lunes, 21 de septiembre de 2009

55.666 - El "Gordo" en Benavente en 1949

Íñigo, mozo de cuerda nº 2, también conocido como "el maletero del Hotel Mercantil," mostrando una participación junto al Banco Central, en la Plaza de Santa María

Corría el 22 de diciembre de 1949, jueves de mercado en Benavente. A las diez de la mañana una villa "de provincias", sumida en las estrecheces y las miserias de la postguerra despertaba súbitamente del anonimato para saltar a la primera plana de todos los periódicos nacionales y las emisoras de radio. El "Gordo" de la Lotería Nacional había caído en las oficinas de Correos de Benavente, entonces en la calle de Santo Domingo, esquina con la Plaza del Mazo.

Los diarios "Imperio", "ABC" y "La Vanguardia" en su edición del día siguiente, 23 de diciembre, dedicaron generosos titulares a la noticia y dejaron en sus páginas interiores amplia información sobre los pormenores del acontecimiento. Viene a este Blog un resumen de lo publicado en aquella fecha. A su interés puramente periodístico une su valor sociológico, pues estos recortes de prensa nos hablan de las inquietudes y el imaginario colectivo de aquella España del estraperlo y la autarquía. Un país sumido en la crisis y el aislamiento, todavía a años luz de las nuevas corrientes imperantes en Europa:

Diario "Imperio", 23 de diciembre de 1949

Portada del diario "Imperio" del 23 de diciembre de 1949

BENAVENTE.- (De nuestro enviado especial, Tim).

¡Lluvia de dinero sobre Benavente! Figúrense ustedes cómo estaría la ciudad de los condes en jueves, mercado de Navidad y con 22 millones y medio de pesetas para repartir en cantidades que, en la mayoría de los casos, están al filo de los 20.000 duros. Me habían dicho que el comercio estaba cerrado, que el jolgorio se extendía por calles y plazas, pero esto no es cierto. Benavente se ha comportado ante esta quimera del oro como una ciudad seria, responsable y, por sobre todo, como un pueblo próspero que sabe manejar los billetes de Banco. Las gentes estaban alegres, desde luego, pero cada cual seguía en su puesto de trabajo en espera de cobrar, momento bien cercano, por cierto.

Así, mi primer contacto con un afortunado se produce en el momento en que pongo el pie en tierra, Cesáreo Alonso: me conoce de la Vuelta Ciclista a la provincia, me ofrece enseguida un puro, “Fúmeselo a mi salud”. “Hoy son gratis”. Tengo que aclarar que Cesáreo es “Cerillas” del Café Imperial y que le han correspondido 15.000 duros. En, el mostrador está el barman, Solís, muy conocido en Zamora. El hombre tiene cara de circunstancias y la cosa no es para menos. Hace unos días rechazó varias participaciones y se ha que dado sin “linda”, al igual que otros compañeros de la Casa. Parece que les llevó boletos un cartero que iba con cuatro copas de más a quien echaron del establecimiento con cajas destempladas, cosa que se repitió en otros bares. ¡Mala suerte, amigos!

Y a la calle. En la plaza de Santa María un grupo rodea a Jacinto Bermejo, un hombre con una barba tremenda que alguien pretende rasurarle. También lleva un buen pico del gordo y bien que se lo merece porque él fue el encargado de distribuir muchas participaciones entre sus paisanos. Por allí anda también Íñigo, el maletero, así como el popular “Tirillas”, que poco después compraría el mejor cebón de la feria a cuenta de las 15.000 “beatas” que cobrará. Y a propósito del mercado, tengo que decir que en sólo unos minutos subió en cinco pesetas el kilo de, cerdo. Tal era la demanda.

Estamos ya en plena faena Modesto Rodríguez, inspector de Cultivos de la Azucarera, otro “casi zamorano”, se acerca con un resguardo del Banco que le acredita como el feliz mortal poseedor de participaciones canjeables por veinte y un mil duros. Modesto ha donado, además, 75.000 pesetas al Colegio de Huérfanos de Correos, y que entregó hace días al jefe de dicha oficina un talón de dos duros, "por si tocaba". Modesto quiere, además, que de ahora en adelante no haya pobres en Benavente. Para ello propone, dando ejemplo naturalmente, que entre todos los agraciados vistan "con sombrero y corbata" a los necesitados del pueblo. Una generosa iniciativa que sin duda alguna tendrá el apoyo que merece por parte de "los gordistas".

Y ahora al Centro de Correos, eje y centro de la sensación benaventana y de la actualidad nacional por un día. El jefe, don Bernardo de Quirós, me recibe amable y sencillamente. Bueno será decir que el señor Quirós es un superhombre. Juzguen ustedes si no a este funcionario que, con medio millón prácticamente en el bolsillo, sigue atendiendo -todo amabilidad- a sus numerosos "clientes". Él es quien habla: Correos ha distribuido participaciones por valor de 3.000 pesetas que, multiplicadas por 7.500, dan la grandiosa suma de veintidós millones y medio de "chirlas". El número llegó a primeros de noviembre durando apenas un mes. El 55.666 está distribuido casi en su totalidad en participaciones de dos, cuatro y seis pesetas, por lo que la fortuna alcanza a centenares de personas, muy modestas en su mayoría. El señor Quirós juega 64 pesetas y cobrará 480.000 habiendo distribuido a su familia otros boletos que totalizan la cantidad de 750.000. (El señor Quirós ha entendido perfectamente aquello de que la caridad bien entendida empieza por uno mismo).

Por su parte, los carteros rurales de la comarca han sembrado millones en sus respectivos pueblos, calculándose en 1.500 pesetas las distribuidas en pequeñas participaciones. Así, Pobladura juega 75; Santovenia 100 y otras tantas Santa Colomba; Barcial, 20; Villanueva de Azoague, Arcos de la Polvorosa y Milles, 350 en total; el conductor del coche de línea a Mombuey ha vendido también veinte duros, etc. etc. [...]

También en Correos, como es natural, los subalternos han pillado su buen pellizco. Demetrio González jugaba diez pesetas que se han quedado en ocho, porque prometió dos a una señora a quien se las entregó después de conocido "el bombazo". Un rasgo de honradez que, por cierto, no es el único en la ciudad de los condes. Santiago Noguero se llevó a Salamanca participaciones por valor de 30.000 duros y Hermenegildo Moreno cobrará 45.000 pesetas. Hasta un auxiliar que se encuentra enfermo, lejos de Benavente, ha recibido por carta su participación.

