miércoles, 13 de septiembre de 2017

Urraca Alfonso de Portugal - Hija, esposa y madre de reyes

"Signum" de la Reina Urraca (Archivo de la Catedral de Zamora)

Entre la rica colección de documentos medievales de la Catedral de Zamora existe uno especialmente llamativo, por la identidad de su otorgante y por la inusual miniatura con que fue ilustrado. Se trata de la donación por la reina Urraca de la villa de Gema a la Iglesia de San Salvador y a su obispo Martín.

Es una pieza de pergamino de 31,9 x 25,6 cm, más 2 cm de plica. Fue escriturado en Zamora en febrero de 1204. Contó con un sello, hoy perdido, como se anuncia en el propio texto y acusan las tiras de cuero sobre la plica. Pero lo más interesante es que a modo de “signum” se incorporó en la parte inferior una imagen de la reina. Está enmarcada en una cenefa de diseño heráldico. Urraca aparece sentada en el trono y portando una flor de lis en su mano izquierda.

Estamos ante una donación otorgada por Urraca Alfonso o Urraca de Portugal, también conocida como Urraca “la freira” por su especial vinculación con la Orden de San Juan. Fue hija del rey de Portugal: Alfonso Enríquez (1139-1185), esposa de Fernando II de León (1157-1188), y madre del también rey de León Alfonso IX (1188-1230).

Resulta muy interesante el acercamiento a la trayectoria vital de esta Urraca, hija, esposa, madre y abuela de reyes. Si vida estuvo salpicada de vicisitudes de gran trascendencia para el devenir del reino de León, pero también por extensión para el resto de reinos hispánicos, en especial para la coyuntura política de Portugal y Castilla.

En el documento mencionado se nos presenta como “Ego Urraca humilis regina mater regis Legionis et Gallecie”, (Yo, la humilde Urraca, reina madre del rey de León y Galicia). Era hija, como hemos dicho, de Alfonso I Enríquez, rey de Portugal, y de su esposa, la reina Mafalda de Saboya. Su nacimiento suele fijarse en la corte de Coimbra en torno al año 1150, por tanto, en 1204 habría superado ya los 50 años de edad. Era la hija mayor de los reyes portugueses, pues un hermano que le precedió murió de muy corta edad.

El rey de León, Fernando II, casó en tres ocasiones a lo largo de su vida. Como era habitual en aquella época, estás uniones eran cuestiones de Estado y deben contextualizarse en las siempre delicadas relaciones con los reinos vecinos El primer matrimonio fue precisamente con nuestra Urraca, pero acabaría anulado por el Papa Alejandro III en 1175 por razón de consanguinidad. Los cónyuges eran primos segundos, como nietos de dos hermanas: la reina Urraca I y Teresa, hijas del rey Alfonso VI.

El matrimonio del rey leonés con la hija de su homólogo portugués debió concertarse con ocasión de la llamada Paz de Lérez de 1165. Por estas fechas, las relaciones entre ambos reinos se movían en un terreno muy delicado, entre la abierta hostilidad, la alianza o la tregua estratégica. Los principales focos de tensión se encontraban en la zona sur de Galicia, con Tuy como plaza clave en manos leonesas, y en el área de Ciudad Rodrigo. Los continuos movimientos militares en la frontera dieron paso en algunos momentos a la diplomacia. En abril de este año, un documento nos informa del acuerdo establecido entre ambos monarcas en Pontevedra, junto al viejo puente que dio nombre a la villa gallega:

“Facta carta donationis sub die quod erat II kalendas maii, in tempore coadunationis regum, scilicet Fernandus rex atque rex Adofonsus portugalensis, prompti utrumque ad confirmandam veramque pacem amicitia inter se et suos, super flumen Lerice in Vetula Ponte. Placuit Deo et ita factum est. Sit nomem Domini benedictum”.
Todo apunta a que en torno a este encuentro se concertó el matrimonio, o al menos se ultimaron sus detalles. La boda debió celebrarse por estos mismos días, pues en una donación fechada el 1 de mayo se incluye ya a la reina en la data: “Facta carta calendas maii era MCCIII. Regnante rex Fernandus cum regina portugalensis in Legione et Galletia et in Asturiis”. En el mes de junio otra carta consiga el enlace: “eo tempore quo rex dominus Ferdinandus accepit in uxorem filiam regis Portugalensium”. Lucas de Tuy, después de hacer amplia relación de las virtudes y logros del rey leonés, dice: “Hic piissimus rex Fernandus accepit filiam Adefonsi regis Portugaliae nomine Urracam, ex qua suscepit filium nomine Adefonsum”.

La primera aparición de la pareja real en un documento de la cancillería regia se produce en Malo Grato (Benavente), el 6 de julio de 1165, con ocasión de una donación a la catedral de Oviedo. La novia debía ser muy joven, pues, aunque no conocemos la fecha exacta de su nacimiento, contaría con apenas 15 o 16 años. A pesar de sus conocidos lazos de parentesco, los obispos del reino bendijeron el matrimonio, tal vez dando por sentado que se conseguiría en algún momento la dispensa papal. La prioridad era ahora conseguir la estabilidad política y la paz entre ambos reinos. Así lo sugiere el Tudense en su crónica: “Huius filiam, ut dictum est, rex Fernandus accepit coniugen, ut eius posset habere auxilia impetus adversantium”.

Para conseguir estos objetivos, se establecerían negociaciones, que incluyeron cesiones territoriales. Sabemos, por referencias posteriores, que el rey leonés entregó como dote diversas villas, entre ellas Gema, cerca de Zamora, y la importante plaza militar de Castrotorafe. Seguramente, el rey portugués entregaría como contrapartida todas o una parte de las plazas leonesas que había ido ocupando en fechas anteriores. En noviembre de 1167, un diploma del Priorato de San Marcos de León nos informa de que Urraca era "regnante in Coianca et in Gallecia". La entrega de fortalezas o territorios como parte de un acuerdo matrimonial entre los reyes la volvemos a encontrar en 1199, cuando Alfonso IX dota a la reina doña Berenguela, hija del rey de Castilla, con 30 castillos.

El matrimonio entre Fernando II y Urraca, y los acuerdos alcanzados, no impidieron la reanudación de las hostilidades entre ambos reinos. Como dice el cronista Rodrigo Jiménez de Rada “en pocas ocasiones estuvo el rey Fernando en paz con el rey de Portugal, a pesar de ser su yerno”.  En 1168 Fernando II hizo prisionero a su propio suegro en Badajoz, según consigna el “Chronicon Lusitano”.

En 1171, daba a luz doña Urraca en Zamora a su único hijo: el futuro Alfonso IX de León, quien fue asociado inmediatamente al trono. Tanto el “Chronicón Conimbrecense” como el “Cronicón Lusitano” recogen la feliz noticia. La confusa redacción plantea algunos problemas para fijar el mes y el día: “Era MCCVIIII mense februario hora tertia in die Ascensionis Domini natus est filius regis Fernandi et dominae Orracae reginae” y “Era MCCIX, mense augusto, natus fuit Alfonsus filius regis Ferdinandi er reginae D. Orracae, nepos regis Portugaliae”.

Sin embargo, el matrimonio de los reyes acabaría siendo disuelto en 1175 por sentencia apostólica. La versión más extendida que ha manejado la historiografía es que se “descubrió” su parentesco e intervino la autoridad pontificia. Pero esto no resulta sostenible, pues ese parentesco resultaría público y notorio desde antes incluso de la misma boda. En la "Crónica latina de los Reyes de Castilla" se insiste en esta misma interpretación:

"Este rey Fernando había tomado como esposa a Urraca, hija de Alfonso, rey de Portugal, la cual, sin embargo, no podía ser su esposa legítima, ya que eran parientes en tercer grado según el cómputo canónico, pues el emperador y el rey de Portugal estaban emparentados en segundo grado, puesto que eran hijos de dos hermanas, hijas del rey Alfonso, el que tomó Toledo. Como dote de este enlace ilegítimo el rey había entregado al rey de Portugal muchos castillos, que después recuperó de él cuando fue capturado en Badajoz, y arrojado de la montura de tal manera que nunca más pudo montar a caballo".

Es evidente que hubo otros motivos y, una vez más, estarían de fondo las tensas relaciones entre los reinos hispánicos. La presencia en la corte de Urraca resultaría muy incómoda cuando suegro y yerno estabas inmersos en continuas disputas territoriales. La diplomacia y la alta política también estuvieron presentes. Sabemos que pocos años antes (1172-1173) visitaba la Península el legado pontificio, cardenal Jacinto. Sus movimientos estuvieron salpicados de diversas iniciativas importantes de la cancillería de Fernando II, como la donación en julio de este mismo año de 1172 de la villa de Castrotorafe a la iglesia de Roma, con todos sus derechos y pertenencias.

La sentencia de disolución fue promulgada por Alejandro III el 25 de mayo de 1175. Desde entonces la reina abandona la corte y desaparece de los diplomas reales. Tanto Lucas de Tuy como Rodrigo Jiménez de Rada utilizan expresiones muy similares para tratar este espinoso asunto: “Post haec rex Fernandus dimisit uxorem suam Urracam filiam regis Adefonsi, eo quod erat consanguinea eius propinquo gradu” (Tudense) y “Dimissit Urracam uxorem (Jiménez de Rada).

La trayectoria de Urraca se diluye a partir de entonces en los documentos. Desde fines de junio de 1175 los escribanos dicen lacónicamente que se impuso la cruz: “Eo anno quo regina sibi crucem imposuit” y “Mense iulii anno quo regina sibi crucem imposuit”. Esta frase ha sido interpretada por varios autores, entre ellos Julio González, en el sentido de que la reina entró en un monasterio de Dueñas de las Orden de San Juan de Jerusalén y que era “freira”.

Sin embargo, contra a lo que se venido repitiendo insistentemente, Urraca no se apartó, ni mucho menos, de la actividad pública. Debió existir algún tipo de acuerdo entre las cortes leonesa y portuguesa sobre su nuevo status, y de cómo asegurarle una posición económica acorde a su linaje y dignidad.

Mantuvo, desde luego, el título de reina, que empleó con normalidad en todos sus actos jurídicos hasta su muerte. Conservó los bienes de su dote matrimonial y así como todos aquellos que pudo acrecentar durante su vida. Dispuso de ellos en varias ocasiones, haciendo donaciones de forma autónoma y sin la intervención explícita del rey. En este sentido, merece mención especial un diploma de 1181 en el que Fernando II, junto con su hijo Alfonso, por voluntad y con el beneplácito de la ex reina Urraca que "tiene Castroverde", entregan a Juan Gallego el lugar de Pozuelo, en término del mismo Castroverde: "per voluntatem et beneplaciti regine domne Urrace quondam uxoris mee que tenet Castrum Viridem".

Por otra parte, Urraca desempeñó varias e importantes tenencias del reino leonés, como las de Zamora, Castroverde, Villalpando, Villafranca o Castrotorafe. En la medida de que estas tenencias suponían un ejercicio del poder delegado de la autoridad real, hay que entender que también desarrolló una destacada actividad política. Nombraba a sus representantes, impartía justicia y cobraba las rentas y derechos correspondientes. Todo ello nos transmite una imagen muy diferente a la de una dama recluida en un monasterio y alejada del mundo, como han querido dibujar algunos autores.

El ingreso en la Orden de San Juan explicaría la donación que el 25 de mayo de 1176 le hace doña Urraca de Castroverde de Campos, Mansilla en León, Salas y San Andrés en Asturias y Cedeira —municipio de la actual Redondela — en Toronio, con reserva parcial del usufructo. En el documento Urraca compadece como reina y su pertenencia a la Orden no ofrece lugar a dudas: "por remedio anime mee et parentum meorum, et idcirco quod sum professa in ipso Ordine" (por la salvación de mi alma y la de mis padres, y porque soy profesa en esta Orden). Parecidas expresiones encontramos en 1177: “Domina regina Urraca freiressa Hospitalis” y en 1187: “regina Urraca la freira”.

