precedía a la noble ruina y, además, desviando ligeramente el objetivo hacia Poniente se obtenía una hermosa panorámica de los molinos de Sorribas y la fértil vega del Órbigo.

Panorámica actual de la fachada sur del Torreón del Caracol

Si la vista conjunta de Torreón y Parador acabó siendo, como hemos dicho, una empresa poco sugerente, acercarse a los cimientos del Torreón producirá un profundo desasosiego en más de uno. Lo que hace no muchos años era un ameno rincón, ahora parece una cárcel de alta seguridad. Una antiestética valla metálica, coronada de una desafiante alambrada, rodea todo el recinto.

La obra es reciente, pues el muro de piedra levantado como basamento tiene el cemento limpio y fresco. Un estrecho y agobiante pasillo (a un lado el muro y al otro el vacío sobre el canal del Órbigo) es el único paso abierto para seguir el sendero hacia los Cuestos. Sólo faltan las torretas y las garitas con los centinelas para estar perfectamente ambientados en Auschwitz, Dachau o Mauthausen, aunque sin saber muy bien si nos encontramos dentro o fuera de tan singular prisión. ¿La valla protege al Castillo de un posible asedio de los benaventanos o somos los paseantes autóctonos los defendidos frente a la invasión de los turistas?

No se acaban de entender las razones de tan evidente despropósito y atropello al patrimonio monumental. Aunque en la parte interior de la valla se adivinan unos plantones de cupresos, puestos con el fin evidente de disimular en un futuro el desaguisado, el aspecto desde el exterior no soporta la más benévola de las miradas. ¿Sobre qué argumentos de seguridad, privacidad o estética se ha podido levantar tal Muro de las Lamentaciones?

Tampoco sabe uno sobre quién hacer recaer el grueso de la responsabilidad de tamaño despropósito. Desde luego TURESPAÑA, organismo de la Administración General del Estado propietario del inmueble, ha realizado unas obras de ampliación del Parador entre los años 2001 y 2003 que en el aspecto externo han supuesto una "privatización" y ocultación de unos espacios arquitectónicos y de esparcimiento hasta entonces de libre acceso. 

Ignoro también si la Comisión de Patrimonio de Zamora ha dado el visto bueno a este engendro, o si lo visto se ajusta al proyecto inicial de las actuaciones a realizar. La Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León tendría también algo que decir al respecto, pues no olvidemos que estamos hablando de un Bien de Interés Cultural (BIC) desde el 3 de junio de 1931, de cuya gestión tiene todas las competencias. 

El Ayuntamiento, como institución obligada a velar por el interés general, también debe entonar el mea culpa, por haber permitido que los benaventanos nos veamos privados de lo que siempre fue un espacio de uso público, y de profundas connotaciones sentimentales para varias de nuestras generaciones. En cualquier caso, ¿a qué viene tanto empeño en fortificar y sitiar el Torreón? ¿Por qué se valla y se impide el acceso desde el exterior? ¿Es qué no es posible regular un uso compartido de estos ambientes? A punto de cumplirse el II Centenario del incendio y destrucción de la Fortaleza-Palacio, es triste comprobar como el asedio a estos venerables muros no parece tener su punto y final.

Torreón del Castillo de Benavente en una postal de los año 60 

Torreón y cuestos de la Mota, según fotografía de Pablo Testera

Torreón del Caracol y Parador de Turismo de Benavente

lunes, 6 de octubre de 2008

Napoleón en Castrogonzalo - El César francés en los Valles de Benavente

La Campaña de Francia, de Meissonier (1814)

El itinerario de Bonaparte, desde su salida de Madrid hasta su llegada a Astorga en el invierno de 1808, puede ser reconstruido con razonable precisión a través de las fuentes francesas e inglesas. El Emperador, a la vista de las noticias recibidas el 19 de diciembre sobre los movimientos ingleses, había ordenado desde Madrid al mariscal Ney que se dirigiera al día siguiente hacia el Guadarrama con dos divisiones y la caballería de Colbert. Sobre la marcha se le incorporaría desde El Escorial la división de Dragones de La Houssaye, que avanzaría sobre Ávila.

El 22 de diciembre, hacia el mediodía, Napoleón abandonó Chamartín, precedido por su Guardia Imperial, con el propósito de pernoctar en Villacastín ese mismo día. La empresa se vería truncada por las adversas condiciones meteorológicas, pues un violento temporal de viento y nieve reinaba en las sierras madrileñas. El frío era intensísimo, como remarca el Conde de Toreno: "...tan intenso el frío para aquel clima, que al pie de las montañas de Guadarrma señaló el termómetro de Reaumur nueve grados debajo de cero [...] Al bajar a Castilla la Vieja sobrevino blandura, acompañada de lluvia, y se formaron tales lodazales, que hubo sitios en que se atascaron la artillería y equipajes, aumentándose el desconsuelo de los franceses a la vista de los pueblos por la mayor parte solitarios y desprovistos".

Debido a estos imponderables la marcha del ejército resultó muy dura y penosa, ralentizando los planes franceses y dispersando sus efectivos en diferentes puntos del itinerario. El Emperador disponía de un total de fuerzas movilizadas contra Moore que superaban los 40.000 hombres. En la noche del 22 al 23 de diciembre de 1808 todas estas unidades se encontraban diseminadas en una columna de más de 120 kilómetros, la distancia comprendida entre Madrid y Arévalo.