Quedamos, pues, en que la lluvia de oro se ha dispersado agraciando sobre todo a las clases peor dotadas económicamente. Así, juegan pequeñas cantidades casi todos los vecinos del barrio de la Sinoga y de las calles de San Martín y Pocico donde reina una gran alegría. Me dicen que algunas personas que iban a percibir aguinaldos de la Campaña de Invierno se han apresurado a renunciar a ellos para que sean entregados a otros más necesitados ahora.

En la Cerámica y en la Trapería, donde se ocupan muchos benaventanos humildes, hay distribuidos infinidad de talones por valor de dos, cuatro y seis pesetas. Todo lo cual quiere decir que los millones has ido en esta ocasión a manos de quienes precisaban de unas monedas para comer y para vestirse.

Estoy en plena calle de la Rúa, lápiz en ristre y abrumado por tal cantidad de noticias que, a fuerza de facilidades, la crónica se hace imposible. A don Felipe Cachón y a su hermano don Gorgonio les han correspondido 375.000 pesetas a cada uno y una cantidad semejante a don Pedro Marañón. Tengo que decir también que íbamos cuatro personas en el coche que nos llevó a Benavente; a los familiares de tres de ellos les han caído sumas que van desde los 15.000 duros hasta las 30.000 pesetas. El cuarto era un seguro servidor a quien se le ha negado hasta el reintegro. El trío estaba compuesto por Paco, el conductor; Nieves y César, cuyos apellidos no doy mitad por no recordarlos y otro tanto porque su participación en el gordo es indirecta.

Diario "ABC", 23 de diciembre de 1949

Portada del diario "ABC" del 23 de diciembre de 1949

"Un año más y, como todos, la Lotería de Navidad acapara la atención pública nacional, pendiente de dos bombos distribuidores de millones.

Con las formalidades de rigor, minutos antes de las nueve de la mañana, se constituyó en el salón de sorteos de la Dirección General de Loterías la Mesa que había de presidir el extraordinario. La integraban D. Julio Zancada Riada, jefe de la Sección de Lotería, como presidente; Pedro Sanz López. jefe del Cuerpo Pericial de Contabilidad e interventor de dicha sección; D. Domingo Avello Mototo, jefe del Negociado de Administración de la misma y el concejal del Ayuntamiento de Madrid Sr. Pérez Hernández, como vocales.

Seguidamente fueron abiertas las puertas y se facilitó el acceso al público. Penetraron en primer lugar quienes habían obtenido número en la suprimida cola. El primero de los puestos, fue vendido en 25 pts. En pocos minutos quedó abarrotado el salón.

A las nueve y doce comenzaron a ponerse en libertad las bolas de los números que, con algarada de ruidos, cayeron en el amplio cajón donde fueron "amasadas" para comenzar el ascenso que, en espiral, las conduce por el ingenioso mecanismo tan conocido, a la redonda cárcel, donde esperan morir encerradas o saltar a dar la felicidad.

A las nueve cincuenta y seis salta el primer par de bolas. Una lleva el número 7.654 y la otra el 10.000. Es el primer premio de dos mil duritos, que a nadie emociona.

A las diez y diez se canta el gordo, el 55.666, con 15.000.000 de pesetas. El revuelo que se organiza en la sala es fácilmente presumible. Sonó imperativa, la campanilla presidencial, imponiendo silencio. Deslumbró el magnesio de los fotógrafos recogiendo el instante esperado. Y siguió el sorteo. Poco después se dijo que todos esos millones con sus cinco series se quedaron en Madrid. En Correos, por más señas. En seguida varió la cosa: se han ido fuera. A Benavente, en la provincia de Zamora. Eso dijeron. Eso recogemos nosotros. Cosa curiosa: nadie abandona el salón. No hay deserciones entre el público. Como el sorteo, en realidad, acaba de empezar... siguen Francisco Dorado y Aurelio López, que han tenido en sus manos todo ese dinero y el simpático número, sacando bolas. Llueven premios pequeños, y se despiden con uno de 250.000 pesetas para el 2.491, en el que juegan Ibiza, Sevilla, Bilbao, Madrid y Vigo.

Minutos después de conocerse el número de la lotería al que ha correspondido el premio mayor, una gran multitud se agolpaba frente a la Administración madrileña que este año ha repartido el gordo por manos de sus copropietarias, doña Fermina Méndez y doña María Jiménez. Dichas señoras indicaron que el número 55.666 no lo tienen abonado en dicha Administración, y no pudieron determinar la persona o personas que lo hubieran adquirido, aunque sí recordaban que su venta se debió realizar hace un mes aproximadamente.

Después se supo que todas las series del gordo habían sido adquiridas íntegramente por la Asociación Benéfica del Cuerpo de Correos. En las oficinas de dicha Asociación, situadas en el Palacio de Comunicaciones, anunciaron que todas las series del 55.666 habían sido enviadas a varias estafetas de provincias. Confirmó esta información el presidente de la Asociación, Sr. Tudela, quien manifestó que habían sido remitidas, en participaciones de cinco y diez pesetas, a los pueblos de Toro, Benavente, Alagón y Dos Caminos. Añadió que dichas series fueron compradas por el Colegio de Huérfanos de Correos. Este año, el Cuerpo adquirió billetes por valor de 4.500.000 pesetas, que fueron repartidas entre todas las secciones del edificio central, y sucursales y estafetas de toda España.

Dijo, por último, que hace dos días se presentó en las oficinas de la Asociación un señor solicitando con insistencia alguna participación del 55.666. Según afirmó tenía la corazonada de que resultaría premiado con el gordo, y había venido desde Málaga expresamente para adquirirlo. No logró su propósito, porque dicho número había sido ya remitido a las localidades mencionadas.
A través de los empleados de Correos de esta localidad han pasado participaciones del premio mayor de la Lotería de Navidad, con destino a Benavente y Toro, que se han visto beneficiados con una cifra de muchos millones de pesetas.

Hasta el momento se han depositado en Toro participaciones del número 55.666 por valor de ocho millones de pesetas, y en Benavente, de 22 millones. Entre los pueblos agraciados figuran Milles de la Polvorosa, San Martín del Valle, Santa Colomba de las Monjas, Castropepe, Santa Colomba de las Carabias, Castrogonzalo y Valdescorriel, donde reina gran animación y júbilo.

En Zamora, el único que tiene participación de 50 pesetas es D. Hermenegildo Moreno Sebastián, funcionario de Correos, que la adquirió cuando fue enviado a Benavente para hacerse cargo de aquella Administración, y repartió entre su familia y amigos. Dio cuatro pesetas al auxiliar superior de esta Administración, D. José Barrios, y otra de dos a una tía suya, doña Baltasara Fernández. El cajero de una entidad bancaria de Benavente, D. Antonio Martín Tobas, ha sido agraciado con 30.000 pesetas, y un "botones" de la misma, con 7.500.

