viernes, 15 de marzo de 2024

Antonio de Diguja Vega y Quiñones, alcaide de la fortaleza de Benavente en 1670

Ceremonia del homenaje, según una miniatura francesa del siglo XIII


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1670, diciembre, 30. Benavente.

Título y merced de Antonio Alfonso Pimentel, conde-duque de Benavente, nombrando alcaide de la fortaleza de Benavente a Antonio de Diguja Vega y Quiñones.

Archivo Histórico de la Nobleza, Osuna, C.435, D. 53.
Traslado de 1671, hecho ante el escribano público Juan Álvarez.

Don Antonio Alfonso Pimentel de Herrera Ponce de León y Belasco, conde duque de Venavente, señor de la cassa de Herrera, gentil hombre de la cámara de su Magestad e capitán de las guardas viejas de Castilla, etc. Por quanto es neçesario probeher el ofiçio e cargo de alcaide de fortaleza de esta mi villa de Venavente, para que sea guardada y defendida y no entregada sin horden mía, por la satisfaçión que tengo de bos, don Antonio de Diguja Bega y Quiñones y de buestra calidad y partes que hazeis y cumplereis lo que a mi serviçio combenga en esto y en todo sin que aya caussa ni respeto de haçer lo contrario, y por otras que a ello me mueben, tengo por bien de haçeros merçed del dicho ofiçio y cargo de alcaide de la dicha mi fortaleça por el tiempo de mi boluntad, y mando que después de aber hecho pleito omenaje de que como cavallero hijodalgo guardareis sino a quien por mi os fuere mandado se os dé la posesión y entreguen las llaves y armas que hubiere en ella y se os paguen los gajes que por tal alcaide os competen, así como los an llebado buestros anteçesores, presentando este mi título y merçed en mí contaduría mayor para que desde el día de su presentaçión se os asienten los gajes y se tome la raçón y a sus tiempos se os libren los maravedís que montaren dichos gajes, que para todo ello mandé despachar la presente firmada de mi mano sellada con el sello de mis armas y refrendada de mi secretario.
Dada en en mi villa de Benavente a treinta días del mes de diçiembre de mill y seisçientos y setenta años. El conde de Venavente. Por mandado del conde mi señor, Domingo de Ascargorta.


2


1670, diciembre, 31. Benavente.

Acta del juramento de pleito homenaje de Antonio de Diguja Vega y Quiñones, por el que toma posesión del oficio de alcaide de la fortaleza de Benavente.

Archivo Histórico de la Nobleza, Osuna, C.435, D. 54.
Traslado de 1671, hecho ante el escribano público Juan Álvarez.

En la villa de Benavente, a treinta y un días del mes de diçiembre de mill y seisçientos y setenta años, estando en los alcáçares y fortaleça de ella que son del excelentísimo señor conde duque de Venavente, terçero de este nombre y undéçimo señor de la dicha villa, y en la torre del homenaje de dichos alcáçares don Antonio de Diguja Vega y Quiñones en mi presencia y de los testigos que se dirán, exsibió un título que dicho excelentísimo señor despachó a su favor, firmado de su mano y refrendado de Domingo de Ascargorta, su secretario, por el qual pareçe le hiço merçed de la alcaidía de dichos alcáçares para haçer el juramento y pleito omenaje que conforme a leyes de estos reynos tiene ovligaçión haçer, estando presente el señor frey don Manuel de Tordesillas y Çepeda, cavallero professo de la Horden de San Juan, el qual abriendo las palmas de sus manos, metiendo en ellas el dicho don Antonio de Diguja las suyas, el dicho don Manuel de Tordesillas le dijo y requirió como cavallero hijodalgo al dicho don Antonio de Diguja si como caballero hijodalgo, que también es, juraba a Dios y a una cruz tal como esta +, y prometía por los Santos Evanjelios, donde más cumplidamente estubiesen escriptos, de tener la dicha fortaleça, alto y bajo de ella, a horden y mandado de dicho excelentísimo señor conde duque de Venavente, con todo lo que çierran las puertas, murallas de la dicha fortaleça, y de no la entregar, ni parte alguna de ella, en paz ni en guerra, ni recivir a persona alguna si no es con horden de dicho señor, y abiendo entendido la proposiçión, dijo que así lo juraba y prometía, y açía pleito omenaje como cavallero hijodalgo, pena de no faltar al dicho juramento y de yncurrir, si faltase a él, en la nota e ynfamia en que cayen e yncurren los cavalleros hijosdalgo que no cumplen con las ovligaciones del juramento y pleito omenaje que haçen, y teniendo todabía las manos juntas con las del dicho don Manuel de Tordesillas, le bolvió a requerir sigunda y terçera bez si açía y confirmaba el dicho pleito omenaje como lo avía hecho la primera, y respondió al dicho don Antonio de Diguja que de nuevo sigunda y terçera bez retificando el primer juramento le açía y le juraba con las mesmas fuerças y firmeças, y que si otras fuesen neçesarias las avía por presentes, y conforme a ellas y lo jurado bolvía azer el dicho juramento, y abiéndole reçivido el dicho señor frey don Manuel de Tordesillas y encargadole su cumplimiento conforme es su ovligaçión, así por cavallero como por la ovligaçión de christiano, tomó las llaves de los dichos alcáçares de mano de Alonso Cavada, portero, en cuyo poder estaban y se las entregó de su mano al dicho don Antonio de Diguja, el qual husando el ofiçio de alcaide mandó salir de la dicha fortaleça y torre del omenaje a todos los que estávamos dentro de ella, y çerró las puertas de la dicha torre, y bajó a las primeras y sigundas de los dichos alcáçarez, y las çerró quedándose dentro en señal de la posesión que tomaba, y abiendo buelto abrir las dichas puertas, y tomando de mano del dicho don Manuel de Tordesillas el título orijinal de la dicha merçed me lo entregó a mí el presente esribano para que le diesse por testimonio todo lo refererido, y a su pedimiento doy el presente dicho día, mes y año, siendo testigos Juan Antonio Silbestre, regidor perpetuo de esta villa y contador mayor de estos estados, Gabriel López de Olibares, ayuda de cámara de su excelencia y y Juan Ramos, beçino de esta villa, a todos los quales doy fe e conozco, y los dichos señores fray don Manuel de Tordesillas y don Antonio de Diguja Bega e Quiñones lo firmaron de sus nombres a quien assí mismo doy fe e conozco. Frey don Manuel de Tordesillas; don Antonio Diguja Vega y Quiñones. Passó ante mí, Juan Ávarez escrivano.

Torreón del Caracol y Cuestos del Castillo. A la izquierda se aprecian los restos de la antigua Torre del Homenaje, donde se celebraba la ceremonia del juramento y toma de posesión (Foto Testera)

miércoles, 13 de marzo de 2024

Pro anima mea - La donación de Rodrigo Pérez al monasterio de Oseira de su heredad en Saludes de Castroponce en 1214

1214. Donación Rodrigo Pérez de su heredad en Saludes (Archivo Histórico Nacional)

1214, septiembre. Valdenebro.

Rodrigo Pérez dona al monasterio de Santa María de Oseira toda la heredad que tiene en la villa de Saludes, con la condición de que el monasterio la redima de Raimundo del Podio, de Benavente, a quien se la tiene empeñada.

AHN, Clero, Oseira, carp. 1513-4 y 1531-1. Orig. Perg.; 300 x 210 mm.; escrit. carolina.
ED. M. ROMANI MARTÍNEZ, Colección Diplomática do mosteiro cisterciense de Santa María de Oseira (Ourense) 1025-1310, Santiago de Compostela, Vol I, 1989, pp. 162-163.

In nomine sancte et individue Trinitatis. Notum sit tam presentibus quam futuris quod ego Rodericus Petri do et concedo pro anima mea monasterio Sancte Marie de Vrsaria totam hereditatem et quicquid habeo uel habere debeo in uilla que dicitur Saludes in perpetuum. Mando tamen quod ipsum monasterium redimat predictam hereditatem a Raimundo del Poio de Benauent qui eam tenet a me inpignore.
Facta carta apud Vallen de Enebro, era Mª CCª Lª II mense [septen]bri. Regnante Legione rege dompno Alfonso. Petro archiepiscopo compostellano existente.
(1ª col.) Petro Astoricensi.- Iohannes Ovetensi.- Roderico Legionensi.- Fernando Auriensi.- Ruderico Lucensi episcopis.
(2ª col.) Testes huius donationis sunt: Ruderico magister de Calatraua.- Fratres eiusdem [...] Martinus Fernandi.- G. Martini.- Fernandus [...] G. de Ebora.- G. Roderici.- P. Roderici.- Fernanduus (...] de Regalia, milites [...] eius Fernandus.- Fernandus.- Fernandus Cer-[...]
Fernandus Alfonsi.- Martinus Asturianus.- Guillelmus [...]. Bartolomeus [...] qui scripsit.

sábado, 9 de marzo de 2024

Pro remedium animarum nostrarum - La donación de Constanza Osorio de la villa de Maire de Castroponce al monasterio de Oseira en 1183

1183. Donación de Constanza Osorio de la cuarta parte de la villa de Maire (Archivo Histórico Nacional)

1183, enero, 27.

Constanza Osorio y su hijo, Rodrigo Pérez, donan al monasterio de Santa María de Oseira la cuarta parte de la villa de Marín (Maire de Castroponce), en el término de Benavente, junto al río Órbigo.

AHN, Clero, Oseira, carp. 1510-19 y 1531-1. (Dos partes, rotas, de un mismo documento que habían sido signadas independientes). Orig. Perg.; 400 x 370 mm.; escrit. carolina.
ED. M. ROMANI MARTÍNEZ, Colección Diplomática do mosteiro cisterciense de Santa María de Oseira (Ourense) 1025-1310, Santiago de Compostela, Vol I, 1989, pp. 79-80.

(Christus) In Dei nomine. Ego Constancia Ozorez et filius meus Rodericus Petri, facimus kartam donacionis monasterio Sancte Marie de Ossarie et abbas Garcia Petri et conuentum, dabimus hereditatem quam habemus in uilla que uocitant Marin, scilicet quartam partem uille, quantum ad nobis pertienet, uel debet pertinere, dabimus pro Dei amore, et pro remedium animarum nostrarum et parentum nostrorum. Damus et concedimus et octoritate facimus et accepimus pro inde roboracione unas luuas. Ita de hodie uel tempore sit illa hereditas de iuri nostro abrasa uestrique dominio sit tradita atque confirmata. Faciatis ex illa que uestra fuerit uoluntas in secula secolorum amen. Si quis tamem uenerit propinquis uel extraneis, qui hanc kartam rumpere uoluerit, sit maledictus et excumunicatus et cum Iudas in inferno dampnatus et insuper pectect in coto mille morabitinos uobis uel uoci uestre pulsanti, et de illa hereditate in simili tali loco.
Facta karta donacionis et roborata era Mª CCª XXIª et quoddum VIº kalendas februarii. Regnante rege Fernandus in Legione et in Gallicia. Maiordomus comite Urgelensi et alferez Frola Ramiriz. Fernandus episcopus in sede Sancte Marie Astoricensis. Manricus episcopus Legionensis. Rodericus episcopus Ouionensis. Petrus Suarez archiepiscopus in sede Sancti Iacobi. Alfonsus episcopus Oriensis. Rodericus episcopus Lucensi. Viliermus episcopus Zamorensis. Fernandus Rodericus Castellano tenente Asturias. Comites Gomez tenente Monte Roso. Comes Fernandus tenente Limia. Comites Alfonsus tenente Berezo. Guterron tenente Monte Negro. Comite Urgel tenente Benauent. Merino Bernaldus portero et alcaldes: Petrus Monazino, Martinus Fauiiz, Ramondus Nariz.
Ego Constancia Ozorez et filius meus Rodericus Petri in hac karta manus nostras roboramus et hoc signum facimus (Signum), et confirmatores de illa uilla de Marin, in termino de Benauent discurrente fluuium Oruego et habet frontaciones illas uillas que uocitant Sancti Petri et F[errer]os et Saludes, Pobuladura, Coamonte et Redelga, Frerno et Morales.
Petrus ts. Fernandus ts. Martinus ts.
Qui presentes fuerunt uel auditores homines de concilio de Uszella: Gonzaluus Iohannis, don Raimondus presbiter, don Adam, Pelagius Petriz. Et de concilio de Marin: Petro Martiniz, Michael Petriz, Petro Nunez, Lobon de la Isla, Fernandus Pelaiz, Pelagius Giliz, Martinus Uillar, Dominicus Uillar, Dominicus Michaeliz.
Petrus notuit. (Signum).

