domingo, 8 de febrero de 2026

Benavente en el siglo XII. Una donación al monasterio de Sahagún de 1184

Área de las calles San Miguel y Santa Clara de Benavente en una fotografía de 1960

No existen muchos documentos que nos acerquen con detalle a la realidad urbana y social del Benavente de la segunda mitad del siglo XII, en el momento de la repoblación de la villa por Fernando II y Alfonso IX. De entre el selecto puñado de diplomas que se ha conservado de esta época, sobresale una donación al monasterio de Sahagún escriturada en el año 1184. Se trata de un pergamino original, en buen estado de conservación, custodiado hoy en la Sección Clero del Archivo Histórico Nacional. Tuve la oportunidad de consultarlo y transcribirlo íntegramente hace bastantes años, cuando todavía era un diploma inédito. Hoy está accesible a cualquier investigador, gracias a la excelente edición de la colección documental de este monasterio benedictino emprendida por José Antonio Fernández Flórez, bajo la colección "Fuentes y estudios de historia leonesa".

Su contenido se puede resumir de la siguiente manera: Pelayo Peláez y su mujer Lupa, junto con sus hijos Pedro, Marina y Burgesa, donan al monasterio de Sahagún la heredad que tienen en Benavente constituida por unas casas situadas en la colación de San Miguel, un huerto, tres viñas en Valcarrero, otras dos en Valleoscuro y otra en el camino de Astorga. Añaden, además, una heredad que tienen en Morales del Rey que comparten con Fernando Pérez de la Puente.

En primer lugar, debemos detenernos en la identidad de los donantes. Se trata del matrimonio formado por Pelayo Peláez y Lupa. Comparecen en el texto junto con sus hijos: Pedro, Marina y Burgesa, quienes dan su consentimiento explícitamente a la operación y, por tanto, renuncian a sus posibles derechos sucesorios sobre los bienes objeto de la donación. Se les puede considerar vecinos de Benavente, pues poseen una casa poblada en la villa y cuentan con diversas heredades, tanto en el término de la misma como en la cercana población de Morales del Rey. Tal vez, accedieron a estos bienes en el reparto de heredades en el momento de la repoblación. Según las fuentes, Fernando II designó a un grupo de 20 pobladores que tenían por misión reedificar la villa, administrar justicia y repartir fielmente las heredades, y entregarlas "a aquellos que hubieren hecho casa en mi villa y se atengan a vuestros fueros".

A este respecto, hay que recordar las disposiciones del fuero de Benavente de 1167. La construcción y el mantenimiento de una casa poblada era un requisito indispensable para adquirir o mantener la vecindad: "Añado también que ninguno venda su heredad, si antes no ha hecho casa, y solamente a aquel que la hubiera hecho por fuero en la villa" y "No quiero que se tenga por vecino al que no tuviere casa en las aldeas, o en la villa, y se considere como casa principal de la villa la que tuviere en aldeas".

La casa "principal" de Pelayo Peláez y su mujer Lupa se encontraba en la parroquia de San Miguel, una de las colaciones o barrios de la parte baja de la villa. De hecho, esta es la primera mención documental de esta iglesia, una de las más antiguas de las que tenemos noticia, junto con las de Santa María de Ventosa, San Juan del Mercado o San Martín. Se trataría de una de las primeras "pueblas" establecidas por los nuevos vecinos a la llamada del rey Fernando II y las ventajas ofrecidas por los fueros.

La iglesia y parroquia de San Miguel Arcángel se encontraba en la parte sureste de la villa, próxima a las actuales calle y ronda del mismo nombre. Ledo del Pozo no ofrece datos para su localización, simplemente indica que "fue una de las iglesias que sirvieron para el culto a los primeros fieles de la villa". Madoz dice que se encontraba hacia el sur, junto al convento de Santa Clara, donde al parecer aún quedaban algunos restos o escombros. Muñoz Miñambres precisa que en los solares de "las escuelas de Fernando II había una laguna junto a la iglesia, entonces parroquia de San Miguel".

Sin embargo, según la documentación consultada, su situación precisa debe llevarse a la calle de San Miguel en su manzana más próxima a la avenida del Ferial, limitando con la muralla de la villa, entre las puertas de San Andrés y el convento de Santa Clara. Así se constata en varias ocasiones con motivo de obras de reparación y mantenimiento de la cerca en los siglos XV y XVII.

El texto que nos ocupa nos habla de un área de Benavente urbanizada y poblada de casas desde fecha muy temprana. Las casas de Pelayo Peláez limitan con las viviendas de Pelayo Monazino y Miorvillido, que fue mujer de Diego Pérez, y de un huerto propiedad de don Donat, que a su vez está próximo otra propiedad de Raimundo Ihonnaes.

Relevante es también los representantes de la autoridad real y del concejo citados en la parte final del documento. Se menciona en primer lugar al tenente de la villa, Guterio Roderici, y al merino, Dominico Ihohannis. A continuación, confirma una representación de los alcaldes del concejo, que deben corresponder a los cuatro personajes situados en la primera columna: Fernandus Petri, Bartolumeus, Petrus Martini y Iohannes Petri. Suponemos que no son todos los alcaldes existentes porque en otros documentos coetáneos encontramos hasta ocho alcaldes confirmando ciertos actos jurídicos.


APÉNDICE DOCUMENTAL

1184, diciembre, 16.

Pelayo Peláez y su mujer Lupa, junto con sus hijos Pedro, Marina y Burgesa, donan al monasterio de Sahagún la heredad que tienen en Benavente constituida por lo siguiente: unas casas situadas en la colación de San Miguel, un huerto, tres viñas en Valcarrero, otras dos en Valle Oscuro y otra en el camino de Astorga. Añaden, además, una heredad que tienen en Morales del Rey que comparten con Fernando Petri de la Puente.

AHN, Clero, 903-1
ED. J.A. FERNÁNDEZ FLÓREZ, Colección diplomática del Monasterio de Sahagún, V. IV (1100-1199), León, 1991, doc. 1414; R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, “Documentos para la historia de Benavente durante el reinado de Fernando II (1157-1188)”, Brigecio. Revista de Estudios de Benavente y sus Tierras, 3 (1993), pp. 229-250, doc. 19.

(Christus) In nomine Patris et Filii et Spiritus Sanctui, amen. Quoniam ea que cum labore et dificilius adquiruntur, sine labore et facilius amittuntur. Idcirco, ego Pelagius Pelagii, una cum uxore mea Lupa et consensu filiorum meorum Petri, uidelicet, et Marina atque Burgesa, timore Dei compunctus, pro remedio peccatorum nostrorum et parentum nostrorum, dono et offero sanctis martiribus Facundo et Primitiuo hereditatem meam quam habeo in Benauento de meo lucro et de mea ganancia; id est, casas meas que sunt in collatione Sancti Micaelis, inter casas Pelagii Monazino et inter casas Mioruillido, qui fuit mulier Didaci Petri; et ortum qui fuit de don Donat, qui iacet circa Raimundo Iohannis; et tres uineas in Ualle Carrero; et duas alias, in Ualle Oscuro; et aliam uineam, in carrera de Astorga. Adicio, eciam, huic donationi hereditatem meam quam habeo in Morales de Rege cum Fernando Petri de la Ponte, id est, terras, ortos, cum exitu et regresso ad montem et ad uallem et ad riuum, cum domibus eciam et cum omnibus ad eandem hereditatem pertinentibus. Ego, igitur, Pelagius Pelagii, una cum predicta uxore mea et prenominatis filiis meis, has omnes hereditates quas su[pra] nominaui, iam dictis sanctis martiribus Facundo et Primitiuo, offero, dono atque concedo; ut ab hac die et deinceps iuri meo sint abstracte, et dominio sanctorum martirum Facundi et Primitiui perpetuo sint mancipate, et abbas et conuentus eiusdem monasterii faciant de eis sicut de rebus suis quicquid uoluerint.