Así pues, el rey cumpliendo la sentencia papal separó a su primera esposa de la corte y casó de nuevo, hacia 1178, con la noble Teresa Fernández de Traba, hija del magnate gallego Fernando Pérez de Traba. Este segundo enlace resultaría breve, pues Teresa murió hacía 1180, probablemente a resultas de un parto. Madre e hijo recibieron sepultura en el panteón real de San Isidoro de León.

La tercera mujer del rey también se llamó Urraca: fue Urraca López de Haro con quien caso en 1187, aunque parece que su relación venía de atrás. Tal vez por eso, en los años previos al enlace recayó en ella el control de Villafranca del Bierzo, lo que le permitió poner tenentes bajo su autoridad, como Pedro Ibáñez, citado en 1185. Con anterioridad, Urraca Alfonso también había ocupado esta tenencia, como nos muestra una venta de 1167: “Regina domna Urrcha et comite Ramiro tenentibus Villamfrancam et sub illis Helia Borzes et Ihoanne de Fonte”. Esta circunstancia ha creado cierta confusión en las identidades, pues en la documentación nos topamos con dos Urracas, esposas reales, vinculadas a Villafranca como tenentes, aunque en momentos distintos.

La historiografía atribuye desde antiguo a la nueva reina consorte una conspiración para sentar en el solio a su hijo Sancho en perjuicio de Alfonso. Sus reivindicaciones estarían basadas en el hecho de que el primer matrimonio del rey fue anulado por el Papa. A los ojos de los partidarios de Urraca López, el príncipe Alfonso sería hijo de una unión ilegítima. Perseguido por su madrastra en los últimos días del rey leonés, el joven heredero, de tan sólo 17 años, se habría visto obligado a abandonar la corte y buscar refugio en Portugal, donde de camino conoció la muerte de su padre. Pero una vez muerto Fernando II en 1188, volvemos a encontrar a Urraca la portuguesa en los diplomas reales al lado de su hijo, ya convertido en rey.

En la "Crónica latina de los Reyes de Castilla" se atribuye al rey de Castilla, Alfonso VIII, una maniobra para apartar al joven rey del trono leonés:

"De Urraca el rey Fernando tuvo un hijo, Alfonso, rey de León, que ahora reina en lugar de su padre. Cuando murió el rey Fernando, su hijo, que entonces era adolescente, temió ser privado del reino por el poder de don Alfonso, glorioso rey de Castilla, cuyo honor y fama había llenado gran parte del orbe, y que entonces era terrible y muy de temer por todos los reyes vecinos, tanto sarracenos como cristianos".

En la última etapa de su vida, Urraca mostró una gran generosidad hacia la catedral de Zamora. En 1174 ya había donado la aldea de Santa Clara de Avedillo. En 1209 dona a la capilla de San Miguel, construida en el claustro, la aceña de Figal en Castrotorafe y en 1211 dona al obispo Martín y a la sede la propia villa de Castrotorafe. Este último documento será su también su última aparición pública conocida. En este caso, se presenta como “filia Anfonsi Portugaliae regis, uxor quondam Fernandi, illustris regis Legionensis” (hija del rey de Portugal, mujer que fue de Fernando, ilustre rey de León).

La particular vinculación de Urraca con las tierras zamoranas y con la Orden de San Juan ha movido a Álvaro Ávila de la Torre y José Carlos de Lera Maíllo a ver en el magnífico monumento funerario existente en la actualidad en la iglesia de la Magdalena la última morada de la reina. La propuesta resulta, sin duda, muy sugerente, pero no cuenta por ahora con refrendo documental. También es cierto que el otro lugar que desde antiguo se ha dado como su lugar de sepultura: la iglesia de Wamba (Valladolid), se basa en datos de escasa consistencia.

Según refiere Luis Pérez Rubín, en dicha iglesia de Santa María de Wamba existió una inscripción sobre una sepultura que empezaban con los versos "Siendo Zamora cercada", aludiendo al combate de los Arias Gonzalo y de Ordóñez en defensa de Doña Urraca, y terminaba:

Estos cuerpos trajo aquí
doña Urraca hija de rey
¡vesla! Yace á par de ti
Requiescant in pace di
cum sanctis in gloria Dei.

El epitafio en cuestión debe ser fruto de una desafortunada recreación moderna, y así lo sugiere Luis Pérez Rubín. Para este autor, que dice apoyarse en la tradición local, esta doña Urraca hija de rey no sería la reina de Zamora, sino "la primer infortunada esposa de Fernando II de León, que escogiese aquel monasterio para su retiro. Ya en el claustro existió una cueva, mejor que habitación, hoy arrasada donde se dice pasó sus días".

A este respecto, en siglo XVI Ambrosio de Morales ya quitaba toda credibilidad a esta atribución: "También muestran otra sepultura, que dicen que es de la infanta doña Urraca, hermana del rey don Alonso que ganó Toledo; mas engáñanse, pues está su sepultura con sus dos epitafios en San Isidoro de León, como allí se puso; y así es también fabuloso lo que allí se cuenta de su penitencia, y no sé que ficciones".

En la actualidad, adosada a la nave norte de la iglesia, junto al claustro, existe un espacio conocido como “capilla de doña Urraca”. Esta estancia tiene una columna en su parte central sosteniendo la bóveda. Parece ser que en algún momento, antes de las reformas del siglo XVIII, fue usada como sacristía.

La familia de Urraca Alfonso de Portugal

La familia del rey Fernando II de León

Fernando II y su esposa la reina Urraca Alfonso (Tumbo de Toxos Outos)

Iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid)

Capilla llamada de doña Urraca en la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid)

Monumento funerario en la iglesia de Santa María Magdalena de Zamora

Detalle del monumento funerario en la iglesia de Santa María Magdalena de Zamora


APÉNDICE DOCUMENTAL



1

1174, febrero. Zamora.

La reina Urraca dona la Iglesia de San Salvador de Zamora, al obispo Guillermo y sus sucesores la aldea de Santa Clara de Avedillo.

Archivo de la Catedral de Zamora, Tumbo Negro, f.35r.
REG. J. C DE LERA MAÍLLO, Catálogo de los documentos medievales de la Catedral de Zamora, Zamora, 1999, doc. 109.

2

1176, mayo, 25.

    La reina doña Urraca dona a la Orden de San Juan Castroverde de Campos, Mansilla en León, Salas y San Andrés en Asturias, y Cedeira en Toronio, con reserva parcial de usufructo.

Museum anf Library of the Order of St. John, Ms. H211, fols. 74v-75.
ED. C. AYALA MARTÍNEZ, Libro de Privilegios de la Orden de San Juan de Jerusalén en Castilla y León, Madrid, 1995, doc. 127.

Inter cetera opera misericordie quibus regiam maiestatem decorari, videntur summa et precipua virtus est sancta loca et religiosas honorare ac eas prediis et suis muneribus ditare.
Ea propter ego regina domina Hurraca, oferens trado Deo et Hospitali Sancti Iohamis de meis hereditatibus pro remedio anime mee et parentum meorum, et idcirco quod sum professa in ipso Ordine, obtinente prioratum tocius Hispanie prior Petro de Areis, dono et concedo iam dicto Hospitali hereditates et possessiones quas prenominabimus in Campos, Castrum Viridem; in terra Legionis, Mansel; in Asturiis, Salas et Sanctum Andream,; in Toronium, Cedeira. Do itaque eas cum quantum in se obtinent, et omni potest prestare per suis locis et terminis antiquis ubicumque potuerint inveniri, tali videlicet condicionem quatinus predictas hereditates in vita mea teneam, et in eis freires Hospitalis manu mea mittam, et ipsi hospitalenses cum omnibus redditibus et questibus, quos de eis adquisierunt, michi responderant. Et ego predicto Hospitali omni anno terciam partem omnium fructum reddam.
Si vero quod absit hospitalenses quidem eas villas tenuerint, ita poterint et rebelles existerint, ut meis monitis obtemperare voluit neque ea que domibus neccesaria sunt bene non disposuerint, querimonia de eis primitus facta priori vel eis sociis, si ipse deferuit in potestate, et concessum sit in hos eicere aliosque in locis illorum restituere.
Post obitum autem meum, libere Hospitalis sint de aliis autem hereditatibus que mihi remaret et que sub istis legibus constitute non sunt quas pro honore et pro hereditate teneo vel de omnibus aliis quas ganare potuero, exceptoVillafranca que ibi non mitto terciam partem fructus Hospitali, promitto quamdiu vixero. Preterea in potestate mea sit et placeat priori quatinus de meis hereditatibus et de meis substantiis et redditibus dem ordinibus ac religionibus vel aliis quibuscumque voluerit, et non contradicatur.
Si quis vero hoc meum scriptum et spontaneum factum temere infringere presumpserit, sit maledictus et excomunicatus et non videat que bona sunt in Iherusalem, sed cum Datan et Abiron, quos hiatus terre vivos absorbuit, in inferno sit dampnatus.
Facta carta mense mayo, et quotum quod erit kalendas VIII. iunii, era Mª. CCª. XIIIIª. Et hoc scriptum quod fieri iussi omne tempore firmum permaneat. Regnante rege domino Fernando in Legione et Gallecia et in alía terra quam plura. Dapifer curie, Gunsalvus Osorii; signifer regis, Fernandus Guterri; archiepiscopus Petrus Suarii in ecclesia Sancti Jacobi; in Lucense sedes episcopus Johannes; electus Rodericus in Oveto episcopus; Alfonsus in Auriense sedes episcopus; Arnaldus in Astoricense sede episcopus; Johanes, in Legione; comes Gomizo, Transtamar, confirmat; comes Gunsalvus confirmat; Fernandus Pontii, in Limia, confirmat; Fernandus Roderici confirmat; Petrus Pelagii de Arnales confirmat; Pelagius Tavaladelo confirmat.
Sigillum regine domine Hurracee.



3

1181, noviembre 6. Mayorga. 

    Fernando II y su hijo Alfonso, con el beneplácito de reina Urraca que “tenet Castrum Viridem”, donan a Juan Gallego el lugar de Pozuelo en término de Castroverde.

Archivo Histórico Nacional, Órdenes Militares,  Uclés, c. 89, d. 2. 
ED. J. L. MARTÍN, Orígenes de la Orden Militar de Santiago (1170-1195), Barcelona, 1974, doc. 132.

