lunes, 14 de mayo de 2012

Castrogonzalo según las Respuestas Generales del Catastro de la Ensenada


Vista general de Castrogonzalo (2012)

1. Cómo se llama la población
A la primera dijeron que este pueblo se llama el lugar de Castro Gonzalo tierra de Benavente.

2. Si es de realengo o de señorío, a quién pertenece, qué derechos percibe y cuánto produce.
A la segunda dijeron que dicho lugar es de señorío, pertenece al Conde de Benavente, percibe los derechos de martiniega, pedido de marzo, un foro sobre la pesca del río, otro sobre las tierras de arrotos y medio carro de paja de cada un vecino labrador del estado general, que producen el de martiniega veinte y siete reales, y diez y ocho maravedís. El pedido de marzo setenta reales y veinte maravedís. El foro sobre la pesca del río treinta y tres reales; el de las tierras de arrotos cuarenta y ocho cargas de pan mediado, trigo y cebada; el de la paja trece carros en virtud de encabezamiento que sobre dicha paja, y derecho de martiniega anualmente precede, que con la regulación de diez reales cada uno importan ciento y cuatro reales, y todo asciende a el año a doscientos, treinta y cinco reales y cuatro maravedís de vellón, y las cuarenta y ocho cargas de pan mediado, trigo y cebada, expresadas, ignoran el motivo de su percepción.

3. Qué territorio ocupa el término, cuánto de levante a poniente y del norte al sur, y cuánto de circunferencia, por horas, y leguas, qué linderos o confrontaciones; y qué figura tiene, poniéndola al margen.
A la tercera dijeron que el territorio que ocupa el término del referido lugar será cinco cuartos y medio de legua de Levante a Poniente, tres cuartos y medio de legua de Norte a Sur, y cinco leguas en circunferencia con la regulación de hora por legua, confronta a el Levante con términos de las villas de Fuentes de Ropel, Villa Obispo, y San Esteban, a el Poniente con los de los lugares despoblados de Zembicos y Brive, a el Norte con término de otro lugar despoblado llamado Piquillos, y a el Sur con el del lugar de Castro Pepe, y en cuanto a su figura se remiten a lo que el agrimensor haga a el tiempo de su reconocimiento.

4. Qué especies de tierra se hallan en el término; si de regadío y de secano, distinguiendo si son de hortaliza, sembradura, viñas, pastos, bosques, matorrales, montes, y demás que pudiere haber, explicando si hay algunas que produzcan mas de una cosecha al año, las que fructificaren sola una y las que necesitan de un año de intermedio de descanso.
A la cuarta dijeron que las especies de tierra que hay en el expresado término son de sembradura de secano, prados de pasto y otros donde se trilla el pan, un pedazo de prado de guadaña, y cuestas agrias incultas por naturaleza, las de sembradura de secano con un año de descanso, trigo, centeno o cebada, los prados sin intermisión pasto, el de eras también pasto, el de guadaña hierba, y las cuestas agrias no producen por la razón expresada, y no comprenden lo demás de la pregunta.

5. De cuántas calidades de tierra hay en cada una de las especies que hayan declarado, si de buena, mediana e inferior.
A la quinta dijeron que en las especies de tierra de sembradura de secano, y prados de pasto que llevan declarado, las hay de las tres calidades, buena, mediana e ínfima, en los prados de pasto, digo de tierras, y guadaña de mediana e inferior, y las cuestas agrias lo son de inferior.

6. Si hay alguno plantío de árboles en las tierras que han declarado, como frutales, moreras, olivos, higueras, almendros, parras, algarrobos, etc.
A la sexta dijeron que en las referidas tierras hay un plantío de árboles, paleros, chopos, salgueros y negrillos, que se hizo de orden de su majestad, que Dios guarde, y no comprende lo demás de la pregunta.

7. En cuáles de las tierras están plantados los árboles que declararen.
A la séptima dijeron que dicho plantío se halla en el Prado de Guadaña concejal de mediana e ínfima calidad.

8. En qué conformidad están hechos los plantíos, si extendidos en toda la tierra o a las márgenes, en una, dos, tres hileras, o en la forma que estuvieren.
A la octava dijeron que el referido plantío se halla en siete hileras a las orillas del río.
Iglesia parroquial de San Miguel

9. De qué medidas de tierra se usa en aquel pueblo: de cuántos pasos o varas castellanas en cuadro se compone, qué cantidad de cada especie de granos de los que se cogen en el término se siembra en cada una.
A la novena dijeron que la medida de tierra que se usa en el propuesto lugar es de carga, compónese de doce heminas, esta de cuatro celemines y dicha hemina ocupa el terrazgo de ciento treinta y tres estadales de a tres varas castellanas en cuadro cada uno, y en cada carga de tierra de secano de buena calidad para su siembre se echan si de trigo quince heminas, y si de cebada veinte y cuatro, en la de mediana once heminas de trigo, y en la de ínfima que regularmente se siembra de centeno ocho heminas de esta especie.

10. Qué número de medidas de tierra habrá en el término, distinguiendo las de cada especie y calidad, por ejemplo, tantas fanegas, o del nombre, que tuviese la medida de tierra de sembradura de la mejor calidad, tantas de mediana bondad y tantas de inferior; y lo propio en las demás especies que hubieren declarado.
A la décima dijeron que el predicho término ocupará tres mil cargas de tierra de la expresada medida, de secano de sembradura serán dos mil cargas de buena calidad seiscientas de estas sembrarán anualmente doscientas de trigo, y ciento de cebada, de mediana calidad setecientas cargas, de inferior otras setecientas; los prados ocuparán cuatrocientas cargas de las cuales de buena calidad serán doscientas; de mediana calidad ciento, y de ínfima otras ciento; los de las eras diez cargas de mediana calidad cinco, y de inferior otras cinco; el Prado de Guadaña catorce cargas de mediana calidad siete y de inferior otras siete; las cuestas agrias incultas por naturaleza ocuparán ciento y setenta cargas; del río Esla que pasa por el término cogerá doscientas cargas; el sitio del lugar diez y seis y lo restante consideran a los caminos y sendas.

11. Qué especies de frutos se cogen en el término
A la undécima dijeron que los frutos que se cogen en el explicado término, son trigo, centeno, cebada, paja, hierba, lana, añino y hierba de pasto.

12. Qué cantidad de frutos de cada género, unos años con otros, produce, con una ordinaria cultura, una medida de tierra de cada especie y calidad de las que hubiere en el término, sin comprender el producto de los árboles que hubiese.
A la duodécima dijeron que cada carga de tierra de secano de buena calidad con una ordenanza cultura en un quinquenio y del año produce si de trigo cuatro cargas, y si de cebada catorce; la de mediana calidad tres cargas de trigo, y la de inferior con igual cultura tres cargas de centeno; la de prado de era de mediana calidad una carga de trigo, la de inferior tres fanegas, el Prado de Guadaña de mediana calidad, produce carro y medio de hierba; la de inferior un carro; los pastos disfrutan los vecinos con sus ganados, y el sobrante le arrienda a los forasteros em un mil ochocientos y treinta reales a el año y nueve maravedís y medio, una con otra, y en caso de arrendarse todos produciría la carga de buena calidad por el pasto ocho, la de mediana calidad seis, y la de ínfima cuatro.

13. Qué producto se regula darán por medida de tierra los arboles que hubiere, según la forma en que estuviese hecho el plantío, cada uno en su especie.
A la décima tercia dijeron que el propio plantío no produce cosa alguna por ser nob[..] y el prado en que se hall produce la hierba que se guadaña.

14. Qué valor tienen ordinariamente un año con otro los frutos que producen las tierras del término, cada calidad de ellos.
A la décima cuarta dijeron que el valor que ordinariamente tienen los frutos que producen las tierras del predicho término, en un quinquenio, y del año es cincuenta reales la carga de trigo, cuarenta la de centeno, treinta la de cebada, diez el carro de paja, quince el de hierba, veinte y dos la arroba de lana, y treinta la de añino.

15. Qué derechos se hallan impuestos sobre las tierras del término, como diezmo, primicia, tercio-diezmo u otros; y a quien pertenecen.
A la décima quinta dijeron que los derechos que se hallan impuestos sobre las tierras del término son el diezmo, y de diez una en las especies en práctica diezmables, primicia y voto de Santiago, corresponde una parte de tres el diezmo de granos, correspondiente a la iglesia parroquial de Santo Tomás del Barrio de abajo, y la mitad de menudos a Don Cayetano Rodríguez de Quirós, cura párroco, y cinco cargas de trigo más que le da Don Roque Alayz racionero de dicha parroquial por la administración de sacramentos, otra parte de dichos granos, y la mitad de menudos, compete al referido Don Roque, a excepción de las cinco cargas de trigo expresadas, y la otra parte de los propuestos granos a el maestre escuela de la Santa Iglesia de la ciudad de Astorga, de la cual da cinco cargas de centeno a la obra mayor de dicha santa iglesia; el correspondiente a la parroquia de San Miguel del barrio de arriba compete dos partes de tres de los granos, y el todo de menudo a Don Eugenio Juárez cura párroco, y la otra parte de granos a el dicho maestre de escuela; el de las dos casas de Rey de granos, y menudos, compete a el Conde de Benavente, la primicia a las fábricas de las dos parroquiales respectivamente, y el voto de Santiago a su Santa Iglesia Catedral, y no saben oído decir haya más interesados en dichos diezmos que los expresados.
Casa blasonada de los Alaiz en la Calle Carrancha

16. A qué cantidad de frutos suelen montar los referidos derechos de cada especie o a que precio suelen arrendarse un año con otro.
A la décima sexta dijeron que los referidos derechos en un quinquenio, y a el año, montan cuarenta cargas de trigo, treinta de centeno ochenta de cebada, y los menudos que perciben ascenderán a un mil y doscientos reales de vellón, y no se arriendan.

