domingo, 25 de enero de 2026

El monasterio cisterciense de El Salvador de Benavente

Fachada del antiguo monasterio de San Salvador, o de San Bernardo, de Benavente

Los orígenes del monasterio cisterciense del Salvador, o de San Bernardo, de Benavente hay que buscarlos en un antiguo cenobio altomedieval fundado en la localidad de Santa Colomba de la Monjas, a unos cinco kilómetros. Tenemos noticias del mismo a partir del año 1092, cuando diversos documentos mencionan una fundación monástica dedicada a San Salvador, en el territorio de Polvorosa, junto al río Órbigo: “in loco Sancti Saluatoris in territorio de Puluurera, sito iuxta riuulo Orbeco”.

No conocemos con certeza el momento de la fundación de este monasterio, pero sí sabemos que a finales del siglo XI la propiedad del mismo estaba a repartida entre varios herederos. Entre ellos se citan a Pedro Bermúdez, Bermudo Peláez, Auro Dulce, Fernando Flainez y Mayor Núñez. Varias de estas porciones acabaron, como consecuencia de confiscaciones, en manos del rey Alfonso VI, quien las entregó en 1097 a la catedral de León.

El monasterio se asentaba sobre una antigua villa: la villa de "Santa Colomba de Polvoreda y Arcos", tal vez relacionada con varios yacimientos romanos próximos. Los diplomas de la época utilizan diversos referentes espaciales para localizar este enclave, siempre en la confluencia del Esla y el Órbigo: “quod est situm inter duos fluuios qui dicuntur Estula et Orbego, et dicitur illud monasterium ex uocabulo Sancti Saluatoris, in uilla que uocatur Sancta Columba de Poluorera et de Arcus”. El nombre de “Santa Colomba de Arcos” es el más habitual en estos documentos de finales del siglo XI.

A partir de entonces, la memoria de esta primera fundación se pierde. Parece que la vida monástica se extinguió, pues no volvemos a encontrar nuevas menciones. En 1116 el obispo Diego entrega a la catedral de León posesiones en este lugar, pero ya no se menciona ningún monasterio: "In Sancta Columba de Arcos, VIam partem que fuit de Pelagio Uellidiz, et totam racionem que fuit de Fernando Flainiz".

No será hasta 1181 cuando un grupo de familias realizan una donación para la fundación de un nuevo monasterio femenino bajo la Orden del Císter en este mismo emplazamiento: “in quorum honore ecclesia fundata est in uilla que Sancta Columba dicitur, territorio Puluurera secus fluuium Auruego”.

Esta segunda fundación vincula de forma clara el monasterio de Santa Colomba con la villa de Benavente. La aldea estaba dentro de los límites del alfoz del concejo, varios de sus fundadores están emparentados con familias de los primeros repobladores de la villa y en el propio documento encontramos la confirmación del concejo de Benavente, de su notario, de ocho de sus alcaldes y del concejo de Santa Colomba. Según una tradición antigua recogida por diversos autores, las primeras monjas cistercienses que pueblan el monasterio provenían de Gradefes. Sin embargo, fue con el monasterio de Moreruela con el que existió históricamente una relación de filiación.

A partir de 1581 se acomete la edificación en Benavente de un nuevo monasterio de la comunidad femenina cisterciense de San Salvador, hasta entonces enclavado en Santa Colomba de las Monjas. Este traslado fue consecuencia de varias negociaciones anteriores con el concejo de la villa y de la adquisición de terrenos junto a la iglesia de Santa María de Renueva, hasta entonces ocupados fundamentalmente por huertos. En mayo de 1581 se firma una concordia y aceptación por parte del cura, mayordomo y feligreses de Santa María de Renueva, quienes aceptan la instalación del nuevo monasterio junto a su parroquia. Las obras se prolongaron durante varios años, durante los cuales a instancias del conde de Benavente, las monjas fueron acogidas temporalmente en el Hospital de la Piedad.

Entre los documentos relacionados con este traslado hay también una petición al obispo de Oviedo del conde de Benavente, del concejo y regimiento de la villa, así como del cura y feligreses de Renueva, para que concediese licencia a la comunidad de poder celebrar los divinos oficios y la misa en dicha parroquia, pero quedando libre el cura y sus feligreses para realizar sus funciones como lo venían haciendo. Las religiosas disponían del coro alto y de una capilla cerrada con reja, junto al altar de Santa Lucía.

El convento de San Bernardo se vio seriamente afectado por la ocupación francesa durante la Guerra de la Independencia, al igual que ocurrió con otros conventos benaventanos. Sobre ello existen diversos testimonios, destacando el dejado por Fray Luis Solís:

“El día 31 de diciembre de 1808 se dispersó esta comunidad, abandonando el monasterio a causa de la irrupción de los franceses. Y como la fuga fue tan precipitada y no se encontraban caballerías ni carros de transporte, fue preciso abandonar toda la plata y alhajas de la comunidad, y hasta las particulares no pudieron salvar otra cosa que los vestidos puestos. Yo que escribo esto (Fr. Luis Solís) saqué de las manos de estos sacrílegos un copón con las sagradas formas”.

Durante el año 1976 se produjo el derribo definitivo del monasterio de San Bernardo. Los solares fueron ocupados por varios bloques de viviendas y la Estación de Autobuses. El 30 de noviembre de 1976 las monjas abandonaron el viejo edificio y se trasladaron a su nuevo convento de la carretera de Villanueva de Azoague.

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