Si quis, autem, tam de mea quam de aliena progenie cuiuscumque fuerit conditionis, hoc meum factum firmiter stabilitum irritum facere uoluerit, sit maledictus et excomunicatus et cum Iuda traditore in inferno dampnatus, et pectet in coto abbati Sancti Facundi C morabetinos et triplet ipsam hereditatem in tali uel in meliori loco.

Facta karta era Ma CCa XXa IIa, XVII kalendas ianuarii. Regnante rege Fernando in Legione et in Gallecia. Maiordomus regis, Rodericus Lepi. Alfiaraz regis Rodericus Fernandi. Guterio Roderici tenente Benauentum. Dominico Iohannis maiorino in eadem uilla. Alcaldes eiusdem uille:

(1ª Col.) Fernandus Petri conf. Bartolumeus conf. Petrus Martini conf. Iohannes Petri conf.

(2ª Col.) Roderico episcopo Ouetensi habente ius episcopale in Benauento. Auditores et confirmatores. Petrus Monazino conf. Rodericus Micaelis conf.

(3ª Col.) Fernandus Cotan conf. Petrus Uicencii conf. Sthepanus Petri conf.

(En dos líneas inferiores) Ego Pelagius Pelagii, cum uxore mea Lupa et filiis meis prenominatis, hanc kartam quam fieri iussi propia manu roboro et confirmo et signum roborationis (signum) initio.

jueves, 5 de febrero de 2026

Algunas referencias documentales sobre el grupo de hachones de bronce procedente de la iglesia de San Nicolás de Benavente

Pareja de hachones de bronce procedentes de la iglesia de San Nicolás de Benavente, hoy en el J. Paul Getty Museum de Los Ángeles. A partir de una fotografía publicada por Mercedes Simal López. 

Expediente sobre entregar en concepto de depósito al párroco de San Nicolás los candelabros de bronce.

1859

Don Camilo Labrador, párroco de San Nicolás de esta villa, en 10 de agosto de 1859 solicitó de Su Excelencia se le entregasen, en calidad de depósito y por el tiempo de la voluntad de Su Excelencia, los candelabros que antiguamente servían para el túmulo el día de difuntos para las honras de los ilustres progenitores; a fin de utilizarlos en el servicio de la parroquia y principalmente en el día de dichas honras, sin que sea visto menoscabar los derechos de Su Excelencia para disponer de  dichos candelabros cuando lo tenga por conveniente.

Excelentísimo señor:

Es exacto todo cuanto expone en esta solicitud don Camilo Labrador. Existen los candelabros a que se refiere sin el menor uso hace como 30 años. Y como se trata de la parroquia de San Nicolás una de las de patronato de Vuestra Excelencia no encuentro inconveniente en que Vuestra Excelencia conceda dichos candelabros para el servicio de la misma en concepto de depósito y por el tiempo de la voluntad de Vuestra Excelencia y en los términos que se solicita. Aguardo no obstante Su Excelencia como dueño resolverá lo que fuere de su superior agrado.

Benavente, 8 de agosto de 1859.

En vista del informe de Usted a la instancia del párroco de San Nicolás de esa villa, su fecha 1º del corriente, he venido en concederle, como representante que soy de mi querido primo el Excelentísimo Señor Duque de Osuna, y por el tiempo que fuese de la voluntad de este, el uso de los candelabros que existen en ese Palacio, y que él solicita para dicha yglesia, siendo responsable de su custodia; lo que le hará entender por resolución a dicha instancia.

Dios guarde a Usted muchos años.

Madrid 20 de agosto de 1859.

El Marqués de Alcañices

A Don Antonio Zalón. Benavente.

Administración del Estado de Benavente.

Por resolución del Excelentísimo Señor Duque de Osuna a su ynstancia de súplica fecha 1º del corriente, ha venido en concederle por el tiempo de su voluntad el uso de los candelabros con destino al servicio de esa parroquia de San Nicolás; y a condición de conservarlos con el esmero correspondiente.

En su virtud puede Usted disponer cuando guste la traslación de dichos candelabros, dándome conocimiento para dar órdenes conveniente a dicha [...]; debiendo Usted, hecha que sea la entrega, dar el oportuno recibo a esta administración.

Todo lo que comunico a Usted para su satisfacción.

Dios guarde a Usted.

Benavente, 27 de agosto de 1859

Sr. Don Camilo Labrador, párroco de San Nicolás de esta villa.

Como párroco de la de San Nicolás de esta villa he recibido del Señor Don Antonio Zalón, administrador en estos estados del Excelentísimo Señor Duque de Osuna, Conde Duque de Benavente, doce candelabros de bronce que Su Excelencia ha tenido a bien conceder por el tiempo de su voluntad a la mencionada yglesia de mi cargo, para que pueda usar de ellos en las funciones religiosas, atendiendo a la obra su conservación; debiendo advertir que cuatro de dichos candelabros se han entregado sin los espigos correspondientes para colocar en ellos los cirios. Y para que conste doy este que firmo en Benavente a dos de setiembre de mil ochocientos cinquenta y nueve.

Camilo Labrador de Vega.

Uno de los hachones, reconvertido en florero, en la iglesia de Santa María del Azogue

Detalle de las armas de los condes de Benavente en uno de los hachones conservados en la iglesia de Santa María del Azogue

domingo, 1 de febrero de 2026

Una relación de capellanías fundadas en la iglesia de San Nicolás de la villa de Benavente

Iglesia de San Nicolás de Benavente, a partir de una fotografía de los años 60

1819, febrero, 10. Benavente.

Relación de capellanías fundadas en la iglesia de San Nicolás de Benavente, a partir de un reconocimiento hecho por José Miranda.

Colección particular.
Cuadernillo sin foliar. Incluye copia de un auto de visita de capellanías en esta misma iglesia realizado en 1675.

Habiendo reconocido con la mayor escrupulosidad todos los papeles y documentos antiguos y modernos que existen en el archivo de la yglesia de San Nicolás de esta villa, no he hallado en ellos más fundaciones de capellanías que las siguientes:

Capellanía de Nuestra Señora de la Concepción y Ánimas, fundada por Don Diego Almanza, cura que fue de dicha yglesia, en 1º de julio de 1599, por su testamento otorgado ante Roque Maruz, escribano del número de esta villa.

Consisten sus rentas en 2.000 ducados de principal de censo, con inclusión de uno de 1.000 ducados contra las Casa y Estado de Benavente. Tiene el cargo de dos misas rezadas cada semana: la una de la Concepción y otra de las Ánimas.

Nombró por patronos a varios parientes suyos y en su defecto al cura y mayordomo de dicha yglesia, reunidos en una sola voz.

Capellanía de San Nicolás y Misas de once. Fue fundada en 7 de marzo de 1560 por Cristóbal Pérez en una cláusula testamentaria del que otorgó ante Luis de Carbajal, escribano público y del número de esta villa.

Tiene de cargo una misa rezada en cada día del año con su coleta de difuntos y responso sobre su sepultura y de su mujer; cuya misa se haya de decir y diga en verano a las 10 de la mañana y en invierno a las 11. Consisten sus rentas en 40.000 mrs. de censo, algunos contra la Casa de Benavente.

Previene en la fundación hayan de ser dos capellanes los que sirvan estas capellanía, y no uno solo, sirviendo dichas cargas por semanas. Nombra ciertos patronos parientes suyos, y en falta de ellos elige por patrona a la fábrica de dicha yglesia para que presenten por ella el cura y guardador de la misma.