A una telefonista de la Central de Zamora, Meli González Gómez, le han correspondido 15.000 pesetas. Esta mañana, cuando estaba de servicio en el cuadro se enteró de la noticia, con la natural alegría. Las últimas informaciones recibidas de Toro, donde está el equipo magnetofónico de la emisora local, dicen que en esa población se juega medio billete en total, del gordo, y están interesados funcionarios, carteros y peatones de correos, con participaciones que oscilan de dos a veinticinco pesetas.

El ochenta por ciento de la población [de Benavente] se ha beneficiado con participaciones del primer premio de la Lotería de Navidad. El administrador de Correos, Sr. Quirós, ha sido el que recibió y distribuyó unas 3.000 pesetas del billete premiado. Al mismo le han correspondido 450.000 pesetas. Los principales agraciados han sido: el encargado del negociado de Abastos del Ayuntamiento, D. Víctor Maestre, con 75.000 pesetas; un muchacho, meritorio del Municipio, Ramón Peñina, con 45.000; el aparejador D. Gregorio Méndez, con 30.000; el alguacil del Ayuntamiento, D. Laurentino Lorenzo, con 15.000; el industrial D. Pedro Marañón, con 375.000; la señorita Nuevo, con igual cantidad; el empleado de Correos, Sr. Benaya, con 300.000, y D. Toribio Sanz, con 375.000 pesetas.

Un inspector de cultivos de determinada Empresa azucarera, D. Modesto Rodríguez, adquirió 24 pesetas del billete y regaló una participación de 10 al Colegio de Huérfanos de Correos.

El comercio y la, industria han cerrado sus puertas y en bares y cafés es extraordinaria la animación. Las bandas de música recorren las calles tocando alegres pasodobles.

A un cartero apellidado Bermejo, que tiene doce hijos, le han correspondido. 23.000 duros, y al transportista D. Manuel Morales, 750.000 pesetas.

La señorita Lolita Calderón, empleada en la Jefatura provincial de la Sección Femenina de F.E.T. y de las J.O.N.S. [de Salamanca], juega una participación de cinco pesetas en el gordo. Esta participación le ha sido enviada por su hermano desde Benavente, en cuya Administración de Correos trabaja".

José Luis Cavero, con el diario ABC, en Benavente el día 23 de diciembre de 1949. A su familia le correspondieron 45.000 pesetas en el premio "Gordo" de Navidad. (Foto cortesía de Rafael Cavero)



Jueves de Mercado en la Plaza del Grano de Benavente en una postal de los años 50

El cartero benaventano Demetrio González repartiendo la correspondencia en el establecimiento de "Foto Peleas"  (Foto cortesía de Fernando González Martínez)

La plazuela de Convalecientes, según un apunte de Pedro Santos Tuda (1949)

Décimo de Lotería Nacional - Sorteo 36, 22 de diciembre de 1949

Reverso de un décimo de Lotería Nacional - Sorteo 36, 22 de diciembre de 1949

Billete de una peseta emitido en 1948

Moneda de 50 céntimos acuñada en 1949

Diario "La Vanguardia", 23 de diciembre de 1949

Portada del diario "La Vanguardia" del 23 de diciembre de 1949

"Se han depositado hasta el momento participaciones del 55.666 en Toro por valor de 8 millones de pesetas y en Benavente de 22 millones. La Sociedad Benéfica de Correos de Madrid envió las participaciones directamente a Toro y Benavente, por lo que los empleados de esta Principal están consternados el ver que ha pasado la suerte por su lado sin pararse en ellos. Las participaciones son en su mayoría de 1 y 2 pesetas.

Entre los pueblos agraciados figuran Milles de la Polvorosa, San Martín del Valle, Santa Colomba de las Carabias, Castrogonzalo y Valdescorriel, donde reina una gran animación y júbilo. En Benavente, el comercio y la industria han cerrado sus puertas haciendo día festivo. Se ha suspendido incluso el mercado y en los bares y cafés hay extraordinaria animación. La alegría es general, ya que las participaciones alcanzan un gran número de vecinos. En esta localidad y en Toro las bandas de música recorren las calles de la población, tocando alegres pasodobles. En Benavente a un cartero apellidado Bermejo, con 12 hijos, le han correspondido 23.000 duros y al transportista Manuel Morales 750.000 pesetas.

En el pueblo [Benavente] hay extraordinaria alegría ya que el 80 por ciento de la población se ha beneficiado del primer premio del sorteo de la Lotería Nacional, verificado el día de hoy.
Uno de los agraciados, don Modesto Rodríguez, inspector de cultivos de una empresa azucarera, adquirió 24 pesetas de dicho número en la Administración de Correos de esta plaza pero de ellas regaló 10 pesetas al Colegio de Huérfanos de Correos. Por su parte, el administrador de Correos de esta localidad, señor Quirós, jugaba una participación de 54 pesetas y el transportista de Benavente señor Marañón otra de 50 pesetas.

Otro vecino, llamado don Macario Sanz, jugaba 30 o 35 pesetas.

Además. adquirieron participaciones todo el personal de Correos y los carteros rurales. La cuantía de las que jugaban estos últimos oscilaba entre 2 y 10 pesetas.

En la Administración de Correos reina el natural júbilo al igual que entre el vecindario de Benavente".

Benavente en el NO-DO

Contamos con un documento cinematográfico de de excepción que recoge el ambiente festivo de Benavente en estas horas de particular alegría. Las cámaras del NO-DO se desplazaron a la villa, dejando constancia del movimiento de los vecinos por las calles. De todo ello se montó un reportaje de 37 segundos bajo el título: "Alegría en Benavente. Los agraciados con el Premio Mayor de la Lotería". Se aprecian imágenes de la Rúa, del exterior del Banco Central en la Plaza de Santa María y del reparto de puros en un bar, probablemente "El Imperial". Se trata de la edición nº 365-B, de fecha 2 de enero de 1950, de este noticiero que se proyectaba obligatoriamente en los cines de la España del franquismo. Desgraciadamente, la película no está acompañada de sonido, pues como se indica en el archivo de RTVE el audio original está deteriorado o se ha perdido.


