domingo, 14 de noviembre de 2010

El valeroso caballero y animoso capitán Francisco de Villagrá - En torno a una sepultura de San Juan del Mercado

Fachada occidental de la iglesia de San Juan del Mercado (Benavente)

La capilla mayor de la iglesia de San Juan del Mercado de Benavente presenta su solado salpicado de laudas sepulcrales, último reposo de personajes relevantes relacionados con la historia del templo, con la Encomienda de la Orden de los Hospitalarios o con hijos ilustres de la villa. No parece que todas ellas se correspondan con inhumaciones originales. Por el contrario, del aspecto que muestran se deduce que ha habido varias reordenaciones de los espacios de enterramiento. Alguna de estas lápidas ha sido parcialmente mutilada para acomodarla a las dimensiones de las otras, seguramente después de un traslado desde otro lugar. El último enterramiento documentado es el del obispo de Plasencia y Salamanca, Ángel Regueras López (1870-1924). La sepultura corresponde al traslado de sus restos en 1942 desde Salamanca por iniciativa del Ayuntamiento de Benavente.

El presente artículo se va a detener en glosar una de estas laudas, concretamente la situada en tercer lugar a la derecha de la del obispo benaventano. Su estado de conservación es bastante aceptable pues, a pesar de las huellas de desgaste propias del tránsito de los feligreses, su lectura no ofrece dificultades.

El epígrafe, escrito en letra capital de la segunda mitad del siglo XVI, está repartido en dos partes separadas por un gran blasón central. Las seis primeras líneas presentan un mayor tamaño de letra y una adecuación holgada al campo epigráfico, mientras que las once siguientes están más abigarradas y tienen un cuerpo de letra mucho más pequeño. Suman en total diecisiete líneas. La separación entre palabras se hace por interpunción simple. El escudo central está orlado de perlas y corresponde al promotor de la sepultura: Luis Rengifo, cuyas iniciales (LR) flanquean el emblema heráldico. Las armas tradicionales del apellido aparecen en el primero de los cuarteles: en campo de oro un leon de azur, bordura de plata y ocho aspas del mismo color. La lectura, una vez desarrolladas las abreviaturas, es la siguiente:

EN ESTA CAPILLA ESTAN
SEPVLTADOS LOS MVY
NOBLES CABALLEROS
FRAY TORIBIO DE CARBAJAL
Y FRAY ALBARO DE SARIA
COMENDADORES
DE RVBIALES
QVE LA ENPEÇARON
Y ACABARON DE HEDIFI
CAR Y POR SV MEMORIA
EL MANIFICO SEÑOR DON
LVIS RENGIFO COMENDA
DOR DESTA ENCOMIENDA
Y DE CIVDAD RODRIGO
MANDO PONER ESTA PIE
DRA COMO SEÑOR DESTA
CAPILLA Y YGLESIA


  Lauda sepulcral de Francisco de Carbajal y Álvaro de Sarriá [Siglo XVI]

De las personas mencionadas en el texto, tanto Luis Rengifo como Fray Toribio de Carbajal pueden ser situados cronológicamente sin demasiada dificultad. Luis Rengifo es presentado como comendador de la Orden de San Juan en Benavente y Ciudad Rodrigo. Sabemos que un personaje de este nombre acudió al capítulo provincial de Fuentelapeña celebrado el 29 de julio de 1530. Igualmente, en una carta de Felipe II al obispo de Orense fechada en 1569 se menciona a Luis Rengifo Engon con el cargo de Teniente de los Priores de la Orden de San Juan.

Respecto a Fray Toribio de Carbajal, comendador de Rubiales, su figura está íntimamente ligada a la construcción de San Juan del Mercado. Una inscripción gótica grabada en el primer pilar suroccidental de la iglesia le atribuye la edificación de varios pilares, probablemente de todas las cubiertas y de la bóveda del altar mayor. En el texto se le identifica como comendador de Benavente, Vidayanes y Almazán, pero tal vez en el nombre de esta última villa exista un error del lapicida, pues en el traslado de un documento del monasterio de Nogales de 1468 se le cita como comendador de la orden de San Juan en Benavente y Vidayanes, y señor de Arrabalde. En 1487 la cancillería real expide una sobrecarta de mandamiento a Juan Maldonado, para que haga ejecución en bienes del comendador Fray Toribio de Carvajal por la cuantía de que aún es deudor a Juan González de Saldaña, vecino de Tordesillas, en razón del arrendamiento de las encomiendas de Rioseco, Villela y San Juan del Camino que pertenecen a la de Benavente. En 1489 Fray Toribio de Carvajal, comendador de Benavente y de la Baylía de Olmos, arrienda a Pedro Lago y fray Diego Coronel las mencionadas encomiendas.

Interior de San Juan del Mercado

Mayor interés despierta el tercero de nuestros personajes, Frey Álvaro de Sarriá, no tanto por él mismo sino por la relevancia de uno de sus descendientes. Sarriá fue provisto de la encomienda de Benavente por el Gran Maestre de Rodas. En 1510 debía atravesar dificultades en el disfrute de sus rentas, pues una cédula real ordena a Francisco Manrique, comendador de Cerecinos, que no perturbe la posesión de su encomienda. A partir de diversas fuentes, algunas de las cuales se citarán a continuación, podemos hacer a este Álvaro de Sarriá padre del conquistador y gobernador de Chile Francisco de Villagrá.

Francico de Villagrá es considerado una de las figuras más destacadas de la conquista y colonización de Chile. Llegó a Chile cuando Pedro de Valdivia dispuso la conquista de esa región. Estuvo presente en la fundación de Santiago en 1541, ocupó diversos puestos en el gobierno de la ciudad, y le tocó defenderla del asalto del cacique Michimalonco en septiembre del mismo año. Fue gobernador de aquellas tierras en tres oportunidades (1547-49, 1553-57 y 1561-63) y encabezó diversas empresas militares tendentes a la exploración del territorio y el aumento de su jurisdicción.

De la confianza puesta en él por Pedro de Valdivia se da cuenta en una carta dirigida en 1547 al Emperador:  "Allí proveí al capitán Francisco de Villagrá, mi maestro de campo, porque le tenía por verdadero servidor y vasallo de V.M. y celoso de su cesáreo servicio, por mi lugarteniente general, para que atendiese la guardia, pacificación y sustentación de las ciudades de Santiago y La Serena y los vasallos de V.M.".

En el Catálogo de Pasajeros a Indias Villagrá fue registrado en 1537, en tránsito hacia el Perú, como hijo del Comendador Ruy Diales y de Ana de Villagrá, vecinos de Santervás de Campos (Valladolid). Sin embargo, esta información parece que no es exacta.

En la Sección Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional  se conserva el expediente de las probanzas presentadas por Villagrá en 1559 para la obtención del hábito de Caballero de Santiago. Algunos de los testimonios son contradictorios, pero globalmente arrojan noticias muy esclarecedoras sobre la trayectoria de este personaje antes de recalar en Indias.

Sabemos así que, efectivamente, Villagrá era hijo natural del mencionado Álvaro de Sarriá y de Ana de Villagrá. Muy probablemente el oscurantismo existente sobre sus orígenes se debe a la poco ortodoxa sitiuación de sus progenitores, pues "cuando el dicho Álvaro de Sarria tuvo al dicho Francisco de Villagrá tenía ya el hábito de San Joan y la dicha Ana de Villagrá era soltera". El hecho de haber adoptado el apellido materno también debió contribuir a crear confusión. Los testimonios de los diferentes testigos interrogados en las probanzas insisten en que el futuro conquistador de Chile sirvió en su juventud al marqués de Astorga y al conde de Benavente, y estuvo en la Jornada de Túnez de 1535, combatiendo a Barbarroja.