No existen entre dichos papepeles otros algunos respectivos a fundaciones de capellanías, beneficios, ni raciones, lo que se comprueba más bien del siguiente auto de visita que obra en un libro de cuentas de la fábrica de dicha yglesia:

Visita de las capillas del año 1675

En la villa de Benavente, a 15 días del mes de noviembre de 1675, su merced el señor licenciado don Antonio López Gorio, comisario del Santo Oficio y juez subdelegado de la Santa Cruzada de esta Vicaría de San Millán puertos acuende y visitador nombrado por el ylustrísimo señor don Fray Alonso de Salicanes, obispo de Oviedo, electo de Córdoba, con comisión particular de su ylustrísima para acabar de finalizar la visita comenzada por su ylustrísima, y en particular para la visita de capellanías que hay en esta villa, para mejor cumplimiento de sus obligaciones procuró reconocer las que está sitas y fundadas en la parroquial de San Nicolás de ella, y viendo que no había libro de asiento de las que eran, ni menos podían constar de los encargos que tenían y muchas de ellas no saberse las personas que las gozan, y ser defraudadas las ánimas de sus fundadores, procurando el que se cumpa con el servicio de Dios, y obligación que por esto tiene el cura de dicha yglesia de San Nicolás de hacer saber a los capellanes y visitadores si han cumplido o no dichos capellanes conforme a las sinodales de este obispado, y en particular al sínodo; se encarga al cura observe su cumplimiento, y porque su merced procuró reconocer con todo trabajo, indagar y saber donde paran las fundaciones de dichas capellanías para reconocer por ellas quales son los encargos que tienen, y no haber podido hallar sino es muy pocas o ningunas para proceder con más claridad e individualidad, informándose de personas ancianas y de buenas conciencias, de los mismos capellanes que actualmente las gozan, tomándoles primero y ante todas cosas juramento, para que nos dijesen y declarasen las misas que tenían entendido tenían a su cargo, y guiándonos así conforme a las declaraciones de las dichas personas las mandamos escribir en este libro, de manera que haga más fe que la que ellos mismos como tales capellanes declarasen, para que en caso que en algún tiempo los señores visitadores nuestro sucesores hallaren mayor razón o mejores noticias, o las propias fundaciones, se este a ellas y no a lo que oy por necesidad mandamos poner en este libro por no haberse topado como va dicho con muchas de ellas.

Otrosí, por quanto hemos mandado a los dichos capellanes que dentro de un mes hagan apeos de las rentas que tienen dichas capellanías, y entreguen un tanto de ellas al cura de la yglesia de San Nicolás para que lo meta en su archivo, no lo haciendo damos comisión al dicho cura para que los embargue dicha renta hasta tanto que lo hayan executado así, las quales dichas capillas son las que siguen:

La capellanía que fundó Diego Enríquez. Es capellán don Diego Valpuesta, canónigo de Medina. Tiene de cargo todos los meses, o viernes del año, una misa, y otra cantada de Pasión. Es de presentar de los Cerones de Villalón.

Otra capilla que se intitula de Nuestra Señora de los Ángeles. Es capellán el licenciado Santiago de Zamora, tiene de cargo 12 misas cada [...]. Es de presentar de los Rodríguez de Mercado.

Otra capilla que se intitula la de Sancerdos. Es capellán don Tirso Barba, y por su declaración tiene dos misas cada semana.

Otra capilla que se intitula Nuestra Señora del Rosario. Es capellán dicho don Tirso Barba. Tiene tres misas cada año, y por su declaración es de presentar de los Ocas.

Otra capilla que fundó Luis de Herrera. Es capellán don Ramiro de Prado. Tiene de carga una misa cada semana, porque al otro capellán le toca la otra. Es de presentar del cura de la parroquia de San Nicolás, con dos feligreses qye debe nombrar para que todos tres hagan las presentación, u los dos de ellos.

Otra capilla que se intitula de Nuestra Señora de la Concepción, que fundo el arcediano. Tiene una misa cada semana por declaración del licenciado Manuel Gallo, su capellán, que tiene obligación de repartir 12 reales entre los pobres el día de la Concepción.

Otra capilla que se llama la de Romera. Es capellán Francisco de Portillo. Tiene de cargo dos misas cada semana.

Otra Capilla que se intitula Nuestra Señora de la Concepción. Es capellán el licenciado Manuel Gallo. Tiene dos misas cada semana por declaración de dicho capellán.

Otra capilla que se intitula de San Martín. Es capellán don Antonio de Medina, vecino de Medina de Rioseco, tiene una misa cada semana.

Otra capilla que se intitula de Nuestra Señora de la Misericordia. Es capellán el licenciado don Tomás de Dueñas. Tiene de cargo una misa cada semana. Es de presentar del mayordomo de la fábrica.

Otra capilla que se intitula de Santa Lucía. Es capellán el licenciado Miguel de la Sierra. Tiene de carga una misa cada mes.

Otra capilla que se llama de los Briceños. Es capellán don Gabriel Gutiérrez de la Vega. Tiene de carga una misa cada semana.

Otra capilla que fundó Cristóbal Pérez. Es capellán don Felipe Bernardo de Quirós, canónigo de la Santa Yglesia de Toledo. Tiene de encargo 78 misas cada año por declaración de Francisco Enríquez, su administrador. Adviértesele al cura que por noticias que hay al tiempo de la fundación el dicho Cristóbal Pérez dexó una misa cada día entre dos capellanes, y así les quedo 40.000 mrs. por que se les obligará a dichos capellanes al cumplimiento de las misas que cupieren a los dichos 30.000 mrs. que les paga el Estado de Benavente.

Otra capilla como la de arriba que fundó el dicho Cristóbal Pérez sobre la renta mencionada arriba. Es capellán Cristóbal Cervantes, y por su declaración tiene de cargo 78 misas.

Otra capilla que se intitula la de San Lorenzo. Es capellán el licenciado Josef de Castro. Tiene de cargo una misa cada año.

Otra capilla que es de la que fundó Luis de Herrera, de que es Capellán el doctor Sebastián de Paz, cura de San Miguel, que tiene de cargo una misa una semana, y otra no, de forma que entre dos capellanes que tiene dicho Luis Enríquez de Herrera cada uno ha de decir su misa cada semana.

Otra capilla que fundó García González. Intitúlase de la Natividad de Nuestra Señora. Tiene de cargo por declaración del capellán una misa rezada cada semana, unos maytines y una misa cantada el mismo día de la Natividad.

Otra capilla que oy se posehe a título de vínculo y tiene obligación de decir una misa cada día a la ora de las once, la qual fundó el licenciado Cristóbal del Vollo sobre el mayorazgo de este título.

Otra capilla que se titula de Nuestra Señora de la Concepción. Fundola Leonor de Mendaña. No se sabe que cargas tiene.

Otra capilla que se titula de Santa Polonia. Es capellán el licenciado Juan Fernández. No se sabe los cargos que tiene.

Otra capellanía que fundó Clara Hernández. Es capellán el licenciado Represa de Villafrechós. No se sabe los cargos que tiene.

Otra capilla que se intitula de San Cristóbal. Es su capellán el licenciado Pernía, vecino de Villamañán. No se sabe si están cumplidos sus cargos.

Otra capilla que trae el cura de Villaveza, que se intitula del Nombre de Jesús. No se saben sus cargos.

Otra capilla que se intitula el Nombre de Jesús. Es capellán el licenciado Tomás de Robles, cura de Roperuelos. No se saben sus cargos ni menos si están cumplidos.