Un transeúnte comprando el diario "Imperio" a la madre de Andrés, "el del kiosco", probablemente en la Rúa

Grupo a las puertas de las oficinas del Banco Central, en la Plaza de Santa María

Grupo en el comienzo de la Calle Herreros
Un agraciado con el Gordo, junto con su familia

Un empleado de Correos de Benavente

Un agraciado con un décimo premiado

Iñigo, el maletero del Mercantil, con una participación en su mano

Íñigo, uno de los agraciados. Al fondo cartel con cotizaciones del Banco Central, en la Plaza de Santa María

Cesáreo Alonso "Cerillas" repartiendo puros en el bar "Imperial", en la Rúa
Programa de mano del NO-DO Nº 365B

lunes, 8 de junio de 2009

Crónica menuda del año 1926 - Benavente, la villa zamorana, inaugura sus Escuelas

"Las nuevas escuelas"

En el año 1926 veía la luz la obra de Luis Bello “Viaje a las escuelas de España”. El libro, editado por Magisterio Español, fue impreso en los talleres madrileños de Tipografía Artística, en la calle de Cervantes. Como bien apunta Josefina Rojo Ovies, Luis Bello Trompeta (1872-1935) es, al igual que Ciro Bayo, Manuel Ciges Aparicio, José María Salaverría o Manuel Bueno, uno de los integrantes "menores" de la llamada Generación del 98. Su labor creadora nunca gozó del reconocimiento de otros miembros más ilustres de este colectivo, y por ello su obra es poco conocida. Nacido en Alba de Tormes, Bello colaboró habitualmente en "El Imparcial", "El Sol", los semanarios "España" y "La Esfera", la revista mensual "La Lectura", etc.

Los artículos que integran "Viaje a las escuelas de España" fueron publicados en "El Sol" durante el año 1922 bajo el título "Visita de escuelas". El éxito de estas crónicas le animó a recopilarlas en el año 1926 "tal y como salieron, sin enmienda apenas".

En su viaje por las tierras de Salamanca, Ávila y Zamora, Bello se dejo acompañar por Filiberto Villalobos y Fernando Íscar. El primero era entonces médico y Consejero delegado de la Caja Regional de Previsión Social. Posteriormente, como es bien sabido, Villalobos desempeñaría el cargo de Ministro de Educación durante los años de la II República. Íscar, por su parte, era Presidente de dicha Caja Regional de Previsión. Esta institución construyó en menos de dos años veintisiete escuelas en las tres provincias.

De su visita a Benavente dejó escritos los siguientes párrafos:

“Pero no es fácil adelantarse a imaginar lo que es la villa de Benavente, aun teniendo ya noticia de su genio comercial y trabajador. Desde que entramos en ella nos envuelve el trajín del mercado. Subimos por una plaza en cuesta la plaza de los Bueyes, porque allí compran y venden los ganados, hacia el Corrillo de San Nicolás y la Rúa. La calle de Toledo en día de verbena puede dar idea de lo que es un mercado en Benavente. Antes bajaban de Ponferrada y hasta de Galicia, en años malos, a surtirse de grano trigo y centeno, y se lo llevaban en cueros de cabra. Ahora el radio quizá sea más extenso, porque muchos pueblecitos de los contornos tienen mejores vías de comunicación. Desde los charros hasta los leoneses llegan al Ferial y se llevan su buen ganado, sus aperos de labor, sus objetos y utensilios surtidos por el comercio. Podía ser esto el movimiento pasajero de un día de feria; pero siguiendo calle arriba, hacia la iglesia de San Nicolás o San Juan del Mercado, veremos por todas partes un pueblo que trabaja. Los talleres están en marcha; los comerciantes van y vienen detrás del mostrador; en las fraguas se oye el martilleo sobre el yunque. Hay librerías. Bernabé Palenzuela tiene su taller de encuadernador. Muchos médicos, diez o doce; muchos abogados. Todo esto, en una villa que no llega a seis mil habitantes, demuestra gran vitalidad.

Había en Benavente unas escuelas nuevas. Dos salas enormes, construidas con el criterio de hace treinta años, donde los maestros enferman de la garganta sólo para hacerse oír. Estas salas podrían ser divididas y desdobladas. Pero ahora el Ayuntamiento ha encargado a la Junta salmantina otras escuelas, terminadas en un año, las más capaces, las mejores que hemos visto aquí, y cuyo coste, sin embargo, no alcanza a cien mil pesetas. Así estará servido el pueblo y podrá continuar su buena tradición. Enviemos, al llegar al término de su jurisdicción, un saludo a Villalobos y a Íscar. Con el saludo va nuestro deseo de que el Estado favorezca a los pueblos que sepan construirse sus escuelas con una pequeña subvención. ¿No subvenciona las casas baratas? Mucho menos se le pide, y con más justo título, para las escuelas”.

"Escuelas de Benavente (Zamora), tipo de las escuelas nuevas que está construyendo la Caja de Previsión de Salamanca"

"San Juan del Mercado"

También de este mismo año 1926 contamos con otra crónica referente al mismo asunto. Se trata de un artículo firmado por A. de Tormes y publicado en la revista “La Esfera”. Su título: “Benavente, la villa zamorana, inaugura sus escuelas”. Su contenido, muy similar en espíritu al anterior, nos acerca al debate erudito que durante la Dictadura de Primo de Rivera se suscitó en torno a la Educación. Se acompaña el artículo de un reportaje fotográfico con diversas imágenes de la Villa. El texto es el siguiente:

"Puede ser ilusión de nuestra excesiva buena voluntad; pero creemos firmemente que ha empezado en los pueblos de España un gran movimiento de progreso, y que ahora va a realizarse el avance, que tan necesario era, de la instrucción primaria. Benavente, la histórica y laboriosa villa zamorana, acaba de inaugurar sus nuevas escuelas nacionales, construidas para el Ayuntamiento por la Caja de Previsión de Salamanca, Ávila y Zamora. Muchos pueblos de esta región, y también de otras regiones españolas, acuerdan construir edificios escolares o incluyen en sus presupuestos municipales partidas que revelan su preocupación por la primera enseñanza. Es curioso e interesante el hecho de que facilite la construcción de escuelas el pequeño capital reunido por el retiro obrero. Los diez céntimos diarios que obreros y patronos dejan como un seguro para la vejez del trabajador han hecho durante estos dos últimos años más obra que el Estado. Esta iniciativa del Instituto de Previsión constituye una de las ideas más afortunadas y, desde luego, permite confiar en que un lustro bastará para transformar las escuelas de todos los pueblos españoles, si sus Concejos acuden a medios parecidos, ya que no en todas partes sea posible aplicar el mismo. La región de la alta Castilla, así como la leonesa, van a la cabeza en las estadísticas escolares. Benavente contaba ya con unas escuelas muy amplias y, sin embargo, ha levantado otras. No se conforma con sus prestigios históricos y comerciales, sino que quiere demostrar su vitalidad cuidando con cariño la instrucción de sus hijos. Sin llegar a ti Benavente, es difícil saber la fuerza de estas comarcas, que para la mayoría do los madrileños sólo son un recuerdo en las páginas de la Historia. De la villa zamorana apenas se sabe otra cosa sino que tiene un gran castillo, y que los benaventinos han sido siempre mercaderes de encajes de Almagro. Pero el gran castillo, magnífico e incomparable testimonio de la arquitectura entre guerrera y palatina de los siglos XV y XVI, está condenado a ruina definitiva. El abandono ha sido absoluto durante mucho tiempo. Queda la soberbia torre cuadrada con sus cubos y sus bellísimas balconadas, originales y únicas en este género de construcciones, más cuidadosas de la fortaleza que de la gracia. Pero el resto se ha hundido, y hasta las piedras van desapareciendo. El patio de armas es hoy como un gran hoyo, cercado todavía por algunas almenas, que milagrosamente se sostienen en pie. Los lienzos de muralla, partidos y rotos, han ido desprendiéndose y pulverizándose. Una de las torres, más pequeña que la del homenaje, tiene su utilidad convertida en depósito de agua. La villa de Benavente ha cuidado los jardines de la parte alta del castillo, poniendo de su parte todo lo posible para que aquello sea un rincón agradable y un mirador magnífico sobre el valle; pero sus fuerzas no llegan a impedir la ruina del baluarte de los Pimentel. Para esto hubiera sido preciso que un Estado previsor generoso cuidara lo que la nobleza abandona, unas voces por falta de medios y otras por falta de interés por sus propias glorias.

Debería haber dentro de los monumentos declarados nacionales un orden de población; y en este caso, el castillo de Benavente sería, uno de los primeros. Pero este es el pasado. No es posible atenerse a él. El día de morcado acuden todos los pueblos del contorno a comprar y a vender. La plaza de la feria proporciona un espectáculo animadísimo, que sigue por la Rúa arriba y llega hasta la plazoleta de San Juan, donde se alza además del templo, que conserva muros románicos la escuela antigua relativamente antigua, pues debió de construirse hacia el año 80-. Pero, además todas las calles trabajan. Al pasar por tiendas y talleres se oye el martillo en el yunque, la sierra del carpintero, el motor en marcha...; todos los ruidos del trabajo en las ciudades. Estos son los pueblos que, naturalmente, se preocupan de la educación escolar. Los que no quieren que sus hijos vayan al mundo desarmados en una época en que el más fuerte es el que más sabe".

"Mercado en la Plaza de la Reina"

Revista "La Esfera" (1926)

lunes, 1 de junio de 2009

De villa realenga a cabeza de Condado - El proceso de señorialización de Benavente

Detalle del monumento al VI Centenario del Condado de Benavente (1398-1998

En el año 1400 los vecinos de Benavente enviaron un emotivo memorial al rey Enrique III. En él se exponía una extensa relación de agravios y desafueros perpetrados por Juan Alfonso Pimentel, primer titular del condado, en los apenas tres años transcurridos desde su toma de posesión de la villa.

En el texto, redactado con un perceptible resentimiento de fondo, se hace también una breve mirada hacia atrás, recordando la evolución seguida por el concejo desde su establecimiento, a mediados del siglo XII, hasta su incorporación al señorío de los Pimentel en 1398. Los vecinos añoraban y defendían con firmeza su pertenencia al realengo y se quejaban al monarca, fundamentalmente, de haber sido abandonados a su suerte, desoyéndose sus reiteradas peticiones en el sentido de que no se les "tirase" de la corona real. El sometimiento a la arbitrariedad señorial fue interpretado por los benaventanos como una afrenta a su independencia. Por ello, la mayor parte de sus quejas al monarca tenían como denominador común el evidente desprecio manifestado por el conde a sus fueros, usos y costumbres.

Efectivamente, el principal referente de la evolución de Benavente durante los siglos XII, XIII y XIV es precisamente su condición de villa de realengo. En este sentido, la colección de privilegios reales custodiada en el Archivo Municipal constituye una buena muestra de las estrechas relaciones mantenidas entre el concejo y la monarquía. Así pues, para comprender y valorar en su justa medida las transformaciones experimentadas en la tierra de Benavente a raíz de la llegada de los Pimentel al señorío a la ciudad, es preciso conocer, aunque sea de una forma somera, la trayectoria seguida por la villa durante estos siglos.

El impulso dado a la villa por la iniciativa regia a través de la concesión de las cartas forales de 1164 y 1167 se tradujo en un amplio desarrollo urbano, particularmente reconocible desde las dos últimas décadas del siglo XII. El grueso de los nuevos pobladores fueron levantando sus casas en la parte llana de la villa y en las laderas del cerro. La actividad constructiva durante los siglos XII y XIII fue muy intensa. Al impulso inicial, patrocinado por la monarquía, hay que añadir la iniciativa de los propios vecinos, de las instituciones eclesiásticas, de algunos miembros de la nobleza y particularmente de las órdenes militares. No deja de ser sintomático el hecho de que buena parte de las noticias relacionadas con la labor constructora se refieran a la edificación, consagración y dotación de nuevas iglesias, como las de San Martín, San Juan del Mercado o San Salvador, signo inequívoco del establecimiento de pobladores y de la creación de nuevas colaciones.

Ya en la segunda mitad del siglo XII se constata la existencia de parroquias, con su población correspondiente, tan distantes entre sí como Santa María de Ventosa, San Martín, San Miguel, San Juan del Mercado, o el Santo Sepulcro. En las primeras décadas del siglo XIII se documenta otro número importante de templos alcanzando en total la docena, lo cual nos sugiere un amplio desarrollo del plano urbano para esta época. 

Este panorama de perceptible prosperidad vino a truncarse al menos desde los últimos años del siglo XIII. A una coyuntura económica depresiva general inherente a la segunda mitad de la centuria en el reino de Castilla, hay que añadir otras circunstancias desfavorables que afectaron especialmente a Benavente y su tierra. Según diversas fuentes la ciudad se vio involucrada en los enfrentamientos protagonizados por el rey Alfonso X y su hijo, el infante don Sancho, por la cuestión sucesoria. El infante negoció con el concejo la adhesión de la villa a su causa obteniendo una respuesta positiva, pero todo apunta a que esto debió suponer un notable esfuerzo fiscal y militar por parte de los vecinos. En mayo de 1285, pocos meses después de su llegada al poder, Sancho IV otorgó un privilegio a la ciudad intentando poner remedio a la grave situación por la que atravesaba el concejo y concediendo diversas exenciones fiscales con el fin de asegurar su supervivencia: "porque nos fizieron entender que la villa era muy despoblada". 

