martes, 12 de agosto de 2014

De epigrafía benaventana (I) - La escalinata de la Plaza del Grano

Escalinata de la Plaza del Grano

La escalinata de la Plaza del Grano, o de los Bueyes, es uno de esos rincones benaventanos en los que parece que el tiempo se ha detenido. Ajena al avance imparable de las nuevas construcciones e indultada, de momento, por la vorágine urbanística, su estampa se ha mantenido prácticamente inalterada durante varias generaciones.

Se extiende de arriba a abajo, en forma de abanico, siendo más estrecha en la parte superior y más ancha en la inferior. Consta de trece escalones y se concibió como una forma de salvar el notable desnivel, de varios metros, existente entre la Plaza del Grano y la cuesta de la Calle de la Encomienda.

La irregularidad y el desgaste de los peldaños evidencian la antigüedad de su fábrica y el uso habitual para el tránsito de los viandantes. Completa la escalera un muro de piedra que recorre y protege este terraplén, haciendo las veces de parapeto o pretil. El muro evidencia varias fases constructivas, con una parte más antigua en las hiladas inferiores y piedra reaprovechada en las superiores. Se utilizaron para ello sillares de diversa factura y calidad, incluyendo grandes losas horizontales, talladas a dos aguas, en el remate alto de las paredes.

Entre algunos vecinos esta construcción ha sido conocida tradicionalmente como "la barbacana". En el vocabulario de las fortificaciones la barbacana es la obra avanzada y aislada para defender puertas de plazas, cabezas de puente, etc. Pero otra de sus acepciones es la de muro bajo con que se suelen rodear las plazuelas que algunas iglesias tienen alrededor de ellas o delante de alguna de sus puertas.

Resulta difícil conocer la configuración antigua de todo el espacio situado entre la Plaza del Grano y las iglesias de San Nicolás y San Juan del Mercado. La construcción de la actual Plaza Mayor y el edificio del ayuntamiento debieron variar la ordenación urbana de toda esta área. En 1455 el conde de Benavente ordena que el "mercado e las ferias que se fizieren de aquí adelante en la dicha mi villa se fagan çerca de las dichas yglesias de Sant Nicolás e Sant Juan, donde primeramente se solían haser".

Así pues, parece que los mercados y las ferias se celebraban en esta zona desde época medieval, diferenciando la parte baja, conocida como “Mercado” o “Mercado del Ganado” o “Plaza de los Bueyes”, y la parte alta, también conocida como “Mercado”, o "Plaza de los Jueves", dedicada a otros productos. La escalinata serviría como nexo de unión entre ambos espacios.

Ya desde el siglo XV hay noticias de gastos e intervenciones del concejo en diversas obras en el "Mercado". En los libros de cuentas de 1493, correspondientes al mayordomo Juan de Benavente, se anotan diversos asientos con relación a una escalera, un arco y un muro o pared de cal y canto "hacia San Juan". Los trabajos consistieron en abrir cimientos, cavar y mazonar tierra detrás de la pared, empedrar los suelos, asentar ladrillos, etc. En este interesante documento, transcrito por María Álvarez Fernández, se indica que dicha escalera estaba próxima a "la picota", esto es, el rollo jurisdiccional. A este respecto, es muy significativo otro documento de 1552, que se refiere a este sector de la villa en los siguientes términos:

“En la villa de Benabente, jueves día de mercado, a doze días del mes de mayo de mill y quinientos y çinquenta y dos años, estando en la Plaça e Mercado de esta villa, par del Rollo e Barbacana de ella…”.

Las referencias del siglo XVIII hablan de una construcción notablemente antigua, pero de pormenores desconocidos. En 1786, en el deslinde de una casa situada junto a la "casa-palacio" de la Encomienda, se menciona la "escalerilla que baja de la parroquial (de San Juan del Mercado) a la Plaza de los Bueyes". En 1788 hay una comunicación al Consejo de Estado del corregidor de Benavente por haberse descubierto en la Plaza de los Bueyes de esta localidad una "gradería antigua" al realizar excavaciones en busca de una antigua fuente que se creía haber existido allí.

