domingo, 10 de julio de 2022

En torno al “Palacio viejo” o “Palacio de San Nicolás” de los Pimentel en Benavente

Plaza del Grano, en una postal de hacia 1912

Los condes de Benavente fueron propietarios de un importante patrimonio inmobiliario repartido por todo el casco urbano de su villa solariega. En la documentación de la Casa de Osuna nos topamos con abundantes referencias a casas, huertos, solares, bodegas, corrales, herreñales, hornos, silos, palomares, etc., unas veces de forma aislada y otras agrupados en lo que se denominan "casas de morada".

Estas propiedades fueron objeto de todo tipo de operaciones de compra, venta, permuta, arrendamiento o cesión. Varios de estos inmuebles eran simples casas familiares, adquiridas en diversos momentos, y arrendadas de forma habitual a los vecinos de la villa, o cedidas al personal al servicio de los condes. Por otra parte, es conocido que además de la “Fortaleza”, residencia de la familia condal durante varias generaciones, existieron otras casas "principales" y palacios en la villa, en los que consta la estancia de algunos de sus miembros de forma estable u ocasional.

La familia de los condes poseyó al final de la calle de la Viga (hoy calle de Cervantes) un grupo importante de casas y huertos. Sobre sus solares se levantó el llamado "Palacio de San Nicolás" o "Palacio viejo", con lindes en sus puertas principales hacia San Nicolás, la propia calle de la Viga, el pasaje de San Nicolás y salida de sus traseras hacia la Plaza del Grano.

El origen de este palacio hay que buscarlo en un grupo de casas y huertos de diferentes propietarios en este entorno de los que se tiene noticia desde finales del siglo XV. Sus herederos acabaron vendiendo este conjunto a Juan Pimentel, uno de los hijos del V conde de Benavente, Alonso Pimentel.

La escritura se formalizó en 1527. En ella Constanza de Barreda, viuda de Francisco de Vivero, vecino de Valladolid, y Bartolomé de León, hijo de Francisco de León, vecino y regidor de Valladolid, y de Catalina de Barreda, venden a Juan Pimentel, hijo del conde Benavente, unas casas y un huerto, situados en la villa de Benavente, en la feligresía de San Nicolás, por 150.000 maravedís. Sus lindes son "de la parte de delante la calle prinçipal que se llama de Sant Nicolás e por parte de tras la calle que llaman de la Viga, e por un lado la calle que baxa de Sant Nicolás a la dicha calle de la Viga, e por el otro lado las traseras de las casas que salen al Mercado de Ganado".

En el año 1597 este palacio sufrió un importante incendio como consecuencia de las llamas originadas por una chimenea. En el informe se habla "del aposento y sala donde está la contaduría de su Señoría, que está en las casas de su morada junto a la yglesia de San Nicolás de esta villa". A este respecto, los testimonios de los testigos son muy expresivos. Se sigue aquí la transcripción de Mercedes Simal: "digo quel viernes proximo passado en la noche, despues de dadas las doze que se contaron cinco deste presente mes de diciembre, por una chiminea del quarto que llaman de los señores, se encendió fuego en la sala donde están todos los papeles tocantes a la Acienda y Rentas de su Señoría, y libros della, y fue tanta que se quemaron y abrasaron muchos dellos, con tres vigas del techo; de manera que con mucho trabajo se sacaron los papeles que se pudieron remediar, por la mucha gente que acudió a ello".

Gracias a estos testimonios sabemos que la planta alta de esta parte de los edificios estaba destinada al alojamiento y dormitorios de los hijos de los condes, mientras que en la baja se guardaban los papeles y libros de la contaduría de la Casa. Tras el incendio, la contaduría fue trasladada a la Fortaleza en una fecha que no podemos precisar, tal y como recordaba un testigo en 1814: "al segundo dijo que es constante y sabe positivamente que de muchos años a esta parte se trasladó las oficinas del estado de Benavente concursado desde la casa llamada Palacio de San Nicolás, propia de la Excelentísima Casa de Benavente al castillo o Fortaleza".

El "Palacio de San Nicolás" debió ser en realidad un grupo de edificaciones bastante heterogéneo. Su plano estuvo muy condicionado por la fuerte pendiente existente entre la parte lindante con la iglesia de San Nicolás y la calle de la Viga. En este espacio las construcciones se asentaban en varios niveles o terrazas, incluyendo patios y jardines. Su huerto era un anexo que se encontraba al otro lado del pasadizo de San Nicolás, y por tanto separado del resto de las casas.

Durante los siglos XVI y XVII este núcleo original del palacio se fue ampliando con la adquisición de otros solares y partes de casas. En 1661 el XI conde, Antonio Alfonso Pimentel, compró un trozo de vivienda a Gonzalo Fernández Morán y Manuela de la Madrid. Su finalidad principal era poder acceder, a través de él, al edificio de la "Sala de Alcaldes Mayores", con el que confinaba: "que lo uno y otro lo ubo menester su excelencia para efecto de bajar desde su palacio a la sala de alcaldes mayores, con quien confina, y agregarle y meterle en ella, que linda con dicha sala y con la dicha nuestra alcoba que está en el dicho primero suelo y con lo alto de arriba".

El extracto de un documento de 1647 nos habla del arriendo de "la casa que tiene su excelencia en esta villa a la calle de la Viga, junto a las cocinas de Palacio, por precio en cada un año de seis ducados". La cronología nos remite a Juan Francisco Alfonso Pimentel, X conde de Benavente. Esta parte del Palacio, donde al parecer se ubicaban las cocinas, se corresponde con la parte más baja de la cuesta, en la actual calle de Cervantes.

Con la quiebra de la Casa de Osuna y el desmantelamiento del patrimonio señorial, se produce la venta y subasta de sus bienes muebles e inmuebles. De esta forma, una parte importante de las propiedades originarias de los Pimentel en la provincia de Zamora, más de 9.000 hectáreas en total, fueron adquiridas, en los años 1869 y 1870, por Fernando Fernández-Casariego, I marqués de Casariego. Es entonces cuando el edificio del "Palacio viejo" vuelve a citarse varias veces en los documentos relacionados con la compraventa.

En 1870 se firma una escritura adicional a otra de la venta de fincas sitas en los partidos judiciales de Benavente, Villalpando y Valencia de Don Juan. Fue otorgada por parte del Duque de Osuna y del Infantado a favor de Fernando Fernández-Casariego. Entre los bienes que se traspasan se incluyen: “La casa denominada Administración en la calle de Santa Cruz se halla señalada con el número diez y siete en la manzana número tres. La casa denominada Palacio viejo en el pasadizo de San Nicolás designada con el número primero principal y ocho accesorio en la manzana número cinco".

Todos estos solares fueron la base para levantar nuevas residencias a partir del último cuarto del siglo XIX. Entre ellos, el llamado "Palacio del conde de Patilla", con fachadas principales hacia la plaza del Grano, y otra casa-palacio sobre la que se levantó el edificio de la residencia "El Jardín del Corrillo".

El 20 de marzo de 1900 el abogado Agustín Ramos del Pozo compra una casa en la calle de Santa Cruz y plaza del Grano para construir la neomudéjar "Casa Ramos" o "Casa Donci". La casa hace esquina y está rodeada por el palacio y demás dependencias de los condes de Patilla. Según precisa Juan Carlos Pascual de Cruz, tres meses más tarde, Sofía Fernández Casariego, condesa viuda de Patilla, realiza una permuta de propiedades con Agustín. Le cede "una habitación de su palacio que se metía en casa de Agustín y éste cede dos habitaciones que se metían en la propiedad de la condesa". Al Palacio del conde Patilla alude Pedro Sánchez Lago, hacia 1903, en los siguientes términos:

"En la Plaza del Grano, se levanta majestuoso el Palacio de la excelentísima señora Condesa, viuda de Patilla, y frente a su izquierda se ve otro magnífico edificio propiedad de la misma señora, destinado a Casino su parte alta, y Café la planta baja del mismo".

En fotografías aéreas de los años 30 se apreciaban aún varios de estos edificios del antiguo palacio en pie. La construcción más próxima a la iglesia de San Nicolás fue durante muchos años un solar rodeado de paredones conocido como "La Panera", y contaba con puertas de madera hacia la calle. Es en este sector en el que hay que situar la parte principal del Palacio que mencionan las fuentes. Hoy se levanta aquí un bloque de viviendas y cocheras. La última moradora del edificio que llegó a los años 70 del siglo XX, antes de su derribo definitivo, fue María Josefa Sánchez de la Bodega y Tordesillas (1911-1983), nieta por parte materna de Enrique Tordesillas O'Donnell, II conde de Patilla, y de Sofía Fernández-Casariego.

Una de las singularidades de este palacio era el contar con un acceso privilegiado a la vecina iglesia de San Nicolás, a través de un "pasadizo". No hay que olvidar que los Pimentel fueron patronos del templo, fundaron memorias y aniversarios, y financiaron todo tipo de reformas y mejoras. El escudo familiar presidía el cuerpo superior de su torre.