La documentación epistolar de Bonaparte viene a señalar los hitos principales. Desde Chamartín, donde se fechan diversas cartas durante el día 22 de diciembre, los siguientes hitos desde los que se emiten documentos oficiales son Villacastín el 23, Arévalo el 24, Tordesillas el 25, 26 y 27, Medina de Rioseco y Valderas el 29. Las siguientes cartas son ya redactadas en Benavente durante los días 30 y 31 de este mismo mes.

La marcha desde Medina de Rioseco a Valderas durante la jornada del día 28 de diciembre se caracterizó por su extrema dureza. Napoleón, devorado por la furia y la impaciencia, no se permitió ni un respiro, creyendo que estaba a punto de dar caza al enemigo y asestarle el golpe definitivo. Las memorias le describen galopando colérico a campo a través, seguido a duras penas por un reducido grupo de cazadores de su guardia, todo ello bajo un auténtico diluvio y con los caminos convertidos en lodazales.Vemos como la ruta seguida por el Emperador se desviaba hacia el norte, apartándose ligeramente de la carretera de La Coruña.

Al parecer, Napoleón, no conociendo con exactitud la situación del ejército inglés, dirigió su ejército hacia el norte, hacia Medina de Rioseco y Valderas, con la intención de coger a los ingleses por el flanco. Pero para entonces ya habían sorteado el Esla en Valencia de Don Juan y en Castrogonzalo. El César francés decidió entonces bajar hacia Benavente con dos objetivos: pasar con mayor rapidez y garantías el río, y hacerse con los almacenes ingleses que se habían establecido en Benavente.

La mañana del 29 la vanguardia, compuesta de tres escuadrones de caballería al mando de Lefebvre, llegó a la altura de los ingleses en el Esla, dando lugar al episodio célebre del cruce del Esla y la captura posterior del general. El emperador debió ser informado casi inmediatamente del apresamiento de su general y se presentó en el escenario de los acontecimientos muy poco tiempo después.

Jean Baptiste Antoine de Marcelin, barón de Marbot, advierte que Bonaparte, consciente de la maniobra de retirada de Moore, aceleró la marcha de su ejército, recorriendo diez o doce leguas diarias a pesar del frío, la lluvia, la nieve y el deplorable estado de las carreteras. Este mismo autor precisa que Bonaparte llegó al Esla en el momento en que un parlamentario enemigo venía a anunciar que el caballo del general Lefebvre había muerto durante el combate y que el general era prisionero de guerra. Sobre este particular las versiones no siempre son coincidentes. Así Thomas Pococke, después de relatar con detalle la captura de Lefebvre sugiere, sobre la base del testimonio de los lugareños, que el propio Emperador fue espectador de excepción de los acontecimientos: "nos dijeron los españoles que Bonaparte había visto el episodio desde los altos".

Sea como fuere, parece acreditado, a partir de diversos testimonios coincidentes, que Napoleón llegó al Esla, a la altura del volado puente de Castrogonzalo, en la misma mañana o durante la tarde del día 29 de diciembre de 1808. Igualmente, todo apunta a que el lugar donde había pernoctado la noche anterior y en el que se instaló su cuartel general era Valderas, y no Villalpando como insisten las fuentes inglesas. De ese mismo día 29 existe documentación epistolar del Emperador fechada en Valderas. Una de las misivas, como se ha comentado anteriormente, está dirigida precisamente a Lefebvre, lógicamente redactada de madrugada antes de producirse su apresamiento.

A partir de aquí los testimonios son de lo más dispar y, en algunos casos, irreconciliables. Una fuerte tradición oral, que es bien conocida entre los vecinos de Castrogonzalo, precisa que el Emperador pasó la noche en la localidad, alojándose en la casa rectoral del párroco de la iglesia de San Miguel, en el Barrio de Arriba. Esta vivienda, de arquitectura más bien modesta en comparación con otras construcciones de la misma localidad, fue derribada hace ya algunos años. Estaba situada en la plaza de La Laguna, cuyo nombre recuerda la existencia desde antiguo de una explanada donde se recogían las aguas de lluvia para el aprovechamiento del ganado. Desde luego, no era la mejor casa existente en 1808 en el pueblo, pero es posible que sí resultara la que pudiera ofrecer mayores comodidades y garantías en aquellos vibrantes momentos. A la vista de algunas fotografías sorprende que pudiera ser elegida para el descanso del César francés, cuando sabemos por diversos testimonios que su ejército no se andaba con miramientos para la ocupación y confiscación de todo tipo viviendas particulares, hospitales, iglesias y monasterios. Tal vez su condición de casa rectoral y su estratégica situación en la Plaza de la Laguna, con salida hacia dos calles y en la parte alta de la población, la hicieron aconsejable por motivos de discreción y seguridad.