 Retrato de Francisco de Villagrá

Ante la falta de genealogía presentada ante el Consejo, el licenciado Cisneros presentó una carta en la que daba noticia de los ancestros del pretendiente, informando sobre la calidad y la sangre:

"El mariscal Francisco de Villagra, gobernador de la provincia de Chile dize que vuestra alteza le hizo merced del hábito de la Orden de Santiago como paresce por la cédula que presenta y suplica a V. A. le mande hazer las diligencias necesarias que el depositario fuese menester. Y para que conste la nobleza de su linaje, dize que es hijo de Álvaro de Sarria, comendador de las encomiendas de Villela y Rubiales de la Orden de Santiago en el reino de León el qual ha quarenta años que murió. Y es hijo de Ana de Villagra, natural y vezina de la villa de San Jerbas en el dicho reyno la qual era donzella cuando el dicho Álvaro la conoció. Y el dicho comendador Álvaro de Sarria por aver mas de setenta años que murió dizen algunos que fue hijo de un fulano de Villaceres y de Leonor Gómez de Sarria su muger, naturales y vezinos que fueron de la villa de Villalpando. E otros dicen que el dicho Álvaro de Sarria fue hijo de Antonio de Sarria, alcayde y gobernador de la dicha villa de Villalpando y no se acuerdan como se llamo su muger pero lo primero lo tiene más cierto, y la dicha Ana de Villagra, madre del dicho Francisco de Vilagra, es hija de Pedro de Villagra, comendador del hábito de Santiago y de Ysabel Mudarra, su muger, naturales y vecinos de la villa de San Gervas. Por manera que la probanza de sus padres del dicho Francisco de Villagra y de sus abuelos por parte de madre se ha de hacer en Sant Gerbas y Villela a dos leguas de Villalon y si algo mas fuere menester en Villagra a tres leguas de San Gerbas y por parte de los aguelos del dicho Francisco de Villagra y por parte que es de los sarrias se ha de hazer en Villalpando".

Valdivia, Villagrá y Alderete según Ovalle [1616].

El cronista Alonso de Góngora Marmolejo nos dejó una interesante semblanza del personaje en su "Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575":

"Era Francisco de Villagrá, cuando murió, de edad de cincuenta y seis años, natural de Astorga, hijo de un comendador de la Orden de Sant Juan, llamado Sarria. Su padre no fue casado; su madre era una hijodalgo principal del apellido Villagrá. Gobernó en nombre del Rey don Felipe dos años y medio (...); era de mediana estatura, el rostro redondo, con mucha gravedad y autoridad; las barbas entre rubias, el color del rostro sanguino; amigo de andar bien vestido y de comer y de beber, enemigo de pobres; fue bien quisto antes que fuese gobernador, y mal quisto después que lo fue. Quejábanse dél que hacía más por sus enemigos a causa de atraellos a sí que por sus amigos, por cuyo respeto decían era mejor para enemigo que para amigo. Fue vicioso de mujeres y mohíno en las cosas de la guerra mientras que vivió (...); era amigo de lo poco que tenía, guardallo; más se holgaba de rescibir que de dar. Murió en la ciudad de La Concepción en 15 días del mes de julio de mil y quinientos y sesenta y tres años".

También Alonso de Ercilla le dedicó unos versos a Villagrá en "La Araucana":

Caudillo era y cabeza de la gente
Francisco Villagrán, varón tenido
por sabio en la milicia y suficiente,
con suma diligencia prevenido;
de Pedro de Valdivia fue teniente,
después de su persona obedecido.

martes, 2 de noviembre de 2010

Castroferrol - Un enclave monástico altomedieval en el valle del Tera

Iglesia parroquial de Colinas de Trasmonte (Foto Luis Peral)

El objeto de este trabajo es ofrecer algo de luz sobre uno de los cenobios más antiguos y a la vez más desconocidos -debido a su efímera trayectoria- que surgió en el norte zamorano en el período altomedieval. Aunque su existencia es reconocida por la mayoría de los autores que se han ocupado de una forma u otra del estudio del monacato leonés, las contradicciones y malentendidos han sido evidentes a la hora de establecer su localización y fijar su cronología, aunque solamente sea de una forma aproximada.

La causa fundamental de la confusión existente hay que buscarla en las deficiencias inherentes a la documentación fragmentaria que conservamos de la catedral de Astorga, única fuente que aporta información de primera mano sobre este monasterio. Como es bien sabido, la mayor parte de los ricos fondos medievales del archivo asturicense desparecieron en el año 1814, como consecuencia de un incendio atribuido a las tropas inglesas durante la Guerra de la Independencia. A falta de los documentos originales, los investigadores han venido utilizando un puñado de códices e inventarios de indudable interés histórico, pero que presentan no pocos problemas de interpretación y errores de transcripción y datación.

Antes de entrar de lleno en el análisis de esta documentación conviene hacer primero una somera recapitulación sobre el estado actual de la cuestión sobre este monasterio. Yepes, como ocurre con buena parte de los monasterios de la región, es el primer autor que se ocupa del tema. A la hora de establecerla nómina de fundaciones del antiguo reino leonés menciona un monasterio de Castro Ferronio, en la ribera del Tera, bajo la advocación de San Salvador. No aporta cronología ni ubicación concreta; simplemente sentencia que “era convento de monjes y monjas”, esto es un monasterio de los denominados dúplices.

Por su parte, Flórez, en su célebre tomo XVI de la España Sagrada, reseña  un documento del Tumbo Negro de Astorga correspondiente a este cenobio que fecha en 1006, no aportando ningún dato novedoso sobre su historia, sino que utiliza este y otros diplomas para elucubrar sobre la cronología de los obispos astorganos. En todo caso, recoge el nombre de una abadesa Benedicta en este lugar en 1006, gozando del beneficio de haber manejado el valioso códice antes de su desaparición. Para el erudito agustino se trataría de una comunidad solamente de monjas.

Tendremos que esperar a la prolífica obra de Augusto Quintana Prieto para obtener datos más concretos. Este autor menciona tanto el enclave de Castroferrol como el cenobio en varios de sus trabajos, pero fue en una entrada del Diccionario de Historia Eclesiástica de España donde trazó una escueta semblanza de un monasterio de San Miguel en Villaferrueña, que como se verá más adelante se puede identificar con nuestro cenobio, aunque con un emplazamiento evidentemente erróneo:

"Villaferrueña, San Miguel (Zamora, diócesis de Astorga) Prebenedictino. La primera noticia conocida se remonta al año 1006, en que recibe una donación de bienes. De ella se desprende que era un monasterio dúplice. En el año 1015, su propietaria, María Chalíndez, que lo tenía por donación de Bermudo II, lo dio a la diócesis de Astorga y a su obispo Jimeno (992-1028), siendo esta la última noticia que de él se tiene. Hoy es parroquia secular".

Para acabar de añadir mayor confusión al asunto, en el mismo diccionario otro autor no identificado recoge una entrada correspondiente a otro monasterio bajo distinta advocación: San Salvador de Castroferrol, del que no se aporta otra información que la cita de Yepes:

“Castroferrol, San Salvador (Zamora) Prebenedictino. Dúplice, junto al río Tera. Yepes dice Castro Ferronio”.

Del análisis de todo estos datos, y tras la consulta de la documentación superviviente de la catedral de Astorga, se concluye que la causa fundamental de toda esta ambigüedad debe estar en una tergiversación absolutamente interesada que hacen los autores del manuscrito 1195-B del Archivo Histórico Nacional. Se trata de un códice elaborado en 1613 bajo la iniciativa del doctor Jerónimo de Chirivoga, deán de Salamanca, con el fin de averiguar los derechos del Real Patronato en Astorga. Las copias están autentificadas por Esteban de Soto, notario apostólico. Felipe III, deseoso de conocer qué iglesias del obispado eran de su patronato, envió a Chirivoga como juez especial.

El códice fue redactado en Salamanca, tomando como fuente principal el desaparecido Tumbo Negro, donde se recogía la mayor parte de la documentación medieval de la catedral. Se trata, en cualquier caso, de una fuente muy socorrida por los historiadores por recoger la transcripción completa de un nutrido número de diplomas, especialmente de privilegios reales, donaciones y compraventas relacionados con monasterios. Fue Quintana Prieto quien dio a conocer la mayor parte de estos documentos en sus numerosos trabajos sobre los monasterios de la diócesis de Astorga, advirtiendo con frecuencia de los múltiples errores que contenía.