17. Si hay algunas minas, salina, molinos harineros u de papel, batanes u otros artefactos en el término, distinguiendo de qué metales y de qué uso, explicando sus dueños y lo que se regula produce cada uno de utilidad al año.
A la décima séptima dijeron que en el predicho lugar hay un molino de aceite linaza que pertenece a Mateo Hurtado vecino de la villa de Benavente a quien por dicho aceite y linaza se le considera la utilidad de dos mil reales a el año, y no comprende lo demás de la pregunta.

18. Si hay algún esquilmo en el término, a quien pertenece, qué número de ganado viene al esquileo a él y que utilidad se regula da a su dueño cada año.
A la décima octava dijeron que en el expresado lugar hay esquilmos de ganados lanares, vacas, yeguas, pollinas y cerdas, que pertenecen a sus respectivos dueños, y a cada res lanar de vientre por no arrendar pastos para su manutención, por el de la cría, lana, añino y leche consideran la utilidad anual de once reales; a la de vacío por el de lana tres reales, a cada carnero o borrego por el de lana cinco reales; a la baca por el de la cría cincuenta reales, a la yegua por lo mismo, doscientos reales a la pollina por dicha razón veinte y cinco reales, a la cerda por el de crías treinta reales, todo ello a el año, y no viene ganado alguno al esquileo a dicho término.

19. Si hay colmenas en el término, cuántas y a quien pertenecen.
A la décima novena no comprende su contenido.

20. De qué especies de ganado hay en el pueblo y término, excluyendo las mulas de coche y caballos de regalo; y si algún vecino tiene cabaña o yeguada que pasta fuera del término, donde y de qué número de cabezas, explicando el nombre del dueño.
A la pregunta veinte dijeron que las especies de ganado que hay en predicho término son bueyes, bacas, novillas, novillos, terneras, terneros, yeguas, caballos, pollinas, pollinos, mulas, machos, cerdas, cerdos, ovejas, corderos, carneros y borregos, y ningún vecino tiene cabaña ni yeguada que paste fuera del término.

21. De qué número de vecinos se compone la población y cuántos en la casas de campo o alquerías.
A la veinte y una dijeron que en el expresado lugar hay ciento y diez y siete vecinos con inclusión de los eclesiásticos, estado noble y general en su población, y ninguno en casa de campo, ni alquería por no haberla.

22. Cuántas casas habrá en el pueblo, qué número de inhabitables, cuántas arruinadas; y si es de señorío, explicar si tienen cada una alguna carga que pague al dueño por el establecimiento del suelo, y cuánto.
A la veinte y dos dijeron que el citado lugar se compone de ciento y ocho casas de las cuales ciento y doce son habitables, dos inhabitables por imposibilidad, doce arruinadas, una del concejo donde celebran las juntas los vecinos, y la otra que sirve para el puesto público de la carnicería, u aunque es de señorío no se pada al dueño pensión alguna por el establecimiento del suelo.

23. Qué propios tiene el común y a que asciende su producto al año, de que se deberá pedir justificación.
A la veinte y tres dijeron que los propios que tiene el propuesto lugar son el arriendo del sobrante de pastos; el de la pesca del río, y el de una heredad de tierra, que todo ascenderá a el año a un mil novecientos y sesenta reales [de] vellón, sobre que se remiten a la rectificación que diese el fiel de dichos; así mismo disfruta de una Prado de Guadaña que comprende el ya citado plantío, no se arrienda, repártese la hierba que produce que serán diez y ocho carros entre todos los vecinos.

24. Si el común disfruta algún arbitrio, sisa u otra cosa, de que se deberá pedir la concesión, quedándose con copia que acompañe estas diligencias; qué cantidad produce cada uno al año, a que fin se concedió, sobre qué especies para conocer si es temporal o perpetuo y si su producto cubre o excede de su aplicación.
A la veinte y cuatro dijeron que el propuesto lugar no disfruta ni usa de arbitrio alguno con facultad, ni sin ella.
Pontón del siglo XVIII

25. Que gastos debe satisfacer el común, como salario de Justicia y regidores, fiestas de Corpus u otras; empedrado, fuentes, sirvientes, etc., de que se deberá pedir individual razón.
A la veinte y cinco dijeron que los gastos que satisface el común del expresado lugar son los que se ocasionan en las rogativas cumplidamente de votos que tienen hechos, ministros que vienen a la cobranza de los tributos, por no dar a los alcaldes el seis por ciento de su cobranza, paga de cupo de puentes, gastos extraordinarios que ocasionan los procuradores de la tierra, condenas de la Audiencia de la Mesta, funciones del concejo, salarios del fiel de fechos, maestro de primeras letras, composición de caminos, y puente, plantío de árboles, guarda de dicho plantío, nombramiento y juramento de justicia, toque de campanas, predicador de la Semana Santa, potear las medidas y otros precisos que satisface, sobre que y el importe a que anualmente ascienden todos ellos se remiten a la certificación que diere el fiel de fechos.

26. Que cargos de Justicia tiene el común, como censos, que responda u otros, su importe, por qué motivo y a quien, de que se deberá pedir puntual noticia.
A la veinte y seis dijeron que las cargas de justicia que tiene el común del explicado lugar son cuarenta y ocho cargas de pan mediado, trigo y cebada, que anualmente se pagan a el Conde de Benavente por las tierras de arrotos, como así lo llevan declarado.

27. Si está cargado de servicio ordinario y extraordinario u otros, de que igualmente se debe pedir individual razón.
A la veinte y siete dijeron que el nominado pueblo se halla cargado de servicio ordinario, extraordinario y utensilios, por cuyos derechos se paga anualmente trescientos cuarenta y un reales, y treinta maravedís de vellón; remítense a mayor abundamiento a la certificación que diese el fiel de fechos.

28. Si hay algún empleo, alcabala u otras rentas enajenadas, a quién, si fue por servicio pecuniario u otro motivo, de cuánto fue y lo que produce cada uno al año, de que se deberán pedir los títulos y quedarse con copia.
A la veinte y ocho dijeron que la razón, derecho de alcabala y el de dos casas de rey diezmeras se hallan enajenadas, pertenecen a el Conde de Benavente, percibe por el de alcabalas un mil quinientos cincuenta y ocho reales, y treinta y dos maravedís. Por el de las dos casas diezmeras seis cargas de trigo, tres de centeno, siete de cebada y cuarenta reales de menudos a el año y en un quinquenio, y lo demás se pagan a su majestad (que Dios guarde), ignoran el motivo de su concesión, remítense a los privilegios en este asunto concedidos.

29. Cuántas tabernas, mesones, tiendas, panaderías, carnicerías, puentes, barcas sobre ríos, mercados, ferias, etc. hay en la población.
A la veinte y nueve dijeron que en precitado lugar y término hay dos tabernas, una carnicería, tres puentes, y un barco, que pertenecen a el concejo; y Ana Flores Lobato viuda usa del oficio de panadera, a quien consideran la utilidad anual de cuatrocientos reales; el arriendo de dichas tabernas y carnicería le tiene Francisco Fernández Mayde, el de las tabernas en cuatro mil y setecientos reales con la condición de poder subarrendar una, como en efecto tiene subarrendada la que se halla en dicho pueblo [...] en novecientos reales, y el de la carnicería en ciento y cincuenta reales, cuyos piales de arriendo suben en parte de paga de tributos; en las puentes no se paga portazgo. El barco no se arrienda, sirve para el servicio de las labranzas, y no comprende lo demás de la pregunta.

30. Si hay hospitales, de qué calidad, qué renta tienen y de qué se mantienen.
A la pregunta treinta dijeron que en el sobre dicho lugar hay una casa que sirve de hospital para el recogimiento y conducción al pueblo más inmediato de los pobres que transitan; a estos se les da la limosna que el mayordomo asigna, los efectos que le pertenecen son de dicha casa, dos censos, el principal de uno trescientos reales, el otro cuatrocientos, y unas tierras de pan llevar, que producen los censos veinte y un reales de réditos anuales. A razón de tres por ciento, de las tierras una se labra por los cofrades de la cofradía de la Santísima Trinidad, y su producto anual que serán dos cargas de trigo, se invierte a beneficio de dichos pobres, y las otras se arriendan, y producen cada segundo año media carga de pan mediado, trigo, y cebada, que también se destina a el efecto dicho.
Campos de cultivo con Morales de las Cuevas al fondo

31. Si hay algún cambista, mercader de por mayor o quien beneficie su caudal por mano de corredor u otra persona, con lucro e interés; y qué utilidad se considera el puede resultar a cada uno al año.
A la treinta y una dijeron no comprende su contenido.