La familia del conde Osorio Martínez

domingo, 3 de marzo de 2024

Otras formas de hacer Historia – Algunas consideraciones y reflexiones sobre el blog “Más Vale Volando”

Buitre y divisa "Más vale volando" en la iglesia de Santa María del Azogue de Benavente

RESUMEN

Se ofrecen en este artículo una serie de reflexiones y consideraciones sobre el blog "Más Vale Volando", creado por el autor en el año 2008. El blog nació con la intención de ofrecer a los lectores artículos centrados en la historia y el patrimonio de los territorios que conformaron el condado de Benavente. Luego, algunos temas fueron tomando sus propios derroteros, y también han tenido cabida otros estudios más genéricos o específicos sobre historia, documentación y arte medieval.

Palabras Clave:

Blogs, Post, Website, Historia de Zamora, Internet, Condado de Benavente, Pimentel

TITLE:

Other ways of making history – Some considerations and reflections on the blog “Más Vale Volando”

SUMMARY:

This article offers a series of reflections and considerations about the blog "Más Vale Volando", created by the author in 2008. The blog was born with the intention of offering readers articles focused on the history and heritage of the territories that made up the county of Benavente. Later, some topics began to take their own paths, and other more generic or specific studies on medieval history, documentation and art have also taken place.

Keywords:

Blogs, Post, Website, History of Zamora, Internet, Benavente County, Pimentel


La amable invitación, desde la organización del “III Congreso de Historia de Zamora”, para formar parte de una mesa de debate bajo el título: “Otras formas de contar la Historia”, se presenta como una excelente oportunidad para hacer un pequeño balance de mi experiencia personal. A partir de ella, intentaré ofrecer algunas reflexiones sobre el papel que puede tener actualmente un blog en la investigación y en la difusión de la historia zamorana, una tarea a la que he dedicado, en la medida de mis posibilidades, los últimos 16 años.

En aquella mesa de debate tuve la ocasión de compartir experiencias con Eva Belén Carro Carbajal, responsable de Didáctica del Museo Etnográfico de Castilla y León, con el periodista José María Sadia Pérez y con Luis González, propietario de librería Semuret durante 50 años. Una compañía muy heterogénea y agradable, de la que salieron temas e inquietudes muy interesantes sobre el panorama histórico y cultural de Zamora, y que suscitó diversas preguntas y comentarios por parte del público asistente. El desarrollo de la mesa discurrió por cauces siempre dinámicos y amenos gracias al buen hacer de su moderador: Josemi Lorenzo Arribas, auténtica "alma mater" de esta sugerente iniciativa, y a quien quiero agradecer particularmente su invitación.

La propuesta partía de la constatación del creciente interés por las cuestiones históricas en la sociedad. Una curiosidad que se puede satisfacer acudiendo a formas de contar la historia no siempre atendidas por los profesionales en la materia, sino que están siendo desarrolladas por personas de otras disciplinas o, simplemente, personas aficionadas. En este auténtico cajón de sastre, tienen cabida periodistas especializados, autores de novelas históricas, divulgadores, pero también creadores de blogs, “community managers” de Redes Sociales o guionistas de podcasts de tema histórico-artístico.

I

La historia del blog “Mas Vale Volando” se remonta al mes de abril del año 2008, cuando se activó la página y se publicó una primera entrada dedicada al sello de cera del concejo de Benavente. Estábamos en un momento de eclosión de los blogs personales, blogs corporativos, blogs de viajes, blogs culturales, blogs de todo tipo. Las facilidades que ofrecía la novedosa herramienta “Blogger” y la rápida difusión de los contenidos invitaban a ello. Era un mundo por descubrir y explorar, al que se incorporó, en un principio, mucha gente entusiasta, y me pareció un buen momento para dar a conocer toda una serie de temas, documentos, fichas, imágenes y materiales en los que estaba trabajando desde hacía años.

El blog nace, por tanto, con una vocación de gran escaparate en el que ofrecer a los lectores artículos centrados en la historia y el patrimonio de los territorios que conformaron el condado de Benavente. Luego, algunos temas fueron tomando sus propios derroteros, y también han tenido cabida otros estudios más genéricos o específicos sobre historia, documentación y arte medieval. Desde aquel lejano año 2008, se han incorporado más de 200 entradas. En marzo de 2024 se superaron las 325.000 visitas a la página. En estos años, el blog ha pasado por variaciones en los diseños, cambios en la cabecera y una mejora significativa en la calidad de las imágenes, pero su espíritu siempre ha sido esencialmente el mismo. 

Además de la subida regular de “entradas” o "posts" más o menos novedosos para el público en general, el blog ofrecía también interesantes posibilidades como archivo personal y repertorio de trabajos de investigación ya publicados. Hoy en día, existen muchas alternativas académicas y profesionales en este sentido, por no hablar de los grandes portales bibliográficos como “Dialnet”, pero en aquel momento había pocas revistas científicas digitalizadas y el acceso a los artículos no siempre era fácil. El envío e intercambio de separatas en papel era todavía una práctica muy habitual.

Así pues, me ocupé durante un tiempo de escanear y pasar a PDF la mayor parte de mis trabajos publicados, ofreciendo a los visitantes de la página la posibilidad de consultarlos online y descargarlos en los correspondientes enlaces. Esta meticulosa labor acabó siendo muy gratificante, pues suponía dar una ordenación a toda una serie trabajos muy dispersos: libros, revistas, colaboraciones en congresos, jornadas, catálogos de exposiciones, etc. Todo ello se ponía ahora al alcance del gran público.

Después de más de 200 “posts” publicados en estos 16 años de andadura, en torno a “Más Vale Volando” se ha ido configurando todo un corpus histórico y documental sobre las tierras del norte de Zamora. La acumulación de artículos fue dando lugar a series temáticas, como las dedicadas a la parroquias, iglesias y ermitas de la villa de Benavente; otras centradas en la epigrafía; transcripción de documentación inédita de diversos asuntos; análisis de los privilegios y pergaminos del Archivo Municipal; genealogías de destacadas familias benaventanas, estudios de historia del Arte, nuevas aportaciones sobre la historia del Castillo y las fortificaciones de la villa, etc. La historia de la familia Pimentel y del condado de Benavente han tenido un tratamiento siempre muy especial, contando para ello con la ayuda inestimable de toda la documentación de la casa de Osuna disponible en el Portal de Archivos “PARES”.

Algunos artículos, en un principio un breve texto de unas pocas líneas, fueron creciendo conforme avanzaba la investigación y aparecían nuevas fuentes documentales. A partir de ellos, surgieron posteriores trabajos publicados en revistas, como los “posts” dedicados al sello de cera del concejo de Benavente, publicados luego en la revista “Notas de Archivo”, del Archivo Diocesano de Astorga, las inscripciones de Montes de Valdueza o el estudio sobre la Cruz de Peñalba, publicados en la revista “Bierzo” y en la revista del Instituto de Estudios Bercianos. Este carácter dinámico de los “post” permite revisitarlos cada cierto tiempo, así como renovar sus imágenes, mapas o cuadros explicativos.
II

La aventura de “Más Vale Volando” tuvo otras derivas, no siempre previstas por el autor, relacionadas con experiencias vitales y profesionales. A partir de una serie de entradas centradas en la comarca del Bierzo, surgió el blog “El Bierzo prerrománico”. Paralelamente se creó otro blog denominado “Castrogundisalvo”, en el que se fueron colgando todos los artículos relacionados con este pequeño pueblo de la provincia de Zamora. Los materiales didácticos elaborados para preparar las clases de la asignatura de Historia de España, de Segundo de Bachillerato, dio lugar a “Cuaderno de Historia de España”, un nuevo blog abierto a todo el alumnado interesado en preparar la prueba de la EBAU de Castilla y León. Todas estas hijuelas han tenido también su recorrido, pero su actualización y dedicación han sido siempre menores respecto al blog originario, que siempre he considerado principal.

Muy pronto fui plenamente consciente de las ventajas e inconvenientes de la procelosa empresa en la que me había embarcado. Publicar un “post” supone dejar en la red un artículo en permanente exposición a la crítica, siempre vivo y sujeto a una constante revisión. Los lectores pueden en cualquier momento hacer puntualizaciones u observaciones. Tiene un recorrido completamente diferente a cuando uno escribe para publicar en un libro o una revista convencional. Permite, en cualquier momento, modificar, ampliar, corregir sus contenidos o, incluso, abrir nuevas líneas de investigación.

Todo esto es impensable en un artículo publicado en papel, pero también plantea algunos problemas no menores. Unos temas llevan a otros, y con frecuencia es necesario cortar o reducir el relato para no apabullar al lector con datos y documentos. Obliga a conservar diferentes versiones del mismo texto, y cualquier cita de los contenidos debe incluir la fecha, o incluso la hora, de su consulta. En otros casos, no es el mío de momento, los “post” simplemente desaparecen, o el propio blog deja de actualizarse o se cierra para siempre.

Uno de los aspectos más gratificantes de haber mantenido activo durante tantos años el blog ha sido el propio seguimiento de la página, y la relación con los lectores y con los visitantes. Lógicamente, la mayor difusión siempre se ha concentrado en el entorno de Benavente y su comarca, pero no han faltado audiencias de los lugares más remotos e insospechados. En este sentido, se puede de decir que la repercusión de “Más Vale Volando” tiene valoraciones tanto cuantitativas como cualitativas.

En el aspecto cuantitativo, las herramientas que “Blogger” pone a disposición del administrador del dominio son muy variadas y útiles. A través de los contadores, se permite ver en tiempo real el acceso a las entradas. Se puede saber cuáles han sido los artículos más leídos en un lapso temporal configurable, por días, por semanas, por meses o por años. También es posible saber desde qué países del mundo se accede, los buscadores utilizados y las palabras clave introducidas. Todo ello se muestra en gráficas y estadísticas muy visuales y detalladas. Nunca ha sido el objeto de este blog buscar la audiencia, o el protagonismo en la red. Tampoco se planteó como una carrera o competencia con otras iniciativas similares por conseguir un mayor número de visitantes. Si esta hubiera sido la intención, los contenidos habrían sido otros muy distintos, pero si me ha interesado, cuando ha sido posible, saber cómo, cuándo y por qué se entra en la página.

En lo cualitativo, hay que destacar, sin duda, el contacto con los lectores y visitantes de la página. Unos a través de los comentarios dejados en el propio artículo y otros mediante consultas privadas por correo electrónico. Ha habido varios “posts” que han sido objeto de muchas consultas y comentarios. Entre ellos debe destacarse, por ejemplo, las entradas relacionadas con la figura de Pedro Hernández de la Cruz “Perejón”, un personaje benaventano al servicio de los condes que llegó a ser bufón en la corte de Carlos I y Felipe II, y que cuenta con un magnífico retrato en el Museo del Prado, obra del gran maestro Antonio Moro.

Otra problemática con la que hay que lidiar es la de la copia y los mal entendidos “derechos de autor”. Con relativa frecuencia encuentro mis textos e imágenes reproducidos con mayor o menor fortuna. El blog nunca tuvo un interés comercial o económico. En los títulos de crédito se indica claramente que se pueden utilizar los contenidos, siempre que se haga la cita correspondiente e incluyan el "link" o enlace a los artículos:

“Este es el Blog personal de Rafael González Rodríguez. Sus contenidos se elaboran, sin ánimo de lucro, para la divulgación general. Se ruega a las personas que utilicen estos materiales y textos, total o parcialmente, que hagan la cita correspondiente e incluyan el "link" o enlace a los artículos”.