En su afanosa búsqueda de documentos útiles para sanear las arcas de la Corona, los compiladores de este códice debieron encontrase en el mencionado Tumbo Negro con al menos dos documentos correspondientes a un monasterio de Castroferrol o Catroferronio de incierta trayectoria. Como se había perdido en la diócesis la memoria de su existencia, debieron buscar algún lugar razonablemente propicio para adjudicárselo y lo encontraron en Villaferrueña. El topónimo era asimilable o al menos recordaba la denominación altomedieval y, además, no estaba demasiado lejos del río Tera, según se mencionaba en los diplomas. Para añadir mayor verosimilitud a la cuestión se rebautiza ahora la población sorprendentemente como Castroferrueña, tal vez por la existencia en su término de un pago conocido como El castro, y a pesar de que la forma Villaferrueña es un topónimo relativamente frecuente en la documentación medieval de la comarca. Lo cierto es que la iglesia del lugar fue agregada por estos autores al patronato real como heredera del monasterio, utilizando como base o prueba legal estos documentos, pero a costa de sembrar la desorientación en la historiografía posterior:

"La yglesia parrochial de Sant Juan de Villaferrueña, diócesis de Astorga, es beneficio curado, vale docientos ducados de renta al año, fue antiguamente monasterio doblado, que llamaban assí por que a una parte avía monjes y a otra monjas, y todos tenían una yglesia común. Dudan los testigos si es tal consistorial. Vuestra Magestad mandará lo que más conbenga a su Real servicio [...] es de presentar del monasterio de Nogales que son monjes de la horden de San Bernardo, mas aora es de provisión hordinaria. Dios guarde a su magestad. De Astorga a 27 de diciembre de 1613 años”".

Sin embargo, leyendo con atención la documentación se concluye con claridad meridiana que tal enclave no pudo estar en ningún caso en Villaferrueña. Las primeras referencias se remontan a mediados del siglo X y no hacen alusión a monasterio alguno. Así en 962 Rauper y su mujer, Mansuara, donan a Nuño Sarracíniz y a su mujer, Gudigeva, una viña en la villa de Kastro Ferronnio, junto al río Almucera, que habían comprado a un tal Donelo, dando sus términos.  La mención del Almucera descarta inmediatamente la opción de Villaferrueña, dado que, como es sabido, esta población se encuentra junto al Eria. Al año siguiente, 963, consta una donación a la catedral de Astorga efectuada por Adrico y su mujer, Faquilo, en unión de sus hijos de toda su heredad en Castroferrol, con cuantas pertenencias la correspondían, como también de sus muebles, de toda la mitad durante la vida de los donantes y después de su fallecimiento enteramente. No contamos en este caso con más detalles sobre su emplazamiento, al contar solamente con un breve extracto del diploma.

Los siguientes testimonios proceden ya del citado manuscrito 1195-B del Archivo Histórico Nacional. En 1006 Oma Iuve, su hijo Veila y la esposa de éste, Gontrode, donan a la abadesa y al monasterio de Castroferronnio, que sitúan junto al río Tera, todas sus propiedades y enseres: “... in cuius honore dedicata est ecclesia et continentium fratrum vel sororum iugum et ibidem domina Bendicta abbatissa portentibus monasterium qui est fundatum sub urbis Astorica, locum predictum et nominatum vocantem que dicitur nominibus Castroferronio, iuxta aquis currente vel flumine Teira. Como vemos, el lugar se incluye dentro del territorio asturicense, al igual que ocurría en esta época con la mayor parte del norte de Zamora al oeste del río Esla.

Más explícito resulta un diploma de 1015 en el que María y sus hijos, Galindo y Juan Ciprianiz, hacen donación del lugar de San Miguel Arcángel de Castroferrol a los que morasen allí, monjes y monjas, bajo sujeción del obispo de Astorga. En este caso la villa tiene por puntos de referencia los ríos Tera y Almucera: “... in ipso loco reconditae sunt, bocabulum villa quod dicent Castroferronio, discurrente ribulo Teira et de alia parte Almuçara”

Tomando como base estos condicionamientos geográficos, la clave para situar adecuadamente este monasterio nos la ofrece el diccionario de Madoz, que recoge dentro del término de Colinas de Trasmonte dos despoblados: Pobladura de Trasmonte y Castroferrol. Como no se aportan datos sobre los límites de este último resulta obligado acudir a los testimonios de los habitantes del lugar. Pero lo cierto es que en la actualidad en la memoria colectiva de los vecinos de Colinas se ha perdido tal topónimo, aunque si se existe en cambio un vago recuerdo sobre la existencia de un monasterio antiguo. Nuevamente Madoz, menciona otro despoblado bajo el nombre de San Miguel de Castro Ferrol en el pueblo inmediato de Quiruelas de Vidriales, deduciéndose que se trata del mismo emplazamiento, tal vez compartido por ambas poblaciones. Juan Carlos Lobato Vidal en su relación de despoblados de los valles de Benavente alude en Colinas a San Miguel de Castroferrol, insistiendo también en que “actualmente se halla olvidado totalmente por los habitantes de la zona no existiendo ni tan siquiera en la toponimia local". 

Más recientemente, Consolación Cabero Domínguez hace alusión al monasterio de Castroferrol en varias ocasiones en su tesis doctoral sobre Astorga y su territorio en la Edad Media. A juzgar por los mapas del poblamiento de la zona que ofrece y los datos que aporta, parece conocer su localización en Colinas de Trasmonte, citando incluso el despoblado, pero incurre en algunos errores cronológicos motivados por las deficiencias inherentes a la documentación manejada.

Localizado definitivamente nuestro monasterio en las inmediaciones de Colinas de Trasmonte, junto a los ríos Almucera y Tera, solamente queda dotarle de una emplazamiento más exacto. Dos posibles alternativas parecen ofrecerse en base a distintos indicios. Por una parte hay que mencionar un yacimiento arqueológico conocido como San Miguel en término del actual municipio de Quiruelas de Vidriales, con una atribución cultural correspondiente al Calcolítico y de época moderna, recogido por Larrén Izquierdo en la relación de yacimientos de este sector del valle del Tera. No se cuenta, por el momento con más datos sobre posibles vestigios medievales de modo que la propuesta queda abierta. 

La otra opción, mucho mejor documentada arqueológicamente, es el pago conocido como San Juan-El Valle en Colinas de Trasmonte. Se trata de un asentamiento romano/medieval situado al oeste del pueblo, sobre un pequeño altozano que da paso a las terrazas sobre el río Tera. No es propiamente un castro, pero en las inmediaciones existen varios cerros que bien pudieran asumir esa denominación. Según el testimonio de varios vecinos, recogido por los arqueólogos, el lugar era conocido por la tradición oral como convento de San Juan, tal vez en referencia a la iglesia parroquial (San Juan Bautista) o a alguna posesión de la orden hospitalaria. La extensión del regadío a sus inmediaciones dio paso a una intervención arqueológica en el año 1993 que puso de manifiesto dos momentos ocupacionales. Uno de época romana bajoimperial datado a finales del siglo IV y el siglo V, y superpuesto a él otro de época medieval que “pudiera estar relacionado con un tipo de edificación religiosa, quizás monasterio o convento”, correspondiente en cualquier caso a momentos plenomedievales, entre los siglos XI y XIII, según los hallazgos cerámicos. A unos 200 m. al sureste del área de excavación, se encontraron anteriormente dos tumbas romanas construidas con tegulae, dato que parece extender considerablemente el área de ocupación.

Los restos de muros exhumados correspondientes a una habitación rectangular de amplias dimensiones (unos 40 m2) de muros construidos en mampostería unida en seco, no permiten resolver si nos encontramos o no ante alguna dependencia monástica, ni tan siquiera de un lugar de culto cristiano. Pero la concurrencia de indicios arqueológicos y documentales apunta en esta dirección. Por otra parte, la superposición de iglesias o monasterios altomedievales sobre asentamientos anteriores de época romana bajoimperial, principalmente villae, es un aspecto bien conocido dentro del complejo proceso de la Repoblación. Ejemplos bien cercanos los tenemos en Camarzana, El Piélago (Cimanes de la Vega), Villaquejida y tal vez en Abraveses de Tera (Virgen de la Encina) y Los Villares (Villanueva de Azoaque).

Sea como fuere, la denominación de este enclave como Castroferrol, pone en relación este lugar con un grupo de asentamientos bien conocidos: los castros, piezas fundamentales de la ordenación y jerarquización del poblamiento en los siglos X, XI y principios del siglo XII. En muchos casos se trata de sedes de demarcaciones territoriales, donde tenentes, merinos y sayones ejercían su jurisdicción como funcionarios regios. Como ha podido demostrar la arqueología, en buena parte de los casos, se trata de asentamientos altomedievales superpuestos a estructuras castreñas de épocas anteriores, incluso prehistóricas. Situados sobre cerros, y la mayor parte de ellos fortificados, eran también centros militares, que cumplían una función de defensa del territorio circundante, en cuyo espacio existían varias aldeas. Dentro del territorio integrante de lo que más tarde será el alfoz del concejo benaventano, existieron varios núcleos de población que merecieron la denominación de castros.

