martes, 10 de enero de 2012

El Vado del Emperador - El paso del Esla según una litografía de Bacler d´Albe

Passage de l´Elza par la cavalerie française devant Benavente le 30 Xbre 1808

Albert Louis Bacler d´Albe (1761-1824), militar, cartógrafo y artista francés, es fundamentalmente conocido por sus cuadros de batallas, retratos y por sus cartas geográficas y litografías. Acompañó a Napoleón Bonaparte en algunas de sus más memorables campañas militares, como uno de sus consejeros más próximos en el reconocimiento del terreno y en la toma de decisiones estratégicas. Fruto de estas experiencias fue la publicación de la obra “Souvenirs pittoresques du Général Bacler d´Albe”, cuyo tomo segundo está dedicado a la “Campagne d´Espagne”. Se trata de un conjunto excepcional de 88 litografías de gran calidad. Su portada no consigna la fecha de edición, pero señala que la obra fue confeccionada en París "a la lithographie de G. Engelmann. Rue Louis le Grand Nº 27". Comunmente se fecha entre 1820 y 1822.

Bacler d'Albe realizó dos viajes a España durante la Guerra de la Independencia. Como máximo responsable del Cabinet Topographique de l'Empereur recaló en la Península entre abril y mayo de 1808, con el objeto de recopilar toda la documentación disponible. En su segundo viaje acompañó al propio Bonaparte, coincidiendo con la toma de Madrid y la campaña contra el general Moore, entre noviembre de 1808 y enero de 1809.

De su periplo por tierras hispanas, Bacler dejará constancia a través de una serie estampas de los lugares recorridos, complementadas con los testimonios y relatos de algunos de los protagonistas de los primeros meses de la guerra. No todos sus dibujos son tomados directamente del natural, sino que también se basó en las representaciones gráficas y las narraciones de otros autores. No obstante, toda su obra gráfica tiene una unidad de estilo definida por temas y asuntos que mitifican la labor de las tropas napoleónicas. Las escenas están teñidas de ese romanticismo tan querido en la época, con puentes, castillos, palacios, y ruinas rodeados de una vegetación exuberante, a todas luces exagerada y teatral. En esta ambientación paisajística no faltan los tipos populares y las escenas costumbristas.

Dentro de este tomo II dedicado completamente a España la lámina número 49 inmortalizó uno de los momentos más memorables de la llamada “Carrera de Benavente”, esto es el cruce del Esla por la caballería francesa el día 30 de diciembre de 1808 en su persecución del ejército británico. La reciente adquisición por quien suscribe estas líneas de esta lámina en el mercado de antigüedades ofrece una buena oportunidad para volver de nuevo sobre este episodio, tan crucial para el desarrollo de la Guerra de la Independencia en los últimos días del año 1808.

La mañana de ese día 30 de diciembre las tropas francesas se dedicaron a reparar, en la medida de lo posible, el puente de Castrogonzalo, mientras varios oficiales intentaban localizar vados por los que cruzar el río.

El puente había sido volado con pólvora el día anterior por los ingleses en su precipitada retirada hacia Galicia. El sabotaje formaba parte del plan del general de Moore de obstaculizar al máximo el avance francés, y evitar el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el enemigo. Los pontoneros franceses se afanaron en entablar los arcos y machones minados por la pólvora inglesa. Nicolás Marcel hace referencia someramente a estos trabajos de reparación: "... el puente era muy difícil de reparar, pero allí donde se encontrase el emperador, se eliminaban los obstáculos en un instante, aparecían vigas, maderos y escaleras por doquier y, aunque no pudiese pasar más que de uno en uno, en dos horas los 4.000 hombres se encontraban del otro lado del río". En estas tareas fue aprovechada toda la madera que se pudo encontrar, alguna de procedencia muy poco confesable. Del monasterio de Santo Domingo de Benavente, por ejemplo, se desmontaron buena parte de sus dependencias e iglesia para convertirlas en vigas.

Paralelamente, un oficial del regimiento de Nayles encuentra un vado "por encima del lugar por donde habían pasado los cazadores de la guardia". Según este mismo testimonio, el paso de las tropas de Lefebvre el día anterior se habría producido "por un vado que había debajo del puente", dato que no concuerda con el resto de relatos. En todo caso, una vez localizado el lugar de paso el propio Napoleón se habría puesto a la orilla guiando a los pelotones en su marcha: "La mañana del día 30 reparamos el puente y varios oficiales se encargaron de sondear los vados. M. De Damas, oficial de mi regimiento, descubrió un vado por encima del lugar por donde habían pasado los cazadores de la guardia. Napoleón se puso a la orilla del río y nos hizo pasar por pelotones".

Nicolas Marcel sargento, y posteriormente capitán del ejército francés, relata así el episodio: "Un guía que estaba con el Emperador nos indicó un punto en el que el Esla se dividía en tres brazos y nos permitía pasar más fácilmente. Formamos una hilera y comenzamos a pasar. El agua estaba muy fría y nuestros viejos bigotes comenzaron a refunfuñar cuando los soldados vieron al Emperador entrar a pie en el río para mostrarles el camino. En el regimiento se oyó un grito unánime: ¡Viva el Emperador! El entusiasmo fue general y, en media hora, toda la división estaba al otro lado del río. Este punto de paso fue conocido en el ejército como "Vado del Emperador".

Dezydery Chlapowski, oficial polaco al servicio de Napoleón, ofrece algunos detalles complementarios: "El Emperador ordenó a la caballería cruzar el río por un vado que se encontraba un poco más arriba, obligando a los escuadrones a aproximarse lo más cerca posible, sin que hubiese distancia entre ellos, y los oficiales en su lugar. Esta columna apretada formó una presa humana y un poco más abajo el agua descendió. El emperador hizo pasar por este lugar a la artillería que logró cruzar el río sin mojar sus municiones. Cuando dicha artillería estaba en la orilla opuesta, el Emperador cruzó a su vez con todos nosotros. Por la noche llegamos a Benavente, congelados y mojados. Era a finales de diciembre de 1808".

Nuestra litografía lleva por título: “Passage de l´Elza par la cavalerie française devant Benavente le 30 Xbre 1808". La topografía de las ilustraciones de este artista debe ser siempre tomada con muchas reservas. Así la lámina número 50 de esta misma obra ofrece una vista del Castillo de Benavente, que no guarda un parecido reconocible con otras ilustraciones o fotografías antiguas. Pero en nuestro caso parece que la fidelidad del escenario es bastante más evidente, pues disponemos de al menos de dos referencias significativas coincidentes.

Retrato de Bacler d'Albe

Portadilla del Tomo II de "Souvenirs pittoresques du général Bacler d'Albe", Paris, Engelmann, 2 vol., 1819-1822

Itinerario de Napoleón en Castilla y León

Por una parte el destruido puente de Castrogonzalo a lo lejos, lo cual nos indica que las tropas que cruzan el Esla en ese momento lo hacen río abajo y a una distancia considerable del viaducto. La imagen nos muestra un puente de ocho ojos, correspondiente al conocido entonces como Puente Mayor, con al menos uno de sus arcos destruido. Sobre el viaducto se intuye la presencia de soldados, sin duda ocupados en la reparación del desperfecto con tablones de madera. Más a la izquierda se aprecia el Puente Viejo, mientras que a la derecha aparece una construcción levantada prácticamente sobre el mismo puente.

La otra referencia es una iglesia o ermita situada a la derecha, junto a un caserío que debería corresponder a Castropepe. Así el mencionado templo se identificaría con la antigua iglesia parroquial de Santa María Magdalena, actualmente en ruinas y convertida en cementerio. La espadaña de este templo presenta ciertamente una estructura muy similar a la actual, así como el camino empinado por el que las tropas francesas descienden desde el caserío hacía el río. La caballería cruza en pelotones el curso de agua en dirección hacia Benavente, bajo la atenta mirada de mandos y oficiales. En un segundo plano parece intuirse la presencia del propio Emperador, tocado de su característico bicornio o sombrero de dos picos, acompañado de varios ayudantes. A la derecha otro grupo de soldados intenta calentarse al pie de una hoguera, una forma de transmitir al espectador el intenso frío y las penalidades padecidas por la tropa.