De este particular elemento arquitectónico existen algunas referencias. A mediados del siglo XIX, el corresponsal de Madoz en su "Diccionario" dice de la iglesia que “en los dos brazos del crucero hay su balaustrada, corredor y tribuna que se comunica con el palacio viejo de los condes”.  Por su parte, José Almoína Mateos señala que “de una antigua casona cercana se comunica por un arco un pasadizo a la tribuna alta, desde donde asistirían a los cultos los fundadores, protectores o patronos del templo o sus descendientes o sucesores”. Sería a partir del año 1935, fecha de la publicación del libro de Almoína, cuando se derribó este arco o pasadizo de acceso.

Área aproximada del "Palacio de San Nicolás" sobre un plano de Benavente de 1904

Vista de la residencia "El Jardín del Corrillo", desde la calle de Cervantes

Portal de acceso al Palacio del Conde de Patilla y a la residencia "El Jardín del Corrillo"

Patio y verja de acceso a la residencia "El Jardín del Corrillo"

Antiguo brocal de pozo en el patio de la Residencia "El Jardín del Corrillo"

Vista del Pasaje de San Nicolás desde el Corrillo

Enrique Tordesillas O'Donnell, II conde de Patilla

La familia de Mª Josefa Sánchez de la Bodega


APÉNDICE DOCUMENTAL


1527, abril, 13. Valladolid.

Constanza de Barreda, viuda de Francisco de Vivero, vecino de Valladolid, y Bartolomé de León, hijo de Francisco de León, vecino y regidor de Valladolid, y de Catalina de Barreda, venden a Juan Pimentel, hijo del conde Benavente, unas casas y un huerto, situados en la villa de Benavente, en la feligresía de San Nicolás, por 150.000 mrs.

Archivo Histórico de la Nobleza, Osuna, c. 423, d. 22.

Conosçida cosa sea a todos lo que la presente escriptura de venta, çesyón e renunçiaçión e traspasaçión vieren como yo, doña Constaça de Barreda, muger que fui de Francisco de Vivero defunto que Gloria aya, vezino que fue de esta noble villa de Valladolid, e yo Bartolomé de León, fijo de Francisco de León, vecino e regidor que fue de esta dicha villa de Valladolid, e doña Catalina de Barreda, su muger, defuntos que Gloria ayan, dezimos que por quanto nosotros avemos e tenemos e nos pertenesçen por justos e derechos tírulos una casas e huerto que son en la villa de Benavente, en la feligresía de Sant Nicolás de la dicha villa de Benavente, es a saber yo la dicha doña Constaça de Barreda las quatro partes de çinco de las dichas casas e huerto, e yo el dicho Bartolomé de León la quinta parte de las dichas casas e huerto, de que son lindes de la parte de delante la calle prinçipal que se llama de Sant Nicolás e por parte de tras la calle que llaman de la Viga, e por un lado la calle que baxa de Sant Nicolás a la dicha calle de la Viga, e por el otro lado las traseras de las casas que salen al Mercado de Ganado, e ansy mismo un huerto que es anexo e pertenesçiente a las dichas casas e çerca de ellas e atraviesa entre las dichas casas e huerto una calle que baxa de la dicha yglesia de Sant Nicolás a la dicha calle de la Viga, e de la otra parte casas de Puertocarrero e casas de Pedro Brasa, las quales dichas casas de suso deslindadas e declaradas con todas sus entradas y salidas e derechos e pertenençias quantas an o tienene e les pertenesçen e pueden e deven pertenesçer ansy de fecho como de derecho vendemos e damos en venta por juro de heredad para agora e para en todo tiempo del mundo e siempre jamás, a vos el señor don Juan Pimentel, fijo del muy yllustre señor conde de Benavente, para vos e para vuestros herederos e subçesores e para aquel o aquellos que de vos o de ellos ovieren título, cabsa o razón, es a saber cada uno la parte que dicha es de suso que le pertenesçe, las quales vos vendemos e damos en la dicha venta por presçio e quantía junto nombrado de çiento e çinquenta mill maravedís de buena moneda que agora corre en Castilla horro de alcavala que por las dichas casas e huerto nos distes e pagastes e nosotros de vos el dicho señor don Juan Pimentel resçebimos e pasamos a nuestra parte e poder realmente e con efecto de que nos damos e otorgamos por bien contentos e pagados e satisfechos [...] E por que esto sea firme e non venga en dubda otorgamos esta carta de venta en la manera que dicha es ante Cristóval Montesino escrivano e notario público por las autoridades Apostólica e Real de sus magestades en la su corte e en todos los sus reynos e señorío, e de la yglesias colegial e abbadía e cabildo de esta villa de Valladolid al qual rogamos que la escriviese o fiziese escrivir e la sygnase con su sygno, que fue fecha e otorgada en la dicha villa de Valladolid estando en ella el Emperador Rey nuestro señor e su Real Consejo e Casa e Corte e Chancillería a treze días del mes de abrill, año del nasçimiento de Nuestro Salvador Ihesucristo de mill e quinientos e veynte e siete años. E entregamos a vos el dicho señor don Juan Pimentel e a Juan de Parada, clérigo capellán del dicho muy ylustre señor conde de Benavente, en nombre de vos el dicho señor don Juan en señal de traddiçión de la dicha possesión de las dichas casas e huerto una carta de venta que otorgó Gómez de Castillo, alcalde e gobernador de Palençuela [...]

domingo, 12 de junio de 2022

Doña Aldonza Osorio y la fundación de la iglesia de San Juan del Mercado de Benavente


Detalle decorativo de uno de los fustes de la portada sur de San Juan del Mercado


La iglesia románica de San Juan del Mercado de Benavente constituye un ejemplo bastante bien documentado de empresa constructiva patrocinada por una orden militar, en este caso la Orden de San Juan. La iniciativa debe encuadrarse en las numerosas "pueblas" y fundaciones promovidas en las florecientes villas leonesas durante los reinados de Fernando II y Alfonso IX. A estos cometidos contribuyeron decisivamente los propios monarcas, pero también todo tipo de instituciones religiosas, así como destacados miembros de la nobleza y la aristocracia.

Su fundadora fue doña Aldonza, hija de los condes Osorio y Teresa, que había iniciado su fábrica posiblemente en los años inmediatos a la repoblación de la villa. Esto debió ocurrir a partir de los años 1164 o 1167, cuando se produjo la concesión de los fueros, la fijación del alfoz y la organización de un concejo estable perteneciente al realengo.

Desde un principio, el templo estuvo dedicado a San Juan Bautista y el Santo Hospital, y gozó de un favor especial, pues su obra contó "con el consejo y la autoridad" de la Orden del Hospital de San Juan. Está vinculación se mantendría durante toda la Edad Media.

La mayoría de los datos conocidos sobre los primeros pasos de nuestra iglesia proceden de un interesante pergamino conservado en la Sección Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional. El texto fue dado a conocer en el año 1952 por el profesor Santos García Larragueta. Se trata de un "placitum" o acuerdo, fechado en septiembre de 1181, entre la Orden de San Juan y doña Aldonza Osorio. No consta el lugar, pero a juzgar por las circunstancias que rodearon el pacto y la nómina de confirmantes, parece seguro que la formalización de este documento se hizo en Benavente. De hecho, el escribano: “Nunus notuit confirmat” debe ser el notario del concejo de Benavente, pues lo volvemos a encontrar en otros diplomas de estos años: “Nunus notarius concilii Beneuenti scripsit et confirma”.

En este año de 1181 doña Aldonza recurrió a la Orden para asegurar la continuación de las obras, con dificultades de financiación por la falta de fondos suficientes. Uno de los argumentos para justificar esta ayuda era que la iglesia se había comenzado a levantar con sillares de piedra cuadrados: “cepit hedificare ecclesiam ex sectis in quadratis lapidibus”. Esta expresión podemos considerarla no solo como una alusión específica al empleo de piedra de sillar, sino a una forma de construcción inherente a lo que hoy se conoce como arquitectura románica. Este tipo de fábrica supondría un coste suplementario sobre otro tipo construcciones, que era ahora necesario afrontar.

Los hospitalarios decidieron dar un nuevo impulso a la iglesia y aseguraron su culminación a través de la asignación de diversas heredades y rentas, la mayoría enclavadas en el entorno de Benavente. De esta forma, de igual manera que ocurrió con la iglesia de San Martín con respecto a los caballeros santiaguistas, el templo pasó a formar parte del conjunto de edificios que configuraron el núcleo central de la encomienda benaventana de la Orden de San Juan.