Otra capilla que fundó María de Rebollar. No se sabe quién es el capellán, ni los cargos que tiene.

Otra capilla que llaman de los Enríquez. Fue capellán el cura de San Cristóbal. No se saben sus cargos, ni quién la goza.

Otra capilla que se intitula de San Mateo. No se sabe quién es su capellán ni sus cargos.

Otra capilla de fundación de los Rodríguez. Es capellán don Bernardino de Diguja. Está cumplida.

Concluye el auto de visita encargado al cura sobre el cumplimiento de él, y enseguida se lee:

Otra capilla que se halló después del auto dado que se intitula de la Transfiguración. Dicen es capellán don Antonio de Escobar, deán de Valladolid. No se saben sus cargos.

Así resulta del citado auto de visita que obra en el libro citado, sin que en él ni en otra parte alguna se encuentre el cumplimiento de lo mandado en aquel ni menos las copias de apeos de las capellanías mandadas archivar; efecto, sin duda, de no haberse observado lo en él prevenido.

Por lo respectivo a la raciones no se alla noticia alguna en cuantos documentos he reconocido.

Benavente y febrero 10 de 1819

José Miranda

Derechos de mi ocupación y trabajo en este reconocimiento: 60 reales.

jueves, 29 de enero de 2026

Condiciones con las que se ha de hacer la torre de San Nicolás de esta villa de Benavente

Torre de la iglesia de San Nicolás de Benavente, a partir de una fotografía del año 1968

[s. XVII]

Condiciones que debe cumplir la obra y construcción de la torre de San Nicolás de la villa de Benavente (Zamora).

Archivo Histórico de la Nobleza, Osuna, C. 453, D. 51.
Copia simple

Condiziones con las quales, queriendo Nuestro Señor, se ha de hazer la torre de San Nicola de esta villa de Benavente.

[1] Es condición que el maestro que hiziere dicha obra ha de demoler el pedaço de torre antigua, para eligir de nuevo el çimiento y de dicha torre limpiar y apartar toda la piedra para su quenta.

[2] Es condizión que han de romper los çimientos hasta topar tierra firme, y dichos cimientos han de tener ocho pies de ancho hasta la superfiçie de la tierra, echándole buena mampostería y creçida con buena argamasa de cal y arena, y desde la superfiçie arriba ha de llevar lo que tiene la planta mostrado.

[3] Es condiçión que dicha torre se ha de eligir sobre quatro arcos contados sus quatro ángulos, conforme lo demuestra la planta y que la fachada prinçipal ha de ser de piedra labrada, y en el segundo cuerpo ha de llevar un óvalo calado para dar luz al coro y al lado que cae al meridiano y al otro al septentrión ha de llevar en cada uno su óvalo más pequeño como va demostrado.

[4] Es condición que hasta el segundo cuerpo ha de llevar en las esquina, así de un lado como del otro, unas pilastras de piedra labradas que sirvan de estribo y fortaleza a dicha torre, y los arcos prinçipales han de ser de piedra labrada y las esquinas y óvalos de la misma manera, y lo demás de los lados ha de ser de mampostería y ladrillo encajonado como va demostrado.

[5] Es condiçión que desde el primer cuerpo hasta el zielo del segundo se ha de hazer un arco que sirva de cerrar la demás obra antigua y haga coro; y por el suelo del coro pisadero otro de ladrillo.

[6] Es condiçión que sobre el arco que ha de zerrar la obra la yglesia y servir de çielo al coro se ha de eligir el lienço del cuerpo de las campanas.

[7] Es condiçión que dos arcos que están empezados en dicha yglesia se han de acabar para la pila el uno y otro para osario.

[8] Es condiçión que se [ha] de hazer la bóveda en continuaçión del tránsito de la yglesia hasta encima del óvalo principal del coro como está la antigua y blanquearla, y en el coro se ha de hazer un enrejado embalaustrado para su vista.

[9] Es condiçión que al eligimiento de los cuerpos se ha de dejar una deja que haga talas, un pie en cada una, y en el cuerpo postrero se ha de hazer un suelo pisadero de madera, echándole vigas de pina o álamo bien labradas, y esté enteblado ha de ser de sobradiles bien labrados y ajustados.

[10] Es condiçión que en el cuerpo de las campanas se han de hazer troneras como lo demuestra la planta y han de ser de piedra labrada y las quatro esquinas de dicho cuerpo de la misma manera.

[11] Es condiçión que después de aver echado la corneja del postrer cuerpo se ha de hazer un suelo de quadrado para eligir el chapitel y ha de ser en la conformidad que eso demuestra la traza y su cubierta de pizarra como el de la Soledad.

[12] Es condiçión que se ha de acabar dicha obra conforme la obra y las condiçiones lo demuestran y se ha de hazer una escalera al lado de la pila baptismal para el coro y campanas.

Esta obra con estas condiziones y quedándose el maestro con la piedra la ha puesto Pedro Amura en tres mil ducados, cuio original para en poder de Garço SS. de fábrica.

domingo, 25 de enero de 2026

El monasterio cisterciense de El Salvador de Benavente

Fachada del antiguo monasterio de San Salvador, o de San Bernardo, de Benavente

Los orígenes del monasterio cisterciense del Salvador, o de San Bernardo, de Benavente hay que buscarlos en un antiguo cenobio altomedieval fundado en la localidad de Santa Colomba de la Monjas, a unos cinco kilómetros. Tenemos noticias del mismo a partir del año 1092, cuando diversos documentos mencionan una fundación monástica dedicada a San Salvador, en el territorio de Polvorosa, junto al río Órbigo: “in loco Sancti Saluatoris in territorio de Puluurera, sito iuxta riuulo Orbeco”.

No conocemos con certeza el momento de la fundación de este monasterio, pero sí sabemos que a finales del siglo XI la propiedad del mismo estaba a repartida entre varios herederos. Entre ellos se citan a Pedro Bermúdez, Bermudo Peláez, Auro Dulce, Fernando Flainez y Mayor Núñez. Varias de estas porciones acabaron, como consecuencia de confiscaciones, en manos del rey Alfonso VI, quien las entregó en 1097 a la catedral de León.

El monasterio se asentaba sobre una antigua villa: la villa de "Santa Colomba de Polvoreda y Arcos", tal vez relacionada con varios yacimientos romanos próximos. Los diplomas de la época utilizan diversos referentes espaciales para localizar este enclave, siempre en la confluencia del Esla y el Órbigo: “quod est situm inter duos fluuios qui dicuntur Estula et Orbego, et dicitur illud monasterium ex uocabulo Sancti Saluatoris, in uilla que uocatur Sancta Columba de Poluorera et de Arcus”. El nombre de “Santa Colomba de Arcos” es el más habitual en estos documentos de finales del siglo XI.

A partir de entonces, la memoria de esta primera fundación se pierde. Parece que la vida monástica se extinguió, pues no volvemos a encontrar nuevas menciones. En 1116 el obispo Diego entrega a la catedral de León posesiones en este lugar, pero ya no se menciona ningún monasterio: "In Sancta Columba de Arcos, VIam partem que fuit de Pelagio Uellidiz, et totam racionem que fuit de Fernando Flainiz".

No será hasta 1181 cuando un grupo de familias realizan una donación para la fundación de un nuevo monasterio femenino bajo la Orden del Císter en este mismo emplazamiento: “in quorum honore ecclesia fundata est in uilla que Sancta Columba dicitur, territorio Puluurera secus fluuium Auruego”.