Contamos con un interesante mapa, muy esclarecedor para entender en toda su medida el teatro de operaciones. Procede del Archivo Cartográfico y de Estudios Geográfico del Centro Geográfico del Ejército y tiene por título "Passage de L`Esla au gué de Castro Pepe devant Benavente par l`Armée Francaise commandée en personne par S.M. Impériale et Royale le 30 Decémbre 1808". Comprende parte de los términos municipales de Benavente, Castrogonzalo y Villanueva de Azogue. Es una copia de 1847 de un original francés de 1808 según consta en el catálogo del SGE.

El plano nos muestra tres caminos que atraviesan el Esla y conducen a Benavente. El central corresponde al paso del derruido puente de Castrogonzalo, en la carretera de Benavente a Villalpando. El que se sitúa aguas arriba se encuentra junto al casco urbano de Castrogonzalo y debe corresponderse, más o menos, con el vado por el que cruzó Lefebvre. Por último, está otro acceso a la altura de Castropepe, también junto a su caso urbano, y que, por tanto, debe identificarse con el descrito en las fuentes y el plasmado en la litografía anteriormente citada. Todos ellos confluyen en Benavente, donde aparecen representadas, al parecer, las columnas francesas entrando en la villa.

Para entonces buena parte de la población de Benavente había huido a los campos y a las aldeas. Toda la amplia llanura de la vega del Esla estaba muy concurrida de monjes y fugitivos. En la villa solamente quedaban las mujeres y los niños, que deambulaban por las calles gimiendo y lamentándose de su suerte, en una estampa descrita por los testigos como estremecedora. El Emperador, una vez sorteado el río, habría llegado a Benavente en aquella misma tarde del día 30 de diciembre, alojándose en una vivienda perteneciente a la familia Núñez de la actual Plaza del Grano.

Las dificultades del paso del Esla y la reconstrucción del puente motivaron un considerable retraso del avance francés. Aunque, como hemos visto, una parte atravesó el río y se reunió con Napoleón en Benavente, otra debió detenerse de este lado del Esla durante algunos días. La caballería sería la primera en pasar el río, mientras que la infantería y todo el material pesado tendrían que esperar a que los vados o el puente fueran transitables

Estos imponderables ya habían sido asumidos por el propio Bonaparte: "El emperador había advertido de que el puente de Castrogonzalo estaba destruido y que tardarían mucho tiempo en repararlo puesto que las brechas de los arcos eran muy anchas. La tropa se desperdigó entonces por las aldeas más próximas a Castrogonzalo, dejando una profunda huella en la memoria colectiva de toda la comarca.

Paso del Esla por la caballería francesa el 30 de diciembre de 1808

Detalle del Puente de Castrogonzalo, con algunos de sus arcos volados por los ingleses

Espadaña de la iglesia de Santa María Magdalena de Castropepe

sábado, 12 de noviembre de 2011

Ego sum lux mundi - El fenómeno de la luz equinoccial de Santa Marta de Tera (Zamora)

La luz equinoccial entra por el óculo del presbiterio (Imágenes tomadas el 20/03/2011)

El monasterio de Santa Marta de Tera es uno de los más antiguos y de mayor proyección territorial de los que existieron en el norte de la provincia de Zamora. Establecido a orillas del río Tera, muy próximo a la villa romana de Camarzana, aparece citado en las fuentes desde mediados del siglo X. A pesar de contar con importante fondo documental se desconocen las circunstancias concretas de su creación y el nombre de sus fundadores.

Su advocación principal fue siempre la de la patrona de Astorga: Santa Marta, una mártir envuelta en un halo de leyenda y de la que existen muy pocos datos seguros. La tradición popular astorgana sitúa a Marta en el siglo III, en tiempos del emperador Decio (249-251), relacionándola con los primitivos núcleos cristianos que surgen en torno a los legionarios convertidos en el norte de África y luego asentados en Asturica Augusta.

En nuestro monasterio se rindió culto a otros santos, además de a Santa Marta. Un documento de 1033 nos da a entender que existían otras advocaciones objeto de la devoción de los visitantes, como las de San Salvador, Santa María, San Miguel Arcángel, Santiago, San Andrés y San Mateo. Este dato se corrobora con la existencia en la iglesia actualmente de varias lipsanotecas, fechadas las más antiguos en el siglo XI. Parece ser que la nómina de devociones era bastante amplia, y esto nos dibuja la imagen de un antiguo santuario, al que acudían los peregrinos atraídos por la figura de Santa Marta y el culto a las reliquias de los santos.

En 1063 el monasterio fue donado solemnemente por Fernando I al obispo de Astorga, Ordoño, en recompensa y agradecimiento por haber traído a tierras cristianas unas de las reliquias más esperadas en el reino de León: las de Isidoro de Sevilla. Es a partir de 1115 cuando comenzamos a tener evidencias de la llegada a este lugar de pauperes a los que se hospeda en las dependencias monásticas, coincidiendo precisamente con una nueva mención de la presencia del apóstol Santiago entre los santos objeto de veneración dentro de sus muros. Un diploma de 1122 nos sugiere que este culto al Apóstol estaba directamente relacionado con la custodia de alguna de sus reliquias, junto a las de la santa titular y las de otros santos no especificados. Enrique Flórez en el tomo XVI de la España Sagrada da a entender que los restos de la virgen y mártir fueron trasladados desde Astorga en algún momento hasta su monasterio de la ribera del Tera, pero de todo esto no existe evidencia alguna.

Pero es una donación de Alfonso VII la que nos aporta una visión mucho más completa del tipo de actividades desarrolladas en este santuario. Su redacción arroja algunas dudas sobre su autenticidad debido a su peculiar estructura y su pobre nómina de confirmantes, pero ilustra perfectamente sobre el ambiente de fervor religioso existente por estos años. En el largo preámbulo del documento, fechado en 1129, el monarca enumera los múltiples milagros obrados en el santuario por intercesión de la santa mártir, cuyo conocimiento motivó un probable viaje, tal vez en peregrinación, hasta las riberas del Tera aquejado de una grave enfermedad: ".. audiens magna miracula et multas virtutes, quas Deus fecit necnon et facit per virginem et martyrem suam beatissimam Martham quod in ecclesia sua reddit dominus caecis visum, surdis auditum, claudicantibus gressum, mancos curat, infirmos sanat, leprosos mundat, daemones ab oppresis corporibus fugat, et etiam ligatos a vinculis ferreis ubicumque fierint ligati liberat". (En su iglesia el Señor devuelve la vista a los ciegos; el oído a los sordos; a los cojos los huesos; cura a los mancos; sana a los enfermos; limpia a los leprosos; expulsa a los demonios de los cuerpos de los posesos, y libera a los atados, incluso con cadenas de hierro, donde quiera que se encuentre).

Fundaciones monásticas en los Valles de Benavente (Siglos IX-XII)

Detalle del óculo y del capitel (Imágenes tomadas el 20/03/2011

Capitel del alma salvada (Imágenes tomadas el 20/03/2011)

Capitel del alma salvada (Imágenes tomadas el 20/03/2011)

Capitel del alma salvada (Imágenes tomadas el 20/03/2011

El párrafo recuerda en gran medida a las virtudes curativas atribuidas a Santiago en su santuario de Galicia. Respecto al poder curativo del apóstol la tradición popular afirmaba que devolvía "la vista a los ciegos, oído a los sordos, palabras a los mudos, la vida a los muertos...". También tiene alguna relación el relato con los numerosos milagros obrados por su intercesión en el Camino, recogidos por ejemplo en el Codex Calixtinus. Aunque el documento de Santa Marta no lo dice, las oraciones del monarca debieron surtir el efecto deseado, pues de otra forma no se explica la generosa dotación inserta a continuación: todo cuanto pudiera tener de realengo o de condado dentro de su coto, según fue fijado por su bisabuelo Fernando I. Así pues, una buena parte de los peregrinos, bien en tránsito hacia otros centros o como destino final, acudían a este lugar con la esperanza de encontrar alivio o remedio a sus padecimientos, al amparo de las propiedades taumatúrgicas de las reliquias depositadas, contando además con el precedente y aval real digno de toda solvencia.