El siglo XIV viene marcado por los efectos negativos de la crisis bajomedieval y por las luchas nobiliarias y banderizas en el seno del concejo. En otro orden de cosas, el tradicional concejo abierto que había regido los destinos de Benavente desde la época de la repoblación dio paso, a partir de 1345, al sistema del regimiento, en aplicación de la conocida reforma político-administrativa de Alfonso XI que buscaba un control más efectivo sobre las ciudades castellano-leonesas. Sin embargo, a partir de la segunda mitad de siglo la villa inició un lento pero firme proceso de señorialización, abandonando en varias ocasiones su pertenencia secular al realengo. 

El primer ensayo se produjo en 1374, año en que don Fadrique, hijo bastardo de Enrique II, recibió la ciudad a título de ducado en el marco de las llamadas mercedes enriqueñas. La donación debe inscribirse dentro de otra operación de mucho mayor calado político, cuya finalidad última era una posible unificación de los reinos de Castilla y Portugal. En este contexto, fueron diseñadas diversas alianzas matrimoniales en un intento de establecer nexos sólidos entre ambos reinos. El casamiento de don Fadrique con la infanta doña Beatriz, hija del rey portugués, fue uno de los hitos más destacados de esta estrategia. Se trata, sin embargo, de una etapa muy poco conocida de la historia de ciudad, debido a la escasez de documentación conservada sobre este periodo.

Para los benaventanos, la llegada del duque a la ciudad se tradujo en una etapa de abusos señoriales y exigencias fiscales desorbitadas, siendo considerado, a todos los efectos, como un malhechor feudal. Sin embargo, pese a todo, parece que don Fadrique, a diferencia de lo que haría más tarde el primer titular del condado de Benavente, mantuvo un relativo respeto hacia las instituciones y oficios concejiles.

Tras la derrota castellana en la batalla de Aljubarrota, Portugal decidió retomar la iniciativa bélica, afrontando la invasión del reino vecino. De esta forma en la primavera de 1387 un ejército mixto anglo-portugués, bajo el mando del duque de Lancaster, acampó ante los muros de Benavente sometiéndola a un violento asedio. Las consecuencias de este cerco para la villa fueron desastrosas, afectando no sólo al castillo y a las murallas, sino provocando también la destrucción total o parcial de diversas iglesias, algunos monasterios, viviendas en general y las tierras de cultivo. Muchos vecinos perdieron la mayor parte de sus bienes, circunstancia que afectó lógicamente al desarrollo social y económico del concejo. 

Después de la caída en desgracia del duque don Fadrique y de su ingreso en prisión a partir de 1394, Benavente volvió a estar de nuevo bajo la órbita señorial aunque muy vinculada a la corona real, esta vez en la persona de Catalina de Lancaster, mujer de Enrique III. Para los vecinos esta circunstancia fue interpretada como una vuelta, de hecho, al realengo. Al menos en su memorial, varias veces citado en esta exposición, se afirmaba que con el señorío de la reina habían conseguido olvidar todos los males sufridos en el pasado, aunque esta situación "por nuestros pecados nos duró muy breve tiempo". 

Así pues, con la donación de la villa por Enrique III el 17 de mayo de 1398 al noble portugués Juan Alfonso Pimentel, se venía a cerrar este proceso de señorialización iniciado en el año 1376, esta vez de una forma definitiva. A partir de entonces, tal y como los propios vecinos constataban en su misiva al monarca, nada volvió a ser igual. El nuevo conde tomó posesión solemne de su villa el 8 de julio de ese mismo año en el monasterio de San Francisco y a partir de ese mismo momento, haciendo uso de las atribuciones señoriales recogidas en la merced regia, comenzó a poner toda la maquinaria concejil a su servicio. 

Como ya señaló acertadamente Julio Valdeón, lo que realmente resultaba inasumible para una villa como Benavente, con una sólida organización concejil y una larga tradición de independencia, era aceptar ahora el señorío de un noble extranjero, sobre todo si éste se ejercía de una forma totalmente arbitraria. Será con el segundo titular del condado, Rodrigo Alfonso Pimentel, cuando el concejo renuncie por fin a todas sus quejas y demandas legales interpuestas contra Juan Alfonso y sus herederos por los abusos cometidos. Entre ellos se cita, a título anecdótico, la utilización de los pilares de piedra del puente de Castrogonzalo como materiales de construcción para su capilla del citado monasterio de San Francisco. El documento, escriturado en 1422, suponía en la práctica la aceptación definitiva del señorío de los Pimentel sobre la ciudad a cambio de una reducción significativa de su contribución fiscal y la aceptación tácita de la existencia de ciertos límites al poder señorial.

Escudo de Catalina de Lancaster en el claustro de Nuestra Señora de la Soterraña en Santa María la Real de Nieva

Escudo del V Conde de Benavente, Alonso Pimentel (1499-1530), en la iglesia de Santa María del Azogue

Escudo del V Conde de Benavente, Alonso Pimentel, en el Hospital de la Piedad


Banderolas con la leyenda "Más vale volando", procedentes del retablo de la Iglesia de San Miguel de Moreruela de Tábara (Zamora)

jueves, 21 de mayo de 2009

La mota de Castrogonzalo - Castillos y fortalezas en el alfoz de Benavente

Panorámica de Castrogonzalo, con vista de la ladera sur del cerro

El castillo de Benavente no fue el único castillo o fortificación existente dentro de su alfoz medieval. Dentro del dilatado territorio que conformó la Tierra del concejo existieron otras torres y fortificaciones menores que tuvieron su peso específico en las estructuras defensivas y militares del territorio. De algunas de ellas, solamente podemos constatar su existencia por puntuales menciones en las fuentes. Otras, en cambio, no cuentan con registro documental, pero como contrapartida ofrecen restos materiales de interés reconocibles sobre el terreno. La nómina de fortificaciones es bastante amplia y engloba ejemplos muy dispares: Granucillo de Vidriales, Ayóo de Vidriales, Castillo de Mira, Bretó, Castropepe, Mózar-Milles de la Polvorosa, San Miguel del Valle, Castrogonzalo, Manganeses de la Polvorosa, Camarzana, Castroferrol, Arrabalde, San Pedro de la Viña, etc.