De los historiadores locales, es el corresponsal de Madoz el primero en consignar la estancia de Napoleón en Castrogonzalo. El anónimo relator es muy preciso, fija la hora de llegada a la localidad y recoge también la captura del general Lefebvre. Al igual que ocurre con otros autores posteriores sitúa erróneamente este acontecimiento el 26 de diciembre de 1808:

"El 26 de diciembre de 1808 se dio una reñida acción de caballería en el prado de este pueblo, entre la vanguardia del ejército de Napoleón y la retaguardia del ejército inglés; éste había volado el día anterior dos ojos del puente, pero los franceses pasaron el río a nado aunque estaba fuera de madre, y obligaron a los ingleses a batirse; el número de estos era de 2.000 jinetes, y el de aquellos de cerca de 3.000, y a pesar del exceso en el número vencieron los isleños, teniendo la gloria de hacer prisionero al general Lefebvre; los franceses repasaron el río con pérdida de muchas gentes arrebatadas por el agua. Napoleón llegó aquella tarde sobre las 3 ½ a Castrogonzalo, y se alojó en la casa del cura de la iglesia de San Miguel".

Tanto Fernández Duro como Álvarez Martínez, siguen al pie de la letra a Madoz en la secuencia de los hechos. Ambos asumen la fecha del 26 de diciembre para el choque de caballería en la vega del Esla y la llegada del Corso a Castrogonzalo aquella misma tarde. También reproducen la noticia de su alojamiento en la casa rectoral de la parroquia de San Miguel. Fulgosio, por su parte, se limita a señalar que "el 28 de diciembre comenzó la retirada del general inglés Moore".

No he podido localizar ningún relato inglés o francés que confirme o haga referencia a este acontecimiento. Si Napoleón efectivamente pernoctó en Castrogonzalo, esto sólo pudo ocurrir en la noche del 29 de diciembre de 1808. Es la única fecha compatible con la secuencia de los acontecimientos. Respecto a esta misma jornada y la del día 30, la mayoría de los autores se centran en los intentos de vadear el río y la posterior llegada de Bonaparte a Benavente.

Lois François, Baron de Lejeune, uno de los cazadores que vadearon el Esla en compañía del general Lefebvre, menciona el pueblo al que acudió para reunirse con el cuartel general, una vez replegado su ejército. Al igual que otros autores sitúa la derrota de la vanguardia francesa el día 26. No identifica la población, pero a la vista del contexto debe ser Castrogonzalo. Describe el chamizo que sirvió de cuartel y cómo todo posible lugar de refugio en los alrededores estaba repleto de soldados y caballos, la mayoría de la Guardia Imperial.

Itinerario de Napoleón en Castilla y León

Napoleón Cónsul

Napoleón, por Meissonier

Iglesia de San Miguel de Castrogonzalo

Pablo Fernández, vecino de Castrogonzalo, a caballo. Al fondo la ventana de la habitación en la que, según la tradición, durmió Napoleón Bonaparte

Mural de Parsec! junto al puente de Castrogonzalo

Véase también:

jueves, 18 de septiembre de 2008

Camarzana de Tera - Castro prehistórico y villa romana

Mosaico del "Sueño de Ariadna" en la villa romana de Camarzana de Tera

La localidad de Camarzana de Tera es el principal núcleo de población de la subcomarca del Valle del Tera, una de las demarcaciones geográficas y administrativas del norte de Zamora integrantes de lo que se ha venido en llamar Valles de Benavente. Este espacio subcomarcal se corresponde, en realidad, con el curso bajo del río, pues los cursos alto y medio presentan una configuración geográfica bien distinta y se inscriben dentro de las regiones de Sanabria y Carballeda. El Valle del Tera ha sido históricamente un territorio más poblado, con un aprovechamiento agrario más intenso por la fertilidad de su vega, mejor articulado y bien comunicado a través de una ruta natural este-oeste que se apoya en el propio curso fluvial.

Siete son los municipios ribereños que jalonan el valle: Vega, Calzadilla, Camarzana, Melgar, Santa Croya, Santibáñez y Micereces, a su vez integrados por otras entidades menores hasta alcanzar un total de 18 núcleos de población. El curso de agua actúa como verdadero límite "natural" entre los municipios situados al norte del mismo (margen izquierda) y los situados al sur (margen derecha). A estos municipios citados deben añadirse los de sector norte-noroeste del valle (Cubo de Benavente, Uña de Quintana y San Pedro de Ceque), correspondientes con la cuenca del arroyo del Regato. Su inclusión en el Valle del Tera no siempre ha sido reconocida, pero geográfica e históricamente ha mantenido estrechas vinculaciones con el resto del territorio.

El casco urbano actual de Camarzana está situado al pie de un extenso cerro amesetado conocido como "Encinas", cuya parte más elevada (777 metros), dominando el poblado, recibe el significativo nombre de "El Castro". El término está regado también por el arroyo Regato, cuyas aguas vierten en el Tera después de recorrer su corto valle.

El municipio actual, además de Camarzana, reúne las poblaciones de Santa Marta, San Juanico el Nuevo y Cabañas, todas ellos de menguada parroquia y muy próximas entre sí. La extensión total es de 48 km cuadrados y la población ronda los 1000 habitantes.