Iglesia y monasterio fueron fundados en un enclave privilegiado, en el camino sanabrés y sobre la amplia la terraza que domina el Tera, en el acceso a la vecina localidad de Santa Croya. Las excavaciones arqueológicas del entorno han constatado la existencia de una ocupación romana previa a la creación del complejo. Se documentaron al menos tres estructuras cuyos rellenos aportaron una serie materiales cerámicos fechados en la segunda mitad del siglo I d.C. Estos datos avalan las impresiones expresadas en su momento por Gómez Moreno, quien ya identificó en 1903 algún fragmento de teguale en la zona y planteó el posible origen romano del asentamiento.

El centro religioso parece ser que fue administrado desde muy temprano por una comunidad de canónigos regulares, cuya actividad se extinguió en la primera mitad del siglo XIII. A partir de entonces la abadía de Santa Marta pasó a ser una canongía dentro de la catedral de Astorga. Esta situación evolucionó hasta convertirse el cargo de abad en una simple dignidad honorífica, pues sus beneficios fueron anexionados a la mitra a partir de 1548. Los obispos pasan así a convertirse en los señores de la abadía, por encima de las dignidades capitulares. Es precisamente en esta época, durante el pontificado de don Pedro de Acuña y Avellaneda, cuando junto al viejo templo románico se construyó un palacete renacentista. Los prelados de Astorga escogieron este caserón como lugar de retiro y residencia ocasional. A principios del siglo XX el palacio fue reutilizado como casa rectoral.

La figura del ya desaparecido párroco Julián Acedo Carbajo quedará unida para siempre al templo románico, pues fue él quien descubrió y difundió a partir de 1997 el fenómeno del “milagro de la luz”, el momento sublime en el que las primeras luces equinocciales de la mañana penetran por el óculo del hastial de la cabecera e iluminan directamente uno de los capiteles de la iglesia. Otras personas muy vinculadas con la localidad, como Ángel Panizo o Nazario Ballesteros, han contribuido notablemente al conocimiento y la divulgación del hallazgo.

Detalle del óculo de la cabecera de la iglesia (Imágenes tomadas el 20/03/2011)

Imagen de Santiago Peregrino

Palacio de los obispos

Sarcófagos en el exterior del templo

Julián Acedo, amigo de peregrinos y apasionado de su iglesia parroquial, era natural de Brime de Sog. Falleció inesperadamente el 4 de noviembre de 2004, a los 75 años de edad. Su testimonio sobre las circunstancias del descubrimiento fue recogido en una entrevista para la televisión de Castilla y León: 

"Pues yo leí en una revista, "Vida nueva" creo que se llama, que es una revista del clero, unos reportajes que venía haciendo sobre el románico francés. Y entre unas cosas que decía, yo no sé exactamente si hablaba de la luz equinoccial, yo lo cierto es que digo -y aquí también en el románico podía darse ese fenómeno-, y lo estuve persiguiendo desde el mes de marzo. Yo miraba por las ventanas, tampoco estaba todo el tiempo aquí. Y hasta que ya, pues yo creo que también por pura casualidad, como venía y miraba todos los días, pues entonces ya por el óculo, ese que queda mirando hacia oriente. Después ya me enteré de lo que es la luz equinoccial, cuando don Ángel [Panizo] publicó un artículo sobre la luz equinoccial aquí en Santa Marta. Y parece que proviene, esto ya lo sabrán todos, de las pirámides de Egipto. En el año 1997, ahora en el mes de septiembre, en el equinoccio de septiembre. Nadie lo sabía, ni de los ancianos, ni de los que habían escrito cosas sobre la iglesia, no sabían nada de esto. Y desde entonces estamos viendo este fenómeno cuando hay sol, porque depende del dios Ra, para ellos, y para nosotros del Sol que Dios nos dio a todos. A los árabes y a nosotros".

El fenómeno se produce los días del equinoccio de primavera y otoño, 20 ó 21 de marzo y 22 ó 23 de septiembre respectivamente, concretamente hacia las 9:00 (8:00 GMT) en el primaveral y hacia las 10:00 (8:00 GMT) en el autumnal. La luz equinoccial es aún observable en los tres o cuatro días anteriores y posteriores a las fechas señaladas. Durante unos minutos el óculo central de la cabecera deja pasar un haz que recorre de arriba a abajo el capitel del "Alma salvada", en el lado izquierdo del arco triunfal.

Este capitel efigia una figura humana desnuda y asexuada, con los brazos amputados. La enmarca una mandorla perlada, sostenida por dos ángeles. Sería una representación alegórica del alma humana que asciende a los cielos purificada. Se ha querido identificar está alma genérica con el alma de la mártir titular de la iglesia. Unido ahora a la luz equinoccial, este tema adquiere unas connotaciones teológicas y cosmográficas ciertamente muy sugerentes.

Como ha puesto de relieve Fernando Regueras en una monografía reciente, el templo románico ha mantenido prácticamente intacta la disposición de su cabecera desde su edificación, entre finales del siglo XI y el primer tercio del siglo XII. Todo apunta a que tanto los vanos como las estructuras murarias son las originales románicas. No ocurre lo mismo con la nave principal y el cuerpo occidental de la iglesia, objeto de importantes modificaciones y reformas en la segunda mitad del siglo XII, o ya en el XIII. Por tanto, el fenómeno de la luz equinoccial, si es que ya fue previsto por los maestros constructores, se ha perpetuado a lo largo de los siglos.

La peculiar configuración de los óculos de la cabecera, cimborrio y crucero es un elemento esencial que acentúa el efecto lumínico. Por la parte exterior cada uno estos óculos está constituido por dos grandes sillares rematados en semicírculo. Son piezas bien trabajadas y totalmente planas, carecen de abocinamiento, lo que contribuye a focalizar los haces de luz. Por el contrario, en el interior el vano se abre en un derrame totalmente liso hasta el muro. Carece de molduras o adornos, y por ello la luz es dirigida suavemente por la piedra en dirección al capitel del “Alma salvada”. Simultáneamente, otro rayo de luz de idéntica orientación penetra por el óculo del cimborrio, pero sin iluminar ahora ningún elemento significativo.

Las fotografías que ilustran este artículo fueron tomadas el día 20 de marzo de 2011, precisamente el día central del equinoccio de Primavera correspondiente a ese año. Las modernas cámaras digitales no sólo permiten hacer decenas de fotografías en pocos minutos con diversos ajustes, sino que además tienen la ventaja de fijar con total exactitud la hora de cada una de las tomas. Ese día el halo de luz comenzaba a iluminar la parte superior del capitel hacia las 09:24 (08:24 GMT). Diez minutos después, a las 09:34 (08:34 GMT), el capitel recibía los rayos solares en todo su esplendor. A las 09:44 (08:44 GMT) la luz comenzaba a abandonar el capitel y se extendía por la parte alta de la semicolumna.

Está por demostrar hasta que punto la luz equinoccial fue un elemento perfectamente previsto o buscado por los artífices del templo antes de su edificación. A pesar de la pasión que levanta este tipo de fenómenos actualmente entre curiosos e investigadores, no existe mucha literatura al respecto en el arte románico, ni tampoco textos medievales que se extiendan sobre ello. Para conseguir estos resultados los maestros constructores debieron tener acceso a unos conocimientos matemáticos y astronómicos difíciles de concretar. Tampoco sabemos nada sobre los ritos o ceremonias asociados en Santa Marta a estos momentos del equinoccio, pero podemos suponer su efecto sobrecogedor en el ambiente de fervor religioso de los siglos medievales.

De los solsticios y los equinoccios se ocupó San Isidoro en "De natura rerum". El obispo sevillano fijaba las fechas de los dos equinoccios el octavo días de las kalendas de abril y octubre respectivamente.