La familia de Aldonza Osorio

Eldoncia o Aldonza Osorio, o simplemente doña Aldonza, fue uno de los ochos hijos documentados de los condes Osorio Martínez y Teresa Fernández. Se considera a Osorio Martínez el fundador o ascendiente de los linajes de los Osorio y Villalobos, con una influyente presencia política en la corte leonesa y destacados dominios patrimoniales en Tierra de Campos. Era hijo del conde Martín Flaínez y de Sancha Gutiérrez. Casó con Teresa Fernández, hija del conde Fernando Fernández y de la infanta Elvira Alfonso, hija del rey Alfonso VI y su "amica" Jimena Muñoz.

El conde Osorio gozó durante bastantes años del favor de Alfonso VII, especialmente a partir de la muerte en 1138 de su hermano Rodrigo durante el asedio de Coria, a quien sucedió en la dignidad condal. Esto le permitió desempeñar diversas tenencias como las de Melgar, Aguilar, Mayorga, Villamayor, Villalobos, Vecilla, Villafrechós o Riba de Tera. Entre 1129 y 1141 aparece repetidamente citado como tenente de Malgrad (Benavente). El desempeño de esta labor podría explicar el origen del patrimonio familiar en el alfoz de Benavente y, en última instancia, de algunos de los bienes entregados por doña Aldonza a la Orden de San Juan.

A la muerte del Emperador, Osorio Martínez se vio involucrado en los conflictos territoriales y las disputas nobiliarias durante la minoría de Alfonso VIII de Castilla, prestando sus servicios a ambos lados de la frontera en función de la coyuntura político militar. Acabó encontrando la muerte en la batalla de Lobregal (marzo de 1160) a manos de su propio yerno, Fernando Rodríguez de Castro "el Castellano", que había casado con su hija Constanza Osorio.

Sobre la trayectoria vital de doña Aldonza existen pocas certezas, pues dejó escasa huella en los diplomas conservados con relación a esta familia. Su nacimiento debió producirse a partir de 1147, si damos por buena la fecha habitualmente asignada al fuero de Villalonso y Benafarces. En el texto los otorgantes, el conde Osorio Martínez y su mujer, Teresa Fernández, comparecen junto a cuatro hijos: Fernando, Rodrigo, Elvira y Sancha. No obstante, sobre esta cuestión existe alguna dificultad cronológica toda vez que Rodrigo consta como fallecido en un documento de 1141. En ese año, sus padres así lo hacen constar en una donación al monasterio de Santa María de Aguilar de Campoo, donde parece fueron enterrados junto con su hijo.

El considerable patrimonio acumulado por los padres de Aldonza acabó repartiéndose en lotes entre los hermanos supervivientes. Los herederos aparecen en los diplomas en diferentes momentos disponiendo de estos bienes o haciendo donaciones a instituciones religiosas. Estas operaciones se suelen hacer de forma agrupada, según el origen y la propiedad de cada uno de los lotes. En 1171 tres de sus hermanos, Gonzalo, Constanza y Jimena, entregan la heredad que tenían en San Pelayo, en Sanabria, a Pelayo Fernández, por los buenos servicios prestados. Por su parte, Gonzalo Osorio, que confirma como tenente de Villalobos, añade las “porciones” que habían pertenecido a sus hermanos Fernando y Aldonza.

En 1179 doña Aldonza y doña Jimena donan a González Ibáñez toda la heredad que les pertenecía e “Castrillo” o “Castrello”, un lugar situado próximo a Villalpando. El origen de estos bienes en el valle del Vaderaduey parece estar en un grupo de adquisiciones realizados años atrás por el conde Rodrigo Martínez, hermano de Osorio Martínez, y su mujer Urraca Fernández. Este patrimonio debió pasar por herencia a la rama de los Osorio y, en parte, fue donado por sus hijos y sucesores a la Orden de San Juan.

Tal y como apunta Carlos Barquero Goñi, las relaciones entre los descendientes del conde Osorio Martínez y la Orden del Hospital fueron siempre intensas, y se materializaron en diversas donaciones y acuerdos. La explicación estaría en los destacados dominios que los Osorio llegaron a tener en Tierra de Campos, territorio en el que la Orden también tuvo una presencia muy destacada. Según este autor, Gonzalo Osorio llegó incluso a solicitar y obtener en préstamo de los hospitalarios diverso material bélico y dinero. No llegó a devolver el préstamo, de forma que sus cuatro hermanas fueron las encargadas de asumir los compromisos adquiridos. En pago de la deuda, Aldonza, Constanza, Sancha y Jimena, con la aprobación y autorización de sus maridos, concedieron en 1180 al Hospital de Jerusalén la villa de Ribola, “junto al Valderaduey y debajo de Villalpando”.

Carlos de Ayala Martínez, a la hora de valorar el dominio territorial de la Orden de San Juan en toda la etapa anterior a la muerte de Alfonso VII (1157), ha llamado la atención sobre "el elevado índice de concentración patrimonial en torno a una línea ligeramente quebrada compuesta por el curso medio-bajo del río Valderaduey, afluente norte del Duero, y el valle del Guareña, afluente sur del mismo río, con Toro como centro de referencia nuclear".

La muerte de Aldonza debió producirse a partir de 1182. En el "Obituario" de la Catedral de León se consiga su memoria de la siguiente forma: "IIII. Non. Martii obiit domna Aldonza Ossorii, quae dedit Canonicis B. Mariae Sedis Legionensis domos suas de Legione cum aliis haereditatibus". (El cuarto día de las nonas de marzo murió doña Aldonza Osorio, que donó a los canónigos de la Sede de Santa María de León sus casas de León, con otras heredades".

Parce que Aldonza pudo vivir en León durante algún tiempo, o al menos disfrutó allí de casas de su propiedad. Entre la documentación medieval conservada de la catedral de León no existe ninguna donación por parte de esta dama. Sin embargo, pudo haber recibido bienes en herencia en la ciudad, pues su padre figura como propietario de diversas heredades. Así, en 1149 en un deslinde se alude a un huerto en Santa Eugenia: "et orto de comite domno Osorio". Hacia 1179-1180 en la venta de una corte y varias casas dentro de la urbe se mencionan las "domus que fuerunt comitis domni Roderici et comitis domni Osorii".

El “placitum” de 1181

El acuerdo establecido en septiembre de 1181 entre Aldonza Osorio y la Orden de San Juan supuso, fundamentalmente, un impulso económico a la obra de la iglesia, a través de la asignación de nuevas fuentes de ingresos. El prior, Pedro de Areis, se comprometió a proporcionar una ayuda con este fin. Asignó entonces para la continuación de los trabajos la renta producida por varias propiedades sanjuanistas cercanas a Benavente hasta su finalización. La nómina de lugares es la siguiente:

"Cuanto tenemos en Benavente, en Santa Marina, en Villaquejida y en Villafer. Cuanto tenemos en Villaquejida hasta Benavente, y cuanto tenemos en Benavente hasta la villa que llaman Val, y cuanto tenemos en Val, y cuanto tenemos en Benavente hasta Arrabalde, y toda Arrabalde, y hasta Maire, y hasta Saludes, y cuanto tenemos en Saludes y Maire, y cuanto tenemos en Santa Marina de Requejo".

A pesar de las ayudas estipuladas, doña Aldonza mantiene la condición de protagonista de la construcción de la iglesia. Es ella la que debe continuar con los trabajos y culminar el proyecto. No obstante, se hace referencia a la figura de un "procurator", que debe entenderse como un freire delegado por la Orden para todo lo relacionado con esta empresa.

El comendador que administraba los bienes citados quedaba eximido de prestar servicios al prior y al resto de los freires de la Orden a no ser por propia iniciativa. Las nuevas posesiones adquiridas por Hospital en estos mismos lugares asignados para la obra quedarían igualmente ligadas a la construcción de la iglesia.

En compensación por este apoyo que se le prestaba, doña Aldonza entregó a la Orden la tercera parte de la renta anual producida por unas heredades donadas anteriormente al Hospital. Parece que en aquel momento Aldonza se reservó su tenencia en régimen de usufructo. No sé mencionan expresamente estás heredades, pero sí algunas excepciones que afectan a rentas en Maire, Saludes, Val de Iuguelo y Valdejunco.

Todas estas heredades y rentas, tanto las entregadas por doña Aldonza, como las asignadas por Pedro de Areis a la iglesia de San Juan del Mercado, remiten a un mismo patrimonio cuyo origen debe estar en los bienes entregados por la familia del conde Osorio a la Orden. Las villas y lugares se repiten y remiten a un dominio disperso por los ríos Eria, Valderaduey y Órbigo. En algún momento, después de la muerte de sus padres y en fechas próximas al comienzo de la obra de la iglesia, Aldonza debió hacer una generosa donación de una parte importante de esta herencia a la Orden de San Juan. Como ocurrió con otras nobles damas, entre las estipulaciones de esta entrega se incluía la reserva de una parte de su usufructo. No hay que descartar el ingreso de la propia Aldonza en la Orden como "freira", circunstancia bien documentada en otros casos.