(Christus). In Dei nomine. Ego rex domnus Fernandus una cum filio meo rege domno Adefonso, attendens devocionem et obsequio quod vos Iohannes Gallecus, pluribus annis michi etiam et regni mei honori et incremento de corde et animo exhibuistis, facio vobis cartam donationis perpetuo valituram et successori vestro de Pozzolo quod iacet in termino Castri Viridis, loco nominato in Valle Salneyras, inter Villam Vaquil et Ravannales, et ex alia parte inter Valle de Iunco de la Pedra et Autadaguila, per voluntatem et beneplaciti regine domne Urrace quondam uxoris mee que tenet Castrum Viridem; quod de cetero vos T. Gallecus et uxor vestra semper istud donum prescriptum habeatis liberum ab omni iure regis et potestate ullius cum momnibus directuris et suis pertinenciis, cum pratis et pascuis, et rivis, montibus, fontibus, terris cultis et incultis, per omnes terminos suos novos et veteres, cum exitibus et introitibus per ubicumque vos et vocem vestram pulsantes potuerint invenire. Cauto etiam ipsam donationem vobis quod deinceps nemini liceat ob aliquam causam vel calumpniam preter proprium debitum in illam intrare seu inde aliquid auferre violenter aut alienare, sed totam et integram possideatis, vendatis et commutetis, faciendo de ista hereditate mea immo iam vestra sicut et de aliis quas melius habetis et liberius possidetis. Hanc autem donationem facio vobis vasallo meo domno Iohanni Galleco et voci vestre in perpetuum ob remedium anime mee et parentum meorum etiam de rogatu et procerum curie mee consilio pro multo et bono servicio quod michi fecistis et adhuc pro isto dono et aliis futuris vobis prestandis, a vobis me spero habiturus. 
Si quis igitur, tam de meo quam de aliorum genere, hoc factum meum spantaneum infregerit, iram Dei omnipotentis et regiam indignationem incurrat, et pro ausu temerario suo, quicquid invaserit in quadruplum reddat, et tam michi quam regie parti X libras auri in penam componat maledictus cum luda, Domini proditore. Et hoc scriptum semper maneat firmum quod nostro regio robore et nostrorum procerum suscriptionibus communimus.
Facta karta Maiorice, VIIIº idus novembris, era Mª CCª XVª IIIª, regnante rege domno F. Legione, Gallecia, Asturiis et Extremadura. 
Ego rex domnus F. cum filio meo rege domno A. hoc scriptum quod fieri iussi, proprio robore conf. (signo: Signum Fernandi regis Hispanorum). 
(1ª col.) Petrus, sancte compostellane ecclesie archiepiscopus, conf., Manricus, legionensis episcopus, conf., Rodericus, ovetensis episcopus, conf., Fernandus, astoricensis episcopus, conf., Bernardus, tudensis episcopus, conf., Adefonsus auriensis episcopus, conf., Rodericus lucensis episcopus, conf., Rabinatus, minduniensis episcopus, conf., Vitalis, salamantinus episcopus, conf., Willelmus cemorensis episcopus, conf., Petrus, civitantensis episcopus, conf., Arnaldus, cauriensis episcopups, conf. comes R., Milicie Sancte Marie Montis Gaudii magister, conf., Guido, Milicie domus Templi magister, conf., Suerinus, Hospitalis frater, domini regis F. submaiordomus, conf. 
(2ª col.) Ego comes urgellensis, domini regis F. maiordomus conf., Fernandus Poncii comes conf., Adefonsus Ramiri comes, conf., Gumet Gunzalviz, comes in Trastamaro conf., Gunzalvus Roderici de Zagra regis signifer, conf., Guterrius Roderici conf., Fernandus Vele conf., Poncius Vele conf., Fernandus Roderici de Benevento conf., Pelagius Tabladellus conf., Fernandus Arie conf., Rodericus Luppiz conf., Froila Ramiri conf., Petrus Captivus conf.
Ego Bernardus, domini regis notarius, per manum P. de Lor, archidiaconi compostellani, regis cancellarii, scripsi et presens conf.


4

1204, febrero. Zamora.

La reina Urraca, madre del rey Alfonso IX de León, dona a la Iglesia de San Salvador de Zamora y al obispo Martín I la villa de Gema, con todos sus derechos que le pertenecen por derecho de arras.

Archivo de la Catedral de Zamora, Pergaminos, 8/24.
REG. J. C DE LERA MAÍLLO, Catálogo de los documentos medievales de la Catedral de Zamora, Zamora, 1999, doc. 219.

In Dei nomine. Ego Vrraca, Dei gratia humilis regina mater regis Legionis et Gallecie, per hoc scriptum semper duraturum notum facio presentibus et futuris quod ego condedo et do Deo et ecclesie Sancti Saluatoris de Zemora, et vobis dompno Martinus eiusdem ecclesie episcopo et successoribus uestris in perpetuum illam uillam de Xema, cum omni iure artarum pertinet. Hoc autem facio pro remedio anime mee et animarum patris mei et auorum meorum, et pro seruicio quod mei fecistis semper et factis et quia in orationibus que in uestra ecclesia Deo cotidie exibentur eo largiente partem desidero promereri. Quicumque igitur tam de genero meo quam de extraneo hanc cartam reuocare uoluerit aut modo aliquo infringere iram Dei habeat et regiam indignatonem incurrat et quod inuaserit persoluere compellatur et tandem cum Iuda Domini traditore, et cum Datan et Abirom quos uivos terra absorbuit penas luat perpetuas in inferno.
Facta carta apud Zamoram mense februario. Era Mª CCª XLIIª. Petro IIIª compostellano archiepiscopo; Manrico legionense.Ego regina donna Vracha hanc cartam quam fieri iussi roboro et confirmo et sigillo meo conmunio.
(1ª Col.) Iohanne ovetense episcopo: Lupo astoricense episcopo. Martino Zemorense episcopo. Gonsaluo salamantino episcocopo. Roderico lucense episcopo. Aldefonso auriense episcopo.
Iohanne Fernandi tenente Transtamar et Montem Rosum maiordomo regis; Roderico Petri tenente Extrematuram et Transserram; Roderico Gonsalui tenente Sarriam et Montem Nigrum; Laurentio Suariz regis signifero. Dompno Fernando compostellano decano cancellariam. Dompno Martino capellano regine domne Vrrace; Dompno Aria presbiter.
(2ª Col.) Stephano Petri; Micaheli Petr; Micahele Micaheliz; [...] Andrea; Martino Petri; Dominico Petri; Dompno Lupo; Petro Martini; Iohanne Pelagii; [...] Petro Pelagii; Don Viuiano; Dompno Pelagio Presbiter.


5

1209, febrero. Zamora. 

El obispo Martín de Zamora da el fuero que la sede tiene en las iglesias de San Pelayo de Ribaduero y en la villa de Gallegos al capellán que presente durante toda su vida Martín Menéndez; este capellán tendría que celebrar los oficios divinos en la capilla de San Miguel del Claustro por el alma de la reina doña Urraca y de su hijo Alfonso, rey de León; a la muerte de la reina y de Martín Menéndez el cabildo nombraría libremente al capellán y, en cualquier caso, los ingresos de esta capilla pertenecerían a los canónigos zamoranos. 

Archivo de la Catedral de Zamora, leg. 13, doc. 4.
ED. J. L. MARTÍN, Documentos zamoranos. Documentos del archivo catedralicio de Zamora. Primera parte (1128-1261), Salamanca, 1982. doc. 70.

Notum sit omnibus tam presentibus quam futuris quod ego M. Dei gratia zemorensis episcopus una cum consensu et voluntate totius capituli eiusdem ecclesie do et concedo canonice et perpetue totum forum quod ecclesia zemorensis habet vel habere debet in ecclesia sancti Pelagii de Ripadorii et totum forum quod eadem ecclesia zemorensis habet vel habere debet in ecclesia de Villa de Galegos cuidam capellano quem Martinus Menendi in tota vita sua capitulo zemorense prepresentaverit qui celebret divina in capella sancti Michaelis de Claustro in perpetuum pro anima regine domne Urrace et filii eius A. regis Legionensis. Post mortem vero predicte regine et predicti Martini Menendi capitulum zemorense habeat potestatem pleno iure instituendi capellanum qui semper celebret divina in predicta capella pro animabus iamdicte regine et iamdicti filii eius A. regis legionensis. 
Eadem enim capella et proventus eius spectat ad ipsum dictum capitulum zemorense. 
Et non liceat michi episcopo vel capitulo vel alicui de successoribus nostris hoc unquam aliguo modo revocare. 
Facta carta apud Zemoram mense februarii sub era Mª CCª XLª VIIª.


6

1209, marzo, 13.

La reina Urraca dona a la capilla de San Miguel, edificada en el claustro de la Catedral de Zamora, la aceña de Figal en Castrotorafe.

Archivo de la Catedral de Zamora, Tumbo Negro, f. 53r.
REG. J. C DE LERA MAÍLLO, Catálogo de los documentos medievales de la Catedral de Zamora, Zamora, 1999, doc. 249.



7

1211, octubre, 13. Zamora.

La reina Urraca, hija de Alfonso Enríquez de Portugal y mujer de Fernando II de León, dona al obispo Martín I y a la Iglesia de San Salvador de Zamora la villa de Castrotorafe.

Archivo de la Catedral de Zamora, Pergaminos, 14/8.
REG. J. C DE LERA MAÍLLO, Catálogo de los documentos medievales de la Catedral de Zamora, Zamora, 1999, doc. 277.

miércoles, 7 de junio de 2017

El rey Favila y la corte de la monarquía astur de Cangas de Onís

Ermita de la Santa Cruz en Cangas de Onís

La aproximación a la figura del segundo rey de la monarquía asturiana: Favila o Fafila, resulta una empresa arriesgada, debido a la dificultad de deslindar el personaje estrictamente histórico del halo de leyenda que siempre le ha acompañado. Su breve reinado, de sólo dos años, no dejó apenas huella en las crónicas medievales, y por ello, sobre la base de mitos y tradiciones, se fue forjando un relato que ha llegado hasta nosotros muy difuminado.

La Crónica de Alfonso III, en su versión “Rotense”, concluye de la siguiente manera el largo registro de las peripecias de su padre, el rey Pelayo: “Y vivió en el trono diecinueve años. Terminó su vida en Cangas, de muerte natural, en la era 775". A continuación inserta unas breves líneas sobre su sucesor: “Tras él su hijo Fávila ocupó el puesto de su padre. Edificó, en una obra admirable, una basílica en honor de la Santa Cruz. Vivió breve tiempo. Se sabe que a causa de una ligereza fue muerto por un oso en el segundo año de su reinado, en la era 777".

La versión “A Sebastián” de esta misma crónica apenas proporciona variantes, pero silencia la construcción de la basílica dedicada a la Santa Cruz: “Pelayo, tras completar el año decimonoveno de su reinado, falleció de muerte natural en la era 775. Le sucedió en el trono su hijo Fávila. Este, por lo escaso de su tiempo, no hizo nada digno de la historia. A causa de una ligereza fue muerto por un oso, en el segundo año de su reinado, en la era 777".

La Crónica Albendese nos transmite el siguiente testimonio: “Primero en Asturias reinó Pelayo, en Cangas, durante dieciocho años [...] y por la divina providencia surge el reino de los ástures. Murió el rey dicho Pelayo en el lugar de Cangas, en la era 775. Su hijo Fávila reinó dos años. Este, llevado por su ligereza, fue muerto por un oso”.

La crónica del obispo de Oviedo Pelayo precisa que el rey Favila fue enterrado en esta iglesia de Santa Cruz:

"... et sepultus cum uxore sua regina Froieua territorio Cangas in ecclesia Sancte Crucis quam ipse construxit fuit".

El Cronicón de Sampiro y la Historia Silense ni tan siquiera mencionan el reinado de Favila, pero la construcción de la iglesia o basílica de la Santa Cruz la recogen otras muchas crónicas medievales.

En la primera mitad del siglo XIII, el cronista Lucas de Tuy, se limita a recoger lo ya conocido, con alguna información adicional: "En la hera de sieteçientos y treynta y quatro, Fauila, fijo del rey Pelayo, sucçedio en el reyno y hedificó yglesia en honrra de Sancta Cruz con obra marauillosa. Y matolo vn oso por vna ocasion de ligereza, porque quiso pelear con él con sus propias manos. E reynó dos años".

El arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, ofrece algún detalle nuevo en su "De rebus Hispanie": “Mortuo Pelagio, cepit regnare Fafila filius eius Era DCCLXX, et regnavit annis duobus; qui levitate ductus, plus debito venationibus insistebat, et quadam die dum ursum insequi niteretur (decreverat enim cum urso singulariter decertare) ab eodem urso fuit miserabiliter interfectus. Iste dignum memoria nihil egit, nisi quod quandam ecclesiam sancte Crucis pulchro opere decoravit”.