En primer lugar se debe citar, por su destacado protagonismo posterior, al propio Malgrad-Benavente, mencionado desde 1115 como Castro quod dicitur Malgrado. Además son identificables al menos otros cinco castra, citados de forma intermitente en las fuentes de la época: Camarzana de Tera, Mózar, Socastro, Ventosa, y nuestro Castroferrol. No podemos afirmar con certeza que todos ellos fueran sedes de demarcaciones territoriales, ni siquiera es factible definir con exactitud sus posibles circunscripciones, pero, al menos, nos ofrecen una visión general de las características del poblamiento en los valles de los ríos Esla, Tera y Órbigo. Como se ve, en general, se trata de lugares relativamente próximos entre sí, por tanto su posible área de influencia no sería muy extensa.

A partir de esta realidad inicial, surgió aquí un monasterio cuya historia se remonta al menos a la época de Bermudo II  (985-999). Estratégicamente situado en los accesos al valle de Vidriales en su conjunción con el valle del Tera, debió aprovechar los flujos de comunicación de la antigua vía romana que unía Asturica Augusta con Bracara Augusta a través de Petavonium, uniéndose precisamente en las inmediaciones con la Vía de Sanabria, un camino natural que remonta el curso del río Tera poniendo en contacto los valles zamoranos con el sureste de Galicia, a través de los puertos de Padornelo y La Canda. Su evolución resulta muy confusa al contar, como hemos visto, con una documentación extraordinariamente fragmentada y no del todo fiable en la transcripción. Parece ser que la villa de Castroferrol, donde se asentaba el monasterio de San Miguel, había sido anteriormente propiedad de un tal Hamedo. En un momento determinado Bermudo II tomó o confiscó a Galindo Enneguez la villa de Congosto en el Bierzo. Su hija María pidió al rey alguna compensación por lo que consideraba una injusticia, obteniendo a cambio esta  villa de Hamedo en Castroferrol. Más tarde, en 1015, María y sus hijos Galindo y Juan Cipriániz hicieron donación de esta villa, tal vez en agradecimiento, con todas su propiedades a los que allí morasen,  hermanos y hermanas, bajo la obediencia del obispo de Astorga.

La dotación es bastante sustanciosa y detallada, incluyendo objetos litúrgicos, vestimentas sagradas, libros, y bienes muebles e inmuebles, así como propiedades de la familia en Vidayanes y Araduey. La magnitud de la donación, acompañada de una extensa y solemne redacción documental, hace pensar en una fundación, o más bien de una refundación a partir de un centro anterior, tal vez el de San Salvador de Castroferrol del documento de 1006 donde se menciona a una abadesa Bendicta o Benedicta. El cambio de advocación no es un hecho inusual en el monacato leonés, teniendo en cuenta además las múltiples vicisitudes por las que solían pasar este tipo de instituciones. Debe tenerse en cuenta, además, que con frecuencia los monasterios contaban con más de una de estas advocaciones, y dentro de  ellas unas aparecen como principales y otras como secundarias. En el caso de Castroferrol, San Miguel aparece junto a Santa María en el diploma de 1015, denominación idéntica por otra parte al próximo monasterio de Camarzana de Tera.

Nos encontramos, pues, ante uno más de los numerosos cenobios que surgieron en el norte de Zamora en el período altomedieval. Su escaso rastro documental no permite establecer más conjeturas sobre su evolución posterior. Al igual que ocurriera con otras fundaciones mucho más sólidas como Santa Marta de Tera, San Pedro de Zamudia, San Miguel de Camarzana o San Adrián del Valle, este monasterio de San Miguel de Castroferrol también acabó incorporándose a los bienes de la mitra astorgana, hecho que debió precipitar su extinción como institución monacal. Sí vuelve a aparecer, en cambio, en los documentos Castroferrol. Hacia 1060 este lugar es mencionado como una de las villas y heredades que cayeron en manos de Diego Muñoz en la división de heredades de Osorio Fernández y doña Visclavara. En 1129 Castro Ferronnio es uno de los hitos del coto monástico de Santa Marta de Tera, confirmados por Alfonso VII, según fue fijado por su bisabuelo Fernando I. En 1170 Fernando II volvería a revalidar tales límites a través de un privilegio de confirmación.

Fundaciones monásticas en los Valles de Benavente (Siglos IX-XII)


Bermudo II, según el "Libro de las Estampas" de la Catedral de León

El viejo molino

Iglesia parroquial de Colinas de Trasmonte (Foto Luis Peral)

Mapa del área de Colinas de Trasmonte (Zamora)


APÉNDICE DOCUMENTAL


1


962, marzo, 1.

Rauper y si mujer, Mansuara, donan a Nuño Sarracíniz y a su mujer, Gudigeva, una viña en la villa de Castroferrol, junto al río Almucera, que habían comprado a Donelo, dando sus términos.

ED. E. SÁEZ, y C. SÁEZ SÁNCHEZ, Colección documental del archivo de la Catedral de León (775-1230), Vol. II (953-985), León, 1990, doc. 353.

(Christus) In Dei nomine. Rauper, una cum uxore mea Mansuara, uobis Nuno Sarraziniz et uxor uestra Gudigeua. Placuit nobis, propria nostra uoluntate, nullus quoque gentis imperio nec suadentis articulo, set propria nobis accesit uoluntas, ut faceremus uobis kartula donationis de uinea nostra propria que comparauimus de Donelo, et iacet iusta uinea de Iahia et in carrale, de alia parte, de termino de Amor, et per termino de Fortes, est arenzada in uilla Kastro Ferronio, prope riuulo Almuzara. Ita ut uos et omnis posteritas uestra firmiter obtineatis, et si uobis illa non obturgauerimus, uel posteritati uestre, pariemus uobis ipsa uinea duplata.
Notum die kalendas marcii, era Mª.
(Christus marginal, que se extiende a la 1ª col.) Rauper et Mansuara, in hanc kartula donationis, manus nostra (signa)
(1ª Col.) Andreas Galendez ts. Enegildus ts. Gumelli tes.
(2ª Col.) Christus marginal) Abrecan ts. Bonite ts. Fortes ts.
(3ª Col.) Christus marginal) Durabile ts. Xemenus ts. Velite ts.
(Al lado derecho, de arriba abajo) Petrus iscripsit (signum).


2


1006, junio, 26.

Oma Iuve, su hijo Veila y la esposa de éste, Gontrode, donan a la abadesa Benedicta y al monasterio de Castro Ferrol, situado junto al río Tera y en el territorio de Astorga, todas sus propiedades muebles e inmuebles.

AHN, ms. 1195B, f. 688r.-v.
ED. G. CAVERO DOMÍNGUEZ  y E. MARTÍN LÓPEZ, Colección documental de la catedral de Astorga, I, (646-1126), León, 1999, doc 200.Seguimos esta edición con algunas correcciones. La Era “decima quarta post millesima” recogida en esta copia, correspondería al año 976; pero esta fecha no se aviene con el reinado de Alfonso V (999-1028) y el obispo Jimeno (992-1028). Por tanto mantenemos la fecha que da el extracto del ms. 4357 de la Biblioteca Nacional, esto es 1006. 