32. Si en el pueblo hay algún tendero de paños, ropas de oro, plata y seda, lienzos, especería u otras mercadurías, médicos, cirujanos, boticarios, escribanos, arrieros, etc. y qué ganancia se regula puede tener cada uno al año.
A la treinta y dos dijeron que en el predicho lugar hay un cirujano asalariado a granos importan lo que percibe a el año un mil y trescientos reales, un fiel de fechos, el sacristán, notario y agrimensor, le consideran anualmente por todos los oficios, la utilidad de cuatrocientos reales, otro sacristán a quien consideran doscientos reales al año, un maestro de primeras letras que le regulan ciento cincuenta reales al año, y no comprende lo demás de la pregunta.

33. Qué ocupaciones de artes mecánicos hay en el pueblo, con distinción, como albañiles, canteros, albéitares, herreros, sogueros, zapateros, sastres, pelaires, tejedores, sombrereros, manguiteros y guanteros, etc.; explicando en cada oficio de los que hubiere, el número que haya de maestros oficiales y aprendices, y qué utilidad le puede resultar, trabajando meramente de su oficio, al día cada uno.
A la treinta y tres dijeron que en el expresado lugar hay dos herreros, el uno se llama Fernando Zancada, y le regulan la utilidad diaria de cuatro reales, el otro se llama Alonso Fernández a el que se considera tres reales a el día, un sastre que percibe de jornal diario dos reales, dos zapateros de viejo, y a cada uno se le considera en real diario. Un tablajero, y le regulan dos reales a el día, catorce pastores a los que con la soldada y comida consideran dos reales diarios, ocho criados de servicio y seis hijos de familia mayores de diez y ocho años y a cada uno con inclusión de comida y soldada regulan diariamente real y medio, y a todos los labradores por que cultivan por si sus heredades se les considera la utilidad diaria de real y medio.

34. Si hay entre los artistas alguno, que teniendo caudal, haga prevención de materiales correspondientes a su propio oficio o a otros, para vender a los demás, o hiciere algún otro comercio, o entrase en arrendamientos; explicar quienes, y la utilidad que consideren le puede quedar al año a cada uno de los que hubiese.
A la treinta y cuatro dijeron que a este pueblo comprende los arrendamientos de tabernas y carnicerías que tiene hechos Francisco Fernández Mayde, a el que consideran por el de tabernas la anual utilidad de setecientos reales, digo seiscientos, y por el de la carnicería cien reales. El del subarriendo de una taberna que dicho Mayde ha hecho R. Mejía en novecientos reales, y a este por dicha razón le consideran la utilidad anual de cincuenta reales el de la pesca del río, que está en Miguel de Lama a el que se regula la utilidad de cincuenta reales a el año, el de dos pollinos sementales, y un caballo padre, que tiene hecho Don Pedro Lobato vecino del explicado lugar, a el que por dicho arriendo y por el útil de otros dos pollinos sementales suyos propios con que compone el puesto que hay en el citado lugar le regular un mil seiscientos y ochenta reales anualmente y el de las tierra de los eclesiásticos , seglares y regulares, y a cada colono de estos en la carga de tierra de buena calidad sembrada de trigo consideran la utilidad de diez y seis reales y veinte y tres maravedís, y si de cebada la de superior sesenta reales, a la de mediana calidad la de doce y medio, y a la de ínfima la de diez, y aunque no hay viñas tienen algunas cuevas con bastos que sirven para el vino que cogen los vecinos en otros términos, y en venta regulan a cada moyo que se compone a diez y ocho cántaras, cuatro y medio.

35. Qué número de jornaleros habrá en el pueblo y a cómo se paga el jornal diario a cada uno.
A la treinta y cinco dijeron que en el expresado pueblo hay cincuenta jornaleros, gana cada uno de jornal diario real y medio.

36. Cuantos pobres de solemnidad habrá en la población.
A la treinta y seis dijeron que en dicho lugar se hallan diez y siete pobres de solemnidad

37. Si hay algunos individuos que tengan embarcaciones, que naveguen en la mar o ríos, su porta, o para pescar; cuántas, a quien pertenecen y que utilidad se considera da cada una a su dueño al año.
A la treinta y siete dijeron que no comprende su contenido.
Plaza de la Laguna

38. Cuántos clérigos hay en el pueblo.
A la treinta y ocho dijeron que en propuesto lugar hay tres clérigos, Don Cayetano Rodríguez Quirós, y don Eugenio Juárez curas párrocos, y Don Roque Alayz racionero.

39. Si hay algunos conventos, de qué religiones y sexo, y qué número de cada uno.

40. Si el rey tiene en el término o pueblo alguna finca o renta, que no corresponda a las generales ni a las provinciales, que deben extinguirse; cuáles son, cómo se administran y cuánto producen.
A la preguntas treinta y nueve y cuarenta dijeron no comprende su contenido.

Todo lo cual los referidos de justicia y peritos con asistencia de los señores curas párrocos declararon se la verdad a su saber, y entender, sin haber hecho agravio a interesado alguno de los que puedan se, bajo del juramente que fecho tienen en que se afirmaron y ratificaron, firmaron los que supieron junto con el señor subdelegado. E yo el escribano en fe de ello. Don Francisco González de Villegas. Roque de la Huerga. Juan de Alaiz. Cayetano Marbán Cifuentes. Melchor García. Pedro Muñoz. Ante mi Don Francisco González de Villegas.

jueves, 26 de abril de 2012

San Arandiselo y el monasterio de Ayóo de Vidriales (Zamora) - Una mirada en clave berciana

Iglesia de San Salvador de Ayóo de Vidriales

El llamado "testamento" de San Genadio es un documento de gran interés para el conocimiento de la vida monástica y eremítica en el Bierzo altomedieval, y por extensión en todo el reino leonés. Procede originariamente del monasterio de San Pedro de Montes, pero hoy es solamente conocido a través de copias tardías y de las ediciones de diversos eruditos de los siglos XVI al XVIII.

El nombre de "testamento", con el que fue conocido ya desde antiguo, se debe al empleo del término "testamentum" en varios de los pasajes del documento, pero también a que fue considerado tradicionalmente depositario de las últimas voluntades del santo obispo astorgano en el momento de abandonar sus responsabilidades pastorales. Sin embargo, su tenor y estructura responden al de una simple carta de donación, totalmente equiparable, desde el punto de vita diplomático, a otros muchos documentos similares. Se trata, en este caso, de la entrega por Genadio de diversas propiedades, preseas litúrgicas y libros a varios monasterios del Valle del Silencio, pero todo ello precedido de una larga invocación y de un preámbulo con datos sumamente reveladores sobre la vida y la obra del santo.

La versión más antigua de este diploma se ha perdido. Sabemos, por los testimonios de algunos autores, que en el citado monasterio de San Pedro de Montes se conservó durante mucho tiempo un pergamino en letra visigótica tenido por original. En el siglo XVI Ambrosio de Morales hizo referencia al mismo en su "Viage", y ofreció una primera versión romanceada: "El obispo San Genadio hizo después un testamento, el qual tienen original con la firma del mismo santo, y yo lo llevo trasladado en romance". Años más tarde Sandoval se ocupó de nuevo del documento, y publicó una doble versión en latín y romance: "Tiene oy día el monesterio de Montes la escritura original que el santo otorgó y confirmó de su nombre, que es una señalada reliquia, y notable antigualla, en la qual se descubre el zelo deste santo. Escriturose en latín y letra gótica, conforme a lo que entonces se usava".

Sobre la fecha de redacción existen importantes discrepancias, derivadas todas ellas de la deficiente trasmisión del escatocolo: 905, 915, 919 y 920. De lo que no hay duda, pues se consigna expresamente en el propio diploma, es que se hizo durante el pontificado de Genadio en Astorga (909-919) y el reinado de Ordoño II (914-924). Por tanto su cronología podría acotarse entre los años 914-919, y tal vez se pudiera precisar más si intentamos concretar la identidad de los dos obispos confirmantes, Hermigio y Diego. En principio, podría tratarse de Hermigio, obispo de Tuy documentado entre 915 y 926 y Diego, obispo de Coimbra, citado entre 913 y 922.

El “testamento” de San Genadio ofrece multitud de perspectivas sugerentes para su estudio, y ha sido objeto de todo tipo de análisis y comentarios. En esta ocasión, nos detendremos en glosar el breve pasaje relacionado con el monasterio de Ageo. Su identificación y localización en el actual municipio de Ayóo de Vidriales no ofrecen grandes dificultades. Contamos con numerosas evidencias documentales, apoyadas por algunos vestigios arqueológicos. Todo ello, ha contribuido a documentar uno de los cenobios más antiguos del norte de Zamora.

Después de una larga invocación, el obispo Genadio hace una recapitulación de su vida anterior y recuerda, en primera persona, sus vivencias “in Ageo monasterio”. Aquí existía una floreciente comunidad bajo la obediencia del abad Arandiselo, entonces ya anciano. El párrafo no proporciona muchos detalles sobre las características de esta fundación. Podemos suponer que su biblioteca contaría con las obras de San Valerio, con la "Vita Fructosi", y otros textos atribuidos a su persona como la "Regula Communis". Es, probablemente, a través de  la lectura de estos relatos hagiográficos como los monjes de Ageo conocen la tradición eremítica y cenobítica de las montañas del Bierzo, y proyectan la restauración del monasterio de San Pedro de Montes, fundado por San Fructuoso en el siglo VII.