A mediados del siglo XIX, en el Diccionario de Madoz, se consigna la construcción de una "hermosa casa de ayuntamiento, en la Plaza Mayor, o sea del Mercado, con vistas a la de los Bueyes". En el nuevo edificio se incluyó un arco para permitir la comunicación entre ambas plazas. La Plaza Mayor, o del Mercado, era "un cuadro casi perfecto de 80 a 90 pasos, con soportales embaldosados", mientras que la Plaza de los Bueyes, o del Grano, era "muy espaciosa, pendiente e irregular, en la que se ven 20 casas con soportales en los tres ángulos del norte, sur y oeste".

El aspecto actual de la escalera parece fijarse con las reformas realizadas a finales del siglo XIX. De 1890‑1891 existe en la documentación municipal un expediente relativo a la reparación de la escalinata de la plaza del Grano. Eduardo Fuentes Ganzo recoge una noticia de 1900 que alude a la reparación de los muretes de piedra que separan a través de una escalinata, “a los extremos de una escalerilla que da a la Plaza de los Bueyes”, pagándose a Eulogio Castaño 53 pesetas y 50 céntimos, suma de materiales y jornales por tal reparación efectuada los días 12 y 13 de enero.

Debió ser por estas fechas cuando se reunieron toda una serie de materiales dispersos, así como sillares de diferentes tamaños y calidades. En la mayoría de los casos se trata de material reaprovechado, con la presencia de areniscas, granitos, cuarcitas, etc. Sabemos que el exconvento de San Francisco, derruido en gran parte por estas fechas y de propiedad municipal, era una de las reservas de almacén de piedra que se utilizaba para las obras públicas. En 1857 se subasta "el derribo del cornisamento de la torre de San Francisco y la extracción de otros puntos del mismo convento hasta proporcionar la piedra necesaria para las dos escalinatas, que hay que construir en la Plaza del Grano y cuyo número de barras se manifiesta en el acto del remate”. Sin embargo, este dato no excluye otras procedencias.

En fotografías y postales de principios del siglo XX ya encontramos la imagen de la escalinata y el muro de piedra acompañando la estampa característica de la Plaza del Grano, todo ello coronado por cuatro faroles o sombreros de piedra en los extremos del muro, asentados sobre cuatro pilares. Dos de ellos han sido totalmente rehechos en una reciente intervención.

La escalinata de la Plaza del Grano
Vídeo: Fernando González Rodríguez
Guion: Rafael González Rodríguez


Vista general de la escalinata

Detalle de la escalinata

Vista con edificios al fondo ya desaparecidos

Pilar inicial del muro

Detalle del muro con los epígrafes

Detalle del muro con los epígrafes

Detalle del muro con los epígrafes

Detalle del muro en su parte derecha

Recubrimiento del muro, con grandes losas talladas a dos aguas

Estado de los peldaños

Detalle de uno de los faroles o sombreros de piedra

Detalle de uno de los faroles o sombreros de piedra

Vista de la Plaza del Grano. Postal de los años 10

La Plaza del Grano en los años 40

La Plaza del Grano en los años 50

La escalinata en una fotografía de Nicolás Muller de 1951

La escalinata en una fotografía de Nicolás Muller de 1951

La Plaza del Grano en una foto aérea de los años 60

Detalle de la escalinata en una postal de los años 50

La Plaza Gonzalo Silvela en 1970

La Plaza Gonzalo Silvela en 1972

Toro Enmaromado en la subida de la Calle de la Encomienda. Año 1952

Toro Enmaromado en la subida de la Calle de la Encomienda. Año 1953

Grupo de alumnos y profesores. Años 40

Peña Malgrat en los años 90 (Archivo CEB Ledo del Pozo)

Empotrados en los muros se reconocen dos epígrafes cuya lectura se ofrece a continuación.

El primer epígrafe se encuentra en el sector central del muro, a media altura. Se conserva completo y en bastante buen estado. Es una losa blanquecina de 675 X 465 mm. La letra es de capitales de la segunda mitad del siglo XVII o principios del siglo XVIII, con ejecución elegante y algunas abreviaturas. Su lectura no ofrece problemas, pues la superficie se presenta limpia y las incisiones del lapicida han sido profundas. Carece de moldura o delimitación del campo epigráfico.