Dos son los solsticios: el primero es el invernal en el octavo día de las Kalendas de Enero, en el que el sol permanece y crecen los días. El otro es el de verano, en el octavo día de las kalendas de Julio, el sol se mantiene y crecen las noches. Contrarios a estos hay dos equinoccios: uno primaveral, en el octavo día de las kalendas de Abril, en el que crecen los días; el otro es el otoñal, en el octavo día de las kalendas de Octubre donde los días disminuyen.

El solsticio se dice, como si se dijera parada del sol; el equinoccio porque entonces el día y la noche se dan la mano en una equidad de doce horas en sus espacios coiguales. El solsticio estival se llama así pues es como una antorcha, ya que en este día la lámpara del sol toma la mayor claridad e infunde calor en demasía a la llegada del verano.

Es bien sabido que durante los equinoccios los días son iguales en duración a las noches, pero también es relevante para el caso que nos ocupa que en estos mismos días el Sol sale exactamente por el Este y se pone por el Oeste. Todas las iglesias románicas, casi sin excepción, orientan su cabecera en dirección al naciente, pero las variaciones del orto solar a lo largo del año nos dan como resultado ligeras alteraciones de las orientaciones, dependiendo del día elegido para alinear el templo. Tras el periodo románico la cuestión de la orientación al naciente deja de ser un asunto relevante y, aunque sigue prevaleciendo, pueden encontrarse iglesias orientadas en casi cualquier dirección.

Debe advertirse, en cualquier caso, que las actuales fechas de los equinoccios no coinciden con las vigentes en los siglos XI y XII, esto es en la época de la construcción de nuestro templo. Durante toda la Edad Media rigió en la Cristiandad el Calendario Juliano, basado en un cómputo de los meses y los días de origen romano. Con la implantación del Calendario Gregoriano, a partir de 1582, se produjo un desfase que supuso la supresión de diez días. Al jueves "juliano": 4 de octubre de 1582, le sucede el viernes "gregoriano": 15 de octubre de 1582. Este desfase de diez días no fue constante durante la historia, del Calendario Juliano, sino progresivo. En 1582 el equinoccio de primavera se celebraba ya el 11 de marzo, pero en el siglo XII la diferencia era de unos ocho días. Por tanto el fenómeno de la luz equinoccial en Santa Marta debía producirse, en su momento central, hacia el 12 ó 13 de marzo.

Vista de la cabecera de la iglesia

La luz equinoccial entre por el óculo del cimborrio (Imágenes tomadas el 20/03/2011)

Detalle de la imagen de Santiago peregrino

Portada occidental de la iglesia

Interior de la nave hacia el presbiterio

Interior de la nave hacia los pies de la iglesia

Como ha demostrado Juan Pérez Valcárcel en un estudio sobre las orientaciones de las iglesias del camino de Santiago los meses de primavera fueron los elegidos habitualmente para determinar las alineaciones y no con especial cuidado. Esta circunstancia se explicaría simplemente por ser los más adecuados para el desarrollo de los trabajos de replanteo y comienzo de la cimentación, y no, como han sostenido otros autores, por la coincidencia con la fiesta litúrgica del titular o la titular del templo.

Sin embargo, para conseguir un efecto lumínico como el observado en Santa Marta de Tera -si es que este es premeditado- haría falta una orientación casi perfecta de la cabecera en un día muy concreto del año, a lo que habría que añadir otras variables no menos importantes como el conocimiento de la evolución del sol durante ese día, la correcta nivelación y exposición de la iglesia, la altura y las dimensiones del óculo, el grosor del muro, el ángulo de abocinamiento del vano, la distancia entre óculo y capitel, la altura y las dimensiones de este último, etc. Pero no acaban aquí los condicionantes, pues la propia estructura de la iglesia, sus elementos sustentantes y sustentados, su planta, sus proporciones y sus dimensiones estarían totalmente supeditados a la consecución de este efecto lumínico. En definitiva, la edilicia al servicio de unos momentos muy efímeros dos veces al año, eso contando con la posibilidad de que el día amanezca nublado y, por tanto, no se pueda celebrar el acontecimiento.

La iglesia de Santa Marta de Tera se encuentra a 735 metros de altitud, a 41̊ 59' 39.858" (41.99440489203085) de Latitud Norte y -5̊ 58' 16.3986" (-5.971222221851349) de Longitud Oeste. En ese punto del planeta el día 20 de marzo de 2011 el sol salía a las 07:30 (06:30 GTM) y se ponía a las 07:35 (06:35 GTM). Esto significa que desde la salida del sol, hasta alcanzar el fenómeno de la luz equinoccial su momento álgido habían transcurrido 2 horas y 4 minutos. Este dato tuvo que ser muy tenido en cuenta a la hora de determinar la orientación de la iglesia, la posición del sol y la altura del óculo sobre el muro del testero.

Alguna relación con todo esto puede tener un altorrelieve procedente de esta iglesia, de piedra pizarrosa, y 97 por 65 centímetros, representando a Cristo sentando bendiciendo y con libro abierto, en el que se lee: EGO SVM LVX MVNDI (Yo soy la luz del mundo). La pieza, datada en la primera mitad del siglo XII, fue lamentablemente vendida en 1926 y hoy se custodia en el Museum of Art, Rhode Island School of Design, Providence (EEUU). Gómez Moreno alcanzó a verla en Santa Marta de Tera a principios del siglo XX y la describió de la siguiente manera: "Tiene nimbo crucífero, rostro imberbe, pelo largo y casulla de faldones cuadrados, con cenefa y collar. El plegado forma bandas paralelas, y todo recuerda el tímpano del crucero de San Isidoro de León y La Virgen de Sahagún. Se ignora su antiguo puesto, quizá sobre un altar, y hoy yace arrinconado y sucio a los pies de la iglesia".

Nuestra iglesia se une así a otros casos conocidos de templos hispanos con fenómenos equiparables, como San Juan de Ortega (Burgos), San Millán de Yuso (La Rioja) o La Oliva (Navarra). En San Juan de Ortega el "descubrimiento" tuvo lugar en 1974 por Jaime Cobreros y Juan P. Morín, dos estudiosos del románico español. En los días de los equinoccios, hacia las 17:00 horas (hora solar) un rayo de luz penetra por la ventana ojival de la fachada occidental e incide sobre las figuras del capitel historiado de la Anunciación y la Natividad. En San Millán el haz de luz entra por el rosetón de los pies de la iglesia, atraviesa un círculo que corona el trascoro y descansa en el centro geométrico del edificio. El efecto lumínico enfatiza el eje longitudinal y evidencia la perfecta orientación de su cabecera hacia el sol naciente. En el monasterio cisterciense de La Oliva, en los días próximos al equinoccio de primavera, a las 6 de la tarde, entran los rayos del sol por el ojo del pórtico y alcanzan el sagrario.

"Maiestas Domini" procedente de Santa Marta de Tera (Museum of art. Providence. EEUUU)

domingo, 22 de mayo de 2011

Cosas de haber de peso - Aranceles de portazgo del concejo de Benavente

Plaza del Grano o de los Bueyes, según una fotografía de Pablo Testera

Fuero variados los impuestos que gravaron la circulación mercantil durante la Edad Media, pero sin duda el portazgo fue uno de los más emblemáticos de todos ellos. El portazgo constituía, en líneas generales, un impuesto indirecto que afectaba al tránsito de mercancías. Su definición más precisa y pormenorizada resulta problemática, desde el momento en que existe una variada terminología para aludir a un grupo de imposiciones en algunos casos equivalentes: portadigo, portagem, passgem, pedaticum, pontagium, passaticum, portorium, leuda, etc.

En las Partidas, el cobro de estos derechos viene justificado como una compensación por la seguridad de la que gozan los mercaderes en sus desplazamientos por el reino, fijando una tasa general de la octava parte del valor de las mercancías: "Guisada cosa es e con razón, que pues los mercades son seguros e amparados del Rey por todo su señorío, que ellos e todas sus cosas conozcan señorío, dándole portadgo de aquello que a su tierra traxeren a vender e sacaren ende". Una definición de portazgo podría se la de "la renta obtenida de la introducción de los productos en el mercado y de su circulación por las vías comerciales". Otras variantes del impuesto solamente difieren en el sentido del lugar físico donde se satisface. Así el pontazgo se paga por pasar por el puente, mientras que el barcaje se exige al cruzar los ríos en embarcaciones. La castillería o castillaje era el derecho que se pagaba al pasar por el territorio de una fortaleza.