Nuestro documento proporciona alguna información adicional de interés en su parte final. Pedro de Areis, prior de la Orden en Hispania, comparece junto con todo el capítulo. Entre los confirmantes encontramos a varios miembros del concejo de Benavente. Algunos de ellos, como don Suerino, Pedro Monazino, Roman Rei, Rodericus Micaeli, Fernandus Cotan o Stephanus Petri, tuvieron un papel destacado en la concesión del fuero de 1167 por Fernando II. Figuran en la nómina de 21 personas elegidas por el rey para repoblar su villa, administrar justicia y repartir las heredades. Otros, como Nichola Pelaiz o Petrus Martínez, sabemos que eran o llegaron a ser alcaldes, pues con esa condición confirman en otros documentos.

En la primera columna, junto a don Suerino, confirma un "Pedro Melgar". Se trata, como ya señaló la profesora Elena Hidalgo Muñoz, del primer comendador documentado. Como "Pedro de Melgar, comendador de Benavente en la Orden de San Juan", recibió en el año 1200 una donación de heredades en Villalobos.

Otro de los confirmantes que merecen atención es "Lop Díaz". Su pista nos lleva a "Don Lope", freire de la Orden de San Juan. En 1175 confirma una carta del monasterio de Vega. En 1182 entrega, junto a su mujer, Marina Peláez, al obispo de Oviedo la tercia de los diezmos de la iglesia de San Juan de Villafer, que el mismo había construido.

En la tercera columna hay un "Fernandus Martiniz" con algún recorrido posterior. Debe identificarse probablemente con cierto "Fernandus Martiniz presbiter Sancti Iohannis" y otro "Fernandus Martini frater Hospitale". El "Fernando presbítero de San Juan" confirma una escritura del Tumbó de San Martín de Castañeda fechada en Benavente en 1184. Está acompañado de otros confirmantes benaventanos, así que podría tratarse del primer clérigo conocido vinculado al servicio del templo. En 1192 un "Fernando Martín Freire del Hospital" confirma la venta de unas heredades en Escorriel, junto al Cea. Nuevamente, el contexto de los confirmantes apunta al grupo de "boni homines" y miembros del concejo de la villa.

El epígrafe del año 1182 y su interpretación

En el interior de la iglesia de San Juan encontramos una inscripción que nos sitúa en estos momentos del inicio de la fábrica románica. Nuestro epígrafe debe interpretarse como una "datatio". En la clasificación tipológica propuesta recientemente por María Encarnación Martín López y Vicente García Lobo, las "datationes" se definen como inscripciones que consignan solamente una fecha consistente, la mayoría de las veces, en el año introducido normalmente por la fórmula "Era" o "Anno".

Este tipo de inscripciones suelen interpretarse como recordatorios de obras de construcción, reforma o ampliación de templos o edificios. Su situación en un lugar concreto, o a la altura de una hilada de sillares, ha permitido establecer secuencias temporales en la historia de iglesias, monasterios y catedrales. En algún caso, se ha querido ver una intención funeraria, para identificar y fechar enterramientos. 

Contamos con diversos ejemplos similares y relativamente próximos, como los de San Isidoro de León o el monasterio de Moreruela. En San Isidoro se identifica la fecha 1124 (E[RA] MCLXII) en uno de los sillares del exterior del ábside norte, mientras que en Moreruela la inscripción “E MCC” (año 1162), situada en el exterior de uno de los absidiolos de la cabecera, ha servido para acreditar un momento de la construcción cisterciense de la iglesia.

La inscripción de San Juan del Mercado se encuentra en el interior del arco que comunica el presbiterio con el ábside norte. Al igual que en Santa María del Azogue, la comunicación entre la Capilla Mayor y las laterales se estableció mediante pasadizos. En este caso se emplearon bóvedas de cañón apuntado y, en cada uno de los accesos, roscas decoradas con bocel en zig-zag.

El texto está labrado en el zócalo, a la altura del primer sillar, desarrollándose en una sola línea. A diferencia de otros epígrafes que pudieran parecer similares, este no tiene un sentido funerario y sólo cabe interpretar como la datación de un momento de la construcción del templo en el año 1182. Tampoco parece poder relacionarse con la consagración, pues ningún otro dato induce a ello, como sería la mención del obispo consagrante o la advocación.

La lectura del epígrafe no ofrece dificultades, salvo la abreviatura (A), que puede corresponder al mes de abril o agosto. Está escrito en capitales carolinas.

ERA M CC XX KLS A

Era millesima ducentesima vigesima. Kalendas aprilis (o augustas)

Año 1182

Resulta siempre difícil traducir los datos conocidos a través de los diplomas medievales al lenguaje constructivo de los edificios, al menos tal y como han llegado hasta nosotros. Parece obvio que las aportaciones económicas detalladas en el pergamino de 1181, y el impulso dado a las obras, supondrían un antes y un después, si es que no se habían paralizado totalmente los trabajos.

La interpretación de la inscripción de 1182 debe hacerse en este contexto y, especialmente, atendiendo al lugar tan específico en el que se encuentra. Fecha, como se ha dicho, un momento constructivo, y todo apunta a que la reanudación de los trabajos supuso también un cambio en la configuración de algunos elementos y un replanteo del proyecto inicial. Es en este momento cuando se decide abrir estos pasadizos que comunican los tres ábsides y que muy probablemente no estaban previstos.

Alguna prueba se puede alegar en este sentido. Es evidente que los nuevos pasillos, cubiertos con bóvedas apuntadas, además de perforar el muro y obligar a retallar y recolocar algunos sillares, rompieron también la continuidad de la moldura que recorría a media altura el interior de los tres ábsides. Las nuevas roscas decoradas con bocel en zig-zag cortan de forma abrupta estás molduras, sin que se hiciera ningún intento posterior para suavizar o disimular los efectos de esta intervención traumática. Tal vez, la apertura de estos pasillos fuera una imposición de la Orden de San Juan, relacionada con unas determinadas necesidades litúrgicas.

Estas alteraciones podrían explicar otras modificaciones y divergencias estilísticas en el resto del edificio, como por ejemplo la falta de sintonía decorativa en el exterior de los tres ábsides. Así, en el ábside norte volvemos a encontrar este mismo motivo en zig-zag decorando la arquivolta sobre el vano. Esta circunstancia se ha venido explicando hasta ahora como un rasgo arcaizante, relacionado con una mayor antigüedad de este sector de la iglesia en el proceso de edificación.

La familia de doña Aldonza Osorio


Epígrafe de construcción de San Juan del Mercado (1182)

Detalle del bocel en zig-zag decorando el pasadizo entre los ábsides central y sur

Detalle del bocel en zig-zag decorando el pasadizo entre los ábsides norte y central

Detalle del epígrafe

Pasadizo que comunica los ábsides central y norte

“... cepit hedificare ecclesiam ex sectis in quadratis lapidibus”. Marcas de cantero en uno de los pilares

Detalle de la ventana en el exterior del ábside norte


APÉNDICE DOCUMENTAL


1181, septiembre.

Pedro de Areis, prior de la Orden del Hospital de San Juan en Hispania, recibe bajo su protección, y dota con diversas heredades y rentas, la obra de la iglesia de San Juan Bautista de Benavente, que había comenzado a edificar doña Aldonza, hija del conde Osorio y la condesa Teresa, con el fin de que pueda concluirse dicha obra.

Archivo Histórico Nacional, Sección de Órdenes Militares, carpeta 574, n.º 1. Perg. orig.
ED. S. GARCÍA LARRAGUETA, “La orden de San Juan en la crisis del Imperio hispánico en el siglo XII”, Hispania, 49 (1952), doc. 24; R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, “Documentos para la historia de Benavente durante el reinado de Fernando II (1157-1188)”, Brigecio. Revista de Estudios de Benavente y sus Tierras, 3 (1993), pp. 240-241.