La "Estoria de España" de Alfonso X, el Sabio, deja en bastante mal lugar la figura del monarca astur: “Luego que fue muerto el rey don Pelayo alçaron los altos omes del reyno a Fauila su fijo por rey, e reino dos años [...] Cuenta la estoria que el rey don Fauila luego en comienço de su reynado començo a fazer una ygresia de muy gran obra a honra de Santa Cruz de nuestro Señor Jesuchristo [...] Cuenta la estoria que este rey don Fauila fue ome muy liuiano de seso; y amaua la caça mas que otro ome, e yendo corriendo monte un dia fallose con un oso; y defendio a todos los suyos que a el solo gelo dexassen, e atreuiendose en su fuerça fue a lidiar con con el uno por otro, e fue assi por la su mala ventura que lo mato el osso”.

La noticia de la muerte del rey Favila a manos de un oso es repetida de forma insistente por todos los cronistas. Sobre esta cuestión mucho se ha escrito, incluyendo interpretaciones de lo más variopinto. La presencia de osos en el área de la Cordillera Cantábrica está documentada desde antiguo, y los ataques e incidentes debieron ser relativamente frecuentes. A este respecto cuenta Ambrosio de Morales a propósito de la iglesia de Santa Eulalia de Abamia: “El día que yo estuve era Domingo, y parecía que estaba allí el real del rey don Pelayo, pues había al derredor de la Iglesia más de doscientas lanzas hincadas al derredor de la iglesia de los que veían a Misa. Y dan su razón del traerlas que, como vienen a misa por aquellas breñas, pueden encontrar un oso de que hay hartos, y quieren tener con qué defenderse dél”.

Las crónicas más antiguas dejan claro que en Cangas de Onís se estableció un primer centro político cristiano, pero entendido como sede o residencia del monarca y su corte. En unas estructuras de poder tan rudimentarias los conceptos de capitalidad o de estado serían totalmente inconcebibles.

La villa de Cangas de Onís está asociada a los cuatro primeros reyes de la monarquía astur: Pelayo, Favila, Alfonso I y Fruela. De los cuatro sabemos que vivieron y murieron en este lugar, e incluso que el último: Fruela fue asesinado en la corte víctima de la conspiración de un sector de la nobleza. También a los cuatro se les atribuyen con mayor fortuna enterramientos en diversas iglesias o monasterios enclavados en el actual concejo de Cangas de Onís, pero muy poco se puede afirmar con certeza al respecto. En realidad, es muy poco lo sabemos sobre las características de esta corte primigenia de la monarquía astur. Se constata la residencia de los primeros monarcas, su fallecimiento y  alguna actividad edilicia, como la construcción de una basílica dedicada a la Santa Cruz.

Hasta el año 1936 se conservó en la ermita de la Santa Cruz de Cangas Onís un excepcional testimonio epigráfico correspondiente a este reinado. Se trata de la consagración de una basílica dedicada a la Santa Cuz por el rey Favila y sus esposa Froiluba en el año 737. Su texto ha sido reproducido infinidad de veces. Ofrecemos a continuación la transcripción de A. Arbeiter y S. Noack-Haley, completada con alguna matización reciente de Daniel Rico Camps

[RESUR]GIT EX PRECEPTIS DIVINIS
HEC MACINA SA[CRA ] // OPERE
EXIGUO COMTUM FIDELIBUS
VOTIS // PRESPIC UE CLAR EAT OC
TEMPLUM OBTUTIBUS SACRIS //
DEMONS TRANS FIGURA LITER
SI GNAC ULUM ALME CRUCIS // SIT
XPO PLAC ENS EC AULA SUB CRUCIS
TRO PHEO SACRA TA // [Q]UAM
FAMULUS FAFFILA SIC CONDIDIT
FID E PRO MTA // CUM FROILIUBA
CONI UGE AC SUORUM PROLIUM
PIGNERA NA TA // QUIBUS XPE
TUIS MUNERI BUS PRO HOC SI T
GRA TIA PLENA // AC POS TUIUS
VITE DECURS UM PRE[V]ENIA T
MIS ERICORDIA LAR GA // HIC
VATE AS T[ERI ]O SACRA TA SU[N]T
ALTARIA CRIS TO // DI EI REVOLUTI
TEMPOR [IS ] AN [NI ] CCC // SECULI
ETATE PORR ECTA PER HORDIN E[M]
S[E]X[TA] // CURR ENTE ERA
SEPTIN GENTESI MA SEPTA[GES]I[MA]
QUI[N] // T[A]QUE

La traducción de Manuel Díaz y Díaz es la siguiente:

“Surge de instrucciones divinas esta construcción sagrada: adornada en su obra con los votos fieles, que este templo santo aparezca brillante a la mirada de Dios. Haciendo gala de mostrar en figura la señal de la cruz salvadora, agrade a Cristo este edificio colocado bajo la protección de la cruz, que su siervo Fávila fundó con fe viva, junto con Froiluba su esposa y las prendas queridas de los hijos de ambos: reciban, oh Cristo, por ello tu gracia repleta de dones tuyos, y tras el paso de esta vida favorécelos con tu generosa misericordia. Aquí por el obispo Astemo [o Asterio] fueron consagrados estos altares a Cristo, a los trescientos días de haberse comenzado el año, en la sexta edad del devenir ordenado del mundo, corriendo la era 775” (= 27 de octubre de 737).

Ambrosio de Morales alcanzó a ver la fábrica antigua de la iglesia, antes de las reformas del siglo XVII. "No es muy pequeña, y está en lo llano y más abierto de los valles, junto al Mercado de Cangas [...] De la iglesia digo, que es fábrica antiquísima, aunque agora está renovada por defuera de cal, y dentro blanqueada, más no la edificó Pelayo, sino Favila, o Fafila, que es todo uno, como se ve en una piedra que está sobre el arco de la capilla [...] Dentro de la Iglesia está una cueva, a que se entra por una boca como un pozo, y allá hay capilla y altar. Y allá estará el enterramiento de Favila, que como el obispo Pelayo dice, está aquí sepultado, que acá fuera no hay señal de enterramiento”.
Calco de la inscripción de la ermita de la Santa Cruz según Ciriaco Miguel Vigil


Puente medieval sobre el río Sella en Cangas de Onís
Santuario de la Virgen de Covadonga
Monumento al rey Pelayo en Covadonga

viernes, 21 de abril de 2017

El sepulcro de Petrus Deustamben en San Isidoro de León

El sepulcro de Petrus Deustamben en la capilla de los Salazares de San Isidoro de León

El sepulcro del maestro o arquitecto medieval Petrus Deustamben es una cista de piedra, con tapa llana, que estuvo expuesta durante mucho tiempo en el interior de San Isidoro de León, en el ángulo suroeste de la iglesia, bajo el coro. Allí lo vieron varios autores desde época moderna, aunque no se pusieron de acuerdo sobre la cronología del personaje, ni sobre la naturaleza de las obras mencionadas en su epitafio.

Ambrosio de Morales es el primer autor que se ocupa sobre este asunto a mediados del siglo XVI: “Pues este rey (Fernando I) con haber edificado la iglesia, tuvo tanto recato de no enterrase dentro de ella, y con todo eso fue luego enterrado en ella el maestro de la obra por sus grandes virtudes y mucha santidad. Conforme a esto dice así su epitafio, que está en una tumba alta de piedra lisa dentro de la iglesia”. A continuación ofrece la primera lectura conocida del epitafio.

En el siglo XVIII Antonio Ponz señala: “Cerca de la pila baptismal se conserva una antigua lápida del arquitecto que la hizo; es a saber, antes de la reedificación del rey Don Fernando, a lo que yo entiendo [...] tiene V., según esta lápida, un arquitecto santo”.

Por su parte, Manuel Risco ofrece una interpretación del contenido del epitafio que es la que se ha venido reproduciendo en muchas obras posteriores: “El arquitecto se llamó Pedro de Dios, cuya vida fue tan santa y abstinente, que quiso Dios manifestar su santidad, haciendo por él muchos milagros. Por esta causa todos generalmente le amaron y veneraron, siendo cada legionense un pregonero público de sus virtudes. Esta común opinión de toda la ciudad fue el motivo de que el Emperador don Alonso, y la reina doña Sancha mandasen depositar su cuerpo en un lugar señalado, como el que tiene en el mismo cuerpo de la iglesia de San Isidoro, debaxo del coro, donde está para eterna memoria de este siervo de Dios se puso en aquel tiempo la inscripción”.

A finales del siglo XIX el sepulcro se exhibía en la iglesia con muy poco decoro, como denunciaba Demetrio de los Ríos: “Siempre nos hemos acercado a la humilde tumba de Pedro con religioso respeto, e indignados de ver sobre ella sillas y otros trebejos como sobre el más despreciable poyete, los hemos arrojado con indignación del sagrado monumento que profanaban”. Otros testimonios hablan de que la tumba servía de improvisado asiento de los fieles durante las celebraciones litúrgicas.

En la actualidad se encuentra en el claustro, en la llamada capilla de los Salazares, concebida en un principio como lugar de enterramiento de los miembros de esta familia. En 1959 este espació fue reacondicionado y restaurado, bajo la dirección de Luis Menéndez-Pidal,  después de un largo periodo de ruina y desatención. También se recuperó la bóveda de escayola del siglo XVIII. La capilla cuenta con un acceso directo desde el panteón real y una verja que cierra el paso al claustro. En el ángulo noroccidental se acondicionó un rincón privilegiado para la tumba del arquitecto medieval, junto a la pila bautismal, con la que también compartía espacio en la iglesia. En fotografías del año 1925 se aprecia la tapa partida en dos grandes fragmentos, con alguna parte de la inscripción perdida. Se sabe que el enterramiento fue violentado durante la ocupación francesa del templo en la Guerra de la Independencia, como ocurrió con la casi totalidad de las tumbas reales del panteón. Los sepulcros fueron abiertos, expoliados y los restos dispersados. Posteriormente, fueron utilizados como abrevaderos y pesebres para la caballería.

Hoy la tapa de nuestro sarcófago se muestra restaurada, con algunas partes reintegradas y reconstruidas. En el año 1997 se hizo un estudio antropológico de los restos óseos del panteón real. Se constató que el número mínimo de individuos exhumados casi triplicaba la cantidad de cuerpos previsibles. Se supone que tras la profanación de las tumbas, los despojos reales se mezclaron con los enterramientos de otras dependencias de la basílica. Entre los huesos se encontraron también trozos de papel, deyecciones de caballo, restos vegetales y huesos de animales. En los informes de María Encina Prada Marcos y Julio Manuel Vidal Encinas, la tumba “del cantero D. Pedro de Deus Tamben”, aparecía identificada con el número 13. Es la que tenía el menor número de restos, con un total de 32 piezas óseas.

Como ya se apuntó anteriormente, el sepulcro no se corresponde con la inhumación original, sino que se trata de una renovación del mismo, con una inscripción probablemente reescrita en el primer tercio del siglo XIII. Fue decorado mediante la grabación en la cabecera de un grupo interesante de figuras. La factura de la escena no es obra de un artista aventajado, pero sí muy expresiva. Se reconoce al yacente amortajado y colocado sobre su sepulcro, y por encima de él dos ángeles alados portando sendos incensarios. Sobre el cuerpo del difunto se aprecia una cruz griega, soportada sobre un astil.