El cobro del portazgo en Benavente y su tierra -al igual que ocurría con las actividades mercantiles- está atestiguado desde la época misma de la repoblación. Muy probablemente en el primer fuero de la villa, otorgado por Fernando II, y del que solamente tenemos informaciones fragmentarias, ya se regulaba explícitamente la exención del pago para los habitantes de las aldeas del alfoz concejil.

Los aranceles de portazgo que se transcriben en este artículo pertenecen al siglo XV. Un período en el que la gestión y el arrendamiento del impuesto estaba en manos del concejo, pero, como ocurría con otras rentas concejiles, siempre bajo la mediación y la supervisión del conde de Benavente.

En Benavente, el portazgo está asociado íntimamente al castillaje o castillería. El castillaje, como su denominación delata, estaba vinculado originalmente a la función militar de la villa, y en particular al mantenimiento de la fortaleza. Estaría relacionado con las atribuciones del alfoz concejil como distrito militar. Atravesar este territorio con mercancías implicaba el ejercicio de ciertos derechos, que en un principio serían percibidos en exclusiva por el alcaide la fortaleza, pero en este momento avanzado del siglo XV es el conde quien controla tanto el edificio como su jurisdicción.

Los aranceles benaventanos son directamente proporcionales al volumen y valor de los productos, distinguiéndose entra la carga de bestia mayor y la carga de bestia menor. Las mercancías se tasan por unidades, por cabezas de ganado, por decenas, por medidas de capacidad y al peso. El pago de los derechos, dirigido básicamente a bienes "de aver de peso", destinados por tanto a la venta en los mercados, se efectúa tanto en especie como en metálico, en función de las características de los productos sujetos a imposición. No se aprecia un interés especial por exigir una u otra fórmula de pago. En cuanto al numerario utilizado, se mencionan cornados, maravedís, blancas viejas y nuevas, dineros y reales. El cambio aplicado es de diez dineros un maravedí.

El pago de los derechos de portazgo y castillaje se hacía efectivo en diversos lugares del territorio concejil, aunque la villa era, sin duda, el enclave principal de fiscalización. Los días de mercado, el jueves según la tradición local, los aldeanos acudían a Benavente a comprar y vender sus productos. Estas serían también los fechas, junto con las temporadas de ferias, de máxima actividad de los portazgueros, coincidiendo con el momento en que la producción foránea, gravada con el impuesto, llegaría a la ciudad a través de las vías de comunicación habituales. Precisamente en los lugares más concurridos y estratégicos de estos caminos se localizaban los puntos de fiscalización, coincidiendo con las entradas y salidas del territorio del alfoz, los puentes y los vados de los ríos.

En Benavente a la hora de fijar las rutas y caminos obligatorios para los mercaderes, los puntos de referencia son las puertas de la ciudad y las vías naturales que conducían a ellas. Se consideraban defraudadores a aquellos viandantes que circularan con mercancías, sin pagar el portazgo, fuera de los puntos acostumbrados, en un radio de distancia que comprendía desde la ermita de San Lázaro en adelante, desde el pontón de Santa Cristina hasta la Puerta de la Puente y desde la ermita de San Antón a la puerta de Astorga.

Como vemos, estas rutas cubren estratégicamente las comunicaciones de la villa con su alfoz, y con el resto de comarcas periféricas. En la puerta de Astorga, se inicia el camino natural que remontando el río Órbigo conduce a dicha ciudad. El pontón de Santa Cristina, también sobre el Órbigo, comunica la villa con el valle del Tera y proporciona acceso a Galicia a través de Sanabria, y por último la ermita de San Lázaro, situada extramuros, junto al actual Centro de Trasportes, se encontraba en la ruta que unía la puerta de Santa Cruz con el puente de Castrogonzalo.

Mercado en la Plaza Mayor (Foto cortesía de Alejandro Flórez)

Día de mercado en el Corrillo San Nicolás (Archivo Ledo del Pozo)

Feria de las Candelas (Archivo Ledo del Pozo)

Mercado de ganado en la Plaza del Grano (Emiliano Pérez Mencía)


APÉNDICE DOCUMENTAL


[S.XV]

Aranceles del portazgo y castillaje de la villa de Benavente

B. AHPZa, Pergaminos, carp. 10-4. La transcripción que se ofrece sigue, en lo esencial, esta copia, junto con correcciones y variaciones procedentes de las copias C y D.
C. AMB, Leg. 154, 1, fol. 69r.-71r. Sentencia del licenciado Diego Fernández de Valera acerca de lo que debía cobrar la justicia y el conde de Benavente sobre portazgos, barcajes, castillaje y otras imposiciones. (1500-1501).
D. AMB, Leg. 96-6, fol. 267v.-271v. Ejecutoria (386 folios). Traslado del proceso sobre el cobro de estancos, portazgos, pontajes y peajes. (Traslados 1528-1579).


Primeramente, de las cosas que son cargas cerradas de aver de peso e paños, de bestia mayor doze maravedís e de la menor seis maravedís.
Yten, de pelletería, çapatos y cueros y cordobanes, doze maravedís de bestia mayor, y de la menor seis maravedís.
Yten, de pescado y sardina, de cada carga veinte e quatro dineros, los cuales a de llevar ansí en feria commo de fuera della, e no ha de aver otro derecho ninguno, ni de sardina cabeçada nin descabeçada, salbo de la sardina fresca que se vendiere a peso, que a de aver de carga mayor una libra y de menor media. Esto an de pagar los que fueren de fuera de la juresdiçión que las venieren a vender a esta villa y no los de la juresdiçion, ni de los de la villa.
Yten, que lleven de cada carga de bogas y de verdieles y agujas y albares y arenques veinte e quatro dineros, e estos an de llevar en feria y fuera de feria y no más.
Yten, que lleven de las bestias bravas, de los potros doze maravedís y de la mula o macho o yegua seis maravedís, y del asno dos cornados y de bestia asnal y de la mayor que se carga una blanca viexa en todo tiempo de castellaje e portazgo.
Yten, que lleve de cada carga de vinagre de bestia mayor doze maravedís e de bestia menor seis maravedís, y de cada carga de ajos una riestra.
Yten, de cada carga de pescado fresco pague una pescada o veinte e quatro dineros y de congrio seco de cada carga un congrio o doze maravedís de cada carga de portazgo, y de la carga de congrio fresco un real o un congrio a escojer del vendedor que lo vendiere, e que si el vendedor quisiere más darle un congrio que un real que escoja primero el vendedor uno en la carga, e después el arrendador tome otro qualquisiera y más doze maravedís de portazgo de cada carga, e de cada carga y de besugo un besugo y de cada carga veinte y quatro dineros de portazgo. Esto se entienda que en las dichas cargas el mercader escoga una cosa y el portazguero otra.
Yten, de salmones, de cada ojo de salmón quatro dineros de castellaje y de portazgo veinte e quatro dineros.
Yten, de cada carga de açúcar doze maravedís de portazgo de la bestia mayor, y de la menor la mitad, y de castellaje una libra de açúcar.
Yten, de linaça y lino y lana y añinos y fierro y ferraje y sal e casca e çumaque, de cada carga mayor veynte y quatro dineros y de menor doze dineros.
Yten, del azero y cobre y estaño, de cada carga mayor doze maravedís y de carga menor seis maravedís.
Yten, de ganado vacuno de cada caveza una blanca e del ovejuno o cabruno, ansí cabras como cabritos y carneros e ovejas, de cada cabeza dos dineros que sean previllejados quier non.
Yten, de los carros de madera ocho dineros de portazgo y de castellaje de los que traxeren palas, rastros y tornaderas y aguijadas, una pieza de cada carro y más de cada carga de castiles un castil y más de carga de rodeznos un maravedí y más quatro dineros de bestia mayor e de la menor dos dineros, y de los yugos de cada carga mayor veynte y quatro dineros. Esto an de pagar los de fuera de la juresdiçión desta villa.
Hordenança de las cosas que se an de llevar de castellaje, son las siguientes:
Primeramente de los quesos que traxeren a vender de diez quesos arriva un queso, y de diez quesos abajo de cada queso dos dineros.
De la miel, de bestia mayor una azumbre y de bestia menor media azumbre. De los çidaços de diez arriba un çedaço.
Yten, de los crivos y panderos y canastillos y cestos que traxeren a vender, de diez arriba una pieza y de diez abajo no nada.
De fruta seca, de bestia mayor un celemín y de bestia menor medio celemín, y más de la bestia mayor de portazgo una blanca vieja y de la menor una nueva.
De verdura ansí verças como lechugas, ravanos y cebollas y navos, de las çebollas de diez horcos arriba un horco, y de las otras cosas de carga mayor doze piezas y de la menor nueve y de portazgo una blanca vieja de carga mayor y de menor una nueva.
De la fruta verde, de guindas y cerezas y huvas, una libra de cada carga mayor e de la menor media libra. De las peras, manzanas, menbrillos, granadas, de la carga mayor doze maravedís y de la menor nueve, e del portazgo de la carga mayor una blanca vieja e de la menor una nueva.
De joyería e espeçiería, de cada carga mayor doze maravedís o una joya, esto sea a escoxer del mercadero, que si traxere carreta pague de lo que traxere por quatro cargas.
El que desviare el camino o pasare de noche, si no pagare el derecho pierda la mercadería y bestias, y sea para el arrendador como descaminado.
De sogas y pez de cada carga veynte y quatro dineros. De portazgo y de castellaje, de cada carga de sogas una soga y de la pez de cada carga dos libras.
Entiéndese que estos dineros de derechos que an de llevar son diez dineros un maravedí.
Yten, que si el arrendador llevare más derechos de los contenidos en estas condiçiones, aunque digan que se lo dan de su grado los tratantes, que sea avido por cohecho y hurto y lo pague con las setenas, y esté veynte días en la cadena, y quel que posiere la guarda sea obligado a lo entregar si fiziere lo tal o que pague la pena y esté los dichos veynte días en la cadena.
El capitulo del descaminado, se entienda si el mercader pasare de noche o de día con cargas de San Lázaro adelante sin pagar portazgo, y a la Puerta de la Puente sin pagar al pontón de Santa Cristina adelante y a la Puerta de Astorga si pasare de la hermita pequeña de Santo Antón, e a las otras puertas en cantidad de otro tanto camino como a San Lázaro. E quel que oviere de tomar el descaminado lo tome desde las partes senaladas en adelante azia la villa y que ansí mismo se entienda descaminado si fuere fuera de los caminos acostumbrados de día y de noche.