(Crismón) In nomine Domini nostri Ihesu Christi, amen. Presentes sciant et posteri quod ego Petrus de Areis, Dei nutu in Hyspaniis prior, et omnes fratres sancti Ospitalis cum consilio et auctoritate domni Iufreo, Iherosolimitano acomendatori, pari et comuni assensu accepimus consilium salubrem quatinus opus illud quod domna Eldoncia comitis Osorii et Tareise comitisse filia, in honore Dei omnipotentis et beate Marie et beatissimi Iohannis Babtiste et in honore Sancti Ospitalis in Benevento cepit hedificare cum nostro consilio et auctoritate in cassum ob nostri dedecus et imperfectum ne remanere videretur, ipsa enim iam dicta domna Eldoncia cepit hedificare ecclesiam ex sectis in quadratis lapidibus; et quia tantum et tale opus sine nostro adiutorio perficere non valet, nos damus ei adiutorium ad perficiendum. Et ne in posterum oblivionis hoc factum fuscaretur nebula, pagine tradidimus. Determinavimus igitur census et hereditates et huic iamdicto operi dedimus et semper ibi serviturus concedimus donec ad perfectione perveniat. Hec sunt nomina hereditatum quas ibi damus: Quantum in Beneventum habemus et in Sanctam Marinam, in Villa Queyxida et in Villafer et quantum habemus in Villa Queyxida usque in Beneventum, et quantum habemus a Benevento usque ad villam que dicitur Val, et quantum habemus in Val, et quantum habemus in a Benevento usque ad Aravalde, et tota Aravalde et usque ad Mairen, et usque ad Saludes et quantum habemus in Saludes et in Mayren et quantum habemus in Sanctam Marinam de Requeyxo. Omnes has hereditates cum omnibus suis directuris et pertinenciis ab integro damus et concedimus supradicto operi ut tandiu ibi serviant donec perfectus sit. Et ab hac die non habebimus licenciam nos nec nostri successores ab ipsis hereditatibus aliquid auferre vel extraere, set ab integro reserventur ad opus supradicte ecclesie quam, ut diximus, domna Eldoncia hedificat. Ille frater qui procurator huius operis extiterit et acomendator in supradictis villis et hereditatibus fuerit nullum servicium nobis inde nec nostris successoribus faciat nec aliquid alcui inde det, nisi tantum quod sibi placuerit. Et si aliquid in supradictis locis et terminis sanctus Ospitalis adquisierit, totum damus et concedimus iamdicto operi. Et ego Eldoncia Osorii, pro tanto beneficio quod vos datis ecclesie sancti Iohannis quam ego in honore santi Ospitalis construo, do et concedo sancto Ospitali, ut singulis annis terciam habeat de omnibus hereditatibus quas sancto Ospitali dedi, excepto de Mairen et Saludes et Val de Iuguelo et Val de Iunco eremo. De aliis autem hereditatibus habeat totam terciam sanctus Ospitalis sicut et de ceteris suis hereditatibus.
Facta carta era Ma CCa XVIIIIa, mense septembris. Regnante rege Fernando cum filio suo rege Alfonso in Legione, Gallecia, Asturiis, Extremadura. Maioredomus comite Urgeli. Signifero Gundisalvo Roderici de Azafra. Roderico Ovetensis ecclesie episcopo. Anrico Legionensis episcopo. F[ernandus] Astoricensis episcopo.
Ego Petrus de Areis prior et totum capitulum hec scriptum quod fieri iussimus, propriis manibus roboramus, confirmamus et signum fieri iussimus. Et ego Eldoncia Osorii propria manu roboro et confirmo (signo). Nunus notuit confirmat.
(1ª col.) Don Suerino conf. Petrus Melgar conf. Petrus Frolaz conf.
(2ª col.) Petrus Sancti Vicencii conf. Garcia Ramirez conf. Lop Diaz conf.
(3ª col.) Fernandus Martiniz conf. Didacus Iohannis conf. Garcia Roderici conf.
(4ª col.) Petrus Monazino conf. Petrus Roderici conf. Rodericus Micaeliz conf.
(5ª col.) Nichola Pelaiz conf. Rodericus Martiniz conf. Roman Rei conf.
(6ª col.) Stephanus Petri conf. Petrus Martiniz conf. Fernandus Cotan conf.

domingo, 29 de mayo de 2022

Las casas de Antonio de Torquemada en la calle de la Viga de Benavente


Casa solariega del siglo XVI en la calle de Cervantes (antigua calle de la Viga)

Los condes de Benavente fueron propietarios de un importante patrimonio inmobiliario repartido por todo el casco urbano de su villa solariega. En la documentación de la Casa de Osuna nos topamos con abundantes referencias a casas, huertos, solares, bodegas, corrales, herreñales, hornos, silos, palomares, etc., unas veces de forma aislada y otras agrupados en lo que se denominan "casas de morada".

Estás propiedades fueron objeto de todo tipo de operaciones de compra, venta, permuta, arrendamiento o cesión. Varios de estos inmuebles eran simples casas familiares, adquiridas en diversos momentos, y arrendadas de forma habitual a los vecinos de la villa, o cedidas al personal al servicio de los condes. Por otra parte, es conocido que además de la “Fortaleza”, residencia de la familia condal durante varias generaciones, existieron otras casas "principales" y palacios en la villa, en los que consta la estancia de algunos de sus miembros de forma estable u ocasional.

Durante los siglos XVI y XVII parece que los Pimentel tuvieron un particular interés por un grupo de viviendas en la llamada “calle de la Viga”, hoy conocida como “calle de Cervantes”. En una de ellas vivió Antonio de Torquemada, secretario de Antonio Alfonso Pimentel, VI conde de Benavente.

Noticias sobre estas casas aparecen ya en el “Libro Becerro” del VI conde, Antonio Alfonso Pimentel, confeccionado en torno al año 1545. Así, en unos de los folios dedicados a las propiedades en Benavente encontramos los dos siguientes registros:

"Tiene su Excelencia unas casas que compró de Lope de Castro en la calle de la Viga por precio de setenta y un mill mrs. que lindan con casas de Pedro de Carbaxal regidor y con casas de su muger Dellido Álvarez. Pasó la cuenta della ante Toribio de Palaçios escrivano en el año de mill y quinientos y quarenta y çinco años".

"Tiene asimismo otras casas que compró en la dicha calle de la Viga y fue rematada en su excelencia por la justicia desta villa ante Maxolete, escrivano, en que Joan de Ontiberos, beldor de su excelencia, declaró en su testamento que debía y era descargo a su excelencia y tiene esta casa una carga de trigo que le paga al Cavildo Mayor de los clérigos de esta villa que se puede redimir con dársela en otra parte".

Esta última anotación incluye la siguiente glosa al margen: "Son las del secretario Torquemada".

Las crónicas describen a Antonio Pimentel como un noble renacentista, amante de las artes y las letras. Mantuvo y acrecentó la rica biblioteca familiar, patrocinó todo tipo de obras piadosas y ejercicio el mecenazgo sobre las fundaciones ligadas a su señorío. Fue también un importante coleccionista de obras de arte y en su palacio benaventano Lope de Rueda llegó a representar, para deleite del príncipe Felipe, algunos de sus "autos" y "entremeses".

Entre la cultivada corte de oficiales y servidores del conde cabe destacar a su secretario, Antonio de Torquemada, autor de diversas obras de gran difusión en su época como el "Manual de escribientes" (escrito hacia 1552), los "Coloquios satíricos" (Mondoñedo, 1553), "Jardín de flores curiosas" (Salamanca, 1570), o la novela de caballerías "Don Olivante de Laura" (Barcelona, 1564). Se le atribuye también, con ciertas dudas, el primer tratado sobre el juego de las damas impreso en España: "El ingenio o juego de marro, de punto o damas". Hay indicios de que se publicó en Valencia en 1547, pero no se conserva ningún ejemplar.

A Torquemada se le supone nacido en el entorno de Astorga entre 1505 y 1510, según se intuye de las pinceladas geográficas y cronológicas reveladas por los personajes de sus libros. Respecto a su desaparición tenemos más certezas. En 1570, cuando se publica en Salamanca su "Jardín de flores curiosas" ya había fallecido. Son sus hijos: Luis de Torquemada y Jerónimo de los Ríos, los encargados de afrontar la edición y pedir la preceptiva licencia a Felipe II, que es concedida en El Escorial el 20 de marzo de 1569.

En 1585 sus dos hijos pleitean para recuperar el prestigio y los derechos legales sobre la obra de su padre. La edición de la novela "Don Olivante de Laura" en 1564 se hizo de una forma anónima y fraudulenta. El original había sido robado a su autor e impreso en Barcelona por Claudio Bornat sin su consentimiento. En la querella los dos hermanos se presentan como "hijos legítimos que somos e quedamos de Antonio de Torquemada". Luis de Torquemada es "criado del Ilustrísimo Cardenal de Sevilla", mientras que el "liçenciado" Jerónimo de los Ríos recibe los poderes para afrontar las acciones legales. Jerónimo de lo Ríos Torquemada debió continuar, con mayor o menor fortuna, las inquietudes literarias de su padre. Fue autor del diálogo "La última batalla y final congoxa con que afflige el demonio al hombre en el artículo de la muerte, para hazerle desesperar de su salvación", (Valladolid, Andrés de Merchán, 1593).

La vinculación de Antonio de Torquemada con Astorga está muy presente en el "Jardín de flores curiosas". Varios de sus relatos narran asuntos relacionados con la ciudad, pero el entorno de Benavente es otro de los centros de atención de los episodios. En el prólogo se nos dice del autor que era "defuncto, vecino de la villa de Benavente". La obra está dedicada "al muy ilustre y reverendísimo señor don Diego Sarmiento de Sotomayor, obispo de Astorga, mi señor", y finaliza su prólogo como "de V.S.R. humilde servidor y criado, que sus muy ilustres manos besa. Torquemada".