Sin embargo, uno se topa con webs en las se copian y pegan párrafos enteros sin citar la procedencia, o lo que es peor, se reproducen torpemente y se llega a cambiar el sentido de mis frases. Internet se ha convertido en una jungla en la que ya no se respetan las más elementales normas de la cortesía. He llegado a leer párrafos míos reproducidos en revistas “científicas” y ver algún libro de editorial universitaria cuya portada reproduce, sin citar, imágenes de las que soy autor.

No quisiera, no obstante, que estas últimas consideraciones empañaran un balance muy positivo de toda esta experiencia. “Mas vale volando” ha acabado siendo una parte muy importante de mi trayectoria como historiador e investigador, y también ha tenido un papel como forma de enriquecimiento personal. Las relaciones con los lectores del blog han sido siempre cordiales y enriquecedoras. No sólo he recibido felicitaciones, consultas y observaciones, sino también algunas aportaciones novedosas de información o documentación, que han permitido ampliar con nuevos datos los artículos, o incluso abrir nuevos temas hasta entonces desconocidos.

III

Una de las cuestiones que siempre se me plantea cuando intento explicar los aspectos principales de este blog es su propio nombre. "Más Vale Volando" está tomado de la divisa o lema que la familia Pimentel, condes de Benavente, adoptó en su escudo de armas. En heráldica los términos lema y divisa suelen entenderse como sinónimos, pero algunos autores tienden a diferenciarlos y a matizar su significado. En cualquier caso, forman parte de los ornamentos exteriores de los escudos, y consisten en frases breves, a menudo de contenido sentencioso, que expresan deseos u objetivos, y que sirven como elemento distintivo de una persona, linaje o institución.

En el caso de las armas de los Pimentel, junto a la divisa suele aparecer la imagen de un buitre con sus alas desplegadas. De todo ello contamos con abundantes ejemplos en la iconografía familiar. El significado de ambos elementos puede entenderse como una apuesta por la libertad individual frente a los juicios preestablecidos. Alude a la necesidad de aprovechar las oportunidades que la vida ofrece y de no contentarse con la seguridad de los objetivos ya alcanzados.

Cuentan las crónicas que cuando el noble portugués Juan Alfonso Pimentel, I conde de Benavente (1398-1420), abandonó al rey de Portugal para instalarse definitivamente en Castilla, éste le reprochó que pusiera en peligro sus destacadas posesiones en aquel reino, Bragança y Vinhais entre otras. El rey le recordó el célebre dicho: "Más vale pájaro en mano que buitres volando". Y el conde le contestó despidiéndose: "Más vale volando". A partir de entonces, ésta sería la divisa del linaje, omnipresente en su emblema heráldico. A este respecto, señala Ignacio Berdum de Espinosa en 1753 lo siguiente:

“[…] por estas razones dicen algunos que tienen los Pimenteles en sus armas un buytre, con el lema “más vale volando”, pues habiendo sido príncipes poderosos en el reyno de Portugal, dejaron sus dignidades y rentas por seguir la parcialidad del rey de Castilla, y su legítima acción al solio de aquel reyno, depreciando los mayores dones, mercedes de estados y rentas que pueden ponderarse, a cuya aceptación le conspiraba el mismo, que entonces se intitulaba rey de Portugal, y se lo persuadían todos los grandes y magnates de aquel reyno, reconociéndole por el principal de ellos, en lo que concuerdan todos los historiadores portugueses y castellanos, y resulta de instrumentos y varios papeles antiguos que tiene la Casa en su Archivo”.

Ledo del Pozo, en su “Historia de la nobilísima villa de Benavente”, (Zamora, 1853), ofrece una explicación muy similar:

“Tienen también estos condes en sus armas un buitre con el lema “Más vale volando”, porque disgustado don Juan Pimentel, que después fue I conde de esta villa de Benavente, de la injusticia y tiranía que con él usaba el rey de Portugal, por haber seguido en las guerras el partido de doña Beatriz contra él; se desnaturalizó de aquel reino con tanta bizarría, que envió a decir al rey no era su vasallo; y que así le entregaba las fuerzas, dignidades y rentas de sus estados; a cuya propuesta respondió el rey advirtiese «más valía pájaro en mano, que buitre volando», a lo que replicó don Juan «más vale volando» timbre que hoy día ostentan las armas de estos condes”.

Expresiones relacionadas con la de “más vale volando” aparecen ya en el Quijote y en otros textos literarios clásicos, lo cual nos remite a los dichos populares y sugiere una creación muy anterior en el tiempo. En el Quijote encontramos el mismo refrán reproducido por el rey portugués en varias ocasiones: “Más vale pájaro en mano que buitre volando” (El Quijote I, 31 y II, 12) y “[Más vale] el pájaro en la mano que el buitre volando” (El Quijote II, 71). Ya en el siglo XIV, en el “Libro de Buen Amor” leemos: “No dejes lo ganado por lo que has de ganar” (Libro de Buen Amor, 994). En los siglos XV y XVI contamos con otros testimonios similares en varias obras castellanas, y también con un proverbio latino de cronología incierta: “Est avis in dextra, melior quam quator extra”, (es mejor un pájaro en la diestra que cuatro fuera de ella).

Sin embargo, los Pimentel retorcieron el argumento y dieron totalmente la vuelta a su sentido, a pesar de parecer tan cabal e irrefutable. Razones poderosas tuvieron para ello. En realidad, la lealtad del primer conde de Benavente, Juan Alfonso Pimentel, nunca fue incondicional a Castilla, sino que supo aprovechar hábilmente las coyunturas políticas en función de sus intereses familiares y patrimoniales. Por ello, no salió muy bien parado en las crónicas de la época. No participó activamente en la batalla de Aljubarrota de 1385, en la que se produjo un contundente triunfo militar por Juan de Avís y sus aliados ingleses sobre Juan I de Castilla. Se mantuvo defendiendo su enclave de Braganza, con una posición ambivalente, pero en principio favorable a las aspiraciones de doña Beatriz, hija de Fernando I y esposa del rey de Castilla, frente a los seguidores del Maestre de Avís.

A partir de 1396, tras la reanudación de hostilidades entre Castilla y Portugal, Juan Alfonso Pimentel encontró la ocasión propicia para precipitar su paso al servicio de Castilla. Todo apunta a una calculada y meticulosa negociación con los representantes del rey castellano. El 17 de mayo de 1398 Enrique III otorgó un albalá desde Tordesillas por el que concedía al noble portugués, a título de condado, la villa de Benavente con su castillo, aldeas, términos y derechos, exceptuando el cobro de las alcabalas y los pedidos reales de monedas. La toma de posesión solemne de la villa tuvo lugar el día 8 de junio en el monasterio de San Francisco. A partir de ese mismo momento, haciendo uso de las atribuciones señoriales recogidas en la merced regia, nuestro noble comenzó a poner toda la maquinaria concejil a su servicio. Se creaba así un importante condado, asociado a uno de los linajes más poderosos del reino. Su apasionante historia habría de prolongarse hasta bien avanzado el siglo XIX.

Así pues, “Más Vale Volando” no solo es el título de un blog; no solo es el lema incorporado a las armas de la familia Pimentel; no solo recuerda un viejo dicho castellano; es también una forma de afrontar con cierto optimismo las vicisitudes de la trayectoria vital, desde un espíritu aventurero, consecuente con las fortunas y las adversidades.

domingo, 18 de febrero de 2024

El puente medieval: unidad de poblamiento y elemento articulador del espacio

Principales elementos constructivos del puente de Castrogonzalo (Zamora)

1. Una aproximación a los puentes medievales

Los puentes medievales, desde un punto de vista estrictamente material, son convencionalmente analizados en el apartado de obras de ingeniería civil. De esta forma, los historiadores del arte han fundamentado su discurso en desvelar su estructura, tipología, materiales y elementos constructivos; los problemas técnicos que suscitan o sus sucesivas reformas o restauraciones. Todo ello acompañado por una reseña histórica, en la que se da cuenta de su origen o fundación, su trayectoria y vicisitudes.

Sin embargo, son muchas otras las perspectivas que ofrece su estudio al historiador. Los puentes son también encrucijadas en la red viaria, puntos habituales de fiscalización, enlaces en los flujos comerciales y lugar de paso obligado en las rutas de trashumancia ganadera. Las circunstancias favorables de su entorno los hacen idóneos para el establecimiento de monasterios, dedicación de ermitas o santuarios, celebración de ferias, o incluso fundación de nuevas villas. Pero, por encima de todo, los puentes medievales son enclaves de articulación del espacio. La prosperidad o decadencia de destacados núcleos de población ha estado íntimamente relacionada con la proximidad o lejanía de alguna de estas construcciones. Las transformaciones en los trazados de las vías de comunicación tienen mucho que ver con su reforma, reparación o simplemente abandono o destrucción. La red viaria se ha ido remodelando a lo largo de los siglos en torno a ellos, de modo que los principales caminos y calzadas nacen, mueren o se cruzan en un puente.

Algunos puentes tienen también un destacado componente militar. Controlar su fábrica conlleva dominar las comunicaciones de la región y, en consecuencia, ocupar un amplio territorio, dada la necesidad de los contingentes militares de utilizar estos pasos para sortear los ríos. Esta función militar es claramente apreciable en varios puentes del norte de Zamora, como los de Castrotorafe, Castrogonzalo, Puebla de Sanabria o incluso el de Benavente, sobre el Órbigo; todos ellos levantados a la sombra de fortificaciones. En otros casos, no podemos documentar efectivamente la existencia de puentes de piedra, pero sí de pasos de los ríos vigilados y defendidos por castros o fortificaciones menores, como en Mózar, Bretó, Castropepe o Manganeses de la Polvorosa. Por eso el puente, además del paso de un río, es defensa de ese paso, lo que justifica su fortificación. En ocasiones, el enemigo lo que pretende no es tanto conquistarlo como destruirlo, intentando minar sus pilares o sus estribos. Por ello, se defendía su estructura con torres o con ladroneras sobre matacanes para impedir al enemigo acercarse a su fábrica.

Pero, los puentes, en realidad, no son más que la forma más acabada o estable de sortear el paso de los ríos. Dadas las carencias seculares de la red viaria medieval y las alteraciones frecuentes en los cauces, la forma más habitual de atravesar un río eran los vados y las barcas, en sus variadas modalidades. Los puentes, especialmente aquellos construidos estructuralmente en piedra, quedaron relegados a aquellos puntos más estratégicos, allí donde los condicionantes del terreno o las características del propio río no permitían adoptar otra fórmula, o bien donde la importancia, el tráfico de la vía, o el protagonismo del núcleo de población inmediato exigían un paso consolidado y de prestigio. Los puentes se convierten así en un elemento de ostentación para las villas, en el emblema de la ciudad, motivo iconográfico frecuente en los sellos concejiles, en la heráldica y en las obras de arte en general.

Atendiendo a su significado de obra pública, concebida para el uso y disfrute de la comunidad, la construcción de los puentes figura en la Edad Media entre las atribuciones o cometidos de la monarquía. Así en Las Partidas se señala como una de las funciones inherentes a los reyes la de labrar las puentes et las calzadas. El código doctrinal alfonsino también recoge otras responsabilidades orientadas a facilitar las comunicaciones, como la construcción de albergues u hospitales, y todo lo que tiene que ver con la infraestructura viaria. Contamos con abundantes ejemplos de fundación o promoción por los monarcas leoneses y castellanos de obras de puentes, tanto en las vías de comunicación principales como en los ramales secundarios. En este sentido, es bien conocida la noticia que nos suministra la crónica de Pelayo de Oviedo de la reparación por Alfonso VI de todos los puentes existentes a lo largo del Camino de Santiago, en el tramo comprendido entre Logroño y la capital jacobea. Muchos de estos viaductos de condición realenga, acabaron incorporándose por diversas vías al patrimonio de las instituciones eclesiásticas y de los concejos, responsables en última instancia de su mantenimiento y conservación.