ESTE ARCO CON SVS 
ENTER(RAMIENT)OS I EL VSO I 
SITIO EN LA SAC(RISTI)A P(AR)A 
EL CAX(O)N DE LOS ORN 
AMENTOS COMPRO A LA FA 
BRICA EL LIZ(ENCIAD)O D(O)N JO 
SEPH DE PAZ RACI 
ON(ER)O DESTA S(ANT)A IGL(ESI)A 
PASO SU ESC(RITUR)A ANTE AL(ONS)O 
GARCO ESC(RIBAN)O DEL NUM(ER)O 
DESTA V(ILL)A P(AR)A SU ENT(ERRAMIENT)O I 
P(AR)A SUS EREDEROS I SU 
CES(ORE)S EN EL VINCULO I PAT 
RONATO DE LAS MEMORIAS 
QUE DEXA FUNDADAS 

Estamos ante un epígrafe funerario perteneciente a un enterramiento en una iglesia. Según se indica en el texto, identificaba la sepultura del licenciado José de Paz, racionero de dicha iglesia, que construyó un arcosolio a sus expensas y dejó fundadas unas memorias. Un arcosolio es un arco abierto en la pared que alberga un sepulcro, una fórmula de enterramiento familiar muy habitual entre personajes de situación económica acomodada.

En el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid se conserva una ejecutoria del pleito litigado en 1691 por el licenciado José de Paz, clérigo y presbítero natural de Benavente. Su condición de "racionero" puede darnos alguna pista sobre el templo del que podría proceder esta lápida. El término racionero designa al prebendado que tenía ración en una iglesia catedral o colegial y esta condición encajaría bien con Santa María del Azogue, donde tenía su sede el cabildo y una comunidad de clérigos desde los tiempos medievales. No obstante, otras parroquias de cierta entidad también podían tener racioneros en esta época en Benavente. Sabemos, por otros documentos, que José de Paz, fue racionero de la iglesia de San Nicolás.

José de Paz, vecino de Benavente, clérigo y racionero, otorgó testamento en 1710, instituyendo una fundación pía con 270 cargas de trigo para ser distribuidas entre los labradores pobres de la villa. El grano prestado debía ser devuelto el día de Nuestra Señora de Agosto, más dos celemines por carga. El beneficio obtenido estaba destinado a atender a una niña huérfana, para entrar en religión o contraer matrimonio. El testamento se completó en 1713 con un codicilo. Su enterramiento se hizo junto al retablo de San José y el Niño, hoy existente en la iglesia de Santa María del Azogue. Nuestro racionero quiso en sus disposiciones asegurarse de gozar de un espacio privilegiado en este altar: “Dejo mandado que mi cuerpo sea puesto delante del mismo altar, tan arrimado que el sacerdote que allí dijese misa esté siempre sobre mi sepultura”.

El dato de la procedencia de nuestra inscripción de San Nicolás resulta de interés, pues en fotografías antiguas de los años 40, 50 y 60 no se aprecian inscripciones en los muros de la escalinata. Como la iglesia de San Nicolás fue derribada en el año 1968, debió ser a partir de esta fecha, durante la alcaldía de Julián Cachón González, cuando se trasladaron estas piezas para adornar esta construcción. Igualmente, se repusieron y restauraron algunos de los sillares, por entonces notablemente deteriorados.

Epígrafe número 1

El segundo epígrafe ha sido mucho peor tratado por el tiempo. Se encuentra en la parte izquierda del muro, la más próxima a la calle Santa Cruz. Mide 480 x 490 mm. La piedra está ennegrecida en gran parte de su superficie. Solamente conserva sus límites externos en el ángulo superior derecho, por lo que resulta imposible reconstruir sus dimensiones originarias. El campo epigráfico está delimitado por un recuadro de unos cuatro centímetros de anchura. En cualquier caso, está incompleto y falta una parte importante del texto. Su lectura parcial es la siguiente:

... [SEPULT]VRA DE RE 
...[MEL]LGAR ZX 
...NA MARI 
[A] ...DA SV MV 
[GER...] ...LVIS DE 

Las palabras entre corchetes no están en el texto. Parece también un epígrafe funerario, tal vez correspondiente a la tumba de un matrimonio. El marido pudiera pertenecer a la familia Melgar. La esposa podría llamarse María, quizás hija de un personaje llamado Luis. Poco más se puede añadir a falta de unos detalles que se nos escapan por completo. Es muy posible que esta pieza, al igual que la anterior, también proceda de la desaparecida iglesia de San Nicolás.

Epígrafe número 2