En el "Manual", el escritor humanista declara llevar veintidós años al servicio de Antonio Alfonso Pimentel, VI conde de Benavente. Se presenta ante su protector como "menor y más humilde criado de Vuestra Señoría". El secretario concibió este texto como un manual para sus sucesores en el desempeño de esta responsabilidad: "para que los que viniesen a servir en esta Casa hallen alguna luz o claridad para los muchos negocios que en ella se despachen". En base a ello, y la datación de esta obra en torno a 1552, sus biógrafos han supuesto que el autor habría entrado al servicio del conde hacía 1530. Esta fecha coincide, además con la muerte del V conde, Alonso Pimentel, y el comienzo del mandato de su hijo y sucesor.

Volviendo sobre las casas de Torquemada en Benavente, en el “Libro Becerro” se nos dice que se encontraban en la calle de la Viga. En el siglo XVI se podía considerar una de las vías principales de la villa, pues comunicaba el corrillo de Renueva con la plaza “de Abajo”, "del Ganado", "del Mercado de los Bueyes", o simplemente “del Mercado”. Era una calle larga, serpenteante y estrecha en algunos puntos, con doble pendiente, y repartida desde el punto de vista de la organización parroquial entre las colaciones de Santa María de Renueva y San Nicolás. La familia de los condes poseyó al final de la calle otro grupo importante de casas y huertos. Sobre sus solares se levantó el llamado "Palacio de San Nicolás" o "Palacio viejo", con lindes hacia San Nicolás, la propia calle de la Viga, el pasaje de San Nicolás y salida de sus traseras hacia la Plaza del Grano.

A juzgar por los nombres y oficios de las personas moradoras en casas en esta calle, parece que congregaba a artesanos y a algunas de las familias más pujantes de la sociedad benaventana de los siglos XVI y XVII. Las viviendas documentadas son, en general, grandes, pues suelen incluir corrales, huertos y bodegas. Sus deslindes nos indican que las fachadas principales miraban hacia la propia calle, mientras que sus corrales y entradas secundarias lo hacían a la llamada calle de la Cárcel (hoy calle de Zamora) o hacia la calle de Santa Catalina.

En el “Libro Becerro” se advierte que las casas de Torquemada habían sido primero adquiridas por el conde de Benavente a través del descargo de una deuda reconocida en el testamento de Juan de Ontiveros, vecino de San Miguel del Valle, su anterior propietario. Tenían las casas, además, una obligación contraída con la Cofradía de los Clérigos de Benavente de un fuero de una carga de trigo al año “por Santa María de septiembre”.

En el Archivo Histórico de la Nobleza existe una escritura de 1542 que nos proporciona algunos detalles más sobre esta operación. Las casas fueron rematadas, después de pública almoneda, en 39.000 maravedís. Lindaban “de la una parte casas en que al presente bibe Ylena Brezeño, muger que fue de Francisco de Vega, e de la otra parte casas de la muger e hijos de Bernaldino de Vega, defuncto, e por delante la calle pública”.

Finalmente, la vivienda fue vendida por el conde al secretario Torquemada en fecha que no se indica, pero en todo caso después de 1545. De ello quedó constancia en nota explicativa de uno de los folios: “Carta de venta por el conde, nuestro señor, de las casas que su señoría compró de los herederos de Hontiveros en las casas de la Viga, por XXXIX mil maravedís. Bendiose al secretario Torquemada”.

"Olivante de Laura", Barcelona, 1564


Portada de "Jardín de flores curiosas", de Antonio de Torquemada (1570)

APÉNDICE DOCUMENTAL


1564, noviembre, 4. Benavente.

Escritura de compraventa otorgada por Luis de Tordesillas y su mujer Antonia Maldonado a favor de Antonio Alfonso Pimentel, conde de Benavente, relativa a unas casas situadas en Benavente en la calle de la Viga, en la colación de Nuestra Señora de Renueva, por precio de 42.000 maravedís, con los fueros y censos correspondientes.

Archivo Histórico de la Nobleza, Osuna, c. 426, d. 125.

Al dorso: “Carta de conpra del ilustrísimo conde de Benavente, mi señor, de las casas de la calle de la Biga, que compró de Luys de Tordesillas y su muger, por 42.000 mrs., con sus fueros. 1564. Estas casas están caydas”.

Sepan quantos esta carta de venta vieren como nos, Luys de Tordesillas y Antonia Maldonado, su muger, vezinos de la villa de Benavente, y yo la dicha Antonia Maldonado con liçencia y autoridad y expreso consentimiento que pido e demando a vos el dicho Luis de Tordesillas mi marido, que me deys y otorgueys para que por mi mesma o juntamente con bos pueda haçer y otorgar todo quanto en esta carta de venta con juramento será contenido y cada una cosa e parte de ello, y yo el dicho Luis de Tordesyllas ansí doy y otorgo la dicha liçencia y autoridad cumplida a vos la dicha Antonia Maldonado mi muger que suso me pedis e demandays, y yo la dicha Antonia Maldonado ansí la açeto e resçibo, e usando de ella nos anbos a dos juntamente o cada uno de nos por sí o como de derecho mejor lugar aya, otorgamos e conosçemos por esta carta que bendemos a vos el ilustrísimo señor don Antonio Alfonso Pemintel y de Herrera, conde de Benavente, nuestro señor, para vuestra señora e para sus hijos herederos y susçesores, e para aquel o aquellos que de bos e de ellos desçendieren y obieren título y causa y razón legítima por juro de vuestra heredad para siempre jamás, conbiene a saber, unas casas con su corral que nosotros tenemos e poseemos e nos pertenesçen en esta villa de Benavente, en la calle de la Viga, en la colaçión de Nuestra Señora de Ruanueba, que linda de la una parte con casas de Alonso Prieto, barvero, y de la otra parte con casas de Francisco Prieto, texedor, y enfrentan por delante en la dicha calle de la Viga, con syete reales de fuero perpetuo en cada un año que sobre ellas tiene Antonio Rodríguez, escrivano vezino de esta villa de Benavente, pagados por día de San Martín de nobiembre de cada un año, y con más mill maravedís de çenso en cada un año al quitar que sobre ellas tiene la Confradía de San Juan del Mercado de esta villa de Benavente, los quales dichos fueros de aquí adelante an de ser y sean a cargo de pagar de vuestra señoría y de sus herederos e susçesores, las quales dichas casas con sus corrales y con los dichos fueros, según que de suso van deslindadas y declaradas, con todas sus entras y salidas, usos y costumbres, serbidumbres quantas an y aber deben de fecho y de derecho bos vendemos por preçio e quantía de quarenta y dos mill maravedís de buena moneda usual corriente en Castilla, de los quales dichos quarenta y dos mill maravedís nos damos y otorgamos de bos por bien pagos, entregos y contentos a toda nuestra voluntad [...] de lo qual otorgamos esta carta ante el escrivano público e testigos de yuso escritos, que fue fecha y otorgada esta carta en la villa de Benavente a quatro días del mes de nobiembre, año del Señor de mill e quinientos e sesenta e quatro años. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es: el contador Bernardino García, vezino e regidor de esta villa, e Antonio de Salamanca, e Agostín de Prado, vezinos de Benavente, e el dicho Luis de Tordesillas lo firmó de su nombre en el registro de esta carta, e a ruego de Antonia Maldonado, su muger, que dixo que no lo sabía, lo firmó el dicho Antonio de Salamanca en el registro de esta carta, e yo el sobredicho escrivano doy fee que conozco a los dichos otorgantes. Luys de Tordesillas, Antonio de Salamanca. E yo, Luys de Carvajal, escrivano público de su magestad real e del número de Benavente por el excelentísimo señor conde de Benavente, mi señor, presente fui a lo que dicho es e puse aquí mi nombre e signo que es a tal (signo). En testimonio de verdad. Luys de Carvajal.


domingo, 22 de mayo de 2022

"Un pedazo de tierra de aquella parte de la Puente" - La compra por el concejo de Benavente del prado de Valmonio en 1514

Vista de los restos del Puente de Piedra o Puente del Jardín, con el torreón del Castillo al fondo. Postal de 1969

"Valmonio", "Val Muñio", "Valmunio", es el nombre de un pago situado en el término de Benavente cuya historia nos remite a los mismos orígenes de la villa. Aparece en la documentación ya desde el siglo XI como "Van Muñoz", entre los ríos Órbigo y Esla, concretamente desde el año 1052. El topónimo nos remite a su primitivo propietario o repoblador, y nos sugiere la existencia de una aldea o "villa" altomedieval, con su propio núcleo de población y territorios adyacentes.

Con la repoblación de Malgrad (Benavente), Valmonio pasó a incorporarse a los términos de la villa, y así aparece repetidamente citado en varias cartas de los siglos XII, XIII y XIV. En esta época, el monasterio de San Martín de Castañeda parece que ya tenía intereses patrimoniales en este área. Tenemos noticas de donaciones y compraventas de varios particulares que van a parar al gran cenobio de las orillas de Lago de Sanabria. Así, en 1211 Pedro Fernández con sus hermanos Nuño, Martín, Rodrigo, María, Marina y Sancha venden a los monjes de San Martín, y a su abad García, la heredad que tenían en Valmonio, que comprende la sexta parte de dicho lugar, por 20 mrs.