El entonces monje Genadio parece gozar en Ageo de un cierto liderazgo, pues es él quien, junto con otros doce hermanos, y con la bendición del abad, encabeza la expedición a tierras bercianas. Allí se encuentran con un antiguo asentamiento en ruinas y cubierto por la maleza, que los colonos deben recuperar para la vida monástica y poner en explotación. En el “testamentum” se presenta a Genadio como auténtico protagonista de esta iniciativa repobladora, dejando en un segundo plano la responsabilidad del anciano abad Arandiselo y de toda la comunidad. Tampoco se menciona al obispo astorgano Ranulfo, muy involucrado en este proyecto según sabemos por los primeros documentos del “Tumbo de San Pedro de Montes”, o al monarca Alfonso III. El párrafo en cuestión, según la versión de Flórez, es el siguiente:

"Cumque adhuc sub patre apostolico abbate meo Arandiselo, in Ageo monasterio degerem, vitam eremitarum delectatus cum duodenis fratribus, et benedictione supradictis scilicet, ad Sanctum Petrum, ad sanctum eremum perrexi, qui locus positus a beato Fructuoso et institutus; postquem Sanctus Valerius eum obtinuit; quantae autem vitae sanctitatis fuerint”.

Iglesia del monasterio de San Pedro de Montes

Algunos de estos pormenores se pueden confirmar a través de la lectura del epígrafe de restauración y consagración de San Pedro de Montes, todavía hoy conservado en el muro meridional de la iglesia, junto a la portada románica del claustro, y fechado en 919. En él se precisa que Genadio tenía la condición de presbítero cuando acudió, en compañía de esos doce hermanos, a reconstruir las ruinas del monasterio, y que tal hecho habría ocurrido en el año 895: “NOBISSIME GENNADIUS PRESBITER CUM XII FRATRIBUS RESTAURABIT, ERA DCCCCXXXIII”. No obstante, en el “Tumbo de San Pedro de Montes” existen varios documentos referentes a estos momentos fundacionales fechados con anterioridad, concretamente en el 892. Por tanto, debieron existir algunas iniciativas anteriores, y es esta fecha: el año 892, la que debe ser tomada como “terminus ante quem” para fijar la salida de Genadio del monasterio del Valle de Vidriales.

No contamos con muchos más detalles sobre la figura del abad Arandiselo. Su personalidad se diluye en la leyenda y la hagiografía. Fue objeto de algún tipo de culto, no bien conocido, en la diócesis de Astorga. Según Augusto Quintana Prieto en los monasterios de San Pedro de Montes, Santiago de Peñalba y San Andrés de la Cisterna se conmemoraba su fiesta. De él existe alguna curiosa imagen, ya tardía, en la que aparece representado como abad. Su nombre, inusual en la onomástica de la época, no vuelve a aparecer en la documentación leonesa en fechas anteriores o posteriores. En el "Calendario de santos que pertenecen a la Iglesia de España, desde que fue establecida por los apóstoles hasta el presente: con arreglo a las fiesta de la Iglesia Catedral de Burgos", obra publicada en 1841 por José María de la Fuente, leemos en la festividad correspondiente al 15 de enero: "En Ageo, diócesis de Astorga antiguo monasterio, el santo abad Arandiselo, maestro de San Genadio y otros santos de su orden monástico, año de 901".

Nuestro Arandiselo podría identificarse con cierto abad Arandisclo, mencionado en un epígrafe altomedieval existente en la actualidad en la iglesia de Santa María de Tábara. Se trata de un tablero alargado de 77 x 25cm, a todas luces incompleto. Conserva sus bordes en tres de su lados, pero el campo epigráfico se interrumpe por rotura en su sector derecho. La pieza original debía ser, por tanto, bastante más alargada, tal vez en la línea de la inscripción de San Adriano de Boñar. La grafía es de elegantes capitales visigótico-mozárabes, mediando rayas pareadas entre las líneas de escritura. Principia con una cruz patada con disco central y ápices cóncavos, similar a la Cruz de Peñalba, pero más esquematizada. Su lectura es la siguiente:

+ OB ONOREM ET SALVATOREM DNI IHU XRI [...]
LICET INMERITO ABBA HIC EGO ARANDISCLO [...]
NON COPIA RERUM FRETUS SED DIVINO IUBAMI [NE ...]

Epígrafe del abad Arandisclo en la iglesia de Santa María de Tábara

En su estado actual de conservación es difícil precisar la naturaleza de esta inscripción: ¿dedicación?, ¿fundación?, ¿edificación?, ¿restauración?, ¿consagración? En la parte perdida debía constar la fecha, y seguramente algún dato significativo sobre la finalidad del acto conmemorado. Lo único claro es la dedicación de un templo al Salvador en el que el abad Arandisclo tiene un destacado papel, tal vez como fundador o restaurador.

A diferencia de otros epígrafes relacionados con el nuestro, como los de San Miguel de Escalada, San Pedro de Montes o San Martín de Castañeda, el texto está redactado en primera persona. Este detalle dota de mayor solvencia a su contenido y sugiere una concordancia cronológica entre la actuación de Arandisclo en Tábara y el objeto de la inscripción.

En la segunda línea, tras el nombre del abad, se incluiría una forma verbal: FUNDAVI, RESTAURAVI, AEDIFICAVI, etc., seguida o precedida de alguna expresión del orden: “HOC TEMPLVM”, “HOC MONASTERIVM”, o “HAC AVLA”. Esto daría sentido a la tercera línea, una expresión arquetípica equiparable a otras de carácter epigráfico o documental: “cum Dei iuuamine, restauraui eam, siue et kasas quas ibidem construxi”, se lee en una escritura leonesa de 904 a propósito de la restauración de una iglesia.

La presencia aquí de este abad Arandisclo lejos de despejar dudas sobre la trayectoria de nuestro abad del Valle de Vidirales abre nuevas incógnitas. La palabra "HIC" precedida de "ABBA" no necesariamente debe hacer a Arandisclo abad en Tábara. Son varios los ejemplos conocidos en los que uno a varios abades de procedencia diversa, incluso de Al-Andalus, fundan o restauran monasterios. Porque si nuestro abad fue fundador o restaurador en Tábara esto no concuerda con otras versiones más o menos contemporáneas. La cronología casa, pero no los protagonistas.

Según el testimonio de la “Vita Froilanis” el monasterio de San Salvador de Tábara había sido “edificado” por San Froilán, probablemente a finales del siglo IX, antes desde luego de ser obispo de León (900-905). En esta labor contó con la ayuda de San Atilano y el patrocinio de Alfonso III. Esta misma fuente nos informa que el cenobio congregaba a una floreciente comunidad dúplice, formaba por seiscientos monjes de ambos sexos. "Aedificavit Taborense cenobium ubi congregavit utrarumque sexum centies servi animas Domino servientium". En la segunda mitad del siglo X hubo en las dependencias monásticas un célebre scriptorium donde se copió e iluminó el famoso Beato del Archivo Histórico Nacional, comenzado por el pintor-calígrafo Magius y terminado en 968 por su discípulo Emeterius.

Como ya se señaló, no contamos con más datos sobre el abad Arandiselo, ni tampoco sobre los orígenes de su recóndito monasterio del Valle de Vidriales. Desde que Astorga fue repoblada de una manera definitiva hacia 854, en época de Ordoño I, e integrada en los organigramas de la monarquía astur, debió crearse una circunscripción basada en la tradición romano-visigoda y en la administración eclesiástica. Con Alfonso III (866-910), después de la batalla de Polvoraria de 878, los valles de Benavente se incorporan al registro escrito, primero con alguna puntual mención en las crónicas asturianas y, más tarde, con alusiones más directas en los diplomas.

En consonancia con lo que se ha venido en llamar neogoticismo astur, en la vieja sede asturicense se restaura el obispado y se restablece una autoridad política, delegada del poder regio, cuyos pioneros son las figuras del obispo Indisclo y del conde Gatón, venido del Bierzo junto con un grupo de pobladores. La repoblación de Astorga supuso la recuperación de los terrirorios del viejo obispado, donde además de las labores de colonización agraria se fundan o restauran iglesias y monasterios. Como se consigna en un diploma de 878 una parte de estos pobladores procedía del Bierzo. No deja de ser significativo que los dos núcleos más próximos a Ayóo tengan topónimos evocadores de la geografía berciana: "Congosta" y "Carracedo", así como los próximos "Bercianos de Vidriales" y "Bercianos de Valverde". Arandiselo y su primigenia comunidad de Ageo pudieron haber llegado a estas tierras del Valle de Vidriales en los últimos decenios del siglo IX procedentes también del Bierzo. Ello explicaría su interés por devolver a la vida San Pedro Montes.

Además, si aceptamos que Arandiselo fue un representante del prototipo de "hombre santo", fundador o promotor de monasterios (Ageo, Tábara, y tal vez otros), su discípulo Genadio no habría hecho otra cosas que proseguir en el Bierzo la labor de su maestro. Arandiselo sería un patriarca, una persona que por su edad y sabiduría ejercía una autoridad en la colectividad. Sería el continuador de una forma de espiritualidad que desde los tiempos de San Fructuoso combinaba la vida eremítica y cenobítica.