Las terrazas de la margen izquierda del río Tera son particularmente ricas en manifestaciones de la industria lítica achelense y, también, de época pospaleolítica. En Camarzana las principales manifestaciones se localizan en las terrazas que dominan el poblado por el norte, concretamente en los pagos de "Los arrotos de San Martín" y "El Castro", donde se han recogido bifaces, hendidores, cantos tallados, lascas y núcleos.

Un segundo momento destacado de ocupación prehistórica se corresponde con la I Edad del Hierro. El cerro, asentado en terrenos miocenos y pliocenos, no precisaba defensas artificiales pues en el sector norte hay una vaguada y en el resto de los flancos existen abruptos cortes sobre la vega del Tera. Solamente en el sector occidental se aprecia un talud de posible origen antrópico. Las prospecciones proporcionaron abundantes materiales cerámicos de la I Edad del Hierro junto con algunos otros de cronología romana.

Panorámica de Camarzana de Tera desde el castro

Vértice geodésico en lo alto del castro

Excavaciones arqueológicas en el área de la villa romana

Capitel de Camarzana de Tera en el Museo de Zamora

Capitel de Camarzana de Tera en el Museo de Zamora

En 1985, con ocasión de las obras de construcción de un depósito de aguas, se realizó una intervención arqueológica de urgencia en un pequeño sector del castro. Las excavaciones confirmaron un asentamiento de la I Edad del Hierro. Durante los trabajos se exhumaron cuatro estructuras superpuestas de otras tantas viviendas que reflejaban una continuidad en su técnica de construcción. Se trata de las típicas cabañas circulares, levantadas con barro, con restos de sus correspondientes hogares aún reconocibles. Carecían de cimentación, aunque la vivienda más antigua estaba reforzada exteriormente con un zócalo de gruesos cantos rodados. En su interior presentaban suelos de tierra pisada.

Mayor notoriedad alcanzaron en la bibliografía de los siglos XIX y XX las noticias sobre la existencia en la localidad de restos una villa romana y pavimentos teselados dispersos por el casco urbano. Dicha villa se asienta estratégicamente, no sólo a la sombra del castro prehistórico, sino también en las inmediaciones de una importante vía de comunicación. La vía XVII del Itinerario de Antonino unía Asturica Augusta (Astorga) con Bracara Augusta (Braga). Tras atravesar el valle de Vidriales procedente del campamento de Castrocalbón se dirigía al cauce del Tera, probablemente salvado a través de un puente entre Calzada y Calzadilla.

Los primeros hallazgos fueron exhumados con ocasión de los movimientos de tierras previos a la construcción de la carretera de Benavente a Mombuey, en la segunda mitad del siglo XIX. Gómez Moreno también se hizo eco de todo ello, además reconocer el castro prehistórico, pudo examinar in situ algunos fragmentos de tapices teselados repartidos por varias viviendas de particulares. Pero además anotó interesantes observaciones sobre el templo parroquial, que relacionó con el pasado romano de la localidad. Llamó la atención del erudito granadino el tamaño excepcional de los ladrillos empleados en su fábrica y el hecho de que el ábside semicircular no contara con vano alguno: "lo que hace creer que no fue hecho para uso cristiano". Pero lo más interesante, e inquietante a la vez, son los cimientos de un contraábside occidental que alcanzó a ver "con sus trechos laterales de muro hasta dar en las esquinas del rectángulo".

Las observaciones de Gómez Moreno no cuentan, a día de hoy, de corroboración arqueológica. Únicamente dos capiteles entregos, localizados desde antiguo en las inmediaciones de la villa romana, hoy en el Museo de Zamora, han contribuido a apuntalar esta interpretación de un posible templo paleocristiano o visigodo anterior. Pero el reciente hallazgo de un tercero, este exento, en la excavación misma de la villa romana no hace más que abrir el abanico de posibilidades sobre su cronología, adscripción estilística y funcionalidad concreta
.
En 2007, con motivo de la construcción de un bloque de viviendas en el casco urbano de la localidad y dado el carácter protegido en las normas subsidiarias, el Servicio Territorial de Arqueología afrontó una intervención de urgencia. Posteriormente, ante la magnitud de los hallazgos, se optó por una ampliación de la misma que se extendió a prácticamente todo el solar. Al día de hoy los restos documentados se interpretan como un conjunto habitacional correspondiente a la pars urbana de una villa tardorromana. Una parte muy pequeña de lo que debió ser el conjunto total. Se identificó un patio o peristilo y diversas estancias con mosaicos geométricos y figurados de calidad notable. Entre las estancias exhumadas debe destacarse una rectangular ¿triclinium?, con un acceso principal y otro secundario, amortizado desde antiguo, con un mosaico figurado central con diferentes representaciones. Rodeando la escena principal ocho cartelas con cuatro cuadros en los ángulos que cobijan a caballos con los nombres de "GERMINATOR" (MBH entre las patas), FYBIX (MBM entre las patas), AERASIMIS (LBS entre las patas) y VENATOR QVI.