Pero, no sólo los reyes, o los concejos en su nombre, se ocuparon de estas labores de arreglo de caminos y fundación o mantenimiento de puentes. A pesar de su habitual consideración como obras de ingeniería civil, en la Edad Media los puentes tienen mucho que ver con las construcciones religiosas. Volviendo nuevamente sobre Las Partidas, después de recordar los privilegios y libertades de que gozaban los clérigos, se añade como una de sus obligaciones inexcusables, la de contribuir a la construcción de nuevos puentes y el mantenimiento de los que están ya hechos. Para Berceo, el eludir estas tareas identificaba a los malos cristianos y a los delincuentes. Sirva de ejemplo, para ilustrar todo lo dicho hasta ahora, la fundación por el obispo astorgano Osmundo de un puente en el Bierzo, sobre el Sil, a finales del siglo XI. El uso de refuerzos, o tal vez de barandillas de hierro, en su construcción bautizó a la novedosa fábrica como “la Pons Ferrata”, germen de la villa de Ponferrada.

Los puentes son también, en cierto modo, obras de adscripción religiosa por su asociación con santuarios, ermitas, monasterios u hospitales, pero sobre todo porque algunos de sus más afamados e ilustres artífices son a la vez maestros de obras en iglesias o catedrales. Emblemáticas en este sentido son las figuras de Santo Domingo de la Calzada, San Juan de Ortega o el mismísimo Maestro Mateo, todos ellos vinculados con la construcción de puentes. El Códice Calixtino, recoge con toda solemnidad los nombres de los maestros restauradores del Camino de Santiago, desde Rabanal a Portomarín, que habrían actuado “movidos por devoción y amor a Dios y al Apóstol”. En estos y otros casos existe una interesante asociación entre esta labor arquitectónica y la atribución a sus personas de especiales virtudes espirituales, hasta el punto de que tanto ellos como sus propias creaciones gozaron de la admiración, y en su caso devoción, de los fieles. Tal vez, en todo ello influya el carácter evocador y simbólico que tenía para los cristianos el puente en la Edad Media.

Para el norte de Zamora contamos con la figura excepcional de Petrus Deustamben, constructor de la iglesia de San Isidoro de León y fundador de un puente que tomó su nombre en el río Esla, situado entre las actuales localidades de Milles de la Polvorosa y Villaveza. Su sepulcro y epitafio ponen de manifiesto un culto popular hacia su persona. Las virtudes y milagros que rodeaban a su figura, movieron a Alfonso VII, y a su hermana doña Sancha, a reservar un lugar de honor para su sepultura en el mencionado templo leonés. En su lápida, parcialmente fragmentada, se reconoce a dos ángeles turiferarios rindiendo honores junto a la imagen del difunto.

2. El puente medieval: unidad de poblamiento y elemento articulador del espacio

Los puentes raramente son obras aisladas en el paisaje dentro del imaginario medieval. Su erección o reconstrucción formaba habitualmente parte de un proyecto más ambicioso, que podía afectar profundamente a la organización del espacio. No sólo se asocian a ermitas, hospitales o alberguerías, sino que con frecuencia la edificación de un puente implicaba el establecimiento de una población, así como la asignación de un territorio dependiente, al igual que cualquier otra aldea, villa o gran propiedad agraria. Este territorio exclusivo es denominado en los diplomas bajo la fórmula terminus pontis o la terra pontis. Esto explicaría por qué la construcción de un puente puede llevar aparejada la creación o revitalización de una próspera villa.

Dado el alto coste de la inversión inicial, en los promotores de los viaductos existía una no disimulada preocupación por garantizar su mantenimiento en el tiempo, a través de su asociación con una institución religiosa o laica, que permitiera además el drenaje de rentas o donaciones para asegurar su supervivencia. En este sentido, una de las fórmulas más socorridas durante los siglos XII y XIII en nuestro territorio fue el establecimiento de lo que podríamos denominar puente-fundación, concebidos con una vocación de autosuficiencia. En el puente-fundación los territorios dependientes, así como las propiedades anejas, generaban unas rentas que al menos en parte se invertían en su mantenimiento. Es frecuente encontrar en las colecciones diplomáticas medievales menciones a tierras, viñas u otras heredades que pertenecen a un viaducto, o a la institución religiosa vinculada a él. En la misma línea, aparecen donaciones o mandas testamentarias de particulares destinadas a su fábrica. En otros casos, la explotación del puente implicaba el disfrute de determinados ingresos derivados de la fiscalidad, entre ellos la participación en los derechos de portazgo y pontazgo o peajes, cuyos pormenores conocemos en el momento en el que los reyes o los propietarios originarios ceden parcial o totalmente a otras instituciones o particulares.

En el norte de la provincia de Zamora contamos con varios ejemplos esclarecedores que se acomodan a esta casuística del puente-fundación. Uno de ellos es el puente de Castrogonzalo, sobre el río Esla. Situado junto a un asentamiento tardorromano y en las inmediaciones de un antiguo castro altomedieval, tal vez tuvo algún antecedente romano, cuya fábrica actual no desvela. Su primera aparición en las fuentes data de 1221, cuando Alfonso IX vende a un particular, Juan Pérez, toda la heredad que le pertenecía en este puente y sus términos, dentro del territorio de Benavente, por 500 maravedís. Lamentablemente, no conservamos más que un breve extracto del diploma, dejando muchos interrogantes en el aire.

La noticia nos muestra como el mencionado puente pertenece al realengo y está integrado en el alfoz benaventano, pero cuenta con su propio coto o territorio, y está vinculado al disfrute de algunas heredades. Su construcción o remodelación, a la sombra del mencionado castrum, no debe ser muy anterior en el tiempo, tal vez bajo los auspicios del propio Alfonso IX o quizás de su antecesor, Fernando II. La iniciativa debe encuadrarse, en cualquier caso, en la repoblación de la villa de Malgrad-Benavente, en época de ambos monarcas leoneses, pues el mencionado paso proporcionaba un acceso rápido y seguro a la floreciente población desde Tierra de Campos sin necesidad de atravesar el Órbigo. La interpretación que hace Carlos Fernández Casado de las estructuras existentes en el río, es que un puente romano anterior habría sido abandonado en los siglos XII o XIII, construyendo otro paralelo al mismo y a muy corta distancia. El puente medieval, construido con ojivas de poco peralte sería del siglo XIII.

En este mismo año de 1221 nuevamente Alfonso IX hace donación del puente, junto con todos sus portazgos, a Juan Pérez y su mujer Estefanía, con lo que se consolida el dominio de este matrimonio sobre este paso estratégico del Esla. Al año siguiente, en 1222, Alfonso IX concede al monasterio de Arbás la facultad de hacer feria en el puente de Santa Marina de Castrogonzalo, ocho días antes y ocho días después de la festividad de Santa Marina, señalando las franquicias de los concurrentes a las mismas. De estos dos privilegios deducimos que los receptores de la donación de Alfonso IX posteriormente entregaron sus heredades a Santa María de Arbás, con lo que el puente pasó a formar parte del importante núcleo patrimonial de los canónigos agustinos en Tierra de Campos. Poco después, en 1225, completando el dominio del monasterio en la zona, Alfonso IX otorgaba al abad de Arbás cuantos derechos le pertenecían en las dos iglesias de Castrogonzalo.

La imagen que proporcionan todas estas noticias, junto con otras referencias complementarias, es la de un enclave con cierta prosperidad, al que la monarquía incentiva con la concesión de una feria franca de quince días, lo cual presupone un tráfico intenso de personas y mercancías. El puente está asociado, además, a un santuario de probable culto antiguo: una ermita dedicada a Santa Marina, que se complementa con una alberguería relacionada con la asistencia a viajeros y peregrinos y, probablemente, un núcleo de población estable. El cobro de portazgos en este lugar, y su cesión por el monarca a los nuevos propietarios, no sólo reafirma el despunte económico de este paso, sino también la dedicación de parte de estas rentas a su sostenimiento. Un documento del monasterio de Moreruela nos confirma, a finales del siglo XIII, la existencia en las inmediaciones de viñas y tierras propiedad del puente, el mantenimiento de la alberguería y el culto a Santa Marina, así como la posible explotación de una barca, relacionada, sin duda, con las frecuentes obras de mantenimiento del viaducto.

El establecimiento de la feria franca y el control del portazgo por el monasterio de Arbás, deben inscribirse en un momento de notable expansión de esta abadía leonesa en tiempos de Fernando II y Alfonso IX. Arbás disfrutaba además, por privilegio real, de los portazgos de todas las mercancías que circularan por sus términos, lo cual le originó conflictos con el concejo de Oviedo, que también por concesión regia estaba exento de pagarlo. El cobro de estos derechos de tránsito en diferentes puntos de la ruta entre Asturias y León, junto con sus posesiones en León y Tierra de Campos, le proporcionaría un lucrativo control de los flujos económicos. No obstante, durante los siglos XIV y XV, este viaducto figura de forma permanente entre los bienes de propios del concejo de Benavente, aunque no sabemos de que forma se formalizó su cesión o adquisición definitiva. La explotación y gestión de este puente por el concejo originó, como veremos, una amplia secuela de pleitos y demandas con los propietarios del resto de barcas existentes en el río Esla.

Otro ejemplo equiparable de puente-fundación es el del desaparecido Puente de Deustamben, en el Esla, situado en la finca de El Priorato, entre los actuales términos municipales de Villaveza del Agua y Milles de la Polvorosa. Este puente fue levantado o reedificado por Pedro Deustamben, responsable también, como ya se dijo, de buena parte de las obras de la colegiata románica de San Isidoro de León. En torno a este enclave, al calor de los movimientos de población, mercancías y peregrinos, surgió a mediados del siglo XII un próspero, aunque efímero, núcleo de población. Según se desprende de un diploma de 1196, la heredad del Puente de Deustamben, se componía del propio viaducto, una iglesia dedicada a Santa María, un hospital y un conjunto de pertenencias que se explicitan en el texto: villas, iglesias, solares yermos y poblados, tierras labradas y sin labrar, viñas, salinas, aceñas, molinos, prados, montes y fuentes. La imagen que nos proporciona esta relación de bienes es la de una población floreciente, asentada en un nudo estratégico de comunicaciones, concretamente en un paso estable del Esla sobre la antigua Vía de la Plata. La existencia de un hospital, que probablemente acogería también peregrinos y viandantes, parece corroborar esta idea.

No sabemos con exactitud en qué momento se construyó este viaducto. Tal vez existió anteriormente en este mismo emplazamiento un puente romano, del que sería fiel testigo un excepcional miliario hallado en los años ochenta del pasado siglo. En 1140 se tiene la primera noticia de su existencia, cuando el obispo de Astorga permuta varias heredades con unos particulares junto al denominado Puente de Deus También, para que funden en este lugar una “casería”. En época de Fernando II el asentamiento ha adquirido cierta categoría como núcleo de población, hasta el punto que el monarca decide favorecer a sus propietarios, liberando en 1166 a sus homines de homicidio, fonsado, rauso y de todo fuero y jurisdicción real. De esta forma, sus habitantes quedan sujetos únicamente al señor de la Puente, que goza de plena autonomía de jurisdicción. En 1196, Gutierre Muñoz, con su mujer, hermanas y sobrinos, tal vez herederos de los primitivos propietarios, donan al monasterio de Benevívere este puente, llamado ahora Deustambene, con su iglesia, hospital y demás pertenencias para que sea abadía perpetuamente, con la condición de recibir como monjes a los miembros de esta familia, aunque fuesen mujeres. A principios del siglo XIII la nueva abadía filial de canónigos regulares había adquirido ya cierto peso en la región, hasta el punto que atraía las donaciones piadosas de ciertos potentados, que incluso pedían enterrarse entre sus muros.

Otro de los puentes relevantes levantados sobre el río Esla fue el de Castrotorafe, que proporcionaba acceso a los territorios zamoranos desde el noroeste y a Galicia por Portugal. No contamos tampoco con datos concretos sobre su origen o construcción. Probablemente fue edificado o reformado en el siglo XII, coincidiendo con la concesión de fueros a la villa por Alfonso VII y Fernando II. Este último monarca repobló la plaza y la entregó en 1176 a los caballeros de Santiago, por sede central de la orden.