El monasterio de Ageo vuelver a citarse en varias ocasiones durante los siglo X al XII. Un “Baldemarus, abba Agogi” confirma, junto con otros abades un diploma del monasterio de Santiago de Peñalba de 940. En 1015 se mencionan a los “frayles de Ayó” en una carta astorgana. En 1018 se dona una villa junto a Castrogonzalo al “monasterio de Ayou”. En 1057 la infanta doña Elvira, hija del rey Bermudo II, tiene un vaso de plata de veinte sueldos y una mula de sesenta del monasterio y entrega en compensación a dicho cenobio la villa de Granucillo, en Vidriales. Este carta tiene el interés adicional de proporcionar por primera vez la advocación principal del monasterio, al menos a mediados del siglo XI: San Fructuoso. El dato confirma la particular devoción hacia el patriarca del monacato berciano y explica el sentido de la restauración de San Pedro de Montes: "et damus et concedimus eam ad aulam Sancti Fructosi ab omni integritate".

En la iglesia parroquial de Ayóo se conservan al parecer dos imágenes de San Fructuoso. Una de bulto redondo está en un pequeño retablo del siglo XVII y otra, más dudosa, en una de las tablas de otro retablo barroco. Aquí se presenta a un personaje con casulla, báculo y una mitra de obispo a los pies. Igualmente se ha conservado el topónimo "Huertas de San Fructuoso" en un paraje de la parte baja del pueblo. (Agradezco a Isabel Riesco, del blog Avantales, la información proporcionada sobre la localidad).

En 1154 Alfonso VII entrega al abad don Suero el monasterio de Ageo, en Vidriales, con el coto que tenía en época de Fernando I, Alfonso VII, la infanta Urraca y la infanta Elvira, para que establezca allí un convento bajo la orden de San Benito. En 1156 este mismo Suero, siendo ya obispo de Coria, dona a Pedro Pérez, monje y diácono, el monasterio de Ageo que había recibido de Alfonso VII con la condición de establecer una comunidad bajo la regla de San Benito.
 
Capitel procedente de la iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales (Museo de los caminos de Astorga)

Capitel procedente de la iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales (Museo de los caminos de Astorga)

Debió ser en esta época cuando el monasterio se convirtió en uno de los prioratos del monasterio de San Martín de Castañeda, pues así se consigna en su Libro Becerro o Tumbo del siglo XVIII. Pero en algún momento esta posesión, junto con Ribadelago, pasaron a la orden del Temple, lo que daría lugar a una demanda ante el Papa hacia 1182. De nuevo del "Tumbo de Castañeda" nos ilustra sobre este particular: “Por los años de 1182 el Papa Luzio tercero mandó a los Caballeros templarios buelban a este monasterio el lugar de Rivadelago y el de Ayó en Val de Bedriales que tenían tomados, y si no lo hiziesen comparezacan en juizio ante el obispo de Zamora, o de Astorga, o arzediano de León. Está sellado este instrumento con sello de plomo pendiente de un cordón de hilo, y en su cajón número 58. Empieza Luçius episcopus, etc.”.

Los monjes de Castañeda conseguirían recuperar Ribadelago, pero no debió ocurrir lo mismo con Ageo. Todo apunta a que los caballeros del Temple retuvieron este lugar como una de sus posesiones más destacadas en tierras zamoranas, junto con otras como Mombuey, Tábara y Alcañices. Con la disolución de la Orden, todas ellas pasaron al patrimonio de la Corona. En la segunda mitad del siglo XIV todos estos bienes se van a ver afectados por el proceso de señorialización. En 1371 Enrique II concedía a Gómez Pérez de Valderrábano, su vasallo, casado con Juana López Cifuentes, “por muchos serviçios e bonos que nos avedes fecho e fazedes cada día, damos vos por juro de heredad para vos e para vuestros fijos e para todos aquellos que de vos venieren: Mombuey, e Alcañyzas, e Távara, e Ayo”.

De la ubicación del antiguo monasterio de Ageo no se conserva memoria en la localidad de Ayóo de Vidriales. Tal vez puedan pertenecerle dos columnas de mármol, con sus correspondientes basas, fustes y capiteles, existente hoy en día en el Museo de los Caminos de Astorga.

Gómez Moreno alcanzó a ver hacia 1903 las dos columnas reaprovechadas como soporte del portal de la iglesia. En los años posteriores debió desmontarse esta estructura con ocasión de alguna reforma, de modo que las dos columnas se convirtieron en escombros acumulados junto al templo. Según comentan hoy algunos vecinos “estaban tiradas por el suelo y servían para que pasaran mejor los carros".

En 1965 Augusto Quintana Prieto, en una visita al Valle de Vidriales, se encontró con estas piezas descabaladas y con uno de los fustes cercenado: "Una de las columnas ya no estaba entera, sino que resultaba de inferior altura que su compañera. Aún si eran piezas muy estimables, que el sacerdote se mostraba dispuesto a enajenar, por lo cual, sin la menor dificultad, me las traje para Astorga". Fueron instaladas y expuestas en el Museo de los Caminos, en los sótanos del Palacio de Gaudí, que por entonces comenzaba a iniciar su andadura.

Son dos columnas de modestas proporciones en comparación con otros ejemplos conocidos en edificios altomedievales en pie. Su longitud total, incluyendo basa, fuste y capitel, no sobrepasaría los 2,70 metros. Los capiteles, de 33 cm. de alto,  fueron trabajados en mármol blanco con vetas grisáceas. Debido al efecto de la intemperie su tonalidad se ha oscurecido y presentan huellas evidentes de desgaste, así como faltas y roturas en todo su perímetro.

Ayóo de Vidriales: basas de columnas en su iglesia, según Manuel Gómez Moreno

Las dos piezas están inspiradas en el modelo de capitel corintio clásico, con su cesta distribuida en dos filas o pisos de hojas de acanto. El inferior presenta todos los acantos en un mismo nivel, mientras que en el superior se posicionan variando ligeramente su altura. Las hojas, de lóbulos rotundos y bien contorneados, doblan sus extremos hacia afuera en varios pliegues. El collarino, de unos 3 cm. de altura, está recorrido en ambos casos por una labor de sogueado, si bien en unos de ellos el desgaste la hace casi inapreciable.

Ambos capiteles presentan hechuras y técnicas muy similares, tal vez indicio de su pertenencia a una misma mano o a una misma iniciativa edilicia. Sus principales diferencias vienen definidas por el tratamiento del ábaco y algunos detalles decorativos. Mientras que en el primero se remata el ábaco mediante doble soguedado, en el segundo se hace a través de una retícula biselada romboidal, asemejando estrellas. En aquél las hojas de los cuatro extremos se orlan de caulículos retorcidos rematados en pequeñas bolas o volutas, mientras que éste carece de ellos. Huellas de los orificios del trépano son visibles tanto en los collarinos como las digitaciones de los acantos. El dado central del ábaco está rematado en palmetas en uno, y en una  forma vegetal estilizada en el otro.

Las basas de estas piezas llamaron la atención de Gómez Morerno por su amplio desarrollo, hasta el punto de insertar un doble boceto de las mismas en sus "Iglesias Mozárabes". Son piezas de 36 cm. de altura, una de ellas acampanada y la otra cilíndrica. Destacan por su notable altura y la barroca alternancia de molduras.

En la iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales, se exhumaron en 1995 los restos de una edificación anterior que tal vez pudiera remontarse a la época del monasterio. Con ocasión de una intervención arqueológica se documentaron los cimientos de una posible habitación, de la que tan sólo se pudo analizar su ángulo suroccidental exterior, pues sobre ella se apoya la cabecera y muro septentrional de la nave del edificio actual.

Según el informe de Hortensia Larren los cimientos estaban construidos con grandes sillares de 50 x 70 y 57 x 70 cm. unidos con argamasa de cal, y con cara al exterior, observándose un total de la estructura de 0,95 x 2,00 m. Además se recuperó una ventana-celosía, muy fragmentada, con decoración labrada en una de sus caras. De diseño rectangular, los restos conservados corresponderían a su mitad derecha, partida, a su vez, en dos fragmentos.

La pieza, de 74x 34 cm en lo conservado, está enmarcada por una moldura de 5 cm. de grosor y presenta una decoración calada a base pétalos u hojas de una probable forma vegetal, en la parte superior, y de retícula incisa y pequeños cuadrados también calados en la parte inferior.

Fragmento de celosía de Ayóo de Vidriales, según Hortensia Larrén Izquierdo

Puerta principal de la iglesia parroquial

jueves, 1 de marzo de 2012

Un valle de sosiego y de olvido del mundo - Unamuno en Benavente y Moreruela

Miguel de Unamuno leyendo en su casa de la calle Bordadores de Salamanca (1925) Filmoteca de Castilla y León

La Casa-Museo de Miguel de Unamuno está ubicada en la Calle Libreros de Salamanca, en pleno casco antiguo. Es una casona dieciochesca donde residió el ilustre escritor y filósofo en su época de Rector de la Universidad, entre 1900 y 1914. Se encuentra al pie de la fachada plateresca del edificio de las Escuelas Mayores. No debe confundirse con la llamada "Casa del Regidor Ovalle Prieto", en la Calle Bordadores, en la cual también vivió y acabaría muriendo un 31 de diciembre de 1936.

Como institución vinculada a la Universidad, y dado su carácter de Casa-Museo, su principal misión es la de conservar el legado de Unamuno y perpetuar su memoria, favoreciendo la visita museográfica y la consulta de los investigadores. Cuenta con importantes fondos documentales y bibliográficos relacionados con la vida y la obra del escritor, así como su archivo personal, el mobiliario, los enseres familiares y una interesante colección de fotografías.