Sub trino nomine videlicet uno Patris et Filii et Spiritus Sancti, gloriosus in Deo fortissimus donus beatus patronus nostri Sancti Salvatoris ceterum Christum testium in cuius honore dedicata est ecclesia et continentium fratrum vel sororum iugum et ibidem domina Bendicta abbatissa portentibus monasterium qui est fundatum sub urbis Astorica, locum predictum et nominatum vocantem que dicitur nominibus Castroferronio, iuxta aquis currente vel flumine Teira, salutem in Domino, amen.
Ego Oma Iuve, una pariter cum filio meo Veila et usor mea ego Gontrode, crimina pregrauatum copia peccaminum oppressus nihil confido oprobiis exceleritis eluere atenendas excelerorum maculas nisi qui per intercesionum qui ibi sunt recondite dum vero expiatum ad propium reatum. Obinde ego Oma Iuve et ego Veila et ego Guntrode per stipendia pauperum, fratrum vel sororum et ibiden qui in ipso domus domini cotidianis diebus seruire videntur pro remedium animas nostras et de parentibus nostris damus atque contestamus nostra hereditate in Castro Ferronio, damus uobis atque concedimus cortes, cassas, vineas, terras, pratis, paschuis, padulibus, montes, fontes, sotos, ferraginales exitum accesum vel regresum arruptum vel inruptum, molinarias, piscarias, aquis correntibiles, arbores, fructuosas, linares, terras, bearrales, omnia ganatu, vel facultatem caballus, obes, vobes, panus, vestitus, vestimenta, argento, ferreo, lineo, laneo, palleo, insas, cathedras, omnia basilia nostra hereditate vel facultate movile ubi illa potueritis pervenire eorum iure dominantium loci ipsius sedeant stabilita per secula cuncta. Seu etiam qui in hunc locum domus diu et patronus nostre in uita sancta perseuerauerit et in angone Dei certauerit perpetue tempore deueat uindicare. Siquis contra hanc nostram confirmacionem veterit aut que cognauerit quo de iuratione confirmamus imprimis careant lucernis que ultricius crementur cum qui in diebus examinis cum tartaris lugeant penis.
Et si aliquis homo isto scriptum titule series testamenti inrumperit aut nos aut filiis aut neptis progenie sanguinis nostre vel nostris propinquis non permaneat suo iure nec aceptum in suo corpore derectatum sedeat de portas vel ianuas paradipsi sit non subenia ille in votibus nenuatione nec clamore non de die neque de nocte neque elemosina sed sedeat maledictus et acladimatus sicut est maledictus Datan et Abiron qui illos terra uiuos absorbuit et escomunicatus permaneat a fide catholica et participio habeat cum Iuda traditore in eterna dapnatione et insuper pariet post partem ecclesia auri talenta II iudicio publico sub regiam potestatem detestamus et hunc nostrum factum plenissimum augeant firmitatem et roborem per secula cuncta.
Factum scriptum tituli series testamenti notum die quod erit VI kalendas julias era decima quarta post millessima.
Regnante domino vel principe nostro magno atque mirabilem domino ac benerabilem glorioso cultore Dei magnifico Adefonsus rex vel pontifici Leoni sedis. Sub ipso domino gratia rex imperator dominus Jimenus episcopo in hanc testamento nostre in cibis Astorica.
Ego Oma Iube et Veila et Gontrode in hoc scriptum tituli series testamenti manus nostras roborauimus.
Sesnandus, presbiter, confirmat. Aduarius, presbiter, confirmat. Onegildo, confirmat. Frater Gaudio confirmat. Frater Martino confirmat. Doña Auro testis Doña Eilo. testis.
Alia Oma Iube, testis. Donna Juliana, testis. Fermosa, testis.


3


1015, enero, 22.

María y sus hijos, Galindo y Juan Ciprianiz, entregan el lugar de San Miguel Arcángel de Castroferrol con su monasterio, junto a los ríos Tera y Almucera, a los hermanos y hermanas  que convivieran allí bajo la obediencia del obispo de Astorga, indicando todas sus propiedades muebles e inmuebles.

AHN, ms. 1195B, ff. 686v.-687r.
ED. G. CAVERO DOMÍNGUEZ  y E. MARTÍN LÓPEZ, Colección documental de la catedral de Astorga, I, (646-1126), León, 1999, doc. 214. Seguimos esta edición con algunas correcciones.

Sub diuino Christi imperio et opificis rerum qui unus in Trinitate extat colendus et adorandus qui in principio cuncta creavit formavit que omnia in cuius honore edificatus est arcisterio Sancti Michaeli archangeli et Sancta Maria semper virginis vel sanctis qui in ipso loco reconditae sunt, bocabulum villa quod dicent Castroferronio, discurrente ribulo Teira et de alia parte Almuçara, et fuit ipsa villa de Hamedo et presit rex domno Beremudo ad Chalindo Ennegez in Bergido villa que dicent Congosto, et tenente illa in suo juro lebauit de filia de Galindo Ennegez, nomine Maria cum auia sua donne Aurie, et fuerunt ad pedes de ipse rex ad sugirendum pro ipsa villa Congosto et videt ipse rex quia per in inustitia tenebat eam dedit pro illa in Castroferronio villa de Hamede per cartula contramutationis ubi ipso monasterio nuncupato edificatum est. Obinde ego exigua famula Dei Maria et filiis meis Galinos Ciprianiz et Joanes Ciprianiz in domino Dei filio sempiternam salutem amen. Licet omnia quae in hunc mundum generunter a domino Deo qui cuncta creavit unusquisque in mundo eius que accepit ex hoc complauat puro oblationis instinctum et per unus edem que futura cumulet praemia per quod praesentia dispensa digna. Unde et propter talibus satagens operibus dum vota atque donaria sua et populus ismaeliticus dedicare dicebat: Tua sunt Domine omnia et que de manu tua accepimus dedimus tibi. Ubi cum sub voce orationis ac predicationis sub iure serie diem. Presta Domine ut semper in veneratione tua mens ista permaneat ad nos quae sumus futura tempora illius potestas eiusdem bonis operibus debotione transmisit et tali emolumento corda sub sequentia ad dependenda semper donaria domino confirmamus id circo beneficium nostre Saluatori semper neminens sua que misericordia in nos semper vigente que nobis in multa ad cumulat prospero et dextera manum prodrigentis nobis non morentibus genera cordis nostri. Curbamus ex profundo mentis attolimus ut que damus illi dependere famulatum unde mereamur presenti melioris meritum proficiscere et pro electores prouitare interesse his et talibus prebenti oraculis pro id ut mereamur vestro sanctoque sufragio almi nostris Dei ad cunctorum nostrorum nexibus ad solui prenminum et desiderate vita stadium placitum percurrere possuit idem offerimus pura mentis et confirmare statuimus sitienti desiderio arae sancto altario vestro iam dicto, quod in hoc reserare cupiemus domum et quidem concedimus atque ultronei offerimus gratis litamus parba ex multa ad deo nobis dedicata et ut reatum semper maneat confirmata, in primis damus atque concedimus sacro sancto altario vestro necnon et vobis quam hunc locum commorarentes fueriter monachorum vel sororum ad vine peregrini qui in vita sancta perseuerauerint sub manus pontificium qui in sedis Astorice deduxint qua mihi deo iubante ex araro volumus ubi tuos uernantes dextera dei manus monachorum vel ancillarum continentum choro sub regula tramite mortificatis carne solo spiritum vigente dimicantes et contra omnem nequitiam decertantes propter eorumdem ab monia et pauperum etiam studium atque propsilitorum refrigerint vel hospitum adventatitium vobis iam dictis seu congregatio qui ibidem in vita sancta sub regulari monastica vitam deduxerint vel etiam qui servitium et obedientia ad pontifex Astorice fuerint, confirmamus ipso loco Sancti Michaelis archangeli vel reliquorum martirum qui hunc locum reconditae sunt domus, cum edifficibus suis qui in loco sunt seu et fores vineas, pomiferas, pratis, pascuis, padulibus, exitum vel regressum, aquis, aquarum vel sexicas molinarias quantum ad prestitum hominis potueritis in venire in ipsa villa per suis terminis et locis antiquis [...]secundum nos illam obtinuimus in nostro iure vel proplicare potuerimus usque obitum nostrum ex omnia integro contexto offero etiam idem hornatum ecclesia crucem capsa atque corona calicem et patenam sino metali iuxta monentia monachorum vel ancillarum dalmaticas, casullas ligneas atque scricias tunicas sacerdotum vestimenta altaris, libros pro remedio animae, vestimentum fratrum vel sororum, bobum et vacarum, obium cepimus et pe suffragium Dei curabimus id sunt aurum argentum, lana, linei, syricum quidquid de inceps ab hac etiam die pro honorem Sancti Michaelis archangeli vel sociorum eius martirum ibidem impleuero tam mulos, cauallos, equas, alipes usque ad extremum carnis meae resolutionis tam qua habeo vel cum Dei adiutorium usque obitum meo aumentare potuero mea ratione ex integro texto foras posto villa de Veiga et Vidalianes et Aradoi qui sunt de meos filios Galindo Ciprianiz et Joanis Ciprianiz ut teneant illas in sua vita et si ad ora eis mors venit que sine uscores sedeant quae ipsas villas quae serbant ad ipsum locum sanctum quod super taxatum est ubiego meo exarata ex consentione nostram stabilita post partem humilium pauperum quibus solicitum est in sancto Israel.
Si quis aliquis homo filiis neptis propinquis vel sanguinibus nostris qui hunc factum nostrum ausum fuerit infringere deleat illas dues de libro vitae ut in futuro tempore iudicii per suffragio altissimi et intercessum confesorum virginum careat siue iudicis ultio et anime longue fuit perditorum confesio quisquis in temporem cum pontificium culmen dux enitens hac nostra monita prouitens custodies cuncta afirma iusserit in cunctis fulget ipse ante Deum quod sit nec sita aut sponte convellerit ista maneat obnoxios in scelere donec converlat ad brauo atenere pugnis tundes pectus dicens monacam quod si perdurauerit maledicta sit pane eius in terra et a Christi corpore maneat segregatus et omnis consentiens sit mili pena multetur fuit a requiem illlus vermibus antra inferni rursus illius lugeat quod delicuit et incipiet operauit promptum mundano et ut sacri canone pariet quantum offere misus fuit de eius eclesiasticum duplatum et post partem regis auri libras tertias spoliatum trina admitat celestia ut hic habeat initio penarum et illuc perfectio tormentorum nobis autem fiat fecit, et sic extraneus ad sancta sacra comunione et habeat portione cum Iuda traditore in eterna dapnatione sit anathematum anathema marenata sic condenatus quos continuo absorbeatur iatu et hanc series testamentum olenum obtineat firmitatem.
Facta series testamenti undecimo calendas februarii, era quinque decies et IIIa super decies centena.
Ego Maria et filiis meis Galindo Ciprianiz et Joanes Ciprianiz in hanc testamenti quod fieri voluerimus et relegendo cognouimus, manus nostras roboravimus.
Domina Odrocia, mater eius, confirmat. Sub Christi nomini Xcemenus, Dei gratia episcopus confirmat. Petrus Pinioliz, confirmat. Elinus abba, confirmat. Cidi Abzeidiz, confirmat. Ordonius Ansuriz, confirmat. Martinus Fredinandiz, confirmat. Abba confirmat. Hauiue, abba, confirmat. Dominicus, presbiter, quos vidit. Fagilus presbiter confirmat. Diusandus, presbiter, confirmat. Menendus presbiter, confirmat. Citi, presbiter, confirmat. Joanes, presbiter, confirmat. Godinus, presbiter, confirmat. Saluator, decanus, confirmat. Dominicus, presbiter, confirmat. Velliti Martiniz, confirmat. Sadruis monachus de Astorice id sit habitantes de Castroferronio.
Frater Joanis, testes. Veila, testes. Absub, testes. Evite Monde, testes.  Muza testes. Gundisaluo, testes. Hauiue, testes. Nazarus, testes. Amorum testes. De Astorice id sunt: Froila Dominguez testes. Dominico Gunterreguiz testes. Bellite Flainiz testes. Anaia Vimarez testes. Salaman testes. Vellite Saluatoriz testis. Citi Vicoya testis.
Ciprianus confirmat, scripsit.