La defensa del puente y la guarda de su castillo aumentaron la notoriedad de este enclave a principios del siglo XIII, que fue objeto de sucesivas disputas entre la mencionada orden, el obispado de Zamora, el Papa y las hijas del Alfonso IX, Sancha y Dulce. En 1202 Alfonso IX concedía a la catedral de Zamora el diezmo integro del portazgo para la reedificación del claustro de San Salvador y el de San Miguel, impuesto que estaría estrechamente vinculado, como ocurre en otros lugares, con la gestión y el control del puente. En abril de 1222 el obispo zamorano alcanzaba un acuerdo con el maestre de la Orden referente a los diezmos del peaje y aceñas en este lugar. El maestre renunciaba a todos los derechos sobre el peaje y la mitad de la aceña de Figal, y el obispo renunciaba a todos sus pretensiones sobre los diezmos del peaje y las aceñas de Castrotorafe. Las diferencias entre la mitra zamorana y la Orden de Santiago sobre el pago de portazgos y del pasagium en Castrotorafe por los vecinos de Manganeses de la Lampreana dieron lugar a una nueva concordia, firmada en 1229 por el obispo y el maestre de la Orden. La Orden promete no exigirlos, pudiendo los dichos vecinos comprar y vender en Castrotorafe. Por estos mismo años diversas referencias documentales de la Catedral de Zamora, procedentes de mandas testamentarias, testimonian la actividad en el puente.

Para la construcción del viaducto se aprovechó un remanso del río, originado por la acción de “la violentísima curva que antes se desarrolla”, en palabras de Gómez Moreno. El arqueólogo granadino sitúa su construcción a finales del siglo XII, señalando que constaba de doce o más arcos “ ya hundidos, sobre pilas de corte poligonal contra la corriente y espolones a la parte contraria, con bien torpe criterio. Sus cimientos perseveran dentro del río, y otras cuatro pilas, hechas de sillería gruesa, surgen sobre peñas en la margen contraria”. El imponente sistema de fortificaciones de la villa tuvo siempre muy en cuenta la defensa de esta infraestructura, pues desde el ángulo noroeste del castillo un muro descendía a modo de coracha hacia el río, donde se localizan los restos de una torre con espolón que serviría para el aprovisionamiento del agua y la vigilancia.

Según Carlos Cabezas Leffler a mediados del siglo XVI el puente se derrumbó definitivamente, no volviendo a reconstruirse. Quizás haya que retrasar al menos varias décadas, -o incluso varios siglos- esta circunstancia, puesto que en la visita a las encomiendas de Castrotorafe y Peñasuende de 1528 se menciona aquí una barca. Este mismo documento nos informa de la existencia de una ermita dedicada a Santa Marina situada en las inmediaciones del río Esla, con lo que los paralelismos con respecto al puente de Castrogonzalo son más que evidentes. En todo caso ya finales del siglo XV se evidencia un importante derrumbe del puente, tal y como documenta Hortensia Larrén, cuyos pormenores remiten a una primera destrucción que podría remontarse al siglo XIV y que pudo ser definitiva:

“Visytamos una puente que está baxo de la fortaleza en dicho Ryo, la cual está cayda, los arcos de ella, salvo tres que están sanos, y todos los pilares de los otros paresçen ençima del agua grand parte; fuemos ynformados que no saben sy se cayó o sy la derrocaron porque no ay memorya de onbres que dello se acuerden”.

A partir de estas fechas las referencias a esta villa escasean en las colecciones diplomáticas, signo evidente de su pérdida de pujanza, a lo que debió contribuir de forma significativa la ruina del puente. En la actualidad, cuando el embalse tiene sus aguas bajas, se pueden apreciar todavía los arranques de sus pilas en el lecho del río.

Al margen del ya mencionado de Castrogonzalo, el puente más importante para la villa de Benavente era el situado sobre el Órbigo, del que aún queda un arco en pie junto a la antigua carretera de Orense y la vía del ferrocarril. Este puente debe ser uno de los más antiguos de propiedad concejil, pues aparece documentado al menos desde 1215. Su construcción o reforma debe enmarcarse en la repoblación de la villa por Fernando II y Alfonso IX. Muy posiblemente, una estampa alegórica y estereotipada del mismo es la que ofrece el sello concejil del siglo XIII, conservado en el Archivo Diocesano de Astorga y que nos muestra un puente ojival de cinco ojos. El cauce del río Órbigo ha debido sufrir en este entorno grandes variaciones a lo largo de la historia. En el siglo XIV el río se dividía en dos partes, dejando en medio la isla de Valmonio, controlada en parte por el monasterio de San Martín de Castañeda. Un brazo, la llamada “madre vieja” del Órbigo, cruzaba por el puente de piedra a los pies de la villa y junto a la Puerta de la Puente. El otro lo hacía bajo un puente de madera, llamado puente de la Huerga, junto a Velilla, donde existía también una iglesia o ermita dedicada a Santiago. El territorio próximo al río tenía además un alto interés estratégico, puesto que marcaba el limite incierto entre las diócesis de Oviedo y Astorga, y de ello dan fe las numerosas disputas y pleitos sobre conflictos de jurisdicción. Según el Diccionario de Madoz, este puente tenía siete arcos de piedra a mediados del siglo XIX, sirviendo de enlace con los molinos de Sorribas, a la derecha y los de Ventosa, a la izquierda. De ambos hay constancia desde finales del siglo XII y principios del XIII.

3. La red de puentes y barcas del norte zamorano

Siendo los puentes, como hemos visto, un componente esencial en las infraestructuras de las vías de comunicación medievales, es preciso señalar a continuación que en las tierras del norte de Zamora este elemento, y en general todas las modalidades posibles para sortear el paso de los ríos cobran un especial protagonismo. Sus peculiares características orográficas, junto con la confluencia en el entorno de Benavente de los principales ríos de la región -Órbigo, Esla, Tera, Cea y sus respectivos afluentes- hacen de esta encrucijada de caminos un factor destacado para explicar el poblamiento antiguo del territorio y su intenso aprovechamiento agrario. El problema del paso de los numerosos ríos -sobre todo durante los meses invernales o en las épocas de las temibles crecidas tuvo como principal consecuencia la creación de una compleja red de puentes, pontones, barcas y vados. El control y la gestión de estos accesos resultó fundamental para las distintas instituciones con intereses en la región.

Uno de los rasgos generales que califica y aglutina a todas estas construcciones es su precariedad y caducidad. La fragilidad de su fábrica, la endeblez de los materiales empleados, junto con la inmisericordia de los agentes naturales, nos dibujan una imagen difusa y cambiante de estos pasos de los ríos. Así, por ejemplo, en Castrogonzalo, según la cronología manejada y el tipo de fuente que tomemos, tan pronto se habla de puente de piedra, como de puente de madera, pontón, puente nuevo o puente viejo, puertos, barcas o duernas. Dado que este puente estuvo reparándose y reconstruyéndose durante prácticamente toda su trayectoria histórica, era habitual que el paso del mismo se compaginara con la explotación de las mencionadas barcas y duernas.

El paso de estos efímeros e inestables viaductos se convertía para los viajeros del norte de Zamora en poco menos que una temeraria aventura. Son frecuentes las alusiones a personas que dejan su vida en el intento de cruzar los puentes, y también de la perdida de mercancías o bestias de carga en los ríos. La calzada solía ser muy estrecha, tanto, que habitualmente no era posible el cruce de carros o vehículos pesados, a veces ni tan siquiera de caballerías cargadas. Por eso en los puentes de piedra los tajamares se recrecen, y se construyen apartaderos que alivien estas angosturas. En consecuencia, en verano, durante los estiajes, o en las épocas de aguas bajas, el ganado y los vehículos pesados utilizarían mayoritariamente los vados. No sólo por razones de economicidad, sino sobre todo por eficacia, rapidez y seguridad, puesto que el peso era una de cuestiones que más podía afectar a la estabilidad de los pontones de madera.

La mayoría de los caminos medievales no conocía puentes, por lo que podían quedar impracticables por largo tiempo en épocas de crecidas. Los lugares por donde los ríos eran vadeables podían permanecer estables durante mucho tiempo, por lo que los caminos y sendas tradicionales acababan conduciendo invariablemente a ellos. Aunque el emplazamiento no fuera siempre el más propicio, la inercia de los flujos poblaciones y mercantiles hacia que con el tiempo en estos mismos lugares acabaran construyéndose puentes y pontones, o estableciéndose embarcaciones. No contamos con ninguna nómina completa de los puentes y barcas de la región para el período medieval. Tampoco en el Archivo Municipal de Benavente se ha podido localizar un inventario de los mismos para el ámbito concejil. En contrapartida, en este archivo existe abundante contabilidad sobre el reparo puntual de puentes, pontones y embarcaciones para el siglo XV, pero es una documentación muy dispersa y en absoluto sistemática.

El relato de varios testigos en un interesante pleito sobre el cobro de portazgos y otras imposiciones, coinciden en cifrar a finales del siglo XV en dieciocho o veinte el total de puentes existentes de propiedad concejil. A ellos hay que añadir otros situados fuera del ámbito del gobierno municipal, de los que los más importantes serían los de La Vizana, Castrotorafe, Deustamben, Trefacio, Rionegro, Puebla de Sanabria y Moreruela. Hasta tal punto los puentes constituían un elemento perfectamente integrado en el paisaje de la tierra de Benavente, que sus propios habitantes eran conscientes de que la prosperidad del concejo dependía en buena medida de su buena conservación. En palabras de uno de estos testigos “si no se adereçasen e fiziesen las dichas puentes que se perdería la dicha villa e su tierra”. Aunque los emplazamientos de los mismos eran más o menos estables, las variaciones de los cauces de los ríos junto con la fragilidad de los materiales hacían que constantemente se hicieran de nuevo. En Requejo, entre Manganeses de la Polvorosa y Santa Cristina, se construyó en el siglo XV un puente de madera sobre el Órbigo que suplantaba a otro anterior de piedra, al que el río había retirado sus aguas en fecha incierta. Por las mismas fechas en el Esla, entre Castrogonzalo y Castropepe, existía otro puente en seco, lo cual movió al concejo a acometer uno nuevo en sus inmediaciones.

La red de puentes y barcas del norte de Zamora, a pesar de todas sus deficiencias, se adaptaba con precisión a las principales vías de comunicación. Al menos desde época romana, la región era una zona de paso obligado entre el sur y el centro de la península con las tierras del noroeste. Los pasos del río Órbigo, constituían la llave de los caminos del oeste. Eran, básicamente, el puente de Benavente, el pontón de la Huerga, los puentes de Santa Cristina y Requejo y la barca de Cejinas. Los caminos que conducían a Sanabria desde Benavente seguían la margen izquierda del Tera, hasta Junquera, para atravesar más adelante el río Negro, a través de un puente en la localidad epónima. Desde aquí, la ruta continuaba a Mombuey, Cernadilla, Asturianos, Palacios, Remesal, Otero, La Puebla, hasta Requejo. El Tera se sorteaba también en el puente de Mózar, paso obligado para todos los vecinos de la merindad de Valverde, y de las aldeas de la margen derecha del río que acudiesen a la villa.

El camino de Astorga o camino de los Maragatos tenía por eje central el río Órbigo. Desde Benavente existían al menos dos alternativas, ambas partían de la puerta de Astorga o del Sepulcro. Una discurría por Villabrázaro, Paladinos, Maire, La Vizana, cercanías de Alija, Navianos, San Juan y La Bañeza. La otra opción seguía el valle del Órbigo por su margen derecha, por Manganeses de la Polvorosa, Morales del Rey, Coomonte, Alija, Villanueva de Jamuz y La Bañeza.

El río Esla ofrecía también múltiples alternativas para salvar su curso. El puente de Castrotorafe proporcionaba acceso a la tierra de Tábara, para atravesar después la sierra de las Cavernas. Desde aquí se accedía al valle de Valverde para enlazar con la vía del Tera. Además del mencionado puente, estaban los ya reseñados de Deustamben y Castrogonzalo. Otra opción muy socorrida era hacer uso de la multitud de barcas existentes en este río, en San Pedro de la Nave, Manzanal, San Vicente, San Pelayo, Misleo, Moreruela o de los Frailes, Barcial, Belvís y Villafer.