La reorganización del archivo general sobre Miguel de Unamuno a principios de los años 90 puso al descubierto 295 fotografías inéditas realizadas por el escritor bilbaíno durante sus viajes por España y Europa. Una buena parte de las mismas eran placas dobles realizadas con cámara estereoscópica. La más antigua está fechada en 1902, mientras que la más reciente fue hecha en Bruselas en 1924. No existe la certeza de que todas ellas fueran hechas por el propio Unamuno, pues en algunas aparece retratado él mismo y otras corresponden a lugares del mundo donde no consta que hubiera estado (Egipto, Israel, etc.). Pero en los pies de varias de ellas realizó anotaciones indicado el motivo, la fecha o el lugar de la visita.

Las imágenes estereoscópicas son tan antiguas como la propia fotografía. Estuvieron muy de moda a finales del siglo XIX y en la primera mitad de la centuria siguiente. Visionadas con el correspondiente estereoscopio proporcionaban una visión en tres dimensiones, muy apropiada para la reproducción de paisajes, estampas costumbristas o vistas de ciudades. Se trataba de un aparato óptico en el que, mirando con ambos ojos, se veían simultáneamente dos imágenes de un objeto. Al estar obtenidas desde puntos diferentes, al fundirse en una, producían una sensación de relieve.

Conserva el Fondo Miguel de Unamuno una placa estereoscópica de cristal con una curiosa doble vista del Castillo de Benavente. Su estado de conservación es bastante bueno. En su anverso lleva una anotación manuscrita, tal vez autógrafa del propio Unamuno: "Castillo de Benavente, desde el tren". En la parte izquierda se observa una mancha negra vertical que debe corresponder con la ventanilla del vagón.

La vista que ofrece es la clásica de la fachada sur, con el torreón en primer término y algunos restos de paredones hacia el este. A juzgar por el aspecto de las ruinas y comparando la imagen con otras instantáneas más o menos coetáneas, se concluye que la fotografía debió tomarse en los primeros años del siglo XX. El ángulo coincide, efectivamente, con la antigua vía del ferrocarril, hoy abandonada y semioculta.

Resulta inevitable relacionar esta fotografía con los viajes documentados de Unamuno por la provincia de Zamora. Sabemos que visitó Benavente en 1911, en un periplo que le llevaría a continuación a Granja de Moreruela y a las ruinas de su monasterio cisterciense. De todo ello dejó testimonio en un magnífico texto titulado "Recuerdo de la Granja de Moreruela". El relato está aderezado con cuatro sonetos.

Benavente. Castillo. Torre - Placa estereoscópica - Fondo Miguel de Unamuno

Como reconocen varios de sus críticos y biógrafos, fue Unamuno un viajero infatigable. Sus viajes a lo largo  y ancho de la geografía española le proporcionaron abundante material para redactar sus ensayos y algunas de sus composiciones poéticas más logradas. En sus páginas se desgranan algunas de las preocupaciones intelectuales comunes del movimiento noventayochista, entre ellas la de "conocer" España. Los textos sobre el excursionismo del profesor salmantino fueron publicados en dos tomos: "Por tierras de España y Portugal" (1911), y su continuación, "Andanzas y visiones españolas" (1922).

El 1 de junio de 1930, Miguel de Unamuno visitó las tierras de Sanabria, acompañado del doctor Cañizo. Una excursión que le dejará una profunda huella y será la fuente de ambientación para su novela "San Manuel Bueno, mártir". En el prólogo de esta obra habla de esta visita e incorpora dos poesías inspiradas en la comarca sanabresa: la primera se centra en San Martín de Castañeda, mientras que la segunda, recoge la conocida leyenda de Valverde de Lucerna, el pueblo sumergido bajo las aguas del Lago de Sanabria.

Según aclara Manuel García Blanco en su libro "Don Miguel de Unamuno y sus poesías: estudio y antología de poemas inéditos o no incluidos en sus libros", Salamanca 1954, la visita de Unamuno al paraje zamorano de Moreruela tuvo lugar en abril de 1911. El escritor lo habría manifestado públicamente en un discurso pronunciado el día 19 de dicho mes en un acto conmemorativo del III Centenario de "La Cristiada", que organizado por la Academia de Poesía Española, tuvo lugar en el convento de San Esteban, de Salamanca.

El propio Unamuno dice en su artículo que el trayecto entre Benavente y Moreruela lo había hecho en coche "un domingo de Resurrección", acompañado de otras personas. Pero como en aquellas fechas era rector de la Universidad de Salamanca, cabe suponer que el desplazamiento desde la capital charra a Benavente se haría en tren, y podría ser este el momento al que corresponde la instantánea.

En 10 julio de 1911 publicaba Unamuno en "Los Lunes de El Imparcial" un artículo con las impresiones de este viaje. Lleva por título "Recuerdo de la Granja de Moreruela", y está fechado en Salamanca el 11 de junio de este año. Años más tarde el texto fue incluido en "Andanzas y visiones españolas", Madrid, Renacimiento, 1922, pp. 9-13. Damos a continuación el texto íntegro del mencionado artículo:

Monasterio de Moreruela - Vista desde la cabecera (Hacia 1903)

Recuerdo de la Granja de Moreruela

No lejos de Benavente, en la Granja de Moreruela, provincia de Zamora, resisten a acabar de caer las espléndidas ruinas del primer monasterio de cistercienses en España. Allá me fui el último Domingo de Resurrección, y allí recordé una vez más el virgiliano “etiam ruinae periere”: ¡hasta las ruinas perecieron! ¡Qué majestad la de aquella columnata de la girola que se abre hoy al sol, al viento y a las lluvias! ¡Qué encanto el de aquel ábside! ¡Y qué intensa melancolía la de aquella nave tupida hoy de escombros sobre que brota la verde maleza! Y todo ello se alza, añorando siglos que fueron, y quién sabe si siglos por venir, en un valle de sosiego y de olvido del mundo.

Al ir allá, en auto, desde Benavente, bordeábamos tranquilas charcas cubiertas de la blanca floración de las yerbas acuáticas, y al llamar yo la atención sobre ello a mis amigos, exclamó uno de éstos: “¡Hasta el agua estancada cría flores!”. A lo que pensé calladamente: no; sólo el agua estancada florece, y no la que en el caz de un molino hace andar la rueda que nos da la harina. La industria pide agua corriente, pero a la poesía le basta la que está quieta.

Y añorando yo, como las ruinas del monasterio de cistercienses de la Granja de Moreruela tiempos que se cumplieron, me dije por dentro:

En una celda solo, como en arca
de paz, libre de menester y cargo,
el poema escribir largo, muy largo,
que cielo y muerte, tierra y vida abarca.
Después, en el verdor de la comarca 
la vista apacentar; sin el amargo
pasto del mundo, a la hora del letargo
ver cómo visten la dormida charca
en flor las ovas. Lejos del torrente
raudo del caz que hace rodar la rueda
que muele el trigo, soñar lentamente
vida eternal en la que el alma pueda
ser pura flor. ¡Oh, reposo viviente;
florece sólo el agua que está queda!

Monasterio de Moreruela - Sala Capitular (Hacia 1903)

¡Soñar así, lentamente, a la hora de la siesta, descansando la mirada en las charcas floridas! Y escribir un libro muy largo, muy largo. Un poema, y si no una historia. Una historia como aquella dulcísima y apacible “Historia de la Orden de San Jerónimo”, que en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial escribió el padre jerónimo fray José de Sigüenza, y es una maravilla de lengua y, a trechos, de poesía. (Bien haya la “Nueva Biblioteca de Autores Españoles” por habérnosla vuelto a dar). ¿Hay en castellano acaso pasaje de más honda y poética hermosura que el de la muerte de fray Bernardino de Aguilar, profeso del convento de la Murta de Barcelona, que murió tañendo en el manicordio y cantando el salmo “Super flumina Babilonis”? “No parecía voz humana, porque penetrava las entrañas con el sentimiento que dava a la letra; llegó assi con sus versos hasta el que dize: “Quomodo cantabimus canticum Domini in terra aliena”. Dixolo una vez, tornolo a repetir la segunda, y a la tercera alçó los ojos al cielo, y dando mi suspiro de lo profundo del pecho, puestas las manos en la tecla, pasó de esta vida a la eterna, porque cantasse el cantar del Señor en la tierra de los vivientes”. (Libro IV, cap. XXVII).

¿Encierro el del monasterio? Sí; “encerravase cada uno en su celdilla o covachuela — nos dice el padre Sigüenza— y desde aquel lugar tan estrecho passeava con el alma la anchura de las moradas del cielo”. Y yo me digo del que otra vida lleva:

Alza al correr tan grande polvareda 
que le ciega los ojos, ni le cabe 
pararse en firme hasta que al cabo acabe
donde nunca pensara, pues la rueda 
de la fortuna es la que le envereda, 
no a ella él; desque perdió la llave 
del gobierno de sí mismo no sabe 
adónde corre a ir a dar de queda.
¡Cuánto mejor desde abrigado encierro 
libre de polvo y sin temor de yerro 
irreparable pasear la cumbre 
de la alta serranía de los astros 
a busca en ella de divinos rastros 
de la increada y creadora lumbre!

