martes, 26 de mayo de 2015

Una mesa de piedra en el Jardín del Conde - La leyenda de los cuatro obispos

Plano del Jardín de los Condes en el siglo XVIII, según Pedro Sánchez Lago
Cuenta Ledo del Pozo en su "Historia de la nobilísima villa de Benavente" que en el Jardín del Conde, a las afueras de la villa, había "una mesa de piedra, colocada casi al extremo, en la que podían comer según tradición de las gentes, los obispos de León, Astorga, Zamora y Oviedo, sentado cada uno en su obispado".
Una pista sobre los orígenes de esta tradición nos la proporciona Carlos González de Posada, en su obra “Memorias históricas del Principado de Asturias y obispado de Oviedo”, publicada en 1794. Al referirse a la Vicaría de San Millán, recuerda que “los obispos de Oviedo, León, Astorga y Zamora pueden en esta vicaría comer juntos en una mesa, estando cada uno en su obispado, y se practicó así en la consagración del Ilustrísimo Llano Ponte para obispo de Larén”.
Respecto a esta consagración sabemos que, efectivamente, el día 14 de enero de 1770 se consagraron en la iglesia del convento de San Francisco de Benavente, Alonso Francos Arango, obispo de Orense, y Juan de Llano Ponte, obispo de Lares o Larén, sufragáneo y auxiliar del obispo de Oviedo. A la muerte de Agustín González Pisador, Llano Ponte fue titular del obispado de Oviedo desde el 26 de septiembre de 1791.
La Gaceta de Madrid del 20 de febrero de 1770 consigna que "fue su consagrante el Illmo. Sr. Obispo de Zamora. Asistentes los Illmos. Señores Obispos de Astorga y Valladolid. Padrino del Sr. Obispo de Orense el Doct. D. Pedro de Bustillo Francos, Arcediano de Babia, a nombre y representación del Illmo. Sr. Obispo de Oviedo, y del Sr. Obispo de Laren, D. Miguel Pisador, Arcediano de Villaviciosa, como Diputado del Venerable Dean y Cabildo de su Santa Iglesia Catedral, de la que son dignidades".
La asistencia de estos obispos a esta ceremonia solemne debió ser la ocasión elegida para escenificar en la mesa de piedra del Jardín la confluencia de las cuatro diócesis en aquel punto. A todo ello tampoco pudo ser ajena la condesa-duquesa de Benavente, María Josefa Pimentel, pues no hay que olvidar que los Pimentel ejercían el patronazgo sobre el monasterio franciscano, sede del panteón familiar, y el Jardín formaba parte de sus dominios en la villa. Sin embargo, en la nómina de autoridades presentes según las fuentes nos falta una pieza clave: el obispo de León. Tal vez alguna de estas personas citadas actuó en su representación. En cualquier caso, parece que existía una tradición anterior respecto a la mesa y este tipo de celebraciones y, por tanto, debieron existir precedentes anteriores.
Pedro Sánchez Lago en su "Historia completa de Benavente" precisa que la mesa "tenía sus bordes labrados", y reproduce un croquis de parte del Jardín, con una mesa monumental representada en el ángulo inferior izquierdo.
En un inventario de 1612 de las esculturas “y otras cosas de bronzes, mármoles y tierra” existentes en el Jardín de Benavente figuran dos mesas monumentales de piedra: “una mesa quadrada de bara y dozavo de diversos embutidos de jaspes con una ajedrez en medio”, y “dentro del dicho Jardín una mesa de mármol blanco con una tabla de jaspe colorado y blanco embutida en ella con una lista de jaspe negro y dorado de quatro dedos de ancho embutido en la mesma tabla”. Estas piezas fueron traídas de Nápoles por Juan Alfonso Pimentel, VII conde de Benavente (1576-1621), y virrey de Nápoles entre 1603 y 1610.
En relación con todo esto hay que señalar que en la ermita de la finca de La Montaña, en las inmediaciones del viejo estanque del Jardín, al parecer, existían hasta hace unos años cuatro sitiales en su interior. Según la documentación antigua, la pequeña ermita estuvo dedicada a San Juan, pero también es conocida como “la capilla de los cuatro obispos” o “la casa de los obispos”.
La organización eclesiástica del territorio que configuraba el alfoz del concejo de Benavente fue, ciertamente, muy peculiar dentro del panorama hispano. La existencia de varias jurisdicciones dentro del concejo dio lugar a múltiples y continuadas disputas, algunas de ellas con ramificaciones que llegan prácticamente hasta el siglo XX. De hecho, en 1954 se rectificaron los confines eclesiásticos, intentando evitar que los límites de las diócesis no comprendieran distintas provincias civiles. De esta forma, doce parroquias de la diócesis de Astorga situadas en el partido judicial de Benavente y en la provincia civil de Zamora, pasaron a depender del obispado de Zamora. Igualmente el arciprestazgo de Benavente, dependiente hasta entonces de la diócesis de Oviedo, fue agregado a la diócesis de Zamora.