En las inmediaciones del monasterio de Moreruela debió existir también un puente sobre el Esla. En 1238 unos particulares, Martín Peláez y Pedro López, hacían donación al cenobio cisterciense de las tierras que tenían en la Pedrera, de la que un rey no identificado había mandado sacar piedra para un puente. De lo que se deduce la participación directa o indirecta de Fernando III, o tal vez su antecesor Alfonso IX, en su construcción. En cualquier caso, se trataría de un viaducto próximo a Moreruela. La mención en el diploma de un Pedro Moro como “maestre de obra” hace suponer a Aramburu, y otros autores, que se trataría del maestro responsable del puente. Pero más bien parece referirse el texto a la propiedad de una pedrera, que se aprovecha ahora para la construcción del monasterio. Además, por estos mismos años, se documentan varios magister de opera relacionados con la fábrica románica. Recordemos, en todo caso, que el uso de piedra en su edificación no presupone que estructuralmente el puente así lo sea. Según Manuel de la Granja Alonso, el principal material empleado en la construcción del monasterio, a excepción de la parte monumental, era una piedra cuarcítica extraída de una cantera, denominada Piélago, próxima al cauce del río Esla.

Varios de estos puntos de paso fueron, por razones obvias, el lugar elegido para la fundación de hospitales, albergues o cofradías, relacionados de una forma u otra con la atención a los transeúntes. Ya se han mencionado, en este sentido, los establecimientos de este tipo documentados en Puente de Deustamben y en Castrogonzalo, aunque la información que tenemos sobre ellos no pasa de la mera mención puntual en los diplomas. Otro de los puntos neurálgicos de las comunicaciones regionales fue Rionegro del Puente, en la Carballeda. En sus inmediaciones se unía la mencionada ruta del Tera, proveniente de Benavente con otra, más antigua aún, que atravesaba los valles de Tábara y Valverde, jalonada de monasterios de origen altomedieval.

En este lugar surgió en la Edad Media un santuario relacionado con la atención a los peregrinos y viandantes. Según la leyenda, la Virgen se apareció a unos peregrinos jacobeos que intentaban vadear el desbordado río Negro, ordenándoles que tendieran sus capas a manera de embarcaciones. La intervención mariana se materializó en la erección de un templo, que aglutinó la devoción de un gran número de aldeas y lugares de la comarca.

La trayectoria de este santuario estaba íntimamente ligada a la de la cofradía de los falifos, que tenía por principal misión la de facilitar el tránsito y ofrecer albergue a los peregrinos jacobeos, socorrer a enfermos y criar niños expósitos; para ello construyó y reparó caminos y puentes, mantuvo hospitales y costeó amas de cría. Así pues, uno de los cometidos principales de esta cofradía, fue la construcción, reparación y mantenimiento de los puentes en las regiones de Carballeda, Sanabria, Vidriales y Cabrera. Los cofrades afirmaban haber reparado hasta treinta y cinco puentes de piedra y madera en los pasos más peligrosos de estas vías. La cifra puede parecer un tanto exagerada, pero pone de manifiesto la importancia que se daba a estas construcciones para asegurar las comunicaciones de la región.

Otro puente de factura antigua se documenta en Trefacio, donde además existió un hospital de peregrinos de orígenes altomedievales, integrado probablemente en una ruta que a través de San Ciprián conectaba las tierras Sanabresas con la Cabrera leonesa.

Se tienen noticias de la existencia de otro hospital en el camino de Benavente a Astorga, junto al Órbigo, en Villanueva de Jamuz, desde el siglo XII, con motivo de una donación que Sancho Ordóñez hizo al monasterio de Moreruela en 1183. El hospital de Villanueva de Jamuz se situaba a medio camino entre los dos pasos principales del Órbigo en este sector: la barca de Cebrones al norte y el puente de La Vizana al sur. En este último puente tenían destacados intereses patrimoniales los Templarios en el siglo XIII.

Principales puentes medievales en el norte de Zamora

sábado, 3 de febrero de 2024

Estando enferma del cuerpo, pero en mi sano juicio - Testamento de Antonia de Losada, mujer de Pedro Hernández de la Cruz “Perejón”

San Francisco de Benavente a finales del siglo XIX, lugar de sepultura de Antonia de Losada


1572, diciembre, 13. Benavente.

Testamento de doña Antonia de Losada, vecina de la villa de Benavente, mujer que fue de Pedro Hernández de la Cruz.

In Dey nomine, amen. Sepan quantos esta carta de testamento y húltima voluntad vieren como yo doña Antonia de Losada, biuda, muger que fui de Pedro Hernández de la Cruz, vecina de la villa de Benavente, estando enferma del cuerpo, pero en mi sano seso, juiçio y entendimiento natural, creyendo como creo firmemente en la Santísçima Trinidad, que es Padre y Hijo y Espíritu Santo, que son tres personas y un solo Dios verdadero, otorgo y conozco por esta presente carta que a servisio de Dios nuestro Señor y bien de mi ánima hago y ordeno e otorgo este testamento y húltima voluntad en la manera que se sigue:

Primeramente encomiendo mi ánima a Dios nuestro Señor Salvador y Redentor Jesucristo, que la redimió por los méritos de su sagrada pasión e la Virgen Santa María su madre, a la qual pido por merced sea mi abogada.

Yten, mando que quando Dios nuestro Señor fuere servido de me llevar de esta presente vida, que mi cuerpo sea sepultado en la sepultura donde Viçente de Losada mi padre está sepultado que es en el monesterio de San Francisco de esta villa de Benavente.

Yten, mando que el día de mi entierro llamen los clérigos del cavildo mayor de esta villa de Benavente para que se hallen a mi entierro y obsequias como están obligados, por aver sido el dicho Pedro Hernández de la Cruz cofrade del dicho cavildo, los queales hagan su oficio como están obligados.

Yten, mando que el día de mi entierro llamen clérigos de la yglesia de San Juan del Mercado, y al tercero día, para que se diga a misa cantada y begilias.

Yten, mando que el día de mi entierro digan en el dicho monesterio de San Francisco veynte y çinco misas cantadas e reçadas a dispusisión de mis testamentarios, las quales digan los frayles y clérigos según e como los dichos mis testamentarios que nombrare lo hordensaren, e digan vigilias el día de mi entierro y terçero día.

Yten, mando que el día de mi entierro lleven doze hachas de çera hardiendo, y el terçero, para que alumbren al Santísimo Sacramento e a la cruz, e mando que vistan doçe pobres, que sean seys mugeres e seis hombres, para que lleven las hachas, y mando que lleven doçe velas de çera ardiendo para que alumbren al Santísimo Sacramento y a la cruz.

Yten, mando que llamen los cofrades de las cofradías del Santísimo Sacramento de la yglesia de San Nicolás de esta villa de Benavente e del ospital de Nuestra Señora de la Piedad, e de los Mártires, de donde el dicho Pedro Hernández de la Cruz, mi marido, hera cofrade, para que me entierren y ansí mismo mando que llamen los cofrades de otras qualesquier cofradías de donde el dicho Pedro Hernández de la Cruz, mi marido, hera cofrade.

Yten, mando que el día de mi entierro y terçero día lleven para ofrescer oir mi ánima al dicho monesterio de San Francisco carga y media de trigo y un cuero de bino e dos carneros, lo qual sirva de por orenda de anbos días e más ofrescan de pan y bino e çera que a mis testamentarios les pareçiere y ellos quisieren.

Yten, mando que todos los domingos de un año ofrezcan por mi ánima sobre mi sepultura el pan u bino e çera que a mis testamentarios les paresçiere y ellos quisieren e digan en cada un domingo del año después de un día de mi fallescimiento una misa reçada con responso sobre mi sepultura.

Yten, mando que al cavo del año después del día de mi fallesçimiento me hagan obsequias por mi ánima e digan misas e vigilias y han la orenda e lleven otra doçena de hachas y se haga según y de la forma y manera que mando se haga el día de mi entierro.

Yten, mando que de más de las dichas misas qu tengo mandadas deçir se digan dentro del año después del día de mi entierro otras çien misas, la mitad en el monesterio de San Francisco y la otra mitad en el monasterio de Santo Domingo.

Yten, mando que se repartan en limosnas doçe ducados a disposiçión de mis testamentarios.

Yten, mando que se den y paguen a Cristóual Garçia de Quirós, vezino de esta villa de Benavente lo que el dixiere que le devo.

Yten, mando que se pague a Cristóual de Obiedo, clérigo cura de la yglesia de Ruanueva, lo que el dixiere que yo le devo e cobren de él las prendas que tiene mías en su poder.

Yten, mando que cobren de la muger de Duarte de León, vezina de esta villa, una fuente de plata e un cascauel de plata e un aguamanil, e le paguen treçientos e çincuenta reales que yo le devo sobre dichas prendas.

Yten, mando que hagan quenta con Maçías Çelada, sastre,, de las hechuras de bestidos que para mi casa ha hecho, e le paguen lo que paresçiere que le devo sobre treçientos reales que le he dado.

Yten, mando que se le paguen a Antonio de Benavides, mercader vezino de esta villa, lo que paresçiere por su libro que yo le devo.

Yten, mando que cobren de Gaspar Álvarez, vezino de esta villa, unas arracadas rubís que tiene en si poder y le paguen çien reales que yo le devo.

Yten, mando que cobren de Andrés de Ledesma, vezino de esta villa, un anusz guarnescido de plata y una medalla de oro  e una sortixa, e le paguen ciento y cinquenta reales que yo le dvo e más cobren de él un basio de plata.

Yten, mando que se haga quenta con gaspar Garçia y con Antonio de Medina, e se le pague lo que yo le devo.

Yten, mando que cobren de Remedios, ama del cura de Paladinos, una fuente de plata e le paguen doçientos reales que yo le devo sobre ella.

Yten, mando que cobren de doña Beatriz de Prado, vezina de esta villa, dos doblones de a quatro míos que tiene en su poder e le paguen lo que ella dixiere que yo le devo sobre ello y la mitad y la mitad de lo que se le deve lo ha de pagar Francisca Rodríguez, mi criada, que fue muger e que fue de Juan Vara.

Yten, mando que se haga cuenta con las criadas que tengo del tiempo que me an servido e do que yo les he dado e de lo que paresciere que yo devo se lo paguen.

Yten, digo que por quanto mis hijas, doña Luisa de Losada e doña María de la Cruz, e doña Catalina de Losada e doña Leonor de Lsada, monxas en el monesterio de Santispíritus de esta villa de Benavente, goçavan y an de goçar çinquenta ducados en cada uno año , de los çiento que en cada un año la dicha doña Catalina tenía de magestad por una çedula suta, e si por caso la dicha doña Catalina muriese las demás mis hijas perderían e no goçarían cosa alguna, porque espiran con su muerte de la dicha doña Catalina, e por ser mis hijas y porque tengan alguna más sustentaçión, quiero y es mi voluntad que muerta la dicha dona Catalina e no llevando ni gozando los dichos çincuenta ducados a cada una de ellas que quedaren bivas de las sobredichas mis hijas monjas les haya de dar y de Luis de la Cruz, mi hijo, dos mill maravedís en cada un año a cada una por todos los días de su vida de cada una de ellas, y muerta qualquiera de ellas espire la obligaçión de los dichos dos mill maravedís que avía de aver lo que muriere para las demás, lo qual haga y cumpla atento que está mejorado ansí por mí como por el dicho Pero Hernández de la Cruz, su padre, porque esta es mi voluntad.

Yten, declaro que yo di a Luis de Villegas, vezino de esta villa de Benavente, quatrocientos ducados por el conçierto de negoçio de Antonio de Losada, mi hijo, e le di al dicho Antonio de Losada, mi hijo, cien ducados y más para hirse a Ytalia, mando que estos quinientos ducados e lo que paresçiere a ser resçivido por escrituras se le quenten en su legítima de mis bienes.

Yten, digo que las escrituras de mis bienes e del dicho Pedro Hernández de la Cruz, mi marido, las tengo en un cofre, mando que las dichas scripturas se entreguen a Luis de la Cruz, mi hijo, por ynventario luego como yo fallesca de esta presente vida para que hay quenta y razón de ellas.