Iglesia parroquial de Camarzana de Tera

Iglesia parroquial de Camarzana de Tera

Iglesia parroquial de Camarzana de Tera

Iglesia parroquial de Camarzana de Tera

Iglesia parroquial de Camarzana de Tera

Para ampliar estas cuestiones véase el siguiente artículo del autor:

domingo, 31 de agosto de 2008

El Retablo de Castrogonzalo - Una mirada a la pintura renacentista en la provincia de Zamora

Detalle de la tabla de La Visitación

1. Breve historia de un traslado

Este retablo, actualmente situado en el muro occidental de la iglesia de San Miguel, es sin lugar a dudas el principal tesoro artístico con que cuenta la villa zamorana de Castrogonzalo. No obstante, su emplazamiento original estuvo en el presbiterio de la desaparecida iglesia de Santo Tomás. La pequeña historia de este traslado debe situarse a principios de los años ochenta, momento en que el progresivo deterioro del templo comenzó a sembrar la inquietud entre los vecinos.

Desgraciadamente, los negros augurios formulados por vecinos y parroquianos tuvieron su confirmación punto por punto. El culto tuvo que interrumpirse definitivamente en la iglesia ante el desplome de parte del techo y la proliferación de amenazantes grietas en muros, bóvedas y cúpula. De esta forma, Castrogonzalo perdía temporalmente sus dos parroquias, dado que el otro templo, San Miguel, hacía ya bastantes años que estaba fuera de servicio. Un modesto local municipal, acondicionado al efecto, tuvo que cumplir las misiones de altar improvisado durante una larga temporada, haciendo posible el servicio religioso.

Algún tiempo después, tras la realización de diversas obras de reforma  pudo volver a utilizarse la iglesia de San Miguel. Fue este el momento en el que se acometió el traslado y restauración de nuestro retablo a cargo de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, trabajos que se prolongaron durante varios meses de los años 1985 y 1986. Las obras fueron provisionalmente recibidas el 2 de junio de 1986 y el 2 de junio de 1987. Las tablas y su marco arquitectónico retomaban así su antiguo esplendor perdido, pero las tallas no gozaron del mismo privilegio, aguardando pacientemente aún hoy a que alguien se apiade de ellas. Paralelamente, el abandono y el consiguiente proceso de deterioro de Santo Tomás continuaron imparables durante los años siguientes, hasta que en torno a marzo de 1992 se derribó definitivamente.

2. La iglesia de Santo Tomás de Castrogonzalo

La existencia de dos parroquias en Castrogonzalo y, por consiguiente, de dos barrios -el de Arriba y el de Abajo-, es un aspecto indisolublemente ligado a su historia. Ya desde 1157 contamos con referencias sobre templos en la villa dependientes de la mitra astorgana. En 1225 Alfonso IX concede al monasterio de Arbás cuantos derechos le pertenecían en las dos iglesias de Castrogonzalo. En 1361 encontramos la primera mención de la iglesia de Santo Tomás en un documento del monasterio de Santa Clara de Benavente.

Aunque la planta y estructura general de la iglesia puede responder al siglo XVI, durante el siglo XVIII se acometieron importantes reformas. El templo tenía una nave única en forma de cruz, cabecera y brazos rectos, y espadaña a los pies. Su fábrica, fruto de diversas fases constructivas, alternaba el tapial, el ladrillo y la sillería. La cubierta era a dos aguas sobre armazón de madera. El crucero se cubría con cúpula semiesférica y la nave con bóveda de medio punto con lunetos. El cuerpo inferior de la espadaña fue reparado y reforzado en diversas ocasiones y a mediados de los años setenta se adosó una galería cubierta al muro sur.

Durante el siglo XVII hay constancia de varios pagos para la realización diversas obras. En esta época en el templo había al menos tres capillas: la de la Natividad de Nuestra Señora, la de San Martín y la de San Juan Bautista. Hay también menciones de intervenciones en la capilla mayor, así, sabemos que en 1640 se limpió el altar mayor o que por estos años doró la caja del Santísimo. Al margen de estas obras, el templo atravesó un momento delicado en los días inmediatos al 29 de diciembre de 1808, cuando las tropas francesas ocuparon el pueblo y utilizaron la iglesia como establo para sus caballerías. Según el testimonio de su párroco, los franceses irrumpieron en la iglesia e hicieron varias hogueras en su interior, destrozaron las puertas del Sagrario y alguna otra pieza de retablos.

3. Características formales e iconografía

El retablo tiene una longitud de 7,80 metros y una altura de 5,70 m. El zócalo mide unos 1,30 m. y la coronación del ático tiene otros 1,50 m, con lo que la altura total máxima desde el suelo es aproximadamente de 8,50 metros. Está presidido por dos esculturas: una talla de Santo Tomás Apóstol y otra de San Juan Bautista.

Su estructura arquitectónica consta de un cuerpo bajo: el banco o predela, ocupado por encasamientos, con diez pequeñas imágenes de evangelistas, santos, apóstoles y doctores de la Iglesia. Se distribuye verticalmente en una calle central y cuatro laterales, a las que hay que añadir otras dos calles exteriores, más estrechas, con recuadros a manera de nichos que acogen el resto de tallas, hasta completar el número total de veintidós. Horizontalmente se distinguen tres cuerpos o pisos. La separación entre las calles se realiza a través de columnillas abalaustradas. La transición de un cuerpo a otro se efectúa mediante cornisas y frisos decorados con grutescos. Lo más destacable de todo el conjunto son las 14 tablas policromadas que representan diversos temas del Nuevo Testamento.