Otro de los grandes monasterios leoneses interesados en Valmonio fue el de Santa María de Carracedo. En 1215 Pedro Menéndez y su mujer doña Mencía entregan toda su heredad en Valmonio, en término de Benavente, junto al puente de la villa, con todas sus pertenencias.

Este territorio próximo al río tenía, además, un alto interés estratégico, puesto que marcaba la frontera entre las jurisdicciones de las diócesis de Oviedo y Astorga. En el siglo XIV ambos obispos pleiteaban por el control de Valmonio. En la documentación de la Catedral de Astorga existen extractos de dos diplomas que recogen esta problemática:

"Memorial del echo del pleyto que siguió el obispo de Astorga con el de Oviedo sobre el término de Valmonio, que es la isla que haze el río Órvigo dividiéndose en dos partes, que la una passa por devajo del puente de piedra inmediato a la villa de Benavente y la otra por devajo de una puente de madera que llamarían la puente de la Vuerga, en cuia isla estava o está la iglesia de Santiago de Villiella, que es del obispado de Astorga, en cuyo memorial no se relaziona decisión".

"Despacho monitorio expedido por don Estevan Ferrera deán y Juan Yáñez canónigo en dicha santa iglesia de Astorga provisoress y vicarios generales deste obispado por el señor obispo don Juan de Oviedo y más personas eclesiásticas que de hecho y contra derecho del obispo de Astorga se havían entrado en su territorio y en él administrado jurisdicción episcopal. En primero de Junio Era 1374 (año 1336). En esse despacho se dice que los términos de esse obispado de una parte llegan hasta la puente de piedra que está a la puerta de la villa de Benavente y hasta el río que passa por devajo de ella, y desde dicha puente como se va para Valmonio y que todo este sitio Valmonio esta incluso en esse obispado".

Desde los años 20 del siglo XV, los Pimentel realizaron numerosas adquisiciones en Benavente de casas, tierras, prados y huertas, con el fin de completar sus dominios y dedicar algunos de estos inmuebles al recreo señorial. Rodrigo Alfonso Pimentel II conde de Benavente, adquiere en los años 1420 y 1440, y a través de un trueque con los monjes de San Martín de Castañeda, los terrenos extramuros de la villa de Benavente llamados de Valmonio. En el Libro Becerro del III conde, elaborado hacia 1448, se menciona "una huerta tapiada a Val Muñio, con árboles, en que está una noria e una casa pequeña". Estos terrenos acabarían formando el núcleo original sobre el que se fue construyendo el Jardín de la Montaña, si bien durante el siglo XVI se fueron produciendo sucesivas ampliaciones con la adquisición de nuevas tierras.


APÉNDICE DOCUMENTAL


1514, mayo, 20. Sábado. Benavente.

Alonso Carretero, hijo de Álvaro Carretero, vende a los señores justicias, regidores y procurador de la villa de Benavente un trozo de tierra, que deslinda, en el término de la villa, en lo que llaman Valmunio, de la otra parte del Puente, por 1.200 mrs.

Archivo Municipal de Benavente.

En la carpetilla se intitula "Ventosa" y "Venta del Prado yntitulado Ventosa".  En letra del siglo XVII "Venta a favor de esta villa del Prado de Balmunio. Este es el prado que llaman Ventossa, que empieza desde la puente que llaman del Portazgo, y ba por entre el río y la guerta que a la sazón goza y posee don Phelipe Alonso de Fonseca, alcalde mayor de los estados de su excelencia y regidor de esta villa”.

Sepan quantos esta carta vieren como yo Alonso Carretero, hijo de Álvaro Carretero, defunto que Dios perdone, vezino de la villa de Benavente otorgo y conozco por esta presente carta que vendo, çedo y traspaso y doy por juro de heredad desde agora para syempre jamás a vos los señores justicias y regidores y procurador de esta villa de Benavente, ansy a los que agora son como a los que fueren de aquí adelante, un pedaço de tierra que yo he e tengo y me perteneçe de erençia de mis anteçesores, que es en término de esta dicha villa a do dizen Valmunio, de aquella parte de la Puente, que a por linderos de la una parte el Prado de la Garçera y de la otra parte el caño que viene del Jardín, y de la otra parte tierra que fue de [en blanco] Losada, la qual dicha tierra así deslindada vos vendo por preçio y quantía de mill e dozientos maravedís de esta moneda husual e corriente en Castilla, que dos blancas viejas fazen VII maravedís, de los quales dichos maravedís me doy por contento y bien pagado a toda mi voluntad, por quanto los resçebí de Diego de León, mayordomo del conçejo de la dicha villa por mandado de vos los dichos señores, y en raçón de la paga que al presente non pareçe renunçio la exebçión del mal engaño del aver non visto, non contado, nin resçibido, y la otra ley que dize que el [...] y por que esto sea firme y non venga en duda otorgué de esto que dicho es esta carta de venta y todo lo en ella contenido por ante Alonso de Castro escribano y notario público en esta villa de Benavente e uno de los del número de ella por el muy illustre señor don Alfonso Pimentel, conde y señor de la dicha villa, al qual rogué que las escrivisiese e sygnase con su sygno, que fue fecha e otorgada en la dicha villa de Benavente, dentro en las casas de García Çidión, notario, sábado a veynte días del mes de mayo, año del nasçimiento de nuestro Salvador Ihesucristo de mill e quinientos e catorze años. Testigos que fueron presentes a todo lo que dicho es llamados y rogados: García Çidión, notario, e Lope de Castro e Diego de Paredes el Moço e Christóbal de Paredes, vezinos de la dicha villa de Benavente, y el dicho García Çidión firmó su nombre en el registro de esta carta por ruego del dicho Alonso Carretero, porque él no sabe firmar: García Çidión, e yo el dicho Álvaro de Castro escribano y notario susodicho que a lo que dicho es en uno con los dichos testigos presente fui, y de ruego y con otorgamiento del dicho Alonso Carretero esta carta de venta escreví sygund que ante mí pasó, e por ende fiz aquí este mío sygno que es a tal (signo) en testimonio de verdad. Alonso de Castro, notario.

Puente del Jardín de Benavente. Postal de los años 60

"Benavente. Puente Romano sobre el Canal". Postal de 1967

domingo, 8 de mayo de 2022

"Para la guarda e conservaçión de los ríos" - Unas ordenanzas del concejo de Benavente sobre la pesca

Escena de pesca en las "Cantigas" de Alfonso X el Sabio (siglo XIII)

Los antecedentes de la práctica de la actividad pesquera en el norte de Zamora son ciertamente muy antiguos. Ya en 927 hay constancia de un juicio celebrado en Valdespino por la legítima posesión de las pesquerías situadas a la salida del Lago de Sanabria, en Galende. Este es precisamente, -y no debe entenderse simple casualidad- el primer documento que conservamos del monasterio de San Martín de Castañeda. 

Los numerosos e importantes cursos fluviales que recorren la comarca de Benavente: Esla, Órbigo, Tera, Cea, etc., todos ellos con reconocidas posibilidades piscícolas desde antiguo, proporcionarían pescado en cantidad, calidad y variedad suficiente para el abastecimiento del concejo.

Además de las alusiones a la propia pesca, hay también constancia de la existencia en las riberas de los ríos de diversas infraestructuras construidas a tal efecto. Son frecuentes las alusiones a piélagos, cañales, canales, pesquerías, presas, etc., construcciones que a su vez están relacionadas con los molinos. La gestión de estos recursos dio lugar a pleitos y conflictos de intereses vinculados a los derechos de pesca.

Todo apunta a que el consumo del pescado, aunque menor que el de la carne, estaba muy generalizado dentro de la dieta habitual de los benaventanos. Además, la demanda sería aún mayor en los tiempos de Cuaresma y abstinencia, según los preceptos de la Iglesia.

Con ocasión de la estancia en Benavente en 1554 del entonces príncipe Felipe, hijo del emperador Carlos I, el VI conde, Antonio Alfonso Pimentel, obsequió a los visitantes en la mesa de su palacio, entre otras selectas viandas, con truchas servidas en vajilla de plata. El cronista oficial, Andrés Muñoz, se maravilla del paisaje visible desde las ventanas del castillo: "de las cuales se ven y señorean muy gran pedazo de tierra, grandes montes, huertas, arboledas, ríos y sus vertientes, y otros pasos muy deleitosos, en especial estos ríos que cuasi junto a la fortaleza pasan, donde se cree que mueren las más hermosas truchas del mundo".