Yten, dio que yo por virtud de un poder del dicho Pedro Hernández de la Cruz, mi marido, obe mejorado e Luis de la Cruz, su hijo e mío, en estas casas prinçipales en que bivo que lindan con casas de Antonio de Benavides, hijo que quedó de Pedro de Benavides, e con casas de Cristóbal García de Benavente, e ansí mismo eb la viña que tengo y el dicho Pedro Hernández de la Cruz, mi marido tenía, que está en término de esta villa de Benavente al camino de la hermita de San Lázaro, por tanto digo que apruevo e ratifico la dicha mejora hecha en el dicho Luis de la Cruz, mi hijo, para que valga y haga fee hen juiçio o fuera de él.

Yten, digo que yo ove mejorado e mejoré por una escriptura que pasó y se otorgó ante el presente escrivano, de cuya mano esta escriptura será signada, al dicho Luis de la Cruz, mi hijo, en el térçio de mis bienes y en remanesçiente de el quinto de ellas cumplidas las mandas y legatos de mi testamento, po tanto, dejo y ratifico, apruebolo e doy por buena la dicha mejora hecha por mi en el dicho Luis de la Cruz, mi hijo, e quiero que valga y haga fee en juiçio e fuera de él.

E cumplido e pagado este mi testamento e todas las mandas e legatos que en él se contienen dexo e nombro por mis testamentarios caveçaleros e cumplidores de este mis testamento al señor Pedro de Losada, mi hermano, e a Cristóval Garçía de Quirós, vezinos de esta villa de Benavente, a los quales y a qualquiera de ellos yn solidum doy e otorgo todo mi poder cumplido para que de mis bienes tomen lo mejor parado de ellos e los vendan y rematen en pública almoneda o fuera de ella e de los más de su valor cumplan he hagan pago de todas las mandas y legatos en este mi testamento contenidas.

Yten, digo que Ana de Saravia, hermana de Antonia de Saravia, me servió çierto tiempo y yo le pagué todo lo que la devía de su serviçio que me hizo, e aunque se lo tengo pagado por descargo de mi conciencia mando que de mis bienes le den seis ducados.

Yten, cumplido e pagado este mi testamento e todas las mandas y legatos que en él se contienen del remaneçiente de todos mis bienes rayces y muebles e semovientes quantos yo ey tengo e me perteneçen en qualquier manera de derecho dexo e nombro por mis unibersales herederos an todo ellos a doña Ana de Losada e a doña Gerónima de Losada e a Felipe de Losada e a Juan de Losada, a mis hijos e hijas del dicho Pedro Hernández de la Cruz, mi marido, lo quales fuiron que hayan y hereden los dichos mis bienes con la bendiçión de Dios e con la mía e se guarde e cumpla la dicha escriptura de mejora de terçio y remanesçiente del quinto de mis bienes que he hecho en favor e Luis de la Cruz, mi hijo, porque esta es mi voluntad.

Yten, mando que se pague a Antonio de Benavides, hijo de Pedro de Benavides, lo que él dixere por su memoria que le devo e tobien las prendas que tiene.

Yten, por este testamento reboco caso anulo y doy por ninguno e de ningún valor y efecto todos quales quier testamentos, cobdiçilios y mandas que yo hasta el día de oy haya hecho e otorgado, ansí por palabra como por escripto, lo quales quiero que no valgan ni hagan fee en juiçio ni fuera de él, salvo este que hagora hago e otorgo y ordeno, el qual quiero que valga por testamento e por mi última e postrera boluntad que es esta, lo qual mando se guarde e cumpla por aquella vía e forma que de derecho mejor lugar aya e las dichas escripturas de mejoras.

En firmeça de lo qual otorgué esta escriptura de testamento e todo lo en ella contenido por ante el escrivano e notario público e testigos de yuso escriptos, que fue fecha e otorgada en la villa de Benavente a treze días del mes de diçiembre, año del nasçimiento de Nuestro Salvador Jesucritos de mill y quinientos y setenta y dos años. Testigos que fueron presentes a los que dicho es: el liçenciado Carvajal abogado e Domingo Estevan e Rodrigo Daça e Juan Martínez y Antonio de Benavides, hijo de Pedro de Benavides, vecinos de esta villa de Benavente, e la dicha Antonia de Losada, otorgante, la firmó de su nombre, a la qual yo el presente escrivano doy fee que la conosco e a los dichos testigos. Doña Antonia de Losada. Pasó ante mí Esteban de castro escrivano. E yo Esteban de castro escrivano y notario público e uno de los número de la dicha villa de Benavente e su jurisdiçión por el excelentísimo señor el conde de Benavente mi señor, exhaminado y aprobado en el Consejo Real de su magesta presente fui a todo lo que dicho es con los dichos testigos e según que ante mí paso y se otorgó fize aquí este mío signo que es a tal en testimonio de verdad. Estevan de Castro escrivano.

domingo, 28 de enero de 2024

Deseando poner mi ánima en carrera de salvación - Testamento de Pedro Hernández de la Cruz “Perejón”

Infografía del bufón Perejón

1557, agosto, 31. Laredo

Testamento de Pedro Hernández de la Cruz, vecino de la villa de Benavente, otorgado en la villa de Laredo, en tránsito hacia el condado de Flandes.

In Dey nomine, amen. Sepan quantos esta carta de testamento última e postrimera voluntad vieren como yo, Pedro Hernández de la Cruz, vezino de la villa de Benavente, otorgo e conosco estando en la villa de Laredo al presente, para que con el ayuda de Dios pasar al condado de Flandes, en buen juizio e seso natural qual a Dios nuestro Señor fue servido de me le dar, e desando poner mi ánima en carrera de salvación, otorgo e conozco que hago e ordeno este mi testamento y húltima e postrera voluntad en la forma e manera siguiente:

Primeramente, mando mi ánima y la encomiendo a mi Dios y redentor Jesucristo, e suplico a la Virgen sin mancilla sea rogadora a su muy preçioso hijo quiera perdonar mis pecados y llevarla a su santa Gloria para do fue criado, e mando el cuerpo a la tierra do fue formado.

Yten, digo que dexo a mi muger, doña Antonia de Losada, que hella haga, como yo mismo haría por ella, en lo que tocare al cumplimiento de mi ánima y honras. E que pague todo aquello que hallare que debo con testigos, obligaçión o çédula, e que a un tal Hernández de Roma, que era vezino de Nápoles, que le busquen y le paguen çinquenta ducados. E si no se hallare, se digan por él y por su muger de misas, y ruego a la dicha mi muger que ella tenga cuenta, con los hijos e hijas míos, e se los encomiendo que hella los procure de administrar y encaminar lo mejor que ella pueda, e dexarles a todos o a cada uno particular lo que ella bien bisto sea.

Yten, dixo y mando y encomiendo a la dicha mi muger que sehan pagados todos mis criados, a cada uno como a servido, sin ningún pleyto ni contienda de juiçio.

Yten, dixo que yo encomiendo e suplico a la dicha mi muger que en lo que toca al hazer por mi ánima se lo encomiendo para que como ella lo hordenare sea y por este mi testamento  dexo por mis cabeçeros a doña Antonia de Losada e a don Juan Pimentel e a Cristóval Bollo e a Juan de Losada, e a cada uno de ellos a lo quales y a cada uno de ellos doy poder para que hentren y tomen todos mis bienes y los bendan como bien visto les sea e cumplan todo lo por mi dicho e de ello dependiente.

En testimonio de lo qual otorgué la presente carta de testamento en la manera que dicha es ante el presente escrivano e testigos ynfra escriptos. E por esta carta reboco e anulo e doy por ninguno e de ningún valor y efecto otro qualquier testamento o cobdiçilio que antes de este aya hecho por escripto o por palabra, salvo este que dicho es y agora hago, que es fecho y otorgado en la villa de Laredo a treinta y un días del mes de agosto de mill e quinientos e çincuenta y siete años, estando presentes por testigos a lo que dicho es don Juan de Villarroel e Juan de Caserna e Pedro de Arriçuriaga e Juan de Gilaz de Barrasa y Pedro Gilez, estantes en esta villa de Laredo y el dicho otorgante e testigos lo firmaron de sus nombres. Don Juan de Villarroel. Pedro Hernández. Juan de la Serna. Pedro de Arricuriaga. Pedro de Guilaz. Juan de Guilaz y Barrosa. Pasó ante mí, Diego de Albarado, escrivano.

martes, 12 de diciembre de 2023

“El castillo de esta villa que dicen de Malgrado” - A propósito de un documento del monasterio de Sancti Spiritus de Toro

Vista aérea de Benavente en 1966

El estudio de la evolución del plano urbano de Benavente durante la Edad Media presenta en la actualidad todavía muchas incógnitas, especialmente en todo el periodo anterior al siglo XV, esto es a la llegada de los Pimentel al señorío de la villa a partir de 1398.

La escasez de documentación para estas épocas dificulta enormemente la interpretación de ciertas referencias textuales con las que nos vamos topando en los diplomas de forma siempre puntual. Esta circunstancia se extiende, lógicamente, a todo lo que tiene que ver con el nacimiento y desarrollo de los nuevos barrios, las diferentes fases en la fortificación de la villa, su recinto murado, las distintas puertas de acceso y el castillo o fortaleza. Un castillo que debió existir incluso antes del momento de la repoblación, en época de los reyes leoneses Fernando II y Alfonso IX.

Hoy no existen dudas de que la villa de Benavente no fue creada “ex novo” por el rey Fernando II, sino que fue la sucesora de un antiguo “castro” o núcleo fortificado citado ya en el fuero de 1167 como “Malgrad”. De su existencia tenemos constancia desde la primera mitad del siglo XII. La identificación de ambos topónimos es una cuestión que hoy debe considerarse definitivamente zanjada, pues las referencias documentales a este respecto resultan abrumadoras. Cuestión distinta es determinar hasta qué punto una población es la sucesora de la otra, qué hay detrás de este cambio de denominación y cuáles fueron las circunstancias en las que esta mutación se produjo.

El primer testimonio escrito que hemos podido recoger referente a lo que hoy es Benavente procede de una donación real fechada el 26 de noviembre de 1115. Se trata de la entrega que hace la reina Urraca, junto con su hijo Alfonso, de la mitad de la villa de Caneda y el monasterio de Ledesma a la iglesia de Compostela. El documento se escritura "in Castro quod dicitur Malgrado". Se constata también la presencia en este lugar, junto a la reina, de una destacada representación de los miembros de su corte. Entre los confirmantes reconocemos a miembros de la familia real, las infantas Sancha y Elvira, el obispo de León y diversos condes. Entre ellos comparece cierto “Fernandus Fernandiz”, personaje cercano al círculo de la reina en estos años y que a partir de 1117 comienza a confirmar en los diplomas como “conde” o “cónsul” de Malgrad.

El "tenente", identificado frecuentemente con el "dominus villae", es, sin duda, una de las piezas fundamentales en la administración territorial de la monarquía castellana y leonesa. Se trata de una autoridad delegada del poder real desempeñada frecuentemente por miembros relevantes de la nobleza. En ocasiones compatibilizaban una dignidad en la corte con el disfrute de una tenencia. Sus competencias eran básicamente militares y de percepción de impuestos reales, aunque en ocasiones -según se desprende de los textos de algunos fueros- se solapaban las funciones del tenente con las propiamente concejiles. El nombramiento no presuponía una permanencia estable en este puesto. De hecho, tanto en el caso de Malgrad como en el de otras villas leonesas, el funcionario estaba sujeto a la discrecionalidad real, al parecer en función de la coyuntura política y militar.

El "tenente", identificado frecuentemente con el "dominus villae", es, sin duda, una de las piezas fundamentales en la administración territorial de la monarquía castellana y leonesa. Se trata de una autoridad delegada del poder real desempeñada frecuentemente por miembros relevantes de la nobleza. En ocasiones compatibilizaban una dignidad en la corte con el disfrute de una tenencia. Sus competencias eran básicamente militares y de percepción de impuestos reales, aunque en ocasiones -según se desprende de los textos de algunos fueros- se solapaban las funciones del tenente con las propiamente concejiles. El nombramiento no presuponía una permanencia estable en este puesto. De hecho, tanto en el caso de Malgrad como en el de otras villas leonesas, el funcionario estaba sujeto a la discrecionalidad real, al parecer en función de la coyuntura política y militar.