El largo epitafio puede dividirse en dos partes bien diferenciadas. Comienza con una línea que corre en el chaflán del borde y continúa con doce líneas debajo de la escena. La lectura, corregida y completada a partir de los editores antiguos que pudieron ver el monumento íntegro, es la siguiente:

+HI⋮Q(v)IESCIT⋮SERV(vs]⋮DEI⋮PETRVS⋮DEVS⋮TAM⋮BEN⋮Q(v)I⋮SVP(er)EDI[FIC]AVIT⋮ECCLESIA(m)⋮HA(n)C

ISTE⋮FU(n)DAVIT⋮PON
TEM Q(v)I⋮D(icitv)R⋮DE⋮D(ev)S⋮TA(m)
BEN⋮ET⋮Q(v)IA⋮ERAT
[VI]R⋮MIRE⋮ABSTI
[NENCI]E⋮ET⋮MVLTIS
[FLOR]EBAT⋮MIRA
[CULIS] ⋮O(mne)S⋮EV(m)⋮LAV
DIB(vs)⋮P(re)DICABA(n)T⋮
SEPULT(vs)⋮E(st)⋮HIC⋮
AB⋮INP(er)ATORE
ADEFO(n)SO⋮ET
SA[n]CIA⋮REGIN(a)⋮

Hi quiescit servus Dei Petrus Deus tam ben qui superedificavit ecclesiam hanc. Iste fundavit pontem qui dicitur de Deus tamben et quia erat [vi]r mire absti[nenc]ie et multis [flor]ebat mira[culis] omnes eum laudibus predicabant. Sepultus est hic ab inperatore Adefonso e Sancia Regina

"Aquí yace el siervo de Dios Petrus Deus Tam Ben que superedificó esta iglesia. Este fundó el puente que llaman de Deus Tamben. Y porque fue un hombre de admirable austeridad y floreció por sus muchos milagros, todos predicaron sus alabanzas. Fue sepultado aquí por el Emperador Alfonso y la reina Sancha".

Quadrado precisa algunos detalles de interés sobre el texto: “Las copias de él sacadas (del epitafio) resultan harto discrepantes, especialmente en el apellido del arquitecto que unos leen “de Deo”, otros de “Deus tamben”, otros de “ustamben”, y algunos por fin de “Vitamben”. El verbo “superedificavit” indica que fue restaurador o continuador de la fábrica más bien que autor de la traza del templo”.

Aunque el sepulcro del arquitecto carece de fecha, en el epitafio se afirma, que fue enterrado allí por orden del Emperador y de la reina doña Sancha. Este emperador no es otro que el rey leonés Alfonso VII, que ocupó el trono entre 1126 y 1157. La otra persona aludida es su hermana, Sancha Raimúndez, que ostentó el título de reina y murió en 1159. No se puede afirmar de forma concluyente que Petrus Deustamben viviera en esta mima época. Cabe la posibilidad de que lo que hiciera el rey fuera simplemente trasladar su sepultura desde otro lugar a la iglesia.

En cualquier caso, no podemos otorgar a este epitafio una solvencia documental irrefutable. La escritura utilizada no se corresponde con el momento original de la inhumación. Es muy significativa la ausencia de la fecha de la muerte de nuestro personaje. Todo apunta a que se trata de una reelaboración hecha en el primer tercio del siglo XIII por la comunidad de San Isidoro a partir de tradiciones o noticias más o menos fundadas. Esta inscripción, como otras muchas del conjunto del panteón real, fue renovada o reescrita como parte de un ambicioso proyecto de reivindicación de la vinculación de la monarquía leonesa con la basílica de San Isidoro, cuyo fin último sería el de ensalzar la autoridad y el prestigio del conjunto monumental.

Identidad del personaje sepultado: Petrus Deustamben

Muy pocos datos seguros se pueden ofrecer hoy en día sobre la personalidad de Pedro Deustamben. El primer obstáculo con que nos topamos al abordar esta cuestión es el de su propio nombre, objeto de no pocas controversias. El grabador de la inscripción de su sepulcro utilizó triple interpunción para separar cada una de las palabras del texto. De ello resulta que la transcripción literal del nombre sería: “Petrus Deus Tam Ben”. Sin embargo, a continuación hace alusión al puente por él fundado y lo hace de una forma ligeramente diferente: “pontem qui dicitur de Deus tamben”.

En los documentos más antiguos que hacen alusión a este puente no se ofrecen variantes significativas. “Ponti de Deus tam bene” leemos en un privilegio de Fernando II de 1166, según la transcripción de Miguel de Manuel Rodríguez, e “illo ponte qui dicitur Deus tam bene” encontramos en un documento del monasterio de Benevívere de 1196. En otros diplomas el nombre de nuestro personaje aparece romanceado ya desde antiguo, sin poder discernir si la forma romance deriva de la latina o viceversa. En 1205 se entregan unas tierras “iuxta pontem de Diostambien” y en 1282 se menciona el monasterio de “Pontis de Dios tambien”.

En base a los datos suministrados por el epígrafe, a Petrus Deustamben se le ha considerado como un arquitecto o maestro de obras; cantero también en alguna ocasión, a pesar que tal condición no aparece explicitada como tal. Está claro que fue responsable de una parte importante de las obras del templo románico de San Isidoro y que "fundó" un puente sobre el río Esla que llevó su nombre.

A falta de otros pormenores sobre su trayectoria vital, se le han buscado diversas filiaciones y se le han atribuido otras construcciones con muy poca o nula base documental. Así se le ha identificado con cierto Pedro Peregrino, quien "con la ayuda de Dios y de hombres buenos" edificó un puente sobre el Miño, probablemente en tiempos de la reina Urraca. En este mismo lugar se levantó un hospital denominado “Domum Dei”. Por estas acciones en 1126 Alfonso VII confirma a este Pedro Peregrino, y a su puente, la iglesia de Santa María de Puertomarín, que su madre la reina ya le había entregado anteriormente.

El “Liber Sancti Iacobi”, al recoger la nómina de los “viatores” o constructores del camino de Santiago antes del año 1120 menciona a Andrés, Rotgerio, Alvito, Fortus, Arnaldo, Esteban y Pedro. De este último afirma que “reconstruyó el puente sobre el Miño, destruido por la reina Urraca; que sus almas y las de sus colaboradores descansen eternamente en paz”.

En cuanto a la filiación y procedencia de Petrus Deustamben muy pocas certezas se pueden ofrecer. Es posible que su peculiar apellido esté enmascarando un origen extranjero. Se trataría de uno más de esos maestros de obras de procedencia ultrapirenaica que trabajaron en las grandes construcciones del Camino de Santiago. Pero este “Diostambién” también puede ser uno de esos apodos o sobrenombres piadosos, con que se denominaba popularmente a personajes objeto de una especial admiración o dotados de reconocidas virtudes espirituales.

Algunos estudiosos de la figura del Maestro Mateo, basándose en la interpretación de puntuales datos genealógicos, han sugerido una relación de paternidad entre el constructor de San Isidoro y el gran artífice de la catedral de Santiago de Compostela. Para unos no es más que una conjetura indemostrable, pero para Manuel Chamoso Lamas “no es nada aventurado ver un solo Pedro en el constructor de los puentes sobre el Miño y sobre el Esla y ver en el sobrenombre Deustamben, de etimología galaica, al Pedro domiciliado en Lugo, progenitor de nuestro Mateo, que sería el Matheus Petri del árbol genealógico, y que sigue la trayectoria de su padre construyendo puentes y construyendo templos”.

A Petrus Deustamben se le vincula también con la desaparecida iglesia de los Santos Justo y Pastor de Quintanaluengos, en el norte de Palencia. Se trataba de un templo románico, de una sola nave con crucero, con elementos constructivos y decorativos arcaizantes de tradición visigoda y mozárabe. Hoy apenas se conservan de este antiguo monasterio unas cuantas fotografías antiguas y unos capiteles que se exhiben en el Museo Arqueológico de Palencia.

Leopoldo Torres-Campos y Balbás dio cuenta en 1918 de una inscripción que se encontraba situada en la ventana del muro este del ábside con la lectura "ERA MCXLIII "(Año 1105), fecha que podría corresponder a un momento destacado de la construcción del edificio, tal vez de su consagración. Por su parte, Matías Vielva llegó a ver en 1907 una inscripción sobre el cimacio de uno de los capiteles del arco triunfal, en la que quiso leer "PETRUS DEUSTAMBEN". Ahora bien, esta lectura es en realidad una interpretación muy particular, a todas luces demasiado forzada, de unas iniciales que acompañaban al nombre. El texto original rezaba: "Petrus D. S.".

Otra de las edificaciones relacionadas con Petrus de Deustamben es la iglesia románica de Santa Marta de Tera, en la provincia de Zamora. Fue Manuel Gómez-Moreno quien apuntó en esta dirección, en base a las afinidades estilísticas entre el proyecto constructivo y decorativo de este templo y ciertos elementos significativos de San Isidoro de León, en particular de su crucero. Como ocurre con el resto de edificios anteriormente citados, no existe base documental alguna que pueda corroborar esta suposición. Por otra parte, las semejanzas entre ambos templos, que las hay y son ciertamente relevantes, nos llevarían también a revisar otras construcciones, como la iglesia de Santo Tomé de Zamora, cuya cabecera también parece emparentarse con el mismo modelo de Santa Marta, y que según un diploma estaba en 1125 recientemente edificada: "noviter edificato”.

Obras que realizó en la basílica del San Isidoro

La primera parte de la inscripción de nuestro sepulcro relaciona directamente al difunto con la construcción de la iglesia de San Isidoro. "Hi quiescit servus Dei Petrus Deus tam ben qui superedificavit ecclesiam hanc". El verbo utilizado es un tanto peculiar, pues “edificavit” se presenta precedido de la partícula “super”. El lapicida no empleó aquí signo de interpunción para separar las dos palabras, por tanto se trata de una expresión que, de alguna manera, quiere precisar la naturaleza de las obras emprendidas. Los editores del epígrafe han traducido "superedificavit" como “edificó”, “construyó”, “cubrió”, "amplió", “concluyó”, etc.

Parece claro que este “superedificavit” debe oponerse al verbo “fundavit”, utilizado para aludir a la construcción de un puente por este mismo personaje. “Fundavit” debe entenderse como construir a “a fundamentis”, esto es, desde los cimientos o sobre una construcción anterior pero totalmente renovada. En cambio, este “superedificavit” puede interpretarse como la tarea de unas obras que completan, amplian o cubren algo que se encontraba anteriormente en fase avanzada.

No es fácil delimitar exactamente estos trabajos. La iglesia que hoy conservamos presenta varios proyectos constructivos, relacionados todos ellos con el mecenazgo de diversos miembros de la monarquía leonesa, pero con unas cronologías sujetas a debate y controversia desde hace mucho tiempo. A una basílica originaria erigida a mediados del siglo XI y de reducidas dimensiones, seguiría otra de mayor envergadura y con un transepto marcado en planta. Como han documentado arqueológicamente M.ª Á. Utrero Agudo J. I. Murillo Fragero, esta segunda iglesia sufrió una temprana ruina que “afectaría principalmente a la mitad occidental del aula. Tanto las bóvedas de ladrillo de esa zona como la Puerta del Cordero pertenecen a la obra de restauración de mediados del siglo XII”.

Los estudiosos del templo isidoriano han considerado comúnmente a Petrus Deustamben como responsable de la última fase del templo románico, obras que podrían haberse iniciado en época de la reina doña Urraca y terminarían antes del año 1149, cuando se consagra la iglesia durante el reinado de Alfonso VII.

Fundación de un puente que lleva su nombre

El desaparecido Puente de Deustamben, estuvo situado sobre río el Esla, en la finca actualmente conocida como “El Priorato”, entre los términos municipales de Milles de la Polvorosa y Villaveza del Agua. En torno a este enclave, al calor de los movimientos de población, flujos comerciales y de peregrinaje, surgió a mediados del siglo XII un próspero, aunque efímero, núcleo de población.