El primer ciclo temático tiene por tema aspectos diversos de la vida de la Virgen y la infancia de Cristo, ocuparía todo el primer cuerpo y las dos tablas del lado izquierdo del segundo. Comprende: El Nacimiento de la Virgen, La Anunciación, La Visitación, La Natividad, La Adoración de los Magos y La Presentación en el Templo. Mayores problemas presentan las tablas siete y ocho, ambas en el lado derecho del segundo piso, las correspondientes a los temas de Pentecostés y La imposición de la casulla a San Ildefonso. La primera no encaja en el desarrollo temático, pues debería estar en el tercer piso tras La Resurrección.  La segunda no corresponde a un momento concreto. Por último, el cuerpo tercero se centra en temas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Comprende El Ecce Homo, Camino del Calvario, El Calvario y La Resurrección. La última tabla de este piso que hemos numerado como la trece, es una imagen de la Asunción de la Virgen que se completa con La Inmaculada del ático.

4. Aspectos estilísticos y compositivos

En nuestro retablo se pone de manifiesto la influencia conjunta de la pintura hispano-flamenca y la renacentista italiana. Junto a composiciones e iconografía propios de lo flamenco, los personajes se desenvuelven en arquitecturas renacentistas. Pero es el arte de Rafael Sanzio el que deja una mayor impronta. Su influencia se manifiesta en la belleza ideal, en la delicadeza de los gestos, en el suave plegado de los paños y en la suavidad de la luz.

Los rostros de los personajes son apacibles y delicados. Las manos son estilizadas con dedos afilados que dotan de expresividad y significado a los temas. La luz es otro elemento importante. No existe una definición clara de los puntos de luz, por lo que no se perciben fuertes contrastes. El color está vinculado a la composición. Se opta por las tonalidades suaves y en general frías, con toques de claroscuro. El autor o autores domina la técnica de la representación de pliegues, añadiendo sombras y matices crean los volúmenes. Las indumentarias responden a las modas de la época, reflejando los ambientes selectos de la corte y la alta nobleza. En cada tabla aparece definida una escena principal que da sentido al tema, y con frecuencia, otras secundarias. El autor o autores frecuentemente se permiten la licencia de introducir elementos anecdóticos y desenfadados. De esta forma encontramos, a veces en lugares preferentes e insospechados a esos ángeles con hechura de niños, perros, gatos, o los estudios minuciosos de los objetos más diversos.

Por último, hay que hacer referencia obligada al paisaje y los fondos de las escenas por ser uno de los elementos que más vinculan nuestro retablo con el grupo selecto de pintores de la Escuela de Toro. Generalmente el paisaje se muestra visible al espectador tras un arco o un vano de la estancia principal, cuando se trata de un interior; o bien se representan horizontes abiertos con ambientes mucho más diáfanos y desahogados.

5. La decoración escultórica

Dos figuras escultóricas presiden actualmente el retablo en su calle central: una talla de Santo Tomás Apóstol, bajo cuya advocación se levantó el templo, y otra de San Juan Bautista, ambas de mediados del siglo XVI.

El santo titular, en rigurosa posición frontal, viste túnica azulada que le llega hasta los pies descalzos y manto rojo abierto por un costado. Sostiene un libro abierto con su mano izquierda, atributo genérico de los apóstoles, pero también alusión a su leyenda de predicador en la India. De hecho su ademán es de lectura o declamación, sensación que queda remarcada con su expresiva mano derecha levantada, aunque también es muy posible que en ella llevara la escuadra, en alusión a su condición de patrón de arquitectos y geómetras. La hornacina dorada que le sirve de marco arquitectónico esta profusamente decorada con motivos vegetales, "putti", y las alegorías de la Fe y la Justicia.

La talla de San Juan es con diferencia la más notable de todo el retablo. Su evidente mérito ya fue advertido por Gómez Moreno, destacándola de todo el conjunto. Es una imagen manierista, de elegantes proporciones estilizadas a la manera clásica. Viste la tradicional piel de camello y está acompañado por el cordero a los pies. De acuerdo con su vida austera y errante aparece alto, descalzo, casi desnudo y demacrado, con cabellos y barba descuidados. Esta impresión es ahora irónicamente magnificada por su lamentable estado de conservación y la suciedad que le cubre. Porta el libro en la mano izquierda y tiene mutilado su brazo derecho, donde quizá llevara la concha del bautismo. Su pierna izquierda avanza decidida en un atrevido "contrapposto" que rompe la frontalidad y arquea ligeramente su cuerpo en un guiño praxiteliano. La cruz parece un añadido posterior. En la actualidad la imagen se nos presenta con un nada discreto cortinaje azulado de fondo, pero en fotos antiguas de la iglesia de Santo Tomás anteriores al traslado se aprecia una hornacina avenerada más acorde con el espíritu de la talla.