Esta segunda fundación vincula de forma clara el monasterio de Santa Colomba con la villa de Benavente. La aldea estaba dentro de los límites del alfoz del concejo, varios de sus fundadores están emparentados con familias de los primeros repobladores de la villa y en el propio documento encontramos la confirmación del concejo de Benavente, de su notario, de ocho de sus alcaldes y del concejo de Santa Colomba. Según una tradición antigua recogida por diversos autores, las primeras monjas cistercienses que pueblan el monasterio provenían de Gradefes. Sin embargo, fue con el monasterio de Moreruela con el que existió históricamente una relación de filiación.

A partir de 1581 se acomete la edificación en Benavente de un nuevo monasterio de la comunidad femenina cisterciense de San Salvador, hasta entonces enclavado en Santa Colomba de las Monjas. Este traslado fue consecuencia de varias negociaciones anteriores con el concejo de la villa y de la adquisición de terrenos junto a la iglesia de Santa María de Renueva, hasta entonces ocupados fundamentalmente por huertos. En mayo de 1581 se firma una concordia y aceptación por parte del cura, mayordomo y feligreses de Santa María de Renueva, quienes aceptan la instalación del nuevo monasterio junto a su parroquia. Las obras se prolongaron durante varios años, durante los cuales a instancias del conde de Benavente, las monjas fueron acogidas temporalmente en el Hospital de la Piedad.

Entre los documentos relacionados con este traslado hay también una petición al obispo de Oviedo del conde de Benavente, del concejo y regimiento de la villa, así como del cura y feligreses de Renueva, para que concediese licencia a la comunidad de poder celebrar los divinos oficios y la misa en dicha parroquia, pero quedando libre el cura y sus feligreses para realizar sus funciones como lo venían haciendo. Las religiosas disponían del coro alto y de una capilla cerrada con reja, junto al altar de Santa Lucía.

El convento de San Bernardo se vio seriamente afectado por la ocupación francesa durante la Guerra de la Independencia, al igual que ocurrió con otros conventos benaventanos. Sobre ello existen diversos testimonios, destacando el dejado por Fray Luis Solís:

“El día 31 de diciembre de 1808 se dispersó esta comunidad, abandonando el monasterio a causa de la irrupción de los franceses. Y como la fuga fue tan precipitada y no se encontraban caballerías ni carros de transporte, fue preciso abandonar toda la plata y alhajas de la comunidad, y hasta las particulares no pudieron salvar otra cosa que los vestidos puestos. Yo que escribo esto (Fr. Luis Solís) saqué de las manos de estos sacrílegos un copón con las sagradas formas”.

Durante el año 1976 se produjo el derribo definitivo del monasterio de San Bernardo. Los solares fueron ocupados por varios bloques de viviendas y la Estación de Autobuses. El 30 de noviembre de 1976 las monjas abandonaron el viejo edificio y se trasladaron a su nuevo convento de la carretera de Villanueva de Azoague.

martes, 20 de enero de 2026

Julián Cachon González o el beneficio de la memoria (1930-2026)

Presentación del libro "Corrillos y gentes" de Julián Cachon González en la Feria del Libro de Benavente del año 2006

In memoriam

Hablar de Julián Cachón González (Benavente 1930) es hacer referencia a una parte destacable de nuestra memoria viva. Alcalde de nuestra villa entre 1967 y 1973, Procurador en Cortes por el Tercio Familiar de la provincia de Zamora (1967-1971) y Diputado Provincial por el Partido Judicial de Benavente (1967-1974), su destacada trayectoria pública y sus vivencias personales y familiares le han proporcionado un privilegiado conocimiento de los entresijos de la vida local benaventana. Fueron, en todo caso, años difíciles para el ejercicio de cualquier actividad pública, no digamos ya de la política, incluso para un modesto municipio “de provincias”. Años en los que resultaba arriesgado compaginar el servicio y la dedicación a los convecinos con una cierta independencia de las presiones y directrices del régimen.

Benavente vivía entonces las secuelas de la época del “Desarrollismo”, que había operado una profunda transformación de la sociedad española, aunque no exenta de sus contrastes y desequilibrios. Una localidad de pequeño tamaño, cabeza de una extensa comarca de orientación claramente agrícola y ganadera, comenzaba a ser ciudad y aspiraba, por tanto, a disfrutar de los servicios e infraestructuras inherentes a cualquier núcleo urbano. El paso de Julián Cachón por el consistorio coincidió con este momento crucial y, según confiesa, su labor se orientó desde el primer momento a poner las bases para hacer posible ese cambio. Lo cierto es que, a pesar de las menguadas arcas y no pocas zancadillas, los benaventanos pudieron asistir a una profunda transformación del entramado urbano. Se renovó el abastecimiento de aguas y la red de alcantarillado, la pavimentación de las calles se extendió a los barrios de la ciudad, se modernizó el alumbrado público, se inauguró el Parador de Turismo y se puso en marcha el Hospital Comarcal. En el capítulo cultural, debe destacarse la primera reedición de la Historia de Benavente de Ledo del Pozo y la puesta “a buen recaudo” de los pergaminos originales de los privilegios medievales de la villa.

Pero Julián Cachón hace mucho tiempo que está fuera de los ruedos de la política y ve las intrigas y miserias de la actualidad cotidiana desde la distancia que le proporciona su dilatada experiencia, desde los años vividos. Colaborador habitual desde hace más de un lustro en el semanario “La Voz de Benavente y los Valles”, el presente libro es una selección de algunos de sus artículos más destacados.

Aunque, probablemente, en su ánimo inicial no estaba proporcionar una antología acabada, con una unidad o lógica interna, lo cierto es que una vez recopilados todos estos testimonios se configura una estampa sistematizada y coherente de un Benavente que se remonta, al menos, a finales del siglo XIX. Porque la memoria de Julián Cachón va mucho más allá de sus años de actividad política, alcanzando el siglo XIX, pues convivió y departió largamente de joven con personajes, entonces de edad ya provecta, que conocieron aquellos vibrantes momentos y le transmitieron un legado que ahora el autor nos brinda, para perpetuar la memoria de un Benavente que ya no existe, pero que hace inteligible nuestro presente.

Los estertores del caciquismo decimonónico, las intrigas electorales de la Restauración, el protagonismo de una burguesía ya decadente que se aferra a sus glorias pasadas, la dictadura de Primo de Rivera, los años convulsos de la II República y la Guerra Civil, las penurias de la Postguerra, los años sesenta y setenta, el desarrollo económico y el desembarco de los tecnócratas. Todos estos momentos significativos de nuestra historia reciente tienen su fiel reflejo en la vida cotidiana benaventana, y emergen del olvido a través de este rosario de artículos.

El autor hace gala de una memoria prodigiosa, casi fotográfica, y no precisamente selectiva. Es capaz de recordar en toda su frescura nombres, fechas, precios, edificios, iglesias, monasterios, calles, plazas, pero sobre todo ambientes. Reconstruye con precisión genealogías, familias, trayectorias humanas, negocios, oficios y beneficios, triunfos y fracasos. Una fauna que sabe situar en su paisaje natural, en su contexto histórico, en la coyuntura nacional, y aún en la internacional. Nos presenta unos finos retratos de personajes y acontecimientos cotidianos que parecen revivir en su pluma con clarividencia. A ello se añade un estilo literario personal e intransferible, de gran fluidez y que sabe separar el grano de la paja. Todo ello aliñado por pinceladas irónicas y costumbristas, que invitan a concluir que no hay nada nuevo bajo el Sol, y obstinadamente se repiten la mismas virtudes y defectos con que nos adornamos todos los mortales.