Feria de las Candelas en El Ferial (Emiliano Pérez Mencía)

domingo, 6 de febrero de 2011

En paraje alto, saludable, y bañada de dos ríos - Una descripción de Benavente y su castillo en un tratado del siglo XVIII

Chronica Minora

En el año 1764 se publica en Santiago de Compostela, concretamente en la imprenta de Ignacio Aguayo, el primer tomo de la obra: Historia Universal de las fuentes minerales de España, sitios en que se hallan, principios de que constan, analyses y virtudes de sus aguas, modo de administrarlas y de ocurrir a los accidentes que suelen nacer de su abuso, todo deducido de la observación, y experiencia; descripción de los lugares de su situación, con una buena parte de la Historia natural del término de cada pueblo, y explicación de las curiosidades que contiene. El libro está dedicado al deán y cabildo de la Iglesia compostelana.
Portada del libro

Como su barroco título indica estamos ante un ambicioso tratado sobre las fuentes minerales de España. Su autor es uno de los padres de la hidrología española: Pedro Gómez de Bedoya y Paredes. Su largo currículo como médico y docente quedó recogido en la misma portadilla de la obra: Don Pedro Gómez de Bedoya y Paredes, Doctor en Medicina, Médico de numero de Familia de el Rey nuestro Señor, Propietario de sus Reales Hospitales General, y Passión de la Corte, Ex Examinador de el Real Proto-Medicato, Director, Secretario perpetuo, y primitivo fundador de Sociedad Médica de la Real Congregación de nuestra Señora de la Esperanza, y al presente primer Médico del Ilmo. Señor Deán y Cabildo de la Santa Metropolitana Iglesia de Señor Santiago, y Cathedrático de Cirugía, y Anathomía de su insigne Universidad.

En el siglo XVIII el empleo terapéutico de las aguas minerales estuvo muy extendido en toda España y en particular en la Corte. La creencia de que la hidrología podría encontrar remedio a muchos de los males de época llevó a evidentes excesos. A principios de este siglo hubo una gran polémica sobre la utilización del agua natural como panacea universal, de la que existe abundante documentación . La opinión de Gómez de Bedoya sobre la efectividad de las aguas naturales es muy optimista: "No hay cosa en la Naturaleza, que se acerque más a ser remedio universal, que las aguas minerales, principalmente en los males largos y rebeldes [...] dichas aguas curan las dolencias con prontitud y felicidad, sin menoscabar las fuerzas del enfermo [...] se pueden administrar a toda suerte de personas en todas edades y estaciones del año".

El proyecto inicial era inventariar un total de 1.500 fuentes minerales, presentadas por orden alfabético en un total de seis tomos. El primer tomo comprendía las letras A-B, mientras que el segundo, publicado en 1765, abarcaba desde la C a la F. Por razones que desconocemos los otros cuatro tomos no salieron de la imprenta, quedando así inéditos la mayor parte de los materiales. Para el trabajo de campo, Gómez de Bedoya contó con la colaboración de más de 3.000 informantes, escogidos entre médicos, cirujanos y boticarios de todas las villas y lugares del reino.

Consciente de lo farragoso y reiterativo del asunto central, nuestro autor aliñó los análisis de cada una las fuentes con descripciones geográficas de las poblaciones, breves introducciones históricas, leyendas, anécdotas, y noticias curiosas sobre lugares y personas. Ese interés por hacer el texto ameno y llevadero es ya reconocido en la introducción al primer tomo: "Me ha parecido escribir en forma de conversación historial, porque así se hace más amena, y deleytosa la leyenda, y en que introduzco los personages propios, para aclarar los puntos, que en ella se ventilan".

La entrada dedicada a Benavente es particularmente interesante por sus notas históricas, y por incluir una descripción sui generis del castillo. Los datos sobre las fuentes de la villa y su comarca fueron proporcionados por Tomás Cabeza Castañón, "uno de los más sabios Professores, y excelente Medico practico de la Villa de Benavente, y Pedro Merlo, Adiestro Chímico, y acreditado Boticario en ella". Curiosamente no se recogió en el texto la que hoy en día es la fuente más conocida de la villa, la llamada "Fuente Mineral de la Pradera", pues su descubrimiento se produjo después de la Guerra de la Independencia . El informe se completó con las informaciones de Francisco Vallejo, uno de los médicos enviados expresamente por Gómez de Bedoya para visitar las fuentes minerales de los reinos de Castilla y León. Es Vallejo quien visita la fortaleza-palacio de los condes y da cuenta de sus aspectos más significativos.

Retrato de Pedro Gómez de Bedoya
Llama la atención de Vallejo, como ya lo hiciera de otros viajeros y cronistas anteriores, el uso de fustes de columnas y arcos de jaspe y pórfido. También la existencia de colmillos de un elefante haciendo las veces de entrada monumental de una de las salas  y de sus restos semidisecados en la entrada del patio . Se transcriben igualmente dos epígrafes romanos existentes entonces en el Jardín de los condes. La lectura es bastante deficiente comparándola con la que propuso Ledo del Pozo algunos años después, pero al haber desaparecido los monumentos originales puede ser útil para matizar algunos detalles.