El retablo cuenta también con un total de veintidós pequeñas imágenes de madera policromada, de calidad discreta, que representan a apóstoles, evangelistas, padres de la Iglesia y santos. El orden actual de colocación parece puramente aleatorio. En su origen muy probablemente el apostolado ocupaba las dos calles exteriores, con doce huecos en total,  mientras que el resto de imágenes se debía distribuir por los encasamientos de la predela. La identificación del algunos de estos personajes resulta problemática al estar parcialmente mutilados o haber perdido sus atributos. Estas tallas parecen pertenecer a la misma época en la que se realizó todo el conjunto, aunque en la documentación consultada no hay la más mínima noticia de ellas. Es factible, tal y como ocurre en otros casos, que alguno de los autores combinara las labores pictóricas con las escultóricas. Según David de las Heras algunas han sido sustituidas, “cambiando las primitivas por otras más modernas”. Peor valoración hace de ellas Gómez Moreno, al afirmar lacónicamente que no tienen un especial mérito artístico y responden, en su mayoría, a “modelos italianos”

6. El problema de la autoría

No se ha localizado firma en ninguna de las trece tablas, ni contamos con datos sobre su encargo en los libros de fábrica. Afortunadamente estas lagunas documentales han podido ser suplidas a partir de los protocolos notariales. Los primeros datos conocidos están relacionados con el pintor salmantino Juan de Montejo. En 1559 su viuda, Luisa de Oviedo otorga poder a dos vecinos de Villalpando para que presenten un requerimiento al mayordomo de la iglesia de Castrogonzalo “sobre el pintar del retablo que está comenzado”. Al año siguiente, el 3 de febrero, nuevamente Luisa de Oviedo otorga poder a Francisco de Valdecañas, pintor vecino de Toro, para pedir aparejos para acabar el retablo. 

Pero el documento que arroja más luz es un contrato firmado entre Luisa de Oviedo y Francisco de Valdecañas el 23 de febrero de 1560. Por él sabemos que el pintor toresano estaba obligado a entregar acabado el dicho retablo para el año siguiente. Francisco de Valdecañas murió sin cumplir finalmente todos sus compromisos. En 1569 Antonio de Salamanca retoma los trabajos. Muy poco, sin embargo, duró esta labor pues debido a una enfermedad traspasa su labor a Santiago de Remesal, pintor vecino de Valladolid.

Parece claro que la mayor parte de la obra del retablo de Castrogonzalo se hizo estando en vigor el contrato suscrito con Francisco de Valdecañas en 1560. A esta fase de los trabajos debe corresponder la pequeña inscripción existente junto al lado izquierdo del sagrario, que reza así: A:NOMD:LXII (1562). Más problemático resulta concretar cual fue la participación concreta de Valdecañas. Teniendo en cuenta su fuerte vinculación con el grupo de artistas de Toro, con los que trabaja frecuentemente de forma mancomunada, parece claro que uno o varios de ellos debieron de intervenir de forma activa. Los nombres de Lorenzo de Ávila y Juan de Borgoña II, llamado el Joven, planean sobre nuestro retablo.

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Inscripción en el lateral del sagrario A:NOMD:LXII (1562)

Vista general del retablo

Detalle de la tabla del nacimiento de la Virgen

Detalle de la tabla del nacimiento de la Virgen

Detalle de la tabla del nacimiento de la Virgen

Detalle de la tabla de la Anunciación

Detalle de la tabla de la Natividad

Detalle de la tabla de la Natividad

Detalle de la tabla de la adoración de los Magos
Detalle de la tabla de la presentación en el Templo

Detalle de la tabla de Pentecostés

Talla de Santiago Apóstol ataviado como peregrino

El retablo en la iglesia de Santo Tomás

Portada del libro "El Retablo de Castrogonzalo" (2001)

lunes, 4 de agosto de 2008

La Carrera de Benavente - II Centenario de la Guerra de la Independencia (1808-2008)

Imágenes de la recreación histórica de la Batalla de Benavente (1808-2008)

Los acontecimientos relacionados con la Guerra de la Independencia (1808-1814) constituyen, sin lugar a dudas, uno de los momentos de nuestra Historia Contemporánea que dejaron más profunda huella en un buen número de localidades de los Valles de Benavente. En la memoria colectiva de sus habitantes permanecen aún frescos diferentes episodios vinculados al paso de los ejércitos francés e inglés. La documentación parroquial suele consignar y detallar los daños infringidos al patrimonio mueble e inmueble, y da cumplida cuenta de las funestas consecuencias de la irrupción violenta de la tropa en unas poblaciones inmersas hasta entonces en el anonimato. Aunque la ocupación francesa se prolongó, como es bien sabido, durante varios años, son particularmente los últimos días del mes de diciembre de 1808 y las primeras jornadas del año siguiente los que mayores repercusiones tuvieron para Benavente y su comarca.

La historiografía francesa ha venido en llamar Carrera de Benavente -una denominación que hizo fortuna- a los acontecimientos registrados en los últimos días de diciembre de 1808 en torno a la retirada de las tropas inglesas de Moore hacia La Coruña. En realidad, la Carrera de Benavente es un concepto polifacético que comprende las peripecias de cruce del río Esla por ingleses y franceses en las inmediaciones del puente de Castrogonzalo, la voladura del mismo y las escaramuzas mantenidas entre la vanguardia y la retaguardia de ambos ejércitos en la extensa vega que separa el cauce del río del casco urbano de Benavente

La noche del 26 de diciembre de 1808 la caballería inglesa, la artillería rodada y un cuerpo ligero se quedaron en Castrogonzalo, mientras que las divisiones de los generales Hope y Fraser continuaron hacia Benavente. Este mismo día Moore dirigía una misiva al Marqués de La Romana desde Benavente informándole de los últimos movimientos, de la que se desprende que había llegado a la villa la noche anterior. Es entonces cuando, al parecer, comienzan a producirse graves actos de indisciplina y pillaje por parte de la soldadesca británica.