martes, 19 de octubre de 2010

Retazos de pergamino viejo - El Beato de Osma y el monasterio de Carracedo

1. Mapa mundi del Beato de Osma (fol. 34v.-35r)

El llamado Beato de Osma es un valioso códice que recoge los célebres Comentarios al Apocalipsis atribuidos tradicionalmente al presbítero Beato de Liébana. Se custodia en el Museo Catedralicio y Diocesano de Burgo de Osma, instalado en dependencias del entorno del claustro. Es, indudablemente, la joya más preciada de la catedral.

Las medidas del libro son 360 x 255 mm. Consta de 166 folios escritos en letra visigótica a dos columnas de 43 líneas. Conserva 71 miniaturas, de entre las cuales la más difundida internacionalmente es la famosa representación del mapamundi a doble página en los folios 34v-35r.

Con el propósito de ilustrar la dispersión geográfica de los apóstoles por todo el ecumene, o mundo conocido en la Antigüedad, se incluyó en los Beatos un mapamundi derivado, en buena medida, del cartograma isidoriano. En él se mostraban las sortes apostolorum o lugares donde los discípulos de Jesús habían predicado. El reproducido en el códice de Osma es uno de los más completos que existen. Su forma es circular, con un Paraíso regado por cuatro ríos y el busto-retrato de los doce apóstoles. Cada uno de ellos está asentado sobre su presunto lugar de evangelización, acompañado de un rótulo identificativo.

La geografía de la Península Ibérica es especialmente detallada en la región de la "GALLECIA", sin duda recuerdo de la antigua provincia o circunscripción romana y altomedieval de la "Gallaecia". La figura de Santiago el Mayor, "S. Iacobs aps.", se asienta sobre un santuario en las proximidades de lo que se entiende es el faro de La Coruña, "Faro". Los ríos Miño, "F. Minneus", y Duero, "F. Durius", y el territorio de Asturias, "ASTURIAS", son otros de los referentes espaciales.

El manuscrito parece ser obra de varias manos. En el folio 138v. suscribe cierto clérigo de nombre Pedro: "Memento mei Petrus clericus scripsit", mientras que en folio 163, bajo la omega final, comparece un tal Martín o Martino: "Martini peccatoris mementote". Este último personaje se ha venido identificando con el iluminador, aunque sin mucho fundamento. La data se consigna en el folio 10v. "IN NOMINE DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI INCIPIT LIBER APOCALIPSIN QUOD INTERPRETATUR REVELATIO CHRISTI. ERA MCXXIIII" (año 1086).

Nuestro Beato pertenece a la denominada Familia I de la tradición textual, al igual que ocurre con otros textos relacionados con él como el Beato de Lorvao -datado éste en 1189- o dos folios de un Beato de la segunda mitad del siglo XII conservados en el Archivo Histórico Provincial de León.

Sobre el lugar de producción y el paradero anterior de este singular códice existen muchas especulaciones. A finales del siglo XIII o principios del siglo XIV debía estar ya en Osma, pues en un inventario de libros y documentos de esta época se mencionan "unas ystorias eclesiasticas e un apocalipsis toledano". Igualmente, en el vuelto del folio 165 de nuestro manuscrito existe una anotación en letra de la segunda mitad del siglo XIII: "Apochalipsis est de armario Oxomensi. Si quis eum furatus fuerit vel alio modo de eo extraverit sine licentia conventus vel hc. totum deleverit anathema sit".


Detalle del Mapa mundi con la descripción de "GALLECIA"

 La mujer y el dragón (fol. 117v.)

A partir de los estudios de Shailor se ha propuesto últimamente el scriptorium del monasterio de los Santos Facundo y Primitivo de Sahagún como el responsable de su escritura e iluminación: "Hoy, sin embargo, es claro que su formato físico, escritura y ornamentación apuntan incontrovertiblemente al monasterio leonés de Sahagún como lugar de origen". Esta adjudicación ha sido también asumida, con algunas matizaciones, por John Willians, J. A. Fernández Flórez y Joaquín Yarza Luaces.

Sin embargo, en el folio 165r. nos topamos con el contenido de dos documentos directamente relacionados con el monasterio de Carracedo. Por una parte el fragmento final de una Bula de Inocencio III fechada a 22 de noviembre de 1203. Por otra, una carta, sin fecha, de Don Lope, obispo de Astorga (1190-1205), dirigida al abad y monjes de dicho monasterio: "Astoricensis ecclesie episcopo dilectis in Christo filiis abbati et fratribus de Carrazeto". Ambos diplomas están relacionados con la sujeción del monasterio berciano a la observancia del Císter y están recogidos en el llamado "Cartulario de Carracedo".

Carracedo durante la segunda mitad del siglo XII se había convertido en cabeza de una congregación con numerosas filiales en León, Galicia, Asturias y Zamora. Hacia 1203 esta congregación ingresará en la orden francesa del Císter a través de Citeaux, cambiando sus antiguos hábitos negros benedictinos por los blancos cistercienses, y mudando su anterior nombre de San Salvador por el de Santa María de Carracedo. De este momento se conserva abundante documentación, entre ellas varias cartas de Inocencio III fechadas en 1203. El primero de los textos copiados en el Beato de Osma es parte de un diploma bastante más amplio originalmente y que incluía la confirmación de todas las heredades del monasterio.

Diplomas de Carracedo copiados en el folio 165r.

A partir de la presencia de estas cartas se ha supuesto por algunos autores, como Ramsay o Neuss, su confección en el cenobio de la ribera del Cúa. Sin embargo, son varios los inconvenientes serios de índole histórica que plantea esta hipótesis. El monasterio de San Salvador Carracedo, fundado por Bermudo II en torno al año 990, pronto perdió pujanza tras la muerte del rey y atravesó un periodo de casi total oscuridad hasta su refundación en 1138 por Alfonso VII y su hermana doña Sancha. De todo ello es fiel testigo el registro de documentos del Índice o Cartulario de Carracedo. Estos pormenores parecen no haber sido tenidos en cuenta por los estudiosos del códice.