La precariedad en el desempeño de las tenencias no deja de ser un aspecto a destacar. Las posibilidades en este sentido son muy variadas. Lo más frecuente era que una persona tuviera bajo su control una villa, pero también era común que un mismo delegado real desempeñara esta función en varias villas relativamente próximas. Menos usual, aunque está documentado, es la situación inversa, es decir varias personas compartiendo el disfrute de una tenencia. De cualquier manera, el desempeño del oficio estaba sujeto a continuos cambios, tanto en las personas como en los destinos a cada uno de ellos asignados. No obstante, era frecuente que la tenencia o tenencias de una determinada región recayeran en los miembros de un mismo linaje durante varias generaciones. Así, en el caso concreto de Malgrad, observamos cómo ciertas familias controlaban también las tenencias de otras villas próximas, en las que tenían, además, destacados intereses patrimoniales.

A partir del año 1117 la figura del conde Fernando Fernández estuvo unida a la dignidad condal y la tenencia de Malgrad. En cartas leonesas de 1117, 1123 y 1124 confirma como "Comite Fernando Fernandiz in Malgrado et in Bolanios"; "Comes Fernando in Malgrado" y "Comes Fredinandus in Malgrato". Esta circunstancia alcanzó una cierta transcendencia y fue recordada con especial énfasis en su epitafio del monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes, en cuya capilla funeraria recibió sepultura.

Hace unos años, José Luis Senra dedicó un interesante artículo a los enterramientos y epígrafes conservados en el monasterio de San Zoilo de Carrión. Según los datos aportados en este trabajo se constata la vinculación de nuestro con los descendientes del linaje de los Banu-Gómez, fundadores del monasterio. Su tumba formaba parte de un notable panteón familiar situado en el cuerpo occidental de la iglesia, hoy parcialmente recuperado. En la inscripción de la lauda de Fernando Fernández se consigna su fallecimiento en 1126 y se le denomina “consulis illustris Fernandi Malgradiensis". La propuesta de lectura de la inscripción funeraria es la siguiente:

PULVIS IN HAEC FOSSA PARITER TUMULANTUR
ET OSSA CONSULIS ILLUSTRIS FERNANDI
MALGRADIENSIS / (…) POSITUS
LETETUR IN ARCE POLORUM QUO GAUDET
ZOILUS FELIX ET TURMA BONORUM / CENTIES
UNCENA SEXTA / DECIMA QUATER ERA

Prudencio de Sandoval publicó una versión del epitafio con algunas variantes en la lectura y en la interpretación de la fecha.

Pulvis in hac fosa / Pariter tumulantur et ossa / Consulis Illustris Ferdinandi Malgradiensi, / Positus laetetur in arce polorum, / Quo gaudet Zoelus, Faelix cum turba bonorum / Obiit centesima decima quatre undena sexta Era”

La traducción del comienzo del epígrafe sería: ([Hay] polvo en esta tumba y también están enterrados los huesos del ilustre cónsul Fernando de Malgrad).

Los orígenes familiares de Fernando Fernández han sido objeto de un largo debate y de diferentes propuestas al respecto de historiadores como José María Canal Sánchez-Pagín, Augusto Quintana Prieto o Pascual Martínez Sopena. Su correcta identificación parece haberse ido despejado en los últimos años a partir de la publicación de nuevas fuentes documentales. Sería hijo de un segundo matrimonio de la condesa Aldonza Gómez con cierto conde Fernando, identificado con Fernando Mendes, tenente de Chaves y un personaje habitual en las cortes de Alfonso VI y de Urraca I, hasta su muerte en 1118. Aldonza, fue hija de los condes Gómez Díaz y Teresa Peláez, fundadores del monasterio de las riberas del Carrión.

Fernando Fernández adquirió un gran protagonismo político en el reino de León a raíz de su matrimonio con la infanta Elvira Alfonso, hija de una relación de Alfonso VI con la "concubina nobilissima" Jimena Muñoz. Elvira había estado casada anteriormente con Raimundo, conde de Saint Gilles, y más tarde Raimundo IV de Tolosa. En compañía de su marido hizo un viaje a Tierra Santa y en torno a estos años, fruto de esta relación, nació un hijo conocido como Alfonso Jordán, para recordar el río en cuyas aguas había sido bautizado.

En fecha no precisada debió regresar a León, una vez muerto Raimundo en 1105 en el cerco de Trípoli. Existe una importante laguna documental al respecto, pues no vuele a ser mencionada hasta 1115, en tiempos del reinado de su medio-hermana, la reina Urraca I. Desde 1117 aparece en los documentos en compañía de su nuevo marido: el conde Fernando Fernández, ya investido como tenente de Malgrad. Una donación de 1133 de la infanta a la Catedral de León nos permite conocer a sus tres hijos documentados: García, Diego y Teresa. Teresa casará con otro destacado magnate leonés que también desempeñó la tenencia de Malgrad: el conde Osorio Martínez. Su descendencia daría origen a los linajes Osorio y Villalobos.

Sabemos que los Osorio, señores de Villalobos, poseían bienes en varios puntos de la comarca, pero su influencia en la región debió ser realmente importante, puesto que casi todas las menciones documentales que conocemos relativas a este linaje se refieren a transmisiones de heredades localizadas en estas tierras. Por tanto, se trata de personajes que centran su actuación como oficiales regios en zonas coincidentes, en buena medida, con aquellas donde tenían sus intereses patrimoniales.

A partir de la repoblación de Malgrad por Fernando II se producen importantes cambios en la tenencia y en la configuración de antiguo “castro”. Desde diciembre 1168 el nombre de “Malgrad”, Malgrado”, “Malo Grato”, “Malgrat”, etc., desaparece de todos los diplomas de la cancillería regia, y en su lugar en los documentos oficiales se utiliza sistemáticamente la nueva denominación de “Benaventum”, “Benavente”. Sin embargo, el nombre de Malgrad no desapareció completamente de la memoria colectiva. Sigue utilizándose ocasionalmente en ciertos diplomas, y parece que los propios benaventanos empleaban esta denominación para referirse a una parte de la villa que consideraban antigua o primigenia, e incluso a un castillo o fortificación del que quedaban estructuras en pie o restos en los siglos XIV y XV. En unas “Ordenanzas de la villa de Benavente”, del siglo XV, hoy conservadas en la Biblioteca Nacional, se menciona la “Cárcava de Malgrado”. Desgraciadamente, no se nos proporcionan más detalles sobre su localización exacta. Todo lo que sabemos es que era uno de los muradales de la villa en el que los vecinos podían arrojar las aguas de lavar el pescado.

Aportamos ahora un documento inédito que vuelve a situarnos en esta problemática, pero con nuevas aportaciones de interés. Se trata de un pergamino del Archivo del monasterio de Sancti Spiritus de Toro. Se existencia me fue comunicada recientemente por Víctor de Castro León, y gracias a su amabilidad me ha facilitado una fotografía del mismo para su estudio y transcripción.

Estamos ante una venta que hacen en 1351 Marina Andrés, manceba de Juan Fernández, clérigo, y su hijo Pedro, moradores en la Puebla de San Martín de Benavente, a Aldonza Fernández, mujer que fue de Fernando Pérez, bufón, de una casa que llaman "La Panera", situada en Benavente, en la calle de la Muela, junto al castillo que llaman de Malgrado. El precio acordado es de 400 mrs., entregando en su lugar por los compradores dos tazas de plata.

El vocablo “muela” debe ser interpretado, en este contexto, con el mismo significado asignado a “mota”, esto es: “elevación del terreno de poca altura, natural o artificial, que se levanta sola en un llano”, o bien: “cerro escarpado en lo alto y con cima plana”. La “calle de la Muela” sería, por tanto, equiparable a la “calle de la Mota”, lugar en el que existirían a mediados del siglo XIV varias casas y paneras y, además, en las cercanías del llamado “Castillo de Malgrado”.

La palabra muela viene del sustantivo latino mŏla (a su vez del verbo mŏlo, molere, "moler'", "triturar", "pulverizar". En el siglo XII hay algún documento benaventano que utiliza esta versión latina, y que probablemente se está refiriendo al mismo sector de la villa.

Así, en 1221 se formaliza un pacto el monasterio de San Martín de Castañeda con María Domínguez, hija de Domingo Muñiz de Villela, en virtud del cual dicha doña María Domínguez, a cambio de ciertas donaciones, recibe el usufructo vitalicio de varios bienes, entre ellos: “concedimus mediatatem domos quas habemus in Benauentum in loco que uocant Illa Mola et ipsos prenominatos domos fuerunt de Egido Picoti”, (concedemos la mitad de las casas que tenemos en Benavente, en el lugar que llaman La Muela, y estas casas citadas pertenecieron e Egido Picoti”.


Tenentes de Malgrad hasta 1167


APÉNDICE DOCUMENTAL


1351, octubre, 10. Benavente.

Marina Andrés, manceba de Juan Fernández, clérigo, y su hijo Pedro, moradores en la Puebla de San Martín de Benavente, venden a Aldonza Fernández, mujer que fue de Fernando Pérez, bufón, una casa que llaman "La Panera", situada en Benavente, en la calle de la Muela, junto al castillo de la villa que llaman de Malgrado. El precio acordado es de 400 mrs., entregando en su lugar por los compradores dos tazas de plata.

A. Archivo del monasterio de Sancti Spiritus de Toro. Orig. Perg., gótica cursiva. Buena conservación.
REG. P. GALINDO ROMERO, “Catálogo del Archivo del monasterio de Sancti Spiritus de Toro”, Archivos Leoneses, 59-60 (1976), pp. 205-236.

Sepan quantos esta carta vieren commo yo, Marina Andrés, mançeba que fuy de Iohán Ferrández, clérigo de Villa Nate, e yo Pedro, su fiio, moradores que somos en Benauente a la Pobra de San Martino, vendemos a uos, Aldonça Ferrández, moger que fuestes de Fernant Pérez bufón, morador en este dicho lugar de Benauente, una casa que dizen Panera, que es en este dicho lugar, en la Muela, la qual fue de Feresma Martínez, que ha por términos de la una parte panera que fue de la dicha Feresma Martínez, e de la otra parte panera de Iohán López, e de la otra parte el castiello desta dicha villa que dizen de Mal Grado, e enfrenta enna dicha calle que dizen de la Muela. E esta dicha casa que dizen Panera ya dicha, así determinada, con entradas e con salidas, e con todos sos derechos e pertenençias vos vendemos e vos otorgamos por quatroçientos maravedís, desta moneda que corre a diez dineros el maravedí, que vos nos diestes e nos de vos resçebimos, de que nos otorgamos por bien pagados por dos taças de plata que de vos resçevimos en fes del notario e de los testigos desta carta, e desde oy día en delante, por esta carta, vos damos e vos entregamos con el jur e con la posesión e con el sennorío, e con la propedat de la dicha casa que dizen Panera, que nos vos vendemos, con tal manera que vos que la ayades e la entredes, la posideades para dar e donar e vender e cambiar e enpennar e enagenar, e para faser della e en ella toda vuestra voluntad assí en la vida commo en la muerte, commo de la cosa más llibre e más çierta que vos ficiéredes o podriedes aver en qual manera que sea, e obligamos nos por nos e por todos nuestros bienes mobres e rayzes, ganados e por ganar de vos esta dicha casa que dizen Panera que vos nos vendemos salvar e amparar e arrendar e de vos la fazer sana e salva de quienquier que uos la demandar o embargar o contrariar por qual razón quier a todo tiempo.
E por que esto sea firme e non venga en dubda roguemos a Iohán Pérez, notario público del rey en Benauente, que mandase escriuir esta carta e fiziese en ella so sygno. Testigos que fueron presentes: Diego Rodríguez, tendero, Pedro Miguéllez, alfayate, que mora en la Rúa, Fernán Pérez, sacristán que fue de Santa María de la Çogue, e otros.
Fecha en Benauente, diez días de othubre, era de mill e treçientos e ochenta e nueve annos. Yo, Iohán Pérez, notario sobredicho, fuy presente a esto que dicho es, e al ruego sobredicho fiz escriuir esta carta, e fiz en ella mío signo que es a tal (signo) en testimonio de verdat.