Allí es la quietud del lago del alma, y sin esa quietud no florece el lago. Oigamos de nuevo a nuestro padre Sigüenza, cuando nos dice que “andan estas almas senzillas (digámoslo ansí) como çabullidas en Dios y en sí mismas, puestas en una quietud soberana, donde no llega turbación de malicia”. Esto, a propósito del siervo de Dios fray Juan de Carrión, llamado el Simple. Y me digo:

Déjame que en tu seno me zambulla
donde no hay tempestades; como esponja
habrá en Ti de empaparse mi alma, monja
que en el cuerpo, su celda, se encapulla.
Mientras Satán sobre esta mar aúlla
al husmo de almas con que henchir ni lonja, 
más dulce aquí que jugo de toronja
me es tu anua, Señor. Ni me aturulla 
el vaivén de ni mundo, ya que dentro 
vivo de mí viviendo en tu bautismo;
sólo perdido en Ti es como me encuentro;
no me poseo sino aquí en tu abismo, 
que envolviéndome todo, eres mi centro, 
pues eres Tú más yo que soy yo mismo.

Sí, Dios es mi yo infinito y eterno, y en Él y por Él soy, vivo y me muevo. Mejor que buscarse a sí es buscar a Dios en sí mismo. Y cuando andarnos dentro nuestro a la busca de Dios, ¿no es acaso que nos anda Dios buscando? Pues que le buscas, alma, es que Él te busca y le encontraste.

Si me buscas es porque me encontraste
—mi Dios me dice—. Yo soy tu vacío,
mientras no llegue al mar no para el río 
ni hay otra muerte que a su afán le baste. 
Aunque esa busca tu ratón desgaste, 
ni un punto la abandones, hijo mío, 
pues que soy Yo quien con mi mano guío 
tus pasos en el coso por que entraste. 
Detrás de ti te llevo a darme cara, 
y eres tú quien te tapas para verme; 
pero sigue, que el río al cabo para; 
cuando te vuelvas, ya de vida inerme, 
hacia lo que antes de ser tú pasara, 
descubrirás lo que en tu vela hoy duerme.

Sí; caminamos de espalda al sol, es nuestro cuerpo mismo el que nos impide verlo, y apenas sabemos de él sino por nuestra propia sombra, que donde hay sombra hay luz. Detrás nuestro va nuestro Dios empujándonos, y al morir; volviéndonos al pasado, hemos de verle la cara, que nos alumbra desde más allá de nuestro nacimiento. Esta nuestra eternidad duerme en nuestra vigilia.

¡Qué bien en una celda como las que en un tiempo formaron la colmena mística de la Granja de Moreruela, meditando o fantaseando estos consuelos de esperanza allá, en aquel siglo, oliente a San Franciscol ¡Pero en aquel siglo, en aquella poética Edad Media, mocedad del cristianismo!
Hoy la Granja son ruinas. Lo único que permanece igual es el verde florido valle, el convento de las resignadas encinas que abrigan a los pajarillos, que sin cesar cantan la gloria del Señor, y cantándole le buscan y le encuentran.
Salamanca -VI-11.

Monasterio de Moreruela - Interior de la iglesia (Hacia 1903)

Monasterio de Moreruela - Fachada sur (Hacia 1903)

martes, 21 de febrero de 2012

"In finibus Gallecie" - Suevos y visigodos en el norte de Zamora

Capitel de Daniel en el foso de los leones. Iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora)

El norte zamorano no se encuentra entre las regiones peninsulares con una relevante y contrastada presencia germánica. No obstante, tanto las fuentes escritas como determinados testimonios arqueológicos y artísticos permiten conocer, a grandes rasgos, la trayectoria seguida por nuestro territorio bajo el domino de los dos principales pueblos germánicos asentados en él tras su entrada en la Península a partir del año 409: suevos y visigodos.

El establecimiento del pueblo suevo en el noroeste peninsular tuvo lugar como consecuencia de un pacto de federación suscrito entre los primeros pueblos invasores -vándalos, suevos y alanos- y el poder imperial romano. De esta forma, en 411 suevos y vándalos asdingos se repartieron por sorteo, según los testimonios de Idacio y Orosio, la Gallaecia.

Este territorio debe identificarse con la provincia romana bajoimperial surgida tras la reorganización administrativa de Diocleciano, y por tanto incluiría, además de Galicia, Asturias, Cantabria, el norte de Portugal hasta el Duero y un sector no depreciable de la Meseta del Duero. Todavía en varios documentos de Sahagún de los siglos X y XI se dice del río Cea que se encuentra in finibus Gallaeciae.. El asentamiento de los vándalos en la Península resultó a la postre efímero pues, tras diversos avatares, en 429 pasaron al norte de África para crear su propio estado.

Así pues, el dominio suevo correspondió sobre una gran parte del territorio zamorano, circunstancia que por sí sola explicaría la casi total ausencia de testimonios visigodos en la provincia hasta el siglo VII. Los restos artísticos y arqueológicos pertenecientes a la cultura visigoda serían posteriores a la desaparición del reino suevo como entidad política y la incorporación de su ámbito geográfico a la monarquía goda.

Quedan, sin embargo, aún múltiples interrogantes sobre el posible principal testimonio del pasado visigodo de la provincia: la iglesia de San Pedro de la Nave. A pesar de que en un principio Gómez Moreno consideró el templo como visigodo, fechándolo a finales del siglo VII, en la actualidad las opiniones están divididas, no faltando autorizadas interpretaciones que sitúan su construcción en momentos posteriores. También en el siglo VII se vienen fechando las cruces de oro y demás objetos litúrgicos integrantes del tesorillo hallado en 1921 en Villafáfila, hoy en el Museo Provincial de Zamora.

No conocemos, en cambio, el papel que pudieron jugar en estos momentos iniciales de la ocupación germánica los campamentos romanos mencionados en la Notitia Dignitatum, en particular las tropas limitanei asentadas en Paetonio (Rosinos de Vidriales). Barbero y Vigil sostuvieron, en una interpretación que hizo fortuna, la existencia de un limes o frontera fortificada formada por diversos campamentos en la Submeseta Norte, desde Galicia a Vasconia, entre ellos el de Petavonium, cuyo objetivo principal sería el control de astures, cántabros y vascones, pueblos indígenas nunca plenamente romanizados que retomarían su tradicional espíritu belicoso aprovechando el resquebrajamiento de poder imperial entre finales del siglo IV y principios del siglo V. Sin embargo, en la actualidad esta teoría no goza de demasiados adeptos, prefiriéndose relacionar la presencia de estas unidades militares con las explotaciones mineras del noroeste de la Península, la defensa y control de las principales vías de comunicación, y posteriormente, tras los acontecimientos de comienzos del siglo V, con las migraciones de los pueblos germánicos que dieron origen a la formación del Reino Suevo.

En general las fuentes coetáneas son obstinadamente parcas en noticias y en no pocas ocasiones confusas y contradictorias. Desconocemos casi por completo aspectos esenciales como las características del asentamiento suevo, su peso cuantitativo y cualitativo en el contexto de la población hispanorromana y, lo más importante para la cuestión que nos ocupa, los posibles cambios experimentados en las estructuras del poblamiento tardorromano.

En cualquier caso, el mencionado reparto de territorios entre los diferentes pueblos invasores no haría otra cosa que poner de manifiesto el vacío de poder político y militar existente en buena parte del noroeste peninsular. Pablo de la Cruz Díaz Martínez sostiene, apoyándose en la Crónica de Idacio y en la constatación arqueológica a partir de ejemplos del Conventus Bracarense como Fiäes, Faria, Sanfins, Lanhoso y otros, que buena parte de los castros siguieron ocupados en este momento, incluso con una renovación apreciable de su actividad. Estos castella serían entidades de población fortificadas de carácter menor -en comparación con las civitates- que perviven desde época prerromana o se reutilizan ante el clima de inestabilidad reinante. En un expresivo pasaje de la Crónica de Idacio se alude a los castela tutioria que debieron desempeñar un papel relevante en la resistencia presentada por los habitantes de la Gallaecia a la dominación sueva, y más tarde en los enfrentamientos entre suevos y visigodos.

A falta de nuevos datos que pueda proporcionar la arqueología para nuestro territorio podríamos aventurar la correspondencia de algunos de estos "castra" o "castela" con enclaves de los que tenemos información a través de fuentes como el Parroquial Suevo, el registro de las cecas visigodas y determinados restos constructivos y arqueológicos hallados en el entorno de estos lugares.

El Parrochiale Suevum o Divisio Theodomiri es un interesante documento que nos informa sobre el estado de la organización eclesiástica de Gallaecia a finales del siglo VI. Se trata de una lista detallada de las diócesis del reino suevo, dependientes de la sede metropolitana de Braga, y a las que el rey Teodomiro (559-569) asigna sus parroquias correspondientes. No obstante, las transmisión documental del texto también nos presenta esta división como atribuida a una reunión de obispos celebrada en Lugo en 569, por lo que también es frecuente referirse a esta fuente como Concilio de Lugo. A la luz de los datos que arroja sobre el mapa de las trece diócesis del reino suevo, se puede fijar su composición entre 572 y 589, o más probablemente entre 572 y 582. Por tanto, en su actual redacción sería posterior al reinado de Teodomiro, fallecido en el 569, y se adentraría en la época del rey Mirón (570-583).