La última donación conocida al monasterio es de 995, y partir de entonces son muy raras las menciones en la documentación de la época. Yepes cita algún diploma de 1030 que indicaría su pervivencia, pero todo apunta a que la vida monástica o bien había desaparecido o languidecía. En 1094 unas heredades en Corullón se deslindan con "término de Carrazedo", según un diploma de la Catedral de Astorga.

Como han puesto de manifiesto José Antonio Balboa de Paz y Manuel Carriedo Tejedo, otros documentos coetáneos mencionan simplemente la existencia aquí de una villa, sin ninguna alusión a la comunidad de monjes. Tampoco contamos con datos fiables sobre posibles o supuestos abades, no habiendo más que especulaciones al respecto.

Lo cierto es que las noticias sobre el claustro berciano se difuminan entre 1040 (fecha de la última donación conocida a favor de San Salvador), y el año 1130 (cuando se menciona el infantado de Carracedo). Entre ambas fechas una mención en 1126 nos presenta actuando en Carracedo una autoridad civil: “Petro Garcia, tenens Carrazeto”.

Sobre el diploma de 1040 tampoco hay total seguridad, pues hoy no se conserva y sólo Yepes alcanzó a glosar su contenido en el siglo XVII. Se trata de una donación por el obispo astorgano Sampiro de la villa de Sorribas en la que se cita un abad de nombre Esteban. En 1130 con motivo de la entrega por Alfonso VII a la iglesia de Santiago de la villa de Cacabelos, confirma, entre otros, la infantisa doña Sancha: “Ego infantissa domna Sancia ... confirmo et quicquid in prefata villa habeo pos partem de infantatico de Carracedo”. Esta noticia es anterior, en cualquier caso, al traslado de los monjes de Santa Marina de Valverde a San Salvador de Carracedo, al frente del abad Florencio, con el patrocinio de Alfonso VII, según sabemos por un diploma fechado el 17 de octubre de 1138.

Sala capitular de Carracedo

En tales circunstancias resulta muy remota la posibilidad de que en este lugar pudiera haberse compuesto en 1086 un códice de la envergadura y la calidad del conservado hoy en Burgo de Osma.

Otra cosa son las razones por las que las mencionadas escrituras fueron incorporadas al beato oxomense. En la descripción del códice hecha en 1929 por Timoteo Rojo Orcajo  hacía ya constar que el folio 165 fue puesto como guarda del manuscrito, es decir, no pertenecía orgánicamente a ningunos de los cuadernillos.

Si cotejamos los textos de dicho folio 165r con los documentos correspondientes del "Cartulario de Carracedo" resulta evidente que estamos ante una copia incompleta hecha en fechas cercanas a 1203 y que, por tanto,  faltarían al menos o uno dos folios más. Todo apunta que el folio es cuestión fue reaprovechado como guarda, desgajándole previamente de un bifolio o un cuadernillo con más páginas.

A partir de estas premisas las posibilidades se multiplican. Puede tratarse de un simple "pergamino viejo", uno de tantos, reutilizado en alguna reencuadernación del manuscrito en Osma o en cualquier otro lugar. Pero tampoco puede descartarse totalmente la estancia en los anaqueles de la biblioteca de Carracedo a partir de mediados del siglo XII.

Podría haber sido adquirido entonces por la recién renovada abadía, o haber recalado aquí desde cualquiera de los monasterios filiales de su orden, varios de ellos con historia conocida en la segunda mitad del siglo XI. Otra posibilidad es que estuviera prestado temporalmente para la realización de una copia. De hecho, el Beato de Lorvao parece ser una copia del códice de Burgo de Osma, o bien ambos textos proceden de un mismo arquetipo. Igualmente, los dos folios sueltos de un Beato procedente de Astorga, hoy en el Archivo Histórico Provincial de León, tienen alguna relación iconográfica y codicológica con los ejemplares de Osma y Lorvao.

Portada occidental de la iglesia del monasterio

Cuando Ambrosio de Morales visitó la biblioteca de Carracedo en el siglo XVI advirtió que una gran parte de sus ejemplares antiguos se habían enajenado: "Libros han tenido muchos, y hanlos dado para pergamino viejo: todavía quedan estos: Sancti Paterii Opus: ex operibus D. Gregorii. Berengarius in Apocalypsim. Un santoral muy bueno, que tiene al cabo la Historia de Paulo Diácono de Mérida, y también las Obras de Valerio, que fue Abad allí en el Vierzo, poco después de la perdición de España: y en Oviedo se ha dicho ya como había allí también sus obras".

Lo que es indudable es que en la segunda mitad del siglo XIII nuestro Beato ya pertenecía al capítulo de Burgo de Osma, según consta del texto copiado a la vuelta de ese mismo folio 165. Sabemos, además, que la catedral de Osma adquirió varios códices procedentes de la abadía navarra de Santa María de Fitero.

En cualquier caso, la catedral estaría interesada en adquirir un Beato, obra de un gran prestigio dedicada expresamente por el autor a un obispo suyo, Eterio de Osma, todo ello a pesar de que para entonces la letra visigótica estaba ya totalmente en desuso. Prueba de ello es la descripción inserta en el primer folio del códice: "Explicación del Apocalipsis por varios autores. Esta exposición es de S. Beato de Liébana, abad de Liébana (Cantabria) famoso por haber combatido juntamente con Eterio, discípulo de S. Beato, obispo de Osma, los errores de Félix (obispo de Urgel fue convencido de error y murió en 818) y Elipando (arzobispo de Toledo, que murió contumaz en 808)".

martes, 5 de octubre de 2010

Memorias del “Conventico” - El Priorato de San Salvador de Villaverde

Vista de la casa prioral, con restos de un sarcófago en primer plano

El valle de Vidriales es uno de los territorios del norte de Zamora que mayor interés despierta para el conocimiento del poblamiento medieval. A su conocido pasado romano y, muy probablemente, visigodo, hay que añadir un interesante episodio altomedieval en torno a los monasterios de Ageo y Castroferrol.

El presente artículo pretende ofrecer una aproximación un pequeño cenobio enclavado en el centro de este valle. Se trata del monasterio de San Salvador de Villaverde de Vidriales. Una fundación prácticamente olvidada hoy, pero que cuenta con una historia ciertamente azarosa y evocadora.

Su dominio patrimonial no debió sobrepasar más que ocasionalmente los contornos de este estrecho valle zamorano. Sin embargo, destacadas instituciones, como el monasterio de Sahagún, el francés de Cluny, o representantes de los más encumbrados linajes del reino, como los Pimentel, fijarán su atención sobre este pequeño centro de culto.

A diferencia de otros cenobios desaparecidos en épocas remotas, su localización no ofrece duda alguna, al haberse mantenido su actividad prácticamente hasta el siglo XX, y conservarse aún las ruinas de su pequeña iglesia, así como una parte significativa de sus dependencias.

El pago se encuentra en medio de los campos de cultivo que separan Santibáñez de Vidriales y San Pedro de la Viña, en término de este último pueblo, siendo conocido por los lugareños como “El Conventico”. El paraje describe una suave ladera hasta encontrase con el arroyo de La Almucera, principal curso fluvial colector de toda la comarca, con la Sierra de Carpurias al fondo dominando el horizonte. Se sitúa prácticamente en el centro del valle, muy próximo al antiguo campamento romano de Petavonium, en Rosinos de Vidriales. Estaría localizado, por tanto, junto a la calzada romana que unía Asturica Augusta con Bracara Augusta, una vía que durante Edad Media mantendría parte de su antigua vitalidad como eje de comunicaciones y camino de peregrinación.

No se conocen con certeza cuáles son los orígenes de este monasterio. Su primera mención procede de un diploma de los fondos del monasterio de Sahagún del año 1100. Para entonces el cenobio está ya bajo el control de Alfonso VI, pero el documento nos informa que había pertenecido con anterioridad al conde Munio Fernández, tal vez su fundador, con lo que su historia conocida se remontaría al menos a la segunda mitad del siglo XI.

La fundación debió realizarse sobre una antigua villa o explotación agraria preexistente conocida como Villa Verde. Parece claro que desde sus orígenes el sostenimiento del lugar estuvo vinculado a la explotación de esta villa, en la que existía -no sabemos si también desde un principio- un contingente de campesinos dependientes.