Según se desprende de un diploma de 1196, la heredad del Puente de Deustamben, se componía del propio viaducto, una iglesia dedicada a Santa María, un hospital y un conjunto de pertenencias que se explicitan en el texto: villas, iglesias, solares yermos y poblados, tierras labradas y sin labrar, viñas, salinas, aceñas, molinos, prados, montes y fuentes. La imagen que nos proporciona esta relación de bienes es la de una población floreciente, asentada en un nudo estratégico de comunicaciones, concretamente en un paso estable del Esla sobre la antigua Vía de la Plata. La existencia de un hospital, que probablemente acogería también peregrinos y viandantes, parece corroborar esta idea.

No sabemos con exactitud en qué momento se construyó este viaducto. Tal vez existió anteriormente en este mismo emplazamiento un puente romano, del que sería fiel testigo un excepcional miliario hallado en los años ochenta del pasado siglo.

En 1140 se tiene la primera noticia de su existencia, cuando el obispo de Astorga permuta varias heredades con unos particulares junto al denominado Puente de Deus También, para que funden en este lugar una "casería".

En época de Fernando II el asentamiento ha adquirido cierta categoría como núcleo de población, hasta el punto que el monarca decide favorecer a sus propietarios, liberando en 1166 a sus "homines" de homicidio, fonsado, rauso y de todo fuero y jurisdicción real. De esta forma, sus habitantes quedan sujetos únicamente al señor de la Puente, que goza de plena autonomía de jurisdicción.

En 1196, Gutierre Muñoz, con su mujer, hermanas y sobrinos, tal vez herederos de los primitivos propietarios, donan al monasterio de Benevívere este puente, llamado ahora Deustambene, con su iglesia, hospital y demás pertenencias para que sea abadía perpetuamente, con la condición de recibir como monjes a los miembros de esta familia, aunque fuesen mujeres. A principios del siglo XIII la nueva abadía filial de canónigos regulares había adquirido ya cierto peso en la región, hasta el punto que atraía las donaciones piadosas de ciertos potentados, que incluso pedían enterrarse entre sus muros.

Estado de la tapa del sepulcro en 1925, según Manuel Gómez-Moreno

Detalle de la escena representada en el la cabecera de la tapa del sepulcro

Detalle de la inscripción

Vista de la lauda desde la cabecera

Vista de la lauda desde los pies

Detalle del comienzo de la inscripción en el borde de la lauda

Fachada sur de la iglesia de San Isidoro de León

Caserío de la finca de El Priorato (Milles de la Polvorosa]

Sillar procedente del Puente de Deustamben

sábado, 31 de diciembre de 2016

El Beato de Tábara - Historia del códice del Archivo Histórico Nacional

Infografía de la miniatura de la torre del Beato de Tábara

El presente artículo se corresponde con la publicación del mismo título editada por el Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo” en el año 2017 con ocasión de las “Jornadas sobre los Beatos Medievales: una herencia compartida”. Tábara, 31 de marzo y 1 de abril de 2017. © C.E.B. “Ledo del Pozo” y Rafael González Rodríguez.

El llamado Beato de Tábara es una de las piezas más notables del Archivo Histórico Nacional. Recientemente, ha sido incluido, junto otros ejemplares del Comentario al Apocalipsis de San Juan atribuido a Beato de Liébana, en el “Registro de la Memoria del Mundo”; una lista elaborada por la UNESCO para preservar el patrimonio documental y crear una mayor conciencia colectiva sobre su importancia.

Al margen de su valor intrínseco, el Beato de Tábara es mundialmente conocido por la famosa miniatura de su folio final, en la que aparece representada la torre del monasterio y, junto a ella, dos monjes afanados en la tarea de copiar o iluminar un códice. Hasta tal punto esta ilustración del “scriptorium” tabarense ha tomado protagonismo en los estudios de la miniatura altomedieval, que ha eclipsado cualquier otra aproximación a su estudio. Un manuscrito, por otra parte, mutilado hoy hasta el absurdo y reducido a una mínima expresión de lo que realmente fue.

Proponemos en este trabajo un acercamiento a la historia del códice, en particular de sus primeras vicisitudes, desde las informaciones más antiguas de las que tenemos noticia hasta aproximadamente el primer tercio del siglo XX, cuando ya los estudios son más precisos y detallados. Para ello se hace un recorrido por los principales hitos de la bibliografía existente. Sobre esta base, se hacen algunas puntualizaciones, creemos de interés; se corrigen ciertos errores y malentendidos, y se ofrecen algunas perspectivas que, tal vez, puedan abrir nuevas líneas de investigación.

1. Primeras referencias bibliográficas

Para buscar las más antiguas referencias en la bibliografía a nuestro códice hay que remontarse a la segunda mitad del siglo XVIII. Es entonces cuando Enrique Flórez acomete la primera edición de los Comentarios al Apocalipsis atribuidos al monje Beato de Liébana. El padre Flórez, aunque debió conocer directamente o por referencias más ejemplares, manejó principalmente tres para cotejar y componer su edición publicada en 1770: el Beato de San Andrés del Arroyo (Bibliothèque Nationale de France), el Beato Emilianense o de San Millán de la Cogolla (Real Academia de la Historia) y el entonces llamado “Codex Burguensis”, hoy más conocido como Beato de las Huelgas. En la actualidad este libro se custodia en la Pierpont Morgan Library de Nueva York.

El Beato de las Huelgas viene considerándose una copia tardía del Beato de Tábara, pues, de hecho, reproduce en el folio 183r. la miniatura de la torre de su monasterio y en el 184v. una omega final prácticamente idéntica. Tiene la peculiaridad de contar con dos colofones de épocas distintas. El folio 184r. contiene un colofón donde consta la fecha 1220. Por razones que desconocemos se copió también el colofón íntegro del Beato de Tábara del año 970, y esto provocó cierto desconcierto en los autores posteriores.

Flórez se topa con esta suscripción y advierte la no correspondencia cronológica entre su texto y las características formales del libro. Las fechas de composición consignadas (años 968 y 970) no concuerdan con el tipo de escritura de principios del siglo XIII. Esta anomalía le lleva a plantear que el Beato de las Huelgas reproducía el colofón de un manuscrito más antiguo, por entonces desconocido. El erudito agustino transcribió íntegramente dicho colofón, con las alusiones del escriba Emeterio a su maestro Magio, y con ello dejó constancia de los primeros datos conocidos sobre el que denomina “Codex Tabarensis”. El comentario de Flórez, traducido del texto latino original, es el siguiente:

“La fecha del códice del que fue transcrito, deja claro, pues las últimas palabras del libro de la copia antigua escritas en el nuestro lo muestran, que el códice se empezó en el monasterio Tabarense por el presbítero Magio, que muere en el año 968, y terminado por un discípulo suyo, de nombre Emeterio, en el año 970. Estando entonces en uso solamente la escritura gótica, el Códice Burgense todavía no fue transcrito con caracteres diferentes. Por lo cual, conviene dejar claro, que la anotación señalada previamente ha sido tomada del códice del cual se hace la copia. De aquí que el año 970 se ha de atribuir no a nuestra copia, sino al Códice Tabarense”.


E. FLÓREZ - Sancti Beati presbyteri Hispani Liebanensis in Apocalypsin - Madrid, 1770.
El primer recensor reconocido de los Beatos fue el archivero y geógrafo francés M. d'Avezac. Su interés por los mapamundis incluidos en esta obra le llevó a inventariar en 1870 un total de 22 manuscritos. Entre ellos cita, de pasada, el Beato de Guadalupe y el Beato de las Huelgas, ambos por referencias indirectas de otros autores. De este último señala que “es copia del siglo XIII de un arquetipo ejecutado en el convento de San Salvador de Tábara en 1008 de la Era hispánica, o 970 de Jesucristo”.

En 1880 Léopold Delisle publica en París sus “Mélanges de Paléographie et de Bibliographie”, donde dedica un amplio capítulo a “Les manuscrits de l’Apocalypse de Beatus conservés à la Bibliothèque Nationale et dans le cabinet de M. Didot”. El director de la Biliothèque Nationale ofrece un nuevo estado de la cuestión sobre el estudio de los Beatos hispanos y registra algunos de los ejemplares entonces conocidos. Entre ellos se vuelve a mencionar, siguiendo a Flórez, al Beato de las Huelgas, al que considera copia de un modelo hecho en Tábara y “destruido probablemente desde hace mucho tiempo”. Así mismo, relaciona el códice de Gerona con el Tábara, identificando en ambos casos al copista o miniaturista Emeterio: “El antiguo manuscrito al que yo hago alusión, y en el que la obra de Beato está seguida del comentario de Daniel por San Jerónimo, fue empezado en el monasterio de Tabar (sic) por el presbítero Magius, que murió en 968. Fue acabado el 27 de julio de 970, por Emeterius, en el cual es muy difícil no ver la persona del mismo nombre mencionada al final del manuscrito de Gerona”.


2. Ingreso del códice en la Escuela Superior de Diplomática

Como vemos, hasta ahora todas las menciones a nuestro manuscrito son indirectas y basadas en las impresiones de la lectura de una copia tardía de principios del siglo XIII: el Beato de las Huelgas. Pero en 1881 irrumpe el códice original en el panorama bibliográfico con la publicación de la obra de Jesús Muñoz y Rivero: “Paleografía Visigoda”. Debe recordarse, y este es un dato ciertamente importante, que el autor era en estas fechas archivero bibliotecario y profesor encargado de la asignatura de Paleografía general y crítica en la Escuela Superior de Diplomática de Madrid.
En esta obra, un clásico en los estudios de Paleografía medieval, Muñoz y Rivero incorpora la transcripción completa del colofón del Beato de Tábara en lo que llama “Ejercicios de lectura paleográfica”. La descripción que ofrece es muy escueta y en ningún momento habla de un Beato: “Facsímil de un códice escrito en los años 968 a 970, que contiene comentarios al Apocalipsis, y que pertenece a la Escuela Superior de Diplomática”. A continuación inserta un facsímil del folio 167 recto.

Al igual que ocurre con el resto de facsímiles de esta obra, no estamos ante una simple reproducción fotográfica del folio en cuestión, sino ante una copia imitativa hecha caligráficamente por el propio autor. El objeto de estas láminas era fundamentalmente didáctico y debían servir de prácticas a los alumnos de Paleografía.

El autor no suministra más datos sobre el origen del códice, aunque agradece en otro apartado de su libro a Juan de Dios de la Rada y Delgado y a Vicente Vignau, director y secretario respectivamente de la Escuela, las facilidades proporcionadas en los trabajos de investigación. De los 44 facsímiles, el correspondiente a Tábara es el número 7, y es el único del que se expresa la procedencia de la mencionada Escuela.

Colofón del Beato de Tábara en la obra de MUÑOZ Y RIVERO, "Paleografía Visigoda", 1881.
La Escuela Superior de Diplomática de Madrid (1856-1900) tuvo un papel fundamental en la formación de archiveros, bibliotecarios y arqueólogos en la segunda mitad del siglo XIX; una época en la que las llamadas ciencias auxiliares de la Historia (Paleografía, Diplomática, Epigrafía, Numismática, etc.) estaban definiéndose y sistematizándose. Las cátedras de esta institución fueron inauguradas el 21 de noviembre de 1856 en locales de la Biblioteca y Archivo de la Real Academia de la Historia. Las principales asignaturas impartidas eran: Paleografía elemental o general, Paleografía crítica y literaria, Latín, Bibliografía, Historia de España. Arqueología y Numismática.

Entre el profesorado de la Escuela encontramos a algunas de las figuras más relevantes de la Paleografía, la Archivística, la Arqueología y la Historia de la segunda mitad del siglo XIX, como Antonio Delgado, Vicente Vignau, Ángel Allende Salazar, Eduardo de Hinojosa, Tomás Muñoz y Romero, su hijo Jesús Muñoz y Rivero, etc.