Normalmente se admite que el contenido del Parroquial fue parcialmente interpolado, muy probablemente a lo largo de los siglos XI y XII con motivo de las disputas surgidas entre varias diócesis gallegas y portuguesas. Una de las alteraciones más evidentes es el pasaje en el que se intenta equiparar a Lugo con Braga, en cuanto a su condición de sede metropolitana, cuando en realidad se trataba de una única metrópoli: Braga, con dos centros administrativos: Braga y Lugo. Sin embargo, Demetrio Mansilla Reoyo, autor del más reciente y completo estudio sobre este documento, considera que su contenido "responde perfectamente y en sustancia a los hechos históricos y geográficos de la época sueva". Buena prueba de ello es la identificación de varios topónimos con cecas suevas y visigodas. Sea como fuere, las posibles interpolaciones no afectarían al contenido sustancial del documento.

Con toda probabilidad esta administración eclesiástica fue establecida sobre realidades sociológicas preexistentes. Por ello se mantienen topónimos de raigambre prerromana: "Senabria", "Bergido", "Senimure", y un buen número de parroquias deben ser entendidos como gentilicios, y de hecho varios de estos grupos indígenas pueden ser identificados sin dificultad en las fuentes romanas altoimperiales. La presencia de estas unidades administrativas con el nombre de un grupo gentilicio apunta a la permanencia de determinados aspectos de las estructuras indígenas en los años más avanzados de la tardorromanidad.

A diferencia de los límites diocesanos de época plenomedieval, mucho más precisos y basados, en general, en accidentes geográficos reconocibles, la Divisio Theodomiri fija las circunscripciones sobre las parroquias, que a su vez serían centros de irradiación evangélica hacia las poblaciones limítrofes. El texto recoge un total de trece sedes dependientes de la metrópoli de Braga. Dos de ellas, Orense y Astorga, incluyen parroquias que afectan de una forma u otra al territorio del norte zamorano.

Dentro de la sede orensana se mencionan dos parroquias que se suelen relacionar con poblaciones sanabresas: "Senabria" y "Calapacios majores". La identificación de "Senabria" con Sanabria no parece ofrecer dificultades, otra cosa es determinar si nos encontramos ante el nombre genérico de un territorio o ante un núcleo concreto de población. Como ya apuntó Gómez Moreno, el privilegiado emplazamiento del actual Puebla de Sanabria, en la confluencia de los ríos Tera y Castro, parece inmejorable para una ocupación antigua, aunque por el momento sin el adecuado contraste arqueológico.

El estudio que Metcalf hace de las monedas del reino suevo incluye un tridente de oro con la inscripción SENAPRIA. Bajo el reinado de Suintila (621-631) se vuelve a acuñar numerario bajo la leyenda Senabria. Esta coincidencia entre circunscripción eclesiástica y cecas parece indicar que nos encontramos ante un centro de poder, cuyos orígenes y límites geográficos en esta época se nos escapan por completo, pero que debe relacionarse sin lugar a dudas con la "urbs Senabrie", el "territorio Senabrie", o el "territorio Senabriense", citados en el siglo X en los primeros documentos del monasterio de San Martín de Castañeda. Su persistencia en el tiempo resulta difícilmente explicable sin admitir el mantenimiento de algún contingente de población en la región sanabresa tras la invasión musulmana, más aun si tenemos en cuenta que el lugar pasó absolutamente desapercibido para las crónicas altomedievales.

En cuanto a "Calapacios majores", ha sido identificado con Calabor por la mayoría de los autores. Pertenece al género de topónimos del Parroquial asociados habitualmente con grupos gentilicios. Fue también, al igual que "Senabria", sede de una ceca visigoda bajo los nombres CALAPA y CALAPACIA, si bien este caso con una mayor proyección temporal. Los reyes emisores de numerario son Recaredo (586-601), Sisebuto (612-621), Suintila (621-631) y Chindasvinto (642-649).

Iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora)

Retrato del rey Sisebuto

Chindasvinto, Recesvinto y Égica. Ilustración a partir del Códice Albeldense (Biblioteca de El Escorial)

Triente acuñado por Chindasvinto (642-653) en "Calapa" (Real Academia de la Historia)

La relevancia de este lugar debe ponerse en relación con su condición de punto estratégico para el control de una ruta de comunicación natural que unía la región sanabresa con los territorios de Bragança y Tras-Os-Montes, también sede, no lo olvidemos, de una parroquia sueva y de una ceca visigoda. Una parte sustancial de esta ruta viene definida por el río Sabor, cuya denominación se ha relacionado con la provinciam Sabariam y el pueblo de los Sappos mencionados en la crónica de Juan de Biclaro. La primera cita documental de Calabor correspondiente a la época medieval es, sin embargo, ya bastante tardía, fechándose en 1145, pero de la lectura del diploma se desprende la persistencia de su posición como hito importante en esta vía de comunicación. Esparza Arroyo cataloga un castro en su término situado a 3 Km de la localidad actual, rodeado con una muralla de grandes lajas de pizarra y una puerta de acceso al recinto, aunque sin ningún tipo de resto material que pueda ofrecer indicios sobre su secuencia ocupacional.

Respecto a la sede astorgana la única parroquia que se ha relacionado con nuestra zona es la de Ventosa, si bien su identificación fehaciente ofrece serias dudas. Ventosa, siguiendo los ejemplos anteriores, presenta también una doble condición de parroquia sueva y ceca visigoda, esta vez bajo el reinado de Suintila (621-631).

La crónica de Sampiro hace mención a la campaña de 867 en la que Alfonso III sojuzgó Ventosa juntamente con Astorga. A la hora de establecer su localización, unos autores han señalado Castro de Ventosa en las proximidades de Villafranca del Bierzo, lugar bien conocido en la documentación del monasterio de Carracedo, heredero a su vez del Bergidum prerromano y el Bergidum Flavium en la llanura berciana, y otros al pago homónimo situado actualmente en término municipal de Benavente. Sin poder contar con argumentos resolutivos en favor de una u otra postura es preciso señalar a continuación que Bergido también aparece en la Divisio como parroquia correspondiente a Astorga, lo cual podría parecer una duplicidad innecesaria. Por otra parte, tanto en Benavente como en la sede astorgana existe una larga tradición que sitúa curiosamente a Ventosa como límite entre las diócesis de Astorga y Oviedo, apoyándose precisamente en este documento.

La existencia de un "castrum" o recinto fortificado de origen antiguo en la confluencia de los ríos Esla y Órbigo bajo el topónimo Ventosa -sino es que no se trata del actual asentamiento de Benavente- se deduce de un diploma de 1122 en el que doña Sol Pérez, viuda de Anaya Menéndez, entrega al monasterio de Santa Marta de Tera, una heredad "en el territorio de Riua de Estula, junto al río Órbigo, debajo del castillo o ciudad Ventosa".

Al margen de la problemática identificación que hace el autor del extracto del Tumbo Negro de la catedral de Astorga de los términos castillo y ciudad, de confirmarse este emplazamiento como un centro administrativo suevo-visigodo, cobrarían especial relevancia y significado diversos hallazgos arqueológicos localizados en las inmediaciones: Cerámicas tardorromanas de Villanueva de Azoague y Arcos de la Polvorosa con indicios de cristianización. Un pequeño fragmento de pizarra visigótica con inscripción hallado en término de Benavente, en el entorno del pago de Las Dibujas, lugar que proporciona material cerámico acaso medieval y tegulae probablemente de época tardorromana. Un fragmento de columna y "una piedra arenisca con una inscripción abreviada en letra visigótica", en palabras de Virgilio Sevillano, en El Priorato, precisamente en un importante nudo comunicaciones desde época romana, conocido durante la Edad Media como el Puente de Deustambem. Por último un molde de cruces en forma de tau, también de cronología visigoda, en el castro próximo de La Corona en Manganeses de la Polvorosa.

El análisis y valoración de este conjunto de datos, y en concreto la correspondencia demostrada de las parroquias suevas con las cecas visigodas, nos sugiere una modificación en las sedes de los centros de poder altoimperiales de nuestra región durante los siglos V y VI, y la asimilación por parte del reino visigodo del sistema administrativo establecido por la monarquía sueva, articulado de una forma descentralizada sobre la base de una gran variedad de centros de poder diseminados por todo el territorio de la antigua provincia Gallaecia. Este proceso de larga duración, y de pormenores no bien conocidos aún en el estado actual de la investigación, sería una consecuencia lógica de la falta de vitalidad o decadencia manifestada por los centros político-administrativos bajoimperiales (Brigecio, Petavonium, mansios de los itinerios, etc.), la creciente ruralización del territorio y la reactivación del fenómeno castreño ante el clima de inseguridad reinante. Sobre estos enclaves, varios de ellos asentamientos en altura sobre cerros (Senabria, ¿Calabor?, Ventosa, Camarzana, etc.) se establecerá la primera organización territorial altomedieval, también sobre la base centros de morfología castreña.

Así pues, estos cambios trascendentales en la organización territorial del norte zamorano deben situarse con anterioridad a la invasión musulmana. El ejemplo más significativo parece ser el de Sanabria, cuyas primeras menciones en el Tumbo de San Martín de Castañeda como sede de un territorio político-administrativo con entidad propia, sugieren cuando menos una continuidad desde la época sueva que implicaría el mantenimiento ininterrumpido de contingentes significativos de población.

Capitel del sacrificio de Isaac. Iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora)

Triente acuñado por Suintila (621-631) en "Ventosa" (Real Academia de la Historia)

Inscripción "Ventosa" en el triente acuñado por Suintila