En el caso de Castrogonzalo, el asentamiento más antiguo se localiza en la parte más alta de la población, en el llamado cerro de "El Castillo", donde se han recogido en superficie materiales cerámicos correspondientes a la I Edad del Hierro, con evidencias de abandono y de otro nivel originado por la ocupación medieval. Una excavación arqueológica de urgencia en este mismo lugar en 2016 reveló, además, estructuras de cabañas de la cultura de Soto de Medinilla.

El poblado, de considerables dimensiones a juzgar por la extensión del área, debía estar defendido naturalmente por su parte occidental por el brusco talud abierto sobre el río, mientras que el resto de los sectores, con una pendiente bastante más suave, facilitaría el acceso y obligaría a crear potentes defensas terreras artificiales. En el cerro hay un vértice geodésico sobre los 758 m. de altitud, mientras que el nivel del río está sobre los 705 m. Esta situación privilegiada proporcionaba un dominio visual de dos zonas geográficas bien diferenciadas: por una parte, el borde suroccidental de la Tierra de Campos, y por otra, la vega del Esla en su confluencia con el tramo final del río Cea. 

La aparición de Castrogonzalo en las fuentes, en la primera mitad del siglo X, está ligada de alguna manera a su papel militar. Es en este momento cuando en varios diplomas leoneses comenzamos a encontrar menciones a "Castro de Gundisalvo" y "Castrum Gundisalvo Iben Muza".

La separación política de León y Castilla a la muerte de Alfonso VII en 1157, hizo que las plazas militares más o menos próximas a la difusa línea fronteriza entre ambos reinos adquirieran un particular interés. La sucesión de fases de actividad militar y de paz, así como la falta de accidentes geográficos fácilmente reconocibles, hacen difícil concretar sobre el terreno las zonas que controlaba cada reino en Tierra de Campos. Castrogonzalo no se encontraba estrictamente en la frontera entre León y Castilla, pero sí en las tierras que podían ser objeto de litigio entre ambos reinos. 

Los posteriores tratados de paz y las complejas capitulaciones que dan vía libre al matrimonio de Alfonso IX con su sobrina Berenguela, hija del monarca Castellano, también tienen sus consecuencias para nuestra población. El enlace había tenido lugar en Valladolid en octubre de 1197, pero es en 1199 cuando se acuerda la entrega de una dote de treinta castillos leoneses con sus alfoces, entre ellos “Castrum Gonzalui”, que queda bajo la custodia del noble Nuño Rodríguez.

Algunos años después, en el tratado de Cabreros de 1206, Alfonso IX y Alfonso VIII llegan a un nuevo acuerdo para delimitar la frontera, concretar la soberanía sobre los castillos y dejar despejado el problema sucesorio en León a favor de Fernando, nieto del rey Castellano. El tratado resultó ventajoso para los intereses castellanos. Berenguela cedía Cabreros a su hijo y renunciaba a la tenencia de los castillos de las arras, entre ellos Castrogonzalo. En compensación la reina recibiría varias rentas, que fueron acrecentadas en 1207 con otras en Valencia, Castroverde, Castrogonzalo y otros lugares. Sin embargo, el rey leonés ocupó en 1212 por la fuerza la plaza junto con otras largamente demandadas, de la mano de Pedro Fernández el Castellano. 

En 1230, al unificarse definitivamente los dos reinos, Fernando III acordó en la Concordia de Benavente con sus hermanas Sancha y Dulce el pago de una generosa indemnización por los derechos sucesorios. Entre las garantías se pactó la entrega temporal de Castrogonzalo, junto con otras plazas leonesas.

En el siglo XV se acometieron importantes intervenciones en la Mota de Castrogonzalo. Las primeras noticias pueden remontarse al segundo conde de Benavente, pues consta la supresión del pago del pedido para compensar los servicios extraordinarios demandados en la construcción de una fortaleza. Una vez terminada, solamente se dieron 500 mrs. para reparar sus muros.

Pero las obras de refortificación de la Mota de Castrogonzalo mejor documentadas se desarrollaron en el año 1466, durante el mandato del IV conde de Benavente, Rodrigo Alfonso Pimentel (1451-1499). Una mirada rápida al contexto político del reino en torno a esta fecha pone de manifiesto que estos trabajos no fueron producto de un capricho del conde, o de una coyuntura estrictamente concejil o comarcal. Varios acontecimientos relevantes, y concatenados, se producían en el reino de Castilla en aquellos meses convulsos del reinado de Enrique IV (1454-1474).

La rivalidad mantenida en este tiempo entre Osorios y Pimenteles explica, junto con la delicada coyuntura política del reino, la iniciativa del conde en 1466 de realizar trabajos de refortificación en la Mota de Castrogonzalo. Su situación estratégica junto el paso del Esla, en los límites del condado y colindante con Fuentes de Ropel, antigua aldea del concejo de Benavente ahora en los dominios de los Osorio, muevió a las autoridades municipales a asegurar la plaza. Vital era también mantener y consolidar Castrogonzalo para evitar la pérdida de otro enclave no menos importante: San Miguel del Valle, auténtica cabeza de puente aislada ahora totalmente en las tierras hostiles de los Osorio.

No estamos ante la construcción de una fortaleza "ex novo", sino que se remozó o rehabilitó una edificación que ya había sufrido otras intervenciones anteriores. Los trabajos documentados debieron consistir fundamentalmente en levantar o reparar un recinto fortificado, al que se alude en varias ocasiones como “cortijo”. Este recinto contaba con una puerta principal de acceso defendida con un baluarte, y al menos "dos caramanchones" superpuestos a los muros. Uno sobre dicha puerta y otro "cabe la yglesia del Barrio de Arriba", que podemos identificar sin dificultad con el actual templo de San Miguel.

Además, a fin de hacer más pronunciado el desnivel entre el cerro y la ladera donde se asentaba la población, en diversos tramos se cavó o labró el talud. Aparecen así menciones a "peinar la cava", "peinar la Mota" o "peynar en la cuesta de la parte del río". Expresiones que deben interpretarse en su sentido literal de quitar parte de piedra o tierra de una roca o montaña escarpándola. El término “cava” tal vez aluda también a la construcción de un foso, aunque su uso concreto en varios pasajes del documento ofrece diversas interpretaciones.

La materia prima básica empleada en la construcción y restauración de la Mota de Castrogonzalo en el año 1466 fue el barro, destacando especialmente el tapial como modalidad constructiva, si bien en algunos tramos también se utilizó el adobe. Estamos pues ante un ejemplo clásico de fortificación terrera.

