martes, 12 de agosto de 2014

De epigrafía benaventana (I) - La escalinata de la Plaza del Grano

La escalinata de la Plaza del Grano, o de los Bueyes, es uno de esos rincones benaventanos en los que parece que el tiempo se ha detenido. Ajena al avance imparable de las nuevas construcciones e indultada, de momento, por la vorágine urbanística, su estampa se ha mantenido prácticamente inalterada durante varias generaciones.

Vista general de la Escalinata
Se extiende de arriba a abajo, en forma de abanico, siendo más estrecha en la parte superior y más ancha en la inferior. Consta de trece escalones y se concibió como una forma de salvar el notable desnivel, de varios metros, existente entre la Plaza del Grano y la cuesta de la Calle de la Encomienda. La irregularidad y el desgaste de los peldaños evidencian la antigüedad de su fábrica y el uso habitual para el tránsito de los viandantes. Completa la escalera un muro de piedra que recorre y protege este terraplén, haciendo las veces de parapeto o pretil.
Entre algunas personas esta construcción ha sido conocida desde antiguo como "la barbacana". En el vocabulario de las fortificaciones la barbacana es la obra avanzada y aislada para defender puertas de plazas, cabezas de puente, etc. Pero otra de sus acepciones es la de muro bajo con que se suelen rodear las plazuelas que algunas iglesias tienen alrededor de ellas o delante de alguna de sus puertas. Es esta la definición que más se acomoda a este caso.
No contamos con datos sobre los orígenes de esta escalinata, pero disponemos de algunas referencias del siglo XVIII que hablan de una construcción notablemente antigua, pero de pormenores desconocidos. En 1786, en el deslinde de una casa situada junto a la "casa-palacio" de la Encomienda, se menciona la "escalerilla que baja de la parroquial a la Plaza de los Bueyes". En 1788 hay una comunicación al Consejo de Estado del corregidor de Benavente por haberse descubierto en la Plaza de los Bueyes de esta localidad una "gradería antigua" al realizar excavaciones en busca de una antigua fuente que se creía haber existido allí.
El aspecto actual de la escalera parece fijarse con las reformas realizadas a finales del siglo XIX. De 1890‑1891 existe en la documentación municipal un expediente relativo a la reparación de la escalinata de la plaza del Grano. Eduardo Fuentes Ganzo recoge una noticia de 1900 que alude a la reparación de los muretes de piedra que separan a través de una escalinata, “a los extremos de una escalerilla que da a la plaza de los Bueyes”, pagándose a Eulogio Castaño 53 pesestas y 50 céntimos, suma de materiales y jornales por tal reparación efectuada los días 12 y 13 de enero.
Debió ser por estas fechas cuando se reunieron toda una serie de materiales dispersos, así como sillares de diferentes tamaños y calidades. En la mayoría de los casos se trata de material reaprovechado, con la presencia de areniscas, granitos, cuarcitas, etc. Sabemos que el exconvento de San Francisco, derruido en gran parte y de propiedad municipal por estas fechas, era una de las reservas de almacén de piedra que se utilizaba para las obras públicas. En 1857 se subasta subasta "el derribo del cornisamento de la torre de San Francisco y las extracción de otros puntos del mismo convento hasta proporcionar la piedra necesaria para las dos escalinatas, que hay que construir en la Plaza del Grano y cuyo número de barras se manifiesta en el acto del remate”. Sin embargo, este dato no excluye otras procedencias.
En fotografías y postales de principios del siglo XX ya encontramos la imagen de la escalinata y el muro de piedra acompañando la estampa característica de la Plaza del Grano, todo ello coronado por cuatro faroles o sombreros de piedra en los extremos del muro, asentados sobre cuatro pilares. Dos de ellos han sido totalmente rehechos en una reciente intervención.
Detalle de la escalinata
Vista de la Plaza del Grano. Postal de los años 10
Vista de la escalinata en una foto de los años 40
Detalle de la escalinata en una foto de los años 60. Se aprecia en los muros la ausencia de inscripciones
Toro Enmaromado en la subida de la Calle de la Encomienda. Años 50
Empotrados en los muros se reconocen dos epígrafes cuya lectura se ofrece a continuación.
El primer epígrafe se encuentra en el sector central del muro, a media altura. Se conserva completo y en bastante buen estado. Es una losa blanquecina de 675 X 465 mm. La letra es de capitales de la segunda mitad del siglo XVII o principios del siglo XVIII, con ejecución elegante y algunas abreviaturas. Su lectura no ofrece problemas, pues la superficie se presenta limpia y las incisiones del lapicida han sido profundas. Carece de moldura o delimitación del campo epigráfico.