Se describe, a continuación, la visita del infante Carlos al Jardín del conde, situado en el paraje hoy conocido como "La Montaña". Allí los condes habían construido una alberca o estanque. Una de sus finalidades principales, al margen de la puramente ornamental, debía ser la pesca recreativa. El pasaje del relato es el siguiente:

"Estaba más adelante una alberca (tan grande de longitud como una carrera de caballo, y de latitud pica y media, y de inferior más de dos estados) llena de agua dulce que del río viene por un caño muy grueso. Hay en esta alberca infinidad de grandes y gruesos barbos, sin otros muchos peces; nadan en ella una barca muy grande con un esquife pequeño. Aquí pescó un buen rato S.A. del Infante, donde se holgó mucho".

En 1560 hay noticia de un festín organizado también por el VI conde en honor de la reina Isabel de Valois y sus damas, una "merienda de pescados y cosas dulces", de más de quinientos platos. 

El Archivo Municipal de Benavente custodia varios ordenamientos tendentes a regular la actividad de la pesca y su venta posterior en los mercados. De finales del siglo XV o principios del siglo XVI son unas "Ordenanzas antiguas sobre la renta de los tercios de los ríos". El traslado del texto conservado se escrituró en 1528. De 1534 existe una "Ordenanza del pescado fresco de la villa y su jurisdicción". En 1552 Carlos I confirmaba las "Ordenanzas sobre pesca y caza, establecidas por la villa" el 11 de mayo de 1552.

Todos estos textos presentan un hilo argumental muy similar e intentan ofrecer unas soluciones comunes a unos problemas que se repiten a lo largo del tiempo. La explotación económica de los ríos y piélagos del alfoz, incluida la pesca, era desde antiguo una competencia exclusiva del concejo. Sin embargo, los condes de Benavente se fueron adueñando del cobro de parte o el total de las rentas derivadas de su aprovechamiento. Para asegurar su viabilidad, era imprescindible establecer un equilibrio entre la explotación de estos recursos y la reproducción natural de las especies. Estaríamos, salvando las distancias, ante lo que hoy llamaríamos un desarrollo económico sostenible o una preocupación ecológica por la conservación del medio natural.

En los siglos XV, XVI y XVII la venta del pescado en Benavente se hacía públicamente, en las plazas, ferias y mercados. En la Plaza de Santa María del Azogue existía una red en la que se exhibía la mercancía. Otra zona de venta se localizaba cerca de la iglesia de San Nicolás. Cualquier intercambio fuera de los espacios establecidos se consideraba una infracción de las ordenanzas. Esto permitía la vigilancia de unas buenas prácticas en cuanto a pesos y medidas, así como la correspondiente fiscalización por parte de los agentes del concejo y de los arrendadores de la "renta del tercio de los ríos". En el siglo XVII se prohíben expresamente algunos usos fraudulentos, como el intentar remojar el pescado para conseguir un mayor peso en las balanzas:

"Iten, que ninguna persona que vendiere pescado no lo tenga remojado, ni en agua, quando lo huvieren de vender y se llebare a la plaça, y tengan la valança donde se pessare aujerada, [so] pena del perdimiento del tal pescado que ansí se les topare, repartido en la forma dicha".

En el siglo XVIII se mencionan la ronda y la casa de la Pescadería, un edificio que debía estar próximo a la actual Ronda Rancha, cerca del Matadero y de los solares en donde estuvo la parroquia medieval de San Pedro.

Detalle del Jardín de los Condes, en un plano del año 1848 (Ministerio de Defensa)


APÉNDICE DOCUMENTAL


1552, mayo, 11. Benavente.

Ordenanzas del concejo de Benavente sobre la pesca.

Archivo Municipal de Benavente, leg. 85, carp. 9.

Hordenanças de la pesca

Hordenamos y mandamos que no se puedan pescar truchas en los meses de setienbre, otubre y nobienbre de cada un año, que es cuando las dichas truchas están preñadas y deshueban, con red varredera o trasmallo, paradixo, garlito, nasas, maderas, ni con otra manera de pescar con red o sin ella, so pena de aber perdido todo el pescado que ansí tomaren e de dos mill maravedís cada vez que lo hizieren.

Hordenamos y mandamos que no se pesquen barbos o bogas en los meses de abril y mayo de cada un año, porque entonçes deshuevan, con ninguna manera de red, barilla, relumbrera, ni paradijo o con demargujo, ni de otra manera de pescar, so pena de mill maravedís y perdidos los aparejos e pescado que así tomare.

Hordenamos y mandamos que perpetuamente no se pesquen con portillos o refirelles, maderas, litrones, pedreras, escallero, bardero, porque estas cosas e cada una de ellas son gran causa para que se yermen dichos pescados de los ríos, so pena de dos mill maravedís y dos meses de destierro preciso del lugar donde fuere vezino cada uno que lo contrario hiziere.

Hordenamos y mandamos que se hagan las redes con que se uvieren y an de pescar de aquí adelante para siempre jamás los vezinos y moradores que fueren de esta villa o su tierra e jurediçión, y los ríos de ella del tamaño y marco que no se tome menor trucha o pez de un quarterón de peso cada pez o trucha, el qual marco e tamaño de las dichas redes [...] en las casas del regimiento de esta villa por mandado de la Justicia e regidores de ella, e ninguna persona haga ni tenga las dichas redes más cerradas de lo que dicho es, so pena de mill maravedís e dos meses de destierro preçisos del lugar donde fuere vecino.

Hordenamos y mandamos que las dichas redes que ansí tubieren o hizieren para pescar las trayan al regimiento de esta villa e casas para que se sellen cada una de las dichas redes con el sello y armas de esta villa e con las que ansí estubieren selladas se pueda pescar e no con otras, s o pena de mill maravedís por cada red e perdida la dicha red.

Hordenamos y mandamos que todas las redes que agora tienen hechas todas e qualesquier personas en esta villa y su tierra las trayan a registrar ante la justiçia e regimiento de esta villa, para que se ve e determine si tiene el maco y tamaño arriba dicho y declarado, y se sellen y marquen como dicho es, e si no fueren de malla conveniente para poder pescar con ellas se les mande a sus dueños que dispongan de ellas dentro de un término, el qual sello e registro hagan dentro de veynte días después de la publicaçión. de estas hordenanzas, so pena de seyçientos maravedís e perdidas las dichas redes.

Hordenamos y mandamos que todos los pescadores de esta villa e su tierra e juridiçión que son o fueren de aquí adelante para siempre sean obligados y todas las otras personas que tubieren redes para pescar, a hazer registro de ellas ante la justiçia y regimiento de esta villa por el mes de mayo en cada un año, una vez en todo el dicho mes, para que si alguna de las dichas tres redes que ansy tubieren no estubieren selladas e se les ovieren perdido el sello, o fueren de más çerrada malla de lo contenido en estas hordenanças, la dicja justiçia e regimiento prouca en ello y lo remedie, el qual registro se haga ante el escrivano del regimiento de esta villa, y por sus derechos lleve el dicho escrivano de conçejo dos maravedís y no más, y por el dicho sello y armas de esta villa llebe el que tubiere cargo de lo hazer e sellar tres maravedís por cada una de las dichas redes, y no más, so pena que el que no vinier a hazer el dicho registro en cada un año pierda las redes que no registrare y caya en pena de seysçientos maravedís.

Hordenamos y mandamos que todas las dicha penas y cada una de ellas se repartan por terçias partes, conbiene a saver, la una aya y llebe la dicha cámara y la otra el denunçiador y la otra terçia parte el juez que lo sentençiare, todas las quales dichas penas según e como se contienen en estas hordenanças se llebe a pública y debida execuçión con efeto por los juezes ynfiriores, sin embargo de qualquier apelaçión conforme a la dicha provisión, e que de ellos se ynterponga por que asy conviene a la buena governaçión de esta villa e su tierra para la guarda e conservaçión de la dicha pesca, porque las partes y personas que contra estas hordenanças fueren se escusan y quitan de muchas costas y gastos que harían en seguir las tales apelaçiones por dilatar las pagas de las dichas penas aunque apelasen ynjustamente.

Hordenamos y mandamos que estas hordenanças se pregonen públicamente en las plaças y mercados de esta villa porque vengan a notiçia de todos y se dé un traslado de ellas y de las premáticas reales que çerca de esto disponen a cada un conçejo de los lugares e juridiçión de esta villa para que lo tengan en su poder e sepan los vezinos e moradores de ellos lo que an de guardar y las penas en que caen lo contrario haziendo el liçenciado Gómez Merchante.

En la villa de Benabente, jueves día de mercado, a doze días del mes de mayo de mill y quinientos y çinquenta y dos años, estando en la Plaça e Mercado de esta villa, par del Rollo e Barbacana de ella, en presençia de mí, Luis de Carbajal, escrivano público por sus magestades e del número de esta villa e su juridiçión por el yllustrísimo señor don Antonio Alfonso Pemintel, conde de Benabente, mi señor [...]