A pesar de los esfuerzos de los oficiales por evitar, en la medida de lo posible, el afán de destrucción, las estancias del Castillo fueron objeto de un expolio inmisericorde. Son varios los relatos que describen las hogueras encendidas junto a los muros de la Fortaleza, empleando como combustible todo el mobiliario que encontraban a mano, incluidas sus valiosas pinturas, y como se protegían del frío abrigándose con los tapices que engalanaban los muros. Sin embargo, el incendio final del edificio, el que originó su destrucción total, debió producirse a partir del 7 de enero de 1809, ya con la ciudad bajo control francés. 

La voladura del puente de Castrogonzalo era vital en la estrategia de Moore de asegurar la retirada hacia Galicia, frenar el avance napoleónico y no ofrecer, por el momento, combate en campo abierto al enemigo. Lo cierto es que tal táctica tuvo sus frutos, complementada con la crecida de los ríos y lo intransitable de los caminos. Así pues, la fábrica del puente fue minada en los arcos más próximos a la orilla izquierda del Esla por los ingenieros ingleses y volada con pólvora. El laborioso sabotaje debió tener lugar en un arco temporal que abarcaría la noche del 27 de diciembre hasta la madrugada del día 29.

La captura del general Charles Lefebvre-Desnouettes es, sin duda, el acontecimiento que mayor trascendencia tuvo de todos los episodios relacionados con la "Carrera de Benavente". Los hechos deben situarse en torno a las 9 de la mañana del día 29 de diciembre de 1808, antes incluso de que Moore se hubiera puesto en movimiento en dirección a Astorga. Las informaciones de las que disponía el ejército británico eran que el día 28 el Emperador había pernoctado en Villalpando. Sin embargo, todo apunta a que en realidad pasó aquella noche en Valderas. Desde aquí dio instrucciones a Lefebvre de intentar cruzar el Esla, pero sin comprometerse en un choque directo hasta que no llegaran los refuerzos correspondientes a un regimiento polaco. Lefebvre llega al Esla y comprueba que junto al puente no hay más que piquetes de caballería, lo que le induce a pensar que los ingleses ya se han retirado de Benavente.

Como el puente está impracticable busca, y encuentra, un vado a unos dos kilómetros aguas arriba, a la altura de Castrogonzalo, y con muchas dificultades, consigue vadear el río con toda su tropa, compuesta por unos 300 cazadores. La gran profundidad del vado elegido hace temeraria la empresa y obliga a los caballos prácticamente a nadar contra la corriente. Lefebvre llevado por su creencia en una total retirada inglesa de Benavente se adentró con pasión por la vega del Esla hasta las puertas de la villa en su persecución de los puestos de avanzada ingleses. De pronto se vio sorprendido por el grueso de la caballería del enemigo, que le atacó por el flanco y efectuó una maniobra envolvente. En su intento de repasar el río, su caballo cayó herido y se ahogaba, lo que facilitó su captura por dos soldados ingleses.

Con Lefebvre prisionero, sus tropas aturdidas y desorientadas intentaron también repasar el Esla con aún mayores dificultades que en la intentona anterior, pues sus aguas habían vuelto a crecer en el intervalo. Formaron para cargar de nuevo, pero los ingleses lograron situar rápidamente dos piezas de artillería ligera junto al puente, y con fuego de metralla dispersaron a los escuadrones franceses. En palabras del teniente Augustus Schaumann: "en verdad un cuadro digno de ser pasado a la posteridad por el pincel de un pintor de batallas como Lutherbourg o Bourgoin". 

En total, el Emperador perdió unos setenta hombres entre muertos, heridos o prisioneros. A la vista de la debacle, Napoleón intentó ofrecer a los ingleses un trato para el intercambio de prisioneros, y poder así recuperar a su querido general. Propuso al general en jefe enemigo cambiarlo por un oficial del mismo rango detenido en Francia, pero Moore no quería soltar una presa que le proporcionaba un trofeo ante una opinión pública británica muy crítica con sus movimientos en España. Fue tratado, eso sí, con todas las correcciones y distinciones propias de su rango, pero acabó siendo enviado a Londres como botín de guerra, lo que aumentó la cólera del Corso.

Imágenes de la recreación histórica de la Batalla de Benavente (1808-2008)

Imágenes de la recreación histórica de la Batalla de Benavente (1808-2008)

Imágenes de la recreación histórica de la Batalla de Benavente (1808-2008)

Imágenes de la recreación histórica de la Batalla de Benavente (1808-2008)

Imágenes de la recreación histórica de la Batalla de Benavente (1808-2008)

Imágenes de la recreación histórica de la Batalla de Benavente (1808-2008)

Imágenes de la recreación histórica de la Batalla de Benavente (1808-2008)

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