En 1865, con ocasión de la publicación de su reglamento, se reconoce que los medios materiales de instrucción van en aumento “merced a algunas generosas donaciones, y a las adquisiciones por compra que permiten las hasta ahora exiguas cantidades consignadas. La colección de diplomas consta de unos 200 pergaminos, cartas y manuscritos varios; el Museo arqueológico y numismático ostenta ya 1.086 objetos precisos de estudios; y la Biblioteca tiene catalogados muy cerca de mil volúmenes”.

Durante sus primeros años de andadura, la mayor parte del material científico fue incorporado gracias a donaciones de alumnos, profesores, personajes influyentes, Ministerio de Fomento, Universidad y otras instituciones. Como advierte Aurora Godín Gómez, hubo algunas adquisiciones mediante compra, pero fueron las menos, dada la escasa asignación adjudicada. Ocasionalmente, también se produjo algún depósito.

En la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, dependiente de la Universidad Complutense, se custodian en la actualidad 192 pergaminos procedentes de la Escuela Superior de Diplomática. Se trata de los diplomas que utilizaban profesores y alumnos como material científico para el aprendizaje en la asignatura de Ejercicios Prácticos. Maite Rodríguez Muriedas registra en esta variopinta colección bulas pontificias, documentos procedentes de monasterios, escrituras, testamentos, censuales, cartas, etc. Su cronología abarca desde el siglo XII hasta el siglo XVIII.

Así pues, la adquisición del Beato de Tábara por la Escuela, hay que encuadrarla en esta necesidad de diplomas y códices que sirvieran de material de trabajo a los profesores y alumnos, principalmente de la asignatura de Paleografía. Según el testimonio de Manuel Gómez-Moreno, se trató de una compra hecha a Ramón Álvarez de la Braña y, por tanto, una de las pocas compras de las que tenemos constancia. Desgraciadamente, Gómez-Moreno no detalla nada más sobre este asunto. No sabemos en qué fecha exactamente se produjo esta entrada, ni la procedencia.

En la actualidad, nuestro códice exhibe en varios de sus folios el sello de tinta de la Escuela Superior de Diplomática. Tal vez se estamparía a su ingreso y, teóricamente, quedaría incorporado al catálogo de su biblioteca, pues en dicho sello se puede leer en la parte inferior la palabra “Biblioteca”. Sin embargo, en los catálogos de la misma dados a conocer por Mirella Romero Recio, no figura tal ejemplar, si bien hay que aclarar que solamente se consignan las obras impresas, y no los diplomas y códices que sabemos que la Escuela tuvo en propiedad o en custodia.

Otra cuestión, no menos importante, es el momento en el que el códice llega al Archivo Histórico Nacional. Sobre la base de la documentación aportada por Carmen Crespo, se ha supuesto que el Beato de Tábara estaba en dicho archivo en 1872. Se trata de una petición del jefe del mismo, Luis de Eguílaz, al director de Instrucción pública, fechada a 8 de noviembre de 1872. Su tenor es el siguiente:

“Este Archivo posee una preciosa colección de códices..., no sólo al servicio del público, sino que también llenan un fin importante en la enseñanza de la Escuela de Diplomática, cuyas colecciones y biblioteca se hallan unidas a las de este establecimiento. Figura en ellas un notable códice de la Exposición del Apocalipsis por S. Beato Liebanense escrito en el siglo X..., único de tal fecha que ha podido hasta hoy mostrarse a los alumnos... Para ampliar esos estudios convendría.., tener otro de igual materia y autor..., pero escrito con anterioridad acaso de un siglo..., el cual existe en la Biblioteca de ese Ministerio y me atrevo a rogar a V. I. que con tales fines sea temporalmente y bajo recibo entregado... hasta tanto que se decida si... podría aspirar a poseerlo definitivamente”.

En realidad, lo que este documento nos muestra es que el Beato se encontraba en 1872 en la Biblioteca de la Escuela Superior de Diplomática, aunque parece que a efectos administrativos los diplomas y códices se consideraban integrados de alguna manera en los fondos del Archivo Histórico Nacional, creado en 1866. Además, la Escuela nunca contó con un edificio propio, y si bien estableció la primera sede en la Real Academia de la Historia, y posteriormente en los Reales Estudios de San Isidro, las clases se repartieron entre la Biblioteca Nacional, el Archivo Histórico y el Museo Arqueológico. El otro Beato del que se habla en el documento anterior es el que acabaría ingresando en la Biblioteca Nacional (Vitr. 14/1).

3. Ramón Álvarez de la Braña, poseedor del códice

Ramón Álvarez de la Braña (1837-1906), perteneciente al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, Correspondiente de la Academia de la Historia y Director de la Biblioteca Provincial de León, fue una figura muy relevante del panorama cultural de la época, Su papel en la operación de adquisición del Beato por la Escuela no pudo ser la de un simple vendedor o intermediario.

En su calidad de vocal y secretario de la entonces Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de León, tuvo un conocimiento privilegiado de la situación de los bienes muebles e inmuebles del patrimonio de los monasterios e instituciones eclesiásticas desamortizadas. De hecho, en 1898, cuando el Estado se hace cargo del Museo de León, fue nombrado primer director del mismo. De sus desvelos por la adquisición de piezas para esta institución daba cuenta Luis Rodríguez Seoane en 1894:

“Ni debe tampoco omitirse, que el rico Museo arqueológico, establecido en León e instalado en el magnífico edificio de San Marcos, es en gran parte debido a la valiosa cooperación del Sr. Álvarez de la Braña que [...] lo enriqueció con interesantes adquisiciones realizadas en varios puntos del territorio legionense. Puede de esta suerte admirar hoy el erudito viajero, en tan precioso museo, desde los más ricos ejemplares de la civilización visigótica y siglos posteriores de la Edad Media”.

Álvarez de la Braña prestó servicios en la clasificación de los pergaminos, códices y demás documentos de la colegiata de San Isidoro, así como en otros archivos de la provincia. Igualmente, ordenó y clasificó la biblioteca que dejaron en San Marcos de León los Padres de la Compañía de Jesús, que contaba con unos 6.000 volúmenes. Trabajó en labores de ordenación en el Archivo Municipal, la Catedral y en la Sociedad Económica de Amigos del País.

La relación de Álvarez de la Braña con la Escuela de Diplomática debió ser muy fluida y cordial. De las palabras de Luis Rodríguez Seoane parece deducirse que pasó por sus aulas, dato que no he podido comprobar feacientemente: “Una vez en esta capital (Madrid), decidióse, por fin, de una manera irrevocable, a seguir la carrera de Archivero-Bibliotecario”. En cualquier caso, completó sus estudios de archivística con otros en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central entre 1860 y 1863. En 1869 se hace cargo de la dirección de la Biblioteca Provincial de León, después de un traslado desde la Biblioteca de Menorca.
Autógrafo de Ramón Álvarez de la Braña. Real Academia de la Historia.


En 1884 publica la obra titulada “Siglas y abreviaturas latinas”. Al comienzo hay un breve texto escrito en 1876 por Juan de Dios de la Rada Delgado, que fue director de la Escuela, y trata a Braña de “mi muy querido y antiguo discípulo”. A continuación, en el prólogo, Braña cree prestar un especial servicio a las personas que se dedican a las antigüedades, y añade: “los alumnos de la clase de Epigrafía en la Escuela Superior de Diplomática, carecen de un trabajo de esta clase que pueda servirles de texto”.

En este mismo año de 1884 Álvarez de la Braña publica “Biblioteca Provincial Legionense, su origen y vicisitudes”. Si atendemos al testimonio del autor habría que descartar totalmente que el Beato de Tábara procediera de los fondos de los conventos desamortizados en la provincia, al menos de los fondos que llegaron a ser gestionados por la Comisión de Monumentos. Esto es matizable, pues sabemos que, lamentablemente, muchos libros y manuscritos acabaron en manos privadas, salieron del país, o fueron destruidos con anterioridad. En cualquier caso, el panorama que se dibuja en esta obra es desolador:

“Escasísimo fue el número de los libros impresos recogidos por la Comisión de Monumentos, y más insignificante el de manuscritos, allí donde tantos notables códices se conservaban en sus archivos, unos ilustrados con miniaturas de gran mérito, y otros que contenían importantes crónicas, o datos referentes a la vida religiosa y política y al estado social de los pueblos en la Edad Media. En el local del ex-beaterio de las Catalinas (sede de la Biblioteca Provincial) no entró uno solo de esos preciosos objetos que merezca llamar la atención de los bibliófilos. Algunos de los códices debieron ir a enriquecer las colecciones diplomáticas de las grandes bibliotecas y museos del extranjero, y causa rubor el confesar que, para los estudios históricos en nuestra patria se hayan perdido, la mayor parte por verdadero abandono, y otra no pequeña fuese a parar a manos de traficantes anticuarios”.

En los artículos y libros de Ramón Álvarez de la Braña no he encontrado la menor alusión, directa o indirecta, al códice de Tábara. Nada sabemos sobre su procedencia, ni sobre la forma en la que se hizo con él. Es evidente que hubo un interés por ocultar esta cuestión, tanto por el propio Braña, como por los responsables de la Escuela de Diplomática. Los primeros autores que examinaron el libro tampoco se hicieron demasiadas preguntas sobre su paradero anterior.

Sello de tinta de la Escuela Superior de Diplomática de Madrid. Beato de Tábara. AHN fol. 29v.
4. Otras referencias bibliográficas al códice durante su estancia en la Escuela Superior de Diplomática

El Beato de Tábara suscitó la curiosidad de varios investigadores durante su estancia en la Escuela Superior de Diplomática, y ello se debió a motivos de lo más diverso. Uno de ellos fue Francisco Javier Simonet, autor de la “Historia de los mozárabes de España”.

Estamos ante una monografía muy conocida, de la que existen varias ediciones. La primera se fecha entre 1897 y 1903, pero según se advierte en la introducción, el autor tenía finalizados los trabajos en el año 1867. Por diversas razones, la edición se retrasó, lo cual permitió al propio Simonet “retocarla, ampliarla y ponerla al día en vista de los trabajos que sobre su materia iban saliendo a la luz”. El arabista e historiador murió en 1897 sin ver su libro publicado. Finalmente, el texto fue corregido por su amigo, “el joven granadino” Manuel Gómez-Moreno, y dado a la imprenta por la Real Academia de la Historia.

El interés de Simonet por el códice de Tábara venía motivado por el estudio de las glosas márginales en árabe que aparecen en varios de sus folios. En base a ellas, consideró el manuscrito como “mozárabe” pero, sorprendentemente, no llegó a identificarlo como un Beato:

“En 968, se escribió un códice muy curioso que debemos contar entre los mozárabes por varias señales que se notan en él. Este códice en folio, de pergamino y letra gótica antigua, escrito en la Era MVIª (año 968), contiene; 1º Sancti Hieronimi explanatio in Apocalymsim. 2º In nomine Domini nsi. Jesu Christi Incipit explanatio Danielis Profetae ab auctore beato Iheronimo. Contienen varias viñetas muy singulares y una portada arabesca formando un arco de herradura; y lo que interesa a nuestro propósito, en las márgenes de la Explanación de Daniel, varias frases y palabras escritas en carácter arábigo antiguo, y trazado por mano experta, como “Medita acerca de esta diversidad en los números”; “Porque en ello está el reposo de las obras”. Este códice existe hoy en el Archivo de la Escuela Superior de Diplomática, donde hemos tenido la satisfacción de examinarlo”. A continuación, añade en nota a pie de página: “Nos lo facilitó nuestro ilustrado amigo el paleógrafo y profesor auxiliar de aquella Escuela Sr. Goicoechea, ya difunto”.