Pero uno de los aspectos más llamativos de la descripción del castillo es el apartado dedicado a su capilla. Se transcriben aquí epitafios correspondientes, entre otros, a miembros de las familias Osorio y Coco. Ningún otro autor anterior o posterior reparó en estos sepulcros, ni hace alusión a la existencia de capillas funerarias . Por el contrario, es bien sabido que desde el siglo XV los Pimentel eligieron como panteón familiar el monasterio de San Francisco de la villa, y que tanto los Osorio como los Coco contaban con espacios funerarios propios en varios templos de la villa.

Varios indicios apuntan a que, en realidad, se trata de una confusión. Así del sepulcro de la capilla mayor al lado del Evangelio se ofrece la siguiente lectura: "Aquí jace el noble Caballero Rodrigo Alvarez Ossorio, fijo de Alvar Rodriguez Ossorio. Murió mancebo en el Real, que el Rey D. Juan tuvo sobre Lisbona: dejó dos fijas".

Parece referirse el epitafio a Juan I, rey de Castilla (1379-1390). En1384 se iniciaba la guerra luso-castellana, ante las pretensiones del rey castellano por controlar el reino vecino tras la muerte de Fernando I en 1383. Paralelamente el maestre de Avis, don Joao, fue aglutinando el malestar y la oposición portuguesa al rey castellano.

El monarca Castellano respondió con un cerco sobre Lisboa (1384), mientras la flota bloqueaba el estuario del Tajo. El asedio se prolongó más de lo previsto, y con la llegada del verano la peste hizo estragos entre los contendientes, por lo que Juan I decidió levantar el cerco y retirar su flota. Poco después se reanudaron las hostilidades, y el 15 de agosto de 1385 los castellanos sufrirían la contundente derrota de Aljubarrota, fin de las pretensiones de Juan I al trono portugués. La muerte de Rodrigo Álvarez Osorio debió producirse en el verano de 1484, en los meses anteriores a la derrota castellana de Aljubarrota.

De la muerte de numerosos caballeros castellanos en el cerco de Lisboa da cuenta Pero López de Ayala: "Estando el rey don Juan en su real que tenía sobre Lisbona, la pestilencia e mortandad fue cada día cresciendo muy fuertemente, e morían muchos de los que con él estaban, en manera que del día que morió el maestre de Sanctiago fasta dos meses morieron de las compañas del rey dos mil omes de armas de los mejores que renía, e mucha otra gente".

El epitafio reproducido por Gómez de Bedoya es esencialmente el mismo que existía en la capilla funeraria de los Osorio en el monasterio de Santo Domingo de Benavente. La lectura reproducida por Almoína Mateos es la siguiente: "Aquí yace el noble caballero Rodrigo Álvarez Osorio. Murió mancebo en el Real que el rey don Juan hubo sobre Lisboa".

Igualmente los Coco contaban en el monasterio dominico con un panteón familiar, localizado entre la capilla de los Osorio, el claustro y el dormitorio del convento. Pedro Coco, regidor de la villa y alcaide de sus alcázares, en su testamento otorgado en 1487 manda enterrarse en la capilla que "he construido y de nuevo fecho e hedificado". En caso de no cumplirse sus voluntades las misas en su memoria deberían realizarse en el monasterio de San Francisco, donde estaban enterrados su padre y su abuelo.

Por todo ello cabe colegir que existió una mala trasmisión de la información entre el informante y el editor, incorporándose a la descripción del castillo párrafos de un texto más amplio que incluía la visita al monasterio de Santo Domingo.

Transcribimos a continuación el pasaje dedicado a Benavente:

"Don Thomás Cabeza Castañon, uno de los mas sabios Professores, y excelente Medico practico de la Villa de Benavente, y D. Pedro Merlo, diestro Chimico, y acreditado Boticario en ella, añadió el Dr. Quiñones, nos proveyeron de las noticias mas individuales de las fuentes cercanas a este Pueblo, confirmadas con las pruebas chymicas de todas, trabajo, que se tomaron por el beneficio publico, y por lo que son acreedores a toda alabanza. Tomaremos de las relaciones de estos, lo que importe a nuestra Historia, que junto con la que traxo D. Francisco Vallejo, uno de los dos Medicos, que de orden mia salieron a visitar las fuentes minerales de los Reynos de Castilla, y Leon, y a quien se debe en este punto todo elogio por su sabiduria, y vigilancia, serán bastantes para dar una clara idea de ellas. Convienen todos, en que la Villa de Benavente está situada a diez leguas de Zamora en tierra de Campos, en parage alto, saludable, y bañada de dos Rios. Sus Moradores se acercan a 4000., con mucha Nobleza, siete Parroquias, en las que entra la de Santa Maria, en donde está el famoso Relox, seis Conventos, los tres de Religiosos, dos Hospitales, y un Hospicio de Peregrinos. Su fundación es de Griegos, y Celtas, hecha 276. años antes de la humana redempcion.

Es hermoso su suelo, y muy abundante de Pan, Vino, pesca, carnes, caza y frutas, y muy poblada de bosques, y arboledas. Dominaronla los Romanos, haviendola conquistado su Capitan Luculo 127 años despues de su fundación. Tiene la gloria esta famosa Villa de estar regadas sus calles con la Sangre de quatro hijos suyos, que padecieron martirio en ella por la fe de Jesu-Christo, y son los Santos Procul, Domnina, Domicila, y Theodora. Tiene por armas un puente, y encima la Imagen de nuestra Señora. Ha tenido los mismos infortunios que las demás Poblaciones de España, sugetas a la dominacion de tan diversas gentes que unos la destruían, y otros la reedificaban. Esto ultimo hizo el Rey D. Fernando de León año de 1169. Casi siempre ha estado en Señorio con el titulo de Ducado, y la han tenido varias personas Reales, hasta que Enrique III (y segun otros IV) premió con ella los grandes meritos de D. Juan Alonso Pimentel, Señor de Berganza, y Viñais, cuyos dos Lugares abandonó por servir a su Magestad, y cuya merced firmó en Tordesillas en 7 de mayo de 1398 con el titulo de Condado; pero es digno de admiracion, que desde este tiempo no ha faltado Varon de esta ilustre Progenie hasta el presente. El referido Medico D. Francisco Vallejo dice, que tuvo la curiosidad de ir a ver la Fortaleza de los Excelentiísimos Señores Condes de Benavente, que es un Palacio fundado por el Conde D. Rodrigo Pimentel, muy hermoso, y de grande diversion por sus jardines, y fuentes.

El Castillo de Benavente según pintura del siglo XVIII
Despues de otras curiosidades que cuenta, dice que se halla a la entrada de la puerta del patio la armadura de un Elefante cubierta con su piel. Que hay una sala, llamada de los Linages, adornada con diferentes figuras de Hombres, Perros, Ciervos, Leones, Aves, etc, de las quales están pendientes cinquenta escudos de Armas de las Casas principales de España. Que notó dos arcos, en uno de los quales, que es de jaspe, al lado izquierdo, se vé una figura natural de un hombre recostado, dibujada de los mismo colores nativos de la piedra. Que en la puerta mas adentro, inmediata a dicha sala se hallan los colmillos del referido Elefante, que cada uno tiene de largo dos varas, y media vara de base, siendo admirable la grandeza de los demás huessos de este animal a correspondencia de estos. También noto una caña, cuyo hueco tenia casi una tercia de ancho con veinte y dos nudos, y quarenta pies de largo; pero es de advertir, que este es un pedazo solo de la caña, pues siendo propio de éllas rematar en disminución, o en cono, esta es igual en todo su largo, y de que se debe inferir qual sería su grandeza, si estuviese entera. Al subir de la escalera principal en una ventana está un poste de dos varas y media de largo, y casi una de gruesso, todo de una pieza de la piedra, llamada Porfido, que es lastima, que hay tenido la desgracia de una Centella le partiesse un pedazo. Alaba mucho este curioso Medico una Galeria muy adornada, un pozo, que hay en el patio principal, y otras muchas cosas dignas de verse en dicha fabrica. Varias curiosidades refiere de la Iglesia, y entre ellas un sepulcro, que tiene por Armas un Castillo, una cabeza de Baca, y un Armiño, orlado de un mote: Malo mori, quam foedari. Otro hay en la Capilla mayor al lado del Evangelio, que dice: Aquí jace el noble Caballero Rodrigo Alvarez Ossorio, fijo de Alvar Rodriguez Ossorio. Murio mancebo en el Real, que el Rey D. Juan tuvo sobre Lisbona: dejó dos fijas. Sus armas son dos Lobos. Assimismo en la Capilla de los Cocos hay otro, que en forma de media luna tiene esta inscripción:
Epitafio de un miembro de la familia Coco

En el Jardin de dicha Fortaleza hay tambien dos piedras escritas, que dicen:

D.M.S.
Postumiae re
criscillae. opt.
Pientisimae

D.M.S.
Postumiae
sotirae
Uxor. Opt. Sancris
Dulciisimae
P.