En su relato, aunque quedan patentes las diferencias de clase entre los benaventanos de entonces y el abismo entre prosperidad y miseria, no se dejan entrever apriorismos sociales. Julián nunca ha tenido prejuicios para tratar con todas las personas que le brindaron su amistad o simplemente su tiempo. Por eso, en estas estampas encontramos radiografiado todo el panorama social: los terratenientes, la burguesía comercial y de negocios, los políticos locales y regionales de la época, el “servicio doméstico”, los agricultores, los artesanos, el proletariado, hasta los personajes populares de la calle.

No podrá juzgarse esta aportación como si la obra de un historiador se tratara, y mucho menos aplicársele el rigor academicista. El libro de Cachón no es un libro de historia, sino de vivencias; es en sí mismo una fuente de primera mano. Sus comentarios y reflexiones personales sobre el ayer y el hoy se podrán compartir o no, pero se ponen sobre la mesa con honestidad. Su narración resulta especialmente interesante si tenemos en cuenta que la mayor parte de las figuras y paisajes que trae a colación los conoció personalmente.

Porque, como se anuncia en el epígrafe que preside este prólogo, Julián goza del beneficio de la memoria. Se ha pateado de arriba abajo la geografía benaventana. Conoció por razones familiares, laborales, y por otros muchos motivos, los principales pagos de su contorno, en particular sus últimas dehesas, reductos postreros del esplendor de los Condes de Benavente: El Tamaral, El Bosque, Ceginas, Mosteruelo, Malucanes, La Montaña, Brive, Socastro, etc. Es un testigo de excepción de las transformaciones de la villa y comparte, como otros muchos de nosotros, el pesar por el ensañamiento con nuestro patrimonio histórico-arquitectónico. Conserva, a modo de reliquias, viejas fotos y postales, pruebas de cargo de ese expolio inmisericorde. De hecho, no menos interesante que el texto es el repertorio fotográfico que acompaña a cada uno de sus artículos, con varios testimonios gráficos absolutamente inéditos, procedentes de su álbum familiar o cortesía de diferentes personas; Imágenes que nos sumergen directamente en los ambientes de aquel polifacético Benavente, ya irrepetible e irrecuperable.

Agradezco al autor su amable invitación para prologar el libro que el lector tiene entre sus manos. Supongo que el reconocimiento a una tarea cuyo único mérito ha sido el de recuperar y seleccionar los textos y rebuscar entre viejas fotos, en algún caso con leves correcciones de estilo a las que Julián se ha sometido disciplinadamente. Es cierto que la labor técnica y de maquetación no ha sido pequeña, teniendo en cuenta que el autor ha sido ajeno a los avances de la informática y es fiel a la tradición manuscrita y mecanográfica. Por ello sería injusto no reconocer la colaboración constante de “La Voz de Benavente y los Valles” para llevar a buen puerto esta empresa. Quizás mi única contribución ha sido mi convencimiento de que tal cúmulo de vivencias no podía perderse, o quedar relegado a los oscuros anaqueles de una hemeroteca, y debían ofrecerse bajo la forma de un libro. En cualquier caso, me ha regalado con su amistad y he podido compartir con él entrañables mañanas de otoño e invierno para intercambiar impresiones sobre los pormenores de este libro, pero también para hacerme partícipe de sus inquietudes y de sus reflexiones sobre el ayer y el hoy de nuestra villa.

El Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo” se congratula al incluir este nuevo título editorial en su catálogo. Culmina así una estrecha relación con el autor que se remonta a bastantes años atrás. Fiel y asiduo seguidor de nuestras actividades, en 1996 fue uno de los artífices necesarios en la edición de los Privilegios Reales de la Villa de Benavente, siendo entonces presidente del Círculo de Benavente, popularmente conocido como “El Casino”. Su colaboración desinteresada ha sido también crucial para afrontar publicaciones como Recopilación fotográfica sobre el patrimonio histórico-artístico de Benavente (1991), El Castillo de Benavente (1998) o la exposición y el catálogo de Más vale volando(1998), con motivo del VI Centenario de la creación del Condado de Benavente.

Para concluir, y ofrecer al lector un titular de lo que va a encontrar en las páginas que continúan estas líneas, no puedo por menos que parafrasear al propio autor en uno de sus artículos: ¿Pensaron que íbamos a hablar de política? Es más bello, sublime, poético, hablar de vidas, hechos y gentes. Historia.

RAFAEL GONZÁLEZ RODRÍGUEZ

domingo, 4 de enero de 2026

Testamento de María Josefa Alfonso Pimentel (1752-1834), XV condesa y XII duquesa de Benavente

Retrato de María Josefa Alfonso Pimentel, por Goya (1785) 

1818, febrero, 27. Madrid.

Testamento de María Josefa Alfonso Pimentel, condesa-duquesa de Benavente.

Archivo Histórico de la Nobleza, Osuna, C. 442, D. 134.
Traslado del testamento y de la memoria de última voluntad (Madrid, 14-XII-1830) otorgados por María Josefa Alfonso Pimentel, condesa-duquesa de Benavente. Incluye autos de visita con la certificación del cumplimiento de las mandas testamentarias otorgadas.

En el nombre de Dios todopoderoso, Amén. Yo Doña María Josefa Alfonso Pimentel, Téllez, Girón, Diego López de Zúñiga, Sotomayor, Borja, Ponce de León, Carroz y Centelles, Benavides, Mendoza, Fernández de Velasco, Herrera, Enríquez de Guzmán, Vigil de Quiñones, Enríquez de Cabrera, Pérez de Guzmán el Bueno, Maza, Ladrón de Lizana, Carroz y Arborea; Condesa Duquesa de Benavente, Duquesa de Béjar, de Gandía, de Arcos, de Plasencia, de Monteagudo, y de Mandas, Condesa de Mayorga, de Velalcázar, de Oliva, de Baylen, de Casares, de Osilo y de Coquina, Marquesa de Lombay, de Jabalquinto, de Zahara, de Marquini y de Terranova, Princesa de Esquilace y de Anglona, Señora de las Encontradas de Curaduría, Sihurga, Barbargia Ololay, Barbargia Sehulo y Villa de Sicci en el Reyno de Cerdeña; primera voz del estamento o brazo militar en el mismo reyno; Duquesa viuda de Osuna, Dama noble de la Real Orden de la Reyna María Luisa, natural y vecina de esta Corte; hija legítima y de legítimo matrimonio de los Excelentísimos Señores Don Francisco de Borja Alfonso Pimentel y Borja, Conde Duque de Benavente, Conde de Alba de Aliste, Duque de Medina de Rioseco, etc., y de Doña María Faustina Téllez Girón, Pérez de Guzmán el Bueno, ya difunto; hallándome buena y en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando, como firmemente creo y confieso, el alto e inefable misterio de la Beatísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios y sacramentos que tiene, cree y confiesa nuestra Santa Madre la Yglesia Católica, Apostólica, Romana, en cuya verdadera fe y crehencias he vivido, vivo y pretendo vivir y morir como fiel católica cristiana; tomando por mi intercesora y abogada a María Santísima madre de Dios y señora nuestra, al Santo Ángel de mi guarda, a mi santo abuelo San Franciso de Borja, lo de mi nombre y devoción, y demás de la corte celestial para que impetren de nuestro Señor Redemptor Jesucristo, que por los infinitos méritos de su preciosísima sangre, vida, pasión y muerte me perdone todas mis culpas y lleve mi alma a gozar de su beatífica presencia; y temerosa de la muerte que es natural a todas las criaturas vivientes y dudosa su hora, deseando estar prevenida para quando llegue me halle con la debida disposición testamentaria, por el presente otorgo que hago y ordeno mi testamento en la forma siguiente:

Primeramente, encomiendo mi alma a Dios, nuestro Señor, que la crio de la nada y redimió con su preciosa sangre, y mando el cuerpo a la tierra de que fue formado, el cual hecho cadáver es mi voluntad no se amortaje, ni le toque persona alguna hasta pasar veinte y cuatro horas desde que se crea haber yo muerto naturalmente, a no ser que manifieste señales indudables de corrupción en cuyo caso, y no antes, se amortajará vistiéndole el hábito llamado de Nuestra Señora del Pilar, que es morado, con una medalla de dicha santa imagen o el pilar sol; y así amortajado se pondrá de cuerpo presente o depositará en la Real iglesia de San Felipe Neri de esta villa, si lo permiten las órdenes del Gobierno, por espacio de otras veinte y cuatro horas, sin darle sepultura hasta que hayan pasado cuarenta y ocho de mi fallecimiento; a menos que antes se hayan manifestado las citadas señales de corrupción, pues en estos casos cesa el motivo de las referidas prevenciones, y será sepultado en el sitio y lugar que esté dispuesto por el Gobierno, o prevenga yo en lo subcesivo a los Excelentísimos Señores Testamentarios que adelante nombraré, dejando al arbitrio de los mismo el modo y forma de mi entierro, el que dispondrán ser sin pompa ni vanidad.

Mando se celebren por mi alma quatro mil misas repartidas en mis quatro estados con la limosna de cinco reales vellón cada una, o lo que prevenga en mi memoria.

Lego por una vez para la conservación de los Santos Lugares de Jerusalén, redempción de cautivos cristianos, Reales Hospitales General y Pasión de esta Corte, viudas de militares muertos en campaña y demás mandas forzosas un mil y quinientos reales vellón, que se distribuirán entre ellas por iguales partes; con lo que las separo de todo derecho y acción que puedan pretender a mis bienes.

Declaro que me hallo en el estado de viuda del Excelentísimo Señor Don Pedro Alcántara, Téllez, Girón y Pacheco, Duque de Osuna, Conde de Ureña, etc., con quien estuve casada legítimamente; de cuyo matrimonio tuvimos diez hijos, de los quales fallecieron en la infancia los señores Don José María, Don Ramón María, Don Pedro de Alcántara Ramón, Doña Micaela María y don Ramón Manuel Yisidro; y también ha fallecido últimamente la Excelentísima Señora Doña Josefa Manuela, que se hallaba casada con el Excelentísimo Señor Marqués de Camarasa; y viven los excelentísimos señores Don Francisco de Borja Bruno, Duque de Osuna, casado con la Excelentísima Señora Doña Francisca Baufont, Condesa de Baufont, Don Pedro de Alcántara, Príncipe de Anglona, casado con la Excelentísima Señora doña María del Rosario Fernández de Santillán y Valdivia, Doña Joaquina María del Pilar, casada con el Excelentísimo Señor Marqués de Santa Cruz, y Doña Manuela Ysidra, casada con el Excelentísimo Señor Duque de Abrantes y Linares.

Si entre mis papeles, o en poder de mi confesor, se encontrare alguna memoria o memorias con fecha posterior a la de este testamento, que estén escritas o firmadas por mí, y contengan variaciones de lo que aquí dispuesto, declaraciones, mandas, legados, aclaraciones, prevenciones u otras cosas concernientes a mi última voluntad, quiero y mando se tengan y estimen por parte integral de este testamento, y se protocolicen con él en los registros del presente escribano, sin necesidad de mandato judicial, que su contenido se observe exactamente sin tergiversación alguna, como si aquí fuera especificado, y que a los verdaderos interesados se les den las copias y testimonios que pidan de lo que les corresponda, pues así es mi voluntad; pero si no estuvieren escritas o firmadas por mí no hagan fe judicial ni extrajudicialmente.

Para cumplir todo lo pío que contiene este testamento, y demás que contenga la memoria o memorias citadas, caso de dejarlas, nombro por mis albaceas y testamentarios a mis hijos los Excelentísimos Señores Don Francisco de Borja Bruno, Duque de Osuna y Don Pedro Alcántara, Príncipe de Anglona; al Excelentísimo Señor Don Manuel de la Peña, Marqués de Bondad Real; a todos los quales pido encarecidamente cuiden de que se cumpla esta mi disposición testamentaria con la mayor brevedad, literalmente y sin interpretarla, pues para ello y demás que conviniese les doy a todos juntos mi poder cumplido, con toda la extensión que para cada caso se estime necesaria, y les prorrogo más tiempo necesiten sin limitación.

Después de cumplido y pagado todo lo contenido en este testamento, y que contenga la memoria o memorias referidas caso de dejarlas, en el remanente que quedare de todos mis bienes muebles, raíces, derechos y acciones presentes y futuros, instituyo y nombro por mis únicos y universales herederos a los expresados mis hijos los excelentísimos señores Don Francisco de Borja Bruno, Duque de Osuna, Don Pedro Alcántara, Príncipe de Anglona, Doña Joaquina María del Pilar, Marquesa de Santa Cruz, y Doña Manuela Ysidra Téllez Girón Alfonso Pimentel, Duquesa de Abrantes y Linares; y a mis nietos los hijos de la Excelentísima Señora Doña Josefa Manuela, Marquesa de Camarasa, también mi hija que en paz descanse, para que los hayan, lleven y hereden por su orden y grado según su representación y lo dispuesto por las leyes de estos Reynos con la bendición de Dios y la mía, y les pido me encomienden a su Divina Magestad.

Y por el presente revoco y anulo, doy por nulos y de ningún valor ni efecto todos los testamentos, poderes para hacerlos, cobdicilos y demás disposiciones testamentarias que antes de ahora haya otorgado y formalizado por escrito, de palabra o en otra forma, para que ninguna valga, ni haga fe judicial ni extrajudicialmente, excepto este testamento que quiero se tenga y estime por tal, como igualmente la memoria o memorias mencionadas si se hallaren escritas o firmadas de mi mano, a las que doy el mismo valor que si aquí se hallaren insertas, y mando que todo su contenido se observe y cumpla como mi última deliberada voluntad en la vía y forma que más haya lugar en derecho.

Así lo otorgo ante el presente escribano de Su Majestad en esta villa y Corte de Madrid a veinte y siete de febrero de mil ochocientos diez y ocho, siendo testigos el Excelentísimo Señor Don Manuel de la Peña, Don Miguel de la Herrán Terán, Don Manuel Blanco de Alba, el licenciado Don Antonio Ruiz de Alcalá y Don Miguel Sánchez Ciudad, vecinos de esta Corte; y la Excelentísima Señora otorgante, a quien yo el escribano doy fe conozco, lo firmó. La Condesa Duquesa de Benavente. Ante mí, Feliciano García Sancha. Feliciano García Sancha escribano de Su Majestad del Ylustre Colegio de esta Corte, notario de los reynos, presente fui, y el registro queda en papel del sello cuarto, donde se halla notada esta copia, que doy en el del tercero, y el intermedio del mismo quarto. Está signado: Feliciano García Sancha.