Su descripción resulta muy interesante por varios motivos. Considera el códice, no como un Beato, sino como un ejemplar compuesto por dos obras de San Jerónimo: el Comentario al libro del Apocalipsis y el Comentario al libro de Daniel. El hecho de no citar la obra de Muñoz y Rivero “Paleografía visigoda”, hace sospechar que Simonet pudo consultar al códice con anterioridad a 1881, desde luego antes de 1886 cuando muere Goicoechea. Este personaje debe identificarse con Manuel de Goicoechea y Gaviña, profesor, efectivamente, en la Escuela Superior de Diplomática. Fue nombrado en comisión para la segunda plaza de Ayudante de la Escuela en 1856 y en 1857 era también oficial de la biblioteca de la Real Academia de la Historia. En 1864 fue nombrado Catedrático supernumerario y en 1875 fue destinado al Archivo Histórico Nacional.

Simonet vuelve sobre el manuscrito en el apartado bibliográfico, y de nuevo lo registra como un ejemplar que reproduce dos obras de San Jerónimo: “Jerónimo (San). Explanatio in Apocalypsim. Explanatio Danielis Profetae. Códice de la Escuela Superior de Diplomática”. Esta catalogación resulta muy significativa, pues es muy parecida a la que se hizo en el siglo XVIII del Beato de Guadalupe, según constaba en el catálogo de la Biblioteca del monasterio de 1770: “S. Hieronymi P.N. In Apocalypsim, et Danielem Explanatio, manuc. In pergamino. T. 1 F”.

Este dato, no valorado hasta ahora, vendría a otorgar nuevos argumentos a una de las explicaciones que se han venido ofreciendo sobre la procedencia del Beato de Tábara: el monasterio jerónimo de Santa María de Guadalupe. Fue Gregorio de Andrés quien aportó los datos y la documentación que apuntaban en esta dirección, pues en ambos Beatos se consignaba la participación del copista Emeterio. Ambrosio de Morales fue el primero en examinar este libro en el siglo XVI. Su suerte durante el siglo XIX es incierta. Se supone que saldría del monasterio como consecuencia de la Desamortización, a partir de 1835. Tal vez, cuando Simonet examinó el manuscrito en la Escuela de Diplomática aún conservaba en su encuadernación o en alguno de sus folios la atribución de la autoría a San Jerónimo.
J. SIMONET - Historia de los Mozárabes de España, 1897-1903
Otra de las personas que debió consultar el códice tabarense por estos años fue Máximo Fuertes Acebedo. En 1885 publica su obra “Bosquejo acerca del estado que alcanzó en todas épocas la literatura en Asturias, seguido de una extensa bibliografía de los escritores asturianos”. El erudito ovetense dedica una entrada a las obras de Beato de Liébana, y entre las copias que cita se refiere a la nuestra de la siguiente manera: “Otro códice también del siglo X, se conserva en la Escuela Superior de Diplomacia, escrito en vitela a dos columnas y con preciosas iluminaciones”.

Hay que destacar que por primera vez se hace referencia a este manuscrito como un Beato, pero sorprende también que se destaque como algo relevante la calidad de sus miniaturas. En la actualidad, uno de los aspectos más llamativos del códice es, precisamente, la salvaje mutilación de sus folios y la desaparición de la mayoría de sus ilustraciones.

Entre los años 1891 y 1898 Konrad Miller publica los seis fascículos de sus “Mappae Mundi”. El correspondiente al año 1895 se ocupa de los mapas de los Beatos y en él registra el manuscrito de Tábara, que sitúa en la Escuela Superior de Diplomática. En lo esencial sigue a Muñoz y Rivero y Fuertes Acevedo, pero añade una relación muy completa de los Beatos entonces identificados.

4. El Códice en el Archivo Histórico Nacional

H.L. Ramsay incluye el Beato de Tábara en su artículo “Manuscripts of the Commentary of Beatus of Liebana on the Apocalypse”, publicado en la “Revue des Bibliothèques” del año 1902. Nada nuevo aporta en este caso para el conocimiento del códice. Sigue las noticias proporcionadas por Muñoz y Rivero, y considera, como ya hizo Flórez, el ejemplar tabarense como modelo del Beato de las Huelgas. Al reproducir los datos de Muñoz y Rivero, sigue dando nuestro Beato como perteneciente a la biblioteca de la Escuela Superior de Diplomática, a pesar de que en 1900 esta institución estaba ya extinguida.

El ingreso efectivo en el Archivo Histórico Nacional debió producirse en torno a este año de 1900, durante la dirección de Vicente Vignau y Ballester (1896-1908). Vignau tuvo que conocer nuestro Beato con anterioridad, pues fue miembro fundador de la “Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos”, catedrático de la asignatura de Latín Medieval y de Gramática en la Escuela Superior de Diplomática y su secretario hasta 1881.

Un nuevo hito en el conocimiento de nuestro códice se produce en el año 1906 con el artículo de Antonio Blázquez “Los manuscritos de los Comentarios al Apocalipsis de S. Juan por San Beato de Liébana”. Hasta donde he podido averiguar, es aquí donde por primera vez se hace alusión a la famosa miniatura de la torre.

El autor sitúa inequívocamente el ejemplar en el Archivo Histórico Nacional. Además, basándose en una lectura muy particular del colofón, sugiere que el propio Beato de Liébana habría sido enterrado en el claustro del monasterio tabarés, y no en Valcabado como algún otro autor había propuesto con anterioridad: “por lo cual puede llamarle verdaderamente Beato, aludiendo a que lo era dos veces, por ser éste su nombre y por sur virtudes: y, en este caso, de ser cierta esta interpretación, habrá que buscarlo en ese olvidado monasterio, en cuya torre bizantina doblaron las campanas al abandonar esta vida para siempre; torre que aparece dibujada con primor en el manuscrito mencionado”.

Sello de tinta del Archivo Histórico Nacional. Beato de Tábara. AHN, fol. 1v.
La descripción de Blázquez revela un minucioso reconocimiento del códice en el estado en el que se encontraba entonces (1906) en el Archivo Histórico Nacional. Varias son las informaciones de interés que se pueden extraer de este artículo. Por ejemplo, los dos folios con las genealogías se encontraban al final del volumen y no al principio como actualmente se exhiben. Esta disposición se corrobora con algunas fotografías antiguas existentes y las descripciones de los años 20 y 30.

Por tanto, tal y como apuntó en su momento Carmen Crespo, el folio con la omega final y la miniatura de la torre no era el último del manuscrito. También hay que aclarar un malentendido que se ha repetido con insistencia, en el sentido de que este folio estaba invertido. El testimonio de Blázquez deja claro que la omega con el colofón era el recto del folio y la miniatura el vuelto. Por último, Blázquez recuerda la primera exposición en la que compareció nuestro manuscrito: la Exposición Cartográfica de Amberes, si bien se exhibió solamente una copia de alguno de los folios:

“Ejemplar del Monasterio de Tabarés, hoy en el archivo histórico. Año 970: VI kalendas augustas hora VIIII. Al final tiene las siguientes indicaciones relativas a la fecha y personas que le escribieron [...] Al dorso de este folio hay una lámina en colores, representando la torre del Monasterio, la habitación destinada a escritorio y a Emeterio copiando el pergamino, y en hoja posterior un mapamundi de pequeñas dimensiones, de forma circular [...] En la exposición cartográfica de Amberes se presentó una copia, haciéndose la afirmación de que los ejemplares de Gerona, Turín y París eran reproducciones de este mapa; pero tal afirmación es completamente inexacta, pues sólo coinciden con él en ser mapas mundi”.
Mapamundi del Beato de Tábara, según dibujo de Antonio Blázquez, 1906
Antonio Blázquez, volvió este mismo año de 1906 sobre los Beatos, pero esta vez se centró específicamente en la comparación de los distintos mapamundis presentes en ellos. Del mapa del códice de Tábara destaca “que es un dibujo que casi no se puede llamar mapa-mundi, pues está constituido por un doble circulo morado y amarillo en el que aparece Asia ocupando la mitad superior, Europa la cuarta parte de la inferior y África el resto, separadas por espacios o fajas de igual anchura. En el extremo inferior de Europa hay la palabra septentrion y en el de África meridie. En tamaño mayor aparece escrito oriens sobre el Asia y fuera del mapa en el lado opuesto occidens”. De todo ello dejó constancia con un dibujo que, tal vez, es del mismo tenor al exhibido en la Exposición Cartográfica de Amberes”.

Llegamos al año 1908 y a la monografía de Juan Menéndez Pidal sobre los restos y memorias del monasterio de San Pedro de Cardeña. El texto está extraído del tomo XIX de la “Revue Hispanique”. En relación con la antigua torre prerrománica del monasterio burgalés, dedica este autor un amplio comentario a la miniatura de la torre de Tábara, con la que encuentra importantes analogías. Incluye, además, una lámina con una reproducción de la miniatura que resulta ser un dibujo interpretativo y en parte reconstructivo de sus elementos principales. Es un dibujo distinto, aunque en la misma línea al que incluirá más tarde Gómez-Moreno en sus “Iglesias Mozárabes”. Esta lámina corresponde en este momento al folio 163v., y no al 167v como ocurre en la actualidad, pues todavía no se había producido la reencuadernación que dejó este folio como folio final.
Miniatura de la Torre de Tábara según dibujo de Juan Menéndez Pidal, 1908.
Manuel Gómez-Moreno debió tener un conocimiento tardío de la existencia del Beato de Tábara, y por ello no fue citado en su “Catálogo Monumental de la Provincia de Zamora”. En el texto hay un apartado dedicado a la iglesia románica de Santa María de Tábara, donde incluyó la lectura de sus epígrafes y noticias sobre la fundación del primitivo monasterio por San Froilán, pero ninguna información sobre el Beato ni sus miniaturas.

El texto del catálogo fue publicado en el año 1927, pero los estudios y viajes del arqueólogo granadino por la provincia corresponden a los años 1903 a 1905. Poco antes corregía las pruebas de la “Historia de los mozárabes” de Simonet, donde tuvo que haber leído sus impresiones sobre el manuscrito de la Escuela Superior de Diplomática, pero al identificarlo como una obra de San Jerónimo tal vez no le prestó la debida atención.

Será en el año 1913 cuando aparezca en el “Boletín de la Sociedad Española de Excursiones” su artículo “De Arqueología mozárabe”. El erudito granadino describe brevemente la miniatura de la torre: “Los monasterios de San Froila es verosímil que fuesen arruinados por las tropas de Almanzor en 981, entre el centenar de iglesias y pueblos de los contornos zamoranos que entonces cayó; pero del de Távara nos queda el interesante dibujo, hecho por Emeterio en 970, de su torre, alta et lapídea, con arcos de herradura en varios pisos a que se subía por escaleras de mano; un andén de madera vuela en lo alto, y hay campanas dispuestas sobre el tejado en soportes ligeros”.

Es en 1919, en su obra “Iglesias mozárabes”, donde suministra la información, ya citada, de que el manuscrito “fue comprado para la extinguida Escuela diplomática a D. Ramón Álvarez de la Braña”. No incluyó fotografías de sus folios, pero sí un calco de la miniatura de la torre con un comentario sobre la misma. Otras de las cuestiones destacadas son los frecuentes escolios en árabe, “probando mozarabismo en aquellos monjes que lo utilizaron”.

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Torre del monasterio de San Salvador de Tábara - Calco según Gómez Moreno "Iglesias mozárabes", 1919.
Nota con el número de registro de la restauración del Beato de Tábara en 1974 por el Servicio Nacional de Restauración de Libros y Documentos. AHN, tapa de la nueva encuadernación.
Beato de Tábara. Miniatura de la torre del monasterio, AHN, fol. 167v.

Beato de Tábara. Omega y colofón. AHN, fol. 167r.