Son muchas, y muy exquisitas las plantas, que se crian en los contornos de este Pueblo, de modo que tiene muy poco, que embidiar a otro País; de ellas tenemos una larga relacion; pero lo mas especial es lo que dice el referido Vallejo del Lugar de Frieira, que dista tres leguas de Benavente, y es que allí se cría en tanta abundancia el Cutus Ladanifera, que sus Moradores sacan, o fabrican la masa del Ladano, o Labdano todos los años en cantidad de cien arrobas, a cuya compra concurren varios drogueros, haciendo tal comercio del, que abastecen todas las Boticas de España, y Portugal. El mencionado D. Pedro Merlo, dice, que en el año de 1752 despachó para toda la Ciudad de Cadiz, mas de 40 arrobas. Ya Vms. Ven, que este es un medicamente, que a crecido precio se nos ha trahido siempre de la isla de Creta, que es una de las del Archipielago, cuya capital es Candia, con que es preciso sea de mucho beneficio este nuevo invento, assi en el coste, como en quedarse su valor dentro del Reyno. Todos los AA. convienen en que etsa reina aromatica, de color rubio inclinado a negro, y que antes se nos trahía en pelotones, y panes, es el resudor que en el Estío dan las hojas de dicha planta, la qual solo llega a crecer dos pies, poco mas, o menos. Sus flores son bastante largas con cinco hojas de color de Rosa. Su raiz es dura, leñosa, interiormente blanca, y de fuera algo rubia. Esta arroja muchos ramos duros de un dedo de gruesso, de color obscuro, y alguna vez inclinado a ceniciento, guarnecidos de hojas verdes, puestas de dos en dos, de sabor herbaceo con leve estipcidad.

En tiempo de Dioscorides se cogia el Ladano de dos maneras. Una era hechando a pacer por entre estas plantas muchas Cabras, a cuyas barbas, y lanas se pegaba el humor de las hojas, y el que despues con peynes estraían sus dueños. Otra recogiendolo en pedazos de cuero, de donde despues lo raían, y componian; pero yo me persuado, que tan excesiva cantidad, como siempre ha salido para todas partes desde dicha Isla de Candia, no es posible, que fuesse producto de semejante impertinencia. Mas bien creo, que estos Isleños harían, y hacen lo que nuestros Españoles en Eriera, y es sacar de toda la planta en Vino tinto, o en agua un extraño, que es el Ladano, que oy tenemos en España, y con el qual logramos los mismo efectos, que con el de Creta. Esta materia resinosa, aplicada exteriormente en forma de emplasto, tiene la virtud de ablandar los tumores, cocer sus materias, atenuarlas, y resolverlas. Interiormente es corroborante, adstrigente, y anodina; y assi servia para ayudar la cocion del estomago, corroborarle, detener las destilaciones, cocer los catarros, y curar las disenterias, dado en cantidad de una dracma. Es especial en la intemperie fria del celebro, aplicado en emplasto, y lo mismo en la debilidad de estomago, y para el dolor de oidos puestos en las sienes. Hace bellos efectos en las ulceras antiguas, cavernosas, con tumor, y dureza; enmienda los vicios del Utero; y su humo preserva de la pestilencia del avre. Entra en la composicion de los balsamos apoplecticos, y en los emplastos capital, y estomacal de Charás, y en el tan celebrado para las quebraduras del Prior, o Abad de Cabrieres.

A distancia, como de tres quartos de legua de Benavente, en el termino, llamado el Peñón, y inmediata a la cuesta del monte Mosteruelo, se hala una fuente medicinal, situada en una llanada proxima al Rio Orbigo, junto al Lugar de Manganeses, cuya agua es fria, clara, sin olor, ni sabor, mana siempre en igual cantidad, pero en creciendo dicho Rio en el Invierno la cubre. El mencionado D. Pedro Merlo evaporó una arroba del agua de dicha fuente, y dice, que no le quedó en el vaso mas que una pelicula, que luego que la expuso al ayre se deshizo, sin haver podido sacar de tanta cantidad residuo alguno. Bien podemos pensar, que, segun esta apariencia, la frialdad del agua, y los efectos, que hace su virtud, son hijos del mucho Nitro que contiene. La experiencia tiene demostrado lo excelente que es para curar las enfermedades de riñones, y vegiga, haciendo evacuar lossabulos, y arenas, y serenar las irritacion de estas partes. Sirva de exemplo el grave dolor, con que se hallaba Diosio de Castro, vecino de este Pueblo, en los riñones, que no se pudo mitigar con otras medicinas, pero luego que llegó a beber media azumbre de esta agua, se desvaneció dicho dolor, y siempre que le vuelve, hace la misma diligencia, y consigue el propio efecto. D. Ignacio Gonzalez, Oficial de la Contaduría de dicho Excmo. Señor Conde de Benavente, padeciendo otro semejante cruel dolor, con la propia diligencia tuvo igual efecto, y felicidad que el antecedente. Doña Isabel de Yebra Pimentel, sumamente acongojada del referido mal lofró la misma dicha; sin otros muchos a quienes el dicho D. Pedro Merlo dice, que ha aconsejado el uso de esta agua en semejantes dolencias; y si se aplicasse con buen methodo, ayudaba de otras medicinas internas, y externas, aperientes, digestivas, y algun blando purgante, no tengo duda, que seria eficaz remedio para todas las opilaciones, Obstrucciones, Hypocondrias en temperamentos ardiente, y secos, y en la Ceaticas. En la inapetencia será muy especial, assi como en todas las enfermedades de estomago, y toda fiebre lenta, que tenga origen de la Obstruccion de alguna entraña.

A media legua de Benavente, en un prado, cerca del Lugar de Villanueva de Azuague, proxima a unos Alamos, y a orillas del arroyo de un molino, llamado Ventosa, hay una fuente, cuyo nacimiento es al Oriente, y corre hacia el Rio Esla. De esta dicen los citados Vallejo, y Merlo, que es muy clara, sin olor, fria, pero insipida, y que aunque los naturales la beban con excesso, o estando muy sudados, nunca se les ha seguido daño alguno, antes bien experimentan excessiva dissipacion de flatos. Parece, que el resiudo, que dexó esta agua en la evaporacion, es una tierra gredosa, mezclada con muy corta porcion de sal algo amarga, la cual, ni con los espiritus acidos, ni con los alkalinos, hace mutacion alguna, cuya prueba junta con las demás que se hicieron dice, que dicha sal es neutra. Esto, y la experiencia, que los naturales alegan, persuade, que esta agua es provechosa, templada al fuego, en las colicas, y Hydropesias flatulentas, vigorando su virtud con alguna medicina apropiada.

Media legua tambien distante de Benavente, en el termino de Santa Marina, y en una viña, cuyo sitio, llaman la Platera, se halla una fuente, corriendo al Oriente, muy abundante, pues sirve para regar todas las viñas vecinas. Tiene su cerco de piedra de un estado de hondo, y en ella se cria copia de Lagartijas de agua, que los naturales llaman Salamanquesas; es clara, y delgada, y su gusto muy insipido; se tiene averiguado, que bebida en mucha copia, o con grande sudor, no hace daño, y que es poderosissima para excitar el apetito. Ultimamente nos dice dicho D. Thomás Cabeza Castañon, que en la villa de Valencia de D. Juan, distante seis leguas de Benavente, en un soto a orillas del Rio Esla, se cria en abundancia la especie de moscas, llamadas Cantaridas".