martes, 13 de abril de 2010

Tierra de reyes y altas torres - La villa y fortaleza de Portillo

Las Perlas del Patrimonio

La villa de Portillo se encuentra a unos 26 kilómetros al sureste de Valladolid, en la carretera que lleva a Cuéllar y Segovia. El municipio comprende actualmente los núcleos de Portillo y el Arrabal de Portillo. El primero, cercado de murallas y defendido por el castillo, domina un cerro que se asoma a la comarca vallisoletana de la Tierra de Pinares, mientras que el segundo, en la parte baja, se organiza en torno a la iglesia de San Juan Evangelista y el viejo camino de Valladolid a Cuéllar. La proximidad a la capital del Pisuerga ha dotado históricamente a este emplazamiento de una gran importancia estratégica.
La villa perteneció desde la segunda mitad del siglo XV al señorío de los Condes de Benavente y posteriormente, tras la extinción del linaje en el siglo XIX, a la Casa de Osuna. Durante la Guerra de Secesión con Portugal el castillo albergó el archivo condal, trasladado desde la fortaleza de Benavente. En la actualidad el edificio es propiedad de la Universidad de Valladolid, por donación en 1946 del histólogo Pío del Río Hortega.
El 23 de septiembre de 1465 el infante Alfonso entregaba la plaza a Rodrigo Alfonso Pimentel, IV Conde de Benavente (1451-1499). La donación debe inscribirse en el contexto de la Guerra Civil castellana y las mercedes entregadas a los nobles más adictos la causa de Alfonso en la rebelión frente a su medio-hermano Enrique IV. La entrega incluía "todas las otras cosas pertenesçientes al señorío e jurisdiçión de la dicha villa de Portillo e los dichos sus términos e jurisdiçiones e de las terçias e otras cosas a mi perteneçientes en ello e en cada cosa e parte dello salvo de las alcavalas de las mis rentas e pedidos e monedas de oro e plata". Posteriormente, una vez que el noble benaventano se incorporó al bando realista, Enrique IV confirmó Portillo y en 1471 se escenificaba la toma de posesión de la villa.
La presencia de Portillo en las crónicas bajomedievales será una constante como consecuencia de las luchas nobiliarias del reinado de los últimos Trastámaras.
En el "Libro de las bienandanzas e fortunas", de Lope García de Salazar, encontramos en el libro XVIII el "Título de la prisión de los Condes de Alva e de Venavente e don Enrique e Suero de Quiñones e de sus fechos". Se narra aquí el apresamiento de Alfonso Pimentel, III Conde de Benavente (1440-1451), y otros caballeros en 1448 por los partidarios de don Álvaro de Luna. Fueron conducidos al castillo de Portillo, de donde consiguieron fugarse poco después descolgándose con cuerdas de los muros. Estos acontecimientos ocurrían un 18 de diciembre de 1448. El conde previamente había convencido al alcaide de la fortaleza, Diego de Ribera, de que era oportuno cambiar ahora de bando, pues el de don Álvaro estaba destinado inexorablemente a convertirse en perdedor:

"E algund poco tienpo enante d'esto ovieron vistas don Alonso Primentel, Conde de Venavente, e don Ferrando Álvarez, Conde de Alva, e don Enrique, hermano del almirante, e Suero de Quiñones con el rey don Juan e con el Prínçipe, su fijo, e con el Condestable entre Tordesillas e Toro, tantos por tantos, sobre seguridad. E estando en las vistas, salieron L de cavallo del Rey de una çelada e fueron presos todos quatro; e yoguiendo presos, salieron el Conde de Venavente del castillo de Portillo e don Enrique de Santestevan de Gormaz, colgándose con cuerdas.".

Sobre este particular existen diferentes versiones. Según se relata en la Crónica de Juan II, el ajedrez sirve como cortina de humo para facilitar la evasión del conde ya que consigue distraer al alcaide jugando con él hasta la llegada de sus partidarios: "é guiólos el portero hasta donde estaba el Conde jugando al axedrez con Diego de Ribera. El Conde había comenzado este juego é lo detenía, porque Diego de Ribera no anduviese por la fortaleza".


Igualmente en la Crónica de Enrique IV, escrita por Diego Enríquez del Castillo, se hace relación de las intrigas en las que se hallaba inmerso el IV Conde en relación con la rebelión contra el monarca castellano:

"Subcedió que el conde de Benavente hallándose avergonzado y confuso, por aver sido contra el Rey en las cosas pasados en su deservido, queriendo enmendar el yerro pasado, trató secretamente con él, suplicándole que lo quisiese perdonar e tomarlo por suyo; de que el Rey se fue muy contento. E como por entonces, sobre cierto tracto e conveniencia que hizo con el Alcaide de Portillo, ovo la fortaleza de su mano é apoderose de la villa, é así apoderado, suplicó al Rey que hiciera merced de ella, lo cual el Rey libremente hizo, e gela confirmó, por donde le pareció al Conde quedar en mayor obligación de lo servir en adelante [....] El Conde de Benavente deseando hacer algún servicio agradable al Rey, acaeció que pasando el Príncipe [el infante Don Alfonso] de Toledo para Arévalo, acompañándole el Arzobispo é los otros parciales que lo seguían, salvo el Marqués de Villena, que se avia quedado en su tierra, vinieron una noche a dormir a Portillo, donde el Conde los recibió muy bien é con mucho amor. El Príncipe fue aposentado en la fortaleza, y el Arzobispo e los otros caballeros en la villa. E luego otro día siguiente por la mañana, quando aquellos señores vinieron juntamente a la puerta de la fortaleza, y esperaban al Príncipe para partir, el Conde de Benavente envió a decir al Arzobispo que se fuese en buena hora, porque el Príncipe no avia de andar mas debaxo de su mando, ni andar cerca de él; de que el Arzobispo se sintió muy amenguado. Por manera que la enemiga entre él y el Conde estuvo grand tiempo arraigada".
En el siglo XVIII Portillo continuaba bajo la órbita de la familia Pimentel, como se reconocía en las Respuestas Generales del Catastro de la Ensenada: "este lugar es de señorío perteneciente a la casa de los Condes de Benavente, que pone justicias en ellas y las rentas que percibe son las alcabalas".
En 1751 la población de la villa y su arrabal comprendía 440 vecinos "entre buenos y malos". El casco urbano contaba con 350 casas habitables y 50 inhabitables o arruinadas. Había además un total de tres hospitales: "Hay dos hospitales en la villa, uno para hombres y otro para mujeres, y otro en el arrabal para hombres solos". Se menciona también un convento extramuros de la población que era de Agustinos Recoletos y se componía de hasta cuarenta religiosos.
La planta y la estructura general del castillo de Portillo responden a un tipo de fortificación que se ha venido en llamar de la Escuela de Valladolid. Estos castillos señoriales de la segunda mitad del siglo XV están inspirados en las reformas y ampliaciones de las fortalezas de Enrique IV y presentan unos rasgos muy definidos: planta cuadrada, torre del homenaje de grandes proporciones y distribución interior de carácter palacial.
Nuestro castillo presenta efectivamente planta cuadrada defendida por cubos en los extremos. El doble recinto interior se fecha habitualmente en la segunda mitad del siglo XIV. Aloja una imponente torre del homenaje de 28 metros de altura, del siglo XV, que posee una estancia baja abovedada con arcos fajones ojivales. Por encima de ella se adivinan dos pisos más con forjados de madera, hoy perdidos, y una magnífica bóveda de crucería en la parte superior. La entrada principal a este recinto se hace a través de una portada de arco apuntado con garita defensiva semicircular. Al IV Conde de Benavente, Rodrigo Alfonso Pimentel, se atribuye la construcción de la barrera exterior artillera con sus fosos, el patio porticado y el famoso pozo de 32 metros de profundidad, rodeado de una escalera de caracol de 123 peldaños y salas subterráneas perimetrales.
 
La historia de la fortaleza no cuenta con hechos de armas especialmente destacados pero sí albergó ilustres personajes en sus mazmorras, entre ellos, como hemos visto, el propio conde benaventano, pues hizo funciones de cárcel en varias ocasiones. En 1444 estuvo aquí retenido Juan II. Pero su más famoso prisionero fue el condestable de Castilla, maestre de Santiago y valido del rey Juan II don Álvaro de Luna. Su caída en desgracia motivó su apresamiento en Burgos a comienzos de abril de 1453. De Burgos pasó al castillo de Portillo, donde se conserva una sala abovedada bajo la torre del homenaje que la tradición señala como su prisión.
El rey estaba en un mar de dudas sobre el castigo a aplicar a su antiguo hombre de confianza, pero sus consejeros entendieron, en palabras del cronista Pérez de Guzmán, que como don Álvaro “ha seydo usurpador de la corona Real, é ha tiranizado é robado vuestras rentas, que le sea cortada la cabeza é puesta en un clavo sobre un cadhalso ciertos días, porque sea exemplo á todos los Grandes de Vuestro Reyno”. En Portillo pasó el valido sus últimos días antes de ser decapitado en la plaza mayor de Valladolid el 2 de junio de 1453.
Otro de los aspectos célebres de la villa de Portillo son sus tradicionales encierros campo a través. Las fiestas de toros portillesas cuentas con una tradición de siglos, estando entre las más antiguas documentadas en España. El linaje Pimentel también fue promotor de alguno de estos festejos. En 1617, el parto de la Condesa de Mayorga, mujer del Conde de Benavente, señor de Portillo, fue motivo para la organización de diversas actividades festivas para las que se contrataron cómicos, se celebraron concursos de saltos con garrocha, hubo fuegos artificiales ("coetes") y toros.
Imágenes: 1. Puerta de acceso a la villa; 2. Vista general del Castillo de los Condes de Benavente; 3. Fachada principal del Castillo; 4. Pozo y 5. Vista del patio de armas.