Memoria

Yo Doña María Josefa Alfonso Pimentel Téllez Girón, Condesa Duquesa de Benavente, Duquesa de Béjar, Arcos y Gandía; digo que en veinte y siete de febrero del año de mil ochocientos diez y ocho otorgué antes el escribano de Su Majestad Don Feliciano García Sancha mi testamento, en el que por una de sus cláusulas declaré que si entre mis papeles o en poder de mi confesor u otra persona se encontrare alguna memoria o memorias escritas de mi puño o firmadas por mí en que se contuviesen algunas variaciones o declaraciones de los dispuesto en el dicho testamento, y qualesquiera mandas o legados u otras cosas concernientes a mi última voluntad, quería y mandaba se tuviere por parte integral de él, como tal se protocolizase en los registros del mismo escribano, sin necesidad de precepto judicial. Y ahora consiguiente a las referidas cláusulas, y en uso de las facultades que por ella me reservé paso a entender la citada memoria en la forma siguiente:

Usando del derecho que me concede la ley para disponer del tercio, y remanente del quinto de mis bienes libres, dejo mejoradas a mis hijas Doña Francisca Girón y Pimentel, Marquesa de Santa Cruz, y a Doña Manuela, Duquesa de Abrantes, y mando que del líquido de estos capitales se forme un solo, dando dos partes a mi hija Doña Joaquina, y la tercera a mi hija Doña Manuela.

A mi hijo Don Pedro Alcántara Téllez Girón y Pimentel le dejo por una vez ciento veinte [mil] reales, y que elija de las pinturas que tengo la que más le guste.

A cada una de mis hijas, a sus maridos, y nietos de ambos señores se les dará en señal del tierno cariño que les profeso lo que consta de la nota que va incluida a esta memoria.

Mi entierro quiero que sea en San Ysidro del Campo, y es mi voluntad no haya lujo en él y que no haya recibo de duelo ni ninguna etiqueta de las de fórmula que solo sirven para satisfacer el amor propio, estando yo bien persuadida que mis hijos y demás de mi familia me conservarán su memoria y me encomendarán a Dios para que me perdone las faltas que he cometido durante mi vida.

Ruego y pido a mi nieto y heredero Don Pedro Girón y Beaufont, Duque de Osuna, que siguiendo el ejemplo de sus mayores no desampare a los criados que me sirven, según su mérito, clase y años que están en la casa, y particularmente a Doña María Vicenta Ruiz de Alcalá le pido la continúe el sueldo que goza, y se la dará lo que la memoria señalada en la lista de estas alhajas.

A la Ynclusa dejo veinte mil reales por una vez.

A las criadas que me están sirviendo cuando yo fallezca se les dará toda mi ropa blanca, y vestidos, y tres mil reales a cada uno.

Madrid, catorce de diciembre de mil ochocientos treinta. La Condesa Duquesa de Benavente.

Pedimento

El Marqués de Santa Cruz, Grande de España de primera clase, ante Vuestra Señoría como mejor proceda, digo: que por fallecimiento de la Excelentísima Señora Condesa Duquesa de Benavente acaecido en esta Corte en cinco del presente bajo el testamento que otorgó en veinte y siete de febrero de mil ochocientos diez y ocho, ante el escribano real del colegio de esta Corte Don Feliciano de Sancha, cuya copia original presento, como uno de los testamentarios que hay actualmente en esta Corte; el que prefiere que en caso de que quedare alguna memoria escrita de su puño y letra se tuviese por parte del expresado testamento y se protocolizase con este, y habiéndose encontrado entre sus papeles la que hizo en catorce de diciembre de mil ochocientos treinta que también presento para ello. A Vuestra Señoría suplico que habiendo por presentadas las copias originales de dicho testamento, y la expresada memoria, se sirva mandar que esta se una a aquel, teniéndose por parte integral de él, observándose y guardándose su contenido, y protocolizándose poniendo la nota correspondiente en el original, y hecho se den las copias necesarias que se pidieren por los interesados, pues así es justicia que pido. El Marqués de Santa Cruz.

Auto

Por presentado el estamento y memoria que citan; téngase la última parte íntegra de aquel, llevándose a puro y debido efecto su contenido, protocolizándose ambos documentos en el registro de escritura pública del corriente año del escribano de Su Majestad Don Feliciano García Sancha, conforme se previene en ellos por quienes se darán a los señores ynteresados los testimonios que le fueren pedidos. El Señor Don Pedro Balsera del Consejo de Su Majestad Teniente de Corregidor en Madrid lo mandó a diez de octubre de mil ochocientos treinta y cuatro. Balsera. Antonio Sanz y Barea.

viernes, 19 de diciembre de 2025

La Carrera de Benavente - Memorias de la Guerra de la Independencia

Vista de la Sala de Exposiciones de Caja España en octubre de 2008

Con motivo de las conmemoraciones del II Centenario del comienzo de la Guerra de la Independencia (1808-2008), el Centro de Estudios Benaventanos “Ledo del Pozo” organizó una exposición en los salones de Caja España entre los días 17 de octubre y 9 de noviembre de 2008. Se pretendía así contribuir, desde el ámbito local y comarcal, al conjunto de actos y celebraciones desarrolladas en los meses anteriores en todo el territorio nacional.

Bajo el título “La Carrera de Benavente” aquella muestra quería ofrecer una visión sincrética y accesible al gran público de los vibrantes acontecimientos vividos en Benavente, en la vega del Esla y en los pueblos limítrofes en el invierno de 1808-1809. El hilo argumental tenía por asuntos principales la retirada del ejercito inglés del general Moore hacia La Coruña, el paso del río Esla, la persecución del ejército napoleónico al mando del propio Emperador, la llegada a Benavente de ambos contingentes militares y las consecuencias de todo ello para la Villa y su comarca.

A diferencia de otras exposiciones, en las que las piezas expuestas y los elementos que las rodean constituyen las bases esenciales del discurso, en este caso caso se proponía un guion muy didáctico y "autoexplicativo", basado en imágenes y texto. Con todo ello, se esperaba paliar el gran desconocimiento existente de este período en nuestra comarca.

Se presentaron un total de 21 paneles, distribuidos en diferentes asuntos. Los primeros evocan una breve semblanza de los principales protagonistas de los acontecimientos: el general Moore, Napoleón Bonaparte, Lefebvre, Lord Paget, la condesa-duquesa María Josefa Pimentel, etc. Las siguientes láminas desgranan los principales hitos del acontecimiento central: la retirada inglesa, la voladura del puente de Castrogonzalo, el paso del Esla, la captura del general Lefebvre, etc.

Continúa la muestra con las consecuencias de la irrupción de los ejércitos extranjeros en la villa, especialmente para su patrimonio artístico y arquitectónico: el incendio del Castillo, saqueos y destrucciones en San Francisco, Santa Clara, San Bernardo, etc. Por último, se describen algunos episodios relacionados con localidades y lugares limítrofes: Castrogonzalo, Fuentes de Ropel, Barcial del Barco, Moreruela, etc.

En la presente entrada del Blog se reproducen los paneles entonces expuestos, con sus imágenes y textos. Este post es también un recuerdo y un reconocimiento a la colaboración siempre desinteresada de las personas y entidades que hicieron posible aquella exposición, tanto por haber cedido piezas, libros, fotografías, imágenes y documentos, como por haber contribuido a enriquecer su discurso y su catálogo.

Panel 01: La Carrera de Benavente

Panel 02: Sir John Moore

Panel 03: Napoleón Bonaparte

Panel 04: María Josefa Pimentel

Panel 05: El puente de Castrogonzalo

Panel 06: Lefebvre prisionero

Panel 07: El paso del Esla

Panel 08: La marcha de la muerte

Panel 09: Pillaje, destrucción y terror

Panel 10: El monasterio de San Francisco

Panel 11: El castillo de Benavente

Panel 12: Monasterios de Santa Clara y San Bernardo

Panel 13: Cartas desde Benavente

Panel 14: Militares, clérigos y artistas

Panel 15: Cartógrafos y dibujantes

Panel 16: San Napoleón

Panel 17: Fuentes de Ropel

Panel 18: Castrogonzalo

Panel 19: Barcial del Barco

Panel 20: Monasterio de Moreruela

Panel 21: Villafáfila