ESTE ARCO CON SVS 
ENTER(RAMIENT)OS I EL VSO I 
SITIO EN LA SAC(RISTI)A P(AR)A 
EL CAX(O)N DE LOS ORN 
AMENTOS COMPRO A LA FA 
BRICA EL LIZ(ENCIAD)O D(O)N JO 
SEPH DE PAZ RACI 
ON(ER)O DESTA S(ANT)A IGL(ESI)A 
PASO SU ESC(RITUR)A ANTE AL(ONS)O 
GARCO ESC(RIBAN)O DEL NUM(ER)O 
DESTA V(ILL)A P(AR)A SU ENT(ERRAMIENT)O I 
P(AR)A SUS EREDEROS I SU 
CES(ORE)S EN EL VINCULO I PAT 
RONATO DE LAS MEMORIAS 
QUE DEXA FUNDADAS 

Estamos ante un epígrafe funerario perteneciente a una iglesia. Según se indica en el texto identificaba la sepultura del licenciado José de Paz, racionero de dicha iglesia, que construyó un arcosolio a sus expensas y dejó fundadas unas memorias. Un arcosolio es un arco abierto en la pared que alberga un sepulcro, una fórmula de enterramiento familiar muy habitual entre personajes de situación económica acomodada. En el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid se conserva una ejecutoria del pleito litigado en 1691 por el licenciado José de Paz, clérigo y presbítero natural de Benavente. Su condición de "racionero" puede darnos alguna pista sobre el templo del que podría proceder esta lápida. El término racionero designa al prebendado que tenía ración en una iglesia catedral o colegial y esta condición encaja bien con Santa María del Azogue, donde existía un cabildo y una comunidad de clérigos desde los tiempos medievales. No obstante, otras parroquias de cierta entidad también podían tener racioneros en esta época. Sabemos, por otros documentos, que José de Paz, fue racionero de la iglesia de San Nicolás de Benavente.
Este último dato resulta de interés, pues en fotografías antiguas de los años 40, 50 y 60 no se aprecian inscripciones en los muros laterales. Como la iglesia de San Nicolás fue derribada en el año 1968, debió ser a a partir de esta fecha, durante la alcaldía de Julián Cachón González, cuando se trasladaron estas piezas para adornar esta construcción. Igualmente, se repusieron y restauraron algunos de los sillares, por entonces notablemente deteriorados.

Epígrafe nº 1
El segundo epígrafe ha sido mucho peor tratado por el tiempo. Se encuentra en la parte izquierda del muro, la más próxima a la calle Santa Cruz. Mide 480 x 490 mm. La piedra está ennegrecida en gran parte de su superficie. Solamente conserva sus límites en el ángulo superior derecho, por lo que resulta imposible reconstruir sus dimensiones originarias. El campo epigráfico está delimitado por un recuadro de unos cuatro centímetros de anchura. En cualquier caso está incompleto y falta una parte importante del texto. Su lectura parcial es la siguiente:

... [SEPULT]VRA DE RE 
...LGAR ZX 
...NA MARI 
[A] ...DA SV MV 
[GER...] ...LVIS DE 

Las palabras entre corchetes no están en el texto. Parece también un epígrafe funerario, tal vez correspondiente a la tumba de un matrimonio. La esposa podría llamarse María, quizás hija de un personaje llamado Luis. Poco más se puede añadir a falta de unos detalles que se nos escapan por completo. Es posible que esta pieza, al igual que la anterior , también proceda de la desaparecida iglesia de San Nicolás.
Epígrafe nº 2