El tapial y el adobe han constituido desde la Prehistoria las técnicas constructivas tradicionales de las edificaciones populares de buena parte de las poblaciones de Castilla y León. Su empleo con fines defensivos en fortificaciones terreras es patente durante toda la Edad Media. Dado que el entorno no proporcionaba otros materiales más consistentes y duraderos, un buen número de murallas y castillos se hicieron con gruesas tapias. José Avelino Gutiérrez González documenta el empleo del tapial en los recintos de las cercas de Sahagún, Valderas, Valencia de Don Juan, Cabezón de Valderaduey, Mayorga, Benavente, Castroverde de Campos y Villafáfila entre los siglos XII y XIII. Gómez Moreno sugiere que ya en época de Fernando II se utilizó esta técnica para construir el primitivo perímetro amurallado de Benavente, obra a la que califica de “morisca”. Por su parte, Pascual Martínez Sopena evidencia la utilización generalizada de tapiales de barro en la construcción de cercas en las villas de Tierra de Campos, circunstancia que ha contribuido a que, con demasiada frecuencia, no se conserven restos visibles.

El libro de “Cuentas de las Cercas” del Archivo Municipal de Benavente proporciona información pormenoriza sobre los trabajos de preparación de tapiales y adobes en las obras de la Mota de Castrogonzalo. Para la fabricación de los tapiales era elemento fundamental las llamadas puertas de tapiar, estructuras de madera dispuestas formando cajones que se llenaban con tierra convenientemente humedecida y cohesionada. Para lograr esto último, era preciso apisonarla fuertemente con recios golpes de mazo, denominado comúnmente pisón. Se trata de una herramienta rematada en una arista, ligeramente chata para poder apretar bien la tierra contra las puertas. Las puertas estaban formadas por dos costales, que se sujetaban con sogas para asegurar su consistencia. Las hiladas siguientes de tapias se superponían a las ya construidas, apoyándose en agujas, estacas de madera que atravesaban el barro, de forma que una vez seco dejaban unas marcas muy características en las juntas. La tarea de armar las puertas, esto es de montar la estructura de madera en el tramo de la muralla que se iba a reconstruir o reparar, requería la colaboración de un carpintero. 

En cuanto al adobe, el sistema de fabricación también nos es bien conocido. Una vez obtenida la tierra apropiada, se cribaba minuciosamente para limpiarla de impurezas y se mezclaba con paja, A continuación, se le añadía agua y se pisaba de forma repetida para cohesionarla. El barro obtenido se volcaba sobre unos moldes rectangulares de madera: las adoberas o gradillas, retirándose el sobrante con un rasero para conseguir así una superficie lisa. Terminados estos trabajos, los adobes se dejaban secar al sol durante unos días, volteándoles de vez en cuando para que el sol y el viento actuaran sobre uno u otro costado. El adobe, aunque de apariencia más endeble y delicada, ofrecía ciertas ventajas sobre el tapial en las tareas constructivas, pues podía ser manipulado con mayor comodidad en las construcciones de altura, y era muy adecuado para la fabricación de arcos, bóvedas, cúpulas, etc. En Castrogonzalo, se utilizaron ladrillos de adobe en los caramanchones y en ciertos tramos de la cerca. Muy probablemente su disposición sería semejante a la que Gómez Moreno alcanzó a ver en la muralla de Benavente, dónde entre tapial y tapial mediaban hileras de adobes y lajas de piedra:

“El muro, aunque carcomido y deshecho en su mayor parte, a causa de su fragilidad, reconócese que era alto y con torrecillas cuadradas; entre tapial y tapial median hileras de adobes y lajas, y los trozos restaurados de mampostería conservan almenas con saeteras”.

No menos importante que la propia construcción de los muros, a base de tapiales y adobes, era el aprovisionamiento y acarreo de los materiales. La tierra necesaria para elaborar el barro la proporcionaban varios bueyes que araban el terreno destinado al efecto. Después, se servía a los tapiadores en talegas. El agua se conseguía en el río, y se subía al castro mediante recuas de asnos. También era necesario alquilar carros y carretas para trasportar la madera y la piedra.

Todos estos trabajos en la Mota fueron realizados por una auténtica legión de obreros que percibían su salario por día trabajado. El importe de los jornales era satisfecho por el mayordomo de las cercas, que anotaba minuciosamente en sus libros de cuentas el alquiler de las bestias de carga y las herramientas, la compra de materiales, los salarios pagados y, en ocasiones, el tramo o sector del cerro afectado por las obras. Lógicamente se establecen diferencias según la categoría y especialización de los obreros. Los carpinteros disfrutan de un salario sensiblemente mayor que alcanza los 25 mrs., y también hay una distinción en función de que las personas contratadas procedan de Benavente o sean de la propia aldea: “Este dicho día andovieron tres obreros de aquí, de Benavente, a traer agua con çinco asnos para aguar tierra en la dicha Mota para tapiar, a catorse mrs. a cada uno en que montan quarenta e dos mrs.”.

Respecto al montículo artificial, conocido popularmente en la localidad como “El Gurugú”, no hemos encontrado referencias concretas en esta documentación, tal vez por que su construcción pudo ser anterior en el tiempo. El término mota, empleado con frecuencia en las obras de 1466, parece referirse en sentido genérico al conjunto del cerro o castro, sin que se diferencie dentro de él esta segunda estructura. Este tipo de motas terreras artificiales parecen ser más propias de los siglos XII y XIII, especialmente durante el periodo de guerras fronterizas entre León y Castilla. Es en este momento cuando los avances tácticos dejan desfasados los viejos recintos castreños, que deben refortificarse para una mejor defensa del territorio.

En Castrogonzalo, en el extremo suroeste del poblado castreño, el más protegido por la mayor altura del escarpe, se construyó efectivamente una "mota" similar a otra reconocible en Bretó. Se aumentaba así el valor defensivo de la meseta, sobreelevada ya de por sí por los niveles antrópicos antiguos, incluidos los de la ocupación medieval anterior. La construcción del depósito de agua, la nivelación de tierras y la excavación de bodegas bajo ella, impiden en la actualidad reconocer el foso y las proporciones originales de este montículo.

Cerro del Castillo

Cerro del Castillo

Vista de la Calle del Castillo

Bodegas y "covarachos" excavados en las arcillas del cerro del castillo

Restos de la "Mota" de Castrogonzalo

Restos de la "Mota" de Castrogonzalo

Restos de la "Mota" de Castrogonzalo