En el mencionado documento del año 1100, Alfonso VI relata como disfrutando de la posesión del cenobio el conde Munio Fernández, pasó a manos del rey, según la costumbre del reino dada la “soberbia” del conde, que le hizo padecer destierro. Debió tratarse, por tanto, de una confiscación muy al uso en la época, fruto de la denominada ira regia. Munio Fernández no debe confundirse con otro magnate homónimo asiduo en los diplomas leoneses de finales del siglo X, y también inmerso en rebeliones contra la monarquía, en este caso contra la persona de Vermudo II. El Munio Fernández que nos ocupa debió ser un noble de menor entidad, pues ha dejado un escaso rastro documental. Estuvo casado con Aldonza Gómez, hija del conde Gómez Díaz y Teresa Peláez, y hermana de Elvira y Mayor Gómez, a quien su lauda sepulcral llama también cometissa. De este matrimonio conocemos a una hija: Elvira Muñiz.

Posteriormente, el rey entregó el monasterio a su esposa, la reina Berta, que se ocupó de su administración. Pero fallecida la reina y enterrada en el monasterio de Sahagún, al monarca lo entregó al gran cenobio benedictino, con quien le unía una estrecha vinculación. La donación incluía también una solemne disposición sobre la obligación de los nuevos propietarios de proporcionar recursos a trece pobres para mantener perpetuamente viva la memoria de Alfonso VI y de su difunta esposa.

Fallecido el monarca, la condesa doña Aldonza, viuda del conde Munio, reclamó sus derechos sobre el pequeño monasterio a la reina doña Urraca. La reina, a instancias del obispo de León que debió actuar de mediador, reconoció que su antecesor había sido mal informado y, considerando legítimas sus pretensiones, restituyó la posesión en fecha no concretada. Poco tiempo después, en 1112, la condesa decidió entregarlo, con todos sus derechos y pertenencias, al monasterio de Cluny y a su abad Poncio. Dadas las estrechas relaciones mantenidas entre Cluny y Sahagún a finales del siglo XI y principios del siglo XII, esta donación tiene más bien la apariencia de un compromiso que satisfaría a todas las partes implicadas en el asunto.

Con el tiempo Villaverde volvió de nuevo al control efectivo del monasterio de Sahagún, aunque no se cuenta con información sobre cuándo ni cómo. Es entonces cuando el cenobio debió adquirir la condición de priorato, uno más de la larga lista de filiaciones con que contaba el cenobio de la ribera del Cea. En cualquier caso, la vinculación entre Villaverde y Cluny debió mantenerse de alguna forma, bien fuera de una manera orgánica o puramente nominal, pues incluso en el siglo XVI se sigue denominado en los diplomas como San Salvador de Villaverde de Cluny.

Desde principios del siglo XV el monasterio de San Salvador de Vidriales comienza a entrar en la órbita de los Pimentel. En un principio, las relaciones se limitan a acuerdos o transacciones patrimoniales. Así por ejemplo, dos de los lugares del priorato: Sandín y Valleluengo, son objeto de un cambio entre el prior de Villaverde, fray Juan de Calzada y don Rodrigo Alfonso Pimentel, II Conde de Benavente, formalizado el 26 de marzo de 1428. A cambio el monasterio recibió una heredad de cinco yugadas en Bercianos de Vidriales, aldea de la jurisdicción de Benavente, de la cual se obtenían 35 cargas de pan.

Escalona atribuye a don Rodrigo Pimentel, conde de Benavente la entrega por Sahagún de la encomienda del priorato, justificándolo en las “turbaciones de Castilla”. Según este autor “este señor se levantó con él y sus haciendas y derechos que eran muy notables”. Isabel Beceiro supone que este Rodrigo debe corresponderse con el segundo titular del condado: Rodrigo Alfonso Pimentel, y no con el cuarto homónimo como pudiera darse a entender, pues dicha encomienda figura entre los bienes del tercer conde: Alfonso Pimentel. Los derechos del priorato incluían en este momento “el padronadgo a presentar en los beneficios de Minçereces e de Aguilar y Olmillos e de Santa Marina de Xamontes e de Santisteuan de Olmos que son en la dióçesis de Astorga e de otros beneficios e rentas eclesiásticas e siempre touo derecho de apresentar a ellos”.

Fundaciones monásticas en los Valles de Benavente (Siglos IX-XII)

Fachada principal de la casa prioral

Fachada principal de la casa prioral

Fachada trasera
Interior de la casa prioral

Capilla

Espadaña de la capilla

Vista de la casa prioral desde la parte trasera

Veleta sobre la espadaña

Entrada a la capilla

Interior de la capilla

Interior de la capilla

Una de las ventanas de la capilla

Restos de un sarcófago

Vista de la finca

Capilla

Las denuncias de abusos y usurpaciones motivaron el inicio de un largo pleito a instancias del monasterio de Sahagún desencadenado a partir de 1478. Las consecuencias de este proceso dieron un rumbo totalmente nuevo al destino del pequeño priorato.

Es 1510 cuando el papa Julio II nombra prior a Juan Pimentel, que además disfrutaba de la encomienda. Su apellido delata su emparentamiento con la familia condal, al parecer sobrino del V conde. Este noble tomó posesión del pequeño priorato el 3 de mayo de 1510 a través del clérigo Gonzalo de Magaz, su representante legal.

Pocos días después, el 8 de mayo de ese mismo año, el propio Juan Pimentel, ratificaba la posesión en un acto solemne celebrado en el monasterio de Nogales. Sin embargo, el monasterio de Sahagún no se dio por vencido y siguió pleiteando ante la curia romana en defensa de sus derechos.

Pero en 1525 se produjo una inflexión decisiva, que decantó definitivamente el asunto hacia los intereses condales. En esta fecha el papa Clemente VII anexionaba el priorato de Villaverde al Hospital de la Piedad de Benavente, recientemente fundado por el V Conde, Alfonso Pimentel y su mujer Ana de Hererra y de Velasco. Según se deduce del documento pontificio el V conde consiguió de su pariente, Juan Pimentel, que hiciese renuncia de la encomienda del mismo en manos del Papa Clemente VII y este a su vez, por súplica del conde, lo mandó agregar al Hospital de la Piedad. Esta unión llevaba consigo la obligación mantener en la iglesia prioral dos monjes o presbíteros seculares para atender el culto y las misas diarias.

Las protestas de Sahagún apenas consiguieron conmover la línea marcada por Roma. Finalmente en 1544 la curia romana pronuncia sentencia en la que se condena al monasterio de Sahagún a perpetuo silencio, y se declaran válidas las anexiones. El monasterio leonés se vio obligado a abonar 60 ducados y 4 florines de oro en concepto de costas del proceso. Por su parte, el hospital pagaba cada quince años, en compensación por dicha agregación, las contribuciones correspondientes a la Santa Sede. El Libro Becerro del Hospital de la Piedad de Benavente registra en su contabilidad los asientos correspondientes a estos dispendios. En el siglo XVIII la suma global, los llamados quindenios, ascendía a 2000 reales, más 460 reales en concepto de gastos de cobranza y desplazamiento.

La trayectoria de San Salvador de Villaverde corre desde entonces paralela a la del Hospital de la Piedad. Durante los siglos siguientes el priorato siguió ampliando su patrimonio en el valle de Vidriales. En el siglo XVIII sus rentas se extendían por los lugares de Jamontes, Micereces, Valderas, Requejo de la Polvorosa, Vecilla, Mózar, Burganes, Olmillos, Navianos, Aguilar, Abraveses, Sitrama, Colinas, Granucillo, Granucillino, Cunquilla, Bercianos, Tardemázar, Santibáñez de Vidriales, Calzada, Uña y Letrillas.

Sin embargo, la vida languidecía en el pequeño centro religioso. En 1752 se mencionan los dos capellanes que ejercen sus funciones en la “Casa del Priorato”: Pedro Mateos y José Castaño. A mediados del siglo XIX Madoz indica escuetamente que en él ejercían sus funciones únicamente dos sacerdotes nombrados por el conde de Benavente. Esta actividad, casi vegetativa, se vino manteniendo hasta bien entrado el siglo XX.

Los dos religiosos residían aquí con el único compromiso de atender sus obligaciones de culto, fundamentalmente misas, según una tradición secular reglamentada por los Condes de Benavente. Además oficiaban otros servicios religiosos requeridos ocasionalmente por los lugareños. La actividad debió extinguirse definitivamente cuando el Hospital de la Piedad de Benavente pasó a ser Asilo de Ancianos, si bien la fundación que administra sus bienes sigue conservando los derechos de propiedad de la finca en la que encuentra el priorato.

Fuente romana de San Pedro de la Viña

Detalle de la fuente romana

Detalle de la fuente romana

San Pedro de la Viña