Desde la Edad Media cuatro eran los obispados que tenían jurisdicción en el territorio del alfoz concejil: Oviedo, Astorga, León y Zamora. Esta circunstancia es la que otorga cuerpo a la tradición de la mesa de los cuatro obispos. Analizaremos a continuación la evolución seguida por estas diócesis en relación con el concejo benaventano:
El origen de la penetración ovetense en esta zona es un tanto oscuro y se remonta la Alta Edad Media. Los diplomas disponibles para acreditar esta presencia asturiana en tierras leonesas ofrecen muchas dudas sobre su autenticidad. Ledo del Pozo sugiere que en un principio las iglesias de Benavente pertenecían a Astorga, remontándose a la Hitacion de Wamba para fundamentarlo, pero que en el año 875 el pontífice Juan VIII en su bula declaratoria del obispado de Oviedo agregó estos territorios a su jurisdicción. En 926 Ramiro II confirmó varios privilegios y donaciones a la Catedral, añadiendo diversas villas y heredades en esta zona, fundamentalmente en el territorio de Coyanza (Valencia de Don Juan). Durante el siglo XII la acumulación patrimonial aumentó considerablemente, especialmente a través de donaciones reales. Así en 1180 Fernando II dona a la Iglesia de Oviedo y a su obispo Rodrigo el diezmo de la rentas reales de Benavente y la mitad del peaje de Gordón.
En 1182, consta la primera noticia de la existencia del arcedianato de Benavente, que nace muy poco después de que el monarca Fernando II de León donara a la Iglesia de Oviedo una considerable cantidad de bienes en la zona sur de León y norte de Zamora. Estos territorios quedaron así vinculados firmemente a esta jurisdicción. El documento narra como el arcediano, Suario, había construido una iglesia en Villafer, lugar situado dentro de su jurisdicción. El templo debió convertirse más tarde en una iglesia propia, puesto que un freire de la Orden de San Juan donó la tercera parte de los diezmos al obispo de Oviedo. Este personaje debe ser el mismo que en fecha imprecisa, pero muy cercana al documento anterior, llega a un acuerdo con el abad del monasterio de San Pedro de Montes acerca de ciertas propiedades en Morales del rey, lugar que se encontraba teóricamente en la diócesis de Astorga.
Como señala Soledad Suárez Beltrán, para que el arcedianato de Benavente pudiera llegar a formar parte de la diócesis de Oviedo tuvo que establecerse previamente una sólida base territorial que sustentara  los derechos de los obispos asturianos. Cuando en la primera mitad del siglo XII el obispo Pelayo falsifica los diplomas reales de los siglos X y XI, atribuidos a los reyes Alfonso III, Fruela II y Fernando I, aprovecha para incluir en ellos gran cantidad de bienes, sobre todo iglesias de esta zona concreta que, si en ese momento no pertenecían todavía a la Iglesia de Oviedo, pasarían a engrosar su patrimonio a consecuencia de ello.
En los años siguientes el obispado de Oviedo intentó mantener a toda costa este enclave en tierras leonesas, delimitando lo que sería el Arcedianato de Benavente, La Vega y Coyanza, entre las diócesis de Astorga, León y Zamora. Se trataba de un territorio exento, pues no había continuidad geográfica con el resto de los dominios de la diócesis. Estos territorio estaban bajo la jurisdicción de un vicario. La sede del vicario estuvo primitivamente en la localidad de San Millán de los Caballeros, si bien posteriormente pasó a Benavente. Geográficamente el territorio de la Vicaría de San Millán que afectaba al concejo de Benavente comprendía algunos pueblos situados en las orillas del río Esla (la Vega de Villamandos) y la propia villa de Benavente.
Según un inventario (incompleto) de parroquias que mandó hacer el obispo de Oviedo don Gutierre en el siglo XIV, seis eran las parroquias que pertenecían a esta diócesis en Benavente: San Julián, San Pedro, San Martín, San Bartolomé, Santiago y San Miguel, todas ellas en el casco urbano .
En cuanto a la diócesis de Astorga, durante los siglos XI y XII fue adquiriendo un bien número de propiedades en la zona mediante donaciones, compras, permutas, etc. Las comarcas de Tera, Carballeda y Vidriales, que habían sido entregadas al concejo de Benavente como alfoz en 11881 por Fernando II, quedaron englobadas dentro de la diócesis. Las zonas más "conflictivas" eran aquellas que entraban en contacto con los intereses de la mitra ovetense. Por un documento de 1157 sabemos que la infanta doña Elvira, hija de Alfonso VI, donó a la catedral todo lo que poseía en diversas iglesias del obispado, entre ellas se mencionan las iglesias de Bretó, Castropepe y Castrogonzalo, todas ellas en lugares cercanos a Benavente situados en la orilla del río Esla y, por tanto, muy próximos a los límites de Oviedo y León. De hecho, el mencionado lugar de Castrogonzalo se cita como límite de la diócesis de León en un documento del siglo X.
El obispado de Astorga disfrutaba del señorío de los lugares de San Adrián del Valle, Camarzana de Tera, Villaobispo y San Pedro de Zamudia. Por su parte, el cabildo de Astorga tenía la Verdenosa, en la merindad de La Polvorosa.
Más compleja aún era situación que existía en la propia villa de Benavente. Según un documento de la iglesia astorgana, en el año 1228 pertenecían al obispado de Astorga las iglesias de Santa María de Renueva y San Salvador. Esta información se contradice con otro documento de 1210 según el cual la iglesia de San Salvador estaba en el obispado de Oviedo, a no ser que se admita la peculiar circunstancia de que una iglesia se encuentre en el territorio de un determinado obispado pero pertenezca realmente a otro. Dadas estas circunstancias, no es de extrañar que se produjeran frecuentes pleitos por los límites diocesanos entre Astorga y Oviedo. Así en 1336 se plantea una demanda en relación con la injerencia del obispo de Oviedo en la diócesis de Astorga.
Por otra parte, diversas dignidades del cabildo catedralicio, bien a título particular o como representantes de su iglesia, poseían algunos bienes y rentas en la ciudad y en su entorno. Así en 1186 Pelayo, arcediano de Astorga y tenente del hospital de Foncebadón, otorga fuero a los vecinos y "amigos" de Benavente y Villa Muza que quieran plantar viñas en Villa Muza, en la heredad que Foncebadón tenía en este lugar, muy próximo a Benavente. El deán de Astorga también disfrutaba de diversos bienes, destacando muy especialmente el control que mantenía sobre los llamados Molinos de Sorribas.
En cuanto a la diócesis de León, su influencia en el concejo de Benavente fue escasa. En los siglos X y XI la catedral de León tenían algunas heredades en diversos lugares de la ribera del Tera como Villanázar, Colinas y Castroferrol. Solamente algunos lugares del concejo situados en la margen izquierda del Esla, en la Merindad de allende el río, pertenecían al obispado. Según el “Becerro de Presentaciones” de la Catedral del León estos lugares estaban incorporados al arciprestazgo de Fuentes, que incluía Fuentes de Ropel, Valdescorriel, Santa Eufemia, San Miguel, Roales, San Esteban del Molar, Villanueva la Seca, Villalobos, Villasanct, Otero, Palazuelo, Quintana, Villaobispo, Piquillos, Morales de Riba de Esla, Rubiales, Escorriel de Frades, La Torre, San Esteban, Palazuelo, Santa Cristina y San Julián.
Por último queda analizar el papel de la iglesia zamorana en la zona. En este caso tampoco la documentación aporta datos significativos sobre sus intereses en el concejo. De los mapas y documentos consultados se deduce que las áreas de su jurisdicción limitaban con la zona más al sur del concejo de Benavente, pero sin entrar en ella. Bretocino, Bretó y Santovenia quedaban dentro de Astorga, mientras que Granja de Moreruela era ya aldea del obispado de Zamora. Parece ser que Zamora tuvo un importante papel mediador en buena parte de las disputas entre las diócesis de León, Astorga y Oviedo. En al Archivo Diocesano de Zamora existe, por ejemplo, un documento del siglo XIII en el que se toma declaración a diversos canónigos del obispado de Astorga sobre los bienes que tienen en Benavente.
Así pues, el erudito local Ledo del Pozo evocó, a finales del siglo XVIII, este panorama complejo de la organización eclesiástica de Benavente a través de la reproducción de esta tradición de la mesa de piedra en la que comían cuatro obispos. Estos serían los ya citados anteriormente: los de Astorga, León, Oviedo y Zamora. Ciertamente el lugar que señala Ledo del Pozo se encontraba en los límites entre el obispado de Astorga y el de Oviedo. Más difícil explicar es la posible jurisdicción que tendrían aquí León y Zamora, pues según la documentación de la que disponemos sus territorios de influencia estaban bastante más alejados, a no ser que tuvieran bienes o intereses puntuales en el área ocupada por el Jardín de los Condes, también conocido como La Montaña, y anteriormente como Valmonio. En cualquier caso, este relato pone de manifiesto una curiosa problemática que quedó para siempre